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La salud del sistema

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Javier Meritano, presidente de Médicos del Mundo. Es neonatólogo en la Maternidad Sardá y está al frente de una organización global. Desde esa mirada analiza el impacto del aborto legal en la salud pública. Por Anabella Arrascaeta y Franco Ciancaglini.

Javier Meritano es pediatra  y neonatólogo. Trabaja todos los días en la maternidad pública más grande de la Ciudad de Buenos Aires: la Sardá. Allí se hacen entre 7.000 y 7.500 partos por año, de los cuales el 60% son mujeres que llegan desde la provincia de Buenos Aires o migrantes.

Meritano también dedica su tiempo y saberes a la organización Médicos del Mundo: es vicepresidente mundial y presidente de la sede Argentina, que a su vez es la nave madre de proyectos en Haití, República Dominicana, Venezuela, Paraguay y Bolivia. Médicos del Mundo se define como una organización que pelea por el ingreso igualitario a una salud colectiva, pública, de calidad y, Meritano aclara, “sin el sesgo biomédico”. Esto quiere decir que Médicos del Mundo es una de las organizaciones firmantes de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Y que tiene, además, proyectos sobre población migrante, gente en situación de calle o privada de la libertad, pueblos originarios y desastres ambientales en los países mencionados.

Con el termometro concreto de la Maternidad Sardá y la proyección internacional, arranca esta charla.

¿Por qué el aborto es un tema de salud?

Primero por el punto de vista epidemiológico: el aborto en Argentina es la primera causa de muerte en mujeres que están en edad fértil o embarazadas. Y hay que aclarar que existe un importante sub registro de abortos, porque hay un número de abortos no seguros que ingresan a los servicios y no son catalogados como complicaciones de abortos. Las causas de muerte en edad materna generalmente se dividen en directas o indirectas: las directas son las que están relacionadas con el embarazo. Ahí el aborto y sus complicaciones son la  primera causa de muerte.

Desde su experiencia, ¿por qué se necesita aborto legal?   

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la cantidad de abortos que se practica en Argentina oscila entre 350.000 y 450.000. Los partos son de 700.000 a 750.000 por año. Algunas organizaciones, también relacionadas a la salud, dicen que por cada chico que nace hay un aborto en Argentina. Ninguna estimación baja de un número de 350.000 abortos anuales: son cifras que se obtienen de un registro de cuántas camas se ocuparon por mujeres que ingresan por complicaciones del aborto inseguro. Pero, de nuevo, advierto: hay un número de mujeres que realizan abortos en distintas condiciones que no llegan al sistema y no se contabilizan. Por ejemplo, las que llegan a los centros clandestinos de aborto seguro son mujeres que tienen una condición social que se lo permite. Y en general, no tienen que internarse luego en un hospital público. En cambio, las poblaciones más vulnerables practican abortos en condiciones inseguras. Esa es una situación que impone, por lo menos, sentarnos a discutir qué hacemos con el aborto, más allá de los casos puntuales que hoy reconoce la ley que pueden ser pasibles de interrupción legal.

La ley y la realidad

Lo que notamos es que el protocolo de aborto no punible no se cumple por igual en todo el país…

Argentina tiene una particularidad en el sistema de salud: el Ministerio puede dictar normas y las provincias pueden no cumplirlas. No pasa solamente con el protocolo de aborto legal: también pasa con la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. Hoy por hoy, hay diez provincias que no firmaron el convenio con Salud Sexual y Reproductiva y hay otras provincias que lo firmaron, pero no cumplen con las condiciones de consejería, educación y entrega de anticoncepción gratuita. El sistema de salud es complicado y hay ciertas provincias del noroeste argentino en las que hay un fuerte poder eclesiástico que presiona y el resultado es que las condiciones de acceso a la salud para las mujeres en riesgo de aborto son totalmente desfavorables. Tampoco hay una legislación clara sobre la objeción de conciencia de los médicos, y eso también es resultado de una presión corporativa. Tiene que haber un reglamento claro de qué hacer en caso de que un hospital público no pueda garantizar un aborto no punible; cómo hace el Estado para garantizar que la ley se cumpla.

¿No es claro, entonces, una norma que impacta en la vida de las mujeres?

La norma es clara: el protocolo de Nación, que seguramente se cumple mucho más en los sectores públicos que privados. Pero la realidad indica que depende del lugar donde uno va a atenderse. Y de las presiones. Hace menos de dos meses, la ministra de Salud de la provincia de Buenos Aires publicó el protocolo de aborto legal: la doctora Zulma Ortiz, una epidemióloga de renombre. Y a la semana se lo bajaron los poderes eclesiásticos y políticos. Se está comentando que la doctora no continúa en el Ministerio el próximo año.

El costo

¿Cuánto cuesta un aborto hoy, en términos económicos y humanos?

Hoy por hoy, un aborto seguro en una clínica puede estar entre 2.000 y 3.000 dólares, si se siguen los protocolos internacionales que dice la OMS con misoprostol. Es una práctica segura, eficiente, muy económica, con muy bajo fracaso y muy pocas complicaciones. Hay varios mitos con respecto al aborto, uno es este: que hay mujeres que tienen más riesgo de morir por aborto que otras mujeres. Es mentira. La tasa de mortalidad por aborto con misoprostol es casi igual a la tasa de mortalidad por aborto espontáneo: de 0,7 a 0,8 cada 100.000 abortos que se realizan. La de aborto espontáneo es de 0,7 cada 100.000. Entonces, la mortalidad de abortos seguros es muy baja. En las condiciones más vulnerables, desinformadas o que no tienen consejerías pre y post aborto, hay abortos inseguros con la utilización de métodos caseros que sí ponen en riesgo de vida. En Argentina se mueren más de 100 mujeres por año, sin contar el sub registro, porque cuando uno habla de cuántas mujeres mueren por aborto siempre hay sub registro. Si bien los números ya son escandalosos, los números reales son más. Más allá del costo que uno puede calcular de un aborto clandestino, hay que calcular los costos que le produce al sistema de salud público: son los costos originados por las complicaciones, como infecciones, hemorragias, días de internación, terapia intensiva. Y esos costos son mucho más altos que practicar el aborto. Pero hay un costo que no podemos medir: la pérdida de una madre en el seno de una familia.

El misoprostol también representa otro negocio: aunque se vende bajo receta, su uso abortivo es regulado por el precio de la clandestinidad…

Sí, y muchas farmacias cobran un extra porque se aprovechan de quien no consigue la receta. Si uno pone en la web “misoprostol” hay muchísima gente que lo vende a un precio mucho más caro que el que debería corresponder y, aparte, el que compra no tiene la seguridad de qué medicamento está comprando.

La pastilla ¿es una solución o está, de algún modo, privatizando el problema?

Me parece que tiene que ver con sacarse las responsabilidades de encima: te doy la pastilla, te la receto a nombre de tu marido -cosa que ni asocien que te di algo a vos- y me saco el problema de encima. Si tenés alguna complicación, andá al hospital. Todavía está mal visto que el médico haga consejerías de aborto, porque la mayoría de los médicos que hacen abortos en forma clandestina lo hacen por una cuestión económica, no por una cuestión de militancia. La realidad es que es ilegal practicar una interrupción del embarazo por fuera de casos puntualizados. Más allá de esta realidad, también hay un negocio clandestino importante, porque cuando una mujer quiere hacerse una interrupción del embarazo y tiene los medios necesarios, no es muy difícil conseguirla. Entonces también hay un poder económico detrás que, por lo menos, hay que denunciarlo y decir que muchos de los que dicen “no al aborto” por detrás, en sus clínicas privadas o en sus consultorios, lo realizan y lavan su conciencia cobrando un dinero.

Los mitos

¿Qué impacto en la estructura del sistema de salud público tendría el aborto legal?

Otro mito: que la legalización del aborto aumenta los abortos. En números de la OMS, a nivel mundial las regiones que más abortos tienen son América Latina y África, con una tasa de aproximada de entre 29 y 32 abortos por cada 1.000 mujeres. Son lugares donde el aborto no es seguro o es ilegal. En los países donde el aborto es legal y seguro la tasa es de 12 cada 1.000 mujeres, o sea, baja mucho. Entonces, más allá de decir “la legalización implica trabajar por un aborto seguro” lo que se está diciendo es mucho más: “y también implica trabajar la salud sexual y reproductiva”. Obviamente que estamos a favor de los abortos seguros, porque de eso se mueren las madres y nuestras mujeres, pero también hay pasos previos que tienen que ver con el derecho de la mujer: la anticoncepción, la elección, hay un montón de cosas que implica la legalización cuando uno analiza todo el panorama y que también bajan la tasa de abortos.

Otro mito: el aborto como marca para toda la vida…

No hay ninguna evidencia científica, ningún cuadro que encuadre en lo que se llama “síndrome post aborto”. Lo que sí seguramente causa problemas en las mujeres que lo hacen es que sea inseguro, ilegal, que tenga que hacerse en condiciones complicadas para la mujer, que lo tenga que ocultar, que todavía haya personas dentro y fuera de los hospitales que la señalen. Eso es mucho más estigmatizante que la decisión de hacerse un aborto, que es una decisión personal, única y un derecho que tiene la mujer sobre su cuerpo.

¿Hay un registro de objetores de conciencia?

En un momento se dijo que se iba a hacer, se organizó por hospitales, pero realmente en la Ciudad de Buenos Aires nosotros sabemos que hay lugares donde se puede ir tranquilamente. Sabemos que esas maternidades son facilitadoras para mujeres que están con esa problemática. Son todas redes informales. La línea de aborto seguro tiene muy claramente señalado en sus recomendaciones dónde tenés que ir y dónde no tenés que ir. Nuestra maternidad es una maternidad que trata con respeto a las madres: no tenemos ningún registro en los últimos años de que haya habido ningún obstáculo, ninguna denuncia. Porque, en realidad, el médico no tendría que preguntarle a la mujer que llega qué le pasó: el médico tendría que tratarla y no juzgarla. Yo creo que si uno, como médico, denuncia a una mujer, automáticamente es pasible de sufrir una denuncia por romper el secreto profesional. Desde hace 15 años estoy en el hospital público y vi un cambio. Años atrás, cuando llegaba una mujer con una complicación por aborto inseguro, muchas veces se le hacía un marco de protección porque había como una obligación de hacer una denuncia. Ahora por suerte esa es una de las cosas que han cambiado.

Vínculos

En la Maternidad Sardá, ¿el cuerpo médico debate sobre el aborto?

Tengo que pensar nos pusimos todos los profesionales y no profesionales de salud a discutir qué hacemos con el aborto. Y creo que nunca lo hicimos.

¿La causa del silencio?   

Me parece, por empezar, que la conducción política del hospital y del Ministerio no quiere que se discuta. Las veces que hemos discutido nosotros el tema de legalización o del aborto seguro en el hospital fue porque lo hicimos a través de nuestra gremial médica. En el hospital, como las autoridades son elegidas por el ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, es una política que no se discute, ni creo que se vaya a discutir en los próximos años. En los hospitales públicos, lamentablemente, es un tema de todos los días, porque todos los días, lamentablemente, hay este tipo de situaciones: todas las guardias reciben mujeres en riesgo por abortos inseguros y hay protocolos y normas de cómo actuar. Pero no hay una discusión de qué hacer “con el aborto”, qué posición tienen los profesionales de la salud con respecto a la interrupción del embarazo. Queda en una decisión personal.

Esa decisión personal es la que lleva a algunos médicos a denunciar a la mujer como delincuente. ¿Cómo se reconstruye ese vínculo?

Desde Médicos del Mundo pensamos, más allá del tema aborto, que el sistema de salud tiene que ser algo distinto. Para empezar, tiene que ser público y universal para garantizar el derecho de acceso a la salud y no que esos derechos queden librados a posiciones económicas. Con sistemas públicos, universales, solidarios, interculturales, uno construye una relación de sujeto a sujeto, con mujeres que tienen sus derechos y médicos que se forman en ese sistema que los respeta. Y no estos sistemas de salud que tenemos actualmente que son totalmente inequitativos, desiguales. Para seguir, tenemos que pensar que el sistema, hoy por hoy y en Argentina, es inequitativo, desigual y, en las condiciones más vulnerables, se tienen muchas dificultades para acceder y para tener una salud de calidad. Dentro de ese cambio de sistema también tiene que haber un cambio en los roles y, sobre todo, en la filosofía médica hegemónica. Muchas veces el médico mira a cualquiera de sus concurrentes desde otra posición, porque está formado con esa relación de superioridad sobre el que va a consultar. No hay una relación sujeto a sujeto, no hay diálogo. Esa relación de poder hay que cambiarla desde la facultad. Hay que cambiar los planes de estudio, hay que pensar en otro tipo de formación. No hay salud comunitaria, no hay una fortaleza de los sistemas primarios de atención en Argentina. Para terminar, con respecto al aborto se ven mucho más los problemas que enumero de este sistema, porque la vulnerabilidad de una mujer que llega en una situación de aborto inseguro es enorme.

Concretamente, ¿qué puede hacer un médico con una mujer que llega en esa situación?

Por empezar tiene hacer el tratamiento correcto y seguro que marcan los protocolos de la mayoría de los hospitales y, obviamente, contenerla y tratar de acompañarla, a ella y a la familia. Teniendo tres o cuatro cosas más o menos claras, no es tan complicado protegerla, sobre todo del sistema. Creo que en muchos de los hospitales públicos se hacen las cosas bien, pero se trabaja bien porque se convive todos los días con esa problemática, no porque haya una conciencia de que ese es el camino. Tendríamos que trabajar en este tema antes de que llegue una mujer en situación de riesgo por un aborto inseguro. Debatir y analizar por qué para el sistema de salud público la cantidad de mujeres que llegan con complicaciones de aborto serían mucho menor si los médicos tuviéramos la posibilidad de atenderlas en un marco de legalidad.

Lo irrefutable

¿Qué experiencias rescata de esta etapa que garantizan la salud de las mujeres?

Lo que ha crecido en Argentina son las consejerías. Son las consultas pre y post aborto para mujeres que están en esta situación. No digo que sea la solución, pero eso le permite al menos un marco de seguridad y de acceso a información sanitaria que antes no existía: tener en claro cuál es el protocolo de un aborto no es tan complicado. Pero como cualquier procedimiento médico, puede tener complicaciones y eso la mujer tiene que saberlo. También cuáles son los síntomas ante los cuales debe concurrir al hospital y a qué hospital ir en ese caso.

¿Qué hace falta todavía para que haya ley?

Me parece que el camino es el que se viene haciendo desde el regreso a la democracia y cada vez más. Es el camino trazado por las organizaciones que están peleando por instalar en la agenda pública al aborto como un problema de salud. Desde las instituciones, lo que hicimos fue tener varias reuniones con distintos representantes del área de salud de distintos partidos políticos: la mayoría de los partidos, por lo menos, ha dejado librado a la libertad de conciencia a cada uno de sus diputados. Hay un grupo importante de legisladores y, sobre todo legisladoras mujeres, que apoyan la iniciativa. Creo que la única forma es seguir intentando instalar el debate legislativo. Y, sobre todo, hay que dar ese debate con números reales, para derrumbar los mitos que oponen los supuestamente “defensores de la vida”, que la mayoría de las veces se basan en cosas que, por lo menos desde el punto de vista científico, no tienen ningún sustento. La despenalización del aborto con argumentos científicos y jurídicos, en cuanto a derechos humanos de las mujeres, es irrefutable.

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