Sigamos en contacto

Nota

La Asamblearia: otra forma de consumir

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Una cooperativa formada por asambleístas de Núñez y Saavedra, se dedicará a vender en un local de la calle 3 de Febrero -barrio de Belgrano- productos y alimentos de movimientos campesinos, cooperativas agrarias, fábricas recuperadas y socioemprendedores urbanos. Piensan distinguir a su idea con un logo, Economía Solidaria, para pasar a distribuir algunos artículos a mercados y supermercados. ¿Se trata de un proyecto capitalista, o no capitalista? ¿En qué se diferenciará de los mercados y supermercados convencionales? Ideas sobre el nuevo cooperativismo, la toma del poder, y cómo establecer el valor de los pollos.

¿Existe alguna alternativa económica, a la vez social y solidaria, y a la vez eficiente? ¿Existe semejante cosa en tiempos de crisis, pobreza y mediocridad? Los integrantes de algunas asambleas vecinales parecen considerar que sí, y empezarán a demostrarlo en pocas semanas al inaugurar una iniciativa sin antecedentes donde -entre muchos otros proyectos- están dispuestos a poner huevos.

Huevos agroecológicos, sin hormonas, antibióticos ni contaminantes, empollados en cooperativas de Florencio Varela.

Y pollos (no los de supermercado sino los verdaderos, esos que son criados naturalmente y tienen un inesperado gusto a pollo).

Y yerba Tietrayjú del Movimiento Agrario Misionero (heredero de las Ligas Agrarias; el nombre de la yerba sintetiza las palabras Tierra, Trabajo y Justicia).

Y carbón del Mocase (Movimiento Campesino de Santiago del Estero).

Y verduras orgánicas (que también tienen la rara cualidad de ser verdura verdadera).

Y pan francés posiblemente insuperable, de empresas recuperadas. Budines y bizcochos de grasa. Y prepizzas de otras recuperadas. Esta restitución del pan puede ir acompañada con toda clase de embutidos, quesos y muzzarella (para las prepizzas) de una cooperativa flamante. Y habrá tapas de empanadas y de pascualina. Y grisines.

Y envases plásticos fabricados por otra cooperativa.

Y calzado, alpargatas, pañales, trapos de piso, dulces y multitud de productos de altísima calidad -algunos decididamente artesanales- realizados por socioemprendedores, a los que en esta cooperativa no llaman «microemprendedores» porque sus proyectos están sintonizados con la idea de economía social, y porque «micro» parece hacer alusión a capitalistas petisos.

Teoría y práctica

Este proyecto quedará inaugurado en los primeros días de junio, en la calle 3 de Febrero al 3200, por la cooperativa La Asamblearia. La cooperativa reúne a unos 50 socios, y es consecuencia del trabajo de dos grupos vecinales. La Asamblea Barrial de Núñez, y la Asamblea Popular de Núñez-Saavedra.

La idea -que ya es mucho más que una idea- está desarrollada en un documento finamente escrito. No es casual: el autor, asambleísta e inspirador de algunas de las ideas que la cooperativa acordó aplicar como teoría y práctica, es un escritor fantasma. O escritor en las sombras, que redacta para otros tesis doctorales y presentaciones varias. Tal el oficio de Lucio Salas, un hombre que ha pasado por la izquierda de los ’70, por el exilio en Suecia, por el ahogo cultural que representó la sombría década menemista, y que asegura que encontró en estas iniciativas vecinales una forma de resignificar su propia vida (ver nota aparte).

Las asambleas de Núñez y Núñez-Saavedra empezaron por intentar ayudar a empresas recuperadas como la imprenta Chilavert, de libros de arte, o a Zanón, a vender sus productos. Por otro lado, hacían compras comunitarias, sobre todo de verdura, para luego vender en el barrio.

«En un momento, comenzamos a ligar las dos cosas -cuenta Salas- la venta comunitaria de verduras, con la idea de sumar a las empresas recuperadas como Panificación 5, que ahora es la Cooperativa El Aguante y Grisinópolis, que ahora es la Cooperativa La Nueva Esperanza, Limitada». Alto ahí.

Salas se ríe: «Quedó medio mal el nombre porque al poner cooperativa, al final tiene que decir ‘limitada’: así son las cosas, no hay que andar exagerando».

Sin esperanzas ilimitadas, pero con las suficientes, comenzaron a aprender sobre alimentos, sobre su elaboración, distribución y comercialización, hasta que se les hizo visible la asombrosa idea de que podían intentar poner en red a toda esa cadena a través de una cooperativa.

«Habíamos empezado a comprar las cosas en el Mercado Central. Después entramos en contacto con productores quinteros de la zona del Parque Pereyra. Aprendimos lo que era la producción orgánica. Dentro de lo orgánico hay otro grado: ¿cómo es la organización social de esa producción? Hay cooperativas, hay cooperativas medio truchas, y hay productores que son empresarios capitalistas. Nosotros buscamos a los que contienen un proyecto de gestión social más interesante, que por lo general tienen origen en comunidades cristianas de base.»

La red siguió creciendo por el contacto con productores agrarios y campesinos del interior, como los misioneros que elaboran la yerba Tietrayjú. «Es interesante para los que somos más viejos porque son los herederos de las Ligas Agrarias, que sucumbieron por la represión en la dictadura y se reorganizaron como cooperativas agrícolas. Y dieron después origen a este movimiento agrario misionero que está relacionado con el Mocase, entre otros de los que van a enviar sus productos para que vendamos aquí».

La estrategia se completa con los propios socioemprendedores de la asamblea. De allí surgirán muchos de los productos que se venderán en el local de La Asamblearia. «Es todo un submundo económico, que es parte de la economía informal, pero con esa característica adicional: lo social. Habíamos empezado a desasnarnos». Encontraron libros y experiencias previas en lo que se suele llamar Economía Solidaria o Economía Social, o economía vinculada a sectores populares, o como se la quiera llamar.

Una sociedad distinta

El origen de esta historia está en el cooperativismo que surgió en la primera mitad del siglo XIX y que fue quedando diluido por la sociedad salarial -recapitula Lucio Salas- y las luchas sociales en defensa del salario que no cuestionaban la propia relación asalariada.

Otra cosa que jugó en contra de las ideas cooperativas fue la siguiente, según Salas: «La perspectiva que muchos hemos compartido de una construcción de una sociedad distinta a partir de una toma del poder del Estado es un poco contraria al hecho de ponerte hoy mismo a construir una forma de relación social alternativa. La idea de que cuando conquistes el poder del Estado vas a resolver desde arriba los problemas de la sociedad, en un grado u otro te inhibe de concentrarte ahora en hacer algo para transformar la vida que vamos viviendo».

Pero esa visión, al no plantearse una estrategia de poder, suele ser acusada de puro reformismo:

«Es real que son iniciativas dentro del marco del capitalismo. No es que lo aceptemos: es lo que hay. Uno trata de desenvolverse en un modo de producción capitalista pero tratando de desarrollar una forma de producción y de gestión que no es capitalista. Para nosotros lo distinto es que las formas de producción , distribución y relaciones sociales que establecemos en el plano económico, no son capitalistas. Hay una cita de Lenin del año 23 que dice más o menos: ‘bueno, ahora que hicimos la revolución, tenemos que hacer cooperativas’. ¿Cuál era la forma de organizar la producción y distribución en el socialismo? No había modelo. Los bolcheviques se oponían al cooperativismo por su concepción revolucionaria de la toma del poder. Pasan por una guerra civil y aplican una política capitalista a ultranza, la Nueva Política Económica. Y luego Lenin dice que, llegados a ese punto, la única forma de organizar al socialismo es a través de cooperativas. Se ha olvidado, pero es una cita interesante. De alguna forma el desprestigio y achanchamiento en que fue cayendo el movimiento cooperativo ensombreció esa imagen original que tenía, como propuesta auténticamente anticapitalista. Sigue siendo una forma de producir, distribuir y consumir que rechaza el lucro y pone el acento en la forma de decisión igualitaria y democrática».

La cura del neoliberalismo

Para Salas el valor de todo esto frente a la otra idea, la de la toma del poder, es que esta puede funcionar -en la vida que vamos viviendo- y la otra ha demostrado no ser muy exitosa.

La evolución del cooperativismo y de la Economía Solidaria, según Salas, es la contracara de la infección neoliberal de los últimos 25 años.

Y va produciendo cambios acaso históricos: «La crisis ha hecho mucho. Si el capitalismo argentino funcionara de un modo más o menos estable, esto no hubiera sucedido. Pensá que hace 4 ó 5 años, cuando quebraba una fábrica, los trabajadores cobraban la indemnización y ponían un quiosco, o compraban un remis. No se les hubiera ocurrido asociarse para conservar el trabajo».

Otro cambio es que el cooperativismo actual no es como el anterior que -simbolizado en la Cooperativa El Hogar Obrero- se volcó a un manejo de lógica capitalista, venta de cualquier cosa, casta gerencial dominante, y mala administración dentro de esa lógica. «No hay una teoría muy cerrada. Por principio en una cooperativa no debería haber asalariados, pero algunas los tienen porque la situación los ha llevado a eso».

El ejemplo que más atrae a Salas es el del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil. «Es que además incorporaron esta idea de la Economía Solidaria, tienen hasta un logo que identifica sus artículos para que exista la relación más directa posible entre los productores campesinos y los consumidores».

La forma de la cooperativa fue otro tema de debate. Se resolvió integrarla como cooperativa de Vivienda, Crédito y Consumo: «A diferencia de una cooperativa de trabajo, así pueden participar los que trabajan, y también los que no vamos a estar con un trabajo específico con horario, pero sí con trabajo voluntario. Eso se hizo para evitar que, por necesidad, y en todo su derecho, los que están trabajando terminen vendiendo cocacola si eso responde a una necesidad puramente económica. Sería perder todo sentido de autogestión y vínculos solidarios. Para los que la creamos, es importante que esta cooperativa esté al servicio de la Economía Solidaria».

Sociedad en movimiento

Una punta de este asunto es la producción de movimientos campesinos, fábricas recuperadas y socioemprendedores. En el otro extremo aparecen los hipotéticos clientes. Para La Asamblearia, hay un sector de lo que llaman «consumidores responsables» que está gestándose y que aspiran a ayudar a crear. El problema es que algunos pocos productos (pollos y huevos, fundamentalmente) tendrán un precio mayor que el que cobran los supermercados por sus pollos y huevos plásticos. «Claro, una producción orgánica es diferente que una industrial, como es diferente también la calidad del producto. El huevo orgánico es más grande, con yema roja, con otro sabor. Te dicen que le des un huevo por día a tu hijo por las proteínas, pero si es un huevo orgánico, le podés dar uno cada dos días y son las mismas proteínas, y encima sin antibióticos ni hormonas».

Por eso en la cooperativa más que de precios caros y baratos, prefieren hablar de un precio justo. El que considera el valor del producto, el trabajo y la distribución. Y agregan otro elemento: «Además, en esa producción no media la explotación de nadie, ni el lucro capitalista. Ese es otro valor adicional».

De todos modos, ¿no podrá convertirse la cuestión en un área de consumo para un nivel adquisitivo alto?

Dice Salas: «Sabemos que esto tiene que ver con la capacidad adquisitiva en algunos casos, pero sólo algunos productos van a ser más caros, y no mucho más que en los supermercados. El pollo orgánico, por ejemplo, es un 50% más caro pero hay bastante conciencia, más de lo que uno cree, acerca de que los pollos de supermercado son un paquete de hormonas de consecuencias imprevisibles».

Un dato: los futuros clientes y vecinos, podrán asociarse por 10 pesos anuales, y tener un descuento del 5 % en todas sus compras.

La cooperativa va a colaborar (como lo viene haciendo la asamblea) con el comedor popular Padre Mujica del barrio, «y eso nos permite que estos productos lleguen también a sectores marginados que ni van a los supermercados, y que compran poco y caro, las veces que pueden. Esa es la realidad un poco pavorosa de la Argentina».

Otra diferencia de la cooperativa, como administración, será su transparencia económica. «La apuesta a una gestión popular económica en el contexto capitalista, para que vaya siendo asumida por cada vez más personas, debe tener criterios muy estrictos de transparencia».

Transparencia. Entonces, ¿de donde obtuvieron el dinero para comenzar a moverse? Salas cuenta que 40 pintores argentinos que viven en Paris donaron sus cuadros: «4.000 euros». Hubo donaciones de integrantes de Znet, donde colaboran el propio Lucio y su esposa, la escritora Cristina Feijóo. Otro aporte (1.000 dólares) fue de la fundación Vallas y Ventanas, de los canadienses Naomi Klein y Avi Lewis. Y hubo una colecta en los Estados Unidos, a través de relaciones personales, y ayudados porque los traductores de Znet difundieron una versión en inglés del proyecto.

Salas cree que todos estos participantes del proyecto funcionaron como el crédito que no existe en la Argentina. «Como pensamos que nuestra idea es perfectamente sustentable y razonable, cualquier banquero honesto nos debería dar un crédito. Pero no hay. Ni crédito ni banqueros honestos, pero sobre todo crédito».

Hasta ahora reunieron 7.500 dólares, y piensan conseguir otro tanto para comprar un vehículo: «Un utilitario con caja para conservar la cadena de frío». El detalle, dice Salas, no es menor, y representa una maduración de los que asumieron el proyecto para hacer las cosas bien. No romper la cadena de frío es un criterio de calidad central. «Cuando surgió, el cooperativismo decía que debía ofrecer productos puros. Cuando asumís esta responsabilidad no te podés permitir fallar en esas cosas. No se puede defraudar al consumidor».

Autogestión y después

De los 50 socios de La Asamblearia, 30 ó 35 pertenecen a las asambleas, y el resto llegó por esta propuesta en sí misma. Creen que el número de asociados crecerá mucho. Se formó hace 45 días: «Somos optimistas sobre sus posibilidades, pero como pasa con las asambleas, lo importante no es cuántos miembros tenga, sino cuán expandidas puedan ser sus relaciones. La cantidad de colectivos, consumidores sociales o asociados, con los que podamos establecer una relación y llegar con los productos autogestionados» dice Lucio.

El local tendrá más de 200 metros cuadrados, y esperan instalar allí un área para actividades culturales, y también una Escuela Popular de Economía Solidaria.

«Queremos salir de la pura práctica que es común en el movimiento social, y generar un conocimiento que sea aprovechable para la construcción de otras experiencias». También aspiran a que exista allí una matriz o incubadora de emprendimientos económicos, algo tomado de las universidades brasileñas. «Se concentran personas, se concentran saberes, se resuelven cosas y se ponen proyectos en marcha» sintetiza Salas.

Otro proyecto es que toda esta producción salte también a las cadenas convencionales de comercialización, incluyendo a los supermercados, para lo que imaginan un logo (por ejemplo, Economía Solidaria). En Brasil ya lo aplican los Sin Tierra para sus productos.

Salas cree que ni siquiera Naomi Klein pondrá objeciones al logo: «Es un logo que es un no-logo, un logo contracultural».

Los vendedores del futuro emprendimiento serán tres desocupados del barrio. «Por ahora no tenemos plata para más. Pensemos que son tres nuevos puestos legítimos de trabajo, y ojalá que los dupliquemos en poco tiempo. Además, al multiplicar la distribución de los productos de empresas recuperadas y cooperativas, estamos ampliando las posibilidades que tienen ahora. Ojo, que en una planta recuperada donde hoy hay 30 trabajadores, llegó a haber 70. Los otros 40 probablemente se reincorporarían si hubiera trabajo. Apostamos a poder hacer más sólida la economía de muchas de las fábricas recuperadas que están en condición endeble».

No falta demasiado para comprobar a cuántas de estas esperanzas se las puede ir aliviando de la palabra «limitadas».

Nota

La Estela: tierra guaraní en escena

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Las actrices Casandra Velázquez e Ivana Zacharski crearon un unipersonal sobre una niña litoraleña que descubre aventuras al amparo del monte misionero. El calor agobiante, la siesta obligatoria, los árboles de yerba mate y las leyendas de ese territorio se cruzan con la inspiración de Clarice Lispector como punto de partida.

Por María del Carmen Varela

A la hora de la siesta el pueblo entra en una pausa obligatoria barnizada por un calor agobiante. Ni el sueño ni el sofoco detienen a la niña, que abandona su cama con sigilo y logra escapar al amparo del monte. Encuentra en la intemperie el abrigo que no es costumbre en su casa. Cada día la espera una aventura distinta, aunque no siempre hay juego y risas. Rebelde, divertida, decidida, busca compañía para sus andanzas y si no la encuentra, transita en soledad.  La salvación a cielo abierto, la naturaleza como sostén y una fascinación: “La Estela”.

La actriz y bailarina Casandra Velázquez y la actriz y directora de teatro Ivana Zacharski dieron luz a esta niña litoraleña sumergida en la vastedad de un paisaje indómito y deslumbrada por Estela, la joven esquiva con mirada de pantera. Ivana y Casandra se conocieron a sus 18 años tomando clases de actuación con Pompeyo Audivert en el Teatro Estudio El Cuervo, poco tiempo después de que cada una viniera a estudiar teatro a la Capital. Casandra nació en Rosario y creció en Venado Tuerto (Santa Fe), Ivana es de Apóstoles, Misiones, donde se desarrolla esta historia que juntas llevaron a escena. Este universo, recorrido por Ivana, de tierras guaraníes surcadas por árboles de yerba mate y leyendas de peligros a la hora de la siesta, fue la inspiración para La Estela.

Ivana tenía ganas de dirigir un unipersonal y eligió a su amiga Casandra para actuarlo. El punto de partida fue un cuento de Clarice Lispector: La relación de la cosa. Casandra: “Los primeros encuentros fueron sin texto, nos acercamos a la obra desde el cuerpo, la respiración y la carne. En los primeros ensayos bailé un montón, unas danzas extrañas, medio butohkas, transpire, canté, corrí, toqué el bajo. Ivana empezó a escribir y yo a probar y actuar todos esos textos e hipótesis, el insomnio estaba presente, la obsesión con el tiempo, los fantasmas del futuro, algo vinculado a la materialidad del agua y el devenir del río. Aparecieron unos cuentos protagonizados por distintas niñas en paisajes litoraleños. Nuestro personaje de ese momento: una mujer en medio del insomnio, se contaba esos cuentos a ella misma para poder dormir”.

La Estela: tierra guaraní en escena

Foto: Gentileza La Estela.

Después de que Ivana hiciera un taller de escritura con Santiago Loza y Andrés Gallina, la historia fue tomando fuerza. Cuenta Casandra que algo se abrió y comenzó a aparecer la trama: “La obra apareció y nos empezó a hablar. Nos metimos adentro de esos cuentos, de esos paisajes y de esas niñas y dejamos de lado todo lo demás. Apareció algo muy mágico entre nosotras, algo de eso que las obras permiten, que es crear un universo común, descubrir conexiones y relaciones nuevas. Sentía que la obra estaba apareciendo y tenía voz propia, apareció el cuerpo de la obra y una forma de narrar”. Casandra recorre el escenario y su fuerza expresiva invita a adentrarse en la historia de esta niña llena de vitalidad y asombro. La vemos en su habitación, presa del calor de la tarde, en busca de libertad y juego, invocando protección divina cuando algo se le escapa de las manos, trabajando en el puesto rutero, pateando una pelota, como se patea a la injusticia, hipnotizada al descubrir la mirada felina de “la Estela”.

El entusiasmo de la juventud, las tragedias inesperadas, las súplicas, el goce de la novedad caben en ese cuerpo palpitante de sueños. Ivana y Casandra apelaron a sus propias vivencias para hilar la narración. Casandra: “Las dos pasamos nuestras infancias y adolescencias medio punkis en distintos paisajes litoraleños, lejos de esta ciudad, sus ritmos y velocidades. Había algo de ese universo común, de elegir siendo muy chicas irnos de las ciudades donde crecimos, que empezó a operar, casi telepáticamente. El ejercicio de revisitar esos paisajes y poblarlos de ficción fue fascinante, mirar el mundo con ojos de infancia nos abrió mucho permiso y nos devolvió mucha vitalidad, nos permitió vincularnos con la violencia, el dolor y la crudeza de crecer desde un lugar de mucho delirio y mucho juego. La obra es bastante impune en ese sentido, el relato no pide permiso, ni da explicaciones, sólo sucede. Justicia poética, decimos, un conjuro de liberación”.

Al cabo de dias de ensayo, la voz de la niña litoraleña comenzó a asomar y Casandra hizo un trabajo específico con la coach vocal Mariana García Guerreiro. El actor Iván Moschner también se sumó a pulir el fluir de la voz. Escuchar radios misioneras, discos y entrevistas a Ramón Ayala y otrxs artistas misionerxs colaboró con esa tarea. La niña que sube el escalón hacia la adolescencia, la que se enfrenta al monte y sus amenazas, se abre paso en la oscuridad con la lumbre de su irreverencia. Salvar y ser salvada, desafiar la imposición de la siesta, para correr a soñar despierta.

La Estela

El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, CABA

Sábados a las 18  hs, hasta el 27 de septiembre

@laestela.obra

@casandravelazqz

@ivanazacharski

Seguir leyendo

Nota

Litio: nace un nuevo documental

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Este viernes 29 de agosto se presentará un nuevo contenido de Cooperativa de trabajo lavaca: Litio. Un documental dirigido junto a Patricio Escobar que refleja la lucha de las comunidades originarias y el paralelismo entre la reforma (in)constitucional de Jujuy, como experimento hacia la Ley Bases votada a nivel nacional.

“Te cuento esta historia, si me prometés hacer algo. ¿Dale?”.

Así arranca el documental Litio, una historia de saqueo y resistencias, que continúa…

Un documental independiente y autogestivo de cooperativa lavaca y dirigido en conjunto con Patricio Escobar, que traza un hilo conductor entre la reforma (in)constitucional de Jujuy votada a espaldas del pueblo en 2023, y lo que pasó un año después a nivel nacional con la aprobación de la Ley Bases y la instauración del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones).

Este proyecto tiene algunas particularidades: por un lado, no se trata de una única pieza audiovisual, sino de varias. Una más larga, de 22 minutos; y otras más cortas, de menos de 6 minutos. Por otro lado, se propone un documental en construcción permanente, al que se le irán agregando nuevas piezas de una cadena extractivista que parece no tener fin. Para esto, creamos una página web (que también estrenaremos el viernes 29) en la que iremos agregando los nuevos eslabones que surjan a futuro relacionados al oro blanco. 

LITIO muestra cómo viven las comunidades de la puna jujeña en la cuenca de las Salinas Grandes y Laguna Guayatayoc, una de las siete maravillas naturales de Argentina, y a la par, zona de sequía y uno de los mayores reservorios de litio del mundo. Dato insoslayable: para obtener un kilo de carbonato de litio se utilizan hasta dos millones de litros de agua. Las imágenes se entrelazan con los ostentosos congresos mineros, la represión policial a las manifestaciones por la reforma (in)constitucional y la resistencia de un pueblo que no otorga la licencia social a la explotación minera.

“¿Cuánto cuesta, cuánto vale… nuestra Pacha?”, cantan las comunidades originarias. Esa bandera hecha canción – y esa pregunta- se construye a través de distintas entrevistas a las comunidades Santuario de Tres Pozos, Lipán, El Moreno, Tres Morros, Potrero de la Puna, así como a otros actores. También evidencia el silencio de las autoridades, que no quisieron hacer declaraciones públicas. “Todas las Salinas están cuadriculadas de pedimentos mineros. Allí viven las comunidades y debajo, en el subsuelo, están las minas”, cuenta Alicia Chalabe, abogada de las comunidades.

El documental plantea una premisa: la reforma (in)constitucional de Jujuy en 2023 impuesta por el entonces gobernador Gerardo Morales –a merced de la explotación del litio, ya que modificó el régimen de agua, de tierras fiscales y de la propiedad privada, y ratificó la propiedad exclusiva de la provincia sobre los recursos naturales, entre los que incluye el subsuelo y el mineral de litio– fue el experimento que sirvió de antesala a la Ley Bases aprobada en 2024. Esta profundizó no sólo la matriz extractivista mediante enormes beneficios fiscales a empresas mineras, petroleras y del agronegocio, sino también las relaciones carnales con Estados Unidos y particularmente con Elon Musk, dueño de la empresa Tesla que construye autos eléctricos, para lo cual el litio es fundamental.

LITIO termina con tres palabras, y se erige como punto de partida:

“Esta historia continuará

¿Dale?”.

Te invitamos a seguir construyendo esta historia, este viernes 29 de agosto a las 20, en MU Trinchera (Riobamba 143, CABA).

Litio: nace un nuevo documental
Seguir leyendo

CABA

Super Mamá: ¿Quién cuida a las que cuidan?

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

¿Cómo ser una Super Mamá? La protagonista de esta historia es una flamante madre, una actriz a la que en algún momento le gustaría retomar su carrera y para ello necesita cómplices que le permitan disfrutar los diferentes roles que, como una mamushka, habitan su deseo. ¿Le será posible poner en marcha una vida más allá de la maternidad? ¿Qué necesitan las madres? ¿Qué necesita ella?

Por María del Carmen Varela

Como meterse al mar de noche es una obra teatral —con dirección y dramaturgia de Sol Bonelli— vital, testimonial, genuina. Un recital performático de la mano de la actriz Victoria Cestau y música en vivo a cargo de Florencia Albarracín. La expresividad gestual de Victoria y la ductilidad musical de Florencia las consolidan en un dúo que funciona y se complementa muy bien en escena. Con frescura, ternura, desesperación y humor, abordan los diferentes estadíos que conforman el antes y después de dar a luz y las responsabilidades en cuanto al universo de los cuidados. ¿Quién cuida a las que cuidan?

La escritura de la obra comenzó en 2021 saliendo de la pandemia y para fines de 2022 estaba lista. Sol incluyó en la última escena cuestiones inspiradas en el proyecto de ley de Cuidados que había sido presentada en el Congreso en mayo de 2022. “Recuerdo pensar, ingenua yo, que la obra marcaría algo que en un futuro cercano estaría en camino de saldarse”. Una vez terminado el texto, comenzaron a hacer lecturas con Victoria y a inicios de 2023 se sumó Florencia en la residencia del Cultural San Martín y ahí fueron armando la puesta en escena. Suspendieron ensayos por atender otras obligaciones y retomaron en 2024 en la residencia de El Sábato Espacio Cultural.

Se escuchan carcajadas durante gran parte de la obra. Los momentos descriptos en escena provocan la identificación del público y no importa si pariste o no, igual resuenan. Victoria hace preguntas y obtiene respuestas. Apunta Sol: “En las funciones, con el público pasan varias cosas: risas es lo que más escucho, pero también un silencio de atención sobre todo al principio. Y luego se sueltan y hay confesiones. ¿Qué quieren quienes cuidan? ¡Tiempo solas, apoyo, guita, comprensión, corresponsabilidad, escucha, mimos, silencio, leyes que apoyen la crianza compartida y también goce! ¡Coger! Gritaron la otra vez”.

¿Existe la Super Mamá? ¿Cómo es o, mejor dicho, cómo debería ser? El sentimiento de culpa se infiltra y gana terreno. “Quise tomar ese ejemplo de la culpa. Explicitar que la Super Mamá no existe, es explotación pura y dura. No idealicé nada. Por más que sea momento lindo, hay soledad y desconcierto incluso rodeada de médicos a la hora de parir. Hay mucho maltrato, violencia obstétrica de muchas formas, a veces la desidia”.

Durante 2018 y 2019 Sol dio talleres de escritura y puerperio y una de las consignas era hacer un Manifiesto maternal. “De esa consigna nació la idea y también de leer el proyecto de ley”. Su intención fue poner el foco en la soledad que atraviesan muchas mujeres. “Tal vez es desde la urbanidad mi mayor crítica. Se va desde lo particular para hablar de lo colectivo, pero con respecto a los compañeros, progenitores, padres, la situación es bastante parecida atravesando todas las clases sociales. Por varios motivos que tiene que ver con qué se espera de los varones padres, ellos se van a trabajar pero también van al fútbol, al hobby, con los amigos y no se responsabilizan de la misma manera”.

En una escena que desata las risas, Victoria se convierte en la Mami DT y desde el punto de vista del lenguaje futbolero, tan bien conocido por los papis, explica los tips a tener en cuenta cuando un varón se enfrenta al cuidad de un bebé. “No se trata de señalarlos como los malos sino que muestro en la escena todo ese trabajo de explicar que hacer con un bebé que es un trabajo en sí mismo. La obra habla de lo personal para llegar a lo político y social”.

Sol es madre y al inicio de la obra podemos escuchar un audio que le envió uno de sus hijos en el que aclara que le presta su pelota para que forme parte de la puesta. ¿Cómo acercarse a la responsabilidad colectiva de criar niñeces? “Nunca estamos realmente solas, es cuestión de mirar al costado y ver que hay otras en la misma, darnos esa mirada y vernos nos saca de la soledad. El público nos da devoluciones hermosas. De reflexión y de cómo esta obra ayuda a no sentirse solas, a pensar y a cuidar a esas que nos cuidan y que tan naturalizado tenemos ese esfuerzo”.

NUN Teatro Bar. Juan Ramirez de Velazco 419, CABA

Miércoles 30 de julio, 21 hs

Próximas funciones: los viernes de octubre

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - [email protected] | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.053