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Tullida power: Nancy Aruzza

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Hace un stand down en el que hace reír y pensar, rompe comodidades y señala prejuicios. Cuenta diálogos insólitos, solidaridades truchas y compasión sin etiquetas. El arte de decir lo que nadie se anima, y hacer lo que se quiere. MARíA DEL CARMEN VARELA

Foto: Marieta Vazquez


«Sos muy graciosa, tendrías que hacer stand up”, le dijo a Nancy una compañera de la Cátedra de Periodismo y Decolonialidad a cargo del semiólogo Walter Mignolo, que organizaba la Cooperativa lavaca en 2016. Enfática, Nancy respondió: “Le he deseado la muerte a cada persona que me dice que tengo que hacer stand up. Hacer reír es fácil; hacer pensar es complicado”.
En el transcurso de la cursada la periodista y profesora Claudia Acuña leyó un escrito de Nancy y le dijo: “Vos tenés que publicar”. A comienzos de este año y durante un festejo en MU, el espacio cultural de lavaca, Acuña insistió aunque con un matiz más enfocado en poner el cuerpo. La sugerencia esta vez fue hacer algo una vez por mes en MU. Así fue como Nancy decidió no esquivar más los pedidos de ejercitar su gracia, inteligencia, locuacidad e ironía, entre otras virtudes, y puso manos a la obra. Una amiga terminó de definir la idea: no sería stand up, sino stand down.
Escribió textos como para cuatro encuentros y los tituló Yo, tullida. Otra amiga le sacó una foto en su silla de ruedas, con el pañuelo verde tapando su boca y armó un flyer que dice: “No se cobrará entrada pero se recibirán limosnas”.
En las promociones del evento en redes sociales, agregó: “Cuerpo, mente. ¿No es que somos cuerpo y en él se inscribe todo lo demás? ¿Qué funciona mal con una discapacidad cognitiva? ¿Qué, cuando es física? ¿Cómo nos dividimos? Si tuviéramos que elegir, ¿qué preferiríamos? ¿Algune de nosotres sabe la respuesta? ¿No? Bueno, Yo, Tullida tampoco”.
Un domingo de septiembre Nancy hizo su primer monólogo a sala llena. Repitió en octubre –con un texto diferente- con la capacidad del lugar casi colmada y también fue invitada al ciclo mensual de los primeros jueves de cada mes –Cotorras- con las anfitrionas de lujo Marlene Wayar y Susy Shock, en el que conversaron acerca del fracaso de la inclusión. ¿Qué tienen en común una persona con discapacidad y una trava? Nancy: “Si viene alguien y le preguntamos quién de nosotras tiene una discapacidad, me van a señalar a mí. A las travas les pasa lo mismo. Lo trava y lo tullido tienen mucho en común: a Susy la ven y es claramente una trava, a mí me ven y soy claramente una tullida. A ambas nos quieren incluir en esta sociedad y nosotras no queremos saber nada”.
Cuando tenía 25 años – ahora tiene 38- Nancy supo que tenía esclerosis múltiple. “En ese momento me hablaron de enfermedad desmielinizante porque lo que hace la esclerosis múltiple es degradar la mielina que es el lubricante que recubre las neuronas. El discurso médico te dice que es una enfermedad, pero no es una enfermedad, porque la enfermedad tiene cura, esto no. Entonces yo hablo de condición”. Hace cinco años, Nancy necesitó un bastón para poder desplazarse, un año más tarde, sumó otro bastón y hace dos años se moviliza en silla de ruedas. Jamás dice “quedé en silla de ruedas”. Explica: “Es una expresión que se usa mucho. Yo no me quedo, yo ando”. En cuanto supo el diagnóstico reflexionó en la división entre cuerpo y mente. “Mi neurólogo me explicó que podía tener problemas motrices y cognitivos, y lo que creo haberle dicho a ese neurólogo fue: que el cuerpo me lo dinamiten pero que la cabeza no me la toquen”.
En su stand down, Nancy se refiere a ciertas reacciones, argumentaciones, frases de aliento o respuestas que la mayoría repetimos. Con sutileza cero, nos desafía a repensar, digerir, reconsttruir y debatir.
Van fragmentos de un discurso no tan amoroso:
“El devenir tullido parece que viene con un manual donde dice qué tenés que pedir para que te incluyan. Yo no quiero ser incluida en esta sociedad de mierda. No nos queremos incluir en el fracaso. Esto de decir que sos inclusiva habla bien de vos, porque vos sos re copada, hacés un lugar accesible para cualquier persona, tenés en cuenta la mayor cantidad de diversidades posibles, y listo. Nada más”.
“Hay gente que me dice ‘ay, te admiro’ y yo les digo: ‘¿sabés qué leo como subtítulo? Te admiro porque si yo estuviera tan hecha mierda como vos, me pegaría un corchazo’”.
“Hay gente que me mira como pensando ‘pobre, está en silla de ruedas’. Soy una privilegiada, no trabajo, cobro un seguro por invalidez, es una jubilación anticipada. No alquilo departamento porque mi mamá me compró uno, si quiero me levanto a las once de la mañana, pocas veces hago cosas que no quiero, no tengo un jefe o jefa que me rompa las bolas, ¿y vos me tenés lástima a mí? ¿Porque vos podés correr el colectivo cuando llegás tarde al trabajo, donde te van a explotar todo el día?”
“Hace poco un pibe no binarie -que parece que leyó el manual de cómo ser disidente y no binarie- que vio mis videos de promoción de Cotorras se me acercó y me dijo: ‘Te vi re empoderada, disidente y queer’. Te voy a matar, metete las etiquetas en el orto. Yo no quiero el poder patriarcal y machista, quiero otra cosa. No me gustan las etiquetas; las únicas dos que puedo llegar a portar son las de torta y la de tullida. Son dos condiciones que no elegí. No son decisiones que se toman. Después, en todo caso, podés decidir cómo vivirlo”.
Nancy cursó cuatro cuatrimestres de la Licenciatura en Gestión del Arte y la Cultura en la Universidad de Tres de Febrero con el objetivo de saber si mantenía las capacidades cognitivas intactas y comprobó que sí, aunque aclara: “Si me caigo en mi casa y no me puedo levantar mis facultades cognitivas no me ayudan en nada”. Vive con dos gatos, Cuir, su gata amada, y Eletor: “El gato discapacitado: lo llamás y viene, es obediente, tiene todo lo que no esperás de un gato”. Una amiga la denominó torta planera y a ella le causó mucha gracia, pero le devolvió la gentileza: “Más allá de que no cobro un plan, es genial. Yo le dije: bueno, pero vos sos becaria del Conicet. Y me respondió: ay, me cagaste”.
Tiene material para dos encuentros domingueros más, pero está dudando si concretarlos o no. Tal vez uno más a fines de noviembre. De ser así, será la última posibilidad 2019 de verla y escucharla y de que nos la haga fácil con la risa y nos la ponga difícil cuando nos hace pensar. Al terminar el stand down, nos dirá que allá atrás está la bolsita del desapego, donde podemos soltar dinero a modo de gorra, y también prejuicios y conceptos inútiles.

Foto: Lina Etchesuri

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