Nota
Entrevista a Horacio Tarcus, director del CEDINCI: «La izquierda argentina es irreformable»
Con la paciencia de un franciscano y la obsesión propia de todo coleccionista, Horacio Tarcus se convirtió en el director del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierda (CEDINCI), la biblioteca más importante sobre socialismo, anarquismo y marxismo que existe en el país. Amante de la historieta, profesor de Teoría del Estado e historiador de profesión, Tarcus conoce a la izquierda vernácula como pocos. Eso le da autoridad para desmenuzarla y para polemizar con ella. O, mejor dicho, con lo último que queda de ella.
El neoliberalismo es cuestionado como nunca y, sin embargo, la izquierda hizo una pésima elección ¿por qué?
Me parece que es la gran pregunta, sobre todo si tomamos en cuenta que la izquierda parecía enarbolar los valores con los que aparentemente la sociedad se identificó desde diciembre del 2001, y en las elecciones prácticamente no existió. Los votos progresistas los capitalizaron Néstor Kirchner y Elisa Carrió, pero no la izquierda. Creo que es un asunto que tiene raíces históricas. Hay muchos episodios en la historia político-electoral argentina en los que la izquierda alcanza una presencia importante en la movilización social, en la acción cultural y gremial y, sin embargo, esa fuerza no se traduce en términos políticos, no alcanza peso electoral. Y si en algún momento logró meter diputados en el Congreso, no consiguió mantenerlos. Se volvieron absolutamente volátiles. Es evidente que la traducción no es automática.
¿Por qué no se logra esa traducción?
Pasan varias cosas. Si tomamos las últimas votaciones creo que por un lado influyó la propia coyuntura electoral pero, por el otro, lo determinante es cómo la izquierda construye política. Volvamos para atrás: en las elecciones del l999 llegaron a su pico máximo el ausentismo, el voto en blanco y el voto nulo… Lo que hasta entonces era una expresión de impotencia aislada, en el 99 se manifestó como protesta colectiva. Mucha gente que había militado en los partidos de izquierda se saturó de ese modelo de militancia y los dejó de votar. Y es este tipo de voto el que se traduce en el estallido de diciembre: un movimiento que parece. cobrar un perfil político con el «que se vayan todos». Frente a esto, el gobierno apuesta inteligentemente a establecer un cronograma electoral, que le pone tiempos, ritmos y modos a la política que son totalmente distintos al «que se vayan todos». En este contexto, la izquierda queda desconcertada entre seguir funcionando con la lógica de presentarse a alecciones y avalar un movimiento de impugnación del sistema representativo. En el caso de la izquierda Unida nunca hubo un apoyo profundo al «que se vayan todos», resignificaban la consigna en el sentido de que se vayan ellos, que se vaya la clase dominante… No se sentían incluidos como políticos dentro del sistema de representación. El caso más flagrante es el de Luis Zamora, que avala el «que se vayan todos», a la vez, arma su candidatura para la jefatura de gobierno.
¿Qué futuro tiene, entonces, la izquierda?
Creo que la izquierda argentina, tal como hoy la conocemos, con las organizaciones políticas y los líderes existentes, es irreformable; es una izquierda absoleta, no tiene posibilidad de recuperación. Hay que ser tajante: esta izquierda tiene un techo y no es solamente electoral. Vive en la cultura política -con una modalidad de organización, un imaginario, un lenguaje- que no tienen nada que ver con los códigos de una nueva militancia social en la Argentina. La izquierda nacional no puede decodificar la emergencia de lo nuevo y se limita a una aproximación, en parte oportunista y en parte instrumental, de lo que aparece. Su acto reflejo ante lo nuevo es desconfiar . Y al mismo tiempo decir: «Si esto es lo emergente estemos ahí, ganemos, controlemos, orientemos nosotros»
Es lo que hizo en las asambleas…
Y en el movimiento piquetero también. Cada grupo de izquierda sueña con tener un grupo piquetero propio. Y eso le hace un enorme mal no solo a la propia izquierda sino a todo el movimiento social. La izquierda traslada sus divisiones a los nuevos movimientos sociales; en lugar de favorecer la unidad, ayuda a fagocitarlos. Lo hizo ya en el campo de los derechos humanos, entre los estudiantes, con los piqueteros y con las asambleas, donde distintos grupos de izquierda llegaron al punto escadaloso de agarrarse a piñas en la Interbarrial de Parque Centenario. Esa es la versión grotesca y caricaturesca de lo que puede ser la izquierda. Yo creo que ni el fascista más cebado podría haber imaginado un escenario mejor para la derecha que esa situación. Lo que pasa es que el izquierdista es un animal político empecinado, que no aprende por experiencia, piensa que la próxima vez lo va a hacer mejor; carece de autocrítica porque es un pensamiento que no admite la autocrítica. Si pienso en los militantes, me enternecen y me entristecen, a la vez… Tipos que dedicaron su vida a proyectos fracasados, que no tenían ninguna viabilidad, que sacrificaron sus vocaciones, sus familias, sus deseos. El viejo modelo de militante disociaba vida privada de vida pública, vida cotidiana de militancia… De todas formas, insisto: este modelo de izquierda está condenado a desaparecer.
¿A qué se refiere exactamente con «este modelo de izquierda»?
Al modelo de organización que se remonta a los tiempos leninistas y a los viejos partidos comunistas, de donde salen todos los moldes y que está a contrapelo de la cultura y la sensibilidad políticas de la emergencia militante, de los jóvenes de hoy. Esa forma identitaria cerrada y doctrinaria de pensar, ese modo eclesial o de secta de vincularse, de captar al movimiento social y hasta de parasitarlo, esa concepción política totalmente instrumental. Aquel viejo modelo fue concebido por Lenin en condiciones de clandestinidad en la Rusia de fines del siglo XIX, principios del XX, con militantes que tienen que enfrentarse a un aparato absolutista poderoso. Esa forma política -que se demostró eficaz hasta cierto punto, por lo menos hasta la toma del poder- decía: «acá no se trata, como creen los socialistas utópicos, románticos, de crear vínculos, formas y valores que anticipen la sociedad futura, aquí se trata de crear una maquinaria eficaz para la toma del poder. Como la estructura del Estado es una estructura jerárquica, centralizada, ejecutiva, poderosa, hay que crear una maquinaria de guerra que esté en condiciones de enfrentarla, de destruirla y de reemplazarla». Por lo tanto se construye una lógica política especular a la maquinaria que se quiere enfrentar. El mérito de este planteo es su eficacia; el riesgo es que esté infisionado de las formas, las lógicas y los valores de lo que se quiere destruir. Creo que esta lógica permeó las políticas de las izquierdas en el siglo XX. Por lo menos hasta los años 60, cuando -con el Mayo francés, el movimiento situacionista- surge la idea de que las organizaciones sociales tienen que ser una anticipación de las formas y los valores de la sociedad futura. Lo nuevo del movimiento, del 2001 para acá, es -por el contrario- su carácter molecular, crítico de la representación, de las estructuras fijas, de la profesionalización de la política, y abierto a otras categorías y otras inflexiones del pensamiento. La izquierda tradicional no es capaz de dialogar con todo esto.
¿Los actuales movimientos sociales vuelven, de algún modo a ese socialismo utópico?
Creo que, en algún punto, la crisis de la izquierda tradicional tiene que ver con el colapso de los socialismos reales, que han llevado a una desvalorización de la utopía y de la anarquía. Me parece que hoy hay una circulación de ideas, prácticas, formas y valores utopistas y libertarios que circulan molecularmente en el movimiento social. En cierto modo, el marxismo de Holloway es un marxisms libertario. Se retomó, por ejejmplo, la vieja idea anarquista de organizarse por grupos de afinidad. Yo creo que del modo en que lo practicaban las viejos anarquistas no es viable hoy, y sin embargo hay un interés en el agrupamiento a través d e compartir opresiones comunes, experiencias comunes, resistencias y luchas comunes, más que acuerdos ideológicos doctrinarios estrictos.
¿La izquierda tradicional equivoca el enemigo?
De hecho sucede eso. En la medida en que la izquierda no está en condiciones de enfrentarse al enemigo real, juega el partido menor: a ver cuál es la organización que logra juntar más votos, o controlar a las asambleas, o reunir más planes trabajar.
¿Los nuevos movimientos sociales podrán terminar de nacer a pesar de esa capacidad de destrucción de la izquierda más tradicional?
Es un problema, indudablemente. La izqueirda tradiconal, lo que no controla trata de aplastarlo. En la medida en que lo emergente logre cobrar suficiente impulso va a arrastrar a lo que la izquierda tradicional tiene todavía de más interesante: miles de perosnas extrarodinarias, abnegas, militantes, que quisieran romper con ese cascarón pero no pueden. Es cierto, sin embargo, que hoy por hoy la izuqueirda tradicional funciona como un obstáculo
¿Quiénes encarnan la nueva izquierda?
Hoy tiene más que nada una existencia grupuscular, molecular. No sé qué forma va a adoptar: si la de un movimiento, la de un partido político más flexible… Ni sé cómo se va a llamar… Quizás no cuaje en un partido político, yo apuesto a que sí porque es lo que me gustaría, pero no tiene porqué suceder. Me parece que va a surgir de la unión de pibes jovencitos y viejos militantes reactivados a partir de diciembre, porque ambos están buscando algún tipo de articulación y de convergencia. Hay cantidad de gente que viene al Cedinci a preguntar qué puede leer sobre formas alternativas de organización social.
¿Y qué les ofrecen?
Hace falta producir una nueva literatura política que pase en limpio los viejos debates en función de estas necesidades. Una nueva literatura que de algún modo acompañe nuevas formas de agrupamiento, de organización y de gestión. Va a ser una articulación entre lo que se experimenta actualmente y lo que se procesa de la tradición. Pero lo más probable es que esto no cuaje en un sujeto claramente definido como podía ser el proletariado. Estamos ante sujetos múltiples y más difusos y por lo tanto ante formas de organización, de pensamiento y de reagrupamiento distintas, animadas por una especie de sensibilidad libertaria reactiva frente a formas fiscalizadas y jerárquicas de hacer política. De modo que no va a ser de la transformación de la vieja izquierda, de donde vaya a salir una nueva.
De hecho la nueva izquierda es una izquierda sin obreros…
Exacto. La izquierda tradicional trata de pensarlo en los viejos términos y dice que los piqueteros son una fracción de la clase obrera desocupada. Lo que pasa es que esto no es ya ni lo que Marx llamaba ejército industrial de reserva que era una variante de ajuste del capital, que expulsaba obreros temporariamente y cuando entraba en un período expansivo los volvía a absorber. Este es un fenómeno estructural. Ya nadie se puede proletarizar. Además la fábrica perdió la centralidad social y política que tuvo hasta los años 70. Es una herida narcisista de la que la izquierda no se recuperó. Por eso digo que la izquierda necesita un aggionarmiento de los viejos programas, hace falta renovar las categorías teóricas, renovar el marxismo y abrirlo a su encuentro con otros pensamientos, con otros paradigmas. No hay una izquierda partidaria que promueva esos debates. Es más de lo mismo.
¿Qué lograron construir ya esos sectores emergentes?
Es cierto que no han construido formas políticas que transunten en un resultado electoral. Pero tampoco creo que haya que apurar una plataforma político-electoral de los movimientos político-sociales emergentes. Creo que ese fue el gran error de Zamora: abortó así la posibilidad histórica de recuperar parte de la vieja izquierda articulándola con una nueva militancia y constituyendo un movimiento amplio y nuevo, ignorando -en principio- las elecciones. Por lo menos por los primeros años. Lo que hizo fue repetir lo que ya sabía hacer: ser candidato y armar una organización política en torno a él. Zamora tuvo en sus manos un capital político importante para construir algo nuevo, si se hubiera puesto al servicio de eso que circulara. Por ejemplo: hay que inventar una forma de gestión colectiva de los servicios públicos que todavía no existe. Un gran movimiento social detrás de la gestión pública que acompañe desde las cooperadoras de los colegios y los hospitales hasta el servicio de energía eléctrica y de gas… Y recién a partir de ese movimiento, imbuido en la gestión de la ciudad, armar candidaturas. Es movimiento tiene perspectiva y tiene interés, porque permite una construcción política articulada con un proceso social
¿ Hasta que punto se puede generar un cambio al margen del poder?
No es que estoy en contra de que un movimiento emergente de izquierda se presente a elecciones, lo que no puede ser es que la lógica constitutiva sea ésa. Creo que hay que transitar un largo proceso de gestación. Se trata de romper con el paradigma del asalto al poder, que es lo que se plantea Holloway. Si se construye fuerza social, poder social -o contrapoder social- esa fuerza se puede articular después políticamente a nivel de municipio o de provincia. Me imagino un movimiento que empiece desde abajo. Una proliferación de movimientos autónomos que tiene que intentar involucrarse en la gestión colectiva, sin diluirse dentro del Estado pero tampoco autonomizándose de modo absoluto, porque si no se perpetua una estructura de poder que termina por desgastar al propio movimiento. Se puede transformar y revolucionar el poder, pero no con la idea de asaltarlo
Un modelo más parecido al de la resistencia global que al de los partidos de izquierda
Sin dudas, absolutamente.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

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Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

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