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Uruguaychú

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El efecto de la industria pastera ya se hace sentir. Falta agua por el monocultivo, hay intoxicados y se redujeron los puestos de trabajo. El resultado es el surgimiento de asambleas ciudadanas que comienzan a organizar el rechazo al modelo pastero que impulsa el gobierno del Frente Amplio. Por primera vez habla uno de los obreros intoxicados: “Es imposible que esto no contamine”.

En la casa-museo de un vecino de Conchillas –pueblo mágico de 400 habitantes– se reúnen los vecinos y arman una asamblea de 100 personas para decidir qué hacer. Hay una señora que limpia en la escuela, hay tamberos, pequeños productores agrícolas, chacreros, jubilados, algún docente, unos con yerba Baldo, otros con Canaria. Uruguay es la etapa superior del mate, aunque esas yerbas se produzcan en Brasil. Los encuentros se contagian en Carmelo, Colonia, Tararira, Nueva Palmira…
En Mercedes, bastante más al norte, a 30 kilómetros de Fray Bentos, los chacreros estudian qué hacer, porque el pueblo se está quedando sin agua como consecuencia de las plantaciones de eucaliptos, que alimentan de materia prima a las fábricas de pasta de celulosa.
“Éste es el primer misil de Gualeguaychú” murmura Oscar Díaz (el nombre se acentúa en la O), productor artesanal de queso de Colonia. Oscar se refiere a la reinstalación de ence (Empresa Nacional de Celulosa, de Galicia, España) en Conchillas. Y quizá también, a las reacciones que están contaminando en Uruguay el supuesto consenso sobre la instalación de las pasteras junto al río, y a sus vidas.
–Queremos la relocalización de ence– me explica.
¿Qué lugar proponen?
–España.
 
Tal vez son pocos todavía los que se hacen oír, y es indescifrable la cantidad de silenciosos que los apoyan. Pero nunca conviene subestimar la capacidad de ciertos uruguayos de jugar en desventaja, y lograr de todos modos cosas insospechadas gracias a una fórmula de fabricación local: austeridad, convicción, sentido común, modales y carácter, sin olvidar algunas patadas propinadas en el momento oportuno.
 
 
Conchillas, Puerto Madero, Google
Once es la otra fabricante de pasta de celulosa que iba a instalarse en Fray Bentos. Como la construcción no había comenzado, huyó de la zona ante la movilización social generada por la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú. En diciembre de 2006, tras consultarlo con el gobierno argentino y no con el uruguayo, anunció que se instalaría en Conchillas, pueblo nacido hace 120 años como cantera para la construcción de Puerto Madero en Buenos Aires por parte de los ingleses. El puerto profundo detectado entonces en Conchillas, sedujo ahora a los españoles.
“Yo le confieso que vi la noticia de la instalación como un progreso”, explica Mario Leal, 65 años, numismático, y habitante de Remember, casa museo del siglo 19, donde también hay un estereoscopio con imágenes del Centenario porteño, y una computadora peligrosa. Pasado, presente y futuro danzaron de modo extraño sobre la curiosidad de don Mario: “Me metí en Internet y puse: ence + contaminación.” La aparición en el buscador de unas 137.000 páginas, varias escritas en gallego, lograron que el hombre decidiese someter a remojo su propio entusiasmo. “Descubrí los juicios que les han hecho, las denuncias, los directivos presos. Entendí: esto te dura los dos años en los que construyen la planta, y después te queda todo en contra, más el problema de la contaminación”. Pasó horas así, iluminado por la pantalla: “Pensé: yo no quiero meterme en más líos, pero ya me veo que me voy a meter igual”.
Mario había fundado la Comisión de Preservación y Cultura del pueblo. “Éramos cinco, pero de golpe este año se aparecieron como 25 nuevos integrantes, ediles, políticos. Todos mandados para apoyar la construcción de ence. Decidí no ser un títere y renuncié a lo que yo mismo había fundado.” Conchillas tiene menos población que cualquier manzana de Montevideo o Buenos Aires. “Acá hay mucha gente contenta con ence. El remisero, el almacenero, los que piensan alquilar sus casas. Es lógico. Pero apenas corrió la información se empezó a dar vuelta un poco la cosa.” Hubo una asamblea de vecinos, productores, chacreros, fueron 100 personas. “Me quedé maravillado.”
Los vecinos de la región empezaron a escribir sus carteles contra la pastera. “Ante los oídos sordos de los políticos, la gente empezó a moverse.” Pero entre mate y mate, cartel y cartel, lo que ponen de manifiesto no es sólo el rechazo a la hipotética contaminación, sino algo más de fondo: “El problema es también el monocultivo de eucalipto. Y encima tenemos el monocultivo de soja. Resulta que Uruguay ahora importa trigo y la verdura es carísima. Esto no le sirve ni al país, ni a la sociedad”.
 
 
¿Cuándo hacer la contra?
Gabriel Conde es presidente de la Cámara Inmobiliaria de Colonia. “Mi posición es de incertidumbre. Pedimos que se haga un estudio de impacto en el desarrollo turístico e inmobiliario. Cuando se instale ence va a generar movimiento durante un tiempo, pero si eso mata todo el futuro, no estoy de acuerdo. Yo quiero tener una posición neutral, pero hay mucha gente en contra, cuando antes estaban todos a favor. Nadie quiere estar cerca de la fábrica. Y la idea de forestar con eucalipto también genera mucha preocupación.”
Carlos Decurnex, de Toribio Achával, no milita en el ambientalismo ni en el asambleísmo, más bien lo contrario. Pero opina técnicamente: “Con la contaminación hay un poco de hipocresía, porque toda industrialización contamina, y sin industrialización no hay empleo. Pero lo que objetamos de ence es el lugar elegido. Esto es entregarse a las imposiciones del que viene a invertir, en lugar de dirigir la inversión a donde le conviene al país. Yo no entiendo por qué no la instalan en Juan Lacaze (40 kilómetros hacia Montevideo). O sí: entiendo que en Conchillas tienen el canal a 500 metros y no tienen que invertir en obras de dragado”. Le genera desconfianza que la venta de las tierras se haya hecho en secreto, y no cree que esta fábrica siquiera sea necesaria en Colonia, un departamento rico y con trabajo. “Pero se ve que aquí no decidimos nosotros, los habitantes, sino los inversores. No me parece que se puedan hacer las cosas sin tener un consenso debido en la región.” Decurnex ve el riesgo para una zona de rico potencial turístico: countries, casas de fin de semana. “Pero nuestra posición es no esperar a hacer la contra recién cuando haya una chimenea instalada.”
Emilio Arriola, 60 años, lo dice con tono mucho más apaisanado: “A mí no me cierra que políticos que están cinco años decidan cosas que después tenemos que aguantar toda la vida”. Emilio preside la Sociedad Vitivinícola de Carmelo (Sovicar), es dueño de 20 hectáreas en Colonia Estrella, donde produce algo de vino, huerta y posee algún ganado. Lanza una teoría: “Vivimos en la ilógica total”, y pronuncia una desmentida práctica: “Si me dijeran que la pastera va a generar fuentes de trabajo, fenómeno. Pero es mentira. Con el monocultivo de eucaliptos trabajan 3 personas cada 1.000 hectáreas. Con lechería trabajan 22. Con el campo más pelado trabajan 6. Todo esto va a ir empujando gente desocupada a las ciudades”. Emilio integra la asamblea Uruguay Natural Multiproductivo creada durante este año: “¿Estas empresas no se dan cuenta de que no caben en un país tan chiquito, y que vamos a perder las pocas aguas dulces que nos quedan?”.
Sin embargo, Emilio no es de los que se quejan: “Todo el tiempo hay movimiento, hacemos asambleas, todavía no todos tienen conciencia, pero hay cada vez más. No nos quedaremos esperando que los políticos y los funcionarios hagan algo. Vamos a hacer cosas. Por lo menos, si caemos, que sea peleando. En el buen sentido. No con violencia, pero sí buscando justicia”.
 
Apuntes
Las conversaciones permiten pasar en limpio algunos de los problemas que los vecinos cuestionan al modelo que se está armando sobre la costa del río Uruguay.
 
Contaminación: tema sobre el que nadie duda. Los debates son sobre el grado de la misma.
Monocultivo: plantaciones infinitas de eucalipto para abastecer a las pasteras. El monocultivo genera desempleo y destruye, obvio, la diversidad productiva.
Amenaza al turismo: las chimeneas y el Uruguay Natural son incompatibles.
No hay ingresos por pago de impuestos: las fábricas están en zona franca y las exportaciones de celulosa estarán libres de gravámenes.
No genera industrialización, ni trabajo: la fabricación de papel seguirá realizándose en Europa.
 
El último punto puede sonar raro, pero explica la diferencia que hay entre una industria como la del papel y la de pasta celulósica. Botnia tendrá contratadas alrededor de 300 personas (técnicos, ingenieros, etc.). Pero una fábrica papelera 100 veces menor, como Fanapel, emplea 800. La ecuación ni siquiera permite adherir a la tesis “mejor contaminarse que morirse de hambre”, que en todo caso exhibe la lógica desesperación del excluido. Oscar Díaz, el productor de queso artesanal: “En Fray Bentos dijeron eso. Lamentablemente van a tener las dos cosas. El hambre y la contaminación”.
 
Pinchando el muñeco
Dos señoras de Fray Bentos –Delia Villalba y Julia Cóccaro– fueron las que se lanzaron a Gualeguaychú ya en 2002 para avisarles a sus vecinos lo que se estaba viniendo. Delia (72 años, separada, 3 hijos, 8 nietos y 4 biznietos) cuenta: “Íbamos, volvíamos, sentíamos que no captaban la gravedad de lo que iba a pasar, hasta que en una reunión alguien dijo: ¿no será que tienen razón en lo que nos vienen a decir?”. Iba naciendo la Asamblea: “Gualeguaychú es un milagro, algo único, hacen así y se reúnen 10.000 ó 15.000 personas, todo el mundo participando”. La contracara, para Delia, es su propio partido, el Frente Amplio: “Tenemos un país totalmente arrodillado frente al poderío. El Frente Amplio se hizo en el año 71 para luchar contra la entrega, las privatizaciones. El actual Presidente habló contra los proyectos contaminantes cuando era candidato en 2004, pero ya estaba pactando con las multinacionales. Yo siento una gran traición. ¿Ésta es la fuerza por la que luchamos? ¿La que nos quiere meter no menos de siete plantas de celulosa?”.
¿Cómo explicar esa mutación? “Los compañeros cambiaron de actitud. A míme deben estar clavando alfileres en el muñeco, tipo vudú. Yo salí a reclamar cuando mucha gente decía: hay que darles un voto de confianza. Pero últimamente la gente se da cuenta de todo y está despotricando contra las agrupaciones y partidos políticos.”
Esta mujer considera que la gente de Fray Bentos ha sido engañada con ilusiones, “pero el globo se está desinflando”. Reconoce que ha recibido algunas amenazas: “Pero son del sector de despachantes de aduana y el free shop. Yo me cuido, no ando mariposeando por ahí”. De todos modos –cosas de una diferente calidad de vida– toda la charla transcurrió en una sala de la casa, mientras la puerta de entrada permanecía abierta.
¿No es buena la industrialización? “Claro. Pero no estas industrias desalojadas del Primer Mundo, que van a fabricar el papel en Finlandia y en España y aquí dejan sólo el veneno. Yo entiendo que puede haber un grado de contaminación, pero entonces que fabriquen la pasta en sus países, donde la sociedad tiene una conciencia y elementos de control mucho mayores.”
 
Lo que se mueve en Fray Bentos  
La reunión de los sindicalistas de Botnia con mu fue en la puerta de la propia fábrica de Botnia, en Fray Bentos. En dos autos llegaron Oscar Bustamante (delegado sindical de la planta y secretario de organización del sunca, el gremio de la construcción), Carlos Rodríguez (delegado general de los trabajadores de SUNCA en la planta), Alberto Gaya (secretario general de untmra, los metalúrgicos) y Walter Son (secretario general de finanzas del sindicato en Botnia). Gaya y Rodríguez tomaron la palabra, un tanto a la defensiva. “De un pico de 5.000 trabajadores, ahora habrá 2.000, pero la gente que termina el trabajo tiene durante 6 meses un seguro de paro”, explica Gaya. “Queremos un país productivo, que genere puestos de trabajo estables. Y queremos que las próximas que vengan sean papeleras. El sindicalismo actúa con seriedad, y por eso las direcciones nos hemos reunido con (Hugo) Moyano de Argentina viendo estos temas.” ¿Qué tiene que ver Moyano? La conversación patina: “Que buscamos un Mercosur sin asimetrías, para que el Uruguay pueda funcionar”. ¿Un modelo productivo basado en el monocultivo y la pasta de celulosa no mata puestos de trabajo? “Sí, pero no tiene que ser monocultivo –dice Gaya– vamos a estudiar cómo es la cadena productiva desde que se pone el dinero, se foresta, sale el árbol y se le da valor agregado.” Gaya saluda sacudiendo la mano al presidente de la cámara empresaria y a funcionarios del Ministerio de Trabajo que entran a la planta. Rodríguez agrega: “Confiamos totalmente en el gobierno que hemos votado”.
Bustamante escuchó esta charla en silencio. Días después pude retomar la conversación con él. “El 23 de agosto nosotros, el sunca, hicimos una marcha reclamando trabajo. Van a abrir una bolsa de empleo en el municipio para hacer algunos arreglos en la ciudad. Yo mismo ya quedé sin trabajo en Botnia. A mí no me queda muy claro quién va a trabajar en la planta. De Fray Bentos habrá personal de limpieza o de jardines. Los técnicos vendrán de afuera, pero yo creo que no hay lugar ni para los 300 que decían”.
¿Qué pasará de ahí en más? “Acá se prometieron muchas cosas, que iban a venir más empresas. Pero no se ve nada. Todavía tenés mucha gente a favor de estas empresas, pero dentro de cinco meses, cuando se acabe el seguro de paro, vas a ver lo que es esto. La desocupación va a ser infernal. Lo van a sentir los comerciantes también. Porque además se perdió el trabajo en la parte turística, y se privatizó el puerto. Creo que va a ser terrible”. Oscar tiene siete hijos. Sigue pensando que una solución sería que exista una industrialización de la zona. “Pero industria que genere trabajo en serio. Si no, la gente seguirá yéndose del país, no te queda otra”. ¿Y el tema de contaminación? “Nosotros confiamos en el control que haga el gobierno. Yo por Botnia no pongo las manos en el fuego. Pero si contamina, sé que Fray Bentos va a ser el primero en movilizarse para que la cierren”.
 
Banco, sombra y escarbadientes
Hay diversas dimensiones. Una, la calma y serenidad de siempre. Otra, una red de debates que bullen en voz baja, en asambleas que van tramando hacia dónde ir. “Hay mucha gente en contra de lo que está pasando, pero no se manifiesta” explica Víctor Cardona, 56, cuatro hijas, que vivió 26 años en Buenos Aires. “Trabajaba en comercio exterior de frutas: conozco perfectamente cómo se maneja el mundo, con cuatro empresas por rubro” informa, ahora que en Mercedes se dedica a otro tipo de vida y a la plantación de lechuga. En la ciudad el reclamo principal es por la falta de agua a partir de las plantaciones de cientos de miles de hectáreas de eucaliptos. Según el grupo Guayubira, cada árbol consume 30 litros de agua por día, Botnia y ence necesitan 208.000 hectáreas y en cada hectárea entran 1.100 árboles. Arden las calculadoras. Guayubira estima que una cola de camiones cisterna cargando ese volumen de agua por día, abarcaría 2.500 kilómetros.
Washington Lockhart es otro paisano cincuentón, criollo con pinta de inglés, que tiene una chacra a 13 kilómetros de Mercedes donde hace ordeñe y elabora quesos: “Hay un antes y un después de la forestación. En los 90 se comenzó a forestar indiscriminadamente”. Aclaración: el Banco Mundial financió esa forestación, e impulsó luego los proyectos pasteros. Los eucaliptos no eran para escarbadientes, dicen en Uruguay, ni para promocionar el uso de la sombra. “Se empezaron a secar los pozos, en mi caso se secó una cañada y los campos de bañado. La gente empezó a vender sus chacras y a irse, la tierra empezó a concentrarse en pocas empresas. Se nota en las escuelas. En la Escuela Paraje del Sarandí Chico, en Soriano, había montones de chiquilines. Ahora hay un (1) solo alumno. El municipio reparte agua con un camión cisterna que llena los tanques que dejan los vecinos al lado de la tranquera. Hubo una irresponsabilidad de los gobernantes que promocionaron este modelo.” El movimiento de chacreros propone que se invierta en la búsqueda de pozos, que se prohíba plantar un solo eucalipto más, y rechaza la instalación de las plantas de celulosa. “Todos dicen que Colonia es lindo, es rico. La razón es que allí la tierra está repartida, hay un promedio de 153 hectáreas por predio, es como una reforma agraria ya hecha. La tierra repartida trae justicia social. El latifundio genera cordones enormes de pobres echados del campo.” ¿Se siente en desventaja en este reclamo? “Mire, es una causa noble y es un problema de conciencia de cada uno. Yo no quiero que exista este modelo agrícola excluyente, y no puedo creer que una fuerza de izquierda esté fomentando las multinacionales que encima matan al trabajo.”
 
Dónde ubicar a las ONG
En Mercedes se creó una Coordinadora contra las Celulosas y Plantaciones de Eucaliptos, pero el propio Víctor decidió abrirse hacia una acción que conecte más el reclamo con el de otras regiones del país y con Argentina. “Esto es un movimiento social, pero aparecen grupos y ong (organizaciones no gubernamentales), que actúan de modo muy institucional, con difusión, folletos, pero todo va quedando en un gueto y no en un trabajo social más a fondo. Que un movimiento social se apoye en una ong puede ser, pero no que vengan ellas a comandar tus acciones dejándote sumergido, como creo que ha pasado en Fray Bentos, en Mercedes, y va a pasar en Colonia si esto no se discute.” Sobre el tema, Oscar Díaz, el quesero de Colonia, hace el mismo razonamiento: “Agregaría que a veces las multinacionales y las ong se necesitan mutuamente para canalizar los reclamos entre ellos. No existe una sin la otra. Mucha gente de las ong se está dando cuenta. La idea general, diría, es mandar las ong al carajo”. Víctor suma descripciones: “El Estado aprieta con la propaganda, todos los partidos políticos encolumnados, los sindicatos que son muchas veces una herramienta del gobierno. Yo fui fundador de un comité del Frente Amplio en los 70, pero hoy uno de los cortes a ence terminó con presos y cinco procesados. Todo para disciplinar y meter miedo a las expresiones sociales. El Frente Amplio estaba contra las multinacionales y demás, y apenas llegan al gobierno hacen el trabajo que la derecha no pudo lograr. Alguna vez habrá que pasar facturas por los presos, torturados y desaparecidos que pelearon por otro tipo de cosas”.
Pablo Martínez, tambero de 61 años, descubrió cómo operan las empresas periodísticas. Sabe que si habla de la falta del agua, los diarios lo publican. “Pero cuando hablo de la causa del problema, que es la forestación con eucaliptos para las pasteras, eso lo cortan. Están totalmente comprados por las empresas” razona. A todos estos hombres se les nota la actividad en las manos endurecidas y en la piel curtida de la cara. Don Pablo habla del gobierno: “La incapacidad del gobierno para hacer cosas, para pensar cosas distintas, para crear, es tremenda. No pueden hacer ni lo que ellos mismos proponen. Estas empresas van a pudrir todo. Aquí se confunde una buena agroindustria con un saqueo”.
Le pregunto por Gualeguaychú. Don Pablo espera. Es un gesto que noté varias veces, tal vez un espacio para acomodar sentimientos, ideas, y para no desperdiciar palabras. Me vuelve a mirar: “Siempre he seguido las cosas que ocurren en América Latina. Pero creo que Gualeguaychú es algo que nunca se ha dado en la historia. Me ha afectado positivamente. La cuestión generacional, donde todos participan. O el modo en que la política partidaria no entra, no existe. Y todo se hace sin bronca, con alegría. Sin esa tristeza de la izquierda, que uno ha visto. Gualeguaychú es mucho más, es un extraordinario hecho histórico”.
Don Pablo calla. Víctor dice que ahora lo que queda es seguir acercándose a Gualeguaychú. Del otro lado del río cada vez más asambleístas reflejan una sensación similar: acercarse a los uruguayos, que son los que van a terminar de definir o no la cuestión. El puente Libertador San Martín hoy es una frontera solitaria, colgada entre Uruguay, Argentina, el río y el cielo. Está empezando a ser transitado en uno y otro sentido, por gente con mate, ideas y sin ganas de desperdiciar palabras. Nadie puede predecir los alcances de tal contagio.

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