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¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

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Este ensayo fotográfico resume el trabajo final del taller Fotografiar la época, coordinado por Nacho Yuchark. Es el resultado de intentar responder colectivamente el desafío al que nos expone la desaparición forzada de Santiago Maldonado. En este texto, Claudia Acuña sintetiza los interrogantes que formaron parte de las hipótesis abordadas a lo largo de los cuatro encuentros y que apuntaron a reflexionar sobre la producción de imágenes en estos tiempos.

¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Trabajo final del taller coordinado por Nacho Yuchark


Uno.
¿Cómo fotografiar a un desaparecido? Y más difícil aún, ¿cómo fotografiar la desaparición forzada de Santiago Maldonado?
Esas fueron las preguntas que intentan responder estas fotografías, como ejercicio pero también como práctica: pensar la imagen y lo que representan, ahora y siempre.
Dos.
Preguntarse, bordar una respuesta colectiva y analizar esa respuesta es la propuesta que hacemos en cada espacio de entrenamiento de lavaca. En este caso, el taller que coordinó Nacho Yuchark con el título que dictó estas preguntas: Fotografiar la época.
La época que nos desafía a fotografiar a un desaparecido en democracia.
Tres.
“Nunca se ha establecido la relación entre lo que vemos y lo que sabemos”, nos advertía John Berger en Modos de ver, un bello texto que siempre conviene releer para tener presente que “lo que sabemos o lo que creemos, afecta al modo en que vemos las cosas”.
¿Cómo nos afecta, por ejemplo, la manipulación mediática que forma parte de la maquinaria que desapareció a Santiago Maldonado?
Y en particular, ¿cómo afecta a nuestra mirada al momento de hacer click, de recortar la realidad y poner en foco un pedacito del todo, que convertimos así en emblemático, significativo, especial?
Ninguna reportera gráfica tiene tiempo para pensar estas cosas cuando está en la calle registrando una marcha.
Ningún reportero gráfico tiene espacio para hacerse estas preguntas en pleno ajetreo de una cobertura y ni siquiera después, cuando selecciona qué fotos poblarán las redes, buscando ese gran motivador de esta época maquínica, el botón que nos señala “me gusta”.
Cuatro.
Esa manipulación que nos afecta la mirada, ¿comienza entonces con una intervención mediática que nos indigna o nos conmueve y termina con la cantidad de “me gusta” capaz de atrapar la imagen que producimos?
Otra pregunta posible:
¿Cómo nos afecta la mirada sobre Santiago la memoria, los 30 mil, el genocidio, su impunidad y, finalmente, su condena social, que conllevó un esfuerzo conmovedor y sostenido durante décadas y décadas y que, lejos de ser pasado, es presente, es noticia, es hoy, aunque no ocupe titulares de los diarios que La Nueva Provincia haya sido condenada hace apenas una semana por la falsedad de la información denigratoria de los y las desaparecidas que publicaba en los años del terror y la complicidad mediática?
Otra más:
¿Cómo nos afectan todas las imágenes creadas para sostener esa épica resistencia; aquellas siluetas de gruesos contornos negros, las fotos carnet en blanco y grises, los pañuelos blancos estampados alrededor de la Pirámide o la roja tipografía del Nunca Más que la desaparición de Santiago desmiente?
Podríamos seguir formulando preguntas, pero el punto que señalamos es otro: las múltiples afectaciones a las que estamos expuestos.
Todas esas múltiples, superpuestas y constantes afectaciones son lo que llamamos “la época”
Cinco.
Afectar es una palabra que tiene siempre una connotación negativa.
Refiere a una conmoción que nos produce algo tremendo, traumático, ajeno a nuestra voluntad, que nos altera.
Pero “afectar” también refiere a una sensación que nos conmueve.
En épocas de algoritmos digitales, debemos recordar que sentir nos convierte en humanos.
Sentir miedo, impotencia, inquietud, angustia, desesperación o dolor no es ni bello ni agradable. Es humano.
Seis.
La desaparición forzada tiene la capacidad de afectar del terror: se impregna. Sustrae del tejido social un cuerpo para afectar a todo y a todos. El sufrimiento que genera así al tejido social y a cada uno de sus componentes se enfrenta o se esconde, se niega o se resiste, se manipula o se expone.
Muy pocas veces se reconoce.
Siete.
La desaparición forzada es un  acto brutal de abuso cuya víctima es un ciudadano y el victimario, el Estado. Como todo abuso implica violencia, humillación y silencio. El desaparecido se convierte así en la víctima de abuso en grado cero: no puede hablar, ni para defenderse ni para denunciar.
No puede gritar.
El desaparecido es aullido.
Ocho.
La voz de un desaparecido se construye socialmente. Nos habla a través de su familia -los únicos que se asumen trágica y públicamente como afectados- pero también a través de la prensa, las redes, las paredes, la tele, las marchas, la calle.
En esa voz social quién nos habla es la época. Su potencia para construir justicia o impunidad dependerá de qué exprese –en contenido y también en forma-, pero también de cuántas voces se expresen y por dónde lo hacen.
Aun así, no es la voz del desaparecido. Es la nuestra, la que con nuestros silencios y nuestras afirmaciones construimos.
Aun así, un desaparecido nos habla.
¿Cómo fotografiar esa voz?
Nueve.
Santiago nos habla a través de su imagen. Nos dice algo con la mirada, con la barba, con las rastas. Nos dice cosas que ni sabemos que estamos escuchando.
Nos dice, por ejemplo,  algo  importante: el alma habla con imágenes.
Nos dice así que en este mundo horrible en el que desaparece Santiago crear imágenes representa, quizá como ninguna otra producción de la época, hablar con el alma.
Así, la imagen de Santiago deja de ser mero aullido y se convierte en grito.
Diez.
Reconocernos como afectados  por lo que esta época horrible nos hace sentir.
Sentirnos humanos.
Inseguros, cagones, imperfectos, pero obstinados.
Buscar las dudas, los no sé, los no me sale y desde ahí comenzar a probar cómo, a jugar cuándo y a sentir dónde.
Ser cada una, cada uno, único y, a la vez, todos, porque eso es lo que representa la mirada humana.
Saber que nuestro éxito es el abrazo, que vale más que todos los “me gusta” de la máquina.
Intentar que en cada una de las imágenes que creamos hable Santiago.
Esa es la propuesta que parió estas fotografías.
Ojalá sean escuchadas.
¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Tomás Ramírez


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Juan Días


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Verónica Ape


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Manuel Cortina


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Agus Gundin


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Evelyn Delgado


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Flor Belluci


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Damián de Amorín


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Pamela Fadiga


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Lucía Alanis


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Livia Sorio


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Agos Gundin


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Inés Balcarce


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Celeste Destéfano


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Mariela Medrano


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Juan Días


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Yamila Avilés


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Lucía de la Torre


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Pamela Aurora


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Giselle Valente


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Mariela Medrano


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto Florencia Pigliapoco


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Lucía Alaniz


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Federico Gall


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Carla Perrone


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Pancho Ferra


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Carla Perrone


¿Cómo fotografiar a un desaparecido?

Fotografiar la época. Ensayo fotográfico colectivo. Foto: Tomás Ramírez


 
 

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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