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«Decidimos tomar la palabra»

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Palabras de Oscar, integrante de la Red Ciudadana tras el 11 M, de España:
Presentación: Hola amigos, buenas tardes, pertenezco a un colectivo de víctimas de la Red Ciudadana tras el 11 M. En aquellos trenes perdí a mi mujer. Desde hace un año me siento también parte de Cromañón porque voy conociendo su historia y experiencia. Hoy es la culminación de algo que quería hacer, compartir con vosotros este espacio, una marcha. Pido disculpas por si me emociono y no articulo bien las cosas.
Las mentiras: Les cuento primero el contexto sociopolítico en que ocurrieron los atentados. El Partido Popular (PP) estaba ya en su segundo mandato, de corte claramente neo liberal, alineado con todo el poder que maneja este mundo e intenta manejar nuestras vidas. Tenía mayoría absoluta, con lo cual tenia todo el poder para hacer y decidir. Pero en esos últimos 4 años se fue generando un ambiente de crispación y movilizaciones fuertes ante los descaros del poder. Hay muchos hechos que movilizaron a la gente. Una catástrofe ecológica de un petrolero en Galicia, que derramó y contaminó. La gestión del gobierno fue nefasta: negó la catástrofe cuando las costas estaban todas contaminadas y muerta toda la vida. Se hablaba de Nunca Mas. Hubo otro caso que sumó en esta dirección: un avión que traía tropas desde Afganistán tuvo un accidente, murieron 65 personas, eso también se negó por un tiempo hasta que la verdad de la negligencia salió a flote: las condiciones de transporte eran penosas. La constante de esos tiempos era una continua negación oficial de todo lo que ocurría hasta que la verdad afloraba, y no había más remedio que reconocerla.
No a la guerra: Pero lo más terrible fue el alinearse con Bush, Blair, para realizar la invasión de Irak por petróleo. Ellos dijeron que era preventivo, que Sadam era un dictador, pero sus verdadero interés era¡ el petróleo. España le dijo entonces que no a la guerra y a la invasión. No queríamos ser cómplices de matar gente con bombas preventivas, gente que lucha por cuidar a sus familias. Todos lo dijimos: el 80% de la población según los sondeos, el 90 incluso, estaba en contra. Una invasión ilegal, ni siquiera refrendada por alguna decisión de la ONU. Decidida por Bush y Blair y apoyada por el monigote de Aznar.
Hubo movilizaciones masivas a las que el gobierno no hizo caso.
Y nos puso en el punto de mira del terrorismo de Al Qaeda y no nos cuidó. No se activaron medidas de seguridad, de las cuales el gobierno es responsable. No nos cuidan en un boliche, en un supermercado, en ningún lado
El 11M: El 11 de marzo, a las 7 y 40 de la mañana, había mochilas en los trenes que llevaban gente que iba a trabajar, a estudiar, a ver a su familia, personas muy diversas.Gente obrera, que no pertenecía a esa cúpula de ese poder que nos puso en el punto de mira.
Estallaron en 4 focos diferentes, matando a 191 personas, hiriendo a 1.500 sobrevivientes. La respuesta a esa barbarie es que la gente sintió que en esos trenes cualquiera podría haber estado. Toda la gente sintió eso. Por eso surgió un lema “Todos íbamos en ese tren”.
La emergencia: En esos momentos el país tampoco estaba preparado para la gestión de la asistencia. La experiencia en atentados terroristas no era proporcional a la magnitud que tenía este atentado. Por lo cual la gestión fue de total descoordinación. Ambulancias que se atascan, heridos que no estabilizan, colapso en los hospitales, esperas de gente para ser asistida… piensen ustedes en las heridas que puede causar una bomba. Parecería que la asistencia estaba toda organizada, con mucha plata puesta en protocolos de emergencias, pero en el momento no funcionó.
Se crearon diferentes lugares de información, en realidad de des-información. Fue un caos. La gente estaba muy dolida. Los responsables no estuvieron.
Las urnas antes que las víctimas: El atentado se produjo tres días antes de las elecciones generales, con lo cual -en el ambiente de crispación que les mencionaba- era bastante delicado el tema de responder quién había cometido el atentado. El miedo que tenían era que se asociara con la invasión a Irak, y el gobierno entonces se preocupó no por las víctimas, sino por las urnas. Con lo cual el empeño fue identificar que la autoría del atentado fue de ETA. Cuando todo indicaba que esa magnitud de atentado no tenía el tinte de ETA.
Poco a poco comenzaron a aparecer pruebas que se iban acallando por parte del gobierno. Iban diciendo que no, que todo apuntaba a ETA, cuando ya había pruebas el 11 de marzo a mediodía, se había encontrado una furgoneta con pañuelos musulmanes, hubo detenciones de células terroristas –controladas desde hacia muchos años-. Muchos de ellos eran confidentes de la policía, contaban lo que hacían otras células. Entonces la gente empezaba a preguntar porque quería saber la verdad. Dentro de España no se hablaba de Al Qaeda, fuera de España todos lo pensaban. Se mandaron comunicados a todas las embajadas para que se insistiese en la autoría de ETA.
Las marchas: El 12 de marzo hay manifestaciones multitudinarias en todo el país, organizadas por el poder. Su lema era “Contra el terrorismo, por la democracia, con la Constitución.” Se hicieron santuarios. El 13 de marzo la gente empieza a preguntar: “queremos votar sabiendo, con la verdad.” En la gente, sin ser dirigida, aparece una nueva forma de reacción. Se empezaron a hacer manifestaciones frente a las sedes del Partido Popular, por ejemplo. Eso el PP lo toma como un ataque. Pero la gente quería saber.
El costo político: El 14 de marzo la gente votó y votó sabiendo, no porque se lo había contado el gobierno. Le pasó factura al PP, se cambió el gobierno, fue mayoría el Partido Socialista. Esa factura fue una respuesta que se fundó en el lema de “Vuestra Guerra, nuestros muertos.” Esa derrota se toma como un juicio político al responsable de la mala actuación anterior y en el momento del atentado. La sociedad, al sentir que es un juicio, piensa que las responsabilidades ya están. Para nosotros, no acaban ahí. Sino en el reclamo: que se haga justicia por tantas muertes, todos íbamos en ese tren. Hay una necesidad social de hacer algo para que no se repita. El juicio polìtico ya está hecho, pero ¿qué pasa si hay otro 11 de marzo? Los responsables siguen estando en cúpulas policiales o en puestos mejores y en la cúpula del PP que si mañana gana las elecciones, vuelven a estar allí.
Lo colectivo: Los familiares, poco a poco, nos vamos organizando, pero el problema de organizarse en España es la institucionalización de los espacios. Allí el dolor se vive de manera privada, no como un proceso colectivo, es algo que valoro mucho en las experiencias de la Argentina. Vivirlo en colectivo, en la calle. Quizás influenciados por el individualismo que genera la estructura económica, nos dicen que al vecino no le importa cómo estoy, no le importa mi dolor. Eso no es verdad: le importa, pero no sabe cómo acercarse porque no hay costumbre.
Las organizaciones: Hay una asociación en España que lleva 30 años: la Asociación de Victimas del Terrorismo, bastante afín a sectores militares, policiales. Empieza a aglutinar gente con un discurso de re-victimización, de anclar a la gente en llorar, mientras presiona sobre el gobierno para endurecer leyes antiterroristas.
En esa asociación, posterior a los atentados, deciden hacer socio honorífico a José María Aznar, lo cual hace que mucha gente no podamos pertenecer a una asociación donde el responsable principal sea socio honorífico. Mucha gente entonces no sabe dónde ir, pero poco a poco se van armando los grupos y allí se empieza a gestar otra asociación, desde donde se intenta hacer lo que se puede con el dolor, pero no una reflexión política de qué ha ocurrido, qué vamos a hacer, qué necesitamos. Eso se hace en la Red Ciudadana tras el 11 M.
La Red Ciudadana: La Red surge porque los otros espacios son asistencialistas, asistencia, son verticales, son poco abiertos a la elaboración, la reflexión y el pensar. Y sobre esas necesidades se va creando poco a poco ese espacio donde se puede expresar lo que se siente. El dolor es lo que nos une. Decidimos tomar nuestra palabra, que no nos roben la palabra, que otros no nos digan, que yo diga qué necesito. Tomamos la palabra y vamos a buscar la verdad, la justicia, la reparación. Es lo que nos une. En ese grupo tiene cabida todo el mundo, afectados directos o no, gente que se acercaba porque le parecía importante.
Cromañón: La Navidad del 2004 era para nosotros nuestra primera Navidad sin los seres queridos. Pero aparecen otras experiencias que se van quedando en uno. En enero tomamos contacto con el movimiento Cromañón y vemos cosas comunes. Que hay sentimientos que no se expresan, pero se saben. Un dolor por ese vacío, por esas heridas físicas y psicológicas que te colocan en un momento de la vida que no habías pensado, que es nuevo para ti, y que tienes que elaborar algo para seguir viviendo, para seguir adelante a pesar de ese vacío.
Las experiencias parecen diferentes. Puede parecer diferente a que un dueño de un boliche y unos gobernantes decidan primar el interés económico más que la vida. Pero si bien tiene sus diferencias, las diferencias son buenas para aprender qué hace el otro, y para eso estamos aquí. Ver qué es común y qué nos une.
Lo común: Lo común es una construcción desde el desgarro y el dolor. El dolor y la rabia como motor de la acción y la construcción. Es un motor que te hace sentir que lo que haces es justo, que quieres crear algo para que no haya un Cromañón más, un Atocha más, un Ycua Bolaños más.
Lo común es que el Estado no te cuida. Nosotros somos espacios basados en el cuidado, nos conocemos, todos sabemos cuándo uno necesita lanzar esa rabia, esa pena, llamar a alguien para cuidarte. Porque sabes que ese otro día lo va hacer por ti.
Lo radical: ¿Qué estructuras favorecen que aparezcan esas masacres? Esa denuncia resulta radical y subversiva. Somos radicales, porque vamos al centro, a la raíz, de la cuestión. Si, ir a la raíz del asunto, señalar, denunciar directamente qué es lo que está ocurriendo.
Acá los llaman golpistas, cosas horribles, por gentes afines a determinados sectores por intereses, inclusive gente vinculada a los derechos humanos. En España también nos llamaban cosas horribles, a veces nos decían que nos metiésemos nuestros muertos por el culo. También en Paraguay les dicen cosas horribles, pero estamos alineados en la justicia, en los pibes, en las víctimas, en lo que ocurrió.
El encuentro: Esa elaboración lleva unos aprendizajes y unos procesos que todos desconocíamos. A nivel personal aprendemos cómo se sobrevive. A nivel colectivo, a construir nuevas formas de elaboración, acción y reflexión. No hay un Manual de la Víctima. Cada uno y cada colectivo lo va descubriendo día a día.
Encuentros como estos nos dicen que no están solos, no estamos solos. La gente de Ycua está, nosotros estamos: no estáis solos. Gracias

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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