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Medio y medio

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Victor Hugo conversa con Pablo Marchetti. Con Clarín como enemigo común y la Ley de Medios como disparadora, la charla repasa pasado y presente del príncipe del periodismo actual, cuyo estilo queda aquí definido como “beatle”. Cuáles son sus consejos para futuros periodistas.

Clásico y moderno. Popular y erudito. Uruguayo y argentino. Víctor Hugo Morales es un zurdo oficialista en Radio Continental y es un liberal librepensador para las mentes más cerradas del oficialismo. Un pueblerino de Cardona y un cosmopolita de Montevideo. Un uruguayo frenteamplista y un argentino de centroizquierda que comprendió que todo, en esta Argentina que lo adoptó como suyo, pasa por ese engendro, esa fe, ese universo, esa masa gelatinosa, ese sentimiento llamado peronismo. No, Víctor Hugo no es peronista. ¿Cómo va a ser peronista si es uruguayo? Pero a pesar de ser uruguayo, Víctor Hugo no es gorila. Víctor Hugo piensa, reflexiona, hace una pausa, le esquiva a la máquina de hacer chorizos. Pero lo hace desde el centro de la escena, desde el mismo corazón de esa máquina de generar relatos pedorros. Por eso, su voz es inevitable cuando se trata de hablar del periodismo. Por su reflexión y por su amplificación. Como Los Beatles, Víctor Hugo es popular y exquisito. Y como a Los Beatles, a hay que escucharlo con mucha atención. Una y otra vez.
No es que me interese especialmente hablar de la Ley de Medios, pero tengo la sensación de que el gran triunfo de esta ley es el debate que generó sobre de quiénes son los medios y qué intereses defienden. ¿Vos cómo lo ves?
El triunfo de la ley de medios ya está garantizado porque se han caído las caretas y, también, algunos de los coroneles o generales de los medios.
¿Y qué pasó después de la caída de esas caretas? ¿Cuál fue la reacción?
Por ahora, están huyendo hacia adelante. Es patético lo que siguen intentando. En vez de replegarse y tratar de convertirse en elementos más sobrios de información o de ir sacando y acotando las caras más visibles y repudiadas por la gente, están cada vez más apuntalando a esos coroneles. Quizás porque piensan que son los únicos rostros que tienen una cierta credibilidad para defender sus intereses. La única forma que tienen de recuperarse es que esas empresas de 3 mil millones de dólares digan: “menos potencial, pero recuperemos la credibilidad”.
¿Creés que van a poder hacerlo?
Y, para eso necesitan poner periodistas al frente. Difícilmente puedan ser los mismos que tienen ahora, porque a ellos les va a costar muchísimo recuperar la credibilidad. Habría que hacer una especie de culturización de la gente diciéndole: “mire cuáles son las dependencias de los periodistas independientes”. La única indenpencia que tiene los conductores de los programas de cable es con el Gobierno. Las empresas, a las cuales les venden una publicidad miserable, están pagando protección. Esta etapa del periodismo, por donde la tomes, es una vergüenza.
¿Cómo te sentís vos en medio de todo esto? Por un lado, da la sensación de que la gente te ve más politizado. Pero por otro, siempre fuiste el paria más ilustre entre todos los parias que luchaban contra el monopolio del fútbol, por ejemplo. Y esa fue siempre una actitud muy política de tu parte.
Ahora voy a empezar a publicar algunas páginas de un librito que escribí en el 97 que se llama Un grito en el desierto que es el mayor orgullo de mi vida. Fue escrito en el apogeo de mi vida económica y es tan fuertemente político, un visceral rechazo a lo que ocurría en los 90. Lo paradojal es que, te aseguro, nunca volveré a ganar lo que ganaba en esa época.
Disculpame, me expresé muy mal. Dije: “la gente te ve más politizado”, y eso de “la gente” es un clarinismo bochornoso.
Claro, debiste decir: “Ahora dicen…”
“…Cada vez mas gente cree que Victor Hugo se politizó…”.
¡El daño que le han hecho al periodismo!
Y a la lengua castellana… porque está bien poner el foco en el contenido, en lo político, pero también en la forma. Hablemos de sujeto y predicado: lo que hicieron con eso es tan jodido como lo otro. Pero volvamos, ¿entonces no te sentís más politizado?
Admito y no refuto lo que decís: para mucha gente es una novedad. Porque los que sabían que yo me peleaba con estos tipos eran los que estaban en el entorno. Pero la audiencia de un programa como el de la mañana no estaba enterada de que yo peleaba desde toda la vida contra Clarín. Entonces, encuentra que de buenas a primeras el tipo que se mantuvo confrontativo con el gobierno por el tema del campo durante un año, el tipo que pataleaba por la fusión de Cablevisión y Multicanal, un día le estalla la cabeza a favor del gobierno. Por un tiempo fui comprensivo de esa reacción de desconcierto y después, por suerte, se produjo un cambio de audiencia.
¿Cómo te ves hoy respecto de lo que pensabas durante el conflicto del campo?
El tema del campo para mi era un juego de intereses. En ese juego estaba muy desafectado el campesino chico. Y el tratamiento igual a los desiguales me parecía injusto. Con ese tema y con la íntima calentura que me dio cuando en diciembre de 2007 Kirchner le firmó la fusión a Cablevisión y Multicanal, además de recibir a Grondona y Carlos Ávila en la Casa de Gobierno, dije cosas en la radio que eran para ir preso. Encontes, el tipo que me escuchó decir una cosa puede pensar que me escucha decir ahora otra otra. Pero en el medio vino la estatización de las AFJP –que es un tema muy sensible a cualquier persona de centroizquierda–, tras cartón, el fútbol para todos y la Ley de Medios: entiendo entonces que mucha gente no haya asimilado este proceso.
Cuando hicimos la edición de la muerte de Kirchner en Barcelona hubo mucha gente kirchenirsta que se quejó. Ahí nos dimos cuenta de que criticamos mucho más a Néstor que a Cristina, porque en el primer momento Clarín estaba con Néstor. En cambio, con Cristina no fuimos tan duros porque estuvo en contra de Clarín. Y nuestra conclusión fue: podemos apoyar algunas cosas del Gobierno y criticar otras, pero lo que tenemos claro es que siempre vamos a estar en contra de Clarín.
Para mí Clarín es el principal cáncer moral del país. Yo hace 15 años que lo digo por lo del fútbol, pero detesto a Clarín desde el primer año que estuve acá. ¿Sabés qué es lo que más detestaba? Que no sabía lo que era Clarín. Yo sé lo que es La Nación, sé lo que es Página 12, pero no sé lo que es Clarín. Negoció con el que sea y siempre se presentó como un diario que no tenía ideología. Clarín fue vanguardia y bandera del supuesto fin de las ideologías, cuando las ideologías estaban más vivas que nunca.
Recuerdo que al año que salió Barcelona, vino un tipo que quería abrir una radio y nos llamó para hacer algo. Le dije: “Nosotros no queremos hacer chistes, nosotros queremos bajar linea”. El tipo quedó espantado, no hablamos nunca más. De repente veo que hoy vos tenés un programa de televisión que se llama Bajada de línea: eso sí que era inconcebible hace un tiempo. Bajada de línea era una cosa de la que no se podía hablar, como no se podía hablar de periodismo de periodistas, o sobre periodismo, en general, en los medios masivos. Era algo tabú, que no se podía hacer. ¿Cómo fue que los medios, como tema político, avanzaron tanto en los propios medios ?
No lo sé. Pero la discusión política se empezó a vivir con más naturalidad. Y a importar menos los jirones que uno deja en el camino. Yo dejo jirones y no me quejo, porque ¿qué defensa puedo tener cuando Clarín me pone en la lista de los que reciben planta del gobierno para generar votos a su favor? Ante eso, ¿qué hacés? Te asustás y te replegás, o lo tomás con naturalidad y decís: “¿quién carajo soy yo para pretender la unaminidad?”. Por cosas como esta yo he pasado por circunstancias y gente a la que no he llamado más, porque me van a hinchar los cocos. Además, deben estar enojados conmigo. Porque lo más difícil que rompí en este tiempo fue la pertenencia social.
Hablamos del pasado y del presente. ¿Como ves esto de cara al futuro? A un pibe que empieza a estudiar periodismo, ¿qué le diarías que haga?
Un periodista tiene que trabajar donde pueda. Porque hay muchas maneras de hacer periodismo que no son necesariamente las de dar una opinión. Ahora están más advertidos: un pibe no te puede decir que no sabe ahora lo que no sabíamos nosotros, porque estas cosas no se discutían en otros tiempos. Pero los pibes están alertados de qué es lo que se está discutiendo en el país. Entonces, si te toca trabajar en Clarín hay enormes posibilidades de hacerlo sin vender tu alma. Yo diría, como consejo o sugerencia y por la experiencia personal: lo que vos sos a los sesenta años no está tan fuertemente independizado de lo que hacés a los veinte. Hay una continuidad. Yo no soy, para nada, una persona que le dice a un pibe que no trabaje en Clarín. Todavía le digo a los muchachos que trabajen en donde puedan. Pero que sean lúcidos, zorros, vivos.
Está bueno esto que decís. Sobre todo cuando desde ciertos medios oficialistas se pretende estigmatizar a todo aquel que labura en Clarín…
Hay que defender la cosa del laburo. Porque ese tipo, el día que pueda salir de Clarín –si no vendió su alma al diablo– va a salir purísimo para hacer buen periodismo en otro medio, o en su propio medio. Hay que estar en Clarín, si te toca, como vivíamos nosotros en la dictadura: con un poco de ingenio.
Por favor: contame cómo te fue en la dictadura, cómo era laburar entonces.
Yo nunca le tiré una bala a un militar, ni siquiera una piedra en la cabeza: simplemente no les pertenecí. Y de vez en cuando, pude cometer una travesura. Ese es el ingenio: cuando se dan cuenta te llaman, vos pedís disculpas y decís que no te diste cuenta. A mí me pasó 3 ó 4 veces. Una vez, un pibe, Filipini, metió dos goles jugando para Defensor contra Nacional. Yo era el relator. Al terminar el partido se le pasaba los goles a los que lo habían convertido. Viene Filipini, se pone los auriculares, le hago escuchar los goles y el tipo dice: “Se los quiero dedicar a mi hermano y a sus compañeros que están presos en el penal de Libertad”. Y le digo: “Con mucho gusto, muy bien recibido ese saludo”; y algo más, pero no me quiero poner demasiado heroico. Al otro día, citación. Fuimos al Prado –barrio de Montevideo donde estaban los militares– a las 11 de la mañana y me atendieron a las 3 de la tarde. Fueron cuatro horas en donde no sabía qué miércoles me iban a hacer. Entré y me atendió un mayor. Puso un viejo grabador y me dice: “¿Qué significa esto?”. Le digo: “Nada, uno no sabe bien lo que dice cuando termina un partido, es como si se lo hubiera dedicado a su mamá o a la repostera de la esquina, yo los saludos los apoyo siempre”. “No –me dice–. Usted me va a entender bien: tarjeta amarilla”. El ingenio que se puede tener para estar en dictadura, más o menos en paz con tu conciencia, se puede tener también si uno trabaja en Clarín o en La Nación. Yo no le diría a ningún pibe que trabaje en tal medio porque sino es un tipo que le está vendiendo el alma al diablo. Vos hacé periodismo donde puedas, crecé y sé lúcido. Después la vida te irá ubicando en el lugar que te corresponda.
¿Cómo te cae el término “periodista militante”?
Yo respeto. Toda la vida un periodista ha sido militante, no es ningún descubrimiento. El periodista de La Nación fue un periodista militante –para decirlo de la manera más suave– del liberalismo más puro de los 90. El periodismo siempre es militante.
Lo que planteás deja al descubierto cómo hay determinadas palabras que se utilizan sólo en una dirección y para referirse a un solo aspecto del asunto. Como ocurre con “inseguridad”, por ejemplo. Y en el caso de “militante” pasa como con el arte político. Si uno piensa en “arte político” piensa en Goya, Diego Rivera, en George Grosz, en algunas cosas de Picasso, en Berni… o sea, en gente de izquierda que denuncia las atrocidades del poder. Pero no se piensa en los pintores que retrataban a los monarcas y a los papas, cuando eso también es arte muy fuertemente político.
Por supuesto, porque además vivian con los papas y con el rey. Velásquez, pobrecito, vivía con Felipe para pintarlo. Cobraba un sueldo y todo: vivía de la monarquía. Yo diría que, en este momento, definirse como militante oficialista, es un paso generoso. Si yo estuviese de acuerdo 100% con el gobierno, por la latente posibilidad de que no quisiera tragarme sapos, no aceptaría de ninguna manera decir que estoy a favor del kirchenirsmo. No me siento kirchnerista, aunque quizás sea nada más que el deseo de preservarme. Preservarme es una forma de “no generosidad”. Como la que sí puede tener un tipo que siempre creyó en esto, que cada vez que escribió una nota y habló por radio lo hacía para que ocurriese esto. ¿Qué carajo va a hacer afuera de lo que siempre creyó? A esos tipos los respeto y los veo generosos. Es un paso que no voy a dar, por egoísmo. Así que respeto que alguien diga “periodismo militante” pero con una aclaración: el término es nuevo, la realidad es de toda la vida.
¿Cómo queda entonces la relación entre la política y el periodismo? ¿Una cosa depende de la otra? ¿Importa la política y no tanto el periodismo? ¿Debemos admitir, finalmente que el periodismo es una herramiento política?
Ante todo somos animales políticos, lo sepamos o no. Estamos inmersos en eso. Hasta los personajes más menores y despreciables de la farándula también participan muy fuerte en política. Quizás no lo sepan. O no están advertidos. O lo saben y se hacen los sotas. Todo lo que hacemos es política. Todo lo que intenta modificar hacia un lado o hacia el otro la sociedad que integramos es política: una obra de teatro, un libro, un diario. Mi programa es intensamente político hasta cuando no estoy hablando de política. En la manifestación estética estas hablando de política. La estética es parte de la política, el apoyo que tengas o no a los valores culturales es una forma de decir “quiero un mundo que se acerque más a lo cultural y salga de la chacota”. ¿Cuándo no estás haciendo política? Tenemos que asumirnos como animales políticos.

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