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El espejo de yerba

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Teatro y documental se unen para describir la historia de los tareferos en Misiones y sus cuerpos, reflejo de los nuestros.

carne oscura

Es un sacudón fuerte y concreto que grita: despiértense. Desde el primer movimiento de los cuerpos sobre el polvillo rojo que evoca al suelo misionero se nos forma un nudo en la garganta. La ficción y lo documental se entrelazan para atravesarnos con un tema real y conciso: qué pasa en los yerbatales. Esta angustia no se desvanece con el aplauso final. Nos inunda el peso de lo que vimos y escuchamos. Ya no hay vuelta hacia la ignorancia. Luz Roa, la directora de Carne oscura y triste ¿qué hay en ti?, condensa el sentimiento: “El saber implica responsabilidad y compromiso”.

El encuentro con los tareferos -trabajadores que cosechan la hoja de yerba mate- movilizó a Luz de tal manera que lo que iba a ser una tesis doctoral antropológica se trasformó en una obra de teatro-documental. “Hay una sensibilidad a la que no se puede llegar a través de las palabras. Para poder dar cuenta de las emociones y experiencias vividas en el yerbal desde la sociología tengo que dividirlo en dimensiones y construir una categoría compleja. A través del cuerpo y el teatro lo puedo decir todo junto y al mismo tiempo. La poética de la dramaturgia es la mejor forma que encontré para comunicar el tema”, explica Luz. 

Hay equipo

A Luz no le interesaba hacer el retrato de un único tarefero ni una ficción. “No me gusta el teatro en el que importa más la forma que el contenido. A mí me interesaba retratar un conjunto social. Dar cuenta de que el cuerpo no se le funde a un tarefero, sino a todos. Quería que se escuche la pluralidad de voces que los medios de comunicación no reflejan. Llegué a esta forma preguntándome: ¿para qué?, ¿por qué?; y recién después: ¿cómo?”

Luz conoció a Facundo Nahuel Giménez al cursar teatro en el  IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte) y a Mariana Brusse en clases de clown. A esos increíbles actores se les sumó gente para escenografía, coreografía, vestuario, iluminación, producción y prensa. Se formó un equipo numeroso. Luz dice: “Tenía algo que contar que después se transformó en algo que tenía que contar el grupo. La obra ya no es mía: es de todos”.

La obra se mueve al ritmo de la música del Chango Spasiuk. “Él es de Apóstoles y creció en una colonia misionera, por eso cuando le dijimos que había  que dar cuenta de un yerbal ya no teníamos nada más que hablar. Él sí sabía lo que era estar ahí”, cuenta Luz mientras se ríe de haberse animado a pedírselo.

A Misiones también viajaba Diego Marcone, autor de un proyecto documental sobre los trabajadores de los yerbales que hoy está en proceso de filmación. La obra cuenta con esos registros audiovisuales que son partes de ese documental. ¿Para qué? “El objetivo final del equipo es llevar la obra a los barrios de Montecarlo y Oberá”, contesta Luz y  me cuenta que pensaron que en los barrios periurbanos de Misiones se les va a  dificultar conectar las luces de un teatro, por eso proyectar esas imágenes sirve tanto para comunicar como para iluminar. La idea del grupo: apoyar las fervientes y cotidianas luchas sociales tareferas.

¿Cuál es el tema que moviliza a tantos? La investigación fue sobre las maneras de ser, estar, hacer y sentir tareferas. El relato de las entrevistas, los sonidos y el movimiento refleja el sufrimiento del cuerpo inmerso en el yerbal. Lo que los tareferos llaman: la fundición del cuerpo.

¿Qué cuerpo se funde? Es una enumeración que parece no tener fin.

El cuerpo que llena y levanta hasta seis raídos diarios de cien kilogramos cada uno.

El cuerpo que cobra por jornada y si se enferma y no produce, no come.

El cuerpo que trabaja a la intemperie con sol, lluvia o frío.

El cuerpo de piel dura al que los bichos ya no pican.

El cuerpo que a los 40 años ya es viejo para tanta carga.

El cuerpo con desnutrición infantil.

El cuerpo que muere por accidente y  enfermedades que no cubren las ART.

A pesar de todo, esos cuerpos resisten y dan pelea. ¿Cómo resisten? Se escucha una voz de una tarefera en la obra: “No conviene estar tristonga porque te va a perjudicar. Si te ponés a pensar, no te sirve. Ahí estás con tus compañeros de la cuadrilla y siempre, siempre hay uno que es de hablar y hacer chistes”. Los tareferos ponen en jaque al sufrimiento con gran creatividad.  Esa dualidad era otro elemento que no se podía transmitir solo con categorías analíticas: “Estar en un yerbal también es descostillarse de la risa”.

La historia en escena

La directora explica que originalmente a la hoja de yerba mate la extraían los guaraníes; después los explotaron en las misiones jesuíticas y luego se da el régimen extractivo con sistema de conchabo, que los obliga a trabajar a través del endeudamiento. En la obra se usan, además de los extractos de entrevistas a tareferos, documentos históricos que registró Rafael Barret, un periodista anarquista español. ¿Cual es su importancia?  Luz responde que  esos archivos  permiten desentramar una idea predominante en Misiones: el crisol cultural. Bajo esta idea los descendientes de guaraníes se transformaron luego en los mensú (obligados a trabajar por un pago mensual) y después, en tareferos. Así continúa históricamente la explotación a un mismo sector social. “Esta visión del crisol cultural es a través de la cual se discrimina ferozmente al mestizo o descendiente de guaraníes. Hoy el armazón estigmatizante en Misiones es: negro, tarefero y yaré (en guaraní quiere decir harapiento). Ser tarefero es visto como una vergüenza”. Pienso: cinco siglos igual.

Al final del preestreno hay un debate intenso. Es una obra que interpela a las personas de forma significativa. Cada vez que la presentaron hubo llantos y discusión posterior en los pasillos. Luz dice: “El objetivo de la interpelación es político. Algo te tiene que pasar como público al saber que esto sucede en este momento. Algo te tiene que mover. En el debate del sábado pasado un hombre me decía: ‘¿Y qué se hace con esto?’. Eso es justamente lo que les planteamos: ¿qué hacemos todos con esto?”.

Luz  define en una palabra la característica principal del proyecto: visceralidad. Este sentimiento profundo que brotó entre el sapucai y el tereré llevó a que ella no contara la historia sola. Muchos cuerpos se pusieron en movimiento para hacerlo junto a ella. Muchos otros son movilizados y conmovidos en cada función.

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