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Flor de jardín

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Mi mamá trabaja, la guardería de Mujeres Creando. Una escuela feminista que enseña a no confundir regalos con afecto ni cariño con violencia. Abierto de 7 a 23, para madres que trabajan, estudian o se divierten.

Fue gracias a Mujeres Creando que aprendimos la lección: “No hay lucha sin palabra”. Y fueron ellas quienes nos enseñaron a dejar en claro el lugar desde el que se habla. Rosario Charo Adrián, integrante de ese colectivo boliviano y directora de la guardería Mi mamá trabaja pasó por Argentina y nos dejó su experiencia. Llegó con dos de sus compañeras, su metro cincuenta, su dulzura y una remera violeta con una inscripción nada naïf que luce con la fuerza de una guerrera: “No puedo ser la mujer de tu vida porque soy la mujer de mi vida”. Juguemos entonces a la adivinanza. ¿Qué relación hay entre esta última frase y un jardín de infantes?
Toda.
Enseñar autonomía
Imaginen una guardería feminista. Que no esté sólo pensada para niñas y niños, sino para que las madres que trabajan y estudian estén tranquilas, para que las madres solteras se sientan respetadas y para que las pequeñas y los pequeños aprendan a valorar el rol de las mujeres en la sociedad. Que plantee otro tipo de espacio, de relaciones, de pensamiento, de práctica. Que rompa con el gesto puesto en el dedo índice empeñado en etiquetar personas y ayude a fundar el pensamiento a partir del cual nos volvamos capaces de tomar la palabra. Que las mujeres seamos tratadas como lo que somos: sujetos políticos. Y que niñas y niños aprendan desde el año de vida a cuestionar relaciones de violencia y humillación. Imaginen a esas madres. Pero sobre todo imaginen a estas niñas y niños creciendo en ese espacio. Vayan más allá y sospechen de qué cabezas fue capaz de salir semejante idea y qué tipo de mujeres la convierten en realidad cada día desde hace tres años. Porque esta guardería existe. Se llama Mi mamá trabaja, fue gestada por Mujeres Creando y su epicentro está en el barrio de Sopocachi, de la ciudad de La Paz, del país Bolivia, precisamente establecido dentro de La Virgen de los Deseos, que hace las veces de casa, albergue y punto de salida de estas mujeres feministas bolivianas, agitadoras callejeras que creen que las niñas y niños “no son esponjas que absorben todo”, sino personas que están creciendo y desarrollándose. Y desde lo que son, les tienen completo respeto.
La idea
Charo llega para presentar el trabajo que está llevando a cabo con Mi mamá trabaja dentro del marco de los festejos por los 10 años de vida de lavaca. Se prepara entonces una mesa bien grande en clave de fiesta y rodeada de mujeres comienza la charla (no hay presencia de un solo hombre en el evento y no porque no estuvieran invitados).
Charo comienza a narrar apasionadamente lo que hace y pone toda la ternura en juego. Dice por ejemplo que desde el espacio de “la guarde” (palabra que repetirá toda la charla) se les propone a las madres como un proceso político social que parte de una estrategia política pedagógica: “El equipo con el que trabajamos tiene que tener en claro desde qué mirada estamos planteando la educación inicial para niños y niñas; y desde qué lugar estamos interactuando con las madres. Esa mirada y ese lugar es feminista”. Cuenta que inicialmente se proyectó el espacio para que las mujeres en situación de prostitución y las trabajadoras del hogar tengan un lugar que pueda albergar a sus hijos mientras ellas estaban ocupadas. Hoy esa idea se desdibujó porque abrieron la guardería a toda madre que le surja la necesidad de dejar a su wawa. “Mujeres de sectores populares traen a sus hijos porque necesitan trabajar y madres económicamente pudientes acercan a sus pequeños porque creen en este proyecto educativo”, abre la cancha Charo y aclara: “Aunque al principio sólo se animaron tres fue suficiente para que nosotras entendiéramos que el proyecto que habíamos imaginado era aun más grande de lo que pensábamos. Las mujeres que llegan a una guardería como la nuestra no tienen prejuicios, por lo tanto: ¡bienvenidas! De por sí lo consideramos un acto de valentía”.
La guardería está preparada para hospedar a niñas y niños de 1 a 5 años. Cubre tres turnos: mañana, tarde y noche. Está abierta desde las 7.30 de la mañana hasta las 11 de la noche y están pensando agregar tres horas más los viernes de trasnoche. El equipo está compuesto por 23 personas, dividido en diferentes grupos y con distintas responsabilidades. No hay personal de aseo porque no quieren imponer modelos de servidumbre. Hasta las niñas y niños limpian su plato luego de comer. Y por supuesto, las docentes. El espacio está preparado también para brindar apoyo escolar a chicas y chicos desde 6 a 10 años. La idea, explica Charo, es que las mamás puedan dar paso a su proyectos, logren repensarse y concluyan sus estudios para poder encontrar mejores y nuevas formas de vida y trabajo. Y por qué no, tener tiempo para ellas, para divertirse. “Lo pensamos como un espacio que les alivie la carga”. Es decir, con ingenio, garra y ganas lograron desarrollar un programa para niñas y niños, pero dirigido a las madres, que se solventa a sí mismo. El único excluido resultó ser el asistencialismo. El sistema es muy simple. Se cobra una cuota básica. Hacen un estudio social sobre aquellas mujeres que no puedan pagarla y se les cobra un precio simbólico. Además están las madres solidarias: son aquellas que tienen solvencia y pueden ayudar económicamente al grupo, aunque no tengan allí sus hijos. “La primera en pagar por otra fue la propia María Galindo”, cuenta Charo.
La práctica
Charo desarrolla su charla en términos de ejes de trabajo y, a modo de GPS, ordena sus palabras. Dirá que el primero es plantear una educación no sexista: “Nosotras tenemos claro que el sexismo, aparte de dividirnos, pone a las mujeres en un plano inferior al hombre, por eso tratamos de pensar la educación como una herramienta de construcción de igualdad en todas y cada una de las relaciones”. Como segundo paso, cuestionan las relaciones violentas. Desde este lugar y a partir del primer año de vida, enseñan a diferenciar algo esencial: la violencia jamás va de la mano con el cariño. “Muchas veces las mamás viven esa violencia como normal y se extiende a sus hijos. Deseamos que ellos tengan claro, desde pequeños, que no deben quedarse callados si alguien los agrede. Trabajamos entonces con las madres y los niños en talleres en relación al afecto: cómo se construye; cómo puede relacionarse con sus hijos en determinadas situaciones; qué elementos puede tomar para poner límites no autoritarios, no como recetas sino como cuestionamientos que partan de las mamás”. En tercer lugar, trabajan una educación no cosificadora: “Que las niñas y los niños sientan que respetamos sus pensamientos, pero eso no quiere decir que los aceptemos sin cuestionarlos. Nuestra propuesta es que desde pequeños les puedan otorgar sentido a las cosas, y tratar que no relacionen regalo con cariño. No hay entonces regalos ni dulces en el Día de la Madre. Como opción se plantean días culturales. Que puedan ver a sus madres como a una persona que se equivoca, que no siempre puede complacerlo en todo y que lo quiere”.
Otro eje: proponen a la educación como procesos de pensamiento y no como mero relleno de contenidos. Charo conjura: “El ser humano no es sólo una caña pensante. Tenemos capacidades, habilidades y destrezas que nosotras deseamos que las wawas puedan llegar a descubrir”.
Una de las participantes de la charla pregunta ¿desde dónde cuidan a los niñas y niños para no atemorizarlos cuando se habla de violencia? La respuesta de Charo: «Nosotras deseamos que ellas y ellos aprendan a construir la seguridad y soberanía de su cuerpo. Que nadie los obligue a hacer algo que no quieren. El no dar miedo tiene que ver con el lenguaje que utilices. No es un mensaje esquizofrénico: no salgas, no mires. Insistimos en que estén atentos, que no se vayan nunca con un extraño y que busquen siempre a su mamá.»
Otra integrante de la mesa, interpela: ¿Cuál es la clave de la pedagogía feminista? Charo contesta: «El feminismo es para mí una mirada filosófica que ayuda a ubicarte y cuestionar este mundo, que no está supeditado o suspendido en una burbuja, que es parte de un sistema de opresión que opone el mundo de las mujeres y hombres todos los días y todos los días nos enfrenta. El feminismo es una herramienta filosófica puesta en práctica. Es parte de una política concreta. Y eso es Mi mamá trabaja: política hecha práctica cotidiana».
 

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Elecciones de vida

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Loncopué quiere votar «No a la minería». A 300 kilómetros de la capital de Neuquén, los vecinos se organizaron para resistir el desembarco de un proyecto minero chino. Comenzó con una maestra, un cura y un abogado y terminó reuniendo en asamblea a políticos oficialistas y opositores, estancieros y sindicalistas.
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Oración de la Virgen Barbie

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Ya no quiero ser la Virgen Barbie.
Ya no quiero ser la patrona del racismo
ni la protectora del capitalismo.
No quiero ser la Virgen Barbie.
No quiero enseñar a las niñas
a odiar sus cuerpos morenos.
No quiero ser nido
de prejuicio, insultos y complejos.
No quiero ser la Virgen administradora
y santificadora de privilegios.
 
No quiero hacer milagrosos matrimonios
ni encontrar príncipes azules
tiranos, celosos y violentos
para mujeres ilusionadas,
ingenuas y equivocadas.
No quiero ser perfecta, ni virtuosa
No quiero ser modelo de belleza,
No quiero mirar la vida
desde arriba de un altar.
No quiero juzgar a nadie
ni tampoco tener el derecho de perdonar.
 
No quiero ser yo.
Quiero ser otra distinta.
Alegre, amiga, defectuosa,
imperfecta y amante…
pisar con mis pies el piso,
pasear por la ciudad,
bailar en las calles.
 
Que detrás de mí
el capitalismo se derrumbe
y pierda hasta los dioses
y las vírgenes que lo sustentan.
Que detrás de mí
se desmorone el racismo
y el color blanco que lo sustenta.
Que los úteros de las mujeres blancas
puedan parir hijas morenas.
Que las morenas tengan hijos rubios.
Y que el amor y el placer nos mezcle
y nos mezcle y nos mezcle.
Hasta diluir todas las estirpes de nobles,
de patrones y de dueños del mundo.
 
No quiero ser la madre de dios,
de ese dios blanco civilizado y conquistador.
Que dios se quede huérfano
sin madre ni virgen.
Que se queden vacíos los altares
Y los púlpitos.
Yo dejo este altar mío.
Los abandono por decisión libre.
Me voy, lo dejo vacío.
Quiero vivir, sanarme de todo racismo,
de toda condena, de toda dominación.
Quiero sanarme yo misma
y ser una mujer simple.
Ser como la música que solo sirve
para alegrar los corazones.
He descubierto que para ser feliz
solo hay que renunciar a tus privilegios,
a tus virtudes y perfecciones.
 
Proclamo la inutilidad de los privilegios.
La tristeza de los altares.
La muerte del capitalismo.
 
 
 

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Flogger y resto

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Cumbio hoy. Regresó con un documental que registra el fenómeno de ser adolescente y moda. Se aburrió de dar notas, pero aceptó esta para contar cómo sobrevivir a la fama.
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La última Mu: Tenete fe

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