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Sí, es magia: Nicolás Gentile, mago y actor

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La eterna pregunta es: ¿cómo lo hizo? ¿Cómo desapareció esa carta, o leyó el pensamiento? El juego la ilusión, el encanto, el asombro. Y la fórmula de poner en duda todas nuestras certezas. Por Lucía Aíta. Fotos de Martina Perosa.

Son tiempos en los que encender la tevé abre un hueco en nuestras mentes en el que parece fugarse toda esperanza en la humanidad. Son días en los que la palabra crisis invade las redes e invita constantemente al desánimo y la quietud. ¿Cómo podemos mantenemos despiertxs cuando nos quieren adormecidxs? Una posible respuesta es que si no podemos terminar de despertar, al menos debemos poder soñar.
Hay espacios en los cuales mantener viva la llama de la ilusión es considerado un arte. Espacios que se apoyan en poderes que no son absolutos sino que se comparten para generar sensaciones en cuerpos de otros. Lugares y personas cuya potencia, como si fueran la reencarnación de una vanguardia surrealista, es poner en duda que lo que vemos es la realidad y abrir cuestionamientos sobre lo que creemos conocer.
¿Cómo? Con magia.
“Hay algo en el fondo de la práctica de la magia que nos permite creer que algo maravilloso puede ocurrir”, dice Nicolás Gentile, mago, actor y clown de 24 años. Lo dice con total naturalidad mientras toma un vaso de agua en un bar a las 2 de la tarde. Nicolás, con la calidad de sus ilusiones, nos abre una puerta de salida: puede ser que la respuesta esté en lo que creíamos imposible.

Hacer lo imposible

Los ojos de un niño abiertos como dos huevos duros. La sonrisa extasiada de Norita Cortiñas. Un señor que mira con cara de intriga y fascinación. Éstas son algunas de las postales que quedan en la retina después de una noche con Nicolás Gentile. Noches en las que pasa de todo.
Aparecen cartas en bolsillos donde no estaban. Le cambia la cara al dibujo de la reina. Se adivinan cosas. Aparecen y desaparecen monedas. Y así, una se enreda en una pregunta que suele ser la más interesante de hacerse siempre: ¿Cómo hace?
Nicolás empezó a hacer magia a los 14 años. Un amigo del colegio le mostró unos trucos que había visto en un libro y su ilusión creció tanto que nunca paró. “Quiero poder hacer eso”, recuerda Nicolás que se dijo a sí mismo, y contactó a alguien para estudiar en una escuela todas las semanas, dos horas. Paralelamente también estudiaba de libros que se bajaba de Internet. Recuerda que un libro importante para comenzar fue Cartomagia Fundamental, de Viencete Canuto, la base de la magia con cartas. Nicolás cuenta que también copiaba trucos de Youtube, pero que prefería los libros porque “tienen esas cosas que laburás la cabeza, te imaginás y no tenés tanta bajada visual como en los videos”.
El mago recuerda que esos libros tenían algunas máximas que suelen ser comunes entre magos: no revelar el truco nunca; no perseguir a tus familiares con todos los trucos que aprendés; y no usar mucho la palabra truco, porque suena a trampa.
Por eso, para describir lo que hacen en escena muchos magos hablan de encantamiento e ilusión. “A mí me sale decir juego o efecto”, dice Nicolás, mientras parece que diera una gran clase de comunicación y de la importancia de las palabras.

Ilusiones compartidas

Aparte de las escuelas, hay clubes de magia donde se comparten charlas y conocimientos. Algunos son más exclusivos y hasta toman examen de un truco para ingresar. Nicolás comenta que, además del circuito de clubes y varietés que está creciendo en Capital Federal, en La Plata hay muy buena magia y existe un Centro Mágico platense al que pertenecen muchos de los mejores magos:. Estas redes son las que Nicolás señala como necesarias para aprender magia: “Lo que más sirve de los espacios de formación es relacionarte con gente, los vínculos con personas con intereses y búsquedas similares. Juntarse un sábado o después de clase con otros magos a mirarse los trucos y hablar. Es como en todas las artes, con el teatro y clown me pasó o mismo: de ese juntarse salieron las organizaciones de nuestros primeros ciclos de magia, y así”.
Nicolás explica que las emociones generadas por la magia son distintas a las presentes en otras artes. Más que empatía, lo que se genera es cierta ilusión, una emoción generalmente ligada a lo infantil. Nicolás cuenta que Juan Tamaríz, un mago referente español, dijo precisamente que la magia es para el niño. “A los magos más serios no les gustó mucho y es medio el clishé lo del niño interior, pero hay algo que es así. Siempre en lo profundo la magia te ubica en ese lugar de nene, de preguntarte cómo es esto, de quedar asombrado. Uno se acostumbra porque hace magia pero el público no está acostumbrado. La falta de costumbre genera esa esperanza sobre lo mágico”, dice Nicolás y cuenta que un mago panameño le decía directamente que la gente no está acostumbrada a ver milagros. “La palabra milagro es fuerte, porque suele vincularse a lo religioso o lo irreal. Pero es cierto, porque una cosa es el truquito ingenioso pero otra es el milagro que te sacude. Cuando te preguntás, ¿cómo hizo para adivinar el número que estaba pensando? O ¿cómo hizo para aparecer la carta en mi bolsillo sin que yo me de cuenta? La búsqueda de cada mago es llegar a ese milagro, que es llevar cada efecto a su máxima potencia”.
Nicolás cuenta que esa potencia tiene que ver, como en la vida, con las condiciones con las que se hace magia. Si hay pañuelo, luces o el mago está en un escenario, el efecto de distancia produce otras condiciones. Pero si lo hace cerca y arremangado, las condiciones son diferentes y pueden llevar al efecto a su máxima potencia: milagro.
Nicolás hace milagros: entre otros, adivina en vivo el nombre de una persona en la que un participante del público esté pensando. La pregunta prohibida: ¿Cómo hace? Nicolás ríe y contesta: “Es una técnica de magia, no hay nada esotérico. La idea es generar esa duda”. Tanto desde la magia como desde otras artes escénicas para Nicolás la potencia política de su arte y su humor está en que el público se autocuestione. “No es tanto una bajada de línea política, aunque hago imitaciones y comentarios que sí lo son. La política es que la magia y la actuación te generen emociones. No quiero dar respuestas: para mí lo político es hacer preguntas”.

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