Nota
“¿Cómo quieren pasar a la historia?”: la pregunta de las estudiantes a Diputados por el #AbortoLegalYa
En el día en que se tomaron 13 colegios en la Ciudad, más de 20 jóvenes de diez secundarios distintos se reunieron en MU para hacerles llegar a los Diputados la carta que exige #AbortoLegalYa. Sus relatos –y sus acciones-trazan una línea muy clara de reclamos que van desde la urgente aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral hasta cómo frenar la violencia machista, haciendo pie en el aborto. La razón de las tomas, las amenazas de las autoridades y gobiernos, y la voz lúcida de la Generación Verde que está a la altura de la Historia: “No les tiene que temblar la mano para votar: tienen todo nuestro apoyo”.

Las estudiantes de diez colegios de Buenos Aires entregan la carta con más de mil firmas a las diputadas Donda y Ferreyra.
Foto: Martina Perosa
Hay reuniones históricas que parecen pasar desapercibidas, pero que suelen transformar eso que llamamos, en mayúsculas, la Historia. Hoy, más de 20 estudiantes de escuelas secundarias de Buenos Aires -en general delegadas de los centros de estudiantes- se reunieron en MU para pedirles a los diputados y diputadas que voten a favor del aborto legal. La excusa fue la entrega de la Carta que una semana antes habían comenzado a firmar también en MU, y que durante estos días siguió sumando firmas en cada colegio. El resultado: más de mil mujeres de diez colegios distintos –“y siguen”, dicen-, que hoy fueron entregadas a las diputadas Victoria Donda y Araceli Ferreyra, de Corrientes, que se acercaron a recibir la Carta y escuchar a las jóvenes.
Qué dijeron
Las jóvenes estudiantes son la noticia del día, pero no por este encuentro histórico (con diputadas, pero sobre todo entre ellas), sino porque en muchos de sus colegios los estudiantes decidieron hacer una toma, vigilia o “pernoctazo” hasta el miércoles en que se decida la votación. La causa: mostrar el contundente apoyo del estudiantado de los secundarios a favor del aborto legal, que se visibilizó en una inédita toma conjunta, pero que no es novedad ni capricho.
En una consulta impulsada por la Federación Universitaria de Buenos Aires, la Coordinadora de Estudiantes de Base, la Coordinadora de Estudiantes Terciarios y la Federación de la Universidad Nacional de las Artes, 30.000 estudiantes se pronunciaron recientemente a favor del aborto legal en todo el país. Un 90% del total de consultadxs.

Las jóvenes reunidas en MU, compilando las planillas de firmas de los distintos colegios previo al encuentro con diputadas.
Foto: Martina Perosa
Las estudiantes vienen sosteniendo este reclamo desde hace años, no sólo como una bandera sino como una realidad palpable día a día: a fuerza de atender dolorosas historias de abortos, abusos y violencias, y de paliar al final el incumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral, sancionada hace 12 años, pero de escaso cumplimiento en las aulas.
Hasta el cierre de esta nota eran 13 las escuelas tomadas por estas precisas e históricas razones. Y al menos otras siete escuelas votaron una serie de medidas también para mostrar su apoyo a los diputados que voten por el aborto legal.
Las tomas y los temas
En el Carlos Pellegrini la toma se votó tres veces: en la asamblea de la mañana, en la asamblea de la tarde y en la asamblea de la noche. Dos carteles decoraban la puerta de la calle Alvear abierta a medias, sosteniendo los principales reclamos: “Aplicación de la ESI” y “Aborto Legal Ya”.
La votación, calcula Natalia, vicepresidenta del Centro de Estudiantes del Pellegrini, tuvo un apoyo de más de 500 estudiantes, que votaron una vigilia desde el 11 hasta el 14 de la votación en el Congreso. Ese día, los varones se quedarán en el colegio, mientras las mujeres harán la vigilia pero frente al palacio legislativo.
La escuela pionera en plantear la toma como medida para empujar el aborto legal fue el Yrurtia, de Parque Avellaneda, y además del Pellegrini le siguieron el colegio Julio Cortázar, la escuela técnica Fernando Fader, el Mariano Acosta, la Escuela de Cerámica N° 1, el Normal n° 6, el Normal n° 1, el Instituto De Enseñanza Superior en Lenguas Vivas «Juan Ramón Fernández», la escuela Rodolfo Walsh y la Escuela Osvaldo Pugliese. Otros dos colegios también realizaron vigilias, pero del lado de afuera del edificio.

Foto: Martina Perosa
“Se venía pensando en el pernoctazo y como vimos la situación complicada en Diputados, decidimos pernoctar a partir del último módulo de cada colegio”, explica Agostina del colegio Cortázar, donde calculan que la votación para la toma fue de 100 votos a favor contra 8 en contra.
En el Pugliese, cuando las jóvenes entraron a MU, todavía la asamblea estaba decidiendo la medida. Las chicas adivinaban la decisión final: “Se va a tomar”. Y las otras respondían: “Bien, fuerza”.
En una ronda improvisada, mientras se juntan las firmas de los diez colegios que llegaron a reunirse hoy, las jóvenes comparten sus experiencias: “En el Acosta la rectora duerme con los chicos”, cuentan la excepción. “En el Pellegrini el rector también está a favor del aborto y permitió las asambleas”, relatan.
Las chicas comparten que en otras siete escuelas las asambleas votaron en contra de la medida de la toma, pero que acompañarán con la vigilia del miércoles en el Congreso. Uno de los argumentos: “Decían que era quitarles días a los trabajadores del establecimiento… ¡Las trabajadoras del colegio también abortan! Entiendo el lugar de presión que tienen los directivos pero no deberían separarse de esta lucha porque no es solo estudiantil, sino docente y de toda la comunidad educativa y los cuerpos gestantes”.
En la ronda también salta la indiginación ante dos casos concretos: en el coelgio Fader y en el Buenos Aires el agua apareció cortada de manera sincrónica el día de la asamblea decisiva. La interpretación es clara como el agua: “Suspendieron las clases por agua para vaciar las asambleas”. En el Manuel Belgrano tocó justo la desinfección, igual que en el Yrurtia, donde los jóvenes igual avanzaron.
Actas, ausentes, intimidación de los directivos. Las chicas relatan todo tipo de trabas institucionales y hasta amenazas que bajan desde el Ministerio de Educación porteño. El Lenguitas es otro caso: “Hay amenaza de usar el protocolo antitomas”, relatan las jóvenes a lavaca. Ese protocolo exime a los rectores de la responsabilidad de las tomas y la traslada a los padres de las chicas y chicos. “Eso perjudica a los colegios menos organizados”, analizan y cuentan que, si bien la medida se encuentra trabada por la Justicia, el rumor que baja de arriba es que podría entrar en vigencia este miércoles 13 ante una nueva reunión de las autoridades. La toma no es un impedimento: las del Lenguitas decidieron hacer una peña el miércoles, y quizá un pernoctazo de cara a la votación.

Jóvenes del Pellegrini, en la puerta del colegio.
Foto: Martina Perosa
Una joven del Manuel Belgrano de Barracas cuenta desde adentro: “Hicimos pañuelazos, nos movimos mucho para hacer medidas para el miércoles y hoy teníamos pactada una asamblea. Se dio que, de un día para el otro, el viernes a las 16:20 cuando nos estábamos yendo, nos avisan que el lunes hay una desinfección en el colegio”. La jugada habla de las maniobras de las autoridades para evitar las tomas: “En el Buenos Aires nos pasó lo mismo”, cuenta otra. “Dijeron que no había agua y suspendieron las clases, y por eso las asambleas. Igual nos quedamos afuera haciendo vigilia”. Cortázar: “Nosotras el miércoles hacemos asamblea para ver qué medida tomamos. Queremos pernoctar o hacer una juntada o ir a la vigilia”.
Pellegrini: “No es la primera toma que hacemos por estos reclamos. Está en particular es por el proyecto de ley que se va a votar el miércoles, pero ya hicimos una toma multitudinaria en colegios que tuvo como principal reclamo la Ley de Educación Sexual Integral. Nos estamos organizando como movimiento estudiantil para que el proyecto efectivamente salga porque es la séptima vez que estamos impulsando”.
Lenguas Vivas: “La educación sexual nos la pusimos al hombro. Durante el verano tuvimos que organizar un movimiento de mujeres en el que teníamos que denunciar a nuestros propios compañeres que ejercían violencia. Y este año se vino toda una ola verde, feminista, que hizo que ya las personas de primer año vinieran con el pañuelo: es muy emocionante, y a la vez nos da un dolor impresionante cargar estas cosas sobre nuestras espaldas”.

Foto: Martina Perosa
Las mujeres contra el Estado
Recapitulemos: en al menos 20 colegios de la Capital Federal se están gestando asambleas que no plantean otra alternativa que aprobar la ley de aborto legal. ¿Por qué sucede esto en este sector social? Recapitulemos: “Somos las que abortamos en la clandestinidad, somos las que no recibimos educación por parte del Estado: ya es hora”.
Las jóvenes retoman la (in)experiencia de la Ley de Educación Sexual Integral por algo bien concreto: saben lo que es ver parir una ley y que nunca se cumpla. “No hay que ser conformista porque hay que ver si se cumple y cómo se aplica si sale la ley de aborto”, aseguran. Retomando los debates legislativos de voces a favor y en contra, argumentan: “¿Escuchamos decir que salvemos vidas y que ahora les preocupa la educación sexual? Hay una ley que hace 12 años está y nunca les importó”.
Juanita, del Cortázar, se formó como promotora en salud sexual para poder impartir clases a sus compañeras. Es decir, para poder hacer lo que el Estado no hizo por ella y por ellas. Dice: “La ESI no sólo es métodos anticonceptivos. Son todas las cuestiones relativas a la sexualidad, entre ellas el aborto. No es sólo entregar pastillas”. Y cierra: “No puede ser que la salud sexual la hagamos nosotras y no el Estado”.
Otra joven pone el dedo en la llaga: “Hacemos todo lo posible para no llegar al aborto y el Estado hace todo lo posible para que nos embaracemos. Se preocupan cuando somos madres, por el embarazo adolescente, pero les falta el antes y el después. Falta el aborto”.
Otra: “Aparecen cuando es nuestra decisión, pero antes no nos ayudan a no quedar embarazadas”.
Las chicas cruzan datos: “En nuestro colegio no hay embarazadas, pero no porque no haya embarazos: los hay, y abortamos”. Una acota: “Eso es porque es de clase alta”. En el colegio García Lorca, de Paternal, Sofía calcula un promedio: 3 de cada 10 estudiantes tienen hijos. “Lo que no tenemos son denuncias de violencia: eso nos preocupa más”. Otra suma: “En nuestro colegio una embarazada se tuvo que cambiar de colegio por vergüenza. El padre, no”.
Juanita retoma el hilo del reclamo: “Autogestionamos la salud. Me capacité en promoción de salud para darle contenido a mis compañeros: el Estado no me contó ni cómo poner un preservativo. Y cuando interviene, interviene mal”.
Sofía, del Lorca: “No es normal que tengamos que usar el 90% de nuestro tiempo en reclamar derechos básicos”.

Foto: Martina Perosa
Juanita: “Nos enfrentamos a situaciones que no estamos capacitadas. Por ejemplo, en mi colegio denunciaron a la persona con la cual yo construía el centro de estudiantes y me había postulado. Y me encontré haciéndome cargo de una situación de la cual no podía, porque emocionalmente no me daba. En el Cortázar estuvimos años pidiendo un puesto de psicólogo y no nos daban, y se consiguió finalmente. Luego armamos un gabinete interdisciplinario desde una perspectiva de género. Todas esa cuestiones llevan a que nos tengamos que responsabilizar nosotras y ocupar un gran bache: el del Estado”.
Agostina, también del Cortázar: “La realidad es que las comisiones de género y espacios de mujeres nos damos cuenta que no damos a basto. No nos la psiquis ni el cuerpo para cubrir estas problemáticas. No tenemos educación sexual ni protocolos contra la violencia que aseguren nuestra salud en colegios. Tenemos casos de preceptores que acosan a compañeras de primero y segundo año, tenemos violencia, relaciones tóxicas todo el tiempo, en todos los años, en todos los cursos. Todo el tiempo estamos nosotras poniendo el cuerpo en situaciones de las que somos víctimas. Nos sentimos orgullosas en ser promotoras de salud, pero no es nuestro deber ni nuestra responsabilidad: es la de ustedes”.

Foto: Martina Perosa
El reclamo en 10 frases
Reunidas frente a las diputadas Victoria Donda y Araceli Ferreyra, las jóvenes hacen una ronda para contar las experiencias colegio a colegio. Deciden hablar todas, dicen, porque “no vinimos acá a hacer número: somos representativas y tenemos algo que decir”.
La clase, entonces, se da vuelta: las diputadas escuchan, en silencio. Las jóvenes les hablan a ellas, pero el mensaje que quieren hacer llegar tiene –y lo dicen- otros destinatarios: los diputados que están dudando o votarán en contra del aborto legal.
A ellos y ellas, entonces, las estudiantes les dirigen palabras que no son consignas, sino miradas lúcidas y claras:
- “¿Van a hacer algo o no van a hacer nada?”
- “¿Cómo quieren pasar a la Historia? Pueden pasar a la Historia como que hicieron algo por los derechos de las mujeres, o como cómplices de 500 mil muertes”.
- “Si no se aprueba nadie se va a su casa”.
- “Ya no estamos en los´50: nosotras ya superamos el tabú, lo podemos decir”.
- “Estamos mostrando la fuerza del reclamo. Ustedes pueden ignorarlo o verlo. A pesar de que voten en contra nosotras abortamos igual. Sólo les pedimos que legislen”.
- “El embarazo adolescente no arrasa con nuestros estudios: arrasa con nuestras vidas”.
- “La potencia nuestra es que ellos no van al colegio hace mil años y nosotras sabemos los abusos, los abortos, las embarazadas”.
- “No los tiene que temblar la mano para votar. Tienen todo nuestro apoyo”.
- “Estamos a la altura. Hay que ver si ustedes también”.









Nota
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Nota
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