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Libre y sabrosa

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Miss Bolivia. Con Miau logró agotar una edición autogestiva que le permitió financiar su consagración como compositora.

miss boliviaPaz Ferreira abre la puerta de su casa ubicada en el barrio de Chacarita y saluda con una sonrisa, a pesar de tener el ojo derecho lastimado, según explica, por un accidente con una de las tantas rastas que coronan ese cuerpo pequeño, muy pequeño, y muy poderoso.
“Voy a tener que ponerme las gafas para la foto”, dice Paz, vestida con calzas y remera de entrecasa, mientras se mira la herida en un espejo. Se aleja hacia su vestidor y vuelve a los pocos segundos: anteojos de sol, una musculosa de básquet que deja ver los brazos tatuados –“Paz”, “Amor”, “Respira”–, y un colgante de plata sobre el pecho con la insignia “Love”. Ahora sí: Miss Bolivia está en la casa.
Ella lo explica así: “Yo vivía en la calle Bolivia, en Paternal, entonces le agregué Miss, que es una palabra imperialista e importada, para resignificarla y hacer una pequeña acción crítica dentro de lo que es el rap, que también es un estilo importado”.
Miss Bolivia muerde el vinilo para la foto, se saca las gafas de sol y se pone las de aumento. Le recuerdo la primera nota que le hicimos en MU, en junio de 2008, cuando recién empezaba su carrera musical. En ese momento vivía en una panadería industrial en La Boca con una comunidad de artistas y trabajaba como productora en el canal de la Ciudad; se dedicaba también a dar clases de psicología en la Universidad de Buenos Aires y en La Plata, oficio que la llevó, entre otras aventuras, a dar un taller para la policía bonaerense: “Las clases en la UBA eran sobre Problemas antropológicos de la psicología, una de las materias más críticas de la carrera, en una cátedra deleuziana. Fui también investigadora e hice un posgrado en el Conicet sobre el tratamiento del trastorno de ansiedad con plantas medicinales”, dice la Missbo de anteojos de aumento. La de anteojos de sol, en cambio, canta:
Soy la torta, yegua, negra warrior,
queen del barrio, lo sabés.
no me importa
lo que diga el comisario,
voy a seguir poniendo cumbia
porque para mí es necesario.
La letra es de uno de los doce temas que conforman su segundo CD, Miau, con el que consolidó el mejor momento en su carrera como artista. Le pregunto entonces qué cosas cambiaron en estos cinco años. Cuenta Missbo: “En definitiva, todo eso que hacía antes lo dejé: las clases, el trabajo, la investigación. Hoy en día Miss Bolivia es mi trabajo, es mi pasión, pero sobre todo mi trabajo. También alquilo mi casa, ya no vivo más en comunidad”.
¿De qué vive un artista independiente?
Vivo de las contrataciones, que también sirven para solventar mis acciones militantes; porque yo muchas veces toco y no cobro, pero a mis músicos les pago. Y también de las regalías. La verdad prefiero trabajar de esto antes que estar en un call center o atender a un neurótico en un dispositivo burgués.
¿La venta de cd sigue siendo una forma de ingreso?
Si estás en una compañía, no, porque se lo llevan casi todo. Yo tuve una experiencia con la discográfica Pop Art, y hago un balance positivo. Ahora me desvinculé pero aprendí un montón, porque sé qué pasos tengo que seguir para poder hacerlo yo sola, sé cómo moverme sin que la plata se la lleve otro. Este segundo disco lo hice todo sola, con un préstamo de SADAIC, un aporte de mi vieja y de una ex amante. Me atrevo a enunciar que la venta de discos, cuando el artista lo fabricó y es independiente, es una fuente de ingreso, porque no se fuga la plusvalía al disquero.
Autogestionar el éxito
La primera tirada de Miau fue de 500 copias y se convirtió en un éxito rotundo de la autogestión: se agotó en quince días. El cd trae temas predominantemente cumbieros. Uno: Tomate el palo, junto a Leo García, basado en una historia real vivida en carne propia. Dice Missbo: “Lo malo también inspira, si no, se va al cuerpo. Qué preferís, ¿un tumor o un estribillo?”. Otro: Bien warrior, canción anti-rati dedicada a un vecino comisario con el que tuvo un conflicto judicial por un perro. Otro más: Rap para las Madres. Así Miau se convierte en la consagración de Miss Bolivia como eslabón generacional, capaz de atravesar las capas sociales y conectar, en un mismo universo sonoro, a las Madres de Plaza de Mayo con los Wachiturros. El estribillo dice así:
Bien popular, para cabezas y chetos
Quiero saber dónde mierda
están los nietos
“Mis amigos me dicen que estoy más cabeza. Yo creo que estoy más transparente, menos metafórica, más corta la bocha. A veces el rap se convierte en una masturbación verbal, y está todo bien, pero a mí me gusta acabar”, dice Missbo con una contundente metáfora. Continúa: “Si hay algo que decir, que sea dicho y punto; eso no significa que sea menos bello o más descuidado. Puede ser que esté más cabeza, pero la vida me puso así, densa. Si estoy donde estoy, por más que sea un humilde lugar, es porque me puse densa. Si no, te come la industria. Además soy mujer, entonces si no te denseás, te densean”.
La transformación de Paz se puede resumir en una serie de cosas que tuvo que contarle a su madre:

  1. a) Primero le dijo que tenía una novia.
  2. b) Luego, que era activista cannábica.
  3. c) Finalmente, una vez que terminó su carrera y ejerció la profesión por menos de dos años, que quería dejar todo eso y ser Miss Bolivia.

Cuenta Missbo: “Mi vieja siempre me bancó. Mi familia es de Río Cuarto, son muy estrictos y católicos, pero ella supo aceptarme como soy. No tengo hijos, pero ella dice que mis canciones son como sus nietas, y viene a todos los recitales”.
Antes de retirarnos Miss Bolivia saca un papelito de su cartera. Nos cuenta que cada tanto hace trabajos con Ayahuasca. “La planta viene a buscarte”, explica. Una vez, le pidió que realizara una posición de yoga poniendo la frente sobre la tierra para transmitirle una información que ahora está transcripta en ese papelito. Miss Bolivia lo lee como un manifiesto: “La música ya está toda hecha. No preocuparse. La misión es unir y combinar los sonidos que ya existen para llevarle la paz al corazón de las personas”.

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