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Pensar en movimiento

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Atenas angustiada por la bancarrota. Madrid movilizada contra las privatizaciones y los desalojos. Dos ciudades que se rebelaron contra banqueros y políticos gritaron que “se vayan todos” en clave 2011. Ahora se enfrentan a otra etapa de la misma batalla y se convierten para la mirada argentina en un espejo que proyecta luz.

Diferencia
Las cosas que tienen en común Grecia y España son tantas, que abruman. Están unidas hasta por la coronita de la reina Sofía, pero las noticias que publican estos días los diarios hablan de otras coincidencias, que señalan con tono humillante: récord de desocupación, fuga de depósitos y burbujas especulativas que estallan haciendo añicos los sueños posmodernos, incluida la frutilla de ese postre, el euro. El abismo que las diferencia, en cambio, no es noticia: a los griegos se los ve angustiados y a los españoles, movilizados.
Jet lag
De los ¡16 millones! de desocupados que viven en ese territorio llamado “eurozona”, Grecia y España albergan a casi el 60%. “Si se perdiera el control de la crisis, este sombrío escenario podría terminar siendo demasiado optimista, ya que ninguna frontera resistiría el pánico de los mercados y la recesión se instalaría en todos los países”, es la amenaza expresada en impúdico potencial por el gurú de “una agencia calificadora internacional”. ¡Eurolandia está en bancarrota por culpa de estas indisciplinadas! El gurú clama castigo: ajuste, recortes, privatizaciones, despidos, gestión política con mano dura y derecha. El tono monocorde del diario europeo que leo en el avión me suena así de viejo hasta que encuentro una noticia que sintoniza otros tiempos. La primera ministra alemana y su colega francés han tomado el timón del Titanic en la cumbre que, en Cannes, reúne a los responsables del desastre. Reciben allí el consejo de expertos. Bill Gates, por ejemplo. Zarkosy muestra entusiasmo y conclusiones: se compromete a impulsar un impuesto global a las transacciones financieras. La Tasa Tobin. ¿De dónde salió esta idea? El Premio Nobel James Tobin la creó en 1971; la oenegé Attac –en la que se camufló un sector del PC tras la crisis del Muro– la convirtió en campaña en 1997; el Foro Social Mundial de Porto Alegre le dio su explícito respaldo en 2001 y ahora la impulsan los okupas de Wall Street y los indignados de Grecia y España. Detalles que no menciona el diario.
Crimen
Una vez Naomi Klein me preguntó quién había anunciado el 19 y 20 y no dudé: César Aira en su relato Cumpleaños. “Cualquier cambio es un cambio de tema”, escribió Aira en las vísperas de diciembre de 2001 y de eso se trataba justamente aquel grito callejero. Por cábala busco una novela que explique hoy a Grecia y la encuentro en El Corte Inglés de Madrid: Con el agua al cuello, de Petros Márkaris. Allí, el inspector Jaritos debe enfrentarse al enigma de una serie de crímenes idénticos: un vengador decapita a 4 hombres de la banca, incluido el gurú de una calificadora internacional que imagino como el redactor de la nota que leí en el avión. La investigación avanza al igual que el ajuste económico, que incluye a los propios policías. Así nos enteramos de que los empleados públicos griegos cobraban 14 sueldos anuales y acaban de perder uno, además del 25% del salario. La tensión que producen los homicidios se suma a la que pende sobre otras cabezas: la de aquellos que no saben si serán cesanteados. Y aunque hasta la apacible mujer de Jaritos está angustiada porque vio por su ventana volar a la vecina que se suicida al no poder pagar sus deudas, la novela no comienza con un velorio sino con una fiesta: la del casamiento de la única hija del inspector. El devenir de la trama tiene, entonces, el peso de ese festejo que termina convirtiéndose en deuda. ¿Ese es el crimen de los griegos?
Luz
Ya en Atenas, en una reunión con 30 delegados de asambleas barriales, me cuentan que hay 16.000 casas sin luz porque no han podido pagar el servicio, que es estatal. Que en los próximos días se concretará el despido de 30 mil empleados públicos y que recortaron la pensión de los jubilados un 40%, a la vez que aumentaron en 10 años la edad para retirarse: de 45 pasó a 55 años. Todo de golpe y por decreto. La mitad de los presentes es desocupada y la otra mitad espera serlo. Todos arman cigarrillos con tabaco y papel porque el costo de un atado ya es un lujo que se cotiza a 8 euros. La mayoría son jóvenes que compartieron un mismo parto político: el estallido que comenzó el sábado 6 de diciembre de 2008, ahí en Exárjia, el barrio donde estamos.
Gas
Alexandros Grigorópulos tenía 15 años cuando fue asesinado por un disparo policial. Hay que entender el contexto para entender la reacción que despertó ese crimen: Exárjia es un barrio de tradición anarquista y se jacta de ser una zona liberada de policías. Cualquier uniformado que por allí camine es considerado una provocación y no hacerla explícita, una debilidad. Alexandros estaba con 3 amigos cuando pasó un patrullero. Le gritaron que se vayan todos. Dos policías bajaron, uno disparó. A las pocas horas el barrio entero salió a la calle y con furia. El domingo, otra vez. El lunes, cuando todos pensaban que ya era una noticia vieja, los estudiantes secundarios sitiaron la central policial. “Vi a esos chicos tan chicos enfrentar a la policía en su propia cueva y pensé: nos están dando una lección”, me cuenta uno de los integrantes de la asamblea. ¿Cuál era? “Basta de tener miedo”. Las protestas duraron una semana e incluyó movilizaciones masivas, quema de 4 edificios públicos, 5 bancos, una docena de grandes comercios y la toma de dos universidades. Desde entonces Exárjia está rodeada por policías que exhiben ametralladoras y un collar con media docena de tubos de metal. Me explican que son gases lacrimógenos y que en la última protesta la policía arrojó 300 litros, según publicaron los diarios luego. En Exárjia están preparados para eso: no gastan en cigarros, pero todos tienen una máscara antigás en el ropero. Pienso que una cosa es consecuencia de la otra y con eso me consuelo.
Sistema
Atenas volvió a salir a la calle a principios de julio y al grito de “No vamos a pagar”. Calculan que unas 200 mil personas permanecieron en la Plaza de Constitución, frente al Parlamento, durante 14 días. Cada uno de esos días, a las 9 de la noche comenzaba puntualmente la asamblea. “La mayor parte de las exposiciones eran relatos personales de la crisis, casi una catarsis. Después de escuchar docenas y docenas de esas historias lo que te quedaba era una pregunta que te quemaba la cabeza: ¿qué vamos a hacer con esto?”, me dice un muchacho que participa ahora de la asamblea de uno de los barrios más urgidos por la crisis. (Atenti: acá la palabra pobre no cuadra si se tiene en cuenta su acepción latinoamericana). En un determinado momento –sigue el muchacho– decidieron que era imposible pensar nada en ese espacio y plantearon como estrategia replegarse a los barrios. ¿Qué había pasado? “Los partidos”, es su respuesta. La izquierda griega tradicional, muy ligada a las instituciones y, por lo tanto, en peligro por su crisis, actuó como un agente disciplinador, fastidioso al comienzo y violento al final. Tal como lo relató Raúl Zibechi en una nota titulada Las dificultades para manejar nuestros desacuerdos, “El 20 de octubre, jornada de huelga general, una gran manifestación pretendió acercarse al Parlamento con la intención de tomarlo, o sea de ingresar a la fuerza en un recinto sagrado de la democracia electoral. Más allá de la viabilidad de esa intención, y de que pueda considerarse correcta o no, miles de personas deseaban hacerlo. Se encontraron con una doble barrera formada por policías y militantes del Partido Comunista (KKE), que se movilizó para defender el Parlamento y controlar la manifestación. Hubo duros enfrentamientos. El saldo fue de decenas de heridos, hubo un muerto por los gases lacrimógenos, y una fuerte desmoralización que puede llegar a frenar el proceso de luchas. En los hechos, los comunistas griegos actuaron como defensores del sistema”. Le pregunto al muchacho si cree que los partidos lograron su objetivo de disolver la asamblea. Me responde: “Son los responsables de intentarlo y, sin duda, lo primero que pensamos cuando se habla de este tema porque es lo que tenemos más cerca y más nos molesta. Pero lo que llevó al repliegue no fue eso, porque si no el movimiento sería más débil que ellos y no es así. Lo que nos llevó a los barrios fue la necesidad de organizarnos para enfrentar algo más fuerte: el miedo”. Recuerdo entonces el comienzo de la dispersión de la Asamblea Interbarrial de Parque Centenario, un domingo de abril de 2002: las trompadas entre integrantes del MST y el PO por el control del megáfono. La Interbarrial había arrancado aquel verano con más de 3.000 participantes y en septiembre apenas sumaba 60. Corrijo entonces mi perspectiva: quizá no fue la parodia sino la tragedia lo que la diluyó. El comienzo de la dispersión fue por algo más fuerte. ¿Junio y Puente Pueyrredón?
Precios
La visita a El Partenón cuesta 12 euros y ninguno de mis acompañantes griegos puede pagarla. Un litro de nafta cuesta casi 2 euros, pero ya nadie usa auto. Por 1,40 se puede viajar en subte y mis acompañantes me enseñaron qué hacer con el boleto: como es válido durante una hora y media, en los molinetes hay siempre gente esperando a que alguien lo deje allí para volver a usarlo. La vida cotidiana se ha tornado así de árida en un país que siempre ha sido amable y que ha mantenido la educación, la salud y los servicios esenciales en la esfera pública y al alcance de la mano. “No entiendo por qué los alemanes en lugar de criticarnos no quieren imitarnos”, se queja un funcionario en la novela de Márkaris. Ese estupor es el que se percibe en los hombres, que parecen mirar el futuro como a un jarrón que se rompió en mil pedazos: no me queda claro si la pelea actual es por restaurarlo o cambiarlo. El gran misterio, sin embargo, es qué quieren las mujeres: en las reuniones no opinan ni preguntan. Callan y acompañan. Lo cierto es que en medio de lo que me parece una bancarrota del ánimo, las asambleas sostienen centros culturales barriales donde se comparten cenas, teatro, música y libros. Intentan así tejer una red permanente capaz de contener al movimiento y darles refugio a los lazos que anudó la calle. Quizá, también, porque en grupo parecen animarse, pero a solas la angustia carga pilas enchufada a la tevé. “Mi miedo político es el fascismo. Con el cuestionamiento al euro surgieron grupos nacionalistas que ganaron terreno entre los jóvenes, convirtiendo ese descontento en odio y nos toca a nosotros encontrar la forma política de responderlo para que no gane. Mi miedo personal es la ruina, que acecha a toda mi familia y mis amigos. Pero mi terror es la mañana: cada día me levanto, escucho las noticias y compruebo que estamos peor”, me confesará al despedirse uno de los muchachos. Me lo dice porque quiere preguntarme cómo hicimos en Argentina cuando se abrió el abismo. Le respondo la verdad: todavía lo estamos pensando.
Medidas
«Primero es y luego se piensa. Siempre ha sido así en los grandes movimientos que han cambiado el mundo. Ahora, por ejemplo, estamos viviendo un mundo de horror. Lo construido por las generaciones anteriores se está diluyendo. Y frente a esto aflora el miedo, pero también la magia”, me dice Juan Gutiérrez en el patio seco que el Medialab de Madrid tiene en el barrio de El Prado. Juan es filósofo, tiene 79 años y un entusiasmo juvenil, que recuperó tras revisitar su experiencia en el Mayo del 68. “Veo este 15M y veo un cambio. En el 68 queríamos tomar el cielo por asalto, no pudimos y cada cual aterrizó como pudo y a su manera: no hay todavía escrita una historia de cómo retomamos la vida en ese mundo que queríamos dejar atrás para crear uno mejor. Los del 15M tienen un planteamiento que ha superado a cualquier pensar conocido por mí hasta ahora. Lo veo como un erizo que dice que no. Y así, define la realidad de otra forma, partiendo de la dignidad humana que se rebela contra un mundo que se la niega. Ese no expresado por el 15M ni siquiera se preocupa por estar a tiro de la realidad. Es rotundo. Simplemente hace público aquello que no tiene justificación. Sólo dice que este no es el mundo que debiera ser. No que otro mundo es posible”.
¿Dice que este es imposible?
Ni siquiera juega entre lo posible y lo imposible. Simplemente denuncia: este mundo es acusable. Luego, cuando se lo mira bien, aparece lo mágico: dentro de este erizo de púas se crea un nosotros tierno, no violento, de respeto mutuo.
¿Qué peligros de la experiencia del 68, proyectados hacia hoy, sirven como alerta?
Durante muchos, muchos años, pensé que en el 68 le habíamos dejamos el campo abierto a la derecha más salvaje. Ese era el recuerdo que tenía hasta hace unos pocos años, cuando a raíz de un encuentro que se realizó por el 40 aniversario, escuché a las mujeres que habían sido mis compañeras en aquel movimiento. Me asombraron diciendo: “Hemos educado a nuestros hijos de una forma totalmente distinta a como fuimos educadas nosotras”. Recién entonces entendí que el cambio había sido ese. Queríamos cambiar el mundo y no lo conseguimos, pero nos habíamos cambiado a nosotros. Porque desde entonces hemos aprendido a romper fidelidades malas, de sumisión, de obedecer sin entender. Aprendimos que en lugar de usar a Dios como sistema de medición había que medir a Dios. Y el resultado fue demoledor.
El primer alerta de Juan, entonces, está dirigido a los recuerdos, que no sólo requieren tiempo sino procesos colectivos. El segundo es más poético: Juan usa Dios como alegoría de familia, institución o poder. Y también como metáfora política para comprender el 15M. “¿Cómo entender hoy esta cosa tan nueva? Quizá por su rasgo más inexplicable: su magia. La ternura que alberga el erizo lo convierte en invulnerable, porque para disparar necesitás un arma, pero también un blanco y el 15M tiene dentro un componente de tanta ternura que lo hace inatacable. A mí me recuerda al movimiento político más exitoso de la Historia: el cristianismo. Porque los cristianos no proclamaban la conquista del poder. Decían: hay un más allá. Y sólo con eso, con esa desmentida casi naif del poder real, se hicieron poderosos. Creo que en los próximos tiempos vamos a tener que pensar lo político en dos planos. Por un lado, seguirá la política de los partidos, con todas sus geografías y rigideces que la tornan vulnerable. Y por el otro, esta forma fluida, no jerárquica, que se constituye como un factor de poder, como una potencia capaz de inundarlo todo en tanto siga expresando la voluntad social. La tensión, entonces, se dará en el juego de estos dos planos. En gran parte de Europa, por el momento, parecería que la política de los partidos no está dispuesta a ceder un milímetro y en lugar de más democracia, apuesta a menos. Parece que, al menos aquí en España, la gente esté dispuesta a darle batalla”.
Oráculo
Una joven muy joven lee las conclusiones de la Comisión de Economía en la asamblea general del movimiento 15M, ante 500 personas sentadas en el piso de la Plaza del Sol y en una tarde de domingo fría y nublada. Es una de las oradoras que desfilarán durante las cuatro horas en las que se escucharán las conclusiones de las comisiones que crearon desde el primer día de la acampada y que continúan hasta hoy trabajando, cuando el movimiento se replegó en barrios, en grupos de reflexión, en diferentes campañas, movilizaciones, reclamos. A una cuadra de allí, justo a la vuelta del Ayuntamiento de Madrid, un grupo de 100 personas ocupó el Hotel Madrid (“Nuestro Bauen”, me dirán al recibirme), un edificio de tres pisos donde se han refugiado familias desalojadas por los bancos y que en el momento mismo en que escribo estas líneas está siendo desalojado. En la web ya hay videos caseros de la Plaza de Sol ocupada por personas que protestan contra el operativo al grito: “Un desalojo, otra ocupación”. ¿Cientos? ¿Miles? ¿Suficientes? Pienso: es el momento I Ching del estallido. La línea partida que indica la tensión de un cambio cuyo resultado es inesperado. Me consuelo: al menos se está jugando.
Literatura
En la puerta del coqueto Círculo de Bellas Artes de Madrid un grupo de niñas entrevista a Amador Fernández Savater para el taller de tevé que hacen en la escuela. Le preguntan qué libro está leyendo. De eso hablará Amador en la conferencia express que dará en el marco del Ciclo Ñ que organiza el ala más tradicional de eso que por costumbre llamamos cultura. Se trata de una charla contra reloj, sin repetir y sin soplar, donde Amador deberá explicar el cruce entre Jacques Rancière, la literatura, la política y el 15M. Dirá entonces a la carrera: “Rancière dice que literatura y política comparten la potencia liberadora de la ficción. La política no de los políticos, sino de los movimientos que quieren cambiar las cosas: esa es la que es capaz de crear un personaje y un nombre colectivo que produce una nueva realidad interrumpiendo la que hay. ¿Qué es producir nueva realidad? Modificar lo que se puede hacer, decir, y pensar sobre la realidad: nuevos temas, nuevos sujetos, nuevas voces, nuevos problemas, nuevos argumentos y nuevas afectividades. Cosas que antes no se veían y de repente se ven. Un nuevo nosotros”. Suelta tres ejemplos: el Hombre Ciudadano de la Revolución Francesa, el Proletario de la revolución marxista y aquel Nosotros Somos el Pueblo que derrumbó el Muro de Berlín. ¿Cuál es el personaje que crea el 15M? Amador sólo tiene preguntas y tres hipótesis:
Los Indignados: “Al principio me parecía una etiqueta mediática, no encontraba mucha gente en la acampada de Plaza del Sol que se identificara con esa palabra, pero ahora la relación ha cambiado. ¿Qué tipo de sujeto propone Los Indignados? No son trabajadores, ni siquiera los precarios, no es tampoco un ciudadano. Es más bien una persona, categoría más amplia y más difusa, que no puede ser representada. Se trataría de un sujeto colectivo que se rebela contra la representación tradicional: sindicatos, partidos. Y que nos propone pensar la política de otra manera”.
Somos todos: “Una frase que sonaba mucho en la acampada de Sol. Ahora en Estados Unidos suena casi la misma consigna: ´Somos el 99%´ ¿Qué nos está diciendo este sujeto? Discute aquello de que el movimiento es una minoría. Discute la política literal, que exige siempre pruebas de cantidad.
Sol: sería un personaje colectivo, real y simbólico a la vez. Sol es una identificación fuertísima para el movimiento del 15M de Madrid. Sol, creo, representó un pequeño mundo dentro de este mundo, un taller de democracia al aire libre, de democracia real, horizontalidad, respeto, inteligencia colectiva: esa es la metáfora Sol. Una metáfora de metáforas. Y una energía: el paso de potencia a la impotencia, de lo imposible a lo posible. Evoca el despertar y también un lugar de encuentro”.
Deja vú
El punzante chirrido de un acople suena en el parlante para anunciar que el tiempo express se acabó. Amador propone seguir la charla en el café, pero en la calle hay ruido de bombos y cornetas. La CGT desfila por Madrid en defensa de la escuela, el transporte y hasta la aerolínea pública. Miles de personas llevan una remera verde con la leyenda: “Educación pública para tod@s”. No sé si estoy viendo el futuro o el pasado, pero la confusión me dura hasta la noche, cuando bajo el iluminado Palacio Real la Orquesta Sinfónica de Madrid brinda un recital en defensa de la escuela pública, mientras algunos gritan: “Altezas: vayan a trabajar”. No hay allí cámaras ni periodistas: ni de medios comerciales ni de los otros. Al día siguiente ni la noticia de la marcha sindical ni la del sinfónico recital aparecerá en ninguno de los periódicos dominicales. En la Indymedia local hay publicada una convocatoria a una charla sobre el asesinato de Marcelo Ferreyra: sí, el militante del PO asesinado por la patota ferroviaria en Avellaneda. Recuerdo entonces por qué hicimos lavaca.

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