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Emperador Botana

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Publicada en el revista Gatopardo de Colombia en su edición número 3. Fue seleccionada para el libro «Un mundo muy raro» publicado por Editorial Aguilar en México y Colombia, junto a textos de Antonio Tabucchi, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Tomás Eloy Martínez y Rodrigo Fresán, entre otros autores.

Natalio Félix Botana es el primer periodista desaparecido de la Argentina. No el único, sino el primero. El más poderoso, también. Y el más polémico.
Su gloria -inmensa, temeraria- iluminó como un rayo veintiocho años de la historia criolla y se consumió como tal: rápida y vertiginosamente. Hoy nadie recuerda a Natalio Botana, de la misma manera que en los años ’20 o ’30 nadie podía olvidarlo.
Sin embargo, ese silencio desproporcionado dice algo. Oculta, debajo de los escombros de la memoria, un mensaje tácito, sutil.
Nacido uruguayo, nacionalizado argentino, criado periodista, fundó a los 25 años y en 1913 un mito de proporciones inauditas: el diario Crítica, del que llegó a vender más de trescientos mil ejemplares por día, lo que equivale a decir tres veces más que el periódico de mayor circulación actual.
A sus órdenes y caprichos, trabajaron los mejores escritores de la época, esos que su exquisito olfato de lector descubría mucho antes que el mezquino y pacato mundillo literario porteño.
Padre de un estilo periodístico impactante, fue pionero en todos los géneros: fue el primero en incorporar grandes fotos y dibujos; el primero también en colocarles epígrafe; el primero en incluir un suplemento deportivo, inventar secciones, imprimir en color, incorporar una revista a la edición, enviar un periodista de gira, denunciar un hecho de corrupción y anunciar las noticias con una sirena que hacía bramar desde la azotea del edificio de siete pisos, que ordenó construir a medida de sus sueños en la Avenida de Mayo, y que albergaba su propia rotativa, además de un gimnasio, un bar y hasta una peluquería para uso exclusivo de su personal.
Fue, también, el creador del primer multimedio latinoamericano, capaz de unir en una sola empresa todos los recursos tecnológicos disponibles en ese momento: prensa escrita, radio, noticiero cinematográfico y productora de cine. Una audacia empresaria que empalidece las modernas fusiones de hoy, ya que tenía una incomparable ventaja: toda la empresa dependía de un solo y único dueño. Natalio Botana, amo y señor de la opinión pública argentina.
Sin embargo, ninguna de sus muchas virtudes superan lo escrito sobre sus múltiples pecados. Acusado de embustero, extorsionador, populachero, sensacionalista, manipulador, mafioso, snob y soberbio, la figura de Botana fue mirada en diagonal y con desprecio por casi todos los que se le acercaron. Es cierto: Botana no tiene aún su propia biografía porque nadie, hasta ahora, quiso escribirla. Es más: el año pasado una historiadora le dedicó 280 páginas de su libro al diario Crítica y solo cuatro a su fundador, bajo el pretexto de la «ausencia de fuentes documentales que impiden desmontar el mito». Como una bomba que nadie se atreve a desactivar, la historia de Botana es todavía un tic tac amenazador, que late bajo el bronce de todos los próceres contemporáneos que se refirieron a él con idéntico desdén.
Jorge Luis Borges lo recuerda en plena redacción del diario, sacando la billetera del bolsillo del saco de cashimire inglés para tirar al aire montones de billetes. Luego, un Botana desdeñoso, observaba cómo sus empleados se tiraban al suelo para recogerlos. Una de esas veces, descubrió a Borges que, petrificado en el otro extremo de la redacción, miraba abochornado el espectáculo, y por encima de los cuerpos que se arracimaban por el piso, lo invitó a tomar un café. La elegante ironía de Borges detiene allí el relato. Prefiere rematarlo con una frase lapidaria: «En lo sucesivo, si alguien me avisaba que venía el director, corría a encerrarme en el baño para evitar el mal rato».
Leopoldo Marechal prefirió inmortalizar a Botana, en su maravillosa novela Adán Buenosayres, como un condenado al séptimo círculo del infierno, el último y más lastimero. Lo presenta como el jefe absoluto de una rotativa gigante cuyos rodillos devoran y aplastan hombres hasta convertirlos en papel. Lo obliga a confesar cómo, en una de esas tantas noches de póker, aburrido por su mala suerte, se dedicó a contar los fósforos que contenía una inocente cajita de cartón. Descubrió que contenía uno menos que los 45 prometidos. Así logró que la empresa fabricante pagara fortunas con tal de que la noticia no llegara a la primera plana del diario. Ante este Botana que se ríe como un chico travieso, Marechal reprocha con desprecio su fórmula periodística infernal: «Era preciso basurear en el crimen, recoger la inmundicia de los cadáveres mutilados y arrojarle por último a la bestia el manjar impreso en cuerpo siete, con grabados de anatomía patológica y abundantes lágrimas de cocodrilo».
Otro escritor, Roberto Arlt, también rememora con asco el único año que trabajó para Botana, al presentarse como «uno de los cuatro encargados de la nota carnicera y truculenta, obligado testigo de cuanto crimen, robo, asalto, violación, venganza, incendio, estafa y hurto se cometía».
Pablo Neruda, en cambio, no escribe ya sobre el Botana-editor, sino sobre el Botana-anfitrión, referente obligado de las tertulias porteñas de la época. En un capítulo de su libro Confieso que he vivido, Neruda narra una aventura «cósmico-erótica» que tuvo como escenario la majestuosa quinta de Botana en Don Torcuato. Testigo privilegiado de ese encuentro amoroso a cielo abierto fue Federico García Lorca. Los dos habían sido invitados a una cena (de la que se escabulle Neruda con una dama cuyo nombre no revelará jamás, pero que muchos suponen como la poetisa Norah Lange, esposa de Oliverio Girondo) por ese hombre que Neruda retrata así: «rebelde y autodidacta, había hecho una fortuna fabulosa con un diario sensacionalista. Su casa era la encarnación de los sueños de un vibrante nuevo rico. Centenares de jaulas de faisanes de todos los colores y todos los países orillaban el camino. La biblioteca estaba cubierta sólo de libros antiquísimos que compraba por cable en las subastas de bibliógrafos europeos. Pero lo más espectacular era que el piso de esta enorme sala de lectura se revestía totalmente con pieles de pantera cosidas unas a otras hasta formar un solo y gigantescos tapiz. Supe que el hombre tenía agentes en Africa, en Asia y en el Amazonas destinados exclusivamente a recolectar pellejos de leopardos, ocelotes, gatos fenomenales, cuyos lunares estaban ahora brillando bajo mis pies en la fastuosa biblioteca. Así eran las cosas en la casa del famoso Natalio Botana, capitalista poderoso, dominador de la opinión pública de Buenos Aires».
Todos y cada uno, a su manera, mienten. Ni Borges, ni Marechal, ni Arlt ni Neruda escribieron toda la verdad sobre Botana. Lo único verdadero es el registro del sentimiento que era capaz de generar, en su momento de máximo esplendor, un personaje cuya ideología se reducía a una sola consigna: «quiero y puedo».
Es tan difícil imaginar a la orgullosa redacción de Crítica gateando en cuatro patas para recoger del piso los billetes de Botana, como al mismo Botana desparramando el contenido de la billetera a sus pies. En principio, porque allí se ganaban el salario escritores como Conrado Nalé Roxlo, Ulises Petit de Murat, los hermanos González Tuñón, Homero Manzi o César Tiempo, por citar solo algunos ejemplos. Pero también porque Botana cosechó fama de hombre generoso. Petit de Murat llegó a decir «si estoy vivo es gracias a Botana, que pagó todos los gastos de mi internación cuando estuve enfermo de tuberculosis». El jefe de redacción del diario escribió que un día llegó a su escritorio un sobre con cinco mil pesos (el equivalente al precio de un auto en esa época) solo porque a Botana le había gustado la edición de ese día. Muchos de sus redactores dieron testimonio de las periódicas amnistías de vales y adelantos que decretaba el patrón y hasta confesaron públicamente su salario: 900 pesos al mes para el cronista de menor calificación. El doble de lo que pagaba cualquier otro diario.
Sin embargo, la anécdota referida por Borges esconde algo peor: lo que significó en su vida literaria el trabajo en Crítica.
Borges fue codirector, junto a Petit de Murat, de la Revista multicolor de los sábados, nacida un 12 de setiembre de 1933 para acercar a los lectores, por el precio de 10 centavos, la producción literaria de autores hasta entonces desconocidos por el público masivo. Notas del pintor Xul Solar, de los escritores uruguayos Juan Carlos Onetti u Horacio Quiroga, relatos de Kipling, trabajos de Ezequiel Martínez Estrada o cuentos de Chesterton desfilaron por las páginas que Borges editó con pasión y dedicación. Su biógrafa, María Esther Vázquez -la misma que acusa a Botana de populachero- asegura que fue gracias a esa tarea que Borges «encontró su verdadero destino dentro de la literatura». Su compañero de entonces, Petit de Murat, fue aún más allá: «en esos dos años a Borges se lo veía feliz», escribió. Mucho tiempo después, Borges se atrevió a confesar cómo terminaron aquellos días felices. Fue el día que cumplió 35 años, cuando decidió suicidarse.
Borges cuenta que compró un revólver, una novela de Ellery Queen (El misterio de la Cruz egipcia, que ya había leído), una botella de ginebra y alquiló un cuarto en un hotel de Adrogué. Se tiró vestido en la cama, colocó el revólver en su sien y lloró. Lloró porque no tenía coraje para vivir, pero tampoco para matarse. La revelación la tuvo aquel triste 24 de agosto de 1934. Pocos días después, apareció el último número de la mítica revista de CríticaM, su revista. Allí Borges había publicado, en capítulos, uno de sus libros fundamentales: Historia universal de la infamia. Allí Borges había probado por primera y única vez la cocaína, que por entonces se vendía en las farmacias. Allí había descubierto un mundo nuevo: linotipistas, matriceros, diagramadores, cronistas callejeros, que hablan el lenguaje de sus orilleros de fantasía, pero que festejaban su humor y admiraban sus conocimientos. Allí, encontró, incluso, el impulso necesario para vivir un amor clandestino, al que le dedicó, en secreto, sus poemas. Allí, Borges, que hasta hacía poco tiempo escondía ejemplares de sus libros en los sobretodos de los críticos literarios, se había encontrado al fin con miles de lectores que comenzaban a admirarlo. ¿Quiso ese Borges suicidarse porque ese mundo lo agobiaba o porque ese mundo tenía decretado un fin? La pregunta no tiene respuesta. Solo una cosa es absolutamente verdadera: Borges dejó Crítica en setiembre de 1934. Y nadie sabe si fue él quien dijo adiós.
Marechal y Arlt, en cambio, patean el corazón mismo de Botana. Las crónicas policiales de Crítica – que él inventó, con una alquimia exquisita, escogiendo no sólo a quién, sino dictando el cómo, el cuándo y dónde- laten a un ritmo único. Es el pulso con que Botana mide la temperatura social de la Argentina, un electrocardiograma que nadie, hasta entonces, había trazado. Desde sus crónicas policiales, Crítica extiende las fronteras periodísticas hasta alcanzar a los inmigrantes, los obreros recién paridos por un país todavía pre-industrial, los marginados del modelo, los apaleados por los poderosos de turno, los excluidos. Los huele en su propio hedor, los reconoce en sus miserias y les otorga lo único que sólo él les puede dar: épica. Para narrarla, escoge la pluma de los elegidos; talentos todos de exquisita cultura que jamás se hubieran encontrado con las postales que traza la injusticia si él -el gran sabelotodo de los infiernos terrenales- no los hubiese obligado a mirar de cerca esos crímenes.
El horror de Marechal, el asco de Arlt, más que un insulto a Botana deben interpretarse como la repulsión que alcanza a toda una época y salpica a toda una elite. El jefe de redacción de Botana, Francisco Luis Llano, lo explica así: «El periodismo que nació con Crítica no era amarillo, sino escandaloso, como escandaloso fue el Watergate. Era verdadero, aunque oliera a podrido. En un medio nada impaciente por primicias y medroso de herir a tal o cual político, cualquier noticia que se aparte de estos cánones era escandalosa».
En cualquier caso, a Botana nunca le importó lo que opinaran de él. Huía de los aduladores como de la peste. Y cuando le comentaban lo que sus enemigos murmuraban a sus espaldas, daba por terminada la reunión con una frase:
-La única opinión sobre mi persona que me interesa es la del Negro Cipriano. Y no creo que sea muy buena.
Cipriano era Cipriano Arrúe, su fiel valet, lacayo o guardaespaldas. El negro que lo acompañó a la guerra en su adolescencia y lo siguió hasta Crítica, después, y al que Botana llamaba con un humillante silbato.
Neruda, por último, nos obliga a mirar a Botana con los ojos de su época. ¿Quién era ese millonario excéntrico, capaz de sentar a su mesa a dos celebridades literarias y refregarles en la cara como símbolo de riqueza no ya autos, propiedades o mujeres, sino una majestuosa y envidiable biblioteca?
Botana tenía tres Rolls Royce -uno negro, uno gris y otro celeste- una quinta con treinta dormitorios, quince salas de baño y una bodega cuyas paredes había pintado el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, durante una larga estadía que culminó cuando lo dejó plantado su mujer, la escritora Blanca Luz Brun. Tiempo después, en la dedicatoria de un libro, Blanca reveló los motivos de su deserción matrimonial. Sólo escribió: «para unos es un santo, para otros Al Capone, pero para mí será siempre mi emperador». Hablaba de Botana, por supuesto, el hombre que jamás se jactó en público de sus romances, simplemente porque en público nunca habló. Escuchó.
Todas las noches, ese mismo hombre sentaba a su mesa -redonda, porque odiaba definir con una silla la cabecera- no menos veinte personas que al menos una vez a la semana compartían su plato favorito: faisán. Los criaba en su quinta de Don Torcuato – que no era grande, sino grandiosa, como bien la definió Llano- luego de enviar a su secretario privado a la India para comprar los casales. Tras la cena -que salvo la noche dedicada a los faisanes, los comensales podían elegir a la carta, como en el mejor restaurante de la ciudad- Botana ofrecía coñac y puros. Los suyos -los que porta en cada una de las pocas fotos que lo recuerdan- no los compartía con nadie. Eran un centímetro más grandes que cualquiera y, según él mismo se jactaba, de mejor calidad que los Partagas con los que convidaba a sus invitados. Se los fabricaban especialmente en La Habana, a medida de sus caprichos y con sus iniciales.
En las paredes de la quinta de Don Torcuato, un friso de mayólicas reproducía escenas de El Quijote que él mismo había seleccionado y que había hecho copiar en Talavera de la Reina, España. Dos leones de yeso se imponían en la entrada y dos leones de sangre y garra rugían en su zoológico privado, donde también había exquisitos ejemplares de geografías lejanas. Sin embargo, de todos los habitantes de Don Torcuato, la fiera más exótica era su mujer, Salvadora Medina Onrubia de Botana, una anarquista, poeta, dramaturga, adicta al éter, el whisky caro, la magia negra y la pasión sin sexo definido, a la que jamás logró domesticar. La llamaban «la Venus roja» y había llegado a la vida de Botana en los primeros días de Crítica, con un hijo natural en los brazos (apodado Pitón) y una belleza desafiante que lo fascinó. Con ella tuvo dos hijos varones (Helvio y Jaime), pero solo logró convencerla de formalizar el matrimonio cuando nació una mujer, Georgina Nicolasa, a la que llamaban La China.
Salvadora dejó a todos en claro que nunca fue feliz con Botana y todos sus hijos hicieron saber que jamás sintieron el menor aprecio por su madre. La más dura fue La China, quien mandó una carta a un diario porteño para decirle a su madre: «Haría cualquier cosa por librar a mis hijos del clima en que nosotros crecimos, de la amargura y el asco a la vida que nos hiciste sentir desde que tuvimos uso de razón». Sin embargo, no fue esta la idea que rescató de su abuela el hijo preferido de La China. Dramaturgo y dibujante de talento, heredó de Salvadora su mordaz e incisiva visión de la vida. También esa amargura y ese asco. Se llamaba Raúl Damonte Taborda Botana, aunque todos lo conocieron por el seudónimo que le inventó su abuela: Copi.
Botana, en cambio, siempre calló. Ni siquiera cuando Pitón se pegó un tiro, a los 17 años y en Don Torcuato. Sobre el episodio hay tres versiones. La oficial, que se encargó de difundir Crítica, dice que el arma se disparó accidentalmente, mientras los hermanos Botana jugaban inocentes. Helvio, testigo del episodio, cuenta en su libro Los diente del perro que su hermano se suicidó, tras una discusión con Salvadora, en donde ésta le revela que no era hijo de Botana, sino de un prominente abogado entrerriano de apellido Pérez Colman. La secretaria privada de Salvadora, Emma Barrandeguy, da otra versión: Helvio fue quien le reveló su origen, celoso porque su padre prefería a Pitón y los hermanos se trenzaron «en un juego violento que terminó con un disparo». En cualquier caso, esta muerte quebró definitivamente el delicado equilibrio de la familia Botana y liberó a Salvadora a su suerte, que fue escasa aunque intensa. Desde entonces y hasta su fin, ocurrido en 1972, se le atribuyeron romances con hombres y mujeres y, por último, con un sacerdote de nombre Fernando Giménez, al que su hijo Helvio recuerda, con saña, haberle dicho:
-No sé si llamarlo Padre o padre.
Helvio también cita la última palabra que pronunció su madre: «odio».
Los que lo conocieron de cerca dicen que Botana tuvo otros amores: Crítica, sus hijos y la timba. En ese orden. Aunque su verdadera pasión fue la lectura. Se la inculcó -como una religión, un vicio o una condena- su madre Nicolasa Millares, una cubana, nieta de venezolanos y pariente directo de Simón Bolívar, que le enseño a leer también inglés, francés y latín y que lo obligó a internarse en un seminario uruguayo para ordenarse cura, con el que pretexto de que encontraría así más tiempo para su formación intelectual. De allí se escapó a los 16 años. Vendió la sotana para financiarse el viaje hasta Gualeguay, a donde llegó en 1904 para pelear a las órdenes de su tío abuelo, el general Basilio Muñoz. De regreso a Montevideo, se inscribió en Derecho hasta que la guerra civil que estalló en 1909 lo devolvió a la acción con el grado de teniente. Fue derrotado en Concordia y confinado en Corrientes, donde aseguran que se convirtió en mercenario, peleando para paraguayos o brasileños, según la paga. La aventura terminó cuando vendió su sable para financiarse el viaje a Buenos Aires. El mito narra que aquí se empleó como hombreador de bolsas en el puerto, aunque no llegó a levantar más que dos. A la tercera se cruzó en su vida Adolfo Berro, hijo de un ex presidente uruguayo, quien le presentó al hombre que se convirtió en su protector: Marcelino Ugarte. Un político conservador que le consiguió el primer empleo en un diario y quien, después, le facilitó los contactos para obtener el dinero necesario para fundar Crítica, el diario que popularizó el socrático lema «Dios me ha puesto sobre vuestra ciudad como a un tábano sobre el noble caballo, para picarlo y mantenerlo despierto».
Fue ese tábano el que le permitió, entre otras cosas, apoyar primero y destruir después al presidente Hipólito Yrigoyen, para quien hacía imprimir todos los días un único ejemplar con noticias falsas que alababan su mandato. El mismo tábano que un general golpista ordenó silenciar, decretando la clausura primero, y la prisión después del propio Botana, su esposa Salvadora y otros quince periodistas. El tábano que saludaba la lucha de los republicanos españoles, proclamaba a Hitler demente, difundía los artículos del rebelde Sandino y agobiaba con primicias a un lector fascinado con el fatal destino de la huerfanita de un conventillo de la Boca o la última columna de Bernard Shaw. «Nosotros le tenemos que decir al público lo que le gusta», repetía a sus redactores Botana, como un verdadero tábano que les chupaba el talento a cambio de mantenerlos con los ojos bien abiertos.
Así logró, finalmente, acumular la fortuna y el poder suficiente como para cumplir con los sueños de su madre. Compró más de mil ejemplares de incunables que acumuló en la más grande biblioteca privada de Latinoamérica y se sentó a leerlos en camisa de seda, el puro en los labios y el revólver en la cintura. Una inmensa, monumental biblioteca que hoy está -literal y trágicamente- desaparecida.
La primera muerte de Natalio Botana se produjo la tarde del 6 de agosto de 1941, en Jujuy, víctima de su omnipotencia o su soberbia. El día anterior se había escapado con un grupo de amigos al casino de Termas de Río Hondo, en la provincia de Santiago del Estero, en donde había apostado y ganado una fortuna. Al levantarse de la mesa, escuchó al groupier decir:
-No hay porqué preocuparse. En un rato vuelve a apostar todo lo que ganó.
Cuentan que entonces Botana ordenó partir, para desmentir la predicción del groupier. Señaló como destino otro casino, ubicado en las Termas de Reyes, a treinta kilómetros de la capital de la provincia de Jujuy. Por allí paseaba cuando su Rolls Royce negro se estrelló en los pilares de la ruta. El asfalto le rompió dos costillas, que él quiso que nadie toque hasta que llegara su médico personal desde Buenos Aires. Botana murió cuatro horas después. Había logrado que todos obedezcan su última, estúpida orden.
Hoy, en su envidiado despacho de la Avenida de Mayo, está sentado el comisario mayor Carlos Alberto Moyano, a cargo de la Superintendencia de la Policía Federal, actual propietaria del edificio. No es una metáfora, sino un dato de la realidad argentina, la misma que hacía estallar de melancolía a otro periodista de cuento, el gran Jacobo Timerman, fundador de la revista Primera Plana y el diario La Opinión. Fue él, nada menos él, quien me hizo notar hasta qué punto Botana era un desaparecido. Fue después de una cena en su departamento de la calle Posadas, al que había llegado con el director de cine Eduardo Mignogna, quien trabajaba en un guión sobre la vida de Botana y ansiaba conocer un editor tan macizo, polémico y legendario como él. Jacobo escuchó con interés cómo Mignogna había resuelto el más sutil y obvio acertijo escrito en Crítica: tábano era un anagrama perfecto del apellido Botana. Sin embargo, Jacobo lo desalentó. Todos, dijo esa noche, prefieren recordar la historia triste de un perdedor. Nadie, insistía, prefiere a ese Botana audaz, indomable, desafiante, cuyo único fracaso consistió en contratar un chofer torpe.
-A veces pienso: si este país se olvidó del verdadero Botana, ¿cómo creen que va a recordarme?
Descubrí la respuesta muchos años después, el día que la portada del diario Clarín anunció: «Murió el mejor editor del siglo». Con este homenaje, el periodismo moderno despedía a Jacobo. Y decretaba, definitiva, tácita y sutilmente, la segunda muerte de Natalio Botana.

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Los dilemas de San Cayetano

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Trabajo, fe y peronismo. Planes, pan, paz, tierra, Dios, techo, los evangélicos. Los problemas de querer hacer en esta época, las esperanzas y una agenda para ampliar derechos en esta nueva marcha que fue de Liniers a Plaza de Mayo.

Son las ocho de la mañana, es domingo y Carolina Capristo vende espigas con estampitas de San Cayetano a 100 pesos en el paso a nivel de estación de Liniers, sobre Rivadavia. El sábado trabajó hasta las ocho de la noche, se fue a su casa de Ciudadela –del otro lado de la General Paz, la avenida que divide como portal el conurbano de la CABA–,volvió temprano, y a comparación de lo que vio en la iglesia en otros años suelta un diagnóstico:

-No hay gente. Se perdió la fe. Se hicieron todos evangélicos.

Frente suyo se están acomodando tres cuadras de columnas con banderas de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), Barrios de Pie, Movimiento Evita, Frente Social 17 de Octubre, Frente Popular Darío Santillán, Federación Nacional Campesina, Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (UTEP), CTA.

Frente suyo, como hace seis años, está por comenzar la movilización por Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo que, 15 kilómetros más tarde, cerrará con un acto en Plaza de Mayo.

Carolina, sin embargo, conserva la fe. “Yo era empleada, trabajé en una tienda de ropa de cuero por 15 años, y con Macri fueron cerrando todos los negocios. Me dijeron que le haga juicio pero cómo le voy a hacer juicio al patrón si se fue a la quiebra. Quedamos hundidos y encima después tuvimos la pandemia, que fue mundial. Por eso, no es que la crisis es sólo argentina; y estamos saliendo a flote, aunque se venga el dólar a 300 o llegue a 500”.

Eso sí es fe.

La marcha comienza.

Buscar el peso

Carolina corrige: “Se le tiene fe a Dios y al peronismo. El peronismo nunca va a dejar al pobre a un lado, nunca nos va a escupir en la cara, ¿escuchaste?”.

¿Siente que también al peronismo se le está escapando esa fe? “A mí no”, retruca.

¿Pero qué percibe en general?

El peronismo tiene que ser unido. Lo dijo Perón: lo peor para un peronista es otro peronista que se le ponga en contra. Lo que hizo Máximo (Kirchner) que dejó su banca no me gustó: tu mamá eligió a Alberto, llegaron de nuevo y tenemos que estar unidos. A mí Massa no me gusta, pero tengo que seguir apoyando porque yo los voté.

¿No teme el regreso de ese proceso que hundió su anterior trabajo?

-No tengo miedo ahora. Yo caí en una crisis depresiva en la era Macri. Sabía que mi trabajo iba a la quiebra y yo era una de las empleadas que iba al frente por la camiseta. Me enfermé, estuve ocho meses psiquiátrica, con médico privado porque la clínica de OSECAC (la obra social de empleados de Comercio) es malísima. Y estoy de pie. Ni en la pandemia me agarró depresión. En cuatro casas de familia llegué a trabajar. Se puede.

Cobra un Potenciar Trabajo (en agosto, por un bono de $11.000, percibió $33.770) y está agradecida. “Con eso metí 20 en la tarjeta porque tengo metido un calefón eléctrico, pude hacer arreglos en mi casa de a poquito, y siempre trabajando: siempre busco el peso para que mi hijo, que tiene 14, vea que mamá sale a flote”, dice.

Lo agradece y da su punto de vista sobre la discusión planes-trabajo: “Por mí que me den más trabajo, que pueda hacer algo más por la comunidad, que me llamen para más trabajo social”.

-¿Trabajo, fe y peronismo sería su plataforma?

-Exacto.

Política crónica

A lo largo de la marcha se irán repitiendo algunas de las consignas más urgentes, como incremento del Salario Mínimo, Vital y Móvil (el monto percibido en el Potenciar equivale al 50% del salario mínimo), generación de fuentes de trabajo dignas y Salario Básico Universal. Por allí se ve al secretario general de ATE, Hugo Cachorro Godoy, caminando junto a Juan Grabois. También al secretario de Economía Social, Emilio Pérsico. Por la calle marcha también otro integrante de ese núcleo al que se suele llamar «Los Cayetanos», el subsecretario de Políticas de Integración y Formación del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Menéndez, a su vez coordinador nacional de Barrios de Pie.

“Hay una variable que hoy no se analiza que es el proceso de desestabilización de los sectores concentrados”, apunta como contexto de la movilización. “Hay una búsqueda de condicionar y extorsionar muy nítida a través de la debilidad de nuestro gobierno, de una dependencia clara de los sectores que traen dólares a la Argentina, concentrados en la exportación de granos. Sin duda la pelea es porque no nos lleven puestos con un proceso devaluatorio que significaría un salto enorme en términos de pobreza”.

Foto: Hernán Vitenberg

Entre los movimientos sociales también hay una discusión respecto de la salida por abajo de esa crisis: planes, trabajo, salario universal, con miradas contrapuestas. “Tenemos claro que hay un fracaso de la política social en el último tiempo que tiene que ver con la idea de plan social. Fracasó la idea básica que tenía que ver con subsidiar a aquel que está por fuera del mercado del trabajo hasta que pueda volver a integrarse al mercado. La experiencia de los últimos 25 años, con procesos de crecimiento en el medio, da cuenta que no se amplió la masa formal, entonces la idea de un subsidio temporal terminó siendo la de un subsidio crónico”.

Menéndez plantea como hipótesis un camino de inversión productiva: “Hay un hartazgo que se construyó, sobre todo en sectores medios, respecto a la idea de subsidiar al que no trabaja. Por eso hay que poner en valor la inversión productiva. En la actual coyuntura es importante construir respuestas que no estigmaticen la política social, porque ese es el paso previo para achicarla o desmantelarla. Hay que tener una política inteligente capaz de valorizarla”.

Operaciones y preocupaciones

Sara tiene 35 años, es referente de la CCC en la localidad de Virrey del Pino, en La Matanza, y camina de la mano con su bella hija Aimé. Lxs integrantes de la CCC tienen una pechera con el rostro de Freddy Mariño, histórico miembro de la organización, que murió en abril de este año. A los reclamos que se escuchan en la marcha, Sara además suma la criminalización a las organizaciones sociales: la CCC fue acusada de forzar a sus integrantes a aportar un porcentaje de lo que perciben desde el Potenciar Trabajo, y sufrieron allanamientos en 23 merenderos por una causa que se inició en tiempos del macrismo.

“Son todas mentiras y eso está quedando en evidencia: nuestros compañeros hacen un aporte voluntario porque así sostenemos a la organización para poder salir día a día”, explica. “Hoy los planes los necesitamos porque es la única salida para los desocupados que tenemos. Nosotros íbamos a no quedarnos en los planes, sino a generar trabajo genuino a través de cooperativas. Sobre todo pensando también en los jóvenes, que son una camada que quedó por fuera del trabajo en blanco: no los toman en ningún lado por no tener experiencia laboral. Pero hoy la situación está complicada. Por eso salimos a pedir techo, tierra y trabajo”.

Tania tiene 42 años y trabaja en una cooperativa del Frente Agrario del Movimiento Evita en el barrio 9 de abril, en Esteban Echeverría. “¿Qué me aporta la cooperativa? Trabajo y la posibilidad de ayudar al compañero”, responde. Trabaja en el rubro textil y en panificado, y de lunes a lunes está en un merendero que da de comer a 300 familias por día: “La sensación es de satisfacción por poder ayudar, pero también duele mucho”.

Por ese trabajo, también le duele cuando escucha por los medios cómo estigmatizan a las organizaciones: “Sería bueno que no pongan a todos en la misma bolsa. Lo que recibimos, lo merecemos”.

Nurit tiene 30 años y en la marcha del año pasado estaba embarazada: hoy, sobre sus brazos, lleva a Santiago, su hijo de 9 meses que ahora duerme con fuerte compromiso. Milita en el MTE en el acompañamiento de cinco centros barriales de Vientos de Libertad en los barrios porteños de Parque Patricios, Chacarita, Once, Barracas y la 31. Y subraya como urgente un Salario Universal: “Es un contexto crítico. Para nosotros el Potenciar es una política de trabajo dentro de la organización: las personas que lo cobran, trabajan, y te puedo asegurar que mucho más que aquellas personas que hablan por los medios de estas cuestiones. Y el Salario Universal es un ingreso mínimo que permita salir de la indigencia a quienes hoy no pueden llevar el pan arriba de su mesa. Discutir el hambre es una foto de cómo estamos hoy”.

Los centros de Vientos de Libertad son un crudo espejo de la actual situación: “Cuanto peor es el contexto, más trabajo tenemos. El nivel de complejidad que estamos recibiendo es dramático: se nota la degradación del tejido social en momento de crisis, porque hay compañeros y compañeras cada vez más complicados en relación al consumo, a la violencia, y a la violencia de género. La demanda es mucha”.

Y otro indicador: “Cada vez recibimos más gente sin techo. Y lo que se ve son los niveles de desidia estatal y abandono, porque los que llegan a nuestros espacios tuvieron antes un millón de derechos vulnerados. Los compañeros, hoy, están llegando devastados”.

Una agenda

El acto en Plaza de Mayo fue multitudinario. Las organizaciones leyeron un documento en el que detallaron varios puntos para recalcar: “Queremos aprovechar esta ocasión para visibilizar nuestro trabajo y romper el mito de que vivimos de un plan. Hace ya mucho tiempo que convertimos esos planes en trabajo genuino. En unidades productivas de costura, construcción, reciclado, integración urbana. En empresas recuperadas, agricultura familiar, campesina e indígena, en grupos comunitarios de cuidado, educación, deporte, recuperación de adicciones y reinserción de liberados. Hemos hecho miles de kilómetros de veredas, desagües, cloacas, tendidos eléctricos. Hemos recuperado miles de toneladas de plástico, de papel cartón, vidrio, metales. Miles de campera, calzado. Kit sanitarios y escolares. Hemos construido miles de viviendas, polideportivos. Hemos producido toneladas de fruta y alimentos para nuestro pueblo. Hemos alimentado barrios enteros durante la pandemia”.

Eso, destacan, es trabajo y es genuino: “No falta trabajo, nos faltan derechos laborales”.

Y expusieron una serie de puntos, en el marco de una Ley General de Tierra, Techo y Trabajo, que exigen al Congreso tratar de forma “urgente”:

  1. Ampliación de derechos: salario universal y desarrollo de la economía popular. Creación de Ministerio de la Economía Popular. Monotributo productivo. Fondo fiduciario para la promoción del crédito y la economía popular. Compras gubernamentales.
  2. Acceso a la tierra y protección de zonas estratégicas de soberanía alimentaria.
  3. Espacios sociocomunitarios y productivos. Tareas de cuidado y promotoras de género. Reconocimiento de trabajadora de cuidado y promotoras de género. Acompañamiento para víctimas de violencia en barrios. Educación cooperativa y gestión social cooperativa.
  4. Gestión integral de envases y reciclado social.
  5. Protección de humedales: inventario nacional y uso sustentable. Fondo nacional.
  6. Pueblos originarios. Prórroga de la ley 27160. Cronograma de finalización de relevamiento territorial indígena.
  7. Pesca artesanal. Registro nacional de pesca artesanal. Terminales pesqueras de proximidad. Permisos simplificados.
  8. Barrios populares. Prórroga de prohibición de desalojo. Plan nacional de viviendas populares y loteo social.
  9. Empresas recuperadas. Utilidad pública del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores. Proceso de expropiación de unidades inscriptas en RENACER.
  10. Emergencia en adicciones. Ampliación presupuestaria para casas comunitarias y convivenciales. Pauta publicitaria para prevención de adicciones.

Previo a dar la palabra a referentes de las organizaciones, cierran: “No al ajuste”.

La plaza aplaude.

Tal como dicen, en contextos con anuncios macroeconómicos inciertos y consecuencias aún más oscuras, esa agenda marca un camino: por abajo. Nurit, con su hijo de 9 meses en brazos, cierra entonces qué significa San Cayetano: “En un contexto difícil y desafiante, necesitamos motivos para juntar esperanza”.

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Informe América: dictamen del INADI establece que hubo violencia machista

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El Informe América fue elaborado por el colectivo Periodistas Argentinas en relación a la violencia laboral ejercida en el Grupo América hacia trabajadoras y trabajadores. A raíz de la presentación en distintos organismos del Estado, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, dictaminó que el periodista Antonio Laje tuvo conductas “violentas”, “cínicas” y “perversas” y que la conducción de dicho grupo de medios tuvo una actitud “reaccionaria, anacrónica y a todas luces ineficientes”. Los principales puntos y las recomendaciones del organismo.

El Informe América se presentó el diciembre pasado en la Sala II del Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación para dar cuenta de un sistema y un modus operandi que se viene desarrollando a lo largo del tiempo en el multimedio Grupo América. 

El documento se presentó luego oficialmente en distintos organismos estatales: la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral del Ministerio de Trabajo de la Nación, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), la Defensoría del Público y el Ente Nacional de Comunicación (ENACOM). Además se entregaron copias al Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) y al Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SatSaid).

Luego de una investigación la Dirección de Asistencia a la Víctima del INADI, a cargo de Demián Zayat, emitió un dictamen técnico de opinión que confirma “la conducta violenta de género del Sr. Laje y la complicidad o aquiescencia de las autoridades y dueños del multimedios en el cual se desempeña”.

Esta situación fue denunciada por Periodistas Argentinas cuando enfatizó que no se trataba de una sola persona sino de una situación sistemática que se viene desarrollando a lo largo del tiempo.

El dictamen sostiene que se identifica “un modus operandi generalizado en el ámbito de los medios masivos de comunicación: el machismo imperante en ellos, materializado en el acoso, abuso, maltrato, intimidación y descrédito profesional al que son sometidas las mujeres”. Además remarca que ”mientras la violencia de género gana lugar y relevancia en los medios” son los propios medios  en donde “se perpetúan y reproducen conductas machistas contra las trabajadoras”. 

Sobre el modus operandi detallado en el Informe América, el INADI entiende que “dicha práctica tiene un aspecto cínico y otro perverso”. Y detalla cada uno: 

  • “El costado cínico reside en el principal argumento de defensa esgrimido generalmente por las personas acusadas, argumento que endilga a la vorágine de ‘la exigencia profesional’ la responsabilidad por ‘algún exceso’”. 
  • Respecto al costado perverso: “Anida en que los maltratos y abusos denunciados generalmente implican el desastre para la denunciante, su descrédito profesional, persecución o despido, que generalmente incluye también caer en una suerte de lista de vetados que impide trabajar en otros programas o medios del grupo en cuestión o, en casos graves, incluso en cualquier otro medio del país. Este rasgo ruin, montado sobre el temor e incertidumbre que genera la posibilidad de perder el empleo, es el que precisamente habilita su propia existencia y continuidad”. 

Además en el documento emitido hoy por parte del organismo se sostiene que «Laje se victimizó y denunció una “operación” para destruirlo. Más allá del egotismo del Sr. Laje, que al parecer se considera lo suficientemente importante e influyente como para que se instalen operaciones en su contra, con sólo apreciar las declaraciones de las mujeres implicadas, sus tareas y sobre todo las consecuencias que tuvieron en sus trabajos, basta para descartar la falsa ‘operación’ argüida por Laje»

Otra definición: “La defensa del Sr. Laje consistió en definir a esta situación no como maltrato, sino como exigencia. Más allá del nombre que le quiera poner, los hechos encuadran sin lugar a dudas en todas las definiciones de violencia

contra la mujer que establece la normativa internacional y nacional». 

Respecto al papel y responsabilidad de los dueños y autoridades del Grupo América el organismo remarca que “su actitud ante la situación resultó reaccionaria, anacrónica y a todas luces insuficiente. En relación a su intervención en este expediente, si bien puede entenderse el derecho a la defensa que toda persona física y jurídica tiene, la actitud aséptica y tecnicista evidencia en las presentes actuaciones un desinterés absoluto por la violencia engendrada contra las mujeres en el medio que presiden”. 

Subraya el INADI que “en el afán de defender a su conductor deja a la empresa en una posición de absoluta complicidad con los graves hechos denunciados y de espaldas a una realidad (el empoderamiento de las mujeres para terminar de una vez con prácticas y conductas violentas contra ellas) que no va a detenerse por más caso omiso que quiera hacerse. Con su actitud la empresa, además, revictimiza a las mujeres implicadas, ya que la inacción respecto a lo ocurrido, aún ante la presentación de denuncias formales, reafirma la postura tomada al despedir a las trabajadoras que no se sometían a los abusos de Laje, o al permitir su persecución y acoso laboral, sin garantizar los más elementales derechos laborales”. 

Como organismo estatal que actúa contra toda forma de discriminación, el INADI estableció en el dictamen una serie de recomendaciones con el fin de prevenir y reparar las acciones denunciadas. Las recomendaciones son: 

  • “Arbitrar los medios necesarios de manera inmediata para evitar la continuidad de conductas denunciadas, sin que se adopten represalias contra las víctimas y denunciantes”. 
  • “Establecer capacitaciones sobre violencia de género a fines de evitarlas en el futuro y lograr un estándar aceptable en cuanto a los derechos de la mujer”. 
  • “Establecer segmentos sobre derechos de la mujer para sacar al aire en el programa de las noticias de la mañana”. 
  • “Aprobar y poner en práctica, de un modo conjunto con los representantes sindicales, un protocolo para prevenir y sancionar la violencia de género, de acuerdo a lo establecido por el Convenio 190 de la OIT, y crear un área de género para prevenir este tipo de conductas que deberá tener intervención en la investigación que se lleve adelante en las denuncias de este tipo”. 
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No te quedes en casa: teatro, música y un stand up mágico

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Música, humor y teatro para espantar las penas y una suerte de stand up de la magia. Una agenda para ver, escuchar, sentir y divertirse más allá de las pantallas. El arte real y presencial para confirmar en la práctica que la maravilla es posible.

Andrea Bazán y su música para espantar las penas

¿Por qué ir a ver este espectáculo? Porque Andrea Bazán es una cantautora maravillosa, porque estarán también Caro Bonilllo y Solana Biderman, porque Susy Shock andará por allí y tal vez algo se cante, porque el clima de calidez se puede acompañar con buena comida y bebida, y porque la entrada es a la olla (ex gorra): a voluntad de las personas que deciden pasar este gran rato.

Este viernes MU Trinchera Boutique será nido del ciclo que se lleva a cabo una vez por mes. Andrea presentará Pa’ despenar, su primer disco solista, que reúne catorce canciones y un poema que vienen surcando distintas geografías desde hace tiempo, planteando el despenar como acto de resistencia. Estará en la Trinchera su hermana, Susy Shock, quien la impulsó y produjo el disco.  “Susy es mi primera referente”. En el disco Andrea le dedicó a Susy un tema, Mana, que dice: “Juntas en las andanzas, suceden brotes, vida de serenata, rompes vos mis amarras, canta voz hermanada”. 

¿Por qué despenar? Andrea admite que el tema debe haber nacido de algún desamor de momento. Pa’ despenar recorrió varias gargantas y guitarras y hoy regresa a quien le dio vida. “Soy de creer que la música sana. Conmigo lo hizo. Por eso no tiene que ver con la tristeza, de sacar penas, sino con una manera de ayudar a que resistamos. Habla del río, del cauce y de volver siempre, de volver a una misma: eso despena cualquier cosa”. 

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143

Viernes 5 de agosto, 21 hs

Reservas: www.lavaca.org/trinchera

Entrada a la olla

@andrea_bazan

@caro_bonillo

@solanabiderman

@mu.trinchera

Shamrock

Un símbolo irlandés: shamrock es el trébol de tres hojas, un buen augurio para la cultura celta. En esta obra escrita en verso e impregnada por la comedia, Mary llega a Buenos Aires desde Irlanda para casarse con Dido, también irlandés ya afincado en estas tierras. Mary huye de la hambruna en su país por la cual miles de personas escaparon entre 1845 y comienzos del 1900.

La joven encuentra apenas llega un panorama desalentador: su prometido está flechado por una argentina que trabaja en el Hotel de los Inmigrantes y hará todo lo posible por salir airoso del embrollo. En un país extraño, con el corazón roto y sus sueños cayendo en picada, Mary intenta recomponerse.

Esta obra comenzó a germinar en un taller de dramaturgia dictado por Ariel Barchilón al que asistía la actriz y dramaturga Brenda Howlin en 2013. Ante la consigna de escribir una escena en verso, en la cabeza de Brenda se encendió la imagen: “La de una irlandesa que viene a encontrarse con su prometido fluyó con mucha naturalidad”.

Ese imaginario de barcos, inmigrantes, puertos, encuentros y desencuentros siempre estuvo presente para Brenda, descendiente de irlandeses por rama paterna y de italianos por rama materna. Después de un tiempo de elaboración, en 2018 tuvo la versión final. Convocó al actor, director y docente Nano Zyssholtz y a las actrices Carolina Setton, Justina Grande y a los actores Alejandro Gigena y Pablo Kusnetzoff. “Siempre me imaginé la obra en tono de comedia y clown. Si bien los personajes padecen algunas de las cosas que les van pasando,a mi me gusta el registro de la comedia y sentía que Nano era ideal para trabajar esta obra. Las actrices y actores también fueron proponiendo”.  Nano se sintió idenrificado con la temática elegida por Brenda: “Lo primero que me sedujo fue el combo obra escrita en verso mas la temática de inmigración. Yo también soy descendiente de inmigrantes (en mi caso de Polonia) y me parecía que llevar esa historia al teatro y en clave de humor era una manera de conectar con mi propia historia”.

Brenda tenía en claro que quería escribir una comedia y una vez embarcada en la hechura de la obra, puso el foco en explorar los mandatos que  recibían las mujeres en esa época. “En tiempos en los que había que salvarse, ya sea de la crisis económica, como en el caso de los irlandeses, o de la guerra como en el caso de los italianos, tenían que huir de su país natal, buscar un nuevo lugar para vivir y venían a la Argentina donde estaba la promesa de encontrar trabajo y tierras. ¿Qué hubiera pasado si una de esas mujeres se hubiera plantado y dicho: y si no quiero todo eso que supuestamente tengo que hacer?  ¿Qué pasa si una mujer no pone el eje ahí sino en otra cosa? Ella tiene un emprendimiento con  una amiga, les va bien. Me interesbaa una protagonista femenna cuyo objetivo no sea el amor, armar una familia, sino el desarrollo personal, la emancipación,  la busqueda de la independencia”.

El humor asoma de principio a fin. La obra tiene momentos desopilantes, que las actrices, actores, dramaturga y director fueron puliendo en cada ensayo: Mary y Rita (la novia argentina de Dido) protagonizan una escena que parece del mejor cine mudo. Ale Gigena despliega un gran trabajo corporal y Pablo Kusnetzoff apela a su oficio de mago para añadir la sorpresa.  Shamrock es un trébol de buen augurio para ir al teatro.

Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556, CABA

Viernes 21 hs

@brendahowlin

@nanosisol

@carosetton

@pablo_kusnetzoff

@alechichena

@jusgrande

@teatrobeckett

Magia & Sushi, el increíble show de Nico Gentile

Como cada segundo jueves de mes,  Nico Gentile  estará a cargo del ciclo de magia que provoca asombro, aplausos y un interrogante que se repite una y otra vez: ¿Cómo lo hizo? La respuesta es muy simple: hace magia. El ritual se produce en un espacio —Riobamba 143— que fuera el Bazar de Magia del mítico mago inglés David Bamberg, más conocido como Fu Manchú, al decidir que solo quería vivir en Argentina. Gentile es el encargado de tomar la posta luego de que el lugar fuera ferretería y local partidario, para teñir de magia nuevamente al local que el próximo 18 de agosto cumplirá cinco años bautizado como MU Trinchera Boutique, la casa de la Cooperativa lavaca.

Nico ofrecerá primero un show de “magia de cerca” en la sala Trinchera, el desafío de hacer lo imposible delante de nuestras narices. Luego, escaleras arriba y en la sala Boutique, con la vidriera de fondo, el show completo, con una actuación imperdible. Además se podrá degustar el mejor sushi de la zona, hecho por una familia oriental que cada mes lo prepara especialmente para este evento. Además de vinos y etcéteras, como bebida de la casa, la propuesta es el kefir que combina sabor y salud, y se está convirtiendo en otra aparición inesperada en estas noches de magia.

MU Trinchera Boutique

Riobamba 143, CABA

Jueves 11 de agosto

Reservas: www.lavaca.org/trinchera

Entrada a la olla

@magonicogentile

@mu.trinchera

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La última Mu: La voz originaria

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