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Color esperanza: apuntes sobre nuevo feminismo

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De dónde viene y a dónde va la marea feminista que copa asambleas, calles y paradigmas. Cómo se teje el nuevo paro, la presión por la ley de aborto y qué dice la nueva generación que propone, sin vueltas, mover el culo. Esta nota fue publicada en la edición 121 de MU. ▶ CLAUDIA ACUÑA, ANABELLA ARRASCAETA Y LUCÍA AÍTA

No hay una sola manera de contar esta historia, que es la historia de un triunfo en medio de la tempestad. Tampoco hay una sola manera de definir qué ganamos, ya que allá arriba, en el podio, no hay nada para festejar. Es acá abajo y en los bordes donde se nota claramente que está sacudiéndose el mundo, el nuestro, el que sufrimos todos los días las mujeres. Y cada voz y mirada que exprese lo que representa ese temblor es insuficiente, parcial, sesgada. El cambio, precisamente, es ése: el ontológico. Ya no hay un universal que nos incluya a todos, a todas, a todes. Y entonces las palabras se vuelven insuficientes y se deforman para insinuar, al menos así, alterando los artículos, cruzando con X los sustantivos e inventando verbos, qué representa esto que estamos protagonizando.
Es una mutación.
Lo que estamos modificando es la forma de ser y de estar unas con unas, con unos, y con otres.
Tampoco el término revolución expresa lo que esta mutación representa, gastada como está esa palabra en experiencias que cosecharon lo contrario a lo que prometieron sembrar.
Llamémosle entonces feminismo, porque seguro que así se entiende qué es lo que ya nació y qué es lo que está agonizando.
Estamos hablando, entonces, de una historia larga, silenciada, negada y deformada, que tuvo que construir sus propios canales de comunicación, sus propias formas de nombrarse y sus propias herramientas de pensamiento, práctica y lenguaje. Sólo así se comprende, quizá, por qué cuando decimos feminismo hablamos de autogestión.

Foto: Martina Perosa.


La serie
Si esa larga historia fuera una serie, estamos viendo la temporada 41, ponele.
La primera tuvo como protagonista a unas amas de casa desesperadas que se pusieron un pañal en la cabeza e inventaron una técnica maravillosa para enfrentar la violencia de Estado: luchar con los pies.
En las siguientes temporadas fueron personajes centrales unas heroínas con superpoderes capaces de transformar a una víctima en sobreviviente, para ponerse de pie y acusar a sus torturadores.
Y así, cada temporada presentó otra forma de vernos y hacer ver a las mujeres en el espacio público y político, en el ágora cotidiana que todo lo transforma porque nos transforma.
Mientras tanto, arriba se contaba otra historia.
En la temporada 33 sucedió algo que desde entonces se transformó en ceremonia: esas mujeres decidieron juntarse una vez al año para intercambiar saberes y experiencias. Desde entonces, fuera cual fuera la historia que cada edición contara, siempre concluía con la imagen de ese encuentro, que cada vez era más multitudinario, más festivo y más potente.
Estamos ahora en el capítulo en el que esa historia bulle como el agua hirviendo.
Contarla quema.
¿Cuál sería la escena de apertura?
PUNTO G
El galpón de la Mutual Sentimiento tiene una enorme letra G, que es casualmente la letra que denomina el punto erógeno femenino más íntimo y más ignorado.
Imaginemos que esta temporada la serie empieza así, con un primer plano de esa letra, mientras la cámara va a abriendo su mirada hasta que toda la pantalla queda inundada por esa multitud de mujeres, autoconvocadas para producir juntas el Paro Internacional del 8M.
¿Cuál sería el sonido de esta imagen?
Un coro.
Pero no cualquier coro.
Uno de esos coros en el que cada voz canta su letra, a su ritmo.
Cada voz es, a su vez, muchas voces, pero es una.
Y a su vez cada una de esas muchas, son muchas más.
Así escrito suena a ruido, pero cuando se lo escucha en vivo ese coro suena como una delicada melodía que fluye. Y en ese fluir está la armonía.
Funciona.
Sabemos cómo y sabemos por qué.
Ahora mismo lo está explicando una travesti, después lo estará aullando una trabajadora despedida, seguirá con dos chicas de 15 años compañeras de colegio de Anahí, mientras claman justicia por su femicidio; lo harán también las abolicionistas y las bravas putas feministas que exigen ser consideradas trabajadoras, seguidas por las que alegremente reciben subsidios para luchar contra la trata y las que odian recibir un plan para poder comer.
Sí: los adjetivos delatan que la mirada desde aquí abajo tiene puntos de vista propios. Y que puede haber otros porque así es y así será siempre la diversidad.
Vamos a un corte.

Foto: Martina Perosa.


La ola verde
Ahora estamos frente al Congreso Nacional. En 5 minutos se agotaron los mil pañuelos verdes que trajeron en las mochilas las integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, un espacio autorganizado que ya lleva 15 temporadas en las calles de todo el país. Hay Pañuelazo y hay muchas chicas muy jóvenes luciendo su triángulo color esperanza en el cuello, la cabeza, el brazo, la panza y hasta una, en cada pie. No hay banderas de partidos políticos, ni organizaciones sociales ni culturales ni de sindicatos ni de nada, pero allí hay mujeres militantes, piqueteras, gremialistas, artistas, desempleadas, estudiantes y amas de casa, de todas partes y de todos lados. En el micrófono está una heroína de la generación verde, apodada Srta. Bimbo, sentada al lado de la abogada Nina Brugo, la más veterana de la Campaña. La imagen en una síntesis de lo que este capítulo muestra: todas allí saben que son hijas de una historia larga. Por eso mismo está también encabezando el plano de los pañuelos verdes en alto, con la cúpula del Parlamento detrás, la diputada Victoria Donda, nacida en la ESMA y firmante primera de un proyecto que el 6 de marzo se presentará por séptima vez en el Congreso. Otra síntesis, otra confirmación de que todas allí saben lo que hay que saber: lo imposible cada vez tarda menos.
Apenas un día después, los medios anuncian que esta vez el Congreso dejará de mirar hacia otro lado: “El Gobierno da luz verde para el debate del aborto”, titula el diario contrainformativo Clarín.
La independencia de poderes, te la debo.
Tanda publicitaria.
La fuga
Ahora estamos paradas en medio de la avenida Callao, cortando el tránsito para una producción de fotos que acompañará esta nota.
Aunque estamos apenas a una cuadra del Congreso y aunque las chicas llevan pañuelos verdes, nos fuimos lejos, muy lejos.
Nos fuimos al carajo, ponele.
El Carajo es aquel territorio a donde se refugió el feminismo en las últimas diez temporadas.
Representa esa fuga hacia los bordes, disparada cuando el centro fue copado por una nueva casta: burocracia de género. Su tarea fue domesticar el lenguaje y darle órdenes al desorden que el feminismo provocaba en la gramática del poder.
Así, durante décadas centrales para la democracia y para disputar la agenda política, los derechos de las mujeres se debatieron con guantes y con bozal: la violencia machista se transformó en “violencia de género”, la explotación sexual en “trata”, las putas en “abolicionistas” vs. “trabajadoras sexuales” y la desigualdad económica en “techo de cristal”.
Poco a poco, la conversación con el poder político, cultural, mediático y social fue concentrada por esas voces “expertas” que tenían la potestad de saber cómo decir arriba aquello que todas nombrábamos de otras formas abajo.
Ni una menos.
Ese fue el murmullo que se convirtió en grito y convocó a los márgenes al centro, en una movilización que fue histórica por sus dimensiones y por sus efectos.
El 3 de junio fue el Día del Carajo, ponele.
El momento exacto en el que se inundó todo, con todas.
Ahora, esa marea está buscando desbordar los diques que contienen, nada menos, las turbias aguas institucionales.
De eso se trata esta temporada: de poderle al poder.
¿Podremos?
La respuesta no está en la tele ni en las redes sociales ni mucho menos en las roscas políticas que juegan el destino de las vidas de las mujeres contando como porotos los votos de una ley. La respuesta se intuye en el cuerpo, como cuando se pone la oreja en el suelo para escuchar la vibración que anuncia la inminente estampida del malón.
A mover el culo
¿Escuchan?
El malón viste medias red, purpurina en los cachetes y shorts enanos.

Foto: Lina Etchesuri.


La Pochi -30 años, cocinera- explica: “Esto se llama montarse. Montarse es una palabra que viene de la cultura trans. Nosotras nos montamos cuando nos ponemos pestañas potizas, extensiones de pelo, medias red, brillos. Es una forma de relacionarte con lo que te gusta y lo que no te gusta de tu cuerpo. Para mí, es una forma de relacionarme con mi culo. Ahora lo quiero, pero toda mi vida fue un problema. Imaginate: con este tremendo culo tuve que ir a un colegio secundario en el que el uniforme era jean y remera. ¿Y me querés decir cómo metés semejante culo en un jean? Después llegó la ley de talles y también me fortalecí , me empecé a gustar más, a decirme: ´bueno, no soy rubia, no soy chiquita, pero igual me quiero´. Hoy le pongo purpurina a mi culo, lo muevo, lo sacudo y lo convierto en mi herramienta de expresión, sin atarlo a ninguna de las reglas del mercado. Mi culo es ahora un signo de revolución”.
Estamos escuchando, entonces, a un grupo de mujeres que tienen algo en común: todas son alumnas de la escuela Flow Altas Wachas. Es decir, bailan. Tienen otra cosa en común: todas se definen a sí mismas como feministas. La combinación de ambas cosas es una fórmula que altera las reglas de la gramática hasta colocar las palabras en su justo lugar: el feminismo es el lenguaje de los cuerpos libres. Es ahí donde se expresa su potencia política en una sociedad que somete a los cuerpos femeninos a formas predeterminadas de estar y de ser.
El feminismo es mover el culo.
Moverlo en el sentido de bailar, pero también en sentido de salir del confort de lo ya conocido, de lo permitido y de lo esperado, según sean los destinos sociales previstos de acuerdo a tu clase social, talla de corpiño, número de zapatito y color de pelo. El de Noelia -30 años, de Ituzaingó- es verde y eso sólo ya expresa que estamos ante un malón que ha decidido desteñir a rubias y morochas para liberarlas del patriarcado peluquero.
Dirá Noelia: “Soy la más chica de tres hermanas, pero igual el patriarcado era muy fuerte en la familia. Tuve una infancia violenta y una anulación del autoestima, de mi cuerpo: “Vos no, por gorda; vos no, por mujer”. Crecer toda con eso me llevó a rebelarme, a intentar fugarme de ahí y de todos lados. Pasé por drogas, intento de suicidio, por la búsqueda de la aceptación imposible del otro. Por suerte, con mis hermanas siempre tuvimos mucha fuerza y nos la ingeniamos para ir saliendo de ahí. Las tres lo logramos por el lado del arte. En mi caso, canto y bailo en la murga feminista Baila La Chola, que es una murga estilo uruguayo integrada por 20 mujeres. La murga es toda una organización, con comisiones con tareas específicas -prensa, vestuario- y también asambleas. Todo lo hacemos desde la autogestión. Entrar ahí me cambió mucho la película: construir entre mujeres, encontrarse, abrazarse, dejar de tener un contexto tan áspero y tan agresivo. Porque todo es agresivo: la calle, salir, entrar, te miran, te critican. Construir entre mujeres es como salir del banquillo de la acusada para pasar a estar al lado de todas en un proyecto. Eso para mí fue muy importante, me ayudó mucho a construir mi autoestima, a entender que muchas de las cosas que me pasan no me pasan solo a mí , que no soy un bicho raro que está en el fondo del pozo por algo, sino que estamos todas en la misma y a todas nos pasan casi las mismas cosas. Después, comenzar a bailar me ayudó mucho desde lo corporal. El tema de mi cuerpo siempre fue un problema. Yo no podía nada por gorda y esa me la re creÍ. Todavía hoy tengo mucho para deconstruir, pero vamos bien, voy en una buena. Todo este proceso que estoy llevando me ayudó a aceptar mi cuerpo. Antes, por ejemplo, no usaba shorts, no usaba pollera, siempre de la rodilla para abajo; me hice un tatuaje en la pierna para ver si así me animaba a mostrar más esa parte de mi cuerpo. Así y todo, estaba incómoda siempre. Hoy en día, si hay algo que no me gusta lo intento modificar, pero no desde el lado que siempre se intenta modificar a las mujeres: una cirujía, la prohibición, sentir que querés todo pero no podés nada. Lo hago desde el cariño, desde el entendimiento y desde el conocimiento de mi cuerpo, de una forma no agresiva. En eso me ayudó el feminismo. El feminismo ya lo traemos con nosotras, te entra inevitablemente, no es algo a lo que es díficil acceder y al mismo tiempo, como me marcó tanto el machismo en mi infancia, realmente encuentro mi lucha ahí. Nunca había encontrado algo que me represente de esa forma. Sé que esto es así. Tengo dos sobrinas y dos sobrinos y quiero que ellos vivan otra historia y que generen otra historia, otro pensamiento. Por suerte, eso está sucediendo. Quiero que de una vez por todas dejemos de estar oprimidas. Esto no lo empezamos nosotras, hace años se lucha por esto. Es un abrir los ojos, desnaturalizar toda tu vida, es un preguntarte y repreguntarte. En un momento odiás a todo y a todos porque todo está mal. Yo estoy en una etapa medio intolerante. El tema está en entender que las cosas no son como nos la contaron: yo puedo hacer muchas cosas más de las que me puedo imaginar”.
¿Escuchan?
La que habla ahora es Vico -25 años, acomodadora de un teatro de calle Corrientes-: “Encontrarme con el feminismo fue también encontrarme con mis propios deseos y, al mismo tiempo, encontrarme con las demás. Te empezás a limpiar de ciertas, actitudes, palabras, ideas. Te empezás a dar cuenta que nadie ni nada te tiene que limitar. Y que te tenés que aceptar como sos porque ninguna mujer encaja en el estereotipo que impone del sistema, del capitalismo y del patriarcado. ¿Qué cosas podés alcanzar sobre la base de sentir que tu cuerpo siempre está en falta? El cuerpo es el que te habilita a vivir la vida y si el sistema te dice que ese cuerpo está mal, pero lo que está mal es el sistema. Y hay que cambiarlo. Yo vengo de una familia con un montón de mujeres y, en cierto punto, siento que si yo puedo mos – trar otras formas de ser, estoy habilitándo – les a ellas otras posibilidades. Es como de – cirles: ´si yo puedo, vos también´. El deseo de ser libre no es sólo mío: es de todas. Y por eso en cada paso que damos, estamos am – pliando la capacidad de movimiento de to – das. Las mujeres hicimos y hacemos mu – chas cosas, tenemos conocimientos muy importantes para transmitir, para inter – cambiar y para aprender unas de las otras, siempre compartiendo, nunca compitien – do. Así, avanzamos. La competencia entre mujeres es absurda, nos lleva a todas a un lugar muy triste y muy negativo, que no su – ma ni ayuda a conectar nuestras potencias. El feminismo también es lo que te hace en – tender que no es lindo humillar a la otra y hacerla sentir mal”.
¿Escuchan?
La que toma la palabra es Julia -21 años, estudiante de gastronomía y de Letras en la UNA- que se presenta así: “Toda mi vida la viví con muchísima exigencia, un poco por presión de mis padres, pero también por la forma en que crecí y me desarrollé: siempre quise ser la mejor en todo. Me esforcé hasta el límite y traté de que las cosas que me blo – queaban no me impidiesen hacer lo que yo quisiera hacer. Pero el verdadero límite fue mi cuerpo y eso me llevó a una lucha muy ardua, a todo un proceso de aceptación para el que necesité muchísimo tiempo, porque aceptar el cuerpo es lo más dificil que hay cuando el mundo nos impone cánones de belleza tan estrictos y tan limitados. Es cuestión de entender que si yo no puedo aceptar mi cuerpo, no voy a poder aceptar nada más; todo me va a parecer poco y todo me va a parecer una mierda. Tengo que aceptarme como soy, no solo la parte física sino también como soy como persona. Si me puedo aceptar como persona, de esa mane – ra, es muy probable que luego empiece a aceptar lo que viene con eso: el aprendizaje, la vida en general. Bailar es amigarse con el cuerpo, es una linda forma de empezar a aceptar quiénes somos : si nosotras pudi – mos, es porque hubo otras que nos habilita – ron. Y nos habilitaron desde el feminismo, que es autoestima social, porque justamen – te no tiene carácter individual, no sirve para nada si es individual. Las cosas por las que ahora militamos tal vez no nos sucedieron, pero hay conciencia de que a todas nos pue – den suceder por ser mujeres. Se trata de cui – dar a las que vienen, de habilitar el futuro como otras lo hicieron por nosotras. Que – darte en tu casa mirando la tele mientras las cosas suceden, te sucedan a vos o no, no le sirve a nadie. Eso es hipocresía, egocentris – mo y baja autoestima. Y sí, creo que se puede ser egocéntrico con una autoestima muy baja. Lo egocéntrico es el negocio, el autoes – tima es la autogestión”.
¿Escuchan?
La que habla es Lucía -24 años, estudian – te de arte- que se presenta así: “Para mí esta danza está directamente relacionada con la construcción de la autoestima, con aceptar mi cuerpo, quererlo, y de encontrarme en un espacio solidario. Hice danza a lo largo de mi vida y los espacios me resultaron siempre muy hostiles y crueles, frustrantes, basados en la competencia y el odio hacia tu cuerpo, como muchos de los ámbitos a los que las mujeres nos acostumbramos. Encontrarme en este lugar no es casual. Todas podemos mover el culo, independientemente de la forma que tenga tu cuerpo. Es una cuestión de actitud y para tener actitud, la autoestima es fundamental. La mujer siempre fue objeto de modificación. Siempre nos hicieron creer que todo en nuestro cuerpo -aunque no sólo el cuerpo- estaba mal, siempre te falta un poquito. Si sos mujer, no te quedan muchas posibilidades y formas para ser, y ninguna de esas posibilidades se puede llevar a la realidad concreta y si se lleva, tiene daños serios, físicos y psicológicos. Nos enseñan a no querer a nuestro cuerpo por gordo, por flaco, por peludo, por estrías, por lo que sea. Siempre hay algo para criticar, siempre hay algo que está mal. La mujer parece estar en el lugar del acusado permanentemente y sin presunción de inocencia. Los hombres no conciben cómo es vivir así porque no lo vivieron nunca. De ahí vienen los complejos, defectos que nos inventamos a nosotras mismas, esa conducta de auto-odio que nos queda, como un reflejo después de tantos años de no querernos. Me sigue costando que alguien me diga algo lindo, me cuesta creerlo, me da vergüenza: eso es baja autoestima. El feminismo es lo que te posibilita entender que es nuestra tarea despojarnos de eso, porque la única forma de ser feliz es liberarse de esas condenas”.
¿Escuchan?
El malón que viste medias red, purpurina y shorts enanos acaba de definir la santísi – ma trinidad que nos condena: vergüenza, competencia y miedo.
Feminismo, entonces, es romper esas tres cadenas.
Costó sangre, sudor y lágrimas.
Y mover el culo.
Al ritmo del twerk, nos vamos a un corte.
La otra cara del aborto
Hablar del derecho al aborto es también hablar del derecho al placer.
Eso es feminismo.
No hay posibilidad de comprender cómo esta generación verde alza esta bandera, sin comprender que en cada una se activó no sólo una consigna, sino un deseo.
El malón purpurina lo dirá sin vueltas: Noelia: “Sabemos todas que la realidad es mucho más cruda en las clases más bajas. Aun así, te puede tocar. Por ser mujer, te van a matar, vas a abortar. Por eso estamos a favor del aborto. Mi vieja abortó dos veces. Yo de pedo no aborté”.
Jimena: “Yo aborté”.
Noelia: “Aunque abortes en una clínica privada, andá a tener una mala praxis: te agarrás una infección y no tenés a quién reclamarle”.
Vico: “Pero también se trata de lo que hablábamos al principio: de tomar las riendas de nuestra sexualidad. Dentro de este sistema siempre se nos niega nuestro erotismo”.
Noelia: “Siempre es el erotismo o sensualidad en pos del hombre”.
Jimena: “Para mí el empoderamiento que estamos ganando en este territorio es muy grande. Los primeros diez años de mi vida yo cogí para el otro. Cogí con otro para que otro, hombre, acabe. Nunca me fijé en mí. No me planteaba qué era lo que me hacía acabar, entendía que la mujer era servil desde el lugar sexual, y por ahí tenía suerte y acababa. Es esa construcción la que cambió. La construcción del sexo cambió: la mujer dejó de ser servil. Entendimos que el sexo es de a dos. Creo, también, que incluso muchos hombres lo ven diferente: es más lindo llegar si llegamos juntos. Ahí ganamos todos”.
Vico: “Es un proceso difícil porque implica preguntarse: ¿cómo me gusta? Y esa es una búsqueda que da miedo porque da pudor, por estar acostumbrada y educada para tener una relación heterosexual de una sola forma que conlleva a la penetración como única práctica. La sexualidad femenina pasa por muchos otros lados. En verdad la sexualidad de todos pasa por muchos otros lados y la erótica feminista es la que nos permite ampliar ese juego”.
Lucía: “Y hay miedo a esa apertura erótica que implica el feminismo. Te dicen: ´después no te quejes se te pasan cosas´. Por empezar no ´nos pasan cosas´. Nos hacen cosas los machos violentos que se excitan solo cuando la mujer no puede decidir, está oprimida, calladita la boca y bien abierta de gambas. En el momento en que vos como mujer tenés el control de tu cuerpo, podés decir qué te gusta y qué no porque tenés autoestima, estás desactivando el chip del macho violento. Y activando la hermandad feminista, porque eso se traslada a cómo nos relacionamos ahora entre nosotras. Hay mucha más conexión: nos cuidamos entre nosotras. Antes eso no pasaba. Antes estábamos cada una mirando nuestros problemas desde la victimización”.
¿Escuchan?
Si esto que nos está haciendo temblar nuestro mundo fuera una serie, su éxito sería el de todas las series: la interrumpida continuidad en el aire, que en este caso no es el de la pantalla, sino el que respiramos.
Su éxito, también, es la placa que tecleamos para terminar esta nota: continuará.

Foto: Martina Perosa.

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Aparece una nueva prueba y se suspende el juicio por el femicidio de Cecilia Basaldúa

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A pocos días de la desaparición de Cecilia y a 600 metros de donde se halló finalmente su cuerpo, una familia denunció ante la policía de Capilla del Monte haber encontrado encontrado en una casa deshabitada de su propiedad una habitación manchada de sangre, la cama, un colchón, sábanas y hasta un velador. Realizaron la denuncia, la policía se acercó y tomó muestras, pero la fiscalía no dio curso a la investigación y los análisis sobre las muestras extraídas nunca se realizaron. La aparición de esta prueba obligó a suspender el juicio por el femicidio de la joven, plagado de irregularidades, y para la familia Basaldúa arroja una luz de esperanza para saber qué pasó con su hija, y que paguen los verdaderos culpables. Incluida la propia justicia.

Por Bernardina Rosini

Córdoba.-  Desde que se inició el juicio por el femicidio de Cecilia Basaldúa el pasado 3 de mayo en Cruz del Eje, provincia de Córdoba, venía sucediendo lo que se esperaba de este proceso: la exhibición de la debilidad de las pruebas que sostienen la acusación contra el joven Lucas Bustos y las irregularidades de la investigación que encabezó la fiscal Paula Kelm.

Hasta acá, nada nuevo.

Pero este jueves 19, cuando se esperaba la última jornada de testimonios, la aparición de una nueva y – para las abogadas de la familia Basaldúa- “trascendental” prueba, irrumpió el proceso y obligó la suspensión del juicio hasta el próximo 10 de junio.

En diálogo con lavaca, la abogada Giselle Videla relata que en mayo del 2020, a tan sólo unas semanas después de la aparición del cuerpo de Cecilia, una familia denunció a la policía de Capilla del Monte que habían encontrado en una casa deshabitada de su propiedad un escenario de horror: una de las habitaciones estaba manchada de sangre, la cama, un colchón, sábanas y hasta un velador. Realizaron la denuncia, la policía se acercó y tomó muestras. Un dato más para resaltar además de la proximidad de la fecha es la ubicación de la casa, a tan sólo 600 metros de donde fue encontrado el cuerpo de Cecilia el 25 de abril del 2020.

Entonces: la fiscalía tenía el cuerpo de la joven por un lado, y a unos pocos metros un cuarto de una casa abandonada manchado con sangre, pero sin embargo no dio curso a la investigación y los análisis sobre las muestras extraídas de la casa nunca se realizaron.

A Daniel Basaldúa, papá de Cecilia, esto no le sorprende: “Es el modus operandi de la fiscal Kelm, hace mímicas de que investiga pero está todo sesgado, nunca llega al fondo, toma muestras pero no realiza los análisis para obtener la información necesaria. A la familia les respondieron que la sangre correspondía a un animal para que no preguntaran más”.

Entre los policías que se acercaron a tomar muestras en la casa abandonada estaba el subcomisario Ariel Zárate, quien participó desde el primer momento de la búsqueda de Cecilia tras la denuncia de su desaparición. Zárate era uno de los oficiales que estaba a cargo de la investigación y mantenía comunicación con la familia Basaldúa. Tomaba la información que proveía la familia de Cecilia pero no hacía nada. Incluso en un audio que aportó la familia y tampoco fue debidamente investigado, el subcomisario fue mencionado por una testigo dejándolo implicado junto al principal sospechoso para la familia Basaldúa; Mario Mainardi, quien alojó en su casa a Cecilia justo antes de su desaparición.

Ariel Zárate declaró recientemente en el juicio y lo hizo de modo virtual ya que se encuentra detenido por otra causa, por “robo, lesiones leves calificadas y privación ilegítima de la libertad”, en perjuicio de una joven de 21 años.

En el momento de presentar esta nueva prueba, la familia de Cecilia Basaldúa solicitó que las muestras de sangre tomadas del colchón de la casa abandonada se cotejen con la información de Cecilia, del imputado Lucas Bustos pero también de Zárate y de Mario Mainardi, con la esperanza de poder dar con los verdaderos culpables del femicidio. Sin embargo no se aceptó este pedido: sólo se cotejará con la muestras de la víctima y del imputado, considerando que ésta no es una instancia de investigación para ampliar la base de análisis.

Si bien esta respuesta por parte del Tribunal fue tomada con desánimo por la querella, esperan que, ahora sí, se inicie una etapa de respuestas.

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Justicia por Lucía: el juicio que se empuja entre todas

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El próximo jueves 26 de mayo, a las 14.30 horas, el Tribunal Oral N°2 de Mar del Plata decidirá en audiencia la fecha del nuevo juicio penal por el femicidio de Lucía Pérez. Desde su asesinato pasaron ya 6 años sin justicia. La familia reclama que suceda durante la feria judicial: “En el mes de julio no hay agenda, ellos tienen que estar a servicio del pueblo, no el pueblo a servicio de ellos”, dice su madre, Marta Montero, que el próximo jueves convoca a movilizar a los Tribunales marplatense desde las 13 horas. Distintos gremios acompañarán el reclamo por la nueva fecha y por justicia con distintas acciones. Vos también podés sumarte a la Campaña, en tu barrio, escuela o lugar de trabajo, o por las redes: enterate cómo en esta nota.

Lucía tenía 16 años cuando el 8 de octubre de 2016 Matías Farías, 23 años, y Juan Pablo Offidani, 41 años, la llevaron a la sala de salud de Playa Serena: llegó muerta. La incansable lucha de su familia, la Campaña Somos Lucía, y las organizaciones que abrazan y acompañan lograron la anulación del juicio que pretendía dejar impune su femicidio. Pero el Estado argentino sigue sin avanzar en la fecha del nuevo proceso.

Es por eso que tanto el fiscal del caso, Leonardo Arevalo, como la familia de Lucía solicitaron a los jueces Roberto Falcone, Gustavo Fissore y Alexis Semaz, que el juicio se realice durante la feria judicial de julio.

“Hace seis años que Lucía no tiene justicia”, dice a lavaca Marta Montero, mamá la joven Marplatense, y recuerda que cuando la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires anuló el juicio misógino, exigió la realización de un nuevo juicio con premura. “En el mes de julio no hay agenda, ellos tienen que estar a servicio del pueblo, no el pueblo a servicio de ellos”, dice Marta que el próximo jueves convoca a movilizar a los Tribunales marplatense desde las 13 horas.

El pedido de juicio inmediato se da luego de una larga espera repleta de impunidad. “Ya se tomaron 12 vacaciones y Lucia no tiene justicia, una que no se la tomen y que le den la justicia que le corresponde”.

#JusticiaPorLucía

El mismo jueves se va a realizar la acción federal #JusticiaPorLucía para acompañar la audiencia. “Tenemos que estar juntos, es la manera, no tenés otra. Es la importancia que tenemos los de a pie, los que salimos a luchar por nuestros hijos. Salimos porque nos mataron a nuestros hijos, y no nos importa nada: no voy por un canje o un puesto, voy por mi hija. Y juntos vamos por los derechos de las personas, y en contra de los privilegios de la justicia”.

La campaña consiste en tres acciones:

1) Pegar la foto de Lucía en tu barrio, escuela, trabajo, colectivo y todos los lugares posibles. La foto se puede descargar acá.

2) Mandar la foto de tu acción por mail a todessomoslucia@gmail.com; o por twitter: @somos_lucia; o Facebook: somosluciaperez, o Instagram: @somos.lucia

3) Subirla a tus redes el 26 de mayo con el hashtag #JusticiaporLucia #JuicioYA

Es por abajo

El acompañamiento y la campaña de pedido de justicia a 6 años del femicidio de Lucía Pérez se articuló con organizaciones sociales, sindicales y territoriales de todo el país.

“Nuestra organización y todo el movimiento feminista, como ya lo sabemos desde ese primer paro internacional que hicimos, estamos en pie de alerta y exigiendo justicia”, Silvia León, secretaria de género de la CTA-A nacional. “Interpela, primero, porque Lucía es un símbolo nacional. Y porque todos los días siguen asesinando a jóvenes, y en cada lugar del país nuestras compañeras siguen saliendo a pedir justicia por cada una y reclamando la reforma de la justicia por una que sea democrática y feminista, porque todavía los fallos siguen siendo aberrantes”. Desde la CTA-A van a sumarse a la movilización en los tribunales marplatense y van a acompañar desde el resto del país poniendo la foto de Lucía en cada lugar de trabajo. “Es seguir sensibilizando e interpelar a los compañeros y compañeras trabajadoras, porque esta lucha es colectiva. Lo que logramos es por la movilización popular y ahí la clase trabajadora tenemos un rol protagónico; para nosotras no está separada la lucha por trabajo, por salarios, por equidad, contra la violencia y acoso laboral, de lo que es el reclamo de justicia por los femicidios”.

Las y los Metrodelegados van a acompañar desde la Ciudad de Buenos Aires pegando la foto de Lucía en las diferentes líneas y sectores del subte. “Es importante que se mantenga vigente y visible el reclamo de justicia. Cada vez que hacemos la pegatina los usuarios y usuarias nos acompañan. El subte es un medio de transporte, cotidiano, donde viajan los sectores populares, los sectores de trabajo, es fundamental que esté visible la imagen de Lucía y el reclamo por justicia”. Contagiándose de esa iniciativa desde la Asociación del Personal Aeronáutico se va a hacer pegatina en todos los aeropuertos del país.

Otro de los gremios que convoca es la Asociación Judicial Bonaerense, sindicato que nuclea a las trabajadoras y trabajadores judiciales de la provincia de Buenos Aires. Noelia Parcesepe, trabajadora judicial marplatense, cuenta que van a pegar los carteles dentro de tribunales y a acompañar desde la calle. “Como trabajadoras también sufrimos violencia en nuestro ámbito laboral, incluso los jueces que parecen tan progres para afuera. Lo que queremos es que las personas puedan acceder a su derecho a tener justicia y los queremos hacer bien: no queremos ser cómplices del poder judicial patriarcal”.

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30 años de movimiento: feliz cumple, Kiné

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Revista Kiné cumple treinta años y festeja en Espacio Tucumán con charlas, videos, canto y cierre a puro baile. Sostener durante tres décadas un medio de comunicación independiente es para Julia Pomiés, su creadora y directora, un desafío y también un sueño. La revista del movimiento se prepara para recibir a lectores, colegas y amigxs, porque este sábado la autogestión está de fiesta. 

A comienzos de los ´90, saturada del trabajo en redacciones y con ganas de trabajar disfrutando de hacer periodismo, Julia Pomiés renunció a su trabajo como jefa de redacción en una revista y decidió encarar un proyecto independiente. Lo corporal le gustaba y lo practicaba —es licenciada en Artes del Movimiento de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y profesora de expresión corporal— así que esa fue la temática elegida para arrancar su emprendimiento personal.  De esta manera nació Kiné, en 1992. Treinta años después, la revista se sostiene y es un emblema del periodismo autogestivo. 

“La empezamos con muchísimo entusiasmo —cuenta Julia— con cierta confianza, pero con muchas dudas, incluso pensamos en sostenerla durante un año aunque sea a pérdida y resultó que desde el primer número se sostuvo con sus propias patitas y anduvo muy bien. Lo relacionado a trabajos corporales suaves, conscientes, como la eutonia, la gimnasia consciente, la expresión corporal, estaban necesitando un espacio donde expresarse, donde compartir su punto de vista sobre el cuerpo. Creo que eso hizo que prendiera de entrada y después se sostuvo, un poco por la persistencia de los lectores y anunciantes y otro poco por nuestra propia persistencia”. 

Luchas con las imprentas, con los distribuidores, los kioscos, el precio del papel, son algunos de los sinsabores que les tocó atravesar, pero en la balanza, también hay gran cantidad de satisfacciones: “Ver armarse y crecer este espacio de lo que llamamos lo corporal, de la gente que interpreta al cuerpo no solo como biología sino como un atravesamiento cultural, histórico, psíquico, social, político y ver crecer también nuestro enfoque, que recurrió tantas veces a la biopolítica hasta establecerse directamente como una sección de la revista”.

Junto a su compañero de vida, Carlos Martos, pensaron en hacer la versión digital de Kiné, pero con la pandemia la decisión se precipitó y la revista en este momento es digital. Como trabajadora de la gráfica, Julia extraña el papel.  Al elaborar un video alusivo a los 30 años, repasó las tapas de Kiné y se conmovió porque esas tapas también la llevaron a hacer un recorrido de su propia vida. “El festejo es para juntarse, reflexionar sobre estos años que pasaron y que pasó con los cuerpos, qué caminos importantes se hicieron, cuántos derechos se ganaron, eso ya es para celebrar, y cuántos quedan pendientes, eso es para militarlo y seguir luchando. Vamos a escuchar buena música, ver danza bonita, juntarnos con los amigues en forma presencial, colaboradores, lectores, anunciantes, brindar y comernos unas empanadas, intercambiar opiniones y abrazos”.

La celebración de las tres décadas de vida será este sábado 21 de mayo, a las 19 hs en Espacio Tucumán,  Suipacha 140, CABA. Aquí te contamos el cronograma de la jornada festiva:

Charla: 30 años de lo corporal en la Argentina. Celeste Choclin contará un breve panorama de las leyes que ampliaron derechos, sobre todo en relación al tema género y feminismos. Mariane Pécora reseñará las principales luchas sociales, que se desarrollaron con gran compromiso corporal. Emiliano Blanco hará referencia a los cuerpos disidentes de la comunidad LGTBIQ+. Sandra Reggiani se centrará en los cuerpos en el arte, y su capacidad de acompañar y generar transformaciones y resistencias. Susana Kesselman hablará de los vaivenes del tono vital en estas épocas conflictivas y el rol de las disciplinas de lo corporal. Carlos Trosman pondrá su foco en los recorridos de la revista Kiné. 

Danza con el GEAM (Grupo de Experimentación en Artes del Movimiento, UNA),  Raquel Guido, Sandra Reggiani. 

Desfile de máscaras: coordinadores y alumnos del Instituto de la Máscara obsequiarán ejemplares de la colección de Kiné. 

Canto con Emiliano Blanco, Gabriela González López, Paola Grifman y el exquisito trío “Sinahuela”. 

Danza comuniaria:  el grupo «Bailarines toda la vida», coordinado por Aurelia Chillemi, con música en vivo de Osvaldo Aguilar nos invitará a bailar a todes.

En los intervalos, habrá delicias regionales tucumanas que se podrán adquirir en el bar: empanadas, tamales, dulzuras y vino.

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