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Vías venenosas

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Ciudad contaminada, capítulo 1: asbesto en subtes. Durante el mandato de Mauricio Macri, el gobierno porteño compró formaciones de subte españolas que contenían un material cancerígeno: asbesto. La contaminación se comprobó y hay trabajadores afectados, uno operado de cáncer de pulmón. Lo que dicen el sindicato, la absurda defensa de la empresa. La voz de los trabajadores y lo que se ve al final del túnel.   Por Anabella Arrascaeta.

En la sede de los Metrodelegados hace ya más de dos horas que empezó una asamblea que llevará otras tres horas más. Sobre la mesa hay dos equipos de mate y un termo de café. Están el secretario y el equipo de Salud del sindicato, y representantes de los talleres que se turnan para hablar. Están preocupados y eso se traduce a todo tipo de preguntas; los que tienen más conocimiento del conflicto explican los pasos que fueron dando a los que recién se suman. Todo gira alrededor de una palabra: asbesto. 

Hay quienes cuentan que se están haciendo estudios médicos, y un médico del equipo explica al resto en qué consisten. Otros preguntan cómo se tiene que lavar la ropa. Alguien nombra a los despedidos y a los jubilados. Deciden hacer una lista y rastrear a los que no están: “Hay que incluir a todos”, dicen. Antes hicieron listas de piezas muestreadas. Algunos piden por contención psicológica: “Los ves grandotes, con luchas encima, pero les pica la cabeza”, dice un delegado. El secretario de Salud dice: “Este trabajo colectivo sirve para sociabilizar, para empezar a ver que no estás solo”. De un taller denuncian que llevaron gente para hacer el trabajo que ellos rechazan: los llaman “cuadrilla venenosa”. 

En la asamblea hay 20 hombres y una mujer: Inés, de apodo India, del equipo de Salud. En el mar de preguntas ella irrumpe clara: “No perdamos el objetivo: desasbestización del ambiente subterráneo, pedir el cronograma de cómo van a ir llamando a los compas, cambio de flota y monitoreo de todos los ámbitos subterráneos”.

La historia

El 16 de febrero de 2018 se conoció en España, mediante notas periodísticas, que había un trabajador del Metro de Madrid enfermo de asbestosis. Los trabajadores españoles ya habían denunciado un fallecido por cáncer de pleura, y varios enfermos. Con esta noticia se confirmaba la presencia de asbesto en los trenes de la flota CAF 5000, los mismos que habían sido adquiridos en 2011 por la Ciudad de Buenos Aires con Mauricio Macri como Jefe de Gobierno: 36 coches para la Línea B que en España habían sido retirados de circulación once años antes. 

El 20 de febrero de 2018 Subterráneos de Buenos Aires (Sbase) dispuso sacarlos de servicio ante las sospechas. A mediados de ese año la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP, conocida como Metrodelegados) había iniciado la denuncia a la empresa para que investigara si en las formaciones que se habían comprado estaba presente el asbesto. Dicen desde el sindicato: “La empresa argentina niega sistemáticamente la presencia de asbesto. Comienza entonces la investigación por parte nuestra”. Se inició en los trenes comprados a España, se extendió al resto de las flotas que estaban en circulación (Líneas A a H y Premetro) y luego a los trenes que ya no circulaban. Las muestras fueron enviadas para su análisis a la Universidad Nacional del Sur, Departamento de Geología, donde es docente la doctora Leticia Lescano y cuya tesis doctoral en el año 2013 había sido “Asbestos argentinos y sustitutos. Degradación, movilidad y potenciales riesgos para la salud”. Los resultados: de las 143 piezas analizadas de vagones, más del 40% presentaban asbesto.

Recién en diciembre de 2018 Sbase reconoció la presencia de asbesto en los coches CAF 5000 que había retirado de circulación, y Metrovías confirmó que hay trabajadores de los talleres afectados por la exposición a es sustancia. En una entrevista con CNN, el presidente de Sbase, Eduardo De Montmollin, dijo: “La documentación técnica de un tren pueden llegar a ser manuales o carpetas así (grandes) y de repente lo que dice esto es una letra chiquita en la página 473 del tomo 4 de manual de descripción de partes”. 

Sobre esa declaración Francisco Ledesma, secretario de Salud del gremio de metrodelegados, dice a MU: “El presidente se Sbase dice que a los técnicos se les pasó entre los biblioratos que tenían que leer. A mí me dieron los biblioratos y en una hora nos leímos todo y no tenemos 70 ingenieros como tiene Sbase, somos un grupo de diez personas. Yo creo que no es que no pudieron, no quisieron, sino que es el cinismo de la impunidad”.

Los cuerpos 

El asbesto, o amianto, es un material fibroso, compuesto por la combinación de ácido salicílico con magnesio, calcio, sodio y hierro, cuyo uso se extendió con la revolución industrial. Tiene gran resistencia a la combustión y por eso es empleado como aislante, en revestimiento y en tejidos resistentes al fuego y al calor. Sus fibras son flexibles y se descomponen con facilidad; cuando esto sucede, pueden ser inhaladas y provocar graves patologías en el cuerpo. 

Matias Gallastegui, médico generalista, es coordinador de la Escuela Popular de Salud Comunitaria en la Villa 21/24 que piensa la salud desde y en los territorios; allí, desde hace años están investigando las implicancias de los conflictos ambientales en la traza urbana, más específicamente en la Ciudad de Buenos Aires. “Las convenciones internacionales marcan sobre el asbesto una relación muy clara entre la exposición y el desarrollo de enfermedad: mientras más te exponés más posibilidades de desarrollar enfermedad tenés”, diagnostica. “Si bien el período asintomático puede ser prolongado es importante remarcar que el daño pulmonar comienza junto con la exposición”.

Entre esas patologías posibles está la asbestosis, una fibrosis pulmonar difusa a partir de la cual podría desarrollarse cáncer de pulmón o un mesotelioma pleural maligno como diagnósticos de mayor gravedad. “La asbestosis es una enfermedad progresiva que se desarrolla por la reacción inflamatoria que genera la inhalación de las macropartículas de asbesto que ingresan por la vía respiratoria alta y viajan, las más pequeñas, hasta los alvéolos. Esta respuesta inflamatoria va generando por un lado fibrosis y muerte celular limitando la capacidad del pulmón para el intercambio de oxígeno, y por otro lado genera mutaciones celulares que pueden desencadenar el cáncer”. El daño que se puede generar por la exposición al asbesto es incurable e irreversible. “Todo el tejido pulmonar que pierde su capacidad funcional para oxigenar nuestro cuerpo no se recupera, y el proceso inflamatorio continúa”.

El miércoles 4 de septiembre de 2019 la Secretaría de Salud de la Nación respondió a una nota presentada por lxs trabajadorxs del Subte. En el primer punto dice: “La Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) clasifica como ‘Agente carcinogénico para humanos’ (Grupo 1) a todas las formas de asbestos incluyendo actinolita, amosita, antofilita, crisolito, y tremolita. La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través del criterio de Salud Ambiental N° 203/98 del Programa Internacional de Seguridad Química, establece que la aparición de los efectos crónicos por exposición de amianto es independiente de la dosis de exposición, siendo por lo tanto imposible establecer niveles de exposición seguros. La Asociación de Toxicología Argentina expresa que ‘aplicando la metodología actual para la evaluación de los riesgos, nos encontramos con un primer problema: muchas sustancias cancerígenas no tienen un valor límite asignado y otras, aunque lo tengan, no nos protegen del efecto cancerígeno porque no hay una relación dosis-efecto. No se ha establecido un umbral de riesgo carcinogénico para el asbesto”.

Hacer lucha

«Se reclama desamientar los talleres y estaciones para que los laburantes trabajen en mejores condiciones / Va a ganarse la vida, no a perderla, que respeten la ley, que respeten la regla”. India escucha en su celular el rap que hicieron pibxs de un colegio secundario. “Es mortal”, dice sentada en su escritorio del Área de Salud del sindicato. Desde ahí hace memoria: “Compraron 36 coches que se tuvieron que canibalizar para armar lo que andaba. Cuando empezamos a leer lo que no se podía hacer (perforar, cortar, amoldar), todo eso lo habían hecho los compañeros en el taller. Se nos pararon todos los pelos del cuerpo. Empezamos a preguntar qué es lo que se hacía, cómo se comprobaba la presencia de asbesto, y llegamos a la doctora Lescano.  Más allá de que teníamos confirmación de los componentes, lo que pedíamos era que se ingrese a los compañeros al Registro de Agentes de Riesgo porque necesitábamos saber cómo estaba su salud”. 

Ingresar al RAR implica hacerse los estudios, recibir capacitaciones específicas y que la empresa se encargue del lavado de ropa. Los exámenes se hacen de manera periódica, y se guarda la historia clínica durante 40 años. Dice India: “Trabajamos en la Intersindical de Salud de las tres corrientes; la coordina Lilian Capone, neumonóloga con matrícula B de lectura de amianto por la Organización Internacional del Trabajo. Ella es nuestra experta en la parte médica junto con el doctor Ariel Rossi que es nuestro médico legista”. Rossi presentó en el Aula Magna de la Academia Nacional de Medicina, en el III Congreso Internacional de Medicina del Trabajo, una exposición sobre el impacto en la salud de los trabajadores del subte de la Ciudad de Buenos Aires por exposición al asbesto. 

Cuenta India que el principal problema fue de comunicación: “En 2018 bajábamos y dábamos esta noticia horrible pero los compañeros no se veían referenciados. Teníamos un problema que ocurría  delante de ellos y no encontrábamos la vuelta para decir: es acá y es con vos”. 

¿De todo esto, qué se sabía hace tres años? “Nada. Cuando íbamos dimensionando, nos queríamos matar. Después hicimos estas planillas y eran muchísimos los posibles afectados. Para nosotros es muy necesario saber en qué estado están los compañeros, y ver de qué manera garantizar iguales condiciones de monitoreo epidemiológico, iguales condiciones para que sean tratados. La ART a veces da el alta pero recomienda no ir a trabajar en un ambiente contaminado, cosa que sigue pasando. Entonces tenés una bomba: en los pulmones y en la cabeza”. 

El equipo de Salud se amplió al ritmo del conflicto: se sumó asesoramiento técnico, legal, médico y por primera vez dos psicólogas sociales, Cecilia Domingo y Beatriz Leonardi, recorren talleres y se encuentran con trabajadorxs. Con el equipo legal se presentó en noviembre de 2019 un amparo ambiental y una acción de clase contra el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Subterráneos de Buenos Aires, Metrovías S.A., y Metro de Madrid S.A.

La acción de clase comprende a los trabajadorxs del subte que han prestado algún tipo de servicio o tarea en los últimos 40 años, incluyendo a su núcleo familiar, y a los usuarios del subte que han utilizado el subte en ese mismo período. El objetivo: retiro seguro de todo material contaminante y limpieza para eliminar toda fibra de asbesto; reparación de los daños no patrimoniales para todos los afectados, y de los daños patrimoniales en caso de verificarse consecuencias de enfermedad, incapacidad o muerte en cada caso particular; financiar la creación del “Instituto para la Prevención, Capacitación y Tratamiento del Asbesto”, con sede en la Ciudad de Buenos Aires. También se solicitó una medida cautelar –a la que la jueza Elena Liberatori en enero de este año dio lugar– para que se ordene la prohibición del contacto con piezas o lugares con asbesto y se garantice tanto el derecho al trabajo de los empleados afectados, como que deban ser reubicados. 

India concluye: “La pelea es a largo plazo. falta concientizar a muchos trabajadores. Desasbestizar el ambiente laboral va a llevar más de diez años. Esperar una flota nueva, más de dos años. Pero estamos actuando para cambiar las condiciones de trabajo de las generaciones futuras”.

La radiografía actual

Desde Sbase responden a MU: “Hasta el momento se han incluido 1.181 trabajadores en el Relevamiento de Agentes de Riesgo. 1.075 ya se realizaron exámenes y 18 presentan síntomas de índole respiratoria que podrían estar vinculados a la exposición de asbesto”. Uno de los tratados en el Hospital Británico tuvo que ser operado de cáncer de pulmón. Y agregan que actualmente se “avanza en la desasbestización de la flota Mitsubishi de la Línea B. Ya se terminaron dos formaciones y se avanza en la quinta tripla”. 

Desde el sindicato informan que se encontró asbesto en la Formación Mitsubishi, que se están desabestizando en la actualidad en el taller Rancagua, y CAF 5000 de la Línea B, fuera de circulación al igual que las formaciones Nagoya 300 y Nagoya 1200 que circularon en las líneas A, E, D y C. Además se encontró asbesto en la Formación Nagoya 5000 de la Línea C, fuera de circulación porque no hay trabajadorxs que quieran manejarlos, y en la Formación Fiat – Materfer y General Electric de la Línea E. En instalaciones fijas se encontró asbesto en subusinas y depósitos de agua de inodoros de baños.

Este 3 de marzo, se firmó un acuerdo entre la Secretaria de Trabajo, Industria y Comercio de la Ciudad de Buenos Aires, Metrovias, los metrodelegados y Sbase. Se iniciarán las tareas para la compra de nuevo material rodante para la línea B que reemplace la flota Mitsubishi. Los metrodelegados se comprometen a realizar tareas de mantenimiento normales en componentes sin presencia de asbesto. Explican a MU: “Por la línea B no puede ir ninguno de los otros trenes que están en circulación porque la infraestructura es distinta. Es por eso que empezamos pidiendo recambio de flota, porque es específica”, pero advierten: “Vamos a celebrar esta decisión cuando sepamos quién hará los trenes”.

Las preguntas que quedan

Federico Cattáneo es técnico en electrónica. Durante quince años trabajó en el Taller Rancagua de la Línea B, donde todo empezó. “A principio no se tenía mucha conciencia de lo que implicaba. No lo teníamos identificado como algo malo. En el taller uno de los chicos tuvo una enfermedad de asma y  eso generó cierto nivel de conciencia en el conjunto”. 

¿Cómo empezó la sospecha sobre el origen del problema? “En una asamblea saltó la problemática del asbesto. Vino el sindicato, se planteó la necesidad de iniciar una retención de tareas porque manipulábamos todos los días piezas que tenían asbesto. Los talleres se dividen en distintas especialidades: mecánica, eléctrica, confort y neumáticos. Y dentro de eléctrica, en la que en ese momento creíamos que éramos los que más manipulábamos asbesto, había 20 trabajadores más o menos. A medida que iban apareciendo nuevos positivos se fue ampliando a nuevos sectores. La pregunta es: ¿qué hacemos ahora? Estuvimos expuestos todos estos años”.

¿Cómo se vive la procesión por dentro? “Es muy característico el proceso: al principio no entendés de qué se está hablando, después te empezás a pasar de mambo en cuanto a la preocupación y finalmente, una vez que te involucrás, empezás a racionalizar un poquito. Teniendo en cuenta la latencia de la enfermedad, al ser tan grande, entrás en un constante signo de pregunta que lo tenés que empezar a trabajar de alguna manera, porque si no la ansiedad te termina matando”. 

Desde hace treinta años Claudio Garay trabaja en ese mismo taller. Desde hace ocho meses está de licencia. Tiene inflamación en la pleura y ahora se está haciendo estudios cada seis meses para control. Dice a MU: “En esta lucha está involucrada la salud. Compromete a un montón de compañeros, y puede derivar en una posible enfermedad en la familia porque uno lleva la ropa de trabajo y elementos a su casa. Una sola partícula basta para producir en un tiempo la enfermedad. Es una preocupación. Uno sabe que está afectado, no enfermo. Tengo engrosamiento de pleura. Al no tener enfermedad no estoy medicado, pero eso no quiere decir que no la vaya a tener: es un veneno que está ahí y se puede activar”.

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