Nota
El jardín del MTD: proyecto educativo inédito en La Matanza
El 3 de mayo se inaugurará el jardín de infantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza, el primero en el país de una agrupación piquetera. Fomentará el cooperativismo, las nuevas tecnologías y la conciencia sobre los derechos. Se financiará con donaciones, hasta que se sostenga con el aporte de los emprendimientos del MTD. Queremos construir sujetos y no niños sujetados, subraya Toty Flores. El año que viene, la primaria para un proyecto educativo de avanzada.
Las madres del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de La Matanza están trabajando a destajo. Preparan imanes con formas de manos que serán los souvenirs con que agasajarán a los invitados de la fiesta que se realizará el próximo 3 de mayo, cuando la agrupación inaugure su propio jardín de infantes en el Centro de Formación de Cultura Comunitaria (Cefocc) del barrio La Juanita. Será el primero de una agrupación piquetera y ya tiene 54 alumnos inscriptos, la mayoría hijos y nietos de miembros de esta organización que, entre otras originalidades, es la única de su tipo que ha rechazado los planes sociales del gobierno.
Este jardín no será uno más. Aquí, los padres tendrán un rol protagónico junto a los docentes y los miembros del MTD. Una vez por semana, se reunirán para discutir cuestiones pedagógicas y operativas de las clases. Esto no va ser un depósito chicos. Sabemos que las familias son parte del proceso enseñanza-aprendizaje. De lo contrario, se separa a la casa de la escuela, sostiene Héctor Toty Flores, uno de los referentes de la agrupación.
Los padres, cuenta, pondrán a disposición de los chicos sus propios saberes, desde manualidades hasta juegos, que por una decisión deliberada no serán competitivos. Incentivarán la cooperación, anuncia este ex obrero metalúrgico que lideró los primeros cortes de ruta en La Matanza, allá por 1998.
El 18 de febrero comenzaron estas reuniones, donde los padres de los alumnos junto al equipo de educación popular del MTD, los docentes e integrantes de la ONG Nueva Tierra que tiene trabajos educativos en distintos lugares de Latinoamérica- fueron dándole forma al proyecto. El próximo miércoles será el último encuentro antes del inicio de las clases. Intentarán acordar el nombre del jardín. Las propuestas son de las más variadas: Creciendo Juntos, Bichitos Colorados, Rincón de Luz, entre otras. Por ahora no hay consenso. Ninguno de los nombres propuestos convence a todos. Si no logramos ponernos de acuerdo, comenzaremos como Jardín Comunitario hasta que coincidamos en alguno, señala Flores.
El jardín pondrá especial acento en incorporar las nuevas tecnologías el MTD posee un horno solar-, la ecología y el cooperativismo. Y funcionará en la misma casa donde están los talleres productivos panadería, costura e imprenta- del movimiento. Mientras estén con sus maestros, los chicos verán trabajar a sus padres, y de dónde sale el dinero que llega a sus casas.
En un principio, los alumnos utilizarán tres aulas y una cocina que fueron levantadas por los miembros de la agrupación con la ayuda de un techista. Queremos que las comodidades sean las de cualquier niño. Tendremos también un baño con agua caliente y ducha para que puedan incorporar cuestiones vinculadas con aseo y limpieza. Si a los dos años incorporás eso, el día que te falte jabón hacés un escándalo. No por una ambición consumista, sino porque entendés que se trata de un derecho, sostiene Flores. (Si logran que el agua funcione, que salga caliente, y que además haya jabón, en La Matanza habrán superado ampliamente al promedio de escuelas privadas de la Capital Federal).
Cinco docentes y otros tantos auxiliares inaugurarán el lunes 3 el ciclo lectivo. Son jóvenes que desde hace un año y medio trabajan con el movimiento para poner en marcha este proyecto. Muchos otros quedaron en el camino: Algunos que se acercaron por la posibilidad de trabajar advirtieron que la tarea era muy dura. Porque no se trata solo de dar la clase como en cualquier jardín, también implica una militancia y desaprender muchas cosas que se aprendieron en los profesorados, aclara Flores.
Todo el personal cobrará, sin distinciones de rango, 250 pesos. El objetivo final es que el jardín se financie con el aporte de excedentes de los distintos emprendimientos productivos. Pero hasta tanto eso sea posible, se sostendrá con donaciones de particulares y organizaciones no gubernamentales que apoyan esta iniciativa.
La derrota del campo popular en el terreno de la cultura es muy profunda. Hay jóvenes de 30 años que no conocen la cultura del trabajo, para ellos no sirve para mejorar la calidad de vida. Por eso nosotros queremos trabajar para el futuro con los niños. Este jardín es parte de un proyecto político estratégico: desde chiquitos, sabrán que tienen derecho a una mejor calidad de vida, explica Flores y agrega: Hace falta recomponer los lazos sociales, solidarios, destruidos por el neoliberalismo. Es una tarea estratégica a muchos años, lenta. Nosotros no tenemos apuro. Este movimiento social no desaparecerá.
A principios de año, el MTD fue recibido por el ministro de Educación, Daniel Filmus, quien escuchó atentamente su proyecto. Por un lado alentó al movimiento por preocuparse por la educación de sus hijos, pero por el otro planteó que la escuela autogestiva podría ser funcional a los objetivos neoliberales de imponer la escuela-charter. Nos quieren robar las palabras se defiende el hombre de La Matanza-. Pero la palabra autogestión en manos de los burgueses quiere decir una cosa y pronunciada por nosotros, otra. Discutimos mucho dentro del movimiento si íbamos o no a esa reunión. Finalmente nos dio un gran impulso. Muchos de nuestros propios compañeros no nos tomaban muy en serio hasta que el ministro nos recibió. Aunque parezca mentira, ese hecho nos dio más credibilidad.
El MTD no se conforma con el jardín. Para el año que viene sueña con inaugurar una escuela primaria de similares características. En una primera etapa, se inscribirán alumnos para los primeros tres años. Cumplirán con la currícula oficial, pero también tendrá materias extras, como ecología, ciudadanía y cooperativismo. Queremos construir sujetos y no niños sujetados, subraya Flores y añade: El Estado define que no quiere escuelas autogestionadas. Pero el sistema tiene fisuras. Las mismas reglas que permiten la enseñanza religiosa nosotros las podemos usar para encarar otras cosas. Hay que aprovechar esos resquicios. La currícula oficial, técnicamente, no está mal, pero podemos darle un contenido mucho más avanzado. Seguramente habrá tensión con el Estado, porque no es lo que quiere. Tal vez tengamos que sobrellevar más inspecciones que cualquier otro, pero sabremos hacerlo.
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La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
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Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
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El trava power: Las Simbióticas
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Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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