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¿Dónde estamos?

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El escritor John Berger resume en esta poética y lúcida descripción la postal del mundo actual. Y la humillación que revelarse a este estado de las cosas produce. Escribe, entre otras cosas, Berger: «La vergüenza nace cuando uno se ve obligado a protestar, a reclamar lo evidente: que gran parte del sufrimiento actual se podría aliviar o suprimir si se tomaran unas medidas realistas y relativamente sencillas (en algún lugar de nosotros mismos todos reconocemos la obligación, pero la obviamos por pura impotencia). ¿Se merece nadie ser condenado a una muerte segura sólo por no tener acceso a un tratamiento cuyo costo no llegaría a dos dólares diarios?»».

¿Dónde estamos?
John Berger (*)
Nota publicada por el diario El País, de Madrid, el 3 de noviembre del 2002, con traducción de Pilar Vázquez

Quiero decir algo, al menos, sobre el sufrimiento que existe hoy en el mundo.

La ideología del consumo, la más fuerte e invasiva del planeta, se propone convencernos de que el dolor es un accidente, algo contra lo que uno se puede vacunar. Ésta es la base lógica de su crueldad.

Todos sabemos, sin duda, que no hay vida sin dolor, y todos queremos olvidar este hecho, o relativizarlo. Todas las modalidades del mito de la Pérdida de la Edad de Oro, en la que no existía el dolor, no son más que una forma de relativizar el dolor que se sufre en la Tierra. Lo mismo que la invención de ese reino contiguo, el del sufrimiento como castigo, el Infierno. Y que el descubrimiento del sacrificio. Y después, mucho después, el del perdón, el más importante. Se podría decir que la filosofía empezó con una pregunta: ¿por qué hay sufrimiento? Sin embargo, hecha esta salvedad, el sufrimiento que se vive hoy carece, tal vez, de precedentes.

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Escribo en la noche, aunque es de día. Un día de principios de octubre de 2002. El cielo azul ha brillado sobre París durante casi una semana. Cada día anochece un poco antes y cada día la puesta de sol es increíblemente hermosa. Tal vez próximamente las fuerzas militares estadounidenses lancen un ataque ‘preventivo’ contra Irak, a fin de que las grandes compañías petroleras norteamericanas puedan hacerse con unas reservas de crudo nuevas y supuestamente más seguras. Escribo en la noche de la vergüenza.

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No me refiero a un sentimiento de culpa individual. Empiezo a entender que la vergüenza es un sentimiento que a la larga corroe toda capacidad de esperanza e impide mirar a lo lejos. Bajamos la vista, nos miramos los pies y pensamos sólo en el paso siguiente.

En todas partes, bajo muy distintas circunstancias, todo el mundo se hace las mismas preguntas: ¿dónde estamos? Es una pregunta histórica, no geográfica. ¿Qué estamos viviendo? ¿Adónde nos llevan? ¿Qué hemos perdido? ¿Cómo vamos a seguir adelante sin una visión del futuro medianamente plausible? ¿Por qué hemos perdido toda visión de lo que supera la duración de una vida?

Los expertos ricos responden: la globalización. La posmodernidad. La revolución en las comunicaciones. El liberalismo económico. Estos términos son tautológicos y evasivos. A la angustiada pregunta de ¿dónde estamos?, los expertos apenas murmuran: ¡En ningún sitio!

¿No sería mejor ver y declarar que estamos viviendo el caos más tiránico -por su poder de difusión- que haya existido nunca? No es fácil comprender la naturaleza de esa tiranía porque su estructura de poder (que abarca desde las 200 multinacionales más grandes hasta el Pentágono) es compacta y cerrada, pero difusa; dictatorial, pero anónima; ubicua, pero materialmente ilocalizable. Tiraniza desde un limbo exterior, y no sólo en los términos de las leyes fiscales sino también de la política, ya que no se somete más que a su propio control. Su objetivo es despojar al mundo entero de sus raíces. Su estrategia ideológica -comparada con la cual la de Bin Laden parece un cuento de hadas- es socavar lo que existe hasta que se derrumbe y convertir entonces las ruinas en su particular versión de lo virtual, un dominio, el virtual, cuya fuente de beneficios -y éste parece ser el credo de la tiranía- será inagotable. Suena estúpido. Pero las tiranías son estúpidas; y ésta está destruyendo la vida del planeta en el que opera. A todos los niveles.

Aparte de la ideología, su poder está basado en dos amenazas. La primera es la posibilidad de que el Estado con mayor fuerza militar del mundo se nos caiga encima desde el cielo. Se la podría denominar Amenaza B 52. La segunda la constituye la deuda, la bancarrota, y de ahí que, teniendo en cuenta cómo se establecen hoy en el mundo las relaciones de producción, se la pueda llamar Amenaza Cero.

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La vergüenza nace cuando uno se ve obligado a protestar, a reclamar lo evidente: que gran parte del sufrimiento actual se podría aliviar o suprimir si se tomaran unas medidas realistas y relativamente sencillas (en algún lugar de nosotros mismos todos reconocemos la obligación, pero la obviamos por pura impotencia).

¿Se merece nadie ser condenado a una muerte segura sólo por no tener acceso a un tratamiento cuyo costo no llegaría a dos dólares diarios? Esto se preguntaba el pasado julio la directora de la Organización Mundial de la Salud. Hablaba de la epidemia de sida en África y otras partes del mundo, la cual se estima que causará la muerte de 68 millones de personas en los próximos dieciocho años. Estoy hablando del dolor de vivir en el mundo hoy.

La mayor parte de los análisis y los diagnósticos de lo que está sucediendo se hacen, lo que no deja de ser comprensible, en el marco de una disciplina concreta: la economía, la política, la sociología, la salud pública, la ecología, la defensa, la criminología, la educación, etcétera. En la realidad, en lo que se está viviendo de verdad, todos estos campos se unen en un campo único. Sucede que las personas sufren en sus vidas las consecuencias de unos males que están clasificados en categorías separadas, y los sufren de forma simultánea e inseparable.

Un ejemplo de ahora mismo: los kurdos que llegaron recientemente a Cherburgo, corriendo el riesgo de ser repatriados a Turquía al haberles denegado el Gobierno francés el asilo político, son pobres, ilegales, indeseables políticamente, carecen de un lugar al que ir y no son clientes de nadie, no tienen quien los proteja. Y sufren todo ello al mismo tiempo.

Es necesario tener una visión interdisciplinar de lo que está sucediendo, porque es necesario conectar esos ‘campos’ que institucionalmente se mantienen separados. Y toda visión que intente conectarlos será necesariamente política (en el sentido original de la palabra). La condición esencial para pensar en términos políticos a escala global es ver la unidad del sufrimiento innecesario que existe hoy en el mundo. Éste es el punto de partida.

*

Escribo en la noche, pero no sólo veo la tiranía. Si así fuera, probablemente me vencería el desánimo y no podría continuar. Veo a la gente durmiendo, revolviéndose en la cama, levantándose a beber, susurrando sus proyectos o sus miedos, haciendo el amor, rezando, cocinando mientras duerme el resto de la familia, en Bagdad, en Chicago. (Sí, claro que veo también a los cuatro mil luchadores kurdos que fueron gaseados -con el beneplácito de Estados Unidos- por Sadam Husein.) Veo trabajar a los pasteleros de Teherán, y veo a los pastores de Cerdeña, tenidos por bandoleros, durmiendo junto a sus rebaños. Veo a un hombre en pijama en el Friedrichshain de Berlín leyendo a Heidegger frente a una botella de cerveza, y tiene manos obreras; veo una patera de inmigrantes ilegales en las costas españolas, cerca de Cádiz; veo a una madre de Mali, llamada Aya, que significa Nacida en viernes, acunando a su bebé; veo las ruinas de Kabul y a un hombre volviendo a

casa, y sé que, pese al dolor, el ingenio de los supervivientes no se deja mermar. Es un ingenio que rebusca y recolecta energía, y estoy convencido de que la incesante astucia de este ingenio encierra un valor espiritual, algo semejante al Espíritu Santo. Estoy convencido, aunque no sepa por qué.

*

El siguiente paso es rechazar el discurso de la tiranía. Los términos que utiliza son basura. Democracia, Justicia, Derechos Humanos, Terrorismo son los términos recurrentes en los discursos interminables y repetitivos, en los comunicados, en las conferencias de prensa, en las amenazas. Y cada palabra en ese contexto significa lo opuesto al sentido que tuvo en algún momento. Se ha traficado con ellas y se han convertido en palabras clave del código secreto de las mismas bandas que
se las han robado a la humanidad.

La democracia es una propuesta (que raramente llega a hacerse realidad) relativa al proceso de toma de decisiones. Lo que promete es que las decisiones políticas habrán de tomarse tras haber consultado a los gobernados y a la luz de la consulta. Su funcionamiento depende de que los gobernados estén adecuadamente informados de las cuestiones sometidas a decisión y de que quienes han de tomarla tengan la capacidad y la voluntad de escuchar y de tener en cuenta lo que han oído. No se debe confundir la democracia con la ‘libertad’ que proponen las opciones binarias, la publicación de las encuestas de opinión o el amontonamiento de los ciudadanos en cifras estadísticas, pues todo ello es precisamente el material empleado para guardar las apariencias.

Hoy las decisiones fundamentales, unas decisiones que son las responsables del sufrimiento innecesario que existe cada vez en mayor grado en el planeta, han sido y son tomadas unilateralmente, sin participación o consulta abierta.

¿Cuántos ciudadanos estadounidenses, por ejemplo, habrían dicho ‘Sí’ , de haber sido consultados, a la retirada de Bush del Acuerdo de Kioto, en el que se intentaba poner freno a las emisiones de dióxido de carbono que causan un efecto invernadero que ya ha empezado a provocar inundaciones desastrosas en muchas partes del planeta y que amenaza con causar aún mayores desastres en los próximos veinticinco años? Sospecho que una minoría, pese al poder de los medios de comunicación para encauzar la opinión.

*

Hace poco más de un siglo que Dvorak compuso su Sinfonía del Nuevo Mundo. Cuando la escribió, era director de un conservatorio de música de Nueva York, y la propia sinfonía le llevó a componer, ocho meses después y todavía en Nueva York, su sublime Concierto para Violoncelo. En la Sinfonía, las colinas que se pierden en el horizonte de su Bohemia natal se convierten en las promesas del Nuevo Mundo. No es grandilocuente, pero sí insistente y ruidosa, pues describe los anhelos de quienes carecen de poder, de aquellos a quienes se denomina erróneamente ‘pueblo llano’, de aquellos a quienes estaba destinada la Constitución estadounidense de 1787.

Pocas obras de arte que yo conozca expresan de una forma tan directa y, sin embargo, tan brusca (Dvorak era hijo de campesinos, y su padre soñaba con que se hiciera carnicero) las creencias que llevaron a una generación tras otra de inmigrantes a convertirse en ciudadanos estadounidenses.

Para Dvorak, la fuerza de esas creencias era inseparable de una ternura característica, de ese respeto por la vida que se ve por doquiera que se mire en la intimidad de los gobernados (a diferencia de los gobernantes). Y con este mismo espíritu fue recibida la Sinfonía cuando se interpretó por primera vez el 16 de diciembre de 1893 en el Carnegie Hall.

En una ocasión le pidieron a Dvorák su opinión sobre el futuro de la música norteamericana, y él recomendó a los compositores estadounidenses que escucharan la música de los indios y los negros. La Sinfonía del Nuevo Mundo expresa un optimismo sin fronteras, que, paradójicamente, es acogedor, pues gira en torno a la idea del hogar. Una paradoja utópica.

El poder del país que inspiró esas optimistas esperanzas ha caído hoy en las manos de una camarilla de fanáticos (que quieren limitarlo todo, salvo el poder del dinero), de ignorantes (que sólo reconocen la realidad de su poder armamentístico), de hipócritas (que en sus juicios éticos utilizan dos medidas, una para nosotros, otra para ellos) y de crueles maquinadores que proyectan los B52. ¿Cómo ha llegado a suceder esto? ¿Cómo han llegado a donde han llegado Bush, Murdoch, Cheney, Kristol, Rumsfeld etcétera… y Arturo Ui? La pregunta es retórica, pues no tiene una única respuesta; y es ociosa, pues por ahora ninguna respuesta podrá hacer ni la más mínima mella en su poder. Pero el hecho de que uno se la haga así en la noche revela la enormidad de lo que ha sucedido. Estamos escribiendo sobre el sufrimiento que existe hoy en el mundo.

El mecanismo político de la nueva tiranía, aunque para funcionar requiera una tecnología muy sofisticada, es tremendamente simple. Usurpar las palabras Democracia, Libertad, etcétera. Imponer por doquier, sin tener en cuenta los desastres que pueda provocar, el nuevo caos económico con el que se enriquecen unos empobreciendo a otros. Garantizar que todas las fronteras son de dirección única: abiertas a la tiranía y cerradas a los otros. Y eliminar toda oposición por el procedimiento de denominarla terrorista.

No, no he olvidado la pareja que se tiró unida desde una de las Torres Gemelas, en lugar de quemarse separados.

Existe un objeto que parece un juguete de fabricación barata -no llega a los cuatro dólares- y que también es indiscutiblemente terrorista. Se llama mina antipersona.

Es imposible saber a quiénes mutilarán o matarán estas minas, o cuándo lo harán. Hay más de cien millones esparcidas sobre la tierra o escondidas bajo ella. La mayoría de sus víctimas han sido y serán civiles.

La mina antipersona tiene la función de mutilar, más que matar. Su objetivo es crear tullidos, y la metralla que contiene -con este objetivo ha sido diseñada- prolongará el tratamiento médico de sus víctimas y lo hará más difícil. La mayoría de los supervivientes tiene que pasar por ocho o nueve operaciones. Ahora mismo, todos los meses mueren o quedan mutilados a causa de estas minas dos mil civiles.

El propio término antipersona es lingüísticamente asesino. No sólo incluye a todos los civiles, independientemente de la edad, sino que también parece referirse a unas acepciones de la palabra que hacen abstracción de la sangre, los miembros, el dolor, las amputaciones, la intimidad y el amor. Así es como estas dos palabras, unidas a un explosivo, se vuelven terroristas.

La nueva tiranía, al igual que otras también recientes, depende en gran medida de la violación sistemática del lenguaje. Juntos hemos de reclamar las palabras que nos han sido secuestradas y rechazar los nefastos eufemismos de la tiranía; si no lo hacemos, sólo nos quedará la palabra vergüenza.

Pero no es una tarea fácil, pues la mayor parte del discurso oficial es figurado, asociativo, vago, lleno de insinuaciones. Pocas cosas se dicen claramente. Los estrategas militares y económicos saben que los medios de comunicación juegan un papel crucial, no tanto en vencer a los enemigos actuales como en excluir y prevenir el amotinamiento, la protesta o la deserción. La manipulación de los medios de comunicación por parte de cualquier tiranía es un índice de su miedo. La actual vive atemorizada por la desesperación del mundo. Un temor tan profundo que el adjetivo desesperado -salvo cuando significa peligroso- no se utiliza apenas.

*

Sin dinero todas las necesidades cotidianas se convierten en un sufrimiento.

*

Quienes nos han hurtado el poder -y no todos ellos están en el Gobierno, de modo que cuentan con la continuidad de ese poder más allá de las elecciones presidenciales- nos quieren hacen creer que están salvando al mundo y ofreciendo a su población la posibilidad de convertirse en sus clientes y quedar bajo su protección. El consumidor es sagrado. Lo que no añaden es que los consumidores sólo importan porque generan beneficios, que es lo único que es verdaderamente sagrado. Y en este juego de manos se encuentra el quid de la cuestión.

La afirmación de que están salvando al mundo enmascara su perfecto conocimiento de que grandes zonas del mundo -la mayor parte del continente africano y una parte considerable de Suramérica- son irredimibles. En realidad, cualquier rincón del planeta que no pueda integrarse en su centro es irredimible. Ésta es la conclusión inevitable del dogma de que la única salvación es el dinero y de que el único futuro global es aquel en el que ponen sus prioridades, unas prioridades que, por más que quieran adornarlas con falsos nombres, no son ni
más ni menos que sus beneficios.

Quienes tienen unas visiones del mundo que no coinciden con ésta o unas esperanzas distintas, junto con quienes no pueden comprar y quienes sobreviven día a día (aproximadamente unos 800 millones) son anticuadas reliquias de otra era, o, cuando resisten, ya sea pacíficamente o haciendo uso de las armas, terroristas. Son temidos como si anunciaran la muerte, como si fueran portadores de la enfermedad y la insurrección.

Cuando hayan sido ‘reducidos’ (una de sus palabras clave), el mundo estará unido, asume, en su ingenuidad, la tiranía. Necesita la fantasía de un final feliz. Una fantasía que, en realidad, será su perdición.

Toda forma de protesta contra esta tiranía es comprensible. El diálogo es imposible. Para poder vivir y morir como es debido, hemos de llamar a las cosas como es debido. Reclamemos las palabras que nos han robado.

*

Esto ha sido escrito en la noche. En la guerra, la oscuridad no está del lado de nadie; en el amor, la oscuridad nos confirma que estamos juntos.

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Agroecología: la carne de verdad encontró su espacio de venta al público

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Entre chorizos, salchichas parrilleras, colitas de cuadril, vacíos, faldas y muchos otros cortes, y con media cuadra de cola de público expectante, se concretó uno de los hechos productivos, comerciales, intelectuales y ambientales más interesantes de los últimos tiempos.

Ocurrió en Sarandí, en Arredondo al 3300, al festejarse el primer aniversario del Mayorista Cooperativo de Alimentos e inaugurarse la Carnicería Agroecológica de la UTT (Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra), abastecida por productores de la RENAMA, la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología.

Se trata de carne de animales vacunos criados a pasto, “sana, sin antibióticos, anabólicos, granos transgénicos y fumigados, ni esas cosas que le ponen al ganado engordado en feed lot” explica a lavaca, muy emocionado, Jorge Themtham, de familia que hace 100 años produce en Treinta de Agosto, provincia de Buenos Aires, e integrante del grupo Suelo Vivo y de la RENAMA. 

Traducción: carne de calidad superior y no intervenida químicamente como la que se vende a nivel masivo. Vacas que caminan y recuperan su condición de rumiantes por comer pastos (fibras) en lugar de engordar a base de granos en corrales nauseabundos que se huelen a kilómetros de distancia, con los problemas de salud animal y social que eso genera, sin hablar de la contaminación. Un modelo de feed loto que vacía los campos para permitir la producción de transgénicos, que agravan las condiciones de ambientales y de salud social.   

Lo que se ofrece en este Mercado, en cambio, es una carne que además de sana y sabrosa, cuenta con todos los cuidados sanitarios y autorizaciones que corresponden a este tipo de producción, distribución, faenamiento y comercialización.

Jorge Themtham y su esposa Adriana Fontana. Jorge es productor de carne agroecológica de Treinta de Agosto, e integrante de la RENAMA. Reconoce que por primera vez logra un precio justo para su producción sana y de calidad, que a la vez tiene precios más accesibles al público (foto: UTT).

Algunos precios al público: nalga, 830; cuadrada, 810; bola de lomo, 780; pesceto, 850; Lomo, 860; bifes angostos y anchos, 660; asado, 650; matambre, 790; vacío, 750; molleja, 1.200; asado americano y tapa de asado, 740; chorizos, 530.   

Themtham: “Los precios son mejores que los habituales, para una carne que es mucho mejor. Además, es la primera vez que me siento respetado como productor, por el trato, y también por lo comercial, porque termino cobrando alrededor de un 20% o más que si mando el ganado a Liniers”.

Durante el sábado solamente hubo más de 600 personas comprando a todo ritmo, llegadas desde los cercanos barrios de Avellaneda, y también desde La Plata, Lanús, toda la CABA, Vicente López, Lomas de Zamora, entre tantos lugares que Juan Pablo Juampi Della Villa (secretario de comercialización de la UTT) iba consultando al público, como uno de los anfitriones del evento. Me dice Elsa, una señora de Caballito: “Ojalá pusieran algo así más cerca de mi casa, porque no sé de otras carnicerías que vendan carne natural como esta”.

Detalle simbólico y práctico: el encargado de la faena es SUBPGA, frigorífico recuperado por sus 600 trabajadores organizados en cooperativa.

El propio Themtham cortó la cinta simbólica de inauguración junto a Adriana Fontana (casados hace 42 años), la joven productora boliviana Zulma Molloja, una de las voceras de la UTT; Juan Manuel Rossi, presidente de Fecofe (Federación de Cooperativas Federadas) y Nahuel Levaggi uno de los fundadores de la UTT y actual presidente del Mercado Central.

Voces para comprender lo que se abre a partir de este evento de fines de noviembre de 2021.

Eduardo Cerdá, ingeniero agrónomo, Director Nacional de Agroecología y uno de los fundadores de la RENAMA: “Estoy feliz, hace tiempo veníamos hablando de esto, pero la UTT puso en marcha todo este exigente sistema sanitario e industrial para que esto se haga, apareció la posibilidad del frigorífico recuperado, y esto además favorece al público y a los productores. Y es más: los suelos recuperados de los campos agroecológicos son un gran aporte que le puede hacer Argentina al mundo frente a la crisis climática, y para revertir la fenomenal pérdida de suelos que hemos tenido en los últimos 25 años”.

Nahuel Levaggi, de la UTT y actual presidente del Mercado Central, y el ingeniero Eduardo Cerdá, de la RENAMA y actual Director Nacional de Agroecología (foto: lavaca.org).

¿Cómo se logra mejor precio para quienes consumen? “Porque se achica la cadena de comercialización. El que compra paga menos y el que produce recibe más. Y encima la mejora en la salud y el ambiente. Todo ganancia”.

Otra cuestión: “Este tipo de crianza está aportando además a un cambio que precisamos para salir de los problemas zoonóticos, pandémicos que estamos viviendo, y de falta de sistemas inmunológicos: creemos que estamos sanos y estamos empastillados. Esto viene a aportar esta carne”.

Nahuel Levaggi: “Acá están los compañeros del campo, del frigorífico recuperado, los minoristas, garantizando buen precio al productor, y logrando demostrar con los libros abiertos cómo la alimentación puede ser más barata”.  

“Eso tiene que ver con una concepción fundamental: Las corporaciones consideran que la comida es una mercancía. Pero nosotros decimos que no, que es un derecho, que le digan a la mamá que no le puede dar de comer a sus hijos si es una mercancía”.

“La alimentación es un derecho humano como cualquier otro, por el cual ponemos nuestro corazón y nuestra fuerza como organización. Hoy estamos abriendo la carnicería, y esto está demostrando que no hay un solo campo, un solo modelo, una sola de producir. Es mentira. Estamos demostrando todos los días que es mentira. Lo hacemos desde hace años. Y el Estado tiene que entenderlo”.

“Creemos que no se puede transformar sin poder popular y sin poner el corazón y el amor por la vida, poniendo las ideas y el corazón. Sin eso no hay transformación posible”.

“Hoy el alimento está en discusión, por los precios. Cada vez es más normal hablar de agroecología, hay una condena al modelo más allá de que quieran lavarse la cara poniendo anuncios en los medios. Nosotros entendemos y demostramos que otro modelo es posible, construyendo alianzas entre los sectores populares”.

“Queremos que la comida sea accesible y sana. Y aquí estamos demostrando que eso es posible”.

Un mensaje con clave política, para quien es a la vez funcionario: “Hoy es un día de fiesta, en años muy difíciles. No hemos bajado los brazos en ningún momento, ni durante la pandemia ni ahora, al contrario, estamos avanzando, remando en dulce de leche, pero de eso se trata, de transformar la vida para todos y todas, para nuestros hijes y los hijes de todes”.

Jorge Themtham mira a la gente comprando. “Esto es hermoso”, dice, y no puede seguir hablando porque está conmovido. “No me imaginaba ver esto. Es la primera vez en mi vida que me siento con una persona a ver cuál es el precio de la carne. Pero además es el trato y el empuje de estos muchachos” dice señalando a la gente de remera verde que identifica a la UTT. Puede verse, en efecto, a Juampi y a Nahuel organizando cosas, trayendo y llevando cajones, sillas, o lo que haga falta para que toda la gente esté cómoda”.

El público acercándose al mostrador: carne agroecológica como una oferta prácticamente inédita.

Juan Manuel Rossi presidente de FECOFE, es otro de los anfitriones, que describe lo que significa este enorme galpón: “Creamos la Mesa Agroalimentaria con la UTT y desde este centro de distribución mayorista al que el público puede venir a comprar, abastecemos además a otros locales y comercios del conurbano y la capital, con productos de más de 80 cooperativas de todo el país: por ejemplo yerbas, aceite, fideos, vinos, lácteos y ahora la carnicería”.

Mensaje a los escritorios: “Esto también significa mostrarle al Estado que esto es posible, y que con políticas públicas esto podría llegar a todos los argentinos. Somos los que le agregamos valor a la alimentación, y no los que agregan precio. El intermediario agrega precio, aporta poco y se lleva mucho. Acá estamos cambiando la ecuación y la relación con la gente”.

Un debate sobre esta carne sugiere que es más dura que la agroquímica. Podría plantearse que la convencional no es más tierna, sino más blanda, porque son animales que no han hecho más que engordar. Pero esa blandura va en contra de la salud, por todo lo dicho hasta aquí, y del sabor: la carne agroecológica no es más dura sino más firme, por provenir de animales que hacen una vida normal y no una de encierro. Se trata de probar, y empezar a degustar las sorpresas. Razona Rossi: “Es como pasa con el tomate agroecológico, que tiene gusto a tomate. Aquí recuperás el sabor de la carne de verdad”.

Juampi Della Villa es uno de los arquitectos tanto de los sistemas de comercialización como de la llegada de la carne agroecológica a quienes consumen: “Yo creo que la discusión es por el modelo agroalimentario. Demostramos que la gente puede acceder a alimentos sanos, de calidad y accesibles”.

Rossi, Jorge Themtham, Adriana Fontana, Zulma Molloja, Juampi Della Villa y Levaggi, cortando la cinta simbólica de la inauguración (foto: Sergio Goya/UTT)

“Queda claro que la discusión no es si exportamos o no exportamos. Tenemos que producir alimentos para el mercado interno y para la exportación, pero eso no puede estar en manos de 5 o 6 empresas. Tenemos que democratizar el circuito productivo incorporando a los pequeños y medianos productores, para dar vuelta el concepto de la comercialización entendiendo la comida como derecho y no como mercancía”.

“Si la UTT, la Mesa Agroalimentaria y la RENAMA logran vender la carne 25% más barato con una construcción popular y social, con políticas pública y entendiendo esto como una necesidad estructural argentina, podríamos comer todos más sano, más barato, y conseguir divisas para potenciar un programa de producción de alimentos soberanos para nuestro pueblo”.

“Pero eso no lo pueden hacer 5 corporaciones. Si democratizamos la producción y participamos en la exportación de esos alimentos, vamos a impactar directamente en la generación de cientos de miles de puestos de trabajo y cientos de kilos de comida sana, segura y soberana”.

En los Almacenes de Ramos Generales de la UTT habrá pronto cortes envasados al vacío, mientras en el Mayorista de Sarandí los horarios son de lunes a sábado desde las 8 de la mañana a las 18. El comienzo, tal vez, de una nueva historia en muchas mesas y en muchas vidas.

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Ciclo OrguYo: la risa de las mostras

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En la tercera presentación del ciclo OrguYo, La voz propia para la identidad colectiva, brillaron Tiara Julieta BB con “La pieza de Tiara” y “Vía Láctea-Flashala como quieras”, con Nahuel Sánchez. El ciclo que tiene lugar en MU Trinchera Boutique reúne obras teatrales, performances, documentales e instalaciones producidas por distintos elencos orgullosamente diverses y se extiende hasta el domingo 12 de diciembre. Desde lo testimonial, lo catártico, el humor, la ironía y la reflexión, OrguYo se propone celebrar el deseo y la identidad.

Pasadas las siete de la tarde, el espacio MU se tiñó de glamour con la presencia de Tiara vestida de rojo fuego, quien atravesó el piso ajedrez en blanco y negro de la sala de Riobamba 143 y en sus altos tacones se detuvo en la vidriera enmarcada con lucecitas amarillas. Allí la poeta, performer y lipsync queen arrancó su monólogo autorreferencial. “Como toda sirenita también tuve mi Úrsula. Mi abuela paterna, que Dios la tenga en la gloria. Si la conocieran dirían una vieja de mierda, pero yo la amaba muchísimo. Era el calco de Úrsula, el pelo blanco, la sombra verde esmeralda, anillos, colgantes, y unas tetas lacias que hacían de esa bruja un pulpo fuera del agua”. Confiesa Tiara: “Me di cuenta de que me sentía un poco sola y esperaba. No me dieron voz, no me dieron piernas y mucho menos una vulva, pero me habían dado una urgencia, una necesidad imperiosa de encontrar otro cardumen de sirenas”.

Tiara en acción: Foto: María del Carmen Varela

En varias mesitas se dieron cita familiares de Tiara, entre elles su abuela la socióloga y docente Dora Barrancos. Llegando casi al final, Tiara se autodeclara Princesa y procede a su coronación: “Me di cuenta que yo era una sirena nocturna, lista para reinar, Tiara me calzó perfecto, porque era lo que le gustaba a esa que estaba embobada mirando películas de Disney y ese nene que se maravillaba con las travestis de los corsos de Salta. Yo, todas. Y realmente sentía que no estaba sola en ese mundo, me daba cuenta de ese miedo que esos viejos me tenían, me daba cuenta de lo patéticos que son todos los seres humanos que le temen al reinado de las Mostras”. Para concluir su participación, Tiara hizo lipsync con dos canciones muy emblemáticas: “Por qué cantamos”, en la voz de Nacha Guevara y “Cuando tenga la tierra”, de Mercedes Sosa.

Finalizados los aplausos y con una lluvia incesante del otro lado de la vidriera iluminada, el público bajó las escaleras hacia la sala Trinchera y allí tuvo lugar la obra “Vía Láctea-Flashala como quieras”. El actor Nahuel Sánchez encarna al Rubio, un pibe de barrio que junto a su amigo Ramón, se embarcan en largas noches de diversión adolescente. Mientras disfrutan sus aventuras, algo se enciende entre ellos. Una chispa que, impulsada por un beso, palpita en sus cuerpos y les incendia el corazón. El resorte que hizo aparecer este texto escrito por Nahuel y dirigido por Ayelén González Pitta fue el poema de Mariano Blatt, “Una galaxia llamada Ramón”.

Una vez terminada la obra y agradecidos los aplausos, Tiara contó que preparó especialmente su texto para el ciclo OrguYo: “La gente amó, le tiré muchos palos a mi familia que estaba presente. Me sentí muy cómoda”. Nahuel: “Fue muy lindo hacer este conjunto de poesía, nuestra obra también está basada en poesía. La obra salió en el marco del profesorado de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD) e hicimos algunas presentaciones antes de la pandemia, muy contentes de volver”.

Tiara y Nahuel sonríen satisfechxs luego de haber dado lo mejor de cada une en el escenario. Desde la autocoronación como Princesa envuelta en tules rojos y el Big Bang del amor que estalla en cada beso, se reconocen miembrxs del mismo cardumen de sirenas en el que, como no podría ser de otra manera, reinan las espléndidas Mostras.

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Informe de Periodistas Argentinas, en el Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer: más de la mitad fue víctima

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En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la colectiva Periodistas Argentinas dio a conocer los resultados de la encuesta Equidad en Medios de Comunicación realizada este año.

Lo que permiten ver las 213 respuestas recibidas es el altísimo nivel de violencia simbólica y concreta que las periodistas vienen soportando históricamente en el ejercicio de la profesión.

El dato es alarmante: El 54,5% sufrió violencia en su ámbito laboral, mientras que un 9,9% dijo no estar segura.

Fuente: Periodistas Argentinas

Desde la colectiva entonces se brindó la posibilidad a quienes sufrieron violencia o no estaban seguras de sí la situación podía definirse como de violencia, a contar su experiencia.

“Las siguientes son algunas de las respuestas textuales expresadas por las periodistas que participaron de la Encuesta Equidad en Medios de Comunicación, realizada por Periodistas Argentinas entre agosto y septiembre de 2021”, expresaron en un comunicado y detallaron:

Periodistas Argentinas impulsó activamente la Ley de Equidad en Medios de Comunicación como una herramienta eficaz en pos de la erradicación de las violencias. La ley fue aprobada la madrugada del 10 de junio, bajo una enorme presión de empresas periodísticas que buscaban trabarla.

En la encuesta un apartado de preguntas es sobre la normativa. El 64,8% dijo conocer los principales puntos de la ley. Entre los principales derechos que la ley garantiza se identifican como prioritarios: la equiparación salarial, equidad en espacios de decisión y poder, y protocolos para prevenir y contener la violencia de género en el ámbito laboral.

A la luz de los resultados hoy presentados, queda clara la urgencia de que se haya convertido en Ley para construir un ejercicio del periodismo libre de violencias.

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La última MU: Amor o muerte

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