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Mapu mundi

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Choike Pvrafilu, referente mapuche: Pasado, presente y futuro del pueblo que resiste el modelo extractivo. Datos y conflictos que trazan un panorama de la situación actual: qué reclaman y por qué.

Choike

Nació en la comunidad mapuche Fvta Anekon y ese origen queda explícito cuando Ignacio Prafil se presenta con su nombre mapuche, Choike Pvrafilu. Choike es el ñandú, que siempre vive en comunidad y está presente en el arte, cultura, ceremonias mapuche. Pvrafilu refiere al origen del pueblo Mapuche. A los 7 años fue junto a sus nueve hermanos a Ingeniero Jacobacci. “Los mayores estaban enfermos y en el pueblo estaban los médicos. Ahí comencé la escuela, conocí el idioma español”, recuerda.

¿Qué es ser mapuche?

Ser mapuche es ser gente de esta tierra, de este territorio. El pueblo Mapuche es uno, tanto en Gulumapu (Chile) como en Puelmapu (Argentina), con diferente identidades territoriales, pero un solo pueblo. Nuestra vida es colectiva y está ligada al territorio, los ríos, montañas, animales.

¿Cómo es la historia de su comunidad?

La comunidad Fvta Anekon siempre vivió en el territorio, en cercanías de Jacobacci para ubicarlo. En 1903, por decreto presidencial, se le reconoció a la comunidad la posesión de 100 mil hectáreas. En la actualidad sólo posee 12.555 hectáreas.

¿Qué pasó con las 87 mil hectáreas restantes?

Fueron robadas por los terratenientes.

¿Cómo?

No podemos dejar de mencionar el primer robo, cuando nuestro pueblo fue avasallado por dos campañas militares muy grandes. Del “Desierto” la llamaron en Puelmapu y “Pacificación de la Araucanía”, en Gulumapu. La idea de los Estados era desaparecer al pueblo mapuche. No pudieron. Desde aquella época que los Estados, y ahora las multinacionales, invaden nuestro territorio. En la comunidad el achicamiento arrancó en 1937, con Gendarmería, jueces, policías. Los mayores estuvieron peleando para que no les pongan alambrados. Hasta el 69, cuando asesinan a uno de mis tíos de 50 puñaladas. En esos días de velorio y autopsias, aprovecharon y metieron alambre, nos cerraron el territorio. Luego pasó algo similar con la dictadura.

Historia política

¿Cómo se dio el proceso reorganizativo del pueblo Mapuche?

Un punto de reencuentro se dio en 1976, en Neuquén, cuando se crearon las primeras organizaciones. Había coincidencia en reunir al pueblo Mapuche, era necesario organizarse y enfrentar el avasallamiento del Estado. Estuvieron comunidades de Río Negro, Neuquén y Chubut. Luego hubo otra reunión en 1982, en Bariloche. El retorno de la democracia también ayudó. En el año 84 se dio la llamada  “gran nevada”, nos quedamos sin animales, y ahí la iglesia Católica, a través del obispo Miguel Hesayne, promovió la campaña “una oveja para mi hermano”. Se conformaron centros  mapuches en varias ciudades y surgieron nuevas comunidades. También influyó a nivel nacional la discusión y sanción de la ley N° 23.302 (sobre política indígena). En la provincia se dio la discusión y movilización por la Ley Integral N° 2287, que reconoce derechos indígenas y era de avanzada. Ya se había formado el CAI (Consejo Asesor Indígena), que reunía a parajes, cooperativas, campesinos y comunidades. El lugar donde hacíamos todo era la iglesia.

¿Influyó la conmemoración del V Centenario?

Fue muy importante. Se dio toda una movilización continental en el año 92, por el Año Internacional de los Pueblos Indígenas. Nos juntamos los mapuches de cinco provincias (Río Negro, Neuquén, Chubut, La Pampa y Buenos Aires) y de Gulupamu (Chile). Conformamos la bandera mapuche, retomamos conceptos y prácticas, nos fortalecimos.

¿En esos años nace la Coordinadora Mapuche de Río Negro?

En esa misma época comenzaba a tomar forma el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas), comenzamos a reunirnos por regiones y veíamos que éramos todos conocidos. Nos propusimos dejarnos de mezquindades, debíamos trabajar en algo común para todos. En el año 97 nos juntamos entre comunidades y el CAI a delinear una política de pueblo Mapuche en Río Negro. Ahí nace la Coordinadora del Parlamento del Pueblo Mapuche.

¿Cómo funciona?

En asamblea. Cada comunidad participa con sus autoridades, plantea cuestiones, se debate, se decide, se elige a las autoridades.

¿Cuántas comunidades hay en Río Negro?

Los gobiernos decían que había 13. Hoy existen 102 comunidades y si contamos las que aún no tienen personería o están organizándose, suman 138.

Del total, ¿cuántas comunidades participan en el Parlamento?

Unas 60 comunidades. Otras están influidas por la política del Estado. Todos sabemos que el Estado tiene influencia con distintos mecanismos de captarte, llevarte para donde quieren, y las formas de cómo decir las cosas.

¿Son comunidades “oficialistas”?

No sé si oficialistas, pero si más acordes a lo que los Estados hacen y dicen.

¿Cuál es el planteo principal?

Pasa por la defensa del territorio y el rechazo al extractivismo. No permitimos ni petroleras ni mineras. El gobierno insiste en que se explote, pero viola todos nuestros derechos.

¿Cómo definiría la situación del pueblo Mapuche en Río Negro?

El pueblo Mapuche sigue estando en pie. Y hoy sigue con esperanza de abrir nuevos canales con otros pueblos y también con no indígenas, docentes, médicos, periodistas, oenegés. Lo negativo es que los gobiernos no tienen en cuenta ni lo que decimos ni nuestros derechos. Tanto la provincia, algunos municipios como organismos del gobierno nacional, como Parques Nacionales y la Secretaría de Agricultura Familiar, que saben de la necesidad de la gente y juegan con esa situación: te bajan con subsidios y te desarman procesos organizativos.

El asunto

¿Cuál es la evaluación actual a nivel país?

Muy áspera. Este gobierno y este modelo que se dice progresista va a meter todo lo que le queda para avanzar en los territorios, ya sea con petroleras, mineras o sojeras. Y al mismo tiempo bajan recursos a los territorios para debilitar a las organizaciones indígenas. Pasa en Formosa, Misiones, Salta, Río Negro y en todas las provincias. Bajan recursos a quienes le dicen todo que sí. Si hacés una crítica, te marcan y te tildan de enemigo.

¿Qué papel juega el IInstituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI)?

Para el INAI nosotros somos un “asunto”, no somos personas con derechos.

¿En qué situación está el relevamiento territorial que obliga la ley?

Falta el 50% de las comunidades. Hay que remarcar que el relevamiento no te soluciona nada. En mi comunidad, por ejemplo, el relevamiento reconoce nuestras 12.555 hectáreas actuales, pero nosotros exigimos las 100 mil originales. Entonces,  tendremos que litigar contra el Estado.

¿Qué opina de las organizaciones indígenas que hoy están alineadas con el gobierno?

No puede haber organizaciones indígenas que no luchen por el territorio. Y, si las hay, están prendidas en algo raro. Siempre ha habido gente buena y también gente que nos ha vendido al Estado. Sabemos que hay hermanos que privilegian a una bandera política por sobre su propio pueblo. Es lamentable, pero es así. Es lamentable que algunos hermanos ataquen a un luchador como Félix Díaz y que esos mismos no denuncien a los gobiernos que privilegian a Chevron. Los que hacen eso han traicionado a su pueblo.

A ustedes los han criticado como opositores por “hacerle el juego a la derecha”.

Jamás hemos estado en contra de los gobiernos, pero tampoco somos oficialistas ni obsecuentes. No les debemos favores ni a presidentes, ni a gobernadores ni a legisladores. Tenemos políticas propias. La lucha de los pueblos originarios tiene como principio básico luchar por el territorio y cuidarlo. Sin territorio no somos.

¿En qué tema están trabajando ahora  desde el Consejo Plurinacional?

En el tema de la consulta a las comunidades. Queremos que se hagan debates en territorios, escuchar a todos los pueblos y concluir en Buenos Aires, pero es un proceso, no puede hacerse en pocos meses. El otro punto es hacer cumplir la obligación legal de que las comunidades den consentimiento libre, previo e informado.

¿Qué significa el “consentimiento”?

El Estado debe tener el consentimiento de los pueblos indígenas en toda política que aplique en nuestros territorios y nos afecte el trabajo, la salud, la educación y, claro, las tierras. Sabemos que es muy difícil: a los gobiernos les importa poco lo que pensamos los pueblos indígenas, pero creemos en la conciencia de la sociedad. Quizá lleve 20 ó 30 años, pero tenemos esperanza.

Argentina es considerada internacionalmente como un paradigma de los derechos humanos por el juzgamiento del genocidio de la última dictadura. ¿Cuál es su mirada?

Reconocemos que este gobierno ha avanzado respecto a enjuiciar a culpables del genocidio de la dictadura, pero esa dictadura la hizo un Estado. Y ese Estado primero nos masacró a nosotros, con desaparecidos, asesinatos, e hijos y nietos que nunca recuperamos. Intentó eliminarnos y nunca hubo justicia. Nos entristece la definición acotada de derechos humanos que tiene este gobierno. No pueden ser tan hipócrita de no reconocer que la primera violación de derechos humanos de Argentina fue con los pueblos originarios, desde la misma creación del Estado. Teníamos esperanza en el Bicentenario de que iba a ser un reconocimiento de ese genocidio y habría una reparación histórica. Nos reunimos con la Presidente, incluso.

¿Cuál fue la respuesta de aquella reunión?

La Presidenta nos dijo que si venían las petroleras iban a tener prioridad. Y que no nos opongamos. Ahí se terminaron los derechos humanos.

¿Por dónde pasa la reparación que reclaman?

No queremos indemnización, no queremos dinero. Queremos nuestros territorios.

¿Cúal es el balance de estos últimos años?

Para la mayoría de los hermanos estos 10 años han sido terrible. Este modelo nacional y popular se llevó la vida de muchos hermanos. Te doy sólo dos ejemplos, bien claros: Javier Chocobar, en Tucumán y Cristina Linkopan, en Neuquén. Y no hubo justicia para ellos. ¿Sabés por qué? Porque para este gobierno primero están sus gobernadores feudales y las multinacionales como Chevron. Ni el más oficialista te puede negar esa realidad.

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