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Pedagogía del virus: postales más acá de la grieta

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Crónica y voces de un día agitado en CABA, donde los chats del colegio se madrugaron con el desafío porteño al DNU nacional, con hijxs como rehenes de una pelea judicial-política. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar frente a la confusión, en medio de una pandemia? La vuelta a la virtualidad, de los chats de madres y padres a las clases por Zoom. La voz de docentes en paro, y lo que pasaba en algunas aulas; lo que dicen lxs chicxs, en casa. Las diferencias entre lo privado y lo público, o los privados de clases. Cómo no caer en la dicotomía entre abrir y cerrar, y tener criterios propios cuando la salud, la educación, el trabajo y la vida nos ponen ante el asombro y el aprendizaje constante.

Pedagogía del virus: postales más acá de la grieta

“Estimadas familias” comienza el mail enviado por el Ministerio de Educación porteño en la madrugada del lunes, a la 1.54.

Soledad lo abrió sorprendida por la hora y por la noticia. El asunto: “Continuamos con las clases presenciales” (pero todo con mayúsculas). El texto: “Queremos contarles que, dada la resolución judicial de público conocimiento, continuaremos con las clases presenciales en la Ciudad de Buenos Aires  tal como lo hicimos estos dos meses en todos los establecimientos educativos, dándole continuidad a los planes de organización establecidos por cada institución y aplicando el protocolo vigente”.

Días antes del mail un Presidente había anunciado otro pasaje a la virtualidad educativa durante 15 días en medio de las crecientes estadísticas sobre contagios y muertes, y un Jefe de Gobierno había decidido ir en sentido opuesto, promoviendo la presencia escolar.  

Pedagogía del virus: postales más acá de la grieta
Ilustración @agus.tina.olivera

Todo ocurre en un año electoral, lo cual permite sospechar que el SARS-CoV-2 no es el único virus suelto en estos extraños tiempos, ni lo único que explica estas batallas de poder, o tal vez de impotencia.

Soledad trabaja como empleada doméstica y vive con su hijo Patricio (11 años)  en Villa Alsina. Desde allí el niño debe viajar a la escuela Olegario Víctor Andrade, de Boedo. “Más allá de lo que digan yo tengo mi criterio: que no vaya a clases. Primero porque ni él ni yo somos de riesgo, pero mi mamá que vive al lado, sí”, explica Soledad. “En el WhatsApp de padres de la escuela había dos mamás que querían clases presenciales. Y 23 que no. Estaban de acuerdo con el paro o con clases virtuales. Yo creo que es porque se están viendo más contagios. Hay una mamá que tiene pensamiento de derecha, pero tampoco quería clases presenciales porque le pasa como a mí: sabe que la enfermedad no es solo un riesgo, sino un costo económico y un costo de energía que no podemos permitirnos. Ella sabe que Larreta no le va a bancar ese costo. Así que lo votará, pero no quiere contagiarse”.

Salió del grupo

Escenas de la vida laboral: “Yo trabajaba en cuatro casas, pero en dos se cortó por esto de la pandemia. O sea que me quedé con la mitad del trabajo. Me dijeron que no vaya, por ahora. Pero el ‘por ahora’ puede ser dos semanas, o meses, o nunca más. Si no salgo, no tengo ingresos. Pero si salgo, no me puedo permitir contagiarme. Y mi hijo tampoco”.  

Cree Soledad que no se entiende casi nada de lo que pasa: “Pero yo nací en Argentina, así que estoy acostumbrada a que las cosas no se entiendan”. La confusión en tiempo y espacio es uno de los signos de la locura, de la alienación. Agrega Soledad: “Ya de chica me llevaron a ver la Carpa Blanca, y no se entendía nada, o se entendía que estaba todo mal”.         

El domingo a la noche, frente al anuncio de Horacio Rodríguez Larreta de continuar con las clases presenciales, el grupo telefónico formado principalmente por madres,  ardió. “Unas decían que era una vergüenza que hubiera paro. Otras estaban de acuerdo. Una madre salió del grupo. Dos proponían hablar de los buzos de egresados. Y otra puso ‘váyanse a dormir que son las doce menos cuarto de la noche’. Después llegó el mail del gobierno”.

Soledad logró que su hijo vaya solo tres veces por semana a la escuela: “Así es menos exposición, y menos gasto de boleto. Estoy viendo de dejarlo ir solo, porque sería otro boleto menos. Yo trato de acompañarlo al estudiar, pero siempre es mejor que esté en la escuela, aprende más. Con lo de las tres veces por semana es una especie de equilibrio: que socialice, que aprenda, y que haya menos riesgo”. Antes de la pandemia la escuela era de 8 horas. Pasó a la virtualidad en 2020 y este año comenzó con turnos o burbujas de cuatro horas. “Antes les daban de comer a los chicos todos los días. Ahora les dan una bolsa de comida pero muy cada tanto. Esas cosas también cambiaron”.   

Palabras privadas

En una escuela de Almagro hay hojas A4 pegadas en las paredes con palabras que ningún niño pronunciaría: “Responsabilidad”, “Tolerancia”, “Empatía”, “Cuidado”, “Respeto”, “Acompañamiento”. Empatía figura cuatro veces. En la escuela no hay niños ni actividad aparente. Los gremios calcularon un 90% de acatamiento al paro. Una directiva, en la entrada, dice. “No podemos hablar con periodistas” y agrega “buenos días”, frase que aplicada a este lunes parece tan vacía como le ocurre tantas veces a esas palabras impresas con tinta negra y buenas intenciones en A4.    

Por la vereda, con mochilas rodantes y uniformes, pasan niños de una escuela privada cercana, que tuvo clases presenciales. Quienes viven lejos de la escuela, en esos casos, suelen ser  llevados y traídos en auto, cosa infrecuente para quienes asisten a las escuelas estatales y deben viajar en transporte público.   

Así fue la brecha en la Ciudad: privadas con clases y públicas, o privadas de clases.

Me quedé sin datos

“Es un desastre de los dos lados, tanto del Gobierno Nacional como del de la Ciudad. No puede ser que a las 11 de la noche nos enteremos si hay o no clase: no tienen en cuenta ni la organización familiar, laboral ni los sentimientos de los chicos. No están a la altura del momento político y de pandemia en el que vivimos; deberían parar con la política partidaria y electoral y gobernar para el pueblo”, dice Miguel, papá de Lola, de 11 años y de Amanda, de 6. Ambas van a la escuela pública en la Ciudad y no tuvieron clases presenciales. Lola, por el paro de los gremios docentes, y Amanda tuvo clases virtuales.

Lola discute con lo que escucha por televisión: “El año pasado ya lo vimos. Cerrar es para cuidarnos y no contagiarnos ni contagiar”. Lo dijo sabiendo que por 15 días no podrá ir a gimnasia, ni teatro ni a inglés. Cuenta Miguel que desde la escuela mandaron una comunicación el domingo diciendo que no habría clases presenciales. “Horas antes de recibirla, el nivel de incertidumbre en los grupos de WhatsApp fue algo nunca visto: padres, madres y cuidadores que no sabían cómo harían para ir a trabajar y para trasladarse a las escuelas, porque el transporte es solo para esenciales”. El rol que en otros tiempos podían cumplir abuelas y abuelos hoy está en tela de juicio por el riesgo de contagio de quienes no están vacunados o lo están solo con la primea dosis, en un sistema que sigue tomándose sus tiempos.

“Seguimos en estado de alerta y movilización. Este lunes 19 no vamos a las escuelas, paramos. La docencia defiende la no presencialidad en las escuelas”, se lee en un comunicado de Ademys, gremio de docentes de la Ciudad. En CABA, sólo el 15% de les docentes tienen alguna dosis de la vacuna y temen tal vez ser contagiados, y contagiar a su vez al alumnado y sus familias.

En uno de los grupos de WhatsApp una madre virtualizada clamaba ayuda este lunes: “No pude conectar a Santino porque me quedé sin datos en el celular, me pueden pasar lo que hicieron, por favor”. El caso se repite en miles de familias de la Ciudad que al no poder pagar los servicios que proveen Internet, se quedan afuera de la virtualidad.

Hacés algo o te callás

Cuenta Bernardina, empleada pública que vive con su hija que va al 7º grado de un colegio privado de Flores: «La síntesis es una frase del grupo de WhatsApp de mamis: ‘¿A las diez de la noche nos avisan que vamos a arrancar la semana así? Es demasiado’. Ya estamos acostumbradas a resolver lo que no hacen las instituciones. Así que ante el primer indicio de que se nos venía esto, nos pusimos a chequear la información y al mismo tiempo, a organizarnos para ambas opciones, más allá de lo que luego dijeran los anuncios. En el grupo nunca hubo ni un solo comentario con olor a grieta. Creo que a todas les pasó lo mismo que a mí: cuando iba a poner algo, pensaba: mejor acá no: es demasiado.  No es un lugar para indignarse ni descargar. Son esos momentos y espacios donde hacés algo o te callás”.

Antes de las 23 del domingo el colegio mandó una nota diciendo que el lunes iba a seguir tal cual lo anunciado el viernes (modalidad virtual) y que durante el día nos iban a avisar cómo seguía todo.

“A las 17 todavía no había ninguna comunicación, o cosas contradictorias. Entonces resolvemos las madres cómo organizarnos para poder trabajar y atender las tareas, si son virtuales, o correr para llevar y traer a los chicos del colegio. Esta semana justo habíamos comenzado a volver a una cierta normalidad de horarios. El año había empezado con una cursada de 4 horas, y en abril ya había alcanzado a 3 días de doble jornada y dos de jornada extendida. Y justo cuando habíamos alcanzado un respiro para poder trabajar sin cargar con todo el peso de la escolaridad encima, se vino esto, que es peor porque es incertidumbre que se suma al cansancio. Yo estuve todo el tiempo muy desconfiada de que las condiciones garanticen que la presencialidad no sea peligrosa, especialmente porque en los horarios de almuerzo, donde obviamente los chicos se sacan el tapaboca, no había control ni burbuja ni nada. Pregunté al colegio y no me respondieron. Sentí cierto alivio con los anuncios de cuidados, pero la verdad es que a mi hija le cambió el humor desde que volvieron las clases presenciales. Cambió la apatía por otra energía. Y eso es algo que no podés obviar.»

La educación vacante  

Muy serio baila León frente a la computadora. Tiene cuatro años y está en salita de cinco de un jardín público. Ana, su mamá, embarazada nuevamente, relata: “La primera propuesta que recibimos en febrero fue que tenía que ir una hora y media por día todos los días. Conciliar eso con el trabajo es imposible. Pero a la vez es obligatorio mandarlo si no tenés un justificativo que lo exceptúe, aunque el gobierno no te garantice las condiciones para que el mismo protocolo que confeccionó se cumpla. El riesgo de no mandarlo sin justificativo nos dijeron que es, directamente, perder la vacante”.  
Ana no quiere ser mal pensada: “Pero para mí lo que buscan es bajar el grandísimo déficit de vacantes que tienen. La falta de vacantes en la Ciudad es crónica y es mucha, aunque no se difunden datos oficiales. El otro día leí en el diario Tiempo que este año se solicitaron 117 mil para los tres niveles: inicial, primaria y secundaria, pero la recibieron 61.200. El resto, el 47,7% del total, quedó sin lugar asignado”.

Con el establecimiento abierto, el grupo de madres y padres solicitó por carta aireadores que se suponía que el gobierno de Ciudad debía mandar por protocolo. La opción, a la espera de tal milagro y sólo apta para tiempo templado: dejaban abierta la puerta de calle del jardín para que el aire pudiese correr. “Pero con el anuncio del Presidente y después el de Larreta fue una confusión total. León ya dijo que no quiere ver más a esos ‘señores’ en la televisión, sino dibujitos animados. En el grupo de WhatsApp mucha gente dijo que prefiere que sus hijos no vayan a clase hasta que todo esté más claro. Pero hubo que hacer cartas para aclarar la situación por lo que hablábamos antes: el miedo a perder la vacante”. Esta semana León sabrá si va a tener clase presencial o virtual, mientras clama por no seguir viendo a los señores.

Natacha, del barrio Agronomía, también mandó cartas a la escuela pública de sus mellizos para aclarar que no los enviará a clases porque cree que el DNU del gobierno nacional tiene el valor de una ley superior a lo que disponga la Ciudad, y no quiere dejar de cumplirla. “Mi situación es privilegiada, mi marido y yo trabajamos desde casa, tenemos Internet, computadora, y a la vez creemos que el eje del problema no es la educación ni la economía, sino la salud. Creo que las medidas restrictivas tendrían que haber llegado incluso antes, sin esperar los 30.000 contagios diarios. A mis hijos los veo bien, pero tienen períodos de mucha angustia, o en los que no pueden dormir. A mí también me pasa. Creo que es saludable estar angustiado en una situación pandémica tan difícil”. 

Pedagogía del virus: postales más acá de la grieta

Salir del binarismo

Juan Giménez dirige la escuela Creciendo Juntos de Moreno (inicial, primaria y secundaria), que no es estatal ni privada, sino de Gestión Social. “Somos el tercero en discordia” cuenta, matizando desde el Conurbano con su experiencia de una escuela autoconstruida, los vaivenes de lo que ocurre en estos días. “Este año armamos dos grupos por año intercalándose una semana cada uno para permitir la presencialidad, y los chicos venían. No faltaban. El año pasado pese a la pandemia armamos una olla popular, la escuela estuvo abierta para salir del binarismo de cerrar o abrir. Abríamos aunque no hubiera clases presenciales para que las familias tuvieran un punto de contacto. La escuela no es solo el lugar en el que se dictan clases, sino que es un elemento más de la comunidad en el territorio”.

La escuela cobra una cuota de 1.500 pesos por alumno. El año pasado los ingresos fueron del 30%. “Nos salvó que hay algunos sueldos que se pagan directamente desde el Estado y las ATP”. Inscribieron de todos modos a quienes no podían pagar, con el plan de trueque por trabajo de mantenimiento de la escuela, y fundamentalmente para que no se sigan cayendo chicos del sistema, explica Juan. “Y hasta pudimos crear un nuevo primer grado, para garantizar que puedan entrar todos los chicos que vienen del preescolar”.

Lo actual: “Todo es muy complejo. El virus no es una pavada, hemos tenido familiares de estudiantes fallecidos, y toda una situación muy tremenda. El año pasado hubo también el suicidio de un chico de 16 años. Entonces es complejo lo pedagógico, pero también lo social”.   

En Moreno la conectividad es muchas veces una ilusión óptica y se hace a veces impensable la virtualidad al estilo porteño. “Ya hay profesores que armaron grupos de WhatsApp al menos para estar en contacto con el grupo de chicas y chicos, mandarles algún material, que contesten con algún audio, pero que no se pierda la conexión. Yo veía escuelas que en la virtualidad aparecían en la pantalla con uniformes y hasta preceptores que tomaban lista. Eso es un sector minúsculo. Nosotros no podemos hacerlo”.

En 2020 varios cursos de primaria estuvieron en contacto a través de Facebook. “Con los grandes se va haciendo más difícil, porque consiguen trabajo, porque se desenganchan. El año pasado pudimos mantener un 60% de contacto razonable, pero el resto no tenía conexión, o era muy inestable, y así empezás a perder el vínculo”. 

Creciendo Juntos aceptó las restricciones frente a la pandemia. “Vemos lo que está pasando en Moreno” aunque siguen defendiendo como cuestión de fondo la educación presencial: “La educación es presencial. Lo virtual puede ser un rato, pero imagínate que aquí hay familias que no tienen celulares para cada hijo, y ni hablar de computadora. Además, esa virtualidad muchas veces se transforma en un simulacro educativo”.    

Por eso Juan tampoco acuerda cuando gremios o escuelas suspenden o postergan las clases con argumentos débiles: “No anda el inodoro, no empiezan las clases. Yo comparto que las escuelas tienen que estar impecables, pero tampoco podés dejar a los chicos en el aire. Acá hay problemas desde siempre. Con Scioli, agravados por Vidal, porque en el macrismo terminaron de destrozar a la educación. Pero hay que romper también esa cosa burocrática de dejar a la familia afuera. Lo estatal perdió la dimensión de la escuela como territorio, y se quedó con la escuela como edificio del que no se apropia la comunidad”.      

Por eso Giménez plantea, como suele ocurrir en Creciendo Juntos, que hay que generar cosas nuevas. “Las escuelas tienen que ser un espacio, un motor de organización en las comunidades. Pero si los maestros están en la idea de salvarse, de lo individual… lo individual nos comió a los docentes. Yo tengo mi salario, pero muchas familias no. Entonces, ¿qué hacemos con eso? Cuando caemos en eso se empantana todo en el temor, en el miedo, que permite que rebrote el discurso de que los docentes son vagos que no quieren trabajar. Ese discurso es injusto, porque no siempre es así. Pero es el discurso que gana la batalla comunicacional”.

Juan cree que muchas veces la escuela trata a las familias como maniquíes. “Aquí las familias forman parte activa de la comunidad educativa. Incluso hemos insistido y logrado que intervengan y cuestionen también lo pedagógico. Eso ha generado algunas crisis, nos obligó a hacer cambios, pero no hay que tenerle miedo a los conflictos sino comprende el protagonismo, la participación, la toma de decisiones. Porque ahí está la posibilidad de cambiar las cosas”.

No se sabe qué formas tomará ese proyecto de cambio durante estos meses, entre un virus cada vez más excitado y una sociedad cada vez más confundida. Por ahora, la sensación es que más y más docentes van sumándose al paro. Los días dirán, y se verá mejor el rol político y judicial de personas y espacios de poder que consideran tener entre manos el destino de millones de personas.

Frente a tales incertidumbres, Juan, con los pies en el Conurbano, recuerda algo que siempre plantea Cristina, una de las fundadoras de Creciendo Juntos: “Todo se puede, menos rendirse”.

Revista Mu

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

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MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Ley de Tierras y después: Cambio de tema

Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.

Por Claudia Acuña




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre

Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Atanor condenada por contaminación: La odisea

Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.

Por Lucas Pedulla

Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Agroecología en Misiones: El libro de la selva

Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto

Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.

Por Sergio Ciancaglini

Fotos: Juan Valeiro

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura

A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.

Por Evangelina Bucari




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El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder

¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

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Zoe Hochbaum: Comerse el mundo

Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.

Por María del Carmen Varela

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur

por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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