Nota
Hacerse oír
La manifestación al Congreso Nacional contra la reforma previsional terminó otra vez en represión y cacería – que volvió a tener a la prensa como víctima- y detenciones arbitrarias como las que ocurrieron el jueves pasado. La multitud fue dispersada con gases y palos y cuando todo parecía haber terminado, comenzó a hacerse oir con una clásica sinfonía política: el tronar de las cacerolas. Crónica de un día que rompió moldes, relatos y creó un nuevo escenario, todavía en definición.
“¡No nos traicionen!”, le grita un grupo de jubilados asentado en Riobamba y Perón a los autos polarizados que trasladan a los diputados que tratarán la reforma previsional en el Congreso.
Son las 12 del mediodía y todavía los autos alternan con formaciones de Policías de la Ciudad que también van pasando hacia el otro lado del vallado que cerca el Congreso de la Nación. A ellos, los jubilados les gritan otra cosa: “¡Piensen en sus madres!”.
Hasta las primeras horas de la tarde este fue el diálogo de sordos entre los ciudadanos más ancianos y los uniformados más jóvenes. Rodolfo aclara que son parte del Frente de Adultos Mayores y dice a lavaca: “Está viniendo mucha gente, así que si vuelven a provocar como la vez pasada, tirando gases y eso, va a volver a ser otro escándalo. Si logran aprobar la reforma puede ser que tiren un tiempo más, pero en algún momento va a explotar. Lo que están es comprando tiempo. Ahora, gracias a sacarle plata a los jubilados. Están tratando de disfrazar una cosa que, la mires como la mires, nos roba la plata. La realidad en un momento te aplasta”.
Por esas horas, y a pesar de los pactos difundidos Marta, otra de las jubiladas que integra este coro, se anima a pronosticar qué puede pasar en la sesión del Congreso: “Los gobernadores no son los diputados. No sabemos. Estamos acá para ver qué pasa”. Rodolfo: “Suponete que ganen esta batallita. Es una, pero hay otras. Los más grandecitos vamos a seguir metiendo el cuerpo. Después, quizá otros que se sensibilicen. Esto logró una unidad de sectores”.
De fondo ya se empieza escuchar el cántico que fue hit el jueves y será también el de hoy: “Unidad, de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode”.
La prensa como blanco
Los policías de la Ciudad comen una barra de cereal antes de meterse al perímetro del Congreso. Varios de ellos son muy jóvenes: “No se saben poner las armaduras. El que está a cargo les dijo recién ´sáquense el reloj”, comenta el señor que vio la ceremonia de preparación de esas tropas policiales. Luego, este bautismo se transformó en el gesto que un cronista de lavaca pudo presenciar: el abrazo entre dos agentes que acaban de detener a un manifestante.
El operativo tuvo, cerca de las dos de la tarde, refuerzos de dos fuerzas federales: la Policía Federal Argentina y la Gendarmería Nacional, a pesar de que los gobernadores habían pactado con el gobierno que no actuara esa fuerza, protagonista de la represión del jueves.
Fue entonces que se agudizó la violencia, que tuvo como blanco, otra vez, a trabajadores de prensa. Tomás Eliashev, secretario de Derechos Humanos del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA): “Sufrimos una doble agresión: como manifestantes y como trabajadores de prensa. Una compañera del archivo de Télam, Suyai Serrano, fue atropellada por los móviles de la Policía de la Ciudad, que doblaron a toda velocidad por Avenida de Mayo y Sáenz Peña. Por suerte sólo fue un golpe, pero está muy shockeada por el susto. Toda la secuencia fue de terror”.
Pablo Velázquez, de FM La Patriada, informó a lavaca el número de detenidos, tras la cacería en Congreso. «Se llevaron a cuatro compañeros: Diego Murrone, Lorena Sfeir, Juan Pedro Valle y Eva Luna Lillo. Se llevaron un reportero gráfico de Diario Popular, Gustavo Figueredo. Una total salvajada. Dijeron que no iba a haber armas y hubo armas: nos tiraron gas pimienta a toda la prensa. Cuando yo preguntaba, me pegaban. Dejar en claro esto: en Argentina estamos viviendo un virtual estado de sitio».
Un relato, una síntesis
Lejos del epicentro de la televisada represión, un costado de la 9 de julio, María Alejandra está sentada en el condón de la vereda, expectante de la sesión que define la reforma adentro del Congreso. Su relato sintetiza la convocatoria masiva, que desbordó los límites de gremios, organizaciones y partidos políticos:
- “Es un día especial para los argentinos. Empezamos a tomar conciencia que las políticas neoliberales nos están dañando. Quieren empezar con los más débiles, nuestros abuelos, que tanto han trabajado por la Argentina”.
- “La mayoría de la gente hoy está convocada porque quiere estar, quiere ser parte. Nosotros no somos soldados de nadie. Venimos acá porque queremos estar mejor, porque consideramos que hoy un sueldo de 4 mil pesos que gana un cooperativista, que encima está catalogado como un “negro” choriplanero, no le alcanza para vivir.
- “Yo tengo en el barrio un merendero donde le doy la leche a 50 criaturas. Tengo que salir a hacer una rifa, a pedir donaciones para poder darles de comer, porque lamentablemente los padres no llegan ni a los diez días de comida. Está pasando que pocas familias pueden comer carne. Y eso me da bronca, me da impotencia, me da pena por mi país, por la sociedad que tiene un poco más y cree que nosotros somos la grieta. Nosotros no somos la grieta. Somos gente humilde con capacidad para trabajar, pero este gobierno no nos da trabajo para hacerlo. No somos unos negros que vivimos en una villa. Trabajo mucho para sacar adelante a los nenes del barrio. No tengo sueldo por hacer eso, no cobro nada. Lo hago porque me nace hacerlo, porque estoy viendo el sufrimiento de esas madres. La marcha pasada que vine y vi cómo lastimaban a los viejos. Y yo llevo esa información a mi barrio, porque quiero que mi barrio sepa lo que está pasando. No quiero vivir esto en mi país. No quiero vivir lo que viví en el 2001”.
- “Quiero que en este país la gente tome conciencia y empiece a pensar que no somos culpables de ser pobres nosotros. Nosotros tenemos dignidad. A nosotros no nos pagan para venir acá. ¿Nos ve comer un choripán a nosotros? ¿Nos ve tomar una gaseosa? No, porque nos alcanza”.
- “Los que destrozan están mandados por el grupo de choque de ellos para lastimarnos, para hacernos daño. Para que digan ‘mirá los negros de mierda estos como vienen a romper todo’. No es verdad. La gente no sale a la calle por gusto, porque quiere estar abajo del sol, porque quiere sufrir. Toda la gente que está acá no tiene dinero ni para comprarse una gaseosa”.
- “Mi hijo tiene 22 años, ha tirado como 50 curriculums este mes. Es trabajador, y no consigue trabajo. Entonces tenemos que empezar a pensar qué país le estamos ofreciendo”.
- “No somos la grieta. No somos el kirchnerismo. No estamos de un lado ni del otro. Queremos vivir mejor”.
La cacería
La sesión había comenzado y, al mismo tiempo, la represión en el centro de la Plaza Congreso, provocada por un grupo que tiró piedras y desató los gases y palos policiales. Salvo en ese cuadrilátero, el resto de la multitud está expectante, siguiendo desde celulares y pantallas de bares y móviles de tevé la sesión. La avenida 9 de Julio es una gran sala de espera, con gente sentada, compartiendo la comida y la charla. Poco después de las cuatro de la tarde, la onda expansiva de la represión comenzó a expandirse, al ritmo que le marcan los helicópteros policiales que surcan el cielo de la Avenida de Mayo. A prisa, la multitud comienza a moverse hacia el Obelisco, buscando alejarse de la violencia, sin suerte. No hay refugio posible en esta cacería. Los gases llegan, incluso, hasta bajo tierra: el subte A se convierte en una nube de gases que penetran los vagones.
Es el momento más dramático y desolador. Heridos, detenidos, corridos y apaleados, ese movimiento social que quiere expresarse hoy ante el Congreso se disgrega por calles laterales, hasta diluirse.
La postal más representativa de lo que significa este momento es la pila de zapatos que está en el medio de la calle Rivadavia, a la altura de Paraná: hay una docena de zapatillas, una sandalia roja, dos pares de mocasines y una ojota del tamaño de un bebé. De fondo, la caballería policial, con todas las motos en fila y con las luces rojas encendidas.
En la Avenida Corrientes, donde todavía quedan manifestantes en grupos, treinta y dos camiones de Gendarmería Nacional dan vueltas como en calesita, exhibiendo tropas y armas. En cada ronda, cosechan más gritos. “Asesinos”. Son doce las que necesitan para que esos gritos se transformen en un canto. “Yo sabía, yo sabía, que a Santiago lo mató Gendarmería”. A la número 13, comienzan los gases y las corridas. La portera del edificio que linda con el Centro Cultural de la Cooperación está filmando con su celular toda la escena. “Son provocadores profesionales”, sintetiza antes de refugiarse en el pallier.
Cuarto intermedio
Poco después, con la plaza vaciada a gases y a palos, Eduardo Murúa, presidente del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, hace un primer balance: “Tenemos algunos compañeros golpeados, algunos tiros en la espalda, en la oreja. Algunos palos también. Todos reprimidos, pero con el ánimo bien porque vimos que nuestro pueblo está dispuesto a luchar y a defender lo que tiene que defender, independientemente de lo que hagan nuestros diputados hoy. Y lo digo porque no confiamos en lo que hagan: si no la sacan con los votos del Congreso, lo harán con DNU. Lo importante es demostrar que el pueblo está en la calle y pelea. Y que este Gobierno perdió toda legitimidad, más allá de las elecciones de hace dos meses. Querer impulsar una ley de esta manera, más temprano que tarde termina mal. Lamentablemente puede terminar en caos, pero si somos inteligentes y nos organizamos y empezamos a pensar cómo gobernar después de que se vayan seguramente le ahorraremos tiempo a nuestro pueblo”.
Hugo Godoy, ATE nacional, suma la postal de Capital: “Lo que pasó en estos días es un cambio de coyuntura política, de la que sale debilitado el gobierno. Hemos viso un grado muy alto de participación, de rechazo a este proyecto, y de organización. Pero esa organización busca ser deslegitimada por el gobierno, que a través de sus provocadores de siempre, quiere dar la imagen de los malos de la película, los violentos, que vendríamos a ser todos los que nos hemos manifestado pacíficamente. Nunca encuentran a esos encapuchados que agredieron a algún periodista o a policías, pero estoy viendo ahora mismo, mientras hablamos, cómo en Bernardo de Irigoyen, en un bar, entra la policía tirando gases y se llevan a todos los que están ahí. ¿Y cómo se van a justificar? Acusando a los que tiraban piedras, pero nunca agarrándolos a ellos. Lo que el gobierno quiere lograr con todo esto es naturalizar la represión en el país. Mientras tanto adentro del Congreso están los “buenos”, que son los que discuten la ley que perjudica a los jubilados, pero no dicen que el edificio está vallado y están desconociendo a toda la gente que se manifiesta afuera. Pero de todos estos días ha surgido una conciencia sobre lo repudiable y antipopular de estos proyectos”.
Marcelo y Natalia, del Hotel BAUEN: “Así no se puede. Esto es un desastre: es una vergüenza cómo pegaron a la gente, a los abuelos, se metieron con la gente grande. Es una vergüenza que el Gobierno haga esto”.
Desde Rosario, Gustavo Martínez, secretario general dela CTA local, informa: «Aquí se hizo el paro, y convocamos a la Plaza San Martín de Rosario con una pantalla gigante para seguir la sesión de Diputados. Terminó siendo un gran acto, multisectorial, que nos sorprendió por la fuerza y cantidad de trabajadores movilizados de gremios que en otros momentos no se manifestaban así, como como Obras Sanitarias y Luz y Fuerza. Es todo un indicador de algo que está cambiando”.
Lo que parecía el final
Son las ocho de noche y la Plaza Congreso no está desierta: está ocupada por fuerzas de todo tipo. Camiones, motos, patrulleros y ambulancias aúllan. Con esta postal de fondo, reflexionan algunos referentes:
Hugo Godoy, ATE nacional: “Esto está provocando un realineamiento de cantidad de organizaciones que empezaron a estar juntas en la calle. Las organizaciones de San Cayetano (CTEP, CCC, Barrios de Pie) con las que hemos actuado en conjunto, son la expresión de la fuerza de los movimientos sociales. No nos olvidemos que esta semana de conflicto comienza con esas organizaciones marchando por la emergencia alimentaria. Y el otro protagonismo en estos días ha sido el de las mujeres, coherente con las movilizaciones que el año pasado fueron las más importantes del país. A todo ese nivel de organización lo quieren silenciar poniéndonos como los violentos. Aunque todos sabemos quiénes son los verdaderamente violentos en esta historia”.
Horacio Arreceygor Secretario General del Sindicato de Televisión (Satsaid): “Esto recién empieza. Acá empezó un proceso de ajuste permanente con represión. Lo que van a tratar de imponer ahora es la reforma laboral. Con la reforma previsional ya tenías un 80% de gente en contra. Y si bien la participación en la calle ha sido enorme, mucha gente no marchó por temor a la violencia de las fuerzas de seguridad. Pero eso va a ir cambiando. Porque lo otro que se viene son tarifazos que mucha gente directamente no va a poder pagar. Vamos a ver cuál es la reacción. Pero si hay un ajuste permanente, va a haber una resistencia permanente. Estos días me parece que han generado más conciencia sobre cómo se le ha mentido a la sociedad. En campaña decían que no iba a haber reforma previsional, ni laboral, ni nada. Y ahora están cada vez más apurados por meterlas como sea”.
Marcelo y Natalia, del Hotel BAUEN: “Ojalá se levante la sesión y la ley no sea aprobada, pero hasta que no haya muertos esto no va a parar. Toda la situación me recuerda mucho a 2001”.
Eduardo Murúa, referente del Movimiento de Empresas Recuperadas: “Si sale la ley, tendrá un tiempo más. Si no sale, los tiempos se acortan para el Gobierno. Vamos a depender de lo que pase hoy. Lo nuestro es seguir haciendo lo que hacemos: resistir en cada una de nuestras fábricas, nuestros trabajos y nuestros barrios, de cara a un salto cualitativo que tenemos que dar en la dirigencia. Lo que hoy nos falta es constituir un liderazgo común de todas las organizaciones, más cuando las grandes centrales se borran. Hoy lo que se vio es que el pueblo desde el llano fue quien dio la batalla”.
Gustavo Martínez, secretario general dela CTA Rosario: “Toda la movilización y el reclamo ha sido muy fuerte. También la represión. Pero estamos reclamando los que tenemos algo que perder. Y los que todavía no hablaron, no se han expresado, son los que no tienen nada que perder. Aquí en Rosario hoy hubo síntomas de situaciones conflictivas en varios barrios de la zona sur, entre los núcleos más castigados alrededor de supermercados pequeños. Y se están viniendo el 19 y 20 de diciembre. Pero esas situaciones detención son un síntoma de lo que está pasando, y lo que nadie contempla. El gobierno parece que juega al desastre, pero hay una ruptura con estos sectores que te digo, los que no tienen que perder, no tienen plan B. Y lo que puede pasar ahí es algo que no se puede saber o adivinar. Así como el femicidio apareció como palabra de algo que existía y no podíamos expresar, en lo social lo que está ocurriendo en esos sectores es algo para lo que nos faltan palabras. Lo que ha hecho el gobierno no es un error, sino un mensaje. El mensaje de que van a redoblar la apuesta, que pueden ser algo más que duros: pueden ser hasta crueles. Están anunciando cómo van a ser las cosas de aquí al final de su mandato. Hay cero expectativas de que bajen el nivel de represión. Creo que han demostrado que lo que quieren hacer es elevarlo. Ya no es ni siquiera la zanahoria y el garrote, es la pura violencia. No hay zanahoria”.
Lo inesperado
Cuentan en España que cuando la policía desalojó por la fuerza la Plaza del Sol y la militarizó, la multitud se retiró cantando: “Quédense con El Sol, nosotros con la ciudad”. En las calles de la ciudad de Buenos Aires lo que se canta en otra cosa. Un clásico: “Si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”. La entonan mujeres, hombres, niñas, niños, veteranos y veteranos, al ritmo de las cacerolas.
Si el objetivo de la represión fue dispersar la manifestación, fue un éxito. La protesta se desparramó por los barrios, sacudiendo con la batucada más pacífica, más política y más destituyente, los rincones imprevistos no sólo por el operativo policial, sino por los pronósticos políticos. Sorprendió a dirigentes, desbordó a organizadores y organizaciones, sacudió discursos mediáticos y relatos y habló, por sí sola, en esa voz colectiva que siempre encuentra una manera de expresarle al poder lo que tiene que transmitir.
Si este no es el pueblo, cantó.
No para quien quiera oir, sino para aquellos que hoy se hicieron los sordos.
A la hora de cerrar esta crónica, el final está abierto.
Eso es justamente lo que quería decirle hoy la sociedad al Estado.






Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL
Temporada de femicidios

Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)
Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.
Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.
Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.
No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.
Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.
Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.
El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.
Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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