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Femicidio de Cecilia Basaldúa: una marcha a la Casa de Córdoba denunció la falta de investigación judicial

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A cinco meses de la desaparición y femicidio de Cecilia Basaldúa su familia, junto a amigas y artesanas, marcharon con velas desde el Congreso a la Casa de Córdoba exigiendo justicia y denunciando la falta de investigación para llegar a la verdad. Las voces de la marcha. El audio anónimo que denuncia lo que le pasó a Cecilia. Entrevista a la fiscal del caso, y la respuesta a sus declaraciones por parte de la familia de Cecilia y su abogada. Y entrevista a la hermana y abogado de Lucas Bustos, único imputado.

Femicidio de Cecilia Basaldúa: una marcha a la Casa de Córdoba denunció la falta de investigación judicial
Fotos: Maite Libertad.

Por Lucrecia Raimondi

Por el cielo gris y la humedad parecía que en cualquier momento estallaba el diluvio, pero igual se concentraron en Plaza Congreso, con barbijos y alcohol en gel, para marchar hasta la Casa de Córdoba para expresar así los cinco meses de impunidad del femicidio de Cecilia Basaldúa, la viajera asesinada en Capilla del Monte. Familiares, amigues y artesanas de Fuerza Mestiza, en su mayoría mujeres que no llegaron a conocerla, convocaron por primera vez a una movilización en Buenos Aires para dejar expuesto que este caso necesita justicia y verdad.

Bajo el techo del Cine Gaumont pintaron sobre lienzo un esténcil con la cara de Cecilia y se los pegaron al pecho. Recorrieron las cinco cuadras con velas, tejiendo una columna que encabezaron Susana y Daniel, madre y el padre de Cecilia. En la casa de la Provincia colgaron banderas, fotos y carteles. Junto al paño con las pulseras de macramé que hacía y vendía Cecilia, las artesanas armaron un mandala de flores y semillas con su foto: sus familiares, asombrados por la belleza del dibujo, reconocían en la obra el espíritu alegre, colorido, natural de Cecilia.

Reclamos y recuerdos

Belén armó con Cecilia en 2012 un equipo de mujeres de hockey sobre hielo. Es una de las que maravillada saca fotos al mandala, lo mira emocionada, describe lo que representa. “Ella emanaba vida”, recuerda Belén y sincera que “esto es hermoso pero siento mucha indignación, mucha ira”. Cuenta que vivió la desaparición de Cecilia con impotencia por no poder salir a buscarla a causa de la pandemia y que estar en la movilización, frente a la casa de la provincia donde asesinaron a su amiga, siente que es el aporte que puede hacer. “Estar acá es la primera vez que me conecto más de cerca a este reclamo -reconoce y enfatiza-. Nada la va a devolver, pero no puede haber esta impunidad y corrupción sin que se haga justicia. Los culpables que hicieron esto no pueden estar sueltos, tiene que dejar de pasar, no se puede volver a repetir. Que ella esté muerta y ellos libres no tiene sentido”.

En la Casa de Córdoba quedaron expuestos los que para la familia Basaldúa son responsables del secuestro y femicidio de Cecilia. Sobre la persiana metálica pegaron fotos con los nombres y la implicancia de cada uno. Denuncian que están sin imputación por la investigación sesgada de la fiscalía, que solo tiene pruebas contra Lucas Bustos, un pibe de 23 años, campesino y peón de albañil. Quedó a la vista la impunidad del crimen de Cecilia y que sus familiares no están solos: las de Fuerza Mestiza juntaron adhesiones que desde distintos puntos de Argentina, Paraguay, Venezuela y Uruguay se sumaron a la exigencia de verdad y justicia por Cecilia Basaldúa.

Los colectivos de mujeres de todo el país y del mundo, que están observando la situación del caso, apuntan a que el Estado es responsable: “Todo el país sabe que Capilla del Monte esconde muchos secretos siniestros y la fiscal Kelm defiende su posición de meter preso a un perejil para que creamos que se hizo justicia. El silencio es cómplice de los nefastos. Exigimos una reforma judicial que se ocupe de castigar esa inoperancia y complicidad. Basta de femicidios, basta de asesinarnos, vivas y libres nos queremos. Justicia por Cecilia y por todas las que son asesinadas en nuestro país. Cecilia, hermana viajera y artesana, estás presente”, expresaron algunos audios que además aseveraban: “Si tocan a una respondemos todas”.

Femicidio de Cecilia Basaldúa: una marcha a la Casa de Córdoba denunció la falta de investigación judicial
Fotos: Maite Libertad.

La calle como medio de comunicación

Daniel Basaldúa, el papá de Cecilia, asegura que si no fuera por la pandemia de coronavirus seguirían la causa desde Capilla del Monte, que harían presión desde allá. Pero que confía en su abogada, Daniela Pavón, que desde Córdoba lleva la causa. Y que en Buenos Aires ellos se mantienen activos para visibilizar. “Estamos pidiendo justicia, que la fiscal investigue de verdad y nos estábamos quedando sin alternativas. Lo que nos queda es ganar la calle, por eso estamos con las organizaciones y los amigos de Cecilia. Queremos que la provincia de Córdoba tome cartas en el asunto porque notamos que no se está investigando el femicidio de mi hija. Estamos acá porque se lo debemos a Ceci y vamos a ir hasta donde haga falta, este es el primer paso”.

Para la familia de Cecilia fue muy importante salir a la calle y visibilizar lo que está pasando con la causa. Dos de sus primas, Silvina y Patricia, que marcha con su hija adolescente, fueron las primeras en llegar al punto de encuentro. A medida que se acercaba la gente ellas los recibían con calidez y agradecimiento. Silvina reconoce en la movilización lo que Cecilia generaba: “El amor que despertaba se ve, porque era muy alegre, amable, siempre con una sonrisa. Ella era así, no se fijaba en la plata ni nada. Cuando terminó sus estudios dijo que lo que quería era ayudar a la gente. Nosotras la seguíamos en sus viajes por el mundo, era muy independiente, nunca le pasó nada”.

Las primas no podían creer todos los preparativos que hicieron las artesanas, con su propio dinero, sin conocerla a Cecilia. “Cuando les preguntamos porque lo hacían dicen que tienen miedo que la próxima sea una de ellas o de sus hijas. Y las entiendo porque lo que te hace mover es que esto tiene que parar. La mataron por ser mujer, nos quieren hacer un objeto sexual y nos matan”, entiende Patricia y Silvina manifiesta que “estar acá se lo debía a ella, que todavía no pudimos velarla ni despedirla”.

Ambas están convencidas de que algo grave está pasando en Capilla del Monte: “No vemos ningún avance y si no hacemos esto queda impune. El caso es muy sospechoso, no puede ser que el ADN salió negativo y el que está preso no sea. Hay mucha corrupción en Córdoba”, asegura Silvina. Y Patricia sostiene que la única forma de terminar con la impunidad es saliendo a la calle: “Hay que hacer ruido para que llegue a Córdoba y a Capilla. No les va a ser fácil, no nos vamos a olvidar del caso, vamos a ser una espina en su zapato. La mataron y no sabemos cómo murió. Estamos mal, el dolor es peor por la impunidad. Pero no se la van a llevar de arriba, no va a ser un caso más”.

Femicidio de Cecilia Basaldúa: una marcha a la Casa de Córdoba denunció la falta de investigación judicial
Fotos: Maite Libertad.

Un audio revelador

En agosto, a tres días de cumplirse cuatro meses del hallazgo del cuerpo, se viralizó en Córdoba el relato oral de una testigo aterrorizada que se presenta como María y dice haber visto cómo secuestraron a Cecilia Basaldúa. Estallaron los teléfonos de los abogados y de los familiares de Cecilia. El audio lo mandaron a grupos de WhatsApp de compra venta. No pudieron localizar a la persona que lo empezó a circular. El mensaje empieza advirtiendo: “Sé que al enviar este audio estoy corriendo muchísimo peligro pero ya no aguanto más”. Su contenido hiela la sangre.

Al borde del llanto María cuenta que la noche del 4 de abril fue a una fiesta en la casa de Mario Mainardi. La invitó José Meza y le presentó al dueño de la casa donde estaba Cecilia; a Viviana Juárez “la rasta”, que la familia de Cecilia identifica como la entregadora; y a Ramón López, oficial de policía de Capilla del Monte a cargo de la búsqueda cuando Cecilia desapareció.

María cuenta que comieron, que tomaron mucho, que al sentirse mareada se fue a acostar y se durmió. A las 5 de la mañana se despertó por escuchar una fuerte pelea. La ve a Cecilia discutir con Mainardi, diciéndole que no haría lo que él le pedía porque no era su forma de ser. “Dale flaca, pasa una noche, qué te cuesta”, dice la testigo que Mainardi le pidió a Cecilia. La viajera sostenía que lo que quería le parecía aberrante, que no era su forma, que si estaba con una persona era por gusto y ganas. Juárez le insistió: “Dale negra, qué te cuesta”. Cecilia le agradece a Viviana por ayudarla, pero que no iba a hacer lo que le estaban pidiendo.

“Entonces Mainardi la agarra por atrás de prepo y Cecilia se defiende, le da una bofetada, empieza a decir que va a agarrar sus cosas para irse, que se quería ir -relata María y entre suspiros de terror continúa-. Mainardi la agarra de los pelos, la estampa contra un mueble. Entre Ramón y Mainardi la agarran de un brazo cada uno, le piden a la Vivi que busque algo para atarla. José la agarraba de las piernas mientras Viviana la ataba. La sentaron en una silla, le taparon la boca”.

A partir de este momento, la testigo clave expone el entramado con la Policía:

  • Ramón López llama por teléfono a un policía de apellido Zárate -también de la brigada de investigaciones- diciéndole si puede ir a la casa de Mainardi porque “tenemos un problemita”.
  • María describe físicamente al policía Zárate y escucha que le pregunta a Cecilia qué pensaba hacer, si pensaba irse. Cecilia le responde que los iba a denunciar por todo lo que estaban haciendo y López la amenaza: “Dale, anda a denunciar y te va a ir re mal”. Cecilia gritaba que la soltaran, que se quería ir, que iba a llamar a su familia para contarle todo. La volvieron a amordazar mientras que, explica María, entre Mainardi, López y Zárate decidían qué hacer con Cecilia.
  • El policía López volvió a llamar por teléfono, cuenta la testigo, que esta vez se comunica con un tal “Raga” que la familia descubrió se trata de Walter Luna, el padrastro del chico de 17 años que encontró, mientras buscaba animales sueltos, el cuerpo de Cecilia en un basural de la zona rural de Capilla. Luna les mostró a Daniel y Susana el terreno donde encontraron el cuerpo de Cecilia.
  • En el audio María cuenta que López le pregunta a “Raga” por una llave y le dice “la vamos a llevar al campo”.
  • Entre López, Mainardi, Juárez y Meza agarran a Cecilia de pies y manos, la suben a un auto blanco. Se la llevan Zárate con López y Mainardi. La familia de Cecilia identificó un auto de civil de la Policía, un FIAT blanco de dos puertas, que creen puede ser el que menciona la testigo en el audio. Y saben que usaron ese mismo vehículo para detener a Lucas Bustos.
  • María cuenta que logró salir de la casa sin que la vieran.
  • Durante el domingo 5 de abril, José Meza la llamó con insistencia. El lunes 6 la testigo se acercó a la comisaría de Capilla del Monte para denunciar lo que había visto: mientras esperaba ve a lo lejos, en una oficina, a López y a Zárate. “No sabía qué hacer, salí de ese lugar desesperada, la policía está involucrada -rompe en llanto-. Yo vi cómo esos dos se la llevaban con Mainardi y no sé qué hicieron con esta chica”. Huyó de Capilla a un pueblo cercano y a las pocas semanas se enteró por las noticias que Cecilia apareció muerta.
  • “No sabía qué hacer. Lo llamo a José y le digo que yo sabía que ellos se la habían llevado. Y me dice que me callara la boca, que no dijera nada porque me iba a meter en graves problemas”, relata con un hilo de voz. María piensa en escaparse. José Meza le pasa su número de teléfono a Mainardi, quien la llama. La conversación que reproduce clarifica porqué la investigación de la fiscalía está sesgada y la testigo desprotegida:

Mainardi: – Si se te ocurre abrir la boca vas a terminar muy mal.

María: – Yo vi que vos y la policía se la llevaron.

Mainardi: – Si abrís la boca terminas como esa mujer.

María insiste con denunciarlos.

Mainardi: – Vos negra tenes que callarte la boca, es lo único que tenes que hacer, total la policía ya agarró un pibito para que se haga cargo.

María: – Yo no puedo dejar de decir lo que vi, voy a ir a la justicia.

Mainardi: – Ya sabemos que tenes una hija, podes terminar en un basural como la chica esta. Pero anda a la fiscalía, total de ahí no vas a salir porque la fiscal me está haciendo la pata y nos dijo que haría cualquier cosa para ayudarnos con todo esto. Dale, decime dónde estás.

A partir de esa conversación, María dice que todos los días recibió amenazas que si hablaba iba a terminar como Cecilia. Entre sollozos de terror, María le habló a la familia Basaldúa.

María cuenta en el audio que se esconde en diferentes lugares porque tiene miedo de terminar muerta y que le hagan daño a su hija. Hasta el momento no se presentó a declarar porque, como expresó, no confía en la fiscal Kelm. Tampoco desde la querella pudieron ubicar su paradero para protegerla como testigo. Los familiares de Cecilia y las organizaciones feministas temen por la vida de María.

Femicidio de Cecilia Basaldúa: una marcha a la Casa de Córdoba denunció la falta de investigación judicial
Fotos: Maite Libertad.

Las respuestas de la fiscal

La fiscal de Cosquín, Paula Kelm, a cargo de la investigación por el femicidio de Cecilia, asegura a lavaca que el único responsable del crimen era Lucas Bustos. También cuestiona el testimonio de María: “Ese audio lo que generó es una conmoción social más que un cambio en la causa. La realidad es que mucho de su contenido tiene serias inconsistencias en lo que sucedió el 4 y 5 de abril. Solo de escucharla, si uno ve la causa, no tienen relación. Por eso es tan importante que pueda declarar esa persona para ver si se pueden corroborar con la realidad y si es necesario producir otra prueba”.

¿Cuáles son las inconsistencias?

Específicamente, qué es lo que pasó con Cecilia el 5 de abril no se condice con testigos que la vieron ni con las comunicaciones telefónicas que tuvo con un familiar de ella. Tampoco las ataduras o el forcejeo y la lucha que refiere este audio con lo que se encontró en la autopsia en el cuerpo de Cecilia.

¿Por qué considera que el audio puede ser falso?

Ella misma refiere que su intención es ayudar a Lucas Bustos y a su familia, que él no ha tenido nada que ver. Entonces yo pienso que si la intención es esa, la única forma sería traernos esta prueba para acreditar que lo desvincularía a Bustos y que crearía esta hipótesis tan grave. Que se presente es la única forma de que podamos realmente determinar que esos dichos sean reales y brindarle protección. Las organizaciones feministas expresaron que la protegerían para que se acerque a la fiscalía.

¿Los testigos que declararon hasta ahora podrían haber mentido?

Tendría que haber una gran confabulación y deberían haber falseado su testimonio. Si así fuera, todas las personas que hubieran depuesto que el domingo 5 la vieron, correrían serios riesgos su libertad. De todas formas continúa la investigación. Yo no descarto absolutamente nada. Además de ello, tenemos prueba objetiva, que son los movimientos y líneas telefónicas.

¿Los movimientos y comunicaciones podrían ser pistas falsas?

Todo eso fue analizado al momento en que fueron abiertos esos objetos. No solamente tiene que ver con el teléfono de Cecilia, sino además con las otras personas nombradas y que ya fueron a investigadas y están los datos objetivos de los registros de esos movimientos. Tenemos que dividir la investigación en dos. Una fue su desaparición a partir del 9 de abril. Y del 25 en adelante su abuso sexual y homicidio doblemente calificado. La primera etapa Mainardi fue el principal sospechoso, la investigación pesó sobre él y su círculo íntimo. A partir del hallazgo del cuerpo el escenario cambió totalmente. Las hipótesis se vuelven a abrir al 100 por ciento, entre los cuales seguía estando Mainardi. Pero había ahora que determinar quién podría haber abusado y haberle dado muerte a Cecilia en el lugar en donde fue hallada.

¿Por qué Mario Mainardi no está siendo investigado?

La investigación respecto a Mainardi ya se realizó y no tengo pruebas para determinar que él haya tenido participación en el femicidio de Cecilia Basaldúa. La hipótesis de Mainardi empieza a perder total virtualidad porque ya no lo podemos ubicar en el lugar, en el tiempo y de modo porque sabíamos todo lo que todos los movimientos de Mainardi desde el 5 de abril en adelante. Y no era posible ubicarlo en ese lugar y si era posible, y cada vez cobra mayor virtualidad la hipótesis de la autoría por parte de Bustos.

¿Qué pruebas tiene contra Bustos más allá de su declaración?

Está en el lugar y en el momento del ataque. La realidad es que Lucas Bustos fue la última persona que estuvo con Cecilia, que la vio con vida. Se acreditó el conocimiento que él tenía de ella, por sus propias manifestaciones, por los rastros que tiene en su cuerpo de heridas defensivas que ella le produjo, que se condicen totalmente con las heridas que ella presentaba. Todas esas circunstancias son detalles que van a surgir y que tienen que ser parte de la investigación penal. Para mí eso está acreditado en la causa y no sería correcto que yo esté dando detalle por detalle.

¿Y hay algún tipo de ADN que los vincule?

El material genético de semen se pierde en 48 horas. Hay semen en la ropa de Bustos pero no en el cuerpo de Cecilia porque se evaporó. Lucas Bustos está con prisión preventiva firme, no ha sido cuestionada ni han aportado una sola prueba que desvirtúe la acusación en su contra. Y estoy en la recta final, esperando terminar de poder recolectar el resto de las declaraciones testimoniales y la prueba que ya se ordenó para poder emitir una conclusión.

Sin embargo, esta semana se conocieron, después de cinco meses, los primeros resultados de las pruebas de ADN en el cuerpo de Cecilia: no coinciden con la genética de Lucas. La fiscal Kelm basa la acusación contra Bustos con información aportada por la Policía de Capilla del Monte.

Cuando se le pregunta por los vínculos que describe la testigo María, entre los que se la señala como encubridora, la fiscal Kelm titubea y desvía la respuesta hacia lo que ella considera que son inconsistencias de un audio anónimo. La familia Basaldúa sostiene que Mainardi creó pistas falsas al momento de desaparecer a Cecilia y la Policía lo mismo, mientras estuvo a cargo de la búsqueda.

La fiscal expone que el punto de partida de la investigación para la fiscalía comenzó el 9 de abril, pero que conoce los movimientos de Mainardi desde el 5 de abril. ¿Qué pasó esos cuatro días con la investigación? A Cecilia la mataron entre el 5 y el 9 de abril Su cuerpo apareció el 25. El arresto del sospechoso fue tres días después: el 28. La imputación quedó firme el 30.

Las circunstancias de la supuesta confesión auto incriminatoria de Lucas Bustos, está investigada en una causa por apremios ilegales iniciada por su hermano. Santiago, detenido con Lucas, denuncia que fueron apretados por la Policía de Capilla del Monte para que confiesen haber matado a Cecilia Basaldúa. Para la fiscal Kelm esta denuncia no tiene sustento. Y sobre los resultados negativos de ADN no hizo declaraciones.

Femicidio de Cecilia Basaldúa: una marcha a la Casa de Córdoba denunció la falta de investigación judicial
Daniel y Susana, padre y madre de Cecilia Basaldúa, frente a la Casa de Córdoba.

La réplica de la familia

La familia y el Equipo de Trabajo Justicia por Cecilia Basaldúa, respondieron a las declaraciones que Paula Kelm dio en relación al audio de una posible testigo:

1 – La Fiscal dice abiertamente que ella cree que el audio fue hecho para ayudar al único imputado en la causa, Lucas Bustos. Reduce todo a esa intención. Además, la testigo María, dice en el audio que Mario Mainardi le dijo que no se molestara en denunciar porque la Fiscal lo iba a proteger. ¿Cómo se acercaría a declarar una testigo cuando de antemano la fiscal no le cree? ¿Cómo lo haría estando amenazada de muerte y sin encontrar garantías ya de antemano por parte de la Fiscal? Es inadmisible que diga que las agrupaciones feministas van a brindarle protección. Esa es una responsabilidad que le cabe al Estado y únicamente es el Estado y las instituciones que lo representan, quienes tienen que brindar garantías a cualquier persona que en esta u otra causa se presente a brindar datos para resolver cualquier caso. Es inadmisible que diga que aún no ha solicitado la medida de protección de testigo, hasta tanto esta persona aparezca y así lo solicite. Urge, tal como hemos expuesto en la Fiscalía, que se arbitren las medidas necesarias para encontrar a quién grabó y difundió ese audio.

2- Asegura que en el audio hay inconsistencias y que el día 5 de abril hay testigos que vieron a Cecilia. La única testigo que consta en el expediente que hace tal declaración, es una testigo que muy posiblemente haya sido “presionada”, porque su declaración fue mutando en el tiempo. Hay otras declaraciones que son muy imprecisas y no son prueba de nada.

3 – También dice que otra inconsistencia es el hecho de que Cecilia mandó un mensaje de texto desde su celular. ¿No considera acaso la Fiscal, que a ese mensaje lo pudo haber enviado el mismo Mainardi? Cabe destacar que Mainardi, en otras oportunidades, había llamado a la familia de Cecilia con el celular de la víctima, que no tenía clave. Pero además: ¿Cómo hizo Cecilia para mandar ese mensaje si había dejado el celular en la casa de Mainardi, lugar donde, además, fue encontrado el teléfono?

4 – Asegura que todas las personas mencionadas en el audio de María fueron investigadas. Eso es falso. López y Zarate, policías de investigaciones, nunca fueron investigados. Tampoco José Mesa, ni Walter Luna.

5 – La Fiscal afirma que el único imputado, Lucas Bustos, fue la última persona en ver con vida a Cecilia ¿Cómo hace para llegar a esa conclusión? Pero más grave es que ella dice que esto está acreditado en el expediente, cosa que no es cierta.

6 – También enfatiza que el cuerpo de Cecilia tiene signos de abuso sexual, pero que el semen se evapora en 48 horas. Luego dice que la ropa de Lucas Bustos tiene su propio semen. O sea, para ella que un joven tenga rastros de su propio semen y de su propia sangre en la ropa es prueba de que es un abusador.

7 – Consideramos inadmisible que la Fiscal solicite un informe sobre la salud mental de Cecilia, cuando la única persona que pone en tela de juicio su salud mental es el mismo Mainardi. ¿De qué sirve esto a la investigación? ¿Qué se pretende concluir? ¿Qué Cecilia estaba “brotada” y perdida por ahí? Ella había hablado con familiares el día anterior a desaparecer y nadie noto nada extraño en ella.

Además, el comunicado expuso las claves de lo que la fiscal Kelm evita decir:

Las pruebas elevadas al cotejo de ADN fueron escasas a pesar de que existía mucha evidencia para ser analizada ¿Por qué la Fiscal consideró que no eran importantes para la causa? Además el tiempo en que se procesó la evidencia fue largo minimizando la posibilidad de hallar nuevas pruebas que resulten útiles para establecer un cotejo de ADN exitoso.

Y surge ¿Por qué la Fiscal volvió pedir que se tomen nuevas muestras en sitios donde ya se habían tomado muestras y sin que se analicen las anteriores? Como pasó con las muestras positivas en la casa de Mainardi. Esto habilita el interrogante ¿Por qué se le permitió a Mainardi pintar con cal la casa? Sitio donde se tomaron anteriormente muestras de sangre cuando todavía no se había desestimado, por parte de la querella, su participación en la desaparición y posterior femicidio de Cecilia. Tampoco hay un análisis sobre los mensajes de índole sexual entre una mujer – Viviana Juárez – y Mainardi referidas a Cecilia. Para la familia, ella fue su entregadora.

En un intercambio de mensajes de Cecilia con su hermano ella le dice que Mainardi la está volviendo loca. Queda también registrado en esa conversación el pedido de búsqueda de información previa sobre Mainardi por parte de la víctima a su hermano, solicitando que busque en las redes, que averigüe que se sabe de él. Prueba que fue desestimada también por parte de la Fiscal.

Las marcas que presenta Lucas Bustos en sus brazos no son compatibles con el lapso en que se fija la muerte de Cecilia. Los restos de plantas y sedimentos que se encontraron en el cuerpo de Cecilia no concuerdan con los analizados en la ropa de Bustos.

Lo que la fiscal no puede explicar es ¿Dónde estuvo Cecilia desde el día cinco hasta el día en que fue asesinada? ¿Lucas Bustos la tuvo retenida? ¿Dónde? Cecilia era cinturón negro de tae kwon do, es difícil de imaginar que Bustos haya podido retenerla por varios días él solo”.

Estos planteos de la querella se basan en la preocupación por la intención de la Fiscal de cerrar la investigación. “Resulta imposible de creer la liviandad e irresponsabilidad con que hace referencia a que está en la “recta final”, cuando no ha iniciado ni atendido a ninguna otra línea de investigación, más que la que ella misma considera la definitiva y por la cual detuvo a Lucas Bustos”, apunta la abogada querellante Daniela Pavón.

Por otro lado Pavón enfatiza que les resulta llamativa la desprolijidad del proceso investigativo, las imprecisiones con que la fiscal comunica lo que consta en los expedientes, que sus interpretaciones personales las manifiesta como certezas, cuando son diametralmente diferentes a las que ven desde la querella: “Por eso nosotros nos preguntamos, concretamente, ¿Qué poder protege a la Fiscal? ¿Qué intereses hay detrás de un accionar tan evidentemente intencionado?”.

También, esperan que “el Estado Nacional se involucre en este caso” y exigen que lo hagan también “desde los Ministerios de Justicia y de Derechos Humanos y de la Mujer de la Provincia de Córdoba, puesto que en el audio la testigo menciona de manera explícita a la Policía de Córdoba y a la misma Fiscal. Pero además porque la Ruta 38 es una ruta conocida de narcotráfico y trata de personas”.

La situación del perejil

Lucas Bustos está detenido hace cinco meses en el Complejo Penitenciario de Cruz del Eje. Cuenta su abogado defensor, Sergio Sánchez, y su hermana Verónica, que la personalidad de Lucas es de un pibe tímido, manso y callado. La situación de prisión y la acusación por el femicidio de Cecilia Basaldúa al principio lo deprimieron e hicieron que sea más retraído. Cuando lo detuvieron estaba muy asustado, por él adentro y por si afuera la Policía le hacía algo a su familia. “Mi hermano es inocente, lo quieren inculpar para cubrir Dios sabe qué cosas -asegura Verónica- Las personas que la familia de Cecilia consideran su línea de investigación son del pueblo pero no tenemos ni idea de quiénes son. Mi familia nunca vio a Cecilia ni a estas personas”.

Verónica es la hermana mayor de nueve hermanos y vive en Córdoba capital. Lucas, de 23 años, es el menor de los hermanos Bustos; hizo la primaria y no continuó los estudios. Vivía con sus padres en una zona rural de Capilla del Monte, trabajaba de albañil. Verónica describe que casi no tiene amigos, que es reservado, de un perfil muy bajo. La vida social de Lucas giraba alrededor de su familia: se juntaba con sus hermanos y cuñados. No solía salir. En la casa familiar de Camino de los Mogotes viven más de 15 personas y cuenta Verónica que en general a todos les cuesta salir de su ambiente para visitar la ciudad.

El crimen de Cecilia lo consideran aberrante y Verónica asegura que Lucas jamás le faltaría el respeto a una mujer. Que lo acusaran de femicidio le generaba, a él detenido, una presión insoportable. “La bronca más grande que uno tiene es por la inocencia. El día que los llevaron de casa de mi madre ellos fueron con total inocencia, tranquilos de que no había problema con que les hicieran unas preguntas. Pensaron que enseguida volvían. Ahora yo les digo a mi mamá y mi familia que nunca más vayan con la policía si no tienen una orden o si no los acompaña un abogado”, cuenta Viviana con voz pausada y tranquila, pero en tono de indignación.

El día que se lo llevaron, Verónica no se lo olvida más porque una de sus hermanas la llamó llorando desesperada: “No tiene nombre lo que le hicieron, justo escogieron a él que es una persona tan sencilla, tan humilde y tímida, da mucha bronca. El día que eso pasó fue un golpe durísimo para toda la familia”. A Santiago y a Lucas les pegaron, los amenazaron, los maltrataron en la comisaría de Capilla del Monte. A Lucas lo dejaron detenido. Cuando Santiago volvió a su casa en el campo, la estaban allanando; denunció lo que había pasado pero los policías no le creyeron. Además, tuvieron que soportar durante semanas una consigna policial en la puerta de la casa sin dejarlos entrar ni salir. Y los efectivos de la Brigada de investigaciones patrullaban todos los días el terreno.

La familia Bustos estaba aterrada por lo que podría hacer la policía con ellos. Santiago, que sufre epilepsia, sigue con miedo: no sale a la calle y los primeros días no podía dormir solo. Los cinco meses desde que empezó esta situación se les hicieron eternos y el día a día lo viven como una pesadilla. “Ninguno sale solo porque en este momento quienes nos tendrían que proteger son los enemigos. La situación que está viviendo mi familia es muy horrible. El peso de Lucas detenido, de la mentira, de este abuso que hicieron, de mirar de reojo a la Policía, es un total estrés. Mis padres se enfermaron por todo esto”, sostiene Verónica. Y piensa que si a su familia les pasa algún hecho de inseguridad “están desprotegidos, no tienen a quién acudir porque están marcados por la Brigada de investigaciones, que además de estar involucrados en el femicidio de Cecilia inculparon a Lucas”.

Sergio Sánchez y su equipo tomó la defensa de Lucas. Además, iniciaron una denuncia por apremios ilegales. El defensor apunta contra la fiscal Kelm y su hipótesis de investigación: “Sostiene la incriminación e imputación a Lucas con la sola manifestación de un empleado policial. No hay otra cosa. No hay un testigo, no hay una foto ni un audio. No hay nada que vincule a Lucas con Cecilia Basaldúa”.

¿A qué conclusión llegó la defensa con el resultado de ADN?

No nos sorprendió. Sabíamos y teníamos la convicción de que muestren de manera contundente y concluyente que no hay ningún tipo de relación ni vínculo genético ni científico entre Cecilia y Lucas. Me sigue haciendo ruido que después de cuatro o cinco meses llegaron los resultados de la primera etapa cuando los análisis están distribuidos en tres. Y que los peritos de control no están pudiendo acceder a los laboratorios para verificar las pruebas genéticas. Eso no es un verdadero control del trabajo pericial. El perito tiene que estar observando cómo están ejecutando en el momento que se están haciendo las cosas, como ocurre en cualquier otra pericia.

¿Cómo tomaron la declaración de la familia Basaldúa?

Considero que fue muy fructífera porque expuso concretamente hacia dónde hay que orientar la investigación de la causa. En primer lugar, Daniel Basaldúa no mencionó nada respecto a Lucas Bustos. Después, que en este caso de femicidio, la querella y la defensa estamos en el mismo sentido. Algo nunca visto en la historia de los femicidios en la Argentina. Acá hubo un apremio, hay una persona inocente detenida y cuatro, cinco o seis personas que andan caminando e incluso algunos ya no están en Capilla del Monte y andan sueltos, libremente impunes, sin ningún tipo de investigación. La querella y la defensa estamos hablando de que no se está direccionando bien la investigación de esta causa.

¿Por qué considera esto?

Fundamentalmente de las múltiples pruebas que tenía la fiscal desde el 30 de abril contra Lucas, hasta ahora no apareció ninguna. Sin embargo hay un montón de indicios que debería investigar el Ministerio Público Fiscal de Cosquín hacia otras personas que son sospechosas de algo. Hasta el momento no los ha investigado como lo hizo con Lucas, que sin haber tenido ningún elemento indiciario, llevó una acusación contundente contra mi defendido.

¿Cuál es la situación procesal de Lucas?

Nosotros vamos a seguir sosteniendo que Lucas y Santiago fueron llevados de manera forzada a una sede policial donde fueron interrogados bajo apremios ilegales. Lo único que está sosteniendo semejante imputación es una manifestación policial gravísima que dice que Lucas se auto incriminó en sede policial, situación que después, con su abogado defensor dentro de la Fiscalía de Cosquín, lo negó rotundamente y dijo que jamás había dicho eso y que voluntariamente nunca manifestó haber cometido ese crimen.

Santiago presentó una denuncia por apremios ilegales contra la Policía de Capilla del Monte. Los policías mencionados en esta causa pertenecen a personal de Homicidios y de protección de personas de la Policía de Córdoba, y los de la Brigada de investigaciones de Capilla del Monte. Sánchez, que actúa como querellante en la causa de apremios y como defensor de Lucas por el femicidio, describió qué situación vivieron sus representados.

“Los policías realizaron tareas irregulares dentro de la comisaría para lograr una confesión. Santiago se mantuvo con un carácter firme y no lograron sacarle una palabra, sino hoy tendríamos a dos detenidos. Lucas, por el contrario, más sensible e introvertido, mucho más apegado a su padre, cuando los funcionarios policiales manifestaron que iban a ir contra su papá de la misma forma que estaba siendo con él, lograron su cometido”. La denuncia de Santiago, Kelm intentó que quede archivada. Pero Sánchez presentó una oposición que se analiza en el Juzgado de Control de Cosquín, a cargo del juez civilista Carlos Fernando Machado.

Cuando se constituyó como querellante de Santiago, Sánchez presentó la recusación de Kelm por entender que no podía ser la misma fiscal: “No se puede ser juez y parte. No podés en el femicidio -que acusa a Lucas como responsable- apoyarte fervientemente en la detención de una persona con los dichos del empleado policial que en la otra causa -por apremios ilegales- es denunciado con nombre y apellido. La fiscal, de una manera elegante, debió advertir que tiene que ser otro fiscal quien investigue si hubo o no apremios ilegales. Por el contrario, se mantuvo firme hasta archivar la denuncia de Santiago”.

¿Por qué Kelm pretendió archivar la causa de apremios?

Para poder seguir sosteniendo la detención de Lucas bajo las manifestaciones policiales. La fiscal le tomó declaración a cuanto policía se cruzó por Capilla del Monte. ¿Qué policía va a ir en contra de su jefe o de su compañero de todos los días? ¿Qué policía va a ir en contra de su colega en una situación tan sensible y complicada como el femicidio o decir algún contrario de lo que están manifestando los otros? Ninguno. Entonces, de ahí que los 12 testimonios son todos coincidentes. Tampoco me hizo lugar como querellante a que participe de los actos introductorios de los policías y no pude observar sus declaraciones. En esta situación, la fiscal en vez de buscar apoyar la denuncia de una persona que manifiesta abiertamente haber sido víctima de abuso, buscó cuestionar y por todos los medios atacar esa denuncia.

¿Cómo sostiene la inocencia de Lucas?

La Policía actuó irregularmente, bajo parámetros que están fuera de las garantías constitucionales, se buscó de manera coactiva la extracción de una confesión a una persona que no tenía ningún tipo de vínculo con respecto a la fallecida. Ahora sabemos quiénes son los que actuaron dentro de la Comisaría para poder mantener detenido a Lucas. Además, no pudo planear estratégicamente todo lo que se hizo desde el momento de la desaparición, 20 días antes de que apareciera el cuerpo, teniendo en cuenta lo confirmado también por la querella y algunos peritos de control de que el cuerpo fue plantado, que estuvo en otro lado y después fue trasladado al lugar donde se lo encontró. Es imposible que Lucas en su cabeza haya podido planificar semejante hecho macabro, e incluso psicólogos peritos de parte entendían que Lucas no tenía el perfil del autor del crimen.

¿Qué sucede con libertad de Mainardi?

Yo no sé qué mecanismo utiliza este hombre y cómo se maneja, pero hay algunas circunstancias que no se entienden. Por ejemplo, cómo se le autorizó a un tipo que está sospechado, al cual la familia de la víctima ha apuntado directamente, se le permite que salga de la provincia con tanta liviandad -para instalarse en Rosario-. En este sentido, digamos que el rol principal de controversia lo termina por ocupar la Fiscalía, porque uno de los principales sospechosos está, podemos decir, prófugo.

Hacer justicia

El entramado de caso Basaldúa empezó la madrugada del 5 de abril, en contexto de pandemia. La desaparición y femicidio de Cecilia sucedieron cuando la circulación de personas estaba limitada por el aislamiento preventivo y obligatorio. La Policía mandaba en las calles mientras que los pueblerinos de Capilla del Monte podían circular en horarios restringidos.

Primero Guillermo, el hermano de Cecilia, viajó y fue recibido por la Policía con un despliegue fenomenal de tecnologías de búsqueda: drones, perros, helicópteros, móviles y efectivos de todos los colores. Después sus padres llegaron al pueblo para encontrar con vida a su hija viajera desaparecida. Los asesinos hicieron aparecer el cuerpo al día siguiente de que pusieran un pie en Capilla y empezaran a preguntar. Daniel y Susana supieron enseguida quiénes eran los responsables: por sus comportamientos cuando preguntaban qué pasó, por la persecución de la policía, por los comentarios de los vecinos, por la antipatía de la fiscalía.

En la movilización del 25 de septiembre, cinco meses después de esos primeros días de encontrar respuestas con angustia, Daniel expuso sus conclusiones sobre el caso: “Yo creo que a Cecilia le pasó algo de trata. En el audio la chica lo dice, que no iba a hacer lo que ellos querían. ¿Qué es lo que vio? ¿Qué pasó con Cecilia? ¿Qué la quisieron obligar a hacer? Seguramente es trata. Y bueno, yo recorrí Capilla y sé que pueden hacer la trata porque hay lugares que son inaccesibles y si la policía es cómplice más todavía, pueden estar ahí que no las va a encontrar nadie. En Capilla del Monte políticamente hay alguien que maneja todo el pueblo y jamás se comunicó conmigo. Esa persona también es parte del femicidio de Cecilia, no solo la Policía. Lo único que tenemos es la palabra para denunciar y eso estamos haciendo. No tengo miedo”.

También se reconoció en la piel de quienes pierden a sus hijas por la violencia machista: “Ahora entiendo lo que pasan los familiares de femicidios. En su momento no me dejaron entrar en la causa, no me decían nada de lo que pasaba, tuvimos que investigar nosotros a los ponchazos”. La familia Basaldúa recomienda apoyarse en otras familias que pasaron por lo mismo: “Reconozco que siempre es bueno pedir ayuda a los padres que han pasado por esto, que están curtidos. La experiencia que uno agarra sirve. Después de pasar algo tan atroz como le pasó a Cecilia y a nosotros como familia, es importante saber que hay alguien detrás porque uno solo no puede, más cuando hay entramados como en este caso que tenemos droga, juego y trata”.

Daniel aseguró frente a la Casa de Córdoba, en Callao 332, que la movilización en Buenos Aires sería la primera y que harían otras más grandes para exigir verdad y justicia por Cecilia. “Si esto le pasa a otra compañera ahí vamos a estar, cuenten con nosotros, yo voy a venir a poner el pecho”, aseveró Daniel Basaldúa frente a una mayoría de mujeres viajeras, artistas, artesanas que llevan la vida libre que vivía su hija Cecilia.

Femicidio de Cecilia Basaldúa: una marcha a la Casa de Córdoba denunció la falta de investigación judicial
Fotos: Maite Libertad.

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Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

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En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari

En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. En Cañuelas, un hombre le prendió fuego a la casa de una pareja de lesbianas. En Recoleta, dos mujeres, de 26 y 24 años, caminaban de la mano cuando un hombre las frenó y las increpó: una terminó con la nariz fracturada; la otra, con lesiones en la mano. En Palermo, un joven gay fue brutalmente golpeado y le rompieron la mandíbula. En Neuquén, Azul Mía Natasha Semeñenko fue asesinada, sin haber podido “ser Azul del todo” porque no recibió su hormonización.

Ninguno de estos hechos violentos de 2025 fue excepcional. El año pasado se registraron 227 crímenes de odio contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans (travestis, transexuales y transgéneros) y otras identidades disidentes. Según el informe anual del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+, fue el año más violento desde la creación de este organismo, con un crecimiento de más del 60% respecto de 2024, cuando se habían registrado 140 casos. Se trata, dice el relevamiento, de un aumento “abrupto, excepcional y cualitativamente distinto a la progresión observada en los años anteriores”.

La violencia por odio hacia el colectivo LGBT+ se intensificó en un contexto de desmantelamiento de políticas públicas, vaciamiento de organismos de protección, paralización de la agenda legislativa en materia de derechos y consolidación de discursos fascistas que estigmatizan a la diversidad.

Para María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Ciudad de Buenos Aires e integrante de la Federación Argentina LGBT+ (FALGBT), el drástico aumento de estos crímenes en Argentina no puede separarse de los discursos de odio que provienen del gobierno nacional. “Tanto el presidente como funcionarios y allegados se expresan de manera violenta y discriminatoria hacia la comunidad LGBT en general y, principalmente, hacia la comunidad trans”, describe Rachid. “Y eso –agrega– genera mayor violencia y discriminación en la vida cotidiana. Esos discursos terminan legitimando, avalando y fomentando la violencia hacia nuestra comunidad”.

Esa realidad se percibe en lo cotidiano. Ayito Cabrera, director y fundador de la organización Espacio Tolomocho –que nuclea a personas trans con discapacidad–, advierte que el aumento no se limita a los casos visibles, sino que se expresa en formas más silenciosas y estructurales de violencia, atravesadas por la precarización económica y el desfinanciamiento.

“Los pedidos de ‘apañe’ de personas trans se multiplicaron considerablemente”, resume. Ese crecimiento, explica, tiene directa vinculación con la dificultad de acceder a un trabajo que permita sostener condiciones básicas de vida: comer cuatro veces al día, estudiar y alquilar. Cientos de personas travestis, trans y no binarias perdieron sus empleos en ámbitos estatales y muchas se quedaron sin acceder a medicamentos o tratamientos.

RADIOGRAFÍA

El informe elaborado por la FALGBT y las Defensorías del Pueblo de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires permite visibilizar la violencia cotidiana y su naturaleza.

Más de un tercio de los casos corresponde a ataques contra el derecho a la vida, que incluyen asesinatos, suicidios o muertes vinculadas a condiciones estructurales, mientras que casi dos tercios son agresiones físicas que no terminaron en muerte. Rachid aclara que hay un subregistro, “porque hay casos donde no se desarrolla ninguna línea de investigación relacionada a la posibilidad de un crimen de odio”.

En ese punto aparece uno de los datos más significativos del período: las agresiones físicas se duplicaron en un año y pasaron de 73 a 147 casos, un incremento del 101,4%.

Las muertes vinculadas a crímenes de odio se mantienen altas y con un patrón sostenido. En 2024 se registraron 67 casos (17 asesinatos, 44 muertes por violencia estructural y 6 suicidios), mientras que en 2025 la cifra ascendió a 80 (16 asesinatos, 53 muertes por violencia estructural y 11 suicidios), es decir, un aumento del 19,4%. Ese crecimiento incluye un dato especialmente preocupante: los suicidios casi se duplicaron en un año.

Las mujeres trans siguen siendo las más afectadas y concentran el 62,56% de los casos registrados. En segundo lugar se ubican los varones gays (22,03%), seguidos por varones trans (7,93%), lesbianas (5,73 %) y personas no binarias (1,76%).

Pero el documento advierte algo más: es un fenómeno que se expande. Entre 2024 y 2025, los ataques contra varones trans pasaron de 5 a 18 casos. Y las agresiones contra personas no binarias, que ni siquiera aparecían en registros anteriores, se duplicaron.

Ayito Cabrera describe con crudeza cuando además hay intersección de violencias. “Quienes somos personas trans con discapacidad vivimos una doble vulnerabilidad y una discriminación estructural histórica”, advierte. En ese contexto, señala, la falta de políticas públicas agrava condiciones ya precarias y profundiza el abandono.

Para el fundador de Espacio Tolomocho, las identidades trans –en especial, las transmasculinidades– se convirtieron en blanco de discursos que buscan deslegitimar derechos conquistados. “En esta intersección, nuestra identidad se ha convertido en chivo expiatorio de una campaña internacional de las derechas globales. En nuestro territorio, eso se traduce en necesidades básicas –salud, vivienda, trabajo– gravemente afectadas: las hormonas se han vuelto prácticamente inaccesibles, la atención sanitaria se deteriora y la falta de empleo impide sostener una vivienda”, detalla Ayito.

En este sentido, las cifras no pueden interpretarse de forma aislada, sino como parte de un entramado de violencias estructurales, simbólicas e institucionales que impactan de lleno en las condiciones de vida.

Otro tema preocupante es un crecimiento sostenido de agresiones en comisarías y establecimientos penitenciarios, junto con un dato que marca un punto de quiebre: la participación de fuerzas de seguridad pasó de 17 casos en 2024 a 64 en 2025. Esto consolida a la violencia institucional como uno de los principales vectores de agresión, en especial contra la población trans y, en particular, contra las mujeres trans.

Rachid señala que esto no resulta sorpresivo. “Cuando aparecen o se instalan gobiernos de derecha, las fuerzas de seguridad se sienten más avaladas para ejercer su violencia hacia los grupos vulnerados en general y la población LGBT en particular”, explica.

LA ANTIAGENDA

El hecho de que el registro más alto de toda la serie histórica del Observatorio se produzca durante el gobierno de Javier Milei es un dato cargado de sentido. Desde que comenzó su mandato, siguiendo la agenda de ultraderecha de su amigo Donald Trump, el presidente argentino promovió discursos que cuestionan derechos, deslegitiman identidades de género diversas y contribuyen a habilitar formas más intensas de violencia contra las personas LGBT+, como quedó demostrado durante su intervención en Davos en enero de 2025.

Esa violencia simbólica vino acompañada de la eliminación de programas, organismos y dispositivos estatales que cumplían funciones centrales en la prevención de la violencia y el acompañamiento de las víctimas. La disolución del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), por ejemplo, dejó a la población LGBT+ sin un canal institucional específico para denunciar actos discriminatorios. El informe lo sintetiza en una frase que funciona como advertencia: “Allí donde el Estado se retira, el odio encuentra condiciones para expandirse”.

Esa relación entre discurso y violencia también aparece en la experiencia cotidiana de las organizaciones. Para María Rachid, los informes no solo marcan un aumento de los crímenes de odio, sino que evidencian su vínculo con los discursos que circulan desde el poder.

Agrega que, a partir de expresiones públicas de funcionarios y del propio Milei, se produjo un cambio perceptible: crecieron las denuncias, las consultas y también la violencia cotidiana. “Hay evidencia de esa relación directa. Lo muestran los informes, pero también se puede ver en las redes sociales de cualquier organización LGBT”, plantea Rachid.

Ocurre que cuando esos discursos provienen de una voz de autoridad como lo es el Poder Ejecutivo Nacional, el impacto es concreto. No solo habilitan la violencia, también la legitiman.

Desde el Espacio Tolomocho explican que lo que antes circulaba como insulto marginal hoy es retomado por funcionarios y medios, ampliando su alcance y su legitimidad social, y habilitando agresiones físicas, institucionales y discursivas con mayor impunidad.

Las consecuencias de ese proceso también se observan en el acceso a derechos básicos, como la ley de cupo laboral. Los despidos en la administración pública y la falta de implementación efectiva de estas normativas profundizaron la exclusión de la población trans y empujaron a muchas personas a situaciones de extrema precarización.

En este contexto, espacios como Tolomocho adquieren otro sentido y se transforman en redes de contención y cuidado, un recurso fundamental en tiempos hostiles. “Somos personas trans con discapacidad profesionales en nuestras áreas, editamos libros, hacemos muestras de arte, damos clases, trabajamos en accesibilidad. Apostamos a la educación y al arte como formas de construir otra sociedad”, explican.

En un clima social marcado por el ascenso de los discursos de odio, la discriminación y el individualismo, la respuesta vuelve a ser colectiva. La organización, la denuncia y la presencia en las calles se tornan fundamentales ante una avanzada antiderechos que tiene en el propio Estado nacional a uno de sus impulsores.

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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El 3J porteño: Vamos

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Por Claudia Acuña

Fotos: Juan Valeiro

Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.

“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.

Quizá no sea una suerte, pero casi.

Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

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