A 4 años sin Agustina Fredes, reclaman justicia por su femicidio

Tenía 18 años. Fue violada y torturada por Matías José Acevedo, a quien denunció ante la justicia. Murió a causa de un embarazo producto de una violación. Pero la justicia nunca relacionó esa muerte a la violencia reiterada que sufría; Acevedo se encuentra imputado por violación agravada, pero libre del cargo de femicidio. Su madre Blanca denuncia que un familiar de Acevedo fue parte de la investigación judicial, y se organiza junto a otras familias sobrevivientes de femicidios en Mar del Plata para reclamar justicia: “Necesitamos una justicia que sea justa, transparente, sin impunidad, sin corrupción. No lo digo para mí, lo necesitamos para todas. Porque ahora estamos todas las mamás iguales, con las manos vacías: sin nuestras hijas, y sin justicia”. El próximo domingo la familia convoca a movilizarse.

“Acá hay muchos femicidios, pero como se tapa la gente no se entera”, así resume Blanca Ozán, mamá de Agustina Fredes, asesinada cuatro años atrás, la trama de impunidad que el Poder Judicial construye en la ciudad costera de Mar del Plata. Y que tiene a su hija como otra de las víctimas sin justicia.

Por eso, el próximo domingo 25 de abril Blanca convoca a marchar pidiendo justicia por su hija. El encuentro será a las 17.00 horas en Avenida Luro y Mitre. “Para que se conozca la historia de mi hija. Para que se sepa de qué manera se mueven los fiscales en Mar del Plata, cómo me han tratado, lo que han ocultado, como se referían a mi hija”, explica Blanca los motivos. “Todo te duele, pero a la vez te hace más fuerte para seguir”.

Blanca encontró y construyó esa fortaleza junto a otras familias sobrevivientes de femicidios de Mar del Plata, como la de Nancy Segura, Claudia Repetto y Lucía Pérez. Entre todas, gritan lo mismo que Blanca: “Necesitamos una justicia que sea justa, transparente, sin impunidad, sin corrupción. No lo digo para mí, lo necesitamos para todas. Porque ahora estamos todas las mamás iguales, con las manos vacías: sin nuestras hijas, y sin justicia”.

Blanca, mamá de Agustina, en Plaza de Mayo, en la primera reunión de familiares de femicidios a Plaza de Mayo. Ese día entregaron la primera carta a Alberto Fernández, y luego otras seis más.

La violencia cotidiana

Agustina Fredes tenía 18 años cuando fue violada y torturada física y psicológicamente por Matías José Acevedo. Lo denunció ante la justicia, donde no obtuvo ni ayuda ni repuestas. Dos meses después su familia tomó conocimiento de que está embarazada como consecuencia de estas violaciones.

Le realizaron una cesárea donde le extrajeron el bebé, también el vaciamiento de su útero y ovarios. El 23 de abril del 2017, su familia la llevó desvanecida al hospital Materno Infantil, pero luego fue trasladada al H.I.G.A. Allí, les informan que por la demora del traslado y la falta de oxígeno Agustina tenía muerte cerebral. El informe médico estableció que Agustina falleció por embarazo ectópico. Su madre Blanca calcula que su hija estaba embarazada de entre 10 y 12 semanas cuando murió.

En junio de 2017 la familia pidió que se realizara una autopsia al cuerpo, la cual fue negada. Es por eso que Blanca sigue reclamando “que se abran los causales de muerte, porque se cerraron sin previa investigación, sin pruebas creíbles”, dice a lavaca. “Para mí fueron los daños que ella tenía en sus órganos lo que llevaron a la muerte”.

Participes de la impunidad

Hoy en día la información sobre el causal de muerte sigue cerrada por decisión del fiscal de la causa, Juan Pablo Lódola. Blanca denuncia además que en la investigación participó un familiar de Matías Acevedo, que trabajaba con el fiscal.

“Llevó las cosas para el lado de ellos”, dice Blanca que sufrió también intimidaciones. “Me preguntó si yo sabía que el papa de Acevedo era jerárquico de la Prefectura. Lo tomé como una intimidación, que quería meterme miedo. Yo le dije que no me interesaba, que lo que tenía para perder ya me lo sacaron. Y que estaba luchando por la muerte de mi hija”.

Blanca tiene 61 años; trabajaba de empleada doméstica cuando perdió a su hija y se derrumbó su vida. Vive con su pareja desde que Agustina tenía diez años. Su pareja es portero de un edificio. Con los ingresos familiares pagaron un perito particular, pero en la causa no dejaron que hagan las pericias. “Decían que habíamos pedido las cosas a destiempo. Decían que el expediente estaba cerrado. Decían que yo tenía que tener una cosa muy puntual para poder volver a abrirlo, aunque ellos lo cerraron sin nada puntual”.

Aunque la familia de Agustina pidió el cambio del fiscal Juan Pablo Lódola nunca tuvieron respuesta.

El juicio por la violación

El primer día de la gestión del actual gobierno, el 11 de diciembre de 2019, Blanca viajó junto a Marta, mamá de Lucía Pérez, desde Mar del Plata para el primer encuentro de Familias Sobrevivientes de Femicidios. Junto con otras madres y padres que perdieron sus hijas por la violencia femicida se reunieron en Plaza de Mayo y entregaron al presidente Alberto Fernández un primer petitorio pidiendo reunirse con él. Desde entonces entregaron seis pedidos de reunión más, sin respuesta.

Ese mediodía de sol implacable Blanca agarró el micrófono y dijo: “Mi hija sufrió tortura, violaciones, fue muy lastimada. Cuando dejó al novio y decidió hablar, a los dos meses la tuve ir que internar y dos días después falleció. Estaba embarazada del violador de dos meses y medio. Tenía 18 años. La justicia dice que falleció de un embarazo ectópico. La investigación hasta julio de este año la dirigía un familiar del violador, la verdadera investigación la hice yo”.

Ocho días después de ese encuentro, cuando Blanca ya estaba de nuevo en Mar del Plata, detuvieron finalmente a Matías José Acevedo por violación agravada. Desde entonces está con preventiva en la Cárcel de Batán, a la espera del juicio.

“La muerte de ella y la vida del bebé la sacaron de la investigación. Separaron las cosas y lo único por lo que se lo enjuicia a Acevedo es por la violación agravada. No hace falta tener un título para darte cuenta que las cosas están relacionadas”, dice a lavaca Blanca.

La última vez que fue a insistir para tener fecha de juicio le dijeron que sería en septiembre. Pero advierte: “Me suelen decir cualquier cosa para frenarme”.

Esa no parece ser opción.

De su bolsillo paga también el abogado que lleva adelante la causa. “El Estado nunca me ha dado nada”, resume. “Lo que yo pretendo del Estado en este momento es que revea las causas cerradas con impunidad, que encima te ofenden al ser querido que no está como si fuera culpable de todo lo que le han hecho. Te dicen ‘dejate de joder, era una atorrantita’, pero yo sé a quién parí y a quién crie, sé quién era mi hija. No voy a callarme. Quiero que tenga la condena. El daño que Acevedo le hizo la llevó a la muerte, eso no es ´se equivocó, se la mandó’. Él tiene que pagar”.

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