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La moda que incomoda: el Gac después de Venecia

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«Fue al pedo». Así resume Carolina Golger, una de las integrantes del Grupo de Arte Callejero la participación de ese grupo en la Bienal de Venecia. También expresa el momento que está atravesando ese colectivo artístico: la necesidad de definir rumbos, pensar antes de hacer y romperse la cabeza para encontrar una fórmula que afloje la soga cotidiana de sobrevivir sin recursos. «Todo arte es político e hijo de su época»- reflexiona Carolina – «Pero lo que ocurre ahora es que hay gente que viene de otros ámbitos y produce arte de temática política que, en realidad, no es político. Es oportunismo.»

Carolina Golder llega agitada. Viene de Villa Fiorito -el terruño que vio nacer a Maradona- donde da clases de plástica a chicos de séptimo, octavo y noveno año. Como evidencias trae sus botas manchadas de amarillo y su campera naranja veteada con pincelazos blancos. La artista, de 28 años, es uno de los diez integrantes del Grupo de Arte Callejero (GAC), una organización que interviene en los espacios públicos para denunciar las miserias políticas y sociales a través de la creación. El GAC nació para protestar contra la Ley Federal de Educación, pero poco después se asoció a HIJOS para imponer el escrache como forma condena social a los genocidas de la dictadura. Más tarde, ganó el concurso estatal para diseñar el Parque de la Memoria y todos los días 20 organiza una procesión artística que denuncia la impunidad de los asesinatos ocurridos el 20 de diciembre de 2001 en las cercanías de la Casa Rosada. A sus miembros se los puede ver realizando acciones en marchas por la paz, contra los desalojos o en los piquetes. La semana pasada regresaron de un lugar extraño para ellos, la Bienal de Venecia. Allí exhibieron Cartografía de Control, una proyección de video y collage. Por supuesto, está basada en un ícono de este grupo: el fragmento del mapa de la ciudad de Buenos Aires debidamente señalizado, con marcas que identifican centros del poder económico, acciones de la represión militar, lugares de conflictos bélicos y zonas militarizadas. Aquí, Carolina analiza la experiencia.

-¿Qué balance hacen de la participación en la Bienal de Venecia?

– Llegó la invitación a Venecia y dijimos que sí, sin reflexionar demasiado. Cuando terminamos de montar la obra dijimos: «¿Qué hacemos acá?. Antes de ir se dio la discusión si era una fagocitación del sistema, pero a mí no me generaba conflictos. Me sentí como en un congreso de ginecología, una cosa totalmente distinta, ajena. Fue al pedo. En un lugar así se pierde todo tu mensaje.. Nunca más aceptaríamos esa invitación, no es nuestro lugar. Una obra como la que llevamos se descontextualiza, pierde toda la fuerza. Es lo mismo que esté o que no esté.

– ¿Cómo repercutió esa frustración al interior del grupo?

-Venecia nos generó muchos conflictos. El grupo no se dividió, pero se instaló una discusión muy fuerte hacia adentro. Nos dimos cuenta que empezamos a hacer, hacer y hacer, y reflexionamos poco. Nosotros contestamos un montón de demandas de distintos grupos sociales que se nos acercan y eso nos dificulta dedicarle tiempo a pensar quiénes somos, qué tenemos ganas de hacer… Con Venecia nos dimos cuenta que empezamos plantando una cosa y esa cosa nos llevó a otra y esa a una tercera. Entonces empezás a replantearte todo, hasta los conceptos básicos, que tenemos internalizados desde hace seis años, como el trabajo en la calle, el arte público, el espectador casual planteándose una cosa y esa cosa te lleva a otra y esta a otra. Las cosas cambian y uno tiene que reflexionar sobre eso. Yo venía con un casete puesto, pero pasaron muchas cosas desde que empezamos, incluyendo el 19 y 20. En este último tiempo se puso de moda el arte y la política, surgieron un montón de curadores que vienen de otro lado y hablan de eso, y entre nosotros apareció el debate si teníamos que hacerle el juego a la moda.

– ¿Es una moda que vuelve inocuo el discurso comprometido o se logró imponer un discurso en la agenda social?

– Creo mucho en la gente que hace cosas en la calle y que hace cosas políticas. Lo que no creo es que porque alguien tome un tema social sea revolucionario. Si vos sacás un cuadro a la calle no quiere decir que seas revolucionario, quiere decir que sacaste un cuadro a la calle. Arte político no es sólo tratar la temática social.

– ¿Cuál es la diferencia entre arte político y arte de temática política?

– Lo político lo da la construcción, la discusión, la conexión con otra gente. No se trata simplemente de una temática. La diferencia está en el trabajo, no tanto en lo que queda, en la obra en sí. La diferencia esta en cómo te comunicás, cuánto te importa el protagonismo y la individualidad del artista. Nosotros, por ejemplo, no firmamos. Ahora surgieron grupos nuevos con la necesidad de decir:»Yo hice esto». Me parece que eso no va de la mano a una construcción desde abajo. Lo veo como repetir el sistema: surgió esto, bueno tengo que ver de qué forma con la temática política yo hago algo. Pero no comparto esas relaciones.

– ¿Se puede concebir el arte sin la política?

– Son otras palabras para redefinir. Todo arte es político. En los 60 y 70 se hablaba de arte político y en los 80 y 90 de arte ligth. Pero el arte ligth también es una decisión política, detrás de él hay una ideología. La decisión de salir a hacer arte a la calle y pintar una manzana es política. Y, ojo, me parece bárbaro que alguien pinte una manzana, pero depende de la decisión vital de cada uno. Y también el arte es hijo de su época. Pero lo que ocurre ahora, como dije, es que hay gente que viene de otros ámbitos y ahora produce arte de temática política que, en realidad, no es político. Es oportunismo, repite la misma mecánica del sistema, el circuito de las becas, lo hacen porque está de moda.

– ¿Cuándo el GAC se piensa a sí mismo se reconoce en algún colectivo de artistas políticos de los 60 o 70?

– No. Pero la verdad es que no es porque no nos reconozcamos, sino porque nunca hablamos o reflexionamos de dónde venimos. Creo que porque no hay tiempo para pensar y discutir.

– Si la política es construcción, ¿se puede construir sin pensar?

– No, para mi no. Me estás poniendo en jaque. Por eso digo que este es un momento de replanteos, de sentarse a reflexionar.

– ¿Qué cambió en el GAC desde creación?

– Lo que mas cambió es la demanda. Éramos un grupo que trabajábamos muchísimo, pero con el único grupo que interactuábamos era HIJOS y la Mesa de Escrache Popular. Nosotros veníamos haciendo miles de trabajos en la calle, pero anónimos. Desde 19 y 20 de diciembre apareció un montón de grupos para conectarnos y trabajar juntos. ¿Qué hacemos con esta gente que nos pide que trabajemos juntos? Sobre todo se dio en el 2002, con los MTD y con las agrupaciones independientes de la FUBA .Pero no fueron los únicos: también la Correpi, la liga de derechos humanos. No es que antes no estaban, pero de golpe aparecieron. Eso cambió la manera de trabajo, mucho más acelerada para responder a esa demanda.

– ¿El GAC había nacido para eso?

– El GAC surge en 1997, cuando se discute la Ley Federal de Educación y aparece la Carpa Blanca. Nace como necesidad del Centro de Estudiantes de la Prilidiano Pueyrredón. Viéndonos como futuros profesores, buscando de qué forma nos juntábamos para decir las cosas que pasaban y no nos gustaban. Y también surge por la falta de espacios que nos representaran a nivel artístico. Son cosas que no tiene nada que ver con los que nos pasa ahora. En ese momento el concepto era ese. Éramos un grupo súper abierto, hacíamos murales, intervenciones en afiches. Era un espacio de reunión de gente que tenía ganas de salir a la calle y hacer cosas. Recién en el 98, cuando empezamos a trabajar con HIJOS, se produjo el primer quiebre del grupo. Muchos se fueron y quedamos los que estamos ahora.

– ¿Cómo se produjo el acercamiento a HIJOS?

– Era el verano del 98, cuando empezaba el juicio a Alfredo Astiz. A partir de ahí, a un compañero se le ocurrió señalizar todos los centros clandestinos de detención de la ciudad utilizando el código vial, que es un código institucional. En ese momento se conocían los primeros escraches. Entonces salió la idea de conectarnos con HIJOS, que es una agrupación de nuestra edad con la que compartimos un montón de cosas. A ellos les gustó mucho nuestra idea y empezamos a participar. Al principio fue muy de afuera, en la elaboración de los carteles, pero después comenzamos a participar en la Mesa de Escrache Popular.

– ¿La autodefinición como «callejeros» nace como una necesidad o como princicipio?

– Nuestra identidad en la calle surge porque no nos identificaba ningún lugar privado o institucional. Entonces, ¿qué espacio es nuestro? La calle. Surgió como necesidad vital. Pero el nombre del grupo surgió recién en el 99, cuando nos presentamos en un concurso y había que proponerse un nombre y surgio GAC. Pero la verdad, no fue producto de ninguna discusión identidaria. Ahora es distinto, la calle es claramente lo que nos identifica porque no nos importa lo que pasa dentro de una galería o dentro de un museo, lo que tenemos para decir es para todo el mundo. Todo va cambiando y quizá nos convirtamos en otra cosa. A muchos grupos le está pasando. Es un momento de muchos cambios, sobretodo si lo que vos hacés se pone de moda y pasas a estar en la boca de todos. Tiene que ver con lo que estamos viviendo. Paso una euforia muy grande y ahora es época de redefiniciones: hacia donde vamos. Por ejemplo, nosotros estamos muy acostumbrados a trabajar con la tergiversación de las imágenes y ahora estamos buscando nuevos lenguajes. Sin abandonar lo que hacemos, buscamos nuevos lenguajes. Queremos ver otras formas, todavía no sabemos muy bien cuáles. La tergiversación para nosotros es cómoda, porque la manejamos tan bien, que lo hacemos muy rápido. Ahora estamos discutiendo de que otra forma se puede decir algo.

– ¿La decisión de que la producción sea anónima siempre fue una cuestión política?

– Si vos ponés un afiche callejero que dice que acá vive un genocida, ¿la vas a firmar? Si es un elemento que ocupa el espacio público. Firmarlo sería contradictorio hasta con los elementos que hacemos. Ese cartel está en la calle y tiene que confundirse en el espacio público para quien lo vea. Vale más el mensaje que quien lo emite. Así como el mensaje está por sobre la forma. Incluso, antes teníamos más tiempo para pensar las formas, ahora no. Y la plata también es una limitación, se nos ocurren cosas muy lindas, pero sin recursos no las podemos implementar. Contamos con un presupuesto de 400 pesos mensuales que nos da el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.

– ¿Además de la producción colectiva, ustedes tienen obra individual?

– En este momento no.

– ¿Y cuál es la vida más allá del GAC?

– Todas las chicas, menos una, somos docentes. También hay dos diseñadores y un desocupado. Yo soy docente en Fiorito, Budge y Villa Albertina. Me muero de hambre, no aguanto más. Antes trabajaba en escenografía, pero cuando se vino la debacle me quedó sólo la docencia.

-¿Nunca se plantearon vivir del arte?

-Sí , porque tengo mi hermana que vive del arte. Pero es como si fuera otra profesión. Mi hermana es artista de video y desde los 18 se la pasa de beca en beca, viajando por todos lados y ganando buena plata. No me parece que esté mal. Pero no me parece ganar plata colgando carteles. Fijate que ninguno de nosotros producimos individualmente. Pasamos a otra esfera de lo artístico, es como otra cosa que no sé como llamarla que está en el límite del arte y lo político.. Tenés un saber y ganas y los empleas en una construcción social, política.

– ¿Cuál será la próxima acción del GAC?

-Las chicas nos vamos a Ledesma, Jujuy. Vamos a hacer carteles en la Noche del Apagón. El 27 de julio del 76 allá hubo un apagón donde desaparecieron 600 personas. Todos los años desde la vuelta de la democracia, va mucha gente a acompañar a la única madre de Plaza de Mayo y se hace una marcha muy larga por el ingenio de los Blaquier. Y también seguiremos trabajando con la geografía de control. No sabemos qué vamos a hacer, pero queremos trabajar con las zonas militarizadas, con la frontera entre Capital y provincia.

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




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El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.

POR FRANCISCO PANDOLFI




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El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande


Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




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A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




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Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito

Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable. 

FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

La guerra invisible: la Antártida en la mira


Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

SERGIO CIANCAGLINI




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Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.

Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

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Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

POR CLAUDIA ACUÑA




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Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio

Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Patagonia rebelde

Crónicas del más acá por Carlos Melone.




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Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

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Documental a un año de la represión del 12 de marzo

Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

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El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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MU 211: Método Pablo

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MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.




MU 211: Método Pablo

Pablo Grillo: Salvar la vida

¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”

Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA




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El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión

Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA




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Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI




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En movimiento: Movilizaciones 2026

Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.




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Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura

Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI




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Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI




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Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA




Cabo suelto: Crónicas del más acá

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