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Mercado libre. Nahuel Levaggi, presidente del Mercado Central

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Coordinador de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), fue designado al frente del Mercado Central. Qué significa ese cargo, y qué se puede hacer. Alimentación y precios en tiempos de pandemia. Poder y consensos. El rol de la agroecología como posibilidad que se empieza a sembrar en un centro de abastecimiento que alcanza a 13 millones de personas. Por Sergio Ciancaglini.

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Foto: Lina M. Etchesuri

El presidente más raro del Mercado Central tiene una oficina enorme que casi no usa de tanto andar de acá para allá desde que fue nombrado en ese cargo que jamás imaginó ocupar y menos, para complicarla un poco más, en tiempos de pandemia. 

La rareza tiene que ver con haber instalado por primera vez ideas como el Compromiso Social de Abastecimiento, alquimia que combina oferta y demanda del precio de frutas y verduras, y acuerdos con los operadores del Mercado (con quienes no se habla el idioma del derecho humano a la alimentación, precisamente): así se logró generar valores de referncia para que el público no termine siendo engullido al comprar alimentos.   

Además, Nahuel Levaggi elige hacer sus recorridas por esa especie de ciudad de 530 manzanas en un utilitario y no en una 4×4 reluciente que tiene también a disposición. Saluda y conversa con los puesteros que nunca habían tenido oportunidad de hablar con uno de los funcionarios “normales” y un tanto invisibles de anteriores gestiones. Y no se le conoce relación alguna con artefactos tales como “corbatas” o “sacos”: anda con un pulóver gris debajo del cual se adivina que hoy lleva la remera verde, símbolo de UTT, la Unión de Trabajadores de la Tierra, a la que entrega la mitad de su salario.

Confiesa que duerme poco y que algunas veces, de tan tarde que se va y tan temprano que se propone llegar, termina por quedarse allí mismo, en noches desveladas en medio de esa megalópolis de las hortalizas: “A veces duermo poco. Mentalmente es todo muy al palo”. 

Levaggi es coordinador nacional de la UTT, el gremio de campesinos y agricultores más grande del país que incluye a unas 15.000 familias productoras de alimentos. 

Por ese rol, y de modo acaso inesperado, recibió una de esas clásicas ofertas difíciles de rechazar: el jefe del bloque de diputados oficialista, Máximo Kirchner, le planteó en nombre del gobierno en marzo de este año hacerse cargo del mercado concentrador más grande del país. Nahuel intentó que fuera otra la persona de la UTT la designada, pero la propuesta era a la organización y a él mismo. Cuenta que fue todo muy directo, sin demasiada charla política, en el tono de “hagan ustedes lo que crean que hay que hacer en ese lugar: suerte”. “No teníamos una relación especial. Lo conocí por las gestiones que veníamos haciendo en Diputados por nuestro proyecto de Ley de acceso a la tierra. Propuso hacernos cargo, garantizar el abastecimiento y que haya buenos precios para que la gente pueda comer barato”. 

En una fecha fuerte, el 24 de marzo de este 2020, cuatro días después de declarada la cuarentena obligatoria, Levaggi hizo su entrada con barbijo al ente creado en 1984 que hoy tiene más de 500 empleados, cuya principal función es abastecer de frutas y verduras a 13 millones de personas que habitan el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires): ciudad + conurbano. El sector mayorista de frutas y verduras tiene 854 puestos en 18 gigantescas naves o galpones. “Y ese es el corazón del Mercado” explica Nahuel mientras lo recorremos. En el predio hay un Paseo de compras minoristas con 713 locales y otros 116 en la llamada Feria del Reloj: entre ambos tienen verdulerías, carnicerías, almacenes, polirrubros, todo a menor precio que los comercios urbanos. 

El sector mayorista comercializa 106 millones de kilos mensuales de frutas y verduras, lo cual implica diariamente una circulación de no menos de 700 camiones y entre 10.000 y 15.000 personas. “Aparte del protocolo, los barbijos y todas las medidas de seguridad que tomamos el primer día tanto para cuidar al personal como al público, aquí no se notó la pandemia. El movimiento fue el mismo porque hubo que seguir trabajando para garantizar el abastecimiento de comida”. 

El nombramiento de Levaggi fue recibido como el de “un ex piquetero que comanda un grupo de pequeños productores” según Clarín, medio que, según esa propia jerga podría ser definido como un ex diario que comanda un grupo de pequeños periodistas. En la nota se decía que su nombre es Marcos y no Nahuel: “A los 15 años quise llamarme así, es una cuestión mía, no un nombre de militancia ni nada por el estilo”. El adolescente de clase media, hijo de un ingeniero y de una docente, eligió su nombre y transitó su camino de décadas que lo ha depositado ante este enigma: ¿cómo combinar, si es que se puede, valores de soberanía alimentaria, agroecología y justicia, con las actividades, las lógicas y las ilógicas del mercado y de los negocios? 

Foto: Lina M. Etchesuri

Rugby, ecología y villa 

Nació en la ciudad de Buenos Aires en plena dictadura, el 9 de julio de 1979. Cuenta que ya en la adolescencia fue voluntario en la ONG Vida Silvestre y en la Reserva Ecológica de la Costanera porteña; tuvo relación con la causa mapuche; jugó al rugby en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires; terminado el secundario estudió Antropología dos años; empezó a hacer trabajo social en la Villa 20 de Lugano y a los 18 años se fue a vivir allí. “Iba todos los días, hasta que dije: ‘si quiero proponer algo tengo que ser parte de la comunidad’. Fue difícil, pero muy enriquecedor para el espíritu. Lo mío era más que nada laburo social, no militancia política. Ese fue el eje rector de todo lo que hice. Le tengo mucho respeto a la militancia pero ese avance de la politización fue posterior”. 

En Lugano conoció al Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD). “Estaba la gente de la Aníbal Verón y me sumé en 2002 por la propuesta de cambio social y lucha, después de lo del 26 de junio”. No alcanzó a conocer a Darío Santillán ni a Maximiliano Kosteki, asesinados aquel día por las llamadas “fuerzas del orden”. Se incorporó al MTD de Lanús, transformado luego en Frente Darío Santillán. 

“Yo venía de la cuestión ambiental, con una ligazón fuerte al campo y la naturaleza. Viviendo en Lugano veía que la solución no era construir un decimonoveno piso en la villa, sino salir de ahí: la vuelta al campo. Para mí esa fue siempre la cuestión”. En el FDS retomó esa idea. “Articulé con el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) con esa idea que tenía en la cabeza pero no sabía cómo concretar. Hubo una experiencia en San Vicente, la CTR (Cooperativa de Trabajo Rural) que tenía que ver con eso de que gente de la ciudad vuelva al campo. Estuve siete años en esa cooperativa”. 

El click: “En un momento organizamos un encuentro y vinieron quinteros y quinteras del cordón frutihortícola de La Plata. Ahí me di cuenta de que ese era el sujeto social con el que quería trabajar. Un sector postergado y desorganizado. Nos fuimos conociendo y en 2010 nació la UTT. En 2014 empezamos a trabajar la cuestión agroecológica, que no era una demanda de los quinteros y quinteras sino parte de un proyecto transformador que de a poco se empezó a hacer carne en el campesinado, y pasó a ser parte de nuestro reclamo como política pública, junto con el tema de la lucha por la tierra”.  

En apenas 10 años la UTT creció exponencialmente e instaló en la calle el problema de la producción de alimentos a través de sus Verdurazos. Tiene un mercado mayorista en Avellaneda y cuatro Almacenes de ramos generales (Almagro, Devoto, Monte Grande, La Plata) con los que llega al público particularmente con su producción agroecológica: frutas y verduras sin pesticidas ni químicos de ningún tipo. Hoy son unas 350 familias que producen de ese modo, más del doble que hace un año, aunque Nahuel cree que andan atrasados con los números y deben ser más de 500. “Es una minoría, pero crece a cada minuto. Hace dos o tres años hablar de agroecología era cosa de una huertita. Ahora hablamos de un sector organizado, con técnicos argentinos, un trabajo multiplicador de campesino a campesino y una práctica que sirve, porque la técnica de producción además de ser sana es más barata, le deja más ganancia al que produce, y es muy exitosa”. 

¿Por qué es todavía minoritaria? “El mayor logro del agronegocio es haberle ganado la cabeza al productor y al campesino con la creencia de que solo se puede trabajar con agrotóxicos. Pero ese modelo hegemónico está empezando a cambiar con toda esta experiencia, que va a seguir creciendo”. ¿Cuál fue la clave del crecimiento de la UTT? “Una base social que necesitaba organizarse, una propuesta metodológica y de construcción acertada, y un grupo militante con tremendo compromiso y creatividad. Es una estructura democrática de base muy fuerte, con un nivel grupal de decisión y con una conducción. Siempre existe dirigencia y conducción: podés blanquearlo o no. Pero hay roles y responsabilidades concretas de las cuales hay que hacerse cargo y someter a evaluación. Mandar obedeciendo” dice, evocando al zapatismo.  

Esa práctica puede pensarse como un ejercicio que en lugar de concentrar el poder y cerrarlo, lo abre, para que se multiplique, cosa que de varios modos ocurre también con la energía y la fertilidad que se perciben en las producciones agroecológicas. 

El cuco o el consenso

En su whatsapp Levaggi tiene las fotos de sus hijxs Aluén (10) y Amanda (7), y contactos con todo el escenario político imaginable, entre otras cosas. Su cable a tierra es correr (“y es el momento en el que más ideas se me ocurren”) y tiende a no tener huecos de agenda: “En el tiempo libre, trabajo”. Cuando está en familia se distrae viendo alguna película. “Prefiero las comedias. De vida real ya tengo bastante con lo que hago”. 

Su cargo en el Mercado: “El presidente aquí es como un conserje, el administrador de un consorcio. El mercado les alquila el lugar a los operadores, que son los que trabajan a partir de la oferta y la demanda. Por eso aquí otros que estuvieron se hacían traer a las 10 de la mañana, se quedaban un rato, almorzaban, y se iban. Nosotros no somos eso. Venimos a hacer lo nuestro, que es lograr que haya una alimentación sana, segura y soberana. Para eso, hay que gobernar lo que hay. Lo que queremos hacer tiene poco que ver con la operatoria diaria que hay en el Mercado, pero a la vez esa operatoria puede influir en lo que queremos hacer”. 

Ejemplo: al llegar al Mercado Central convocó a los operadores. “Estaba el cuco de que yo venía a destruir esto, a armar algo paralelo. Lo que hicimos fue organizar todo el protocolo para la pandemia y ponernos a trabajar. El segundo día hicimos el Compromiso Social de Abastecimiento. Había muy malas experiencias con los temas de precios máximos que después eran mentiras, porque encontrabas dos bolsas de papas a ese precio máximo y el resto al triple”. No lo dice, pero la referencia obvia es a la gestión de Guillermo Moreno al frente de la Secretaría de Comercio. “Entonces hubo momentos de mucho maltrato y nada de consenso. Y acá estamos hablando de números con muchos ceros”. 

Levaggi eligió lo contrario: “Planteamos que estamos en una situación social gravísima. A mí me estaban pidiendo poner precios máximos pero dije no: si pongo precios máximos voy a tener que poner precios sostén, pero, ¿cómo los pago, cómo lo operativizo? Decidí buscar el acuerdo, el consenso, hablar con todos y transparentar los precios. Y eso me fortaleció, porque es más fuerte el poder del consenso que el institucional que yo pueda tener. Y ese consenso es mucho más fuerte que poner un precio tope. Repartí el poder con los operadores”. De hecho algunos precios mayoristas, como la papa, estaban a 17 pesos, luego a 19 y luego bajó a 15. 

“Después armamos lo de los bolsones de comida a 100 pesos para organizaciones sociales, clubes, iglesias, y ahora se suman municipios. Ya llevamos repartido un millón de kilos. Nosotros pusimos la estructura, le propusimos a los operadores que pusieran los fletes gratis, las organizaciones hicieron el trabajo militante y así pudimos garantizar que lleguen a la gente al precio mayorista que hay aquí”. Llama a esto “gobernanza”: “Aterrizar, conocer, entender, integrar nuestras ideas a la realidad y a los tiempos de acá adentro”. 

Hubo choques frontales, por ejemplo por un video de oenegés bienintencionadas, en el cual además participó la UTT, que planteaba que la subida de precios durante la pandemia era producto de la especulación de los mercados concentradores. “Acá están mirando cada palabra que decimos, encontraron el videíto, y eso además no es así. La culpa no la tiene el mercado concentrador, sino la especulación, el agronegocio, la concentración económica. Pero el Mercado tiene que existir, porque nuestra propuesta de la UTT, del productor al consumidor, no es masificable a 13 millones de personas, ¿se entiende? Entonces no sirve pensar que esto es una cueva de malos, donde todos son iguales. No lo digo porque ahora estoy aquí. Lo digo porque es inexacto. Si pensás la economía real, no la de nuestra porción de los sectores populares, te das cuenta de que todo es mucho más complejo: no es que vos sos buenito y el resto es malo, y todo igual de malo. Lo que sí hay que hacer es plantarse fuertemente. ¿Vos estás en desacuerdo con que la gente que no tiene plata pueda comer? Ahí yo creo que la mayoría de la gente no es mala. Apoya el bien. Pero en esta sociedad está todo distorsionado para que lo bueno parezca malo y lo malo parezca bueno. Igual, como funcionario no podés pararte en la pureza de una construcción, tenés que mirar integralmente, incluso los intereses que se chocan, para concretar políticas integradas que no sean solamente consignas, sino hechos”. 

Cree Levaggi que ese planteo no implica modificar los valores “ni en medio centímetro. El que los modifica es porque quiere”. ¿Cómo tomar la situación con un gobierno que a la vez está favoreciendo la fabricación de agrotóxicos y el incremento de las fumigaciones y los transgénicos? “Para mí es todo más complejo que pensar que Alberto Fernández promueve los agrotóxicos. Hay muchas complejidades. Luis Basterra (ministro de Agricultura) promueve y valora la agroecología pero hay millones de hectáreas que no son agroecológicas y que también hay que gobernar. Nosotros vamos a seguir diciendo que los agrotóxicos matan y que hay que promover la agroecología”. 

Ver la transformación 

El Mercado Central es un lugar muchas veces bajo sospechas y denuncias: barrabravas dependientes de poderes económicos y políticos enquistadas en algunas de las cooperativas de carga y descarga, tráficos no solo de lechugas, y mucho de lo que en el saber popular se relaciona con la palabra mafia. Levaggi razona: “No es todo así, hay que poder diferenciar y entender cómo y con quiénes construir algo distinto. Yo me planteo tres cuestiones a partir de las cuales se puede actuar: lo racional, lo legítimo y lo legal. Esa es la línea divisoria, que aquí nunca se planteó”. 

¿Cómo puede favorecer el Mercado a un proyecto agroecológico? “Aquí hay un laboratorio buenísimo, que es el que analiza las frutas y verduras que llegan. Cuando se pasan de tóxicos, se decomisan. Vamos a hablar con los operadores para que promuevan la agroecología entre los productores para evitar justamente esos decomisos, con un programa financiado desde el Mercado. La propuesta agroecológica no va contra la ganancia ni de los productores ni de los operadores. Mientras vean que no van a ganar menos plata, eso va a crecer. El problema en todo caso son las multinacionales de agrotóxicos, pero los actores de la comercialización y la producción tienen que ser aliados en esa promoción en la que nuestro laboratorio además puede hacer una certificación agroecológica. Y con una demanda de alimentos sanos cada vez mayor, porque a cualquiera que le pregunte si prefiere verduras con químicos o sanas, ya sabemos lo que contesta. Yo creo que el alimento no puede ser tomado solamente como una mercancía, sino que es un derecho, pero no puedo desconocer que se rige por oferta y demanda desde la quinta: entonces tenemos que lograr incluir a todos, desde el productor, en esta idea”.  

Otro proyecto: estimular el rol del Mercado como comprador de frutas y verduras para abastecer al Estado, lo cual tendría un enorme impacto en toda la producción (también la pequeña). “Es una de nuestras propuestas históricas y provocaría una transformación material, real, más allá de poner un puestito simbólico en el Mercado”. Allí centra Levaggi la posibilidad de su gestión: “Este es un canal, pero no es el lugar de la transformación. Es la herramienta para que la transformación sea en el territorio, en la producción”. Por eso la UTT, aparte de todo esto, continuará insistiendo con la Ley de acceso a la tierra, un Procrear rural que permita que los pequeños productores puedan comprar sus tierras con créditos blandos, en lugar de dilapidar lo que ganan en arriendos imposibles. Otro aspecto del proyecto: que se promueva el uso de tierras fiscales en desuso o en mal uso, para crear colonias agrícolas. “Ya hablamos con el bloque oficialista en Diputados y esperamos que esto pueda avanzar lo más pronto posible”. 

Dice Nahuel que no corre riesgo de mimetizarse con el poder –tema tantas veces verificado– y mientras sigue buscando ejercer su trípode en el Mercado (racional, legítimo y legal) reconoce que el coronavirus no le hizo ver algo nuevo: “Ya sabía que es todo un efecto de la destrucción ambiental, el extractivismo, los modelos de producción y de alimentación. Pero a la sociedad le demuestra cómo son las cosas. Cuando vienen épocas así, donde la vida está en juego, la alimentación vuelve a ser vista como algo fundamental. Son los momentos para decir una sola cosa: ¿Vieron?”.

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