Nota
De la estrategia sueca a la Villa 31: comparaciones, fantasmas y preguntas
Desde que comenzó la cuarentena, lavaca viene publicando este intercambio entre la periodista Claudia Acuña – integrante de MU- y América Vera Zavala, dramaturga sueca. En las cartas 2.0, estas amigas intercambian experiencias y sensaciones respecto al abordaje del virus aquí y allá. Hoy que Suecia está en boca de todos, conviene releer varias de las cartas y, particularmente, esta nueva como un noticiero en vivo de lo que hoy se anuncia como descubrimiento. La diferencia entre lo que se dice y lo que pasa, entre lo que no se dice y pasa, y entre las medidas recomendadas por expertos y las decisiones políticas.

Buenos Aires, Argentina, 6 de mayo de 2020
Querida América:
Aquí comenzó el frío: 15 grados. Te preciso el dato porque sé que eso no es frío en Suecia, pero acá sí, especialmente para Buenos Aires, porque ese termómetro marca el momento en que la ciudad se endurece y en este momento tan extremo, más.
Vengo de hacer las compras por mi barrio y me encontré con una noticia: los comercios minoristas abrieron, a pesar del decreto de cuarentena obligatoria que los obliga a permanecer cerrados hasta dentro de cuatro días, y quizá más, según anticipan.
Abrieron las mercerías, las casas de venta de ropa, los restaurantes, las jugueterías, las mercerías, las zapaterías y más. Todas atienden en la puerta –no permiten el ingreso al local- y colocan una mesita atravesando el umbral, donde apoyan en el lugar más visible un frasco de alcohol en gel. Casi a manera de performance realizan así, de idéntica manera, local tras local, un acto de rebelión social, para presionar sobre los anuncios inminentes de prolongación del encierro.
Debo explicarte, creo, lo más difícil de explicar: cuando el Presidente anunció hace 10 días por cadena nacional que la cuarentena se prolongaba hasta el 10 de mayo, informó que se podía salir una hora por día para transitar un radio de cinco cuadras de tu domicilio. Y especialmente, le habló a las infancias. Les dijo que también estaban autorizadas a salir durante esa hora. Al día siguiente –domingo de sol- vi muchas familias que, manteniendo prudentemente las distancias aconsejadas, salieron del encierro con sus hijos, con barbijos. Pero el Presidente también dijo en aquel mensaje que las modalidades que adoptaría la cuarentena en esta nueva etapa iban a ser dispuestas por los gobernadores de cada provincia y por el jefe de Gobierno, en el caso de la ciudad de Buenos Aires. Mi interpretación es que delegó en esas manos la responsabilidad política de la salida del encierro. No estoy segura, claro. Lo que sí es un hecho es que al día siguiente el gobierno porteño anuló la posibilidad de salir una hora y también, que lo hiciera la niñez. Tengo amigas a las cuales les resultó muy difícil explicarles a sus hijos por qué no podían salir, a pesar que lo habían escuchado de boca del Presidente. Y lo difícil sobre lo ya difícil es un combo muy peligroso. Mucho más en estas circunstancias donde la información clara es vital para obtener consenso social a medidas antisociales.
Ubico entonces ahí la primera rajadura, que fue detectada inmediatamente y con la precisión que solo tienen los oportunistas políticos para calar más hondo. Eso, en nuestro país, es lo que hace la derecha, que sólo leva al ritmo de los errores de aquello que, para abreviar, voy a llamar “progresismo”.
A esta situación que comenzaba a ponerse delicada se sumó, en paralelo, los motines en las cárceles para exigir salir, ante el peligro de una epidemia de coronavirus dentro de los penales. Aquí pesó mucho el segundo problema del discurso oficial que justifica el encierro de toda la población en sus casas: la velocidad de expansión del virus –lo cual es cierto- y su poder letal- lo cual no parece ser hasta ahora tan certero. Hasta el momento, las estadísticas del ministerio de Salud indican que la letalidad del coronavirus alcanza al 6% de los infectados, y, según entiendo de los partes, ha provocado esas muertes en personas con patologías previas. Pero los discursos que circulan –no sólo desde el gobierno, aclaro- señalan que el peligro no está en que la cantidad de infectados colapse el sistema sanitario –principal motivo de esta cuarentena- sino en la letalidad del virus, como hoy mismo leo que el Presidente dijo para responder a la demanda de apertura: “Salir de la cuarentena como reclaman algunos es llevar a la muerte a miles de argentinos”.
Repito: llevar a la muerte a miles de argentinos.
¿Eso representa el coronavirus?
No es lo mismo que decir: “Llevar a que miles de argentinos sean infectados”.
Durante las primeras semanas de la cuarentena el gobierno ha difundido fotos con los hospitales de campaña montados en campos militares y también en un parque temático, Tecnópolis. La más impactante fue la foto de las fosas comunes que ordenó cavar el intendente de Córdoba Capital.
En el contexto de estos discursos oficiales es más fácil comprender por qué el primer infectado de coronavirus en un penal desató un motín. Tengo que aclararte que las cárceles argentinas no son cárceles: son mazmorras atestadas de personas que, en su gran mayoría, están a la espera de una condena. La violencia de esas protestas en las cárceles obligó a jueces, a través de la presentación de un habeas corpus colectivo, a liberar a algunos detenidos. Inmediatamente diferentes organizaciones de víctimas exigieron que no se libere a criminales peligrosos. Y muy especialmente, a quienes estén encerrados por delitos de violencia contra las mujeres. Otra vez el contexto es necesario para comprender este aireado reclamo: la cantidad de femicidios que se produjeron durante la cuarentena, hecho despreciado por la Ministra de las Mujeres en los informes que dio por teleconferencia ante el Senado, primero y ante Diputados, después.
Así las cosas, sumando ingrediente con ingrediente y con el caldo del malestar agitado por fake news salidas de las peores cuevas, estalló un cacerolazo en repudio a la “suelta de criminales, violadores y asesinos”.
Fue ruidoso, muy masivo y muy mal comprendido, según interpreto.
Las aclaraciones del gobierno llegaron tarde y mal. Recién ayer el Presidente precisó que se liberaron solo 300 de las 12.500 personas requeridas, ninguno de los que había cometido delitos graves, y que todas las liberaciones fueron dispuestas por jueces, es decir que no hubo responsabilidad ni del Presidente ni del gobernador bonaerense en estas decisiones. Obviamente estos nombres fueron los señalados por….¿quiénes?
Acá la cosa se complica un nivel más, como sucede en los juegos virtuales. Argentina está negociando con los acreedores financieros –más conocidos aquí como “buitres”, con perdón de los buitres- y eso significa que la oferta del gobierno es no pagar lo que piden y la contraoferta, ya te imaginarás.
Pero como si esto fuera poco, se sumó un ingrediente más: luego de algunos rounds que incluyeron un pronunciamiento de la Corte Suprema sobre si era constitucional sancionar leyes en sesiones realizadas por teleconferencia, el proyecto que propone el gobierno sancionar así es un impuesto a las grandes fortunas. El Presidente lo definió como “una contribución única” que “afecta a 1.200 personas que tienen en conjunto unos 1.300 millones de dólares.”
Repito: 1.200 personas tienen en Argentina y en estos momentos, 1.300 millones de dólares.
Ayer el ministro de Salud informó que la ocupación de camas en terapia intensiva es por ahora del 40%.
¿Falta lo peor o ya pasó?
Lo peor, sin embargo, ya está pasando.
En los sectores más golpeados –pequeños comercios, cooperativas, profesionales independientes ( abogados, psicólogos, etc)- la ayuda del Estado no llega, en otros no alcanza, y a los que llega, no beneficia a quienes debería, sino a los mismos de siempre: sectores enteros de la economía han recortado un 25% los salarios, a pesar de que muchas empresas han recibido subsidios para pagar esos sueldos.
Hay 301 infectados por coronavirus en la Villa 31, de Retiro, donde no hay agua desde hace 14 días.
Repito: no hay agua desde hace 14 días en un barrio donde viven 43.000 personas empobrecidas y en plena pandemia que obliga a lavarte, como mínimo, las manos.
En tanto, un grupo empresario local anunció su asociación con una minera china para explotar un emprendimiento en una zona en la que está prohibida por ley.
La reclusión obligatoria, entonces, se quebró en Esquel, donde cientos de personas marcharon con barbijo y a un metro de distancia para recordarle al Estado que gobierne quien gobierne no a la mina es no.
Y ese mismo día en La Plata docenas de mujeres, con barbijo y a un metro de distancia, se plantaron en la plaza principal para gritar “paren de matarnos”.
Conozco desde hace treinta años a la señora que hoy me vendió clandestinamente un ovillo de lana roja. En todos estos años, jamás hablamos de política ni de ninguna otra cosa que no sean botones, hilos y el número de aguja adecuada para con tal lana obtener tal tejido. Por primera vez hoy, levantándose el barbijo para que pudiera escucharla mejor, se atrevió a cruzar ese límite implícito y me dijo:
– Como pueblo tenemos muchos defectos, muchos, y de política nos comimos varios sapos, pero si de algo sabemos mucho es de economía. No la estudiamos: la olemos.
Y para expresarme qué huele ahora se subió el barbijo.
Es ese olor infecto el que circula ahora por las redes sociales. Me sorprende que en esas cuevas se hable cotidianamente de Suecia, por ejemplo. He leído posteos de intelectuales con prestigiosos posgrados que aseguran sin datos que en Suecia “todos los días cuentan miles de muertos” y también he leído a los más nefastos referentes de la derecha citar a Suecia como ejemplo para alentar el fin de la cuarentena.
También leí un artículo muy interesante publicado en un diario español que analiza el caso sueco en esa doble tensión: criminalizado por ser el único país que sigue otra forma sanitaria y política de enfrentar al virus y, al mismo tiempo, agitado como ejemplo por la derecha más rancia, que no distingue entre un sistema sanitario público de acceso universal de aquellos que sostenemos con mucho esfuerzo humano países empobrecidos por la rapiña financiera que sembró esta brutal pandemia de desigualdad.
Unos disfrutarían que Suecia tuviera millones de muertos, otros celebran cualquier cosa que les permita depredar más.
En el medio estamos vos, la señora de las lanas, yo, millones de nadies, atravesando esta pesadilla con el único contacto humano permitido: el olor.
PD) Han pasado cuatro días desde que escribí estas líneas. El presidente anunció por cadena la prolongación de la cuarentena obligatoria hasta el 24 de mayo. Para justificarla, entre otros argumentos, dijo: “Si no hacemos esto vamos a ser Suecia”. Los diarios se llenaron de notas sobre la estrategia sueca. Mucha opinión, poca información. Pero ya es evidente: analizar juntas el camino elegido por nuestros dos países era lo que teníamos que hacer.
Te abrazo.
Estocolmo, Suecia 11 de Mayo 2020
Querida Claudia
Un par de días atrás le mande un mail a mi suegra preguntándole si quería regalarle a Ernesto, que cumple años el 22 de mayo, un ropa muy linda que encontré a un precio muy bueno. En su respuesta me dice que sus ojos se llenan de lágrimas cuando piensa en todos los cumpleaños que pasó con Ernesto y que ahora ni lo va poder ver ni sabe cuándo. Las personas que dicen que en Suecia se vive una vida normal están muy equivocadas. Nosotros también perdimos nuestra normalidad al inicio de marzo, pero sí es cierto que la estrategia sanitaria sueca está siendo debatida en todo el mundo y lo que se dice muchas veces no son equivocaciones, sino historias mal contadas con la intención de crear un mal o buen ejemplo.
¿Por qué el presidente de Argentina le habla a los argentinos sobre Suecia en un discurso sobre la cuarentena? Eso es político.
Mucha gente dice que lo más difícil de la cuarentena no es entrar, sino salir. ¿Cómo se sale de una situación donde se dice que nadie va morir si todos nos quedamos en casa? ¿Cómo salir de casa?
Esta mañana hablé con una amiga (sueca) que tiene un novio (palestino) que vive en Nueva Zelanda. Ella probablemente regrese a Suecia en una semana. Sabe que no va poder regresar porque los ingresos a Nueva Zelanda están por el momento prohibidos. La estrategia de la isla es Corona Cero. La estrategia de Suecia está basada en otro paradigma: temprano o tarde casi toda la población va ser contagiada. Lo importante es que no todo el mundo esté contagiado al mismo tiempo porque el sistema de salud público no tiene capacidad para responder a una demanda masiva. La Agencia de Salud Pública y los epidemiólogos acá hablan mucho sobre un tema calve: una de las varias cosas que son difíciles para enfrentar a un virus así es saber cuándo implementar una medida, porque la medida debe entrar en el momento correcto. A mí me da la impresión (sin ser experta) que Argentina entró en cuarentena muy temprano y por eso las medidas ahora tienen más efecto negativo en la gente, la economía, la salud pública (entendiendo como parte de la salud de la población los femicidios, la salud psíquica, etc.) al priorizar el efecto en el sistema de salud del coronavirus. En Gran Bretaña parece que las medidas fueron implementadas muy tarde, por eso la tasa de muerte es alta. Pero ojo: cuando, por ejemplo, se compara Suecia con los otros países nórdicos, el epidemiólogo Johan Giesecke – uno de los más destacados del mundo- dice que al final de este proceso, que será largo, los países nórdicos van a tener más o menos la misma tasa de mortalidad. El futuro nos contará si tiene razón.
El presidente de Argentina no es el único que se refiere a Suecia. Trump también ha hablado sobre Suecia de manera negativa un día, positiva otro, para al tercer día volver a lo negativo. La extrema derecha norteamericana, que sale a la calle armada para protestar contra la cuarentena, porta carteles que dicen que Estados Unidos debería hacer como Suecia. En los últimos días la Agencia de Salud Pública de Noruega dijo que cerrar las escuelas y jardines habría tenido muy poco impacto. Suecia no los cerró nunca. Sin embargo, no fue una media recomendada por los expertos, sino una decisión política.
El otro día el jefe de las páginas de Cultura del periódico de Gotenburgo Björn Werner escribió una columna bastante humorística que decía que solamente en un país donde uno está acostumbrado a pasarlo tan aburrido se puede aplicar medidas que son tan sostenidas, porque ahora que los países europeos están abriendo la cuarentena, nosotros seguimos cerrados a medias (o abiertos a medias, depende de tu perspectiva). Y claro que tiene razón: en un país tan conocido porque nunca pasan cosas muy dramáticas la estrategia contra el coronavirus también es poco dramática.
Lo que yo me pregunto es por qué en el mundo sólo Suecia sigue otra estrategia. Es decir, por qué existe esta falta de variación para enfrentar este virus.
Ese falta de variación me hace recordar los debates sobre el FMI en los años noventa, cuando la crítica contra los programas de ajuste estructural había crecido mucho. Fue por entonces que Joseph Stieglitz, Susan George o Walden Bello comenzaron a hablar sobre el gran daño que creaba la política de la FMI por su falta de variación, por su falta de respeto a las diferencias de los países, y las diferencias dentro de los países. Los expertos del FMI parecían ciegos y mudos, guiados por una ideología neoliberal que mataba, porque la gente se moría de hambre.
Lo que yo me pregunto es por qué morir de Covid-19 es peor que morir de hambre. No es una pregunta retórica. Si todo el mundo se puede “cerrar” por un virus mortal, ¿por qué no se cerró también ante todas las muertes que produce este sistema? Eso es político.
El otro día hablé con una amiga en África del sur. El problema ahi es que no existe ningún tipo de medidas complementarias a la cuarentena. La gente que no tiene casa, ¿cómo se va a quedar en casa? La gente que vive junto a muchas personas en espacios pequeños, ¿cómo va a mantener la distancia de un metro? La gente que no tiene agua, ¿cómo va a lavarse las manos? Si en Suecia la recomendación de “trabajar en casa” ya revela las violentas diferencias de clase, ¿qué sucede en otros países donde la desigualdad es mucho mayor?
Me han contado que Bogotá la gente con hambre cuelga un lienzo rojo en su ventana.
Es una imagen desgarradora.
Este sábado a Camilo tuvo gripe, y en la noche su hermano le había diagnosticado corona. Cuando estamos cenando me lo dice: “mamá, creo que tengo corona” y sus lágrimas se derramaban por su cara de seis años. Al día siguiente se levantó alegre para jugar al fútbol. Esa es nuestra normalidad.
Besos
América.
Nota
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.


Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.



El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.












Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

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Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
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