Tomar el control: Hackers, big data y autogestión

Qué pasa en la web en tiempos de coronavirus y conexiones con picos de tráfico de datos. De las falencias de seguridad de Zoom a pensar tecnologías libres. Cómo construimos nuevas formas de cuidado. ¿Hasta dónde la vigilancia cuida la salud y no quiebra nuestra privacidad? ¿Es posible la red cuando se habla de aislamiento? Juegos, afectos y un documental de lavaca para seguir buscando preguntas. Por Lucas Pedulla.

Esta es uno de los textos de la última edición de MU. Lo compartimos para que la cuarentena no signifique encerrar las ideas y para que  puedan circular  historias, experiencias y sueños. Lo podemos hacer gracias a lxs lectorxs y suscriptorxs, el gran secreto y la gran alianza para que la comunicación sea posible y que los virus no impidan que respiremos juntos. La suscripcion a MU puede hacerse aquí.

El artículo se publicó en Vice y se llama: “¿Trabajando desde casa? Zoom le dice a tu jefe si no estás prestando atención”.

La nota describe cómo la plataforma de videconferencias Zoom, masivamente utilizada desde colegios hasta gobiernos de todo el mundo para reuniones a distancia en medio de la pandemia global del Covid 19, tiene una función llamada “seguimiento de atención”. Eso le otorga el poder al administrador -siempre, en la jerga, el nombre es masculino- para rastrear si los participantes de una sesión hicieron click fuera de la ventana activa por más de medio minuto. Rápidamente los cuestionamientos corrieron por Twitter, en los que se marcaba que podía ser utilizado por los jefes para penalizar a sus empleados. 

Zoom es una de las grandes ganadoras durante la cuarentena global: la empresa logró alcanzar un pico de 200 millones de llamadas por día, cuando en diciembre del año pasado había logrado un máximo de 10 millones. Pero las críticas también crecieron de forma exponencial por sus falencias en cuestiones de seguridad, y hasta el propio CEO de la compañía, Eric Yuan, salió a pedir disculpas: desde robos de credenciales e instalación de malware hasta accesos a las cámaras y los micrófonos sin la noción del usuario. Un ejemplo: la oficina del FBI en Boston, Estados Unidos, advirtió a los usuarios que no celebraran encuentros en la opción pública de la app ya que recibieron reportes de dos personas no identificadas que irrumpieron en sesiones escolares.

La práctica de personas interrumpiento videoconferencias a las que no fueron invitadas ya tiene un nombre: Zoombombing. Un empleado de la BBC contó otro caso: estaba asistiendo a una sinagoga virtual cuando el número de 205 conexiones se incrementó misteriosamente a 243. El rabino recién cortó la comunicación cuando recibió por WhatsApp que los intrusos estaban inundando la sesión con mensajes antisemitas.

Zoom es tan solo una de las plataformas cuyas descargas y pagos en versión premium se dispararon, junto a otras como Hangouts (propiedad de Google) o Houseparty, habitual entre jóvenes ya que permite jugar en línea, aunque tampoco se salvó: recibió denuncias de varios usuarios por robos de sus cuentas de Netflix y de Spotify tras terminar las sesiones. La empresa negó los hechos, habló de una campaña de difamación para dañar la reputación y ofreció un millón de dólares a quien mostrara pruebas.

Las batallas ocurren y se libran en territorios que no podemos imaginar, mientras en medio del encierro surge una pregunta inquietante: ¿qué pasa con nuestros datos?

Kill Bill & cuidados

Saico sugiere que hablemos a través de Meet Jitsi, una plataforma realizada por código abierto (cualquier programador puede sugerir una modificación para mejorar el original), y no por Zoom. Es uno de los hackers que aparecen en Hack&Pop, la nueva producción audiovisual de lavaca, estrenada el 1° de abril por todas nuestras plataformas y que puede verse en nuestra web lavaca.dream.press, y que indaga sobre el universo hacker en Argentina. La producción de la serie comenzó durante 2019, fruto de la relación de nuestra cooperativa con diversas comunidades hackers y movimientos de software libre, para mostrar que, lejos de la representación delictiva y de los estereotipos hostiles, se trata de redes que piensan la tecnología y su aplicación para un mundo más justo. 

Sucedió algo impensado. Cuando empezó la producción, no había pandemia global. Hoy, a partir de las nuevas configuraciones que la cuarentena va montando en los territorios (ver nota), las voces de Hack&Pop nos revelan nuevos significados.

Y, también, nuevas preguntas.

Saico coincide en que estamos atravesando un momento distópico, pero que la fantasía de armar barricadas en las calles quedará para otro momento: “Hay una especie de responsabilidad social que atraviesa todo, excepto que seas un cheto y que pase lo que vemos todos los días. Por más que a mí no me afecte, me preocupo por los demás”. 

Uno de los primeros filósofos en plantear los escenarios posibles sobre el coronavirus fue el esloveno Slavov Zizek, que definió a la pandemia como “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista”. El surcoreano Byung Chul Han se sumó luego, pero advirtiendo: “Ningún virus es capaz de hacer la revolución”, ejemplificando de qué forma la eficiencia en el control de la pandemia en los países asiáticos conllevó la aceptación de un Estado policial digital, con drones que te siguen si quebrás la cuarentena. 

Saico piensa: “Cuando se habla de infectar al sistema de un comunismo es porque, en realidad, se está empezando a notar que hay cosas que escapan al mercado. El mercado no puede ser el fin último de la sociedad, y eso quedó en evidencia, porque no puede regular la pandemia, por ejemplo. Es obvio que de acá no vamos a salir con una revolución bolchevique, pero nadie es uno solo, nadie sobrevive por sí mismo, y siempre se necesita a un grupo de personas alredededor para poder funcionar bien. Se crean nuevas redes de cuidado, y si bien no hay un pensamiento colectivo a nivel país o pueblo, sí se refuerzan ciertos protocolos desde el grupo en el cual uno se identifica”. 

De qué forma se traduce ese código en la web: “Pienso en esa distinción de trabajadores esenciales: hay gente en bicicletas que sigue haciendo delivery porque todo circula por circuitos de comunicación que son puramente virtuales. Eso nos ayuda a pensar qué tipo de vínculos tenemos por Internet. Los hackers tendríamos que pensar cómo hacer para que los Estados no se aprovechen de la situación para tomar más control del que tenían. Zoom, por ejemplo, es la estrellita del momento, pero manda tus datos a Facebook, por más que no tengas cuenta premium. Tenemos que estar pendientes de qué pasa con la tecnología. ¿Qué pasa con la app del Estado que salió ahora para detectar el coronavirus? Estaría muy bueno si fuera un código que se pudiera construir colectivamente. ¿Cómo podemos hacer para crear herramientas de cuidados colectivos? ¿Cómo construís herramientas para prevenir los abusos policiales en los barrios?”.

La tensión

Con cifras de 2018, la consultora Domo elaboró una infografía que tituló Los datos nunca duermen. Para tener una dimensión, los seres humanos producimos: 

Dos millones y medio de terabytes de información por día. 

En tan solo un minuto, mandamos 38 millones de mensajes de WhatsApp.

Hacemos 3 millones y medio de búsquedas en Google.

Subimos más de 49 mil fotos a Instagram.

Posteamos 500 mil tuits. 

Nuestra información personal se ha transformado en un producto más de compra y venta, negociado por corporaciones a escala mundial. Nuestros nombres, datos, ubicaciones, hábitos, gustos, números de tarjetas de crédito, son analizados y clasificados en algoritmos para conocernos como consumidores, diseñar un perfil específico para agencias de publicidad o segmentar posibles votantes, como demostró el documental Nada es privado, en relación a la empresa Cambridge Analytica y la manipulación de datos de usuarios para elecciones en países de todo el mundo, entre ellos Argentina. Ahora bien, ¿Internet es eso? ¿Qué implica pensarlo en estos tiempos?

Tes es otra de las hackers que aparece en Hack&Pop y, también por Meet Jitsi, habla de ser cauta con lo que se dice en este momento de cuarentena extraordinaria:“La vigilancia estatal es una batalla importante para dar, pero al mismo tiempo es un momento muy particular donde se juega la salud pública de gente que por ahí la pasa muy mal. En otro contexto, opinaría más con los tapones de punta, desde mi casa y con mis privilegios de agua potable e Internet, pero las cosas se ponen más complejas: hay que hablar sobre cómo cuidamos la salud pública a la vez que nuestra privacidad”. 

La pregunta que surge es si son verdaderamente necesarias estas aplicaciones. “¿Por qué no ponemos el foco en la infraestructura de la salud pública? Parece que una app viene a salvarnos las papas, cuando puede haber otros puntos de fuga. Quizá pueda traquearnos y hacer algo, pero la pregunta es qué pasa después con eso. Como sucede con otras cosas, esa tecnología la naturalizamos y luego sigue funcionando. Ahora hay mucho afán de criticar a los chinos por la vigilancia, pero en Occidente y hasta hace poco estábamos discutiendo la persecución biométrica en la Ciudad de Buenos Aires”.

Tes se refiere a la implementación de un software de reconocimiento facial instalado sobre la infraestructura existente de las cámaras de seguridad y de los Centros de Monitoreo en la Ciudad. La Defensoría del Pueblo -entre otros organismos- objetó el sistema y mencionó puntualmente tres casos de personas que estuvieron detenidas cuando no eran las personas buscadas: una de ellas, Guillermo Ibarrola, se pasó seis días detenido por un error en los datos comunicados. La mayoría de los “falsos positivos” ocurren por errores en los datos filiatorios y de tipeo de datos mal cargados, como también pedidos de detenciones que habían quedado sin efecto pero nunca fueron comunicados. Sobre ese universo también indaga Hack&Pop. Tes: “¿Por qué tenemos que elegir entre privacidad y salud pública? ¿Por qué no se pueden desarrollar tecnologías que, al mismo tiempo, cuiden la privacidad? Se podrían promover apps de cuidado de información personal en los celulares de cada une, por ejemplo”.

En el documental de lavaca, Tes lleva a cuestionarnos -por ejemplo- por qué Google decide qué mostrarnos en su buscador ante cada pregunta que tipeamos y por qué se forman contratos sociales que naturalizan la búsqueda de nuestras preguntas a través de una corporación. Su visión: “Por más que pensemos que el capitalismo está en un parate, el capitalismo sigue y el capitalismo de plataformas sigue funcionando, pero cuando el límite de lo posible se mueve, naturalizamos el consumo de esos datos. Es jevi que una aplicación nos pregunte con quién estuvimos. De nuevo, la tensión. Y más en este momento, la tensión es en base a una pregunta: ¿hasta dónde?”.

Puntos de fuga

Como apuntó Saico, para Tes la pregunta puede ejemplificarse a través de dónde estamos sosteniendo esta conversación. “Estamos hablando a través de Meet Jitsi, y la diferencia entre esto y Zoom es enorme. Es software libre, por lo que podés acceder al código fuente de cómo se programó y eso permite a la comunidad hacerle auditorías de seguridad. Algo que obviamente Zoom no hace porque su modelo de negocios implica la oscuridad y secretismo del código. No es que la tecnología es imposible de manejar de manera cuidada. Se puede. Solo que lo que mueve el negocio de todo esto va por otra parte: los que hacen Meet Jitsi son activistas”.

En las últimas semanas la empresa estatal ARSAT lanzó un desarrollo propio montado sobre Jitsi, destinado en un primer momento al uso en organismos públicos. “Quiere decir que hay manera de producir tecnología con visión más transformadora y no avasalladora de los derechos. Se puede. Sólo que lo que venden es una caja negra que no sabés cómo funciona y que es de última moda, pero se pueden hacer otras cosas”. 

Con la web como un escenario de disputa crucial en estos días, Tes tampoco deja de pensar en territorios físicos y materiales, en contrapunto con la virtualidad: “Dejar la calle y quedar aislades y desorganizades es un tema, porque por más que active comunidades sigo pensando en la importancia de la lucha y la organización en el espacio público. La desafección de los cuerpos es una alarma. Porque, más allá de los anonimatos que intentamos ejercer, creemos en los lazos comunitarios y territoriales cuya construcción se da en espacios físicos, como los Hacklabs”. Los hacklabs son sitios fìsicos de encuentro y de trabajo colectivo, en los que socializan sus conocimientos y promueven nuevas herramientas no privativas de comunicación. “No me parece que baste solo lo virtual, pero lo digital es un terreno de lucha, y hoy es un espacio cercado por muchas corporaciones. Tiene puntos de fuga, pero no es lo que predomina”.

Un ejemplo: “Quedó patente con la cantidad de contenidos que se empezaron a liberar cuando quedamos aislados. Todo bien, pero hasta ayer no estaban liberados. Hay estrategias armadas. Hay grupos que se dedican a ver cuándo caen los derechos de autor para comunicar que hoy se liberó tal obra. Eso te da una idea: ¿todos estos contenidos estaban cercados? Es una batalla interesante. Y, con esto, todos se volcaron a Zoom. ¿Qué info sensible está circulando por ahí? Todo está pensado por estructuras que asociamos a Internet: pensamos que Internet es Google, pero es un buscador de una empresa privada que tiene todos nuestros datos. Y es una batalla que se está perdiendo”. 

Juegos & afectos

Saico se pregunta por el día después de toda esta locura. “Las sociedades cambian mucho más lento, y no me imagino que nos lleve a un cambio crucial. Pero siento que personajes como Boris Johnson, Trump, Bolsonaro y toda esa política posmoderna que venía en auge está llegando a su fin. Y eso es clave, porque se notó que no solo son irresponsables e ineficientes, sino también un peligro para toda la humanidad”.

¿Hay forma de hackear la pandemia? 

Saico piensa: “Estoy dedicando mucho tiempo a crear servidores y jugar con mis amigos, a tratar de acercarme, a pesar del aislamiento. También a crear redes de cuidado. Hay mucha gente viviendo sola, entonces tenemos que chequear si están bien, si necesitan algo, más que pensar en cómo se va a solucionar esto a nivel global”.

En Hack&Pop, otro de los protagonistas es Cypher, el creador de Taringa!, que llegó a ser la segunda red social más utilizada en Argentina, y la tercera en América Latina. Él también le quita solemnidad a toda esta discusión: “Uno puede crearse sus propios espacios en lugar de llorar por lugarcitos de no tener una plataforma o quejándose de cómo funciona Facebook. No existía Facebook cuando hice Taringa. Era lograr tener mi propio espacio. Después fue el espacio de un montón de otras personas, que a su vez empezaron a crear sus propios espacios”.

Tes define a la persona hacker como alguien que busca entender cómo funcionan las cosas. Y, para entenderlo, busca desarmar esas cosas y armarlas bajo una lógica diferente. 

¿Qué es lo que la sociedad rearmará una vez que todo esto termine?

Cypher plantea: “Se le atribuye el logro del aparato represivo o vigilante a la tecnología, a lo virtual, a Internet. Y me parece que es un error garrafal. Porque todas esas cosas nos sirven y les van a servir a las generaciones venideras para tomar el control”. 

Continuará…

0:00
0:00