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Danza con lobos, versión reality show

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Raúl Zibechi enumera los tres motivos por los cuales los lobos de las finanzas globales acechan hoy a Argentina.

Leonardo Di Caprio, protagonista de El lobo de Wall Street, la película de Martin Scorsese. Todo parecido con la realidad, no es casualidad: es el retrato del capitalismo depredador

Leonardo Di Caprio, protagonista de El lobo de Wall Street, la película de Martin Scorsese. Todo parecido con la realidad, no es casualidad: es el retrato del capitalismo depredador

El arte de los predadores contiene varias artes: tener una información privilegiada, no dejarse ver, acercarse a la presa en el momento indicado, actuar de modo implacable. Cuando los lobos tienen hambre se juntan en grupos y merodean rebaños. En cierto momento atacan sin orden ni concierto aparentes, van al bulto. Consiguen que el rebaño se asuste, corra y, en ese momento, identifican su presa, que suele ser un animal con algún defecto que le dificulta la carrera o alguna otra característica por la cual se separa del rebaño y, por tanto, pierde la protección. Luego, la atacan sin piedad hasta matarla y devorarla.

Los “grandes depredadores” de los que nos hablaba el gran Fernand Braudel para explicar cómo funciona el capitalismo, forman hoy la cúspide del sistema financiero, un muy selecto grupo de personas que tienen mucho, pero mucho poder. Una de las presas, no la única, se llama Argentina. Un país que desde el ministerio de Martínez de Hoz ha ganado varios concursos para ofrecerse como carne fresca para saciar el hambre de los acumuladores-depredadores. En dictadura y en democracia.

Identikit del lobo feroz

Hasta ahora los estudios académicos tienden a posarse más en las víctimas que en los victimarios, entre otras cosas porque son éstos los que financian los estudios y han decidido protegerse en el anonimato. Creo que hace falta mirar a los predadores, conocerlos, escrutar sus intenciones, sus modos de actuar para entender por qué eligen ciertas presas.

Lo primero es comprender que hay una nueva camada de predadores formada por los ejecutivos de alto nivel, en general gerentes o directores que no son los propietarios, pero son los que toman las decisiones cotidianas. Los que eligen las presas, los momentos y modos de atacar. Son gente bien diferente a todos nosotros, piensan y sienten de otro modo respecto a quien está leyendo estas líneas.

Una reciente encuesta de la consultora brasileña Talenses entre  620 ejecutivos de alto nivel de San Pablo, reveló que para los directores y gerentes el factor decisivo a la hora de decidir un lugar de trabajo, es sentirse desafiados. Sólo en segundo lugar aparecen las remuneraciones y bonos, porque una parte de sus ingresos los perciben en premios, que pueden ser acciones de la empresa en que trabajan. O sea, no son los empleados tradicionales sino otra cosa.

Ambiente de trabajo, desafíos y perspectivas de crecimiento, son los tres principales factores para los altos ejecutivos. Una cuestión que llama la atención es la facilidad con la que cambian de empresa: sólo el 6,6% de los entrevistados llevaban más de diez años en la misma empresa, el 29% entre dos y cinco años y el 52% menos de dos años. Cuanto más jóvenes son los ejecutivos, más rápidamente cambian de empleo. Así, los nacidos entre 1979 y 1990, la llamada Generación Y, no duran más dos años antes de levantar vuelo hacia una empresa que paga mejor. Pero 7 de cada 10 están apenas de 3 a 6 meses en la misma empresa. El cambio permanente es parte del desafío de estos ejecutivos que oscilan entre 24 y 40 años. Por eso les pagan tanto: para retenerlos.

En cuanto a las remuneraciones, es muy difícil encontrar un patrón. La consultora Robert Walters estudió las remuneraciones de altos ejecutivos en 27 países. Encontró que en el escalón más alto están los directores financieros (CFO) de Shanghai (330 mil dólares mensuales, sin bonos), seguidos muy de cerca por sus pares de Londres y Nueva York y, a cierta distancia, los de París y San Pablo. Estamos hablando de 4 millones anuales, que para un gerente contable (uno de los rangos más bajos entre los altos ejecutivos) es de un millón y pico al año.

Se trata de varones (el 80%), blancos, egresados de universidades de elite donde la competencia es feroz (se de-forman para competir), que no tienen la menor fidelidad a nada que no sea ellos mismos y, por lo tanto, a sus ingresos. Son buscadores de oportunidades, de presas humanas a las que destripar. Son los directores que necesita el capital en este período de acumulación por despojo.

La ley de la selva

En el sistema financiero actual, los grandes ganadores, según todos los estudios, son la élite dirigente y no los accionistas. En 2007 el CEO de Merryl Linch, Stanley O’Neil, dejó la empresa en plena crisis llevándose un paquete de remuneraciones de 162 millones de dólares. Ese año la empresa pagó bonos a sus ejecutivos de 4 mil millones de dólares y en 2008 las empresas de Wall Street pagaron 18 mil millones de dólares cuando el sistema financiero fue salvado por el gobierno.

Este modo de actuar es la regla, en todas las grandes empresas, no sólo en el sector financiero. Que es tanto como decir que la lógica predadora se ha convertido en el sentido común del capital y en el modo de actuar cotidiano de los gerentes. Por eso Braudel dice que en esa esfera “impera la ley de la selva” y define al capitalismo como “el visitante nocturno”, aquel que con la complicidad del Estado se convierte en el amo del gallinero.

Estos gerentes son muy parecidos a los militares de élite, como muestra El Lobo de Wall Street, la película de Martin Scorsese.

Argentina, la presa

Una vez presentados los predadores, podemos enfocarnos en las razones por las cuales Argentina es una presa adecuada. Encuentro tres principales.

La primera es de orden geopolítico, ya que las grandes empresas forman parte de un entramado multinacionales -think tanks- militares.

O sea: hay una convergencia de intereses entre el empresariado y las fuerzas armadas que suelen beber de los centros de estudios más elitistas del mundo. En ese nivel, como sucede con el Club Bilberberg, participan generales, empresarios, académicos y periodistas, como Juan Luis Cebrián, progresista fundador del diario español El País.

La mirada geopolítica les dice que los BRICS son buenos como fuente de acumulación pero peligrosos como alternativa al decreciente poder estadounidense. En 2013 comenzó una potente ofensiva contra los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que en la región se sintetiza en atacar a Brasil y, por lo tanto, a sus dos aliados estratégicos: Venezuela y Argentina. Curiosamente, los dos países donde la desestabilización está en el orden del día, ya que es el mejor modo de acotar a Brasil, rodeándolo de situaciones inestables como están haciendo con China (Pakistán, Afganistán) y Rusia (Ucrania).

La segunda razón es que Argentina tiene una larga experiencia como víctima del sistema financiero. Primero con el gobierno militar y la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz, que dejó al país endeudado. Luego con Carlos Menem y las privatizaciones, que la dejó desarmada para enfrentar cualquier contingencia al privatizar sus principales recursos.

Lo que está en juego no es un golpe de Estado sino un golpe de mercado, la posibilidad de hacerse con activos importantes labrados por los trabajadores argentinos durante décadas, como ya sucedió con las privatizaciones.

Esquilmar Argentina no es cualquier cosa. Fue un país industrial, tiene aún una importante clase media, o sea técnicos y especialistas, y no es por tanto el típico país pobre y subdesarrollado del cual se pueden extraer apenas bananas. El país aún tiene capacidad de generar el tipo de riqueza que el sistema más valora: conocimientos, capacidad inventiva y creativa,  que hoy son más importantes que el consumo y la producción fabril.

La tercera cuestión es la potencia de las luchas de clases. Los altos ejecutivos conocen perfectamente la fuerza de los sectores populares y la debilidad del Estado argentino para hacerles frente. Es la historia del siglo 20. Fue la tremenda lucha de los de abajo lo que desarticuló a la vieja burguesía nacional representada por José Gelbard y la Confederación General Económica con las que pactaba Perón.

Esa fuerza de los de abajo es visualizada por los depredadores como una oportunidad para actuar ya que debilita a las instituciones. Aclaro: eso no quiere decir, en absoluto, que la lucha social sea culpable o tenga alguna responsabilidad en la situación actual.

En síntesis: los predadores observan una presa con problemas y afilan las uñas con el visto bueno de la superpotencia. No es que exista un comité central de la reacción que ordene ataques, como lo visualizan los oficialistas. Es más sencillo: huelen algo en descomposición y despliegan las alas.

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Casi todo lo que produce el campo argentino termina en el mismo lugar: seis empresas multinacionales que reciben los granos y los acopian en silos privados. Son también las que monopolizan el transporte con el que recogen la cosecha de todo el país. Algunas tienen puertos privados, otras obtuvieron el manejo a través de las privatizaciones. Son, también, las que venden toda la producción argentina al mundo. Difíciles de controlar, a finales del año pasado la AFIP detuvo algunos embarques, suspendió operaciones y denunció contrabando, al comprobar que declaraban menos de lo que realmente exportaban. El trámite de esta denuncia penal es el que selló la suerte de este año, que comenzó con la retención de las liquidaciones y su consecuencia en las reservas.
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