Nota
Color esperanza: apuntes sobre nuevo feminismo
De dónde viene y a dónde va la marea feminista que copa asambleas, calles y paradigmas. Cómo se teje el nuevo paro, la presión por la ley de aborto y qué dice la nueva generación que propone, sin vueltas, mover el culo. Esta nota fue publicada en la edición 121 de MU. ▶ CLAUDIA ACUÑA, ANABELLA ARRASCAETA Y LUCÍA AÍTA
No hay una sola manera de contar esta historia, que es la historia de un triunfo en medio de la tempestad. Tampoco hay una sola manera de definir qué ganamos, ya que allá arriba, en el podio, no hay nada para festejar. Es acá abajo y en los bordes donde se nota claramente que está sacudiéndose el mundo, el nuestro, el que sufrimos todos los días las mujeres. Y cada voz y mirada que exprese lo que representa ese temblor es insuficiente, parcial, sesgada. El cambio, precisamente, es ése: el ontológico. Ya no hay un universal que nos incluya a todos, a todas, a todes. Y entonces las palabras se vuelven insuficientes y se deforman para insinuar, al menos así, alterando los artículos, cruzando con X los sustantivos e inventando verbos, qué representa esto que estamos protagonizando.
Es una mutación.
Lo que estamos modificando es la forma de ser y de estar unas con unas, con unos, y con otres.
Tampoco el término revolución expresa lo que esta mutación representa, gastada como está esa palabra en experiencias que cosecharon lo contrario a lo que prometieron sembrar.
Llamémosle entonces feminismo, porque seguro que así se entiende qué es lo que ya nació y qué es lo que está agonizando.
Estamos hablando, entonces, de una historia larga, silenciada, negada y deformada, que tuvo que construir sus propios canales de comunicación, sus propias formas de nombrarse y sus propias herramientas de pensamiento, práctica y lenguaje. Sólo así se comprende, quizá, por qué cuando decimos feminismo hablamos de autogestión.

Foto: Martina Perosa.
La serie
Si esa larga historia fuera una serie, estamos viendo la temporada 41, ponele.
La primera tuvo como protagonista a unas amas de casa desesperadas que se pusieron un pañal en la cabeza e inventaron una técnica maravillosa para enfrentar la violencia de Estado: luchar con los pies.
En las siguientes temporadas fueron personajes centrales unas heroínas con superpoderes capaces de transformar a una víctima en sobreviviente, para ponerse de pie y acusar a sus torturadores.
Y así, cada temporada presentó otra forma de vernos y hacer ver a las mujeres en el espacio público y político, en el ágora cotidiana que todo lo transforma porque nos transforma.
Mientras tanto, arriba se contaba otra historia.
En la temporada 33 sucedió algo que desde entonces se transformó en ceremonia: esas mujeres decidieron juntarse una vez al año para intercambiar saberes y experiencias. Desde entonces, fuera cual fuera la historia que cada edición contara, siempre concluía con la imagen de ese encuentro, que cada vez era más multitudinario, más festivo y más potente.
Estamos ahora en el capítulo en el que esa historia bulle como el agua hirviendo.
Contarla quema.
¿Cuál sería la escena de apertura?
PUNTO G
El galpón de la Mutual Sentimiento tiene una enorme letra G, que es casualmente la letra que denomina el punto erógeno femenino más íntimo y más ignorado.
Imaginemos que esta temporada la serie empieza así, con un primer plano de esa letra, mientras la cámara va a abriendo su mirada hasta que toda la pantalla queda inundada por esa multitud de mujeres, autoconvocadas para producir juntas el Paro Internacional del 8M.
¿Cuál sería el sonido de esta imagen?
Un coro.
Pero no cualquier coro.
Uno de esos coros en el que cada voz canta su letra, a su ritmo.
Cada voz es, a su vez, muchas voces, pero es una.
Y a su vez cada una de esas muchas, son muchas más.
Así escrito suena a ruido, pero cuando se lo escucha en vivo ese coro suena como una delicada melodía que fluye. Y en ese fluir está la armonía.
Funciona.
Sabemos cómo y sabemos por qué.
Ahora mismo lo está explicando una travesti, después lo estará aullando una trabajadora despedida, seguirá con dos chicas de 15 años compañeras de colegio de Anahí, mientras claman justicia por su femicidio; lo harán también las abolicionistas y las bravas putas feministas que exigen ser consideradas trabajadoras, seguidas por las que alegremente reciben subsidios para luchar contra la trata y las que odian recibir un plan para poder comer.
Sí: los adjetivos delatan que la mirada desde aquí abajo tiene puntos de vista propios. Y que puede haber otros porque así es y así será siempre la diversidad.
Vamos a un corte.

Foto: Martina Perosa.
La ola verde
Ahora estamos frente al Congreso Nacional. En 5 minutos se agotaron los mil pañuelos verdes que trajeron en las mochilas las integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, un espacio autorganizado que ya lleva 15 temporadas en las calles de todo el país. Hay Pañuelazo y hay muchas chicas muy jóvenes luciendo su triángulo color esperanza en el cuello, la cabeza, el brazo, la panza y hasta una, en cada pie. No hay banderas de partidos políticos, ni organizaciones sociales ni culturales ni de sindicatos ni de nada, pero allí hay mujeres militantes, piqueteras, gremialistas, artistas, desempleadas, estudiantes y amas de casa, de todas partes y de todos lados. En el micrófono está una heroína de la generación verde, apodada Srta. Bimbo, sentada al lado de la abogada Nina Brugo, la más veterana de la Campaña. La imagen en una síntesis de lo que este capítulo muestra: todas allí saben que son hijas de una historia larga. Por eso mismo está también encabezando el plano de los pañuelos verdes en alto, con la cúpula del Parlamento detrás, la diputada Victoria Donda, nacida en la ESMA y firmante primera de un proyecto que el 6 de marzo se presentará por séptima vez en el Congreso. Otra síntesis, otra confirmación de que todas allí saben lo que hay que saber: lo imposible cada vez tarda menos.
Apenas un día después, los medios anuncian que esta vez el Congreso dejará de mirar hacia otro lado: “El Gobierno da luz verde para el debate del aborto”, titula el diario contrainformativo Clarín.
La independencia de poderes, te la debo.
Tanda publicitaria.
La fuga
Ahora estamos paradas en medio de la avenida Callao, cortando el tránsito para una producción de fotos que acompañará esta nota.
Aunque estamos apenas a una cuadra del Congreso y aunque las chicas llevan pañuelos verdes, nos fuimos lejos, muy lejos.
Nos fuimos al carajo, ponele.
El Carajo es aquel territorio a donde se refugió el feminismo en las últimas diez temporadas.
Representa esa fuga hacia los bordes, disparada cuando el centro fue copado por una nueva casta: burocracia de género. Su tarea fue domesticar el lenguaje y darle órdenes al desorden que el feminismo provocaba en la gramática del poder.
Así, durante décadas centrales para la democracia y para disputar la agenda política, los derechos de las mujeres se debatieron con guantes y con bozal: la violencia machista se transformó en “violencia de género”, la explotación sexual en “trata”, las putas en “abolicionistas” vs. “trabajadoras sexuales” y la desigualdad económica en “techo de cristal”.
Poco a poco, la conversación con el poder político, cultural, mediático y social fue concentrada por esas voces “expertas” que tenían la potestad de saber cómo decir arriba aquello que todas nombrábamos de otras formas abajo.
Ni una menos.
Ese fue el murmullo que se convirtió en grito y convocó a los márgenes al centro, en una movilización que fue histórica por sus dimensiones y por sus efectos.
El 3 de junio fue el Día del Carajo, ponele.
El momento exacto en el que se inundó todo, con todas.
Ahora, esa marea está buscando desbordar los diques que contienen, nada menos, las turbias aguas institucionales.
De eso se trata esta temporada: de poderle al poder.
¿Podremos?
La respuesta no está en la tele ni en las redes sociales ni mucho menos en las roscas políticas que juegan el destino de las vidas de las mujeres contando como porotos los votos de una ley. La respuesta se intuye en el cuerpo, como cuando se pone la oreja en el suelo para escuchar la vibración que anuncia la inminente estampida del malón.
A mover el culo
¿Escuchan?
El malón viste medias red, purpurina en los cachetes y shorts enanos.

Foto: Lina Etchesuri.
La Pochi -30 años, cocinera- explica: “Esto se llama montarse. Montarse es una palabra que viene de la cultura trans. Nosotras nos montamos cuando nos ponemos pestañas potizas, extensiones de pelo, medias red, brillos. Es una forma de relacionarte con lo que te gusta y lo que no te gusta de tu cuerpo. Para mí, es una forma de relacionarme con mi culo. Ahora lo quiero, pero toda mi vida fue un problema. Imaginate: con este tremendo culo tuve que ir a un colegio secundario en el que el uniforme era jean y remera. ¿Y me querés decir cómo metés semejante culo en un jean? Después llegó la ley de talles y también me fortalecí , me empecé a gustar más, a decirme: ´bueno, no soy rubia, no soy chiquita, pero igual me quiero´. Hoy le pongo purpurina a mi culo, lo muevo, lo sacudo y lo convierto en mi herramienta de expresión, sin atarlo a ninguna de las reglas del mercado. Mi culo es ahora un signo de revolución”.
Estamos escuchando, entonces, a un grupo de mujeres que tienen algo en común: todas son alumnas de la escuela Flow Altas Wachas. Es decir, bailan. Tienen otra cosa en común: todas se definen a sí mismas como feministas. La combinación de ambas cosas es una fórmula que altera las reglas de la gramática hasta colocar las palabras en su justo lugar: el feminismo es el lenguaje de los cuerpos libres. Es ahí donde se expresa su potencia política en una sociedad que somete a los cuerpos femeninos a formas predeterminadas de estar y de ser.
El feminismo es mover el culo.
Moverlo en el sentido de bailar, pero también en sentido de salir del confort de lo ya conocido, de lo permitido y de lo esperado, según sean los destinos sociales previstos de acuerdo a tu clase social, talla de corpiño, número de zapatito y color de pelo. El de Noelia -30 años, de Ituzaingó- es verde y eso sólo ya expresa que estamos ante un malón que ha decidido desteñir a rubias y morochas para liberarlas del patriarcado peluquero.
Dirá Noelia: “Soy la más chica de tres hermanas, pero igual el patriarcado era muy fuerte en la familia. Tuve una infancia violenta y una anulación del autoestima, de mi cuerpo: “Vos no, por gorda; vos no, por mujer”. Crecer toda con eso me llevó a rebelarme, a intentar fugarme de ahí y de todos lados. Pasé por drogas, intento de suicidio, por la búsqueda de la aceptación imposible del otro. Por suerte, con mis hermanas siempre tuvimos mucha fuerza y nos la ingeniamos para ir saliendo de ahí. Las tres lo logramos por el lado del arte. En mi caso, canto y bailo en la murga feminista Baila La Chola, que es una murga estilo uruguayo integrada por 20 mujeres. La murga es toda una organización, con comisiones con tareas específicas -prensa, vestuario- y también asambleas. Todo lo hacemos desde la autogestión. Entrar ahí me cambió mucho la película: construir entre mujeres, encontrarse, abrazarse, dejar de tener un contexto tan áspero y tan agresivo. Porque todo es agresivo: la calle, salir, entrar, te miran, te critican. Construir entre mujeres es como salir del banquillo de la acusada para pasar a estar al lado de todas en un proyecto. Eso para mí fue muy importante, me ayudó mucho a construir mi autoestima, a entender que muchas de las cosas que me pasan no me pasan solo a mí , que no soy un bicho raro que está en el fondo del pozo por algo, sino que estamos todas en la misma y a todas nos pasan casi las mismas cosas. Después, comenzar a bailar me ayudó mucho desde lo corporal. El tema de mi cuerpo siempre fue un problema. Yo no podía nada por gorda y esa me la re creÍ. Todavía hoy tengo mucho para deconstruir, pero vamos bien, voy en una buena. Todo este proceso que estoy llevando me ayudó a aceptar mi cuerpo. Antes, por ejemplo, no usaba shorts, no usaba pollera, siempre de la rodilla para abajo; me hice un tatuaje en la pierna para ver si así me animaba a mostrar más esa parte de mi cuerpo. Así y todo, estaba incómoda siempre. Hoy en día, si hay algo que no me gusta lo intento modificar, pero no desde el lado que siempre se intenta modificar a las mujeres: una cirujía, la prohibición, sentir que querés todo pero no podés nada. Lo hago desde el cariño, desde el entendimiento y desde el conocimiento de mi cuerpo, de una forma no agresiva. En eso me ayudó el feminismo. El feminismo ya lo traemos con nosotras, te entra inevitablemente, no es algo a lo que es díficil acceder y al mismo tiempo, como me marcó tanto el machismo en mi infancia, realmente encuentro mi lucha ahí. Nunca había encontrado algo que me represente de esa forma. Sé que esto es así. Tengo dos sobrinas y dos sobrinos y quiero que ellos vivan otra historia y que generen otra historia, otro pensamiento. Por suerte, eso está sucediendo. Quiero que de una vez por todas dejemos de estar oprimidas. Esto no lo empezamos nosotras, hace años se lucha por esto. Es un abrir los ojos, desnaturalizar toda tu vida, es un preguntarte y repreguntarte. En un momento odiás a todo y a todos porque todo está mal. Yo estoy en una etapa medio intolerante. El tema está en entender que las cosas no son como nos la contaron: yo puedo hacer muchas cosas más de las que me puedo imaginar”.
¿Escuchan?
La que habla ahora es Vico -25 años, acomodadora de un teatro de calle Corrientes-: “Encontrarme con el feminismo fue también encontrarme con mis propios deseos y, al mismo tiempo, encontrarme con las demás. Te empezás a limpiar de ciertas, actitudes, palabras, ideas. Te empezás a dar cuenta que nadie ni nada te tiene que limitar. Y que te tenés que aceptar como sos porque ninguna mujer encaja en el estereotipo que impone del sistema, del capitalismo y del patriarcado. ¿Qué cosas podés alcanzar sobre la base de sentir que tu cuerpo siempre está en falta? El cuerpo es el que te habilita a vivir la vida y si el sistema te dice que ese cuerpo está mal, pero lo que está mal es el sistema. Y hay que cambiarlo. Yo vengo de una familia con un montón de mujeres y, en cierto punto, siento que si yo puedo mos – trar otras formas de ser, estoy habilitándo – les a ellas otras posibilidades. Es como de – cirles: ´si yo puedo, vos también´. El deseo de ser libre no es sólo mío: es de todas. Y por eso en cada paso que damos, estamos am – pliando la capacidad de movimiento de to – das. Las mujeres hicimos y hacemos mu – chas cosas, tenemos conocimientos muy importantes para transmitir, para inter – cambiar y para aprender unas de las otras, siempre compartiendo, nunca compitien – do. Así, avanzamos. La competencia entre mujeres es absurda, nos lleva a todas a un lugar muy triste y muy negativo, que no su – ma ni ayuda a conectar nuestras potencias. El feminismo también es lo que te hace en – tender que no es lindo humillar a la otra y hacerla sentir mal”.
¿Escuchan?
La que toma la palabra es Julia -21 años, estudiante de gastronomía y de Letras en la UNA- que se presenta así: “Toda mi vida la viví con muchísima exigencia, un poco por presión de mis padres, pero también por la forma en que crecí y me desarrollé: siempre quise ser la mejor en todo. Me esforcé hasta el límite y traté de que las cosas que me blo – queaban no me impidiesen hacer lo que yo quisiera hacer. Pero el verdadero límite fue mi cuerpo y eso me llevó a una lucha muy ardua, a todo un proceso de aceptación para el que necesité muchísimo tiempo, porque aceptar el cuerpo es lo más dificil que hay cuando el mundo nos impone cánones de belleza tan estrictos y tan limitados. Es cuestión de entender que si yo no puedo aceptar mi cuerpo, no voy a poder aceptar nada más; todo me va a parecer poco y todo me va a parecer una mierda. Tengo que aceptarme como soy, no solo la parte física sino también como soy como persona. Si me puedo aceptar como persona, de esa mane – ra, es muy probable que luego empiece a aceptar lo que viene con eso: el aprendizaje, la vida en general. Bailar es amigarse con el cuerpo, es una linda forma de empezar a aceptar quiénes somos : si nosotras pudi – mos, es porque hubo otras que nos habilita – ron. Y nos habilitaron desde el feminismo, que es autoestima social, porque justamen – te no tiene carácter individual, no sirve para nada si es individual. Las cosas por las que ahora militamos tal vez no nos sucedieron, pero hay conciencia de que a todas nos pue – den suceder por ser mujeres. Se trata de cui – dar a las que vienen, de habilitar el futuro como otras lo hicieron por nosotras. Que – darte en tu casa mirando la tele mientras las cosas suceden, te sucedan a vos o no, no le sirve a nadie. Eso es hipocresía, egocentris – mo y baja autoestima. Y sí, creo que se puede ser egocéntrico con una autoestima muy baja. Lo egocéntrico es el negocio, el autoes – tima es la autogestión”.
¿Escuchan?
La que habla es Lucía -24 años, estudian – te de arte- que se presenta así: “Para mí esta danza está directamente relacionada con la construcción de la autoestima, con aceptar mi cuerpo, quererlo, y de encontrarme en un espacio solidario. Hice danza a lo largo de mi vida y los espacios me resultaron siempre muy hostiles y crueles, frustrantes, basados en la competencia y el odio hacia tu cuerpo, como muchos de los ámbitos a los que las mujeres nos acostumbramos. Encontrarme en este lugar no es casual. Todas podemos mover el culo, independientemente de la forma que tenga tu cuerpo. Es una cuestión de actitud y para tener actitud, la autoestima es fundamental. La mujer siempre fue objeto de modificación. Siempre nos hicieron creer que todo en nuestro cuerpo -aunque no sólo el cuerpo- estaba mal, siempre te falta un poquito. Si sos mujer, no te quedan muchas posibilidades y formas para ser, y ninguna de esas posibilidades se puede llevar a la realidad concreta y si se lleva, tiene daños serios, físicos y psicológicos. Nos enseñan a no querer a nuestro cuerpo por gordo, por flaco, por peludo, por estrías, por lo que sea. Siempre hay algo para criticar, siempre hay algo que está mal. La mujer parece estar en el lugar del acusado permanentemente y sin presunción de inocencia. Los hombres no conciben cómo es vivir así porque no lo vivieron nunca. De ahí vienen los complejos, defectos que nos inventamos a nosotras mismas, esa conducta de auto-odio que nos queda, como un reflejo después de tantos años de no querernos. Me sigue costando que alguien me diga algo lindo, me cuesta creerlo, me da vergüenza: eso es baja autoestima. El feminismo es lo que te posibilita entender que es nuestra tarea despojarnos de eso, porque la única forma de ser feliz es liberarse de esas condenas”.
¿Escuchan?
El malón que viste medias red, purpurina y shorts enanos acaba de definir la santísi – ma trinidad que nos condena: vergüenza, competencia y miedo.
Feminismo, entonces, es romper esas tres cadenas.
Costó sangre, sudor y lágrimas.
Y mover el culo.
Al ritmo del twerk, nos vamos a un corte.
La otra cara del aborto
Hablar del derecho al aborto es también hablar del derecho al placer.
Eso es feminismo.
No hay posibilidad de comprender cómo esta generación verde alza esta bandera, sin comprender que en cada una se activó no sólo una consigna, sino un deseo.
El malón purpurina lo dirá sin vueltas: Noelia: “Sabemos todas que la realidad es mucho más cruda en las clases más bajas. Aun así, te puede tocar. Por ser mujer, te van a matar, vas a abortar. Por eso estamos a favor del aborto. Mi vieja abortó dos veces. Yo de pedo no aborté”.
Jimena: “Yo aborté”.
Noelia: “Aunque abortes en una clínica privada, andá a tener una mala praxis: te agarrás una infección y no tenés a quién reclamarle”.
Vico: “Pero también se trata de lo que hablábamos al principio: de tomar las riendas de nuestra sexualidad. Dentro de este sistema siempre se nos niega nuestro erotismo”.
Noelia: “Siempre es el erotismo o sensualidad en pos del hombre”.
Jimena: “Para mí el empoderamiento que estamos ganando en este territorio es muy grande. Los primeros diez años de mi vida yo cogí para el otro. Cogí con otro para que otro, hombre, acabe. Nunca me fijé en mí. No me planteaba qué era lo que me hacía acabar, entendía que la mujer era servil desde el lugar sexual, y por ahí tenía suerte y acababa. Es esa construcción la que cambió. La construcción del sexo cambió: la mujer dejó de ser servil. Entendimos que el sexo es de a dos. Creo, también, que incluso muchos hombres lo ven diferente: es más lindo llegar si llegamos juntos. Ahí ganamos todos”.
Vico: “Es un proceso difícil porque implica preguntarse: ¿cómo me gusta? Y esa es una búsqueda que da miedo porque da pudor, por estar acostumbrada y educada para tener una relación heterosexual de una sola forma que conlleva a la penetración como única práctica. La sexualidad femenina pasa por muchos otros lados. En verdad la sexualidad de todos pasa por muchos otros lados y la erótica feminista es la que nos permite ampliar ese juego”.
Lucía: “Y hay miedo a esa apertura erótica que implica el feminismo. Te dicen: ´después no te quejes se te pasan cosas´. Por empezar no ´nos pasan cosas´. Nos hacen cosas los machos violentos que se excitan solo cuando la mujer no puede decidir, está oprimida, calladita la boca y bien abierta de gambas. En el momento en que vos como mujer tenés el control de tu cuerpo, podés decir qué te gusta y qué no porque tenés autoestima, estás desactivando el chip del macho violento. Y activando la hermandad feminista, porque eso se traslada a cómo nos relacionamos ahora entre nosotras. Hay mucha más conexión: nos cuidamos entre nosotras. Antes eso no pasaba. Antes estábamos cada una mirando nuestros problemas desde la victimización”.
¿Escuchan?
Si esto que nos está haciendo temblar nuestro mundo fuera una serie, su éxito sería el de todas las series: la interrumpida continuidad en el aire, que en este caso no es el de la pantalla, sino el que respiramos.
Su éxito, también, es la placa que tecleamos para terminar esta nota: continuará.

Foto: Martina Perosa.
Nota
Escritos sobrevivientes: Un nuevo libro escrito por ex detenidos desaparecidos
Este 24 de marzo, a 49 años del golpe, la editorial lavaca publica Escritos sobrevivientes, un libro creado junto a un grupo de personas que estuvieron secuestradas y desaparecidas en distintos centros clandestinos de represión durante la última dictadura militar. Se presenta el próximo viernes 28, pero ya podés pasar a buscarlo por MU (Riobamba 143) desde hoy. En este texto, Claudia Acuña cuenta qué representa esta obra parida en colectivo y en medio de aires negacionistas.
Por Claudia Acuña
Este libro representa muchas cosas y todas y cada una nos parecen decisivas para estos tiempos desesperados.
Ni sé por dónde comenzar a enumerarlas, así que sin orden de importancia ni cronológico enumero algunas, aunque sin duda me faltarán otras que invito a que completen quienes lo lean.
Lo primero, para mí, es reconocer el valor social, político, histórico y ético que merecen las personas detenidas-desaparecidas por la dictadura cívico militar que azotó este país desde el 24 de marzo de 1976. No olvidamos esa fecha gracias a ellas, pero no siempre se las nombra con la relevancia que han tenido para construir verdad, justicia y memoria.
A algunas de ellas he tenido el honor de escucharlas y verlas testimoniar en los juicios de lesa humanidad, pero también en los diferentes procedimientos contra la impunidad que crearon y sostuvieron para que esos juicios sucedan.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Hasta lograrlo.
Solo a una pude agradecerle con palabras y lágrimas el esfuerzo, el coraje y el legado que recibíamos por su esfuerzo, pero fundamentalmente por sus vidas consagradas a hacer posible lo imposible. Fue en la puerta de los tribunales de Comodoro Py, mientras los altoparlantes transmitían la primera condena a los genocidas responsables del centro de detención clandestino y de tortura que funcionaba en la Esma. Ahora, con este libro queremos extender esas gracias a cada una, a cada uno.
Sé, porque comprendí la lección que nos daban, que no puedo afirmar que lo hicieron solo ellas, ellos. Esa es otra de las cosas que representa este libro: el saberse parte – y reconocerlo siempre- de algo más grande, más importante y más trascendente no solo del yo, sino incluso del núcleo colectivo en el que nos organizamos, reflexionamos y tomamos fuerza para resistir. Nuestras fuerzas individuales y nuestras construcciones políticas suman, activan, empujan, pero alcanzan sus objetivos cuando sincronizan con la necesidad social, con la época y con la Historia. Tienen alas porque tienen raíces y mueven al mundo hacia lugares mejores porque se sabe más grande y más poderosa que lo que nos rodea.
Eso que aquí las y los autores definen como “subjetividad sobreviviente” nos advierte eso: somos nuestros cuerpos y la sombra que proyectan, lo que hacemos y lo que soñamos, nuestras obras y nuestra imaginación, nuestros saberes y nuestra intuición, pero también y además aquellos cuerpos, proyecciones, hechos, batallas ganadas y perdidas, que nos anteceden y desbordan para fortalecernos y sostenernos de pie. Aquello que ilumina la oscuridad es la memoria sensible: de eso se trata este libro, además.
Otra: el valor de las utopías. En los momentos más aterradores hemos gritado “Aparición con vida y castigo a los culpables”. Bueno: la noticia es que hemos tenido éxito y aquí están las personas que cuando pronunciábamos esas palabras mágicas no podíamos abrazar. Algunas de ellas son las que el tercer sábado de cada mes vimos ingresar a nuestra trinchera durante el largo y desalentador año 2024. Para nosotros ese taller de escritura significó una cita con la esperanza, cada vez. Y una comprobación: el futuro se construye con el hacer colectivo, cada vez.
Por último: este no es un libro de testimonios sobre el horror de la dictadura, sino su contracara o quizá, lo que se puede pensar después de cruzar el abismo de la impunidad.
Quizá.
Me falta todavía superar la alegría de haberlo logrado, de sostener con las manos esta pequeña utopía realizada en tiempos de saqueo de recursos simbólicos y materiales, en las cuales sólo proponerlo sonaba casi irresponsable, para poder encontrar las palabras certeras, que expresen lo que representa que personas empobrecidas y violentadas podamos hacer lo que querramos financiadas sólo por el deseo y la convicción, que siempre es política.
Quizá la palabra exacta sea una sola: Argentina.
La presentación
Escritos sobrevivientes y compila una serie de textos producidos en un taller de escritura que tuvo lugar en MU durante 2024. Estos relatos abordan historias marcadas por lo que el grupo denomina «subjetividad sobreviviente». El resultado es un conjunto de textos poéticos, políticos y filosóficos, de una potencia y belleza conmovedoras.
Participan: Rufino Almeida, Margarita Fátima Cruz, Graciela Daleo, Lucía Fariña, Mercedes Joloidovsky, Eduardo Lardies, Susana Leiracha, María Alicia Milia, Claudio Niro, Silvia Irene Saladino, Stella Maris Vallejos e Inés Vázquez.
Así lo resumen sus autoras y autores: «Un grupo de compañeras y compañeros, ex detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado, nos reunimos en un taller de escritura para crear textos enfocados en la subjetividad sobreviviente, mientras la voz del poder alimenta el negacionismo y la reiteración del sufrimiento popular por variados medios».
El libro se presentará el próximo viernes 28 de marzo a las 20 horas en Mu Trinchera Boutique, Riobamba 143.
Podés conseguirlo desde hoy, 24 de marzo, también en MU.

Nota
La Justicia esquiva la causa por el disparo a Pablo Grillo: “Hasta ahora no se investigó nada”

La recuperación de Pablo “es muy rápida” pero la investigación sobre su intento de asesinato, muy lenta, o directamente inexistente. Qué dijo el padre hoy frente al Hospital Ramos Mejía donde Pablo sigue pelando por su vida, aún en terapia intensiva pero con avances prometedores, y las abogadas del caso que presentaron ante la Justicia: primero Servini de Cubría y luego el candidateado a la Corte Ariel Lijo rechazaron la causa, y ahora se sortea en la Cámara Federal de Casación a qué juez le tocará investigar a quien le disparó y a sus superiores jerárquicos. Los dichos de Adorni en conferencia de hoy, y quién cortó el diálogo con la familia; las pruebas que se pidieron y las que se aportaron; y el texto de la presentación judicial en la que la familia pide ser querellante, con las pruebas que aportamos desde decenas de medios, fotoperiodistas y organizaciones sociales.
Por Francisco Pandolfi
Pablo Grillo todavía no está fuera de peligro, pero la mejoría día a día, paulatina y constante, le permite a la familia hablar ya no sólo de su estado de salud. Hasta hoy, el único foco era la supervivencia de este fotógrafo de 35 años impactado por una granada de gas lacrimógeno, fuera de toda legalidad, por las fuerzas de inseguridad comandadas por la ministra Patricia Bullrich.
La pérdida de masa encefálica y la fractura de cráneo con la que llegó de urgencia al Hospital Ramos Mejía –el miércoles 12 de marzo, cuando se desató la represión en la marcha por las paupérrimas condiciones en las que viven las y los jubilados–; la primera operación esa misma noche en la que se bajó la presión intracraneal y se le reconstruyó algo del tejido. Las pupilas que empiezan a reaccionar bien. La merma en la sedación. Los primeros movimientos – prematuros e inesperados por los propios médicos–. Otra operación por un derrame que es revertido a tiempo. La baja de los glóbulos blancos como síntoma de la baja en la infección. Y a solo una semana del disparo, Pablo abre los ojos. Y le sacan el respirador para ver cómo reacciona y lo hace agarrándole la mano a la mamá. Y por si fuera poco le susurra las palabras más hermosas a su papá: “Hola, viejo”.
Pablo continúa en terapia intensiva, en estado crítico, pero respondiendo bien neurológica y físicamente. “Es asombroso el nivel de avance que tuvo”, dice Fabián, su viejo, con los ojos emocionados e incrédulos por la mejoría impensada en tan poco tiempo. Esa sucesión de buenas noticias las que posibilitan a la familia convocar este viernes a una conferencia de prensa «para contar novedades en la causa judicial».
Primero, habla Fabián, su papá, sobre la salud de Pablo: “Las novedades son que está estable, por lo tanto es bueno. Está con los ojos abiertos y sigue sin respirador”.
Fabián lleva puesta una remera azul, con letras blancas que dicen: “Justicia por Pablo Grillo”. Se lo nota cansado, pero más distendido. Se ríe cuando cuenta: “Tengo un video con saludos de (Ricardo) Bochini, veremos si los médicos nos permiten que se lo pasemos. Si lo escucha al Bocha, va a volver a hablar seguro Pablo”. Mantiene los pies sobre la tierra: “Todavía la situación es grave: está en terapia y con riesgo de vida. Pero en ese marco todo lo que estuvo ocurriendo es favorable. A todos nos sorprendió su evolución. Incluso los médicos manifiestan que la evolución que está teniendo es asombrosa. Es muy rápida”.
Este jueves, el vocero presidencial Manuel Adorni dijo que el diálogo con la familia quedó roto desde que el padre de Pablo acusó a Bullrich de ser cómplice. Fabián le responde: “Nosotros no cortamos nada porque nunca existió el diálogo. Lo mío fue una respuesta a una declaración mentirosa de Bullrich, por tanto si es que alguien cortó el diálogo fueron ellos. Yo estoy dispuesto a escuchar, si alguien me llama”. Y agregó: “A esta altura no lo espero (ese llamado). Espero poco. Pero demostraría que tienen todavía un grado de humanidad”.
En relación a las mentiras de Bullrich sobre el trayecto del proyectil, expresó: “Me da vergüenza la forma en que fue acomodando la mentira. La va acomodando a medida que la realidad se lo desmiente, es hasta absurdo, burdo, grotesco: no sé que palabra utilizar”. Cuando le preguntaron si le diría algo al gendarme que, según los elementos reconstruidos hasta el momento, sería quien disparó (presuntamente, el cabo Guerrero), afirmó: “Personalmente no le diría nada. Sí lo vamos a decir de forma jurídica. El mejor diálogo que podemos tener con esta gente es en lo judicial”.
La causa, sin avances
Fabián estuvo acompañado por Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, y a Paula Litvachky, del CELS, organismos que patrocinarán legalmente a la familia, que este 21 de marzo se presentó ante el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 1 para ser tenida en cuenta como querellante en la investigación judicial.
Lo más importante de la causa hasta ahora: desde el 12 de marzo “no se investigó nada y reclamamos que se empiece a investigar urgente”. Las abogadas cuentan el por qué: “La causa iniciada por la denuncia de la Procuvin (Procuraduría de Violencia Institucional) que dio inicio a la instrucción estaba presentada en el Juzgado 12 de Ariel Lijo, quien se la devolvió a la Jueza Servini de Cubría, que otra vez la rechazó. Ninguno de los dos quiere hacerse cargo de la investigación. Ahora irá a sorteo para definir quién la sigue. La Cámara Federal de Casación Penal tiene que resolver”. Agregan: “Hasta ahora el Ministerio de Seguridad dijo que no hará sumarios internos por el accionar de su Fuerza, lo que refleja el encubrimiento”.
La causa aún no tiene carátula porque no está radicada en ningún juzgado. La denuncia presentada es por tentativa de homicidio agravado, por abuso de autoridad e incumplimiento de funcionario público.
Dice Paula Litvachky, del CELS: “Es muy importante que la causa salga de este limbo judicial y se inicie el pedido de pruebas antes de que pase más tiempo”.
Dice Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos: “Esperamos que en estos primeros 9 días en los que no se hizo nada, no haya ninguna prueba que se haya destruido, modificado, alterado. Hay cámaras del Gobierno de la Ciudad que tienen un tiempo de duración determinado, o de negocios que también se van borrando y si no las pedís inmediatamente después ya no están. Es vergonzoso que un hecho así no lo esté investigando nadie”.
Las abogadas pidieron una serie de pruebas. Las más relevantes: “Quién dio las órdenes, cómo se manifestaron esas órdenes y cuáles fueron, antes y después del impacto; cuál fue el protocolo que se aplicó, quienes integraban el equipo donde estaba incluido el cabo Guerrero y qué órdenes se le impartió a ese grupo en particular; qué armas utilizaron”. También exigen que se lo llame a indagatoria a Guerrero. “Ya hay suficientes elementos para hacerlo”.
Completa Paula Litvachky: “Hicimos una presentación con los hechos, tenemos un montón de pruebas para que se reconstruya ese tramo del operativo de modo tal que se pueda tener la responsabilidad de quién disparó y de toda la cadena jerárquica”.
Concluyen ambas: “Las pruebas están. Nunca hubo tanto registro fotográfico y audiovisual. Necesitamos el acompañamiento social para empujar a que se haga justicia y que no quieran desviar el foco de la investigación”.
Nota
La causa de la caída: la denuncia de Beatriz Blanco, la jubilada gaseada y golpeada por la Policía

Traumatismo encéfalo craneano, herida cortante e irritación ocular: las heridas causadas a Beatriz Blanco (81 años) ya forman parte de una causa judicial que inició ella misma y también la Procuraduría de Violencia Institucional, y apunta contra dos efectivos que la gasearon y le pegaron, provocando su caída. También apunta a la responsable del operativo, la ministra Patricia Bullrich, que se desplegó el miércoles de manera feroz, pero que -plantea la denuncia- es parte de un “plan sistemático”. Beatriz fue golpeada a las 16:10, antes de los principales incidentes, mientras se manifestaba en una esquina: cómo fue el momento, según relata ella misma en la denuncia y cuenta su hija. Quién es esta jubilada que trabajó de todo. Cómo está: recuperándose, enojada y “con más fuerza que nunca”. La voz de una de sus hijas junto a quienes lucha por justicia, y paz.
Por Franco Ciancaglini.
La imagen de Beatriz Blanco cayendo en seco al suelo -tras ser gaseada y empujada por dos efectivos de la Policía Federal- dio la vuelta al mundo.
En el video se ve el fin de una secuencia más larga que inicia cuando la Policía Federal empuja de manera violenta a jubiladas y jubilados que se encontraban haciendo el clásico semaforazo de todos los miércoles en el Congreso.
“Ella lo que cuenta es que estaba con el grupo de jubilados, cortando Entre Ríos, para mostrar sus carteles. Y cuando el semáforo se pone verde se vuelven a la esquina. Y en ese momento vino la policía, apurando a todos los viejos a subirse a la vereda”.
La que habla es una de sus hijas, Paula.
El relato coincide con la temprana decisión de las fuerzas de abalanzarse sobre personas que hacen lo mismo todos los miércoles -un semaforazo, y luego una movilización que da la vuelta al Congreso-: Beatriz fue atacada a las 16:10.
Esta vez, por lo especial de la fecha, los Policías iban además con el gas apretado y el palo suelto. Cualquiera que estuvo en la manifestación pudo apreciar cómo apenas una persona se acercaba a los efectivos, o incluso estando a metros, sin hacer nada, podía ser gaseado. Incluso teniendo 81 años.

Los camiones hidrantes fueron parte de la cacería desatada. Foto: Lina Etchesuri.
El arma y la palabra
Beatriz Blanco no está afiliada a ninguna barrabrava ni milita en ningún partido político.
Es jubilada.
Trabajó toda su vida como empleada en cooperativa de fletes, empleada cuidando niños, costurera, y de casera hasta los últimos tiempos.
Tiene tres hijas.
Una de ellas, Paula Ippolito, cuenta que junto a su madre Beatriz y su hermana Paula suelen ir juntas a las marchas. “Esta vez fue sola porque justo yo estaba operada de la rodilla. Suele ir, no va todos los miércoles pero cuando puede va”.
Beatriz ya conocía a varios y por eso se acercó al grupo de jubilados que realiza los miércoles el semaforazo. Luego de que la empujaran a la vereda, se puso a hablarle a un cordón policial, una práctica habitual de jubilados anodados ante la violencia sin sentido que ejercen las fuerzas: “Ella siempre es de ir y hablar, de decir qué están haciendo, cómo no les da vergüenza; mi mamá siempre como que quiere hacer conciencia. Ella le debería estar gritando al policía que estaba de espaldas y lo toca con el bastón como diciendo ´mirame´. Ahí el chabón se da vuelta y le tira el spray, y el otro que le pega con el palo en la cabeza”.
Ese combo, que representa un ataque, de gaseo, empujón y golpe, hace que Beatriz pierda el equilibrio instantáneamente, y caiga al suelo.
La primera pregunta es cómo está: “Se está recuperando. Está en reposo, en observación por el golpe que recibió en la cabeza. Está con mucho dolor en todo el cuerpo, con un poco de inestabilidad, con el dolor en los ojos por el gas que le tiraron. Tiene los ojos muy hinchadas: le tiraron gas directo en la cara”.
Este dato del gas directo a sus ojos explica a la vez la pérdida del equilibrio, desechando por tierra las mentiras del Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, que aseguró que se “cayó sola”. También el título de la empresa La Nación que habló de que la jubilada “atacó” a la policía previo a su “caída”: “Ella le tocó con su bastón para que se diera vuelta, para que la escucharan, no golpeó a nadie. Habría que mostrar los videos enteros donde la Policía increpa primero a los jubilados para que se suban a la vereda, con la agresividad que suelen tener”.

Beatriz Blanco, tras los gases recibidos y el golpe posterior. Foto: Lina Etchesuri.
El caso de Beatriz es uno de los dos -junto al del fotógrafo Pablo Grillo- denunciados por la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) ante la Cámara del Crimen. En esas denuncias a las que accedió lavaca, el organismo que se encarga de monitorear a las fuerzas -en estos tiempos, con menos entusiasmo- presenta como “pruebas” distintos recortes periodísticos alrededor del ataque a Beatriz. Y solicita a la justicia que requiera al Ministerio de Seguridad el personal policial afectado a los lugares de ambos ataques, así como los datos de la “sala de operaciones” a la que reportaban los agentes a cargo del operativo.
Por otro lado, la propia familia de Beatriz presentó una denuncia contra los dos agentes de la Policía Federal y contra la propia ministra Bullrich. Narra en su presentación lo mismo que refiere su hija en esta nota: “Siendo aproximadamente las 16:10 hs me encontraba en las inmediaciones de la esquina de las avenidas Entre Ríos y Rivadavia de esta ciudad (…) cuando fui rociada con una sustancia lacerante por un efectivo de la Policía Federal. Inmediatamente después, y también a manos de un efectivo de la PFA, recibí un golpe en la cabeza, con un elemento que creo se denomina ‘tonfa’, lo que provoca mi caída al piso”.
Tras el golpe, Beatriz fue derivada al Hospital Argerich, donde diagnosticaron lo producido por el ataque: traumatismo encáfalo craneano, herida cortante e irritación ocular.
Por eso, por un lado, reclama la identificación de los dos efectivos que la atacaron, plausibles de ser responsables de “delitos de lesiones leves” agravadas por tratarse de personal de la fuerza. Y por otro, califica a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich como “autora mediata” por ser responsable del operativo y algo más: la valiente presentación habla de que estos hechos son parte de un plan sistemático.

Una síntesis del plan sistemático. Foto: Juan Valeiro.
“Como en los momentos más aciagos de nuestra historia, desde el Poder Ejecutivo se ha montado un Programa de Miseria Planificada cuya consecuencia natural es la Protesta Social. Y sabido es que este tipo de políticas socioeconómicas sólo resultan aplicables cuando se pone a disposición de las mismas al aparato represor del Estado”.
Firma toda esta historia la propia Beatriz, acaso poniendo en contexto lo que representan los golpes que sufrió, su historia y el futuro por el que pelea junto a sus hijas. “Nosotras somos fieles a las marchas que son para los derechos del pueblo”, cuenta Paula, una de ellas. “No militamos en ningún partido político, siempre vamos independientes y solas”, aclara por si hiciera falta.
Paula habla siempre en plural femenino, pensando en su madre y su hermana. Desde ese lugar cuenta: “Nos están sacando todo. Nos están metiendo miedo para que no salgamos a las calles. Están imponiendo todo lo que quieren imponer. Siempre estamos atentas a todas las luchas. Esto va a por todos, no es solamente por los jubilados. A mi me han robado plata con la AFJP a pesar de que ya tengo 30 años de aportes. Estos vienen por todo, por todo lo que conquistamos”.
Junto a Natalia, las jóvenes militan tocando tambores en Batuka, uno de los conjuntos que lleva el ritmo a la calle y es la banda de sonido de la protesta social y la lucha. Hoy, del lado de la víctima, Paula asegura: “Estamos luchando para que esto no vuelva a suceder. Para que tengamos memoria y el pueblo no se duerma. No tenemos miedo. Ya la verdad que queda poco por perder”.
Esta lucha incluye, claro, a Beatriz: “Está más fuerte que nunca. Está enojada, muy enojada. Pero está fuerte para seguir la lucha”.
La lucha, ahora, es por justicia: “Solamente queremos que los responsables tengan justicia, sean los policías o la ministra de Seguridad: que la justicia trabaje a favor del pueblo. Y que no salga nadie más impune”.
¿Tenés esperanzas? “Y no. Pero hay que hacerlo igual: nos corresponde”.
La esperanza tal vez siga estando en la calle, mientras estas jóvenes sin contención psicológica ni asistencia estatal de ningún tipo enfrentan los golpes: “Estamos nosotras, las hijas, para cuidarla y para que se reponga de esto”.
¿Necesitan algo? “Sí: paz”.
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