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Una nueva generación de derechos humanos

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La desaparición de Julio López puso en evidencia la impotencia del Estado y la división de los organismos, pero también la presencia de nuevos actores que sostienen un viejo reclamo: aparición con vida. Esta conversación con Emiliano Hueravilo, un referente de h.i.j.o.s. La Plata, revela los alcances de este recambio.

E miliano Hueravilo nació en donde se gestó la muerte. Fue un 11 de agosto de 1977 y en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (esma), un ámbito de formación militar convertido por la dictadura en paradigma del terrorismo de Estado. Mucho tiempo después se enteró de que allí compartió diez días con su padre y su madre, Mirta Mónica Alonso, una militante comunista que había sido secuestrada en el velatorio de su abuelo. En medio del cautiverio, ella marcó la oreja de su hijo con una aguja caliente: presentía que los iban a separar, pero no renunció a la esperanza de que su hijo creciera en libertad. Cuatro meses después, el bebé apareció en el hospital Pedro Elizalde con una nota que informaba su fecha de nacimiento, peso, nombre y apellido. Ese bebé se transformó en el primer nieto recuperado. Y aquella huella indeleble se convirtió en un mandato irrenunciable para este joven de 29 años: exigir justicia para sus padres y el resto de los treinta mil desaparecidos. Ahora, sumó a ese reclamo de aparición con vida el nombre del 30.001: Jorge Julio López. Convertido en uno de los referentes de la agrupación h.i.j.o.s, de La Plata, Hueravilo encabeza marchas, acciones y gestiones que claman por Julio Jorge López, el jubilado albañil que desapareció después de haber dado un contundente testimonio en el juicio oral y público que condenó a prisión perpetua al torturador Miguel Ángel Etchecolatz.
 
Hueravilo junto a miembros de la Asociación Ex Detenidos-Desaparecidos comenzó a buscar a López en hospitales y comisarías el mismo día en que –como él dice, conjugando una especie de pasado continuo escalofriante- “empezó a desaparecer” por segunda vez. Nunca creyó que alguien que habia sido capaz de reconocer en público a sus ex represores, de describir con precisión escenas de asesinatos y de recorrer centros clandestinos de detención para señalarles a los jueces dónde y cómo se torturaba pudiera, de pronto, caer en un shock emocional. Enseguida, entonces, responsabilizó a la Policía Bonaerense del secuestro.
 
¿Por qué?
Primero, porque López denunció a mucha gente que participó en la dictadura y todavía está en actividad en la Bonaerense. Además, muchos de los denunciados viven en Los Hornos, el mismo lugar que él. Pero hay otra cosa: cuando nos reunimos con León Arslanián (el ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires) nos dijo que él creía que López estaba desaparecido y eso significaba un costo político muy grande para el gobierno de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación. Concretamente nos dijo que tiene 60.000 hombres en su fuerza, pero que hay 20.000 que no controla.
¿Y les dijo quién los maneja?
Se habló del grupo de los Sin Gorra, que son miembros de la Bonaerense depurados durante su gestión.
l mismo día que h.i.j.o.s. se reunió con Arslanián apareció un cuerpo calcinado con un tiro en la frente. Hueravilo se enteró antes de que la noticia saliera en los medios y organizó junto a sus compañeros una marcha frente a la Gobernación bonaerense. “La versión que salió de la ddi (Dirección Departamental de Investigaciones de la Policía Bonaerense) de La Plata era que se trataba de López. En media hora reunimos 600 personas. No vamos a permitir estos manejos que quieren meter miedo”, dice. Rápidamente, la información oficial descartó que ese cuerpo fuera el del ex albañil y el hallazgo quedó en el olvido mediático y social. Pero Hueravilo no lo olvida: “Más allá de que no sea López queremos saber quién es. No puede ser que haya un tipo muerto y nadie se preocupe por saber qué pasó”, se fastidia.
En menos de dos meses, en La Plata hubo siete marchas reclamando aparición con vida. En una de ellas, el espacio Memoria, Verdad y Justicia, junto al Frente Darío Santillán, la Corriente Clasista y Combativa y el gremio de los astilleros navales cortaron todos los accesos a La Plata durante cinco horas. “Aprendimos de nuestros compañeros piqueteros”, subraya Hueravilo. Y agrega: “Los medios no lo difundieron porque hablar de López debilita al gobierno”.
Hueravilo habla con bronca, sentado en un bar frente a la Comisión de la Memoria bonaerense. A unas mesas de distancia está sentado Emilio Pérsico, vicejefe de Gabinete de la Provincia y líder del Movimiento Evita. Ambos se conocen, pero no cruzan miradas. En la primera marcha por López realizada en La Plata tuvieron duros cruces. “Vinieron a copar el espacio, como lo hicieron en la primera movilización a Plaza de Mayo y en el acto por los 30 años del golpe”, acusa Hueravilo.
¿Por qué cree que al gobierno le interesan esos espacios?
Me imagino que creen en el desgaste y en la posibilidad de diluir las distintas marchas. Pero esto va más allá de las peleas políticas: desapareció una persona por el aparato de el Estado. Eso es lo que pasa.
Algunos organismos de derechos humanos ubican al gobierno como víctima de la desaparición de Julio López. ¿Cuál es su posición al respecto?
Para mí el gobierno tiene responsabilidad porque no investiga como debería hacerlo. En la provincia nadie nos recibe para explicarnos cómo van las investigaciones. Hoy trabajan en el caso López la Bonaerense, la Policía Federal, la side, Gendarmería: son cuatro fuerzas estatales y no pueden encontrar a un tipo. López no fue chupado por la tierra. Queremos saber qué se está haciendo. No nos alcanza con un discurso político del Presidente en Misiones o una conferencia de prensa del gobernador en la Casa de la Provincia. Queremos información y aparición con vida ya. ¿Cómo no va a haber responsabilidad del gobierno? Etchecolatz fue a presenciar su sentencia con un chaleco antibala, provisto por el Estado. Cuidaron a un genocida, pero no a un testigo o a un querellante. Además, durante el juicio, ya habíamos sufrido intimidaciones. Y después también. Hubo un compañero de Capital, Ramiro González, a quien subieron a un auto –esta vez no un Falcón, sino un Polo-, le pegaron, le mostraron fotos para que reconozca gente, le tomaron las huellas, le mostraron armas y dos horas más tarde lo dejaron tirado en Liniers.
¿Cómo repercute la desaparición de López dentro de los organismos defensores de derechos humanos en un momento en que se cumple con el reclamo histórico del juicio y castigo a los represores?
¡Qué pregunta! Algunos organismos, en un primer momento, dijeron que López estaba perdido, que era un hombre mayor, que tenía nubes. Después tuvieron que reconocer que no era así, que estaba muy consciente de lo que hacía. Creo que Estela (Carlotto) y Hebe (Bonafini) fueron funcionales al gobierno nacional. Yo las respeto un montón y con Hebe muchas veces coincidimos en muchas cosas, pero ahora tenemos diferencias políticas. Los organismos de derechos humanos siempre tienen que tener por lo menos una calle de diferencia con el gobierno nacional. Porque, ¿a quién le vamos a exigir la aparición con vida de López? ¿Al policía de la esquina o al gobierno nacional? Los derechos humanos los viola siempre un Estado, y los viola también cuando hay chicos que se mueren de hambre o personas que no tienen trabajo. Nosotros lo denunciamos.
Pero este gobierno dice que los derechos humanos son su principal bandera, y argumenta que convirtió ala ESMA en un espacio para la memoria, anuló las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, enjuició y condenó a represores.
Más allá de que este gobierno dice que es defensor de los derechos humanos, no lo será mientras haya torturas en las cárceles, mueran pibes en comisarías, continúe la misma política económica, falte educación, salud y trabajo. Que Kirchner se haya parado al lado nuestro en el acto de la esma no dice nada, más allá de la foto. Nosotros en ese momento dijimos lo nuestro y lo seguimos diciendo. Obviamente este gobierno fue hábil, no sólo en separar a los organismos de derechos humanos sino también a los movimientos sociales y los partidos de izquierda.
De alguna manera u otra, eso es algo que busca cualquier gobierno pero, ¿qué pasó hacia adentro de los organismos que hizo posible esta fractura?
En el tema de los desaparecidos no hay final feliz posible, pero que la figura del Presidente reconozca la lucha de treinta años de las Madres, que por primera vez puedan entrar a la Casa Rosada, es fuerte. Les abrió una esperanza. Aun así, las posiciones no son monolíticas: Nora Cortiñas estuvo en las marchas por López, se opuso al pago de la deuda, a la reforma de la Magistratura. Ella no acuerda con que Línea Fundadora de Madres se alinee con el gobierno.
Se podría decir, entonces, que las Madres recibieron un justo reconocimiento. ¿Los Hijos están en condiciones de tomar la posta?
Sí. Acá en La Plata fuimos los primeros que salimos a la calle, ese mismo miércoles que apareció el cuerpo calcinado. Nosotros vamos a seguir estando en la calle, en las rondas.
¿Los Hijos evitaron la seducción del gobierno?
Las banderas no claudican, uno sigue siendo hijo. Esa chapa nada ni nadie te la puede sacar, más allá de que pueda haber algunos que trabajen ahora en la Casa Rosada, en la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires o en el Ministerio de Defensa. Las banderas de lucha no se van a bajar, por convicción, por nuestros viejos y por toda la lucha que se generó durante treinta años. Queremos que esto no pase nunca más. Y no sólo los milicos fueron culpables de que sucediera, hubo muchos civiles cómplices, estuvo el poder económico que respaldó el genocidio para imponer un plan económico. No se termina el tema con Videla, Massera y Astiz.
 
Para ser consecuente con sus palabras, Hueravilo organiza escraches no sólo a militares de la dictadura, sino también a sus colaboradores voluntarios. El 28 de diciembre pasado, por ejemplo, diseñó uno contra Néstor Siri, un médico acusado de asistir los partos en el centro de detención clandestino La Cacha. Actualmente, Siri trabaja en el Hospital de Niños de La Plata, el mismo lugar donde Hueravilo realiza tareas de enfermero en neonatología. En el último octubre, también escrachó a Néstor Beroch, un docente de la Universidad Nacional de La Plata que en los años del terrorismo de Estado se dedicaba a marcar alumnos militantes. Y el reciente 28 de noviembre le tocó el turno a Rodolfo González Conti, uno de los máximos jerarcas de la Bonaerense en tiempos del siniestro Ramón Camps. Pero esta vez los manifestantes no pudieron llegar a la casa: la policía los corrió a balazos de goma, gases y palazos. Era la tercera vez que escrachaban al mismo represor que, según Hueravilio, goza injustamente de prisión domiciliaria. Por esa razón, en las acciones anteriores le tapiaron la puerta y le colocaron alambres de púa en las ventanas de su domicilio.
 
El lema que acuñó H.I.J.O.S. siempre fue “si no hay justicia, hay escrache”. Comenzaron los primeros juicios y ya hay condenas, ¿por qué considera que hay que seguir con el escrache?
Por la condena social: queremos explicarles a los vecinos quién vive al lado. Van las dos cosas paralelas.
En Capital, sin embargo, hubo H.I.JO.S. que decidieron apostar a la justicia y dejar de lado los escraches.
Tiene que haber fuerza y voluntad política para sostener los dos caminos: escrache y justicia. Es mucho trabajo impulsar las causas judiciales, a veces hay que concentrar todos los recursos. Yo creo que hay que seguir en la calle para poder encontrar a nuestros hermanos y para que los milicos terminen todos en la cárcel efectiva, no alcanza con la prisión domiciliaria.
A pesar de las multitudinarias manifestaciones y conmemoraciones cuando este año se cumplieron los 30 años del golpe, en la última marcha a Plaza de Mayo que reclamó por la aparición de López prácticamente sólo había partidos de izquierda. ¿Qué pasó?
En marzo se puso todo el aparato y todos los medios a disposición de la memoria. Fue una puesta en escena. Esta vez estuvimos h.i.j.o.s.-La Plata, Ex Detenidos-Desaparecidos, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Y también los partidos de izquierda. Eso es el espacio Memoria, Verdad y Justicia, que es el que organiza las marchas todos los 24, pero las rispideces que generó el acto por los 30 años hizo que las Madres se alejaran. Eso es una cagada.
¿Y qué pasó con la gente de a pie que se movilizó el 24 de marzo y está ausente en el reclamo por López?
Hoy la sociedad volvió a tener miedo. El secuestro de López fue para asustar. Creo, igual, que la sociedad sabe que esto no fue un mensaje sólo para las víctimas de la dictadura y que esto nos afecta a todos. Faltaría darle una vuelta de rosca para que el reclamo por la aparición de Julio se masifique.
¿El costo de lograr la prisión de Etchecolatz fue demasiado alto?
Fue un golpe durísimo, pero nosotros seguiremos reclamando la nulidad de los indultos. También, vamos a seguir trabajando para elevar a juicio la causa de la Comisaría 5ª de La Plata y la del represor Von Wernich, que era la que debía seguir después de Etchecolatz. Seguiremos reclamando la aparición con vida de López, pero no nos vamos a paralizar.

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