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Una para festejar

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El mayor basurero al cielo abierto del interior del país: eso era Bouwer hasta que los vecinos se organizaron y lograron cerrarlo. Asambleas, piquetes y murgas.

Una para festejar“Antes que instalaran el basurero se acercaban pumas a mi casa, venían del monte”, asegura Hugo Rescala. Habla de un tiempo que pocos recuerdan, cuando ahí, a metros apenas de la ruta 36, en las periferias de la capital de Córdoba, la naturaleza latía y se movía a su antojo. Cuesta imaginar hoy al puma y al monte porque el escenario es bien distinto. Llegando a Bouwer se ve la cárcel con sus cercos y torres de vigilancia. Y pegadito al penal, una montaña inmensa de basura que proviene en su gran mayoría de la capital provincial. Podemos tener una idea de las dimensiones caminando 10 cuadras en línea recta para el largo y tres para el ancho. Cuentan, además, que hacia arriba y en promedio, la torre de desperdicios llega a los 40 metros. Una se queda pensando si alguien tuvo la intención de hacer una cruel metáfora con todo este escenario o la ubicación contigua es obra del destino.
Más adelante hay un terreno que hace las veces de depósito judicial y que alberga 20 mil autos oxidados, incompletos, abandonados, superpuestos. Este cementerio rodea al jardín de infantes y a la escuela primaria Cornelio Saavedra. Dicen que los chicos cuentan siempre la verdad. Y la reflejaron en el mural de la escuela. El paisaje que pintaron es el que ven todos los días: los autos rotos, la montaña de basura al fondo, la escuela y la bandera argentina.
 
Pescado a la Simpson
Una de las imágenes del 1 de abril –fecha en la que los vecinos lograron concretar el cierre del basurero– es la del jefe comunal de Bouwer, Juan Lupi, colocando un simbólico candado en la puerta de ingreso al vertedero, acompañado por el intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Giacomino. La otra es de los vecinos de Bouwer festejando porque después de pelear durante dos años lograron imponer su demanda.
Pero del lado de la gente organizada hay más de una foto, hay todo un álbum que comienza en la casa de Hugo, Haydeé, Pamela y Mónica Rescala.
Mónica no se queda quieta y casi no habla, pero es bien directa. Me muestra imágenes de animales que nacieron en la zona con ciertos detalles que los hacía extraños: el hocico de un perro deformado, la pata de un gato a rayas con una garra y media. Versiones más domesticas que las del pescado de tres ojos de la serie Los Simpson. “Esto fue un llamado de atención para empezar a juntarnos”, dice la mujer de pocas palabras y muchas acciones.
Y ahí empezó todo. A mediados del 2008 un grupo de vecinos se entrevistó con Juan Lupi, el jefe comunal, para alertarlo de la situación. El intendente accedió solicitar al Ministerio de Salud y a la Secretaría de Ambiente de la provincia estudios epidemiológicos y ambientales para conocer los efectos que el basural y la planta de residuos peligrosos produjecían sobre los pobladores. El gobierno provincial nunca respondió a ese pedido.
Luego de ese silencio, la comuna convocó a la Fundación para la defensa del ambiente (funam), que realizó un relevamiento para dejar constancia del desastre: el Estado ingresaba 2.500 toneladas de basura por día. El deposito judicial de autos, además, no era un cementerio: los autos habían sido abandonados con sus combustibles y aceites. Así se fue construyendo el depósito de basura más grande del interior del país. Consignaron, además, que a tres kilómetros del pueblo hay una planta de tratamiento de residuos peligrosos y que también, como en toda la provincia, hay cultivos de soja y sus correspondientes fumigaciones.
 
La estrategia
A pesar de este panorama, la gente del lugar comenzó a plantear una estrategia que articulaba la parte técnica, la judicial, la movilización popular con sus cortes de ruta, y un trabajo muy fuerte sobre los medios masivos. Además. lograron sumar al reclamo al jefe comunal.
Pero vayamos por partes.
A fines del 2008, tres vecinas presentan acciones judiciales en el ámbito municipal, provincial y federal por la posible violación a la Ley Nacional de Residuos Peligrosos N° 24.051 y la posible comisión de incumplimiento de los deberes de funcionario público. Acusaron penalmente al intendente de Córdoba, Daniel Giacomino; al Subsecretario de Ambiente de la municipalidad, Fernando Cámara; al Secretario de Ambiente de la provincia, Raúl Costa, a su predecesora, María Amelia Chiófalo, y al presidente del Concejo Deliberante de la ciudad y viceintendente, Carlos Vicente. La presentación penal también alcanza a las empresas de recolección de residuos cliba y crece.
El jefe comunal de Bouwer, Juan Lupi, presentó además una acción de amparo en el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba para que “cesen los hechos que ponen en riesgo la salud de los vecinos”.
Se supone que para la instalación de un vertedero previamente se debe hacer un estudio de impacto ambiental y se tiene que obtener una autorización. La provincia de Córdoba no contaba con ninguna de las dos cosas. Luego de la queja de los vecinos, se comenzó a hacer el estudio, pero hasta el día de hoy nunca se completó.
En tanto los vecinos organizaron todo tipo de acciones. Hubo cortes de ruta selectivos (impidiendo el ingreso de camiones recolectores pero sin perjudicar a los otros vehículos), demostraciones públicas (siempre ruidosas y visibles con murgas), talleres de formación técnica para el barrio y para elaborar los protocolos de estudios ambientales y epidemiológicos, y hasta una carroza que desfiló durante los corsos. Mientras, el blog Bouwer sin Basura, sostenido por Nayla Azzinari, registraba cada hecho con información, testimonios e imágenes. Este trabajo continuo terminó instalando el tema en los medios de comunicación comerciales. Lo que sucedía en Bouwer fue plasmado hasta por los humoristas gráficos.
Pedro Arce es jubilado y habitante del lugar desde hace 10 años y uno de los entusiastas asambleistas. Su síntesis: “La lucha a veces se convierte en una mochila pesada que cargan unos pocos, pero que en el caso de Bouwer prevaleció el espíritu para llegar al objetivo”. Su hija Daniela, docente, completa la idea: “Si tenés un problema hay que actuar. Aprendimos a hacernos cargo, unir las voces, trabajar en equipo, saber esperar y respetar la decisiones del grupo.”
Los vecinos definen este movimiento comunitario como “organizadamente caótico” y explican el concepto: “Todos eran bienvenidos siempre y cuando se asumiera que la lucha es de Bouwer y esa era la única bandera. Se discutían todos los temas en asamblea, incluidos los problemas técnicos, porque todos manejamos un pedacito de la realidad. Esas eran las reglas no escritas”.
Ahora, los vecinos de Bouwer van “por la remediación”. Esto no es ni más ni menos definir qué se hace con la basura acumulada durante 28 años.
Daniela cuenta que una idea pasa por todas las cabezas del barrio y luego se llega a la propuesta con el aporte de todos. Así obtienen la propuesta ideal.
Entonces ya veremos con que nos sorprenden los vecinos de Bouwer.

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