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Alerta Chascomús: amenazan a mujeres organizadas contra la violencia machista

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La red que acompañó a la familia de Návila Garay, asesinada a golpes en septiembre de 2019, hoy sufre distintas amenazas por parte de hombres violentos del barrio La Noria que amedrentan al tejido que busca frenar la violencia machista. La quema de un auto a una de las vecinas organizadas y las amenazas a Ruth, prima de Návila, por parte de hombres ya denunciados que no cumplen las restricciones perimetrales, son los nuevos indicios de una escalada de la que el Estado no se hace cargo. Compartimos aquí la historia de Návila y el grupo de mujeres que se organiza para pedir verdad y justicia, para exigir medidas urgentes y para que no haya una Návila, Nunca Más.

17 mazazos: Lo que devela el femicidio de Návila Garay en Chascomús

Návila murió con esa cantidad de golpes. Tenía 15 años. Su cuerpo apareció enterrado en una casaquinta cercana a la laguna. El sospechoso es empleado de la Policía Federal. La fiscal y la Bonaerense, bajo la mira de la comunidad. Cómo fue la búsqueda de la niña, y lo que se descubrió: una trama de abuso sexual infantil que implica mucho más que a un femicida.  FRANCO CIANCAGLINI

No es exagerado decir que se quemó el paraíso: es literal. Estamos pisando pastizales incendiados a la vera de la laguna de un pueblo que perdió ya su calma. La ceniza salta entre los pies y se vuela con el viento; es bastante el polvo: las diez zapatillas de Ruth, Quimey, Pamela, Alexia y Soledad van de acá para allá, y sus ojos buscan huellas y signos. Miran atentas el piso, esperando encontrar algo.

En los humedales secos emergen botellas, metales, gomas, envases, chatarra. También un corpiño que las mujeres agarran pero descartan por las medidas exageradas para una joven de 15 años: su familiar y amiga Návila.

En esta zona se encontró la última evidencia de la causa judicial abierta tras su femicidio: la mochila que llevaba el día que desapareció. Tras el hallazgo, el lugar apareció incendiado. “No está quemado: lo prendieron fuego”, corrigen estas mujeres que aprendieron a buscar porque entendieron que alguien quería tapar.  “Fue un encuentro, no una búsqueda”, definen sobre cómo lograron desactivar la desidia cómplice del Poder Judicial, y hallar un cuerpo.

Quimey -20 años, tía de Návila- ha aprendido a corregir ese tipo de incongruencias semánticas típicas de medios de incomunicación, policías y fiscales: “No murió: a Navi la mataron”.

Aún faltan aparecer el celular y las zapatillas que Návila llevaba ese día, acaso como otra evidencia de un femicidio que sigue contando con un ocultamiento evidente, o al menos con una falta de investigación sospechosa. Eso es lo que estas mujeres buscan en el paraíso incendiado (el celular, las zapatillas, la verdad), quizá porque ya aprendieron que nadie lo hará sino son ellas.

Alerta Chascomús: amenazan a mujeres organizadas contra la violencia machista
Návila Garay según la foto con la que eligieron recordarlas Quimey y Ruth.
Foto: Nacho Yuchark

Sonrisas y silencios

Návila Garay desapareció el 10 de septiembre a las 18 horas y su cuerpo apareció recién el domingo 15 a la madrugada en la morgue de Dolores, cuando su madre Débora viajó y pudo reconocerla. La autopsia marcó que fue asesinada de 17 mazazos y enterrada en una quinta muy cerca de la laguna de Chascomús. Todo el resto son hipótesis judiciales y mediáticas de las que los familiares desconfían.

El único detenido al momento es Néstor “Lito” Garay, un parquero de 56 años a quien Návila conocía desde hace tiempo. Según es vox populi en el barrio, el hombre abusaba sexualmente de mujeres menores de edad (entre ellas, Návila) y les proporcionaba dinero a cambio. Néstor Garay fue señalado desde el principio por la familia, ya que la última vez que vieron a Návila con vida ella avisó que se iba a la casa del hombre. Pese a esta evidencia, la detención de Néstor Garay recién se selló cuatro días después de la desaparición, cuando la dueña de una de una quinta en Chascomús se enteró del caso de Návila por televisión: el sospechoso era su parquero, el mismo que días antes le había pedido permiso para “enterrar  a un perrito” en el fondo de su casa.

Según el relato judicial, la mujer se presentó espontáneamente el domingo 11 en la estación de la Policía Comunal de Chascomús para conectar cabos. Pero esta es otra de las teorías que no terminan de cerrar.

La entrada de la Fiscalía nº 9 de Chascomús arroja más sospechas. Policías bonaerenses, federales y empleados judiciales se tratan como lo que son: vecinos, sino compañeros de trabajo. La propia fiscal Daniela Bertoletti pasa y saluda con una ancha sonrisa a los uniformados, antes de entrar a su despacho y de negarse a contestar preguntas para este medio. La escena parece obvia y típica de una ciudad-pueblo, pero lo que estamos viendo es quizás una imposibilidad estructural: díficilmente Bertolotti pueda avanzar en una investigación contra sus amigos y vecinos policías si una causa así lo requiriera. Esta hipótesis puede ser extensible hacia otras fiscalías y otros pueblos, donde muchas veces se verifica la misma inacción judicial ante la sospecha policial, salvo cuando las órdenes bajan de muy muy arriba.

En el caso de Návila este tipo de dudas están sostenidas en el destrato de la fiscal hacia la familia de la adolescente desde el día de sus desaparición (“se nos reía en la cara”) y en la extraña dinámica que la magistrada le imprimió a la causa tras el hallazgo del cuerpo: en 48 horas dijo tener cerrado el caso.

La confirmación de que el femicida Garay cobraba un sueldo como empleado del Círculo de Suboficiales de la Policía Federal es otra de las variantes que siembran dudas sobre el diletante accionar policial en la causa, el apuro de Bertolotti por encerrar –solo, rápido- al parquero, y algunas falsas sonrisas.

Alerta Chascomús: amenazan a mujeres organizadas contra la violencia machista
La quinta donde presuntamente fue encontrada Návila. Ningún familiar ni representante legal estuvo presente en la pericia.

La casa del horror

La quinta donde encontraron a Návila queda a menos de 100 metros de la sede recreativa del Círculo de Suboficiales de la Policía Federal donde trabajaba el femicida, un lugar con anchas parrillas. Un jueves al mediodía no se ve un alma y se escucha el suave canto de los pajaritos. Alguien podría decir que la postal es muy bella sino fuera porque esta quietud se aprovechó para esconder un crimen.

Desde la calle Mercedes al 707 se ve  hacia adentro una red de tenis caída, una pileta abandonada y también, al fondo, un galpón: según la reconstrucción de la fiscal Bertoletti, Néstor Garay perpetuó el femicidio allí y con sus herramientas de trabajo. 17 mazazos. Luego habría enterrado el cuerpo en el jardín y tapado la evidencia con ramas y hojas secas.

Días después del hallazgo del cuerpo, el único presente en la quinta del horror es un perro callejero. De pronto aparece una señora que, al detectar periodistas, sale a cerrar su portón, aunque finalmente se termina prestando a dialogar.

Vive en la misma cuadra de la quinta donde hallaron enterrada a Návila y, por eso, conoce al femicida de esta manera: “Lito, el parquero del barrio”. La señora caracteriza a Garay como “corto, pero respetuoso” y dice que trabajaba en la zona hace unos 20 años. Por eso reconoce estar doblemente azorada: “Hijo de puta, lo que hizo…”, dice por un lado. Y por otro: “No se puede creer que haya sido Lito”.

Algo no le cierra.

La señora no confirma los rumores que dicen que en su barrio hay casaquintas que se usan para fiestas demasiado privadas. Tampoco relaciona la cercanía del Círculo de Suboficiales con la trama del caso, aunque confirma que Lito trabajaba en ese camping policial.

La señora se vino a Chascomús tras la crisis del 2001, cuando echaron a su marido del trabajo, buscando una vida más apacible. “Ahora desconfío todos: esto alteró mi tranquilidad”, dice antes de cerrar el portón que se había olvidado abierto, acaso como resabio de otro tiempo mejor.

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El círculo de suboficiales de la PFA que queda a menos de 100 metros de donde la fiscal dijo haber encontrado el cuerpo. El acusado, Néstor Garay, era empleado de este camping.

Una mujer

¿Cómo era Navila?

Ruth (30 años, prima): Una loca bárbara, en el buen sentido.

Quimey (20 años, la tía): Súper independiente. Una mujer.

Tío: Tenía carácter fuerte.

Quimey: Veía a los milicos y les decía de todo…

Ruth: Si llegamos a hablar de las cosas lindas que hacíamos, terminamos todos en cana…

Quimey: La pasábamos bien. La última vez que la vi fue en mi cumpleaños: tomamos unas cervezas; yo no tomo y ella casi no tomaba tampoco, pero ese dia sí trajo 3 cervezas.

Tío: Le gustaba más estar en la calle que mirar la tele.

Ruth: Andaba de noche. Era un murciélago. Vivía con la abuela.

Quimey: Dormía también en lo del novio, en lo de la madre, o acá.

Ruth: Tenía humor negro.

Quimey: Era muy limpita. Iba a mi pieza y, si veía todo desordenado, me decía “tía, qué quilombo”, y se ponía a limpiar. Le gustaban mucho los bebés, jugaba siempre con los nenes.

Ruth: La mayoría de las veces cocinaba yo y a ella le gustaba lavar. Ella cocinaba cosas con tuco, milanesas, churrasco.

Quimey: Si me agarraba hambre a las 2 ó 3 de la mañana, me hacía un arroz con leche.

Ruth: Si no estamos nosotras, en esta casa no comen.

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La casa donde Návila vivía junto a su abuela y su tío, en el barrio La Noria de Chascomús.

Lo que pasa en el barrio

Ruth y Quimey están paradas en la esquina de la casa donde vivía Návila junto a su abuela y su tío, en el barrio La Noria. A metros, el Grupo Poético de Chascomús pintó un mural premonitorio. Dice: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

Ellas son, además de prima y tía, las dos compinches de Navi, como le dicen. Cada vez que hablan de ella sonríen de oreja a oreja y critican a los medios que desfiguraron su retrato: “Sólo pusieron las cosas malas”.

En su recuerdo y en su bronca ambas repiten constantemente una idea: “Návila tenía carácter fuerte”. Ellas también lo tienen; se nota en su forma de hablar, y también en cómo se han forjado en el dolor de la pérdida.

El carácter de estas mujeres es, como dice la teórica feminista María Galindo, una forma de entender un femicidio: como rebelión ante la violencia machista. El límite que un macho no puede superar: el “no”. Contar la historia de un femicidio es también contar la historia de esa rebeldía, dirá la Galindo uniendo cientos y miles de relatos de familiares que subrayan el “carácter fuerte” de la mujer que acaba de ser asesinada por un hombre. Ruth lo cuenta desde su historia personal, ante la pregunta de si se ve violencia machista en el barrio: “Sí, en todos lados. Es más: yo pasé por algo así. Y no me gusta por eso: el papá de mi hijo me cagaba a palos. Hoy en día nadie me levanta una mano, porque lo cago a palos yo”.

Los códigos del barrio parecen obligar a no cruzar reproches por la muerte de Návila -al menos ante ajenos- pero en cambio las mujeres fruncen el ceño para pensar lo que pasó: “Návila iba a muchos lugares, pero a este tipo yo no lo conocía”, cuenta Ruth. “Después supimos que la verdadera casa de él (por Néstor Garay) es a dos cuadras y media de acá. Tiene otra casa donde alquila que está más cerca: ahí es donde juntaba a las menores. Porque acá en el barrio no lo dejamos: si vemos a alguien que hace eso, le reventamos la casa”.

Todo está tan cerca que cuesta delimitar las fronteras barriales, como si existiesen solo en la cabeza de quienes las habitan. La casa a donde dijo dirigrse Návila por última vez es la misma a la cual, según señala Ruth, Néstor Garay llevaba menores. Hoy esa casa está custodiada por la Policía Bonaerense.

Alerta Chascomús: amenazan a mujeres organizadas contra la violencia machista
La casa donde el acusado supuestamente llevaba mujeres menores, custodiada por la Bonaerense.

Hallazgos y preguntas

Reventar casas. Eso fue literalmente lo que los familiares y amigos de Návila comenzaron a hacer cuando desapareció y ante la inacción policial. Ruth: “Hicimos lo que la policía no estaba haciendo: buscarla. Ellos necesitaban una orden, yo no. Ellos perdían tiempo y nosotros, dato que nos pasaban, lugar donde íbamos y nos metíamos, como sea”.

Los datos los llevaron a lugares impensados, pero todas recuerdan sobre todo uno de ellos, que revela la extendida y compleja trama que envuelve al femicidio de Návila en Chascomús: “En la calle Garay hay un lugar… nos dijeron que Návila podía estar ahí. Nos tiraron esa data. Entonces nos juntamos con la familia del novio y fuimos a esa casa. Cuando entramos había ropa interior tirada, de todo. Y cinco mayores con una chica de 12 años”.

Alguien dice: “Alguien nos mandó ese mensaje. La chica, o una persona que quería que la saquemos”.

Así salvaron a otra Návila.

Cae la tarde en el barrio La Noria, donde en vez de pajaritos se oye el ruido de las motos. En una de ellas llega Quimey, la joven tía de Navi. “En el momento de la desaparición no apareció nadie acá”, suelta. “Ni siquiera los medios. Nadie nunca nadie nos avisó nada: por los medios supimos que encontraron la mochila. Y el día que apareció el cuerpo nos enteramos recién a las 10 y pico de la  noche, cuando ya estaba el cuerpo en Dolores”.

Quimey resalta este dato central, que baña de sospecha a la investigación de la fiscal Bertolotti: el hallazgo de Návila –a quien los familiares y amigos buscaron de estas formas durante cinco días-, el desentierro de su cuerpo, su traslado a Dolores y la autopsia se hicieron sin la presencia de ningún familiar ni garante legal de las víctimas. Recién cuando se completó ese círculo, la fiscal avisó a la familia que Návila había “aparecido”. Ellas ya se habían enterado por los medios.

Alerta Chascomús: amenazan a mujeres organizadas contra la violencia machista
Pamela, Alexia y Soledad, tres mujeres que se pusieron al hombro la difusión del caso y el reclamo de justicia.

Aprender a buscar

Pamela y Alexia no viven en el barrio La Noria y tienen unos años e hijos más que las jóvenes amigas de Navi, que confiesan: “Si no fuera por ellas, nosotras estaríamos en la cama llorando. Nos re levantaron”.

Pamela y Alexia son las cuñadas de Návila y juntas conforman la dupla que se hizo cargo de contener a la familia y de aparecer ante las cámaras de tevé, primero para difundir la búsqueda de Návila, luego para denunciar la trama que encubre su muerte.

Pamela asegura que en Chascomús hay una máxima: “Todo el mundo sabe, pero nadie habla”. Ella no dudó desde el principio, cuando un día después del hallazgo del cuerpo dijo a lavaca: “El asesinato de Navi destapa una red de mayores que abusan de nenes y nenas en Chascomús”. A partir de la repercusión de esta declaración, el Fiscal General de Dolores abrió una causa de oficio para investigar el asunto, aunque hasta el cierre de esta edición se desconocían avances concretos. “Por ahora lo único que supuestamente se está investigando es la denuncia que nosotras hicimos de esa casa donde estaba la nena de 12 años”.

¿Cómo se animaron a romper el silencio?

Alexia: Ya no tenemos miedo.

Pamela: A nosotros no nos la contaron: la vivimos. La desidia, el maltrato, la risa de la fiscal la vivimos; nos lo hacían a nosotras en la cara. Investigaban menos que si se hubiesen robado una bicicleta. Le fuimos a decir desde el primer momento dónde había desaparecido Návila, le llevamos al remisero: le servimos todo en bandeja y no hizo nada. ¿Por qué?

¿Cómo se busca a una desaparecida?

Pamela: no sabíamos adónde ir a buscar. Decíamos: vamos a dar vuelta a la laguna y si vemos algo, que sé yo, rastrillemos nosotras.  Y cuando empezamos a movernos nos empezaron a llegar datos.

Alexia: levantábamos baldosas, buscándola. La queríamos encontrar.

Pamela: Lo nuestro no era una búsqueda: era un encuentro. Porque buscar podés buscar toda la vida; nosotros la queríamos encontrar y la encontramos. Si no nos hubiésemos movido, si no hubiésemos hecho ruido, en esa quinta crece el pasto y Návila es una desaparecida más.

¿Creen en la versión de la fiscal, que dice que Garay la mató y la enterró por que Návila lo extorsionó por dinero?

Návila: Escuchando y viendo todo lo que ha pasado, no creo nada de lo que me digan.

Pamela: A nosotras nos empezó a sonar muy raro ya cuando la fiscal nos daba vuelta la cara. Y el domingo a la noche, cuando aparece en los medios que habían encontrado el cuerpo, pensamos que lo habían encontrado ese mismo domingo. Fuimos a la quinta donde supuestamente estaba y nos dijeron que ya ahí no había nada. O sea, la habían encontrado, ya la habían trasladado, habían analizando la zona y el cuerpo estaba en Dolores.  Entonces dijmos:

¿Cuantas horas pasaron?

¿Cómo no nos avisaron?

¿Quienes estuvieron ahí, en la escena del crimen, cuando la desentierran?

¿Cuándo la enterró el hombre?

¿Dónde están las zapatillas y el celular?

Al cierre de esta edición, el Fiscal General de Dolores Diego Escoda había declarado que el caso estaba casi cerrado, que no había razones para sospechar de la participación de terceros, y la fiscal Bertolotti había dejado trascender que ya no se buscarían las zapatillas ni el celular porque eran irrelevantes para la causa. “Pensamos todo lo contrario”, señalan Pamela y Alexia. “Son cosas que eran de ella, que tienen que aparecer, que en algún lado tienen que estar. Y son las dos evidencias que pueden demostrar dónde estuvo ella”. También se esperaban resultados de las pericias sobre los objetos de la mochila, que se llevaron a analizar a Junín, y la familia había logrado reunirse con la gobernadora María Eugenia Vidal para transmitirle las sospechas sobre la investigación.

Vidal se comprometió a brindarle abogados penales a la familia y dijo que el caso lo iba a manejar el fiscal Escoda, de Dolores, directamente. “Después de una semana, no pasó más nada. Recién estamos esperando que se abra el expediente para empezar a hablar de las causas paralelas”. La estrategia de la familia es romper el “cuento” de la fiscal Bertoletti para comenzar a hurgar en los entramados que dibujan sus dudas y sus certezas.

De la Ruta a las casas

Es difícil homogeneizar un relato sobre una ciudad de 55 mil historias, pero varios de los habitantes de Chascomús describen –acaso como en todo el país- un deterioro generalizado de las condiciones de vida. Al margen de quienes viven de cargos públicos medios y altos, son dueños de comercios o viven del campo, donde queda lejos la laguna las estrategias de supervivencia cada vez son menos y más peligrosas. Y se sabe que donde no hay nada, están las mujeres sosteniendo lo más elemental de la existencia a costa de sus cuerpos, sus futuros y, en el peor de los casos, de sus propias vidas.

Alexia describe una radiografía que en los márgenes se dibuja más como la regla que como la excepción. Señala: “El Estado es el responsable de garantizar los derechos de las personas, sobre todo de chicos y chicas vulnerables. Una persona no llega a un estado de vulnerabilidad sola: es un contexto el que te lleva. En la casa de Návila y en el de un montón de chicas el Estado no aparece ni como salud, ni como educación, alimentación, vivienda ni trabajo. Por eso el Estado es el más responsable, más allá de que haya gente perversa a la que le gusta hacer daño”.

El barrio reconstruye la historia secreta de Chascomús situando a la Ruta 2 como la antigua y clásica zona de prostíbulos. Entre la catarata de anécdotas y rumores, los más aceptados recuerdan el acento de mujeres paraguayas a las que les quitaban el documento. “Entonces las chicas se tenían que quedar uno o dos años. Yo conocía a todas las paraguayas y tenía confianza: decían que una vez que pagaban, se podrían ir”. El que habla es un familiar de Návila que asegura que durante los 80 y los 90 el plan nocturno por excelencia era irse a “tomar una copa” a la Ruta 2.

Los prostíbulos cerraron promediado la entrada del 2000, no por la falta de oferta ni de demanda, sino por la mentada “decisión política”. Pero el negocio estuvo lejos de caerse: “Una vez que cerraron los de la Ruta, los prostíbulos se fueron a casas particulares”, sigue el relato. El desplazamiento de este tipo de negocios se hizo así aún más oscuro. Y se desliza que de ese modo empezaron a llegar los ofrecimientos a las jóvenes de los barrios humildes de Chascomús, mientras el deterioro ahogaba.

El deterioro

Cómo es ser mujer en esos márgenes? Soledad tiene el doble de edad de Návila y es otra de las mujeres que acompañan a la familia; también es parte de una asamblea feminista nucleada desde el 8M, y además, vecina del barrio La Noria. “Hay pocas oportunidades para las mujeres en Chascomús: los mejores puestos laborales los tienen siempre los hombres. Es un pueblo muy conservador, donde el modelo familiar es la mamá con 2, 3 pibes en la casa, y el padre saliendo a laburar. Recién ahora está cambiando con nosotras, con las de mi edad”, dice.

¿Hay trabajo?

Hay mucho laburo en negro, que no es laburo: es subempleo. Un camionero de la Municipalidad hoy está cobrando 15 mil pesos. Mi primo, recolector de basura, está ganando 10 mil. Labura todos los días, menos cuando llueve.

¿Se puede vivir con eso?

Cuando no tenés otra, vivís. Acá los alquileres son muy caros, es muy difícil vivir en Chascomús si no tenés un buen sueldo en blanco. Y si no tenés casa propia, fuiste.

¿Cuáles son los buenos empleos?

La gente que mejor vive es porque trabaja en la Autovía (peajes), en Atalaya, Villa del Sur, antes estaba Gándara – que cerró-, Conarco –que tiene reducido el personal-, Macis -que cerró-, Emepa (trenes) que cerró… y Tía Maruca, que está por cerrar también.

¿Todo eso en qué lapso?

Macri. En 4 años destruyó una industria de 40. Y Villa del Sur está ahí, pensando qué hacer, si se va o se queda.

¿Qué hace la gente que se queda sin trabajo?

Changas, cortar el pasto… El que changueaba se quedó sin laburo. Y el que tenía laburo fijo, agarra esas changas. Se va corriendo todo hacia abajo: el que era clase media es pobre, y el que era pobre ahora es súper pobre. Bah: ya sos pobre trabajando en blanco.

¿Cómo se traduce en violencia machista ese modelo?

Mucho bullying en la escuela, primero: si una chica se corta el pelo, los propios pibes le dicen que es lesbiana. A mi hija le pasó. Y después, en la mirada inquisidora del otro: todos ven cuando entran hombres a tu casa, pero nunca ven cuando te entran a robar. Esa es la misma mirada machista que dice que la culpa es de ella porque qué hacia ahí, o que pregunta dónde están los padres.

¿Qué responderías a esa pregunta?

Que, por suerte, mis padres estuvieron siempre conmigo y sin embargo me manosearon. ¿Vas a culpar a mis padres? Donde te críes te puede hacer más o menos vulnerable, pero no te hace culpable nunca.

Alerta Chascomús: amenazan a mujeres organizadas contra la violencia machista
La leyenda que el Grupo de Acción Poética de Chascomús escribió a metros de la casa de Návila, mucho antes del femicidio.

La ronda

Llega un momento en que todas las mujeres de esta historia coinciden en una ronda para tejer juntas la historia de Návila y el futuro de todas. Están sentadas a la sombra de un árbol y separan en gajos mandarinas que planta una de ellas en el fondo de su casa. Por ahí, revolotea el hijo de Ruth.

¿Dónde ponen la esperanza?

Quimey: En los chicos

Alexia: Sí. En las escuelas están a todo ritmo con esto.

Pamela: Mis hijas son re feministas.

Alexia: Cuando hablamos a los medios les  hablamos a ellos, a los niños: si ustedes están viviendo o pasando por una situación similar a la de Návila, díganlo, avisen. Si están yendo a casa de proxenetas, de abusadores a cambio de algo, salgan de ahí. Y a todos los adultos que lo están haciendo: ya los vamos a encontrar. Los estamos mirando.

Pamela: Que tengan miedo ellos, no nosotras ni los chicos.

Alexia: Este caso dio para visibilizar este sector tan pobre y la falta de sus derechos básicos por parte del Estado. Después, el mensaje fue para los niños y adolescentes. Hay que hablarles a ellos.

Soledad: Ahora estamos más conscientes. Y las mujeres nos empezamos a juntar sin conocernos y a activar.

Pamela: Cuando se haga el juicio se presentarán las pruebas y ahí veremos. Pero internamente nosotras nos vamos a organizar con algún dispositivo más allá del Estado, más allá de todo para poder amparar a estas chicas. No podemos hacernos más las sordas ni las ciegas. Vamos a actuar entre nosotras, como grupo de mujeres, para proteger a nuestros niños y niñas y no ser presas de estos depredadores. No nos quedamos en que acá hay un cuerpo y ya está: no. Esto recién empieza.

Observatorio Lucía Pérez

30 femicidios en el primer mes del año

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A Rosa, a Anabella y a Yamila 20, 29 y 39 años las asesinaron el primer día del año: en Budge, en Burzaco, y en Pergamino.

El femicidio de Rosa fue frente a sus dos hijos menores. 

Desde ese día hasta hoy registramos 30 femicidios en todo el país: uno por día, sin freno. 

30 femicidios en el primer mes del año

Conocemos el nombre de cada una de las 30 asesinadas. En muchos casos también su cara porque recuperamos la foto para ponerle cuerpo a esa vida que nos quitaron. Registramos sus edades, donde vivían, cómo pasó. Buscamos también el nombre del sospechoso, su edad, si había algún vínculo. Indagamos en los datos que debe dar el Poder Judicial: quién lleva adelante la investigación y cuál es la carátula. 

Mientras escribimos este informe se confirma, por parte de los fiscales de la causa, que Berenice González (23 años y un hijo de 4) fue drogada y violada en la ciudad de Victoria, Entre Ríos. Luego del abuso sufrió un colapso, murió en el hospital a donde había sido trasladada después de que la encontraran en la calle. Hay dos detenidos: Daniel Castañeda, 46 años, acusado del suministro de material estupefaciente en concurso con abuso sexual con acceso carnal; y una amiga de Berenice, de 25 años, acusada de facilitación del encuentro sexual a cambio de la obtención de drogas. 

La muerte de Berenice no está caratulada en la justicia aún como femicidio. Su hijito, huérfano, jamás podrá acceder a la ayuda económica que siempre tarde, entrega la ley Brisa.

30 femicidios en el primer mes del año

Hechos vs teorías

Este mes, también, la Fiscalía General de Chubut, por primera vez, restringió información sobre un femicidio alegando la tesis de la “mímesis” promocionada por Rita Segato. Se trata de un texto de una alumna brasileña, que Segato tuteló, que relaciona estos crímenes con los relatos mediáticos. 

En el contexto de degradación del ministerio de las Mujeres y el desmantelamiento de programas y líneas de atención a violencias de género, sumado a la total ausencia de programas de prevención, estas órdenes de silencio a la prensa nos resultan totalmente funcionales a la ausencia de política oficial, especialmente si se tiene en cuenta que, según los 4.623 casos que registra nuestro padrón, esta tesis no tiene ningún sustento en cifras concretas. 

Sin embargo, no hay textos académicos que se refieran a la relación entre el narcotráfico y la violencia femicida, donde sí aparece claramente una mímesis, por cierto no atribuible a los medios de comunicación, como frivoliza la teoría promovida por Segato.

30 femicidios en el primer mes del año

 

El femicidio de Berenice reproduce los pasos de los que en nuestro padrón clasificamos como Femicidios Territoriales. Por ejemplo:

En 2016 en Mar del Plata asesinaban a Lucía Pérez, 16 años: a los responsables se los encontró primero culpables de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser cometido en perjuicio de una menor de edad, pasaron años hasta que se los juzgó por femicidio. También Lucía fue presentada a sus asesinos por una amiga consumidora.

En 2017, en Tigre, Luna Ortiz, 19 años, drogada, alcoholizada y trasladada en un raid en el que intercambiaban violación por droga: su crimen no fue juzgado como femicidio. El único condenado fue encontrado responsable del delito de “suministro gratuito de estupefacientes destinado al consumo personal, en concurso real con homicidio imprudente”. Hoy está libre, viviendo a pocas cuadras de la familia de Luna, que consiguió, tras años de movilizaciones, que a través de un juicio cesura pudiese reabrirse el debate sobre su crimen. 

Esta misma mecánica con la que opera la máquina femicida es reproducida en Mar del Plata, San Martín o Victoria, territorios muy distantes y diferentes, pero donde la desigualdad social produce lo mismo: consumos problemáticos que convierten los cuerpos femeninos en mercancías y a las masculinidades de una franja etaria similar (45/55 años), tan dañadas por el sistema, en seres capaces de destrozar cuerpos adolescentes, produciendo crímenes brutales, que luego el Poder Judicial juzga con prejuicios cómplices y arbitrarios.

Esta mímesis real y concreta desnuda una realidad que duele, crece y que podemos detener si no nos ciegan con teorías construidas desde lejanías, por prejuiciosas distancias de clase y raza, y por foráneas: otra galaxia.

Desde el Observatorio Lucía Pérez proponemos hace tiempo la categoría de “femicidios territoriales” para intentar comprender la singularidad de crímenes como los de Berenice, Lucía o Luna. Femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de narcocriminalidad e impunidad territorializadas, con participación (pasiva o concreta) de agentes estatales tales como policías, gendarmes y fiscales. 

30 femicidios en el primer mes del año

También proponemos que todo análisis de la violencia femicida parta de su contexto: el territorio, porque allí están las raíces, pero también las alas. Es la comunidad quien tiene la posibilidad de cambiar esta realidad que nos mata.

Por último reiteramos una alerta: el lavado epistémico que representa la ausencia de trabajos de investigación académica que analice la relación entre narcotráfico que en su escala territorial se transforma siempre en narcomenudeo y la violencia femicida.

30 femicidios en el primer mes del año

La información de enero 2024:

30 femicidios, uno por día 

4 víctimas eran menores de edad.

14 infancias huérfanas 

31 marchas exigiendo paren de matarnos

19 tentativas de femicidios

2 desaparecidas 

1084 días sin Tehuel

Toda la  información en www.observatorioluciaperez.org

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Nota

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio

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Llegando a los últimos días del año, Mónica Ferreira pensó que iba a poder festejar el 2024 con la tranquilidad de que su hija estaba en paz. Pero el veintiocho de diciembre por la mañana recibió un llamado. Del otro lado, el abogado Diego Szpigel: “Te tengo que dar una mala noticia: los asesinos de tu hija están sueltos”. Esas fueron las palabras que generaron que la familia de Araceli Fulles volviera a derrumbarse. “Sentí lo mismo que cuando encontraron su cuerpo: como si la hubieran vuelto a matar” dice Mónica. Por eso decidió hacer lo mismo que aquel día: movilizar al barrio. Cómo sigue este reclamo de justicia.

Por Delfina Pedelacq para lavaca.org

Fotos: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Son las cuatro de la tarde del viernes cinco de enero, el sol raja el asfalto de las calles de Barrio Sarmiento en San Martín. Más de cien personas se concentraron en la intersección de las calles Cabildo y Campichuelo para visibilizar, en el barrio de Araceli Fulles, que sus asesinos están sueltos otra vez. Muchas son madres o familiares de otras víctimas de femicidio que llegaron para acompañar este reclamo. Una a una se colocan detrás de la bandera que grita el reclamo de justicia, para caminar hasta la plaza donde Araceli fue vista por última vez, en marzo de 2017. Mónica lleva en su antebrazo derecho un tatuaje con la cara de su hija. Mira al cielo, lo besa y comienzan a caminar.

Rastros

La Sala I del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires absolvió a Marcelo Ezequiel Escobedo, Hugo Martín Cabañas y Carlos Damián Cassalz, quienes habían sido condenados a perpetua el 4 de noviembre de 2021 por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de San Martín. El 29 de diciembre pasado, los jueces Daniel Carral, Victor Violini y Ricardo Maidana ordenaron su inmediata liberación, cuestionando el accionar de un perito. Tras 25 días de búsqueda, fue este perito, con su perro adiestrado en la búsqueda de personas, quien encontró el cuerpo de Araceli Fulles en la casa de Dario Badaracco y marcó en el corralón de Cassalz los lugares donde habría estado Araceli.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Mónica, mamá de Araceli. Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Los magistrados en su fallo pidieron que la Fiscalía General de San Martín investigue la actuación del perito Marcos Herrero en esta causa, ante la posible comisión de un delito de acción pública y solicitaron al presidente de la Suprema Corte de Justicia bonaerense y a la Procuración General que “se evalúe la posibilidad de establecer protocolos de actuación en materia de rastros odoríficos, así como en la acreditación de las certificaciones y habilitaciones de los binomios guía-can idóneos para esa tarea, en función de lo corroborado en esta causa y otros antecedentes”.

Después de conocer el fallo, el abogado de la familia Fulles, Diego Szpigiel presentará un recurso ante la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Buenos Aires: “No nos vamos a quedar con esta resolución porque la entendemos absolutamente arbitraria”.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Araceli Fulles: El sabor de la justicia

Cinco cuadras caminó la multitud hasta llegar a la Plaza “Soberanía Nacional”, donde también se encuentra un monolito en homenaje a Araceli. Es una imagen grande de su cara, abajo tiene una inscripción que dice: “Vamos negrita: bailá hasta el fin”. Monica abre despacio la reja que lo protege, levanta un cuadro y mantiene durante algunos minutos su mirada fija en él. Es una foto escolar de tercer año de Araceli: “3ro D, Señorita Maria Luisa”.

“Se me va a ir la vida, pero quiero que mi hija descanse en paz. Voy a seguir luchando y quiero que me acompañen siempre” dijo Monica ante toda la gente que participó de la movilización. “Ahora no se trata tampoco de llorar, se trata de recuperar fuerza para luchar por ella y por todas las mujeres, porque lamentablemente estos jueces corruptos han largado a estos asesinos, van a estar sueltos y le puede pasar a cualquier mujer. Tanto Carral, Violini y Maidana son más asesinos que los que mataron a mi hija, porque la volvieron a matar. Son los mismos que también soltaron a los femicidas de Anahí Benítez y Luna Ortiz”.

Alrededor del monolito se forma una ronda. Le acercan a Mónica un megáfono. La mayoría de las personas que están en la plaza se arriman a escuchar. “Nosotros queremos vivir libres. A ellos les dieron perpetua y no la cumplen: están en la calle. Mi hija está en el cementerio y no la saco nunca más. Somos nosotros los que tenemos que vivir con este dolor hasta el día de nuestra muerte”, dice Mónica, sin contener el llanto. Ricardo Fulles la aprieta en sus brazos y le seca las lágrimas.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Con la voz quebrada y agarrada fuerte de su mano, Marisa (mamá de Luna Ortiz) toma la palabra: “Luchar sirve, no nos vamos a quedar en nuestras casas llorando porque siempre se nos hizo difícil con esta justicia. Esta es la justicia que nos dan con sabor a nada, que los encierran un par de años como para decir acá ya está y después los vuelven a liberar. En estas causas hay mucha mugre y queremos que los asesinos estén donde tienen que estar, en la cárcel. Y basta de jueces y fiscales corruptos”.

Familiares de víctimas de violencias como Candela Sol Rodríguez, Natalia Sabán, Zaira Rodríguez, Luna Ortiz, Andrea Jara, Damián Castillo, Nicolás Duarte, Laura Iglesias, Lucia Costa entre otros, acompañan a la familia de Araceli durante esta primera jornada de lucha del año. La familia de Lucía Pérez y la campaña “Somos Lucía” se sumaron al reclamo y llevaron adelante una acción en Mar del Plata. También está presente el Padre Adolfo Benassi y la monja Martha Pelloni. “Esta es nuestra nueva familia”, dirá Mónica después de mencionarlos a todos y todas, “porque pasamos lo mismo, sabemos el dolor que cada uno siente porque también lo sentimos.”

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Cómo sigue

La movilización llegó a la plaza Soberanía Nacional y después de un pequeño acto, volvió hasta el lugar de salida. Con el objetivo de que el barrio se entere y conozca el nombre de los jueces que permitieron que los asesinos de Araceli estén nuevamente libres.

“El día que me digan: Señora, usted consiguió la perpetua para todos, no solamente por Araceli sino por todas las demás, ese día voy a poder descansar e irme con mi hija, porque lo que más anhelo es eso. Algún día voy a reencontrarme con vos, mamita”, dirá Mónica.

“¿El poder siempre gana? No, vamos a luchar hasta el final, hasta las últimas consecuencias”, finaliza Mónica y agradece a todos por el acompañamiento. Estas movilizaciones por el distrito se realizarán durante todo enero y cuando termine la feria judicial, el objetivo es llegar a La Plata, frente a la Cámara de Casación, para visibilizar también quienes fueron los responsables de que hoy los asesinos de Araceli estén libres.

En la esquina de Campichuelo y 25 de mayo hay un mural donde se la puede ver sonriente, como si saliera de la pared. Coronando su imagen hay una frase que Araceli había posteado en su Facebook, tiempo antes de su femicidio. “La vida es como un restaurante: nadie se va sin pagar”.

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Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez

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Qué revela la cantidad de crímenes registrados por el único padrón autogestivo y público del país en este 2023. Otro informe anual que esta vez se sitúa en Mar del Plata para analizar desde un territorio concreto cómo funciona la máquina femicida. Cómo se mata, cómo se muere, cómo se tejen las violencias, las relaciones con el medioambiente, los derechos humanos y el extractivismo. Una tesis sobre la importancia de pensar la complejidad desde el territorio, en un número especial.

Texto: Claudia Acuña

Fotos: Sebastián Smok

Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez
Movilización contra los femicidios en la ciudad, que ocupó unas diez cuadras, a propósito del Día Internacional de la Lucha contra la Violencia hacia la Mujer. Ante la falta de justicia, las mujeres revelan las caras de los femicidas. Fotos: Sebastián Smok.

Al comenzar a escribir esta nota nuestro padrón público de femicidios y travesticidios registra 4.550 crímenes. Cada uno es nombres, edades, fechas, localidades, imputaciones, modalidades y resoluciones judiciales. Actualizar diariamente este padrón nos interpela todos los días, no porque nos cuestione el para qué si no porque nos impone el porqué y, más impotentemente, el hasta cuándo.

En este largo trayecto mucha de la información que allí se recopila no representa para nuestro Observatorio “casos”. Son familias, infancias huérfanas, barrios, vecinas, asambleas y herramientas creadas y sostenidas durante años en el camino de la búsqueda no solo de justicia, sino de algo más trascendente para cada tejido social involucrado: Nunca Más.

Es esta tensión entre la acumulación de datos y de relaciones la que nos desafía a reflexionar críticamente sobre lo que esta sistematización puede aportar a esas batallas contra la violencia. Y, al mismo tiempo, la que nos obliga -al construirla- a ponderar la relevancia de los marcos teóricos que se han aportado recientemente, con una hipótesis incómoda: qué relación hay entre los relatos académicos “de género” –que consagran quienes saben de este “tema”-, la realidad y la incapacidad para politizar acciones concretas que permitan prevenir este dolor social que parece no tener otro destino que el de la reiteración sistemática.

La primera dificultad a enfrentar es la trama de estas violencias. Su complejidad, su multidiversidad, su raíz histórica, su actualidad y sus diversas variantes tienden a que la lectura parcial, sesgada y disciplinaria responda supuestas preguntas que ya tienen respuestas concebidas de antemano, certezas que se aplican sobre partes o sobre el todo, para concluir en mandamientos teóricos que refuerzan prejuicios morales: la violencia patriarcal está mal. Pero está y goza de un impulso continuo que no podemos detener. Funciona, y muy bien.

¿Entonces?

¿Qué está mal?

La época, el sistema, las representaciones políticas y el funcionamiento de las instituciones–el Estado, el Poder Judicial, los medios, etc., en las cuales hemos depositado enteramente la supuesta solución de estos crímenes- mitigan con su funcionamiento atroz, cómplice y corrupto todas las responsabilidades que podamos tener quienes intentamos analizar estas violencias. Pero las tenemos. 

Nombrar en una nota o un artículo académico un femicidio o 4.569 nos compromete a honrar la vida, su condición sagrada. Con ese compromiso compartimos lo que por ahora tenemos: preguntas y formas de hacer. Las buscamos en trabajos académicos y en barrios, en personas que sufren y en aquellas que las escuchan. Son incógnitas a revelar comunitariamente y prácticas que hicieron y luego, pusieron en palabras lo hecho como forma de criar lo que nos falta y nutrir lo que necesitamos.  

De eso se trata este informe.

Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez
Mar del Plata fuera de temporada: ¿qué ves?

Primera pregunta

“¿Cómo salir de este continuum de violencia? ¿Cómo reconocerla para erradicarla, cómo revivir experiencias que hemos enterrado adentro de nosotras, para sobrevivir?”. La que nos y se interroga es Giulia Marchese, geógrafa italiana, investigadora de las violencias que sufren mujeres y pueblos indígenas en México, integrante de GeoBrujas y del Instituto de Geografía Humana de la Universidad de Frankfurt. La pregunta es parte del artículo “Del cuerpo en el territorio al cuerpo-territorio: elementos para una genealogía feminista latinoamericana de la crítica a la violencia”, donde expone exactamente eso: preguntas y elementos. El principal es el que nos interesa: qué entendemos por territorio y por qué puede ser esa la clave para analizar estas violencias.

Marchese lo define primero según los preceptos sistémicos dominantes:

“La palabra ‘territorio’ viene del latín ‘territorium’, término que de un lado está etimológicamente vinculada a ‘territor’, que significa ‘quién posee la tierra’ y del otro está vinculada a ‘terrorem’, terror. En las Ciencias Sociales, el territorio ha sido ubicado como la parte del espacio que pertenece a un Estado: literalmente en donde se extiende el terror, el poder, la autoridad. El territorio entonces es el ámbito definido por el ejercicio del poder, o sea la producción del miedo: una noción que no tiene nada de natural, sino es totalmente política” (Farinelli, 2008: 29).

Dentro de esta organización del territorio distingue las “zonas de ser” y las “zonas de no ser” diferenciadas por la maquinaria de producir despojo y acumulación. “El principal instrumento de la acumulación por desposesión es la violencia, y sus agentes son, indistintamente, poderes estatales, paraestatales y privados, que en muchos casos trabajan juntos pues comparten los mismos objetivos”. Esa organización que consagra ciudadanías privilegiadas y despojadas está sexualizada y racializada. Sigue Marchese: “En esta geopolítica de la producción, las zonas de operación y penetración a nivel extractivo están interconectadas por una infraestructura de corredores multimodales” y señala estas zonas como una posible “geopolítica de la violencia sexual”. Son las fronteras o “territorios fronterizados”, escenarios de la imprescindible movilidad que requiere el despojo extraccionista y el narcotráfico, dualidades que cada vez más se nos presentan como dos caras del mismo sistema. Así Marchese nos invita a pensar como fronteras no sólo aquellas marcadas en línea de puntos en los mapas, sino por el sistema productivo, por ejemplo los puertos y los suburbios.

Rosario (informe 2022) y Mar del Plata (el de este año) nos convocó desde esta perspectiva.

Segunda pregunta

“¿Qué tipo de subjetividad se construye dentro del capitalismo para que existan personas que son exterminables como condición para la reproducción del sistema?”, cuestiona Marchese. La construcción de subjetividad es una tarea multidisciplinaria y universal: condiciona todo, no limitándose a las personas sino a las representaciones que las sociedades construyen, las formas de ser, de hacer, de proyectar, de estar juntas, los sueños y las  pesadillas. Y aunque el sistema haya desterrado de nuestro imaginario la concepción que nuestros ancestros tienen del territorio, ahí está, en la realidad, manifestándose en sus formas de sacrificio. “El territorio es lo que permite existir, vivir”, nos recuerda Marchese. Y quizás por eso mismo ahí habitan los femicidios.

Resignarse a que hoy la concepción del territorio esté unida a su defensa es una derrota del imaginario colectivo. “El territorio se queda atrapado en la lógica reactiva, como concepto relacional que nace frente al reclamo, a la defensa, a la acción frente al despojo”, advierte Marchese.

Tercera pregunta

“¿Es posible trazar estrategias de autodefensa de la violencia reapropiándonos de un concepto de territorialidad positivo? ¿Qué papel juegan los conceptos de cuerpo y territorio en este esfuerzo?”, interroga Marchese. Enuncia entonces una posibilidad en juego: “El territorio es lo que permite existir, vivir. Es una construcción y un concepto histórico. Es memoria del espacio ocupado físicamente, fuente del poder público, y es necesario volverlo, regresarlo, re-entenderlo como sustento material de la vida. Tanto el cuerpo como la tierra son elementos que generan las condiciones para la reproducción de experiencias vitales, y para reapropiarnos de nuestros territorios es un esfuerzo fundamental para contraponer y erradicar la violencia. Cada cuerpo tiene una historia y una geografía distinta, pero es necesario un proceso colectivo para reconocer el territorio y reapropiarlo para su rehabitabilidad”.

Cuarta pregunta

¿Cómo hacerlo?

Es la filósofa dominicana Yuderkys Espinosa Miñoso quien nos invita a encontrar respuestas  volviendo “la mirada hacia allí donde hemos dejado de mirar para encontrar lo que tan diligentemente hemos estado dispuestas a desechar en nuestra complicidad con el relato moderno, dar valor y recuperar los saberes producidos por las mujeres que han sido vistas como que no saben o que no tienen razón”.

Pensar estos posibles ante el precipicio que nos abre hoy la realidad argentina es utópico, pero por eso mismo es la responsabilidad que tenemos para crear otras condiciones de realidad que nos permitan orientarnos en las tinieblas.

Pensar estos 4.550 femicidios como el listado de rebeldías que se producen todos los días en las trincheras de la cotidianeidad, en la trama íntima de aquello que por resumir vamos a denominar patriarcado, pero que es sistema de producción y es política y es, fundamentalmente, la batalla que nos obligan a dar estos tiempos, seamos o no conscientes de que se está librando en nuestros cuerpos.

Pensar que con nuestros pies en las dolientes fronteras crecen las raíces del saber y las alas de nuestros deseos. Y abrazarnos en ellos.

Al terminar de escribir esta nota nuestro padrón público de femicidios y travesticidios registra 4.569 crímenes.

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