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La ley Ómnibus de Milei en el Congreso: ¿de qué lado están?

Se escuchan discursos apurados y apretados en siete minutos, leídos por invitados de la llamada sociedad civil, mientras legisladoras y legisladores observan sus celulares, se miran entre ellos, conversan en algún rincón, salen apresuradamente rumbo a lo desconocido, o entran con gesto perplejo a la sala Anexo C de la Cámara de Diputados, donde se cocina parte del futuro que tendrá la autodenominada Ley Ómnibus enviada por el Presidente Javier Milei. Por su tamaño, el proyecto representa una reforma constitucional de facto y a sola firma, y por las presiones del gobierno, busca un tratamiento exprés que sería el más vertiginoso de la historia legislativa de acuerdo al volumen y profundidad institucional de lo que se quiere cambiar, destruir y/o rediseñar. Qué dicen y qué callan los integrantes del plenario de las tres comisiones que tienen que producir el dictamen. Y una joyita: el texto completo de la intervención del director Santiago Mitre.
Texto: Sergio Ciancaglini
Los diputados y diputadas se ubican en largas mesas con tazas de té y café, interesantes medialunas y luego, sándwiches de miga. Hay termos, mates y una calma espesa mientras la gente habla acelerada y a veces desesperadamente, describiendo imágenes de un país en situación de derrumbe por lo que ha venido pasando, y sobre todo, por lo que parece avecinarse. Es posible que con el correr de los días haya números más precisos, pero la proporción entre quienes cuestionaron la Ley y quienes la apoyaron fue de entre 5 y 10 a 1. Nadie es muy entusiasta con respecto a que eso signifique algo al final de esta historia.

El clima dentro del Anexo C es de una silenciosa confusión. La confusión es una estrategia de control, un estilo de comunicación metódicamente aplicado por el actual gobierno. La confusión –y su deriva en incertidumbre– es a la vez un estado de ánimo, mientras desde fuera de este Anexo C ocurre la presión destinada a garantizar votos para este proyecto oficialista, en modo express: el Presidente Milei viaja a Davos, Suiza, a hablar con los supuestos dueños del mundo y, tras su promocionado asado a la romana en Olivos, dejó la orden de cabotaje: acelerar la aprobación del dictamen de comisiones, que la Ley vaya al recinto de la Cámara y que se la trate antes incluso del 24 de enero, fecha prevista para el paro de la CGT. Al cierre de esta nota, faltan 8 días.
Lo que hagan o lo que dejen de hacer los diputados puede significar una autodisolución práctica del Congreso. O evitarla. No hay mucho registro de parlamentos suicidas.
El proyecto de “Ley de Bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos” tiene 183 páginas, con demasiados temas cruciales, pero quizás el Capítulo 1 describa lo principal:
“La presente ley contiene delegaciones legislativas al Poder Ejecutivo nacional de emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal, social, previsional, de seguridad, defensa, tarifaria, energética, sanitaria y social, con especificación de las bases que habilitan cada materia comprendida y con vigencia durante el plazo específicamente previsto”.
La delegación de poderes en estas once áreas enumeradas será obedecida por los diputados de La Libertad Avanza (40), y se especula que totalmente rechazada por los de Unión por la Patria y la izquierda (suman 107), con lo cual hay una carrera de obstáculos para ver quién consigue llegar a los 129 votos necesarios para aprobarla, o para rechazarla.
La clave son los votos de quienes no se han definido públicamente. Allí está amasándose lo que vendrá.

La misma bolsa
Un caso es el de la diputada Margarita Stolbizer, en el grupo férreo que elije no salir de la sala. Su partido es GEN, incorporado al bloque Hacemos Coalición Federal, que suma 23 integrantes y captó a 9 provinciales, instalándose en un lugar que puede resultar decisivo (y por ahora indefinido) cuando se vote. Aceptó unos minutos para hablar con lavaca:
-¿A dónde va este debate? ¿Qué es lo que terminará pasando?
-Es tan equivocada la estrategia de pretender que salga todo como está -que es la pretensión que tiene el Poder Ejecutivo-, como la pretensión de no aprobar absolutamente nada. Las dos cosas son equivocadas, hay que encontrar una posición que sea rescatar las cosas que están bien, que pueden ayudar a alguien y, obviamente, eliminar las que no lo están bien. Nuestro planteo es que el proyecto no tiene una priorización de temas. Meten en la misma bolsa cosas que nada tienen que ver, se ganan enemigos, confrontan de gusto, cuando habría que abocarse a ver cómo se resuelve el problema principal de la gente que es la inflación, la pobreza y el empleo.
-Que se agravan cada vez más, y mientras tanto está vigente el DNU…
-Pero el DNU me da la impresión de que corre más riesgo en la justicia que acá. Llegando al final de la feria judicial, en febrero, me parece que ahí es donde no resiste un test de constitucionalidad.
-Retomo entonces: ¿qué pasará con el proyecto ómnibus?
-Acá me parece que vamos a terminar con algún dictamen que despeje un poco, apoye las cosas que se pueden apoyar y no las que no se pueden apoyar.
-¿La delegación de poderes al Ejecutivo?
-Ese es el tema central. Delegación puede haber como hubo en otros gobiernos, acotada a lo económico, emergencia financiera, fiscal. Pero no todo lo que piden. Un año. Con prórroga.
-Pero ese es el problema: ¿entregar y delegar y disolver facultades que son del Congreso por un año?
-No. Hablo de una delegación muy limitada en esos términos, y limitada además a los contenidos que la ley tiene. No le podés delegar para que haga lo que quiere con las privatizaciones, por ejemplo. Lo que nosotros decimos es: cada privatización tiene que venir acá y el Congreso es el que tiene que resolver cada empresa, cada pliego, cada cosa. No le vamos a dar facultades para eso. Por eso digo, las facultades son limitadas en la materia y en el tiempo. Las que tuvieron antes todos los Presidentes: facultades delegadas, acotadas.
-Pero el gobierno reclama todo, y presiona por todo.
-Eso no se les va a dar. Lo que ellos piden no se les va a dar. Van a tener delegaciones como tuvieron todos los gobiernos, acotadas en la materia, en el tema y en el tiempo. Esa acotación es económica, financiera y fiscal.
-Pero allí ya entregan gran parte de facultades al gobierno.
-No. No: yo me refiero solo al artículo que habla de la emergencia. Después tenés que ir en todos los artículos que tiene facultades delegadas específicas: en eso se va a acotar lo que se les va a dar. Por ejemplo privatizaciones: no hay una facultad indiscriminada para que haga todo. Todas las otras facultades van a estar limitadas.
-Entiendo el argumento, pero es un Ejecutivo y un Presidente que declara públicamente que ustedes, al poner límites, son coimeros, idiotas útiles…
-Mirá: de este gobierno me preocupa todo. Ahora me voy porque quiero escuchar las exposiciones…
Tesis sobre lo razonable
Otra integrante del bloque HCF es Paula Oliveto, de la Coalición Cívica/ARI. Iba rumbo a una reunión, pero aceptó hacer una parada de pasillo legislativo.
-¿Qué va a pasar con este proyecto? ¿Le van a dar la delegación de poderes a Milei?
-Hay que dividir las cosas. Una es la herramienta que necesita un gobierno para hacer frente a una crisis económica que es seria, es cierta, y que está afectando a muchos argentinos. Pero nosotros no estamos de acuerdo con las delegaciones de facultades. Es una práctica que viene hace mucho tiempo. De hecho Alberto Fernández tuvo nueve delegaciones y nosotros votamos en contra. En la Constitución existe la posibilidad de delegar, por ejemplo ante una crisis, y tiene que ser acotada en la cuestión económica y tienen que tener base y por un tiempo razonable. Que no es lo que tiene este proyecto.
¿Qué sería lo razonable?
-No es razonable que un Parlamento le ceda al Poder Ejecutivo una delegación de competencias propias por el máximo del tiempo que tiene el gobierno, que son cuatro años.
-¿Pero uno o dos años, no es lo mismo desde el punto de vista de la magnitud de lo que se quiere hacer? Estarían licuando al Congreso.
-Yo no estoy a favor de eso. Hay gente que propone que sea por un año y que la prórroga la disponga el propio Congreso. Yo, así como está, no. Si hicieran otra redacción que hable de una delegación con base determinada en materia económica exclusivamente, y con base definida, lo pensaría, pero no es lo que está mandando. Ni creo que lo hagan.
-¿Y el bloque qué va a hacer?
-Todavía no lo discutimos. Están modificando cosas a cada momento, así que hay que saber cuál es el proyecto definitivo. Igual te digo: me parece bastante cínico que los que acompañaron las delegaciones a Alberto Fernández ahora se hagan los ofendidos y los republicanos. Es exactamente igual. El capítulo de jubilados es una copia del texto del anterior gobierno que aprobó todo el kirchnerismo. Yo no lo aprobé. Trato de ser coherente. Ojalá otros diputados también. Y el resto de cosas de este proyecto, como las modificaciones al Código Civil, al Código Penal y tantas más, no hablan de una emergencia. Perfectamente pueden tratarse en marzo, escuchando a todos los sectores.
Biología partidaria
Una definición política inesperada fue brindada a lavaca por el biólogo molecular, profesor emérito de la UBA, investigador del Conicet y autor de más de 140 trabajos internacionales, Alberto Kornblihtt.

El científico Alberto Kornblihtt durante su intervención.
-¿Qué cree que pasará con este proyecto?
-Dependerá de los diputados radicales, si traicionando su historia de movimiento popular y democrático le llegan a dar los votos a este gobierno que quiere erigirse como dictadura a través de decretos y leyes perversas para cambiar a la sociedad y al país, retrocediendo decenas de años. Entonces mi expectativa es que estos diputados radicales y por supuesto los de UxP sean conscientes del peligro que tendría avalar las medidas de este gobierno.
-Usted está focalizando en la delegación de poderes.
-En todo. Todo esto, así como está hecho, hay que rechazarlo: el DNU por completo y la Ley Òmnibus por completa.
En su intervención de siete minutos Kornblihtt planteó:
“Los científicos estamos preocupados desde que el entonces futuro presidente Milei dijera por TV que cerraría el Conicet porque los científicos no producimos nada. Estamos preocupados por medidas que consideramos una condena de muerte a las capacidades nacionales que son fundamentales para las posibilidades de desarrollo futuro. Me refiero a la derogación de la Ley de Tierras, la modificación de la Ley de Glaciares, de la Ley de Bosques Nativos, la Ley de Protección Ambiental, todas para dar ventajas al capital privado en detrimento de la preservación del ambiente y los recursos naturales”.
Distracciones
“La verdad e es que lo veo complicado –dice el diputado riojano Ricardo Herrera (del bloque UxP)–. Complicado porque te hacen maniobras distractivas de parte del oficialismo para que estemos discutiendo, con alguna maniobra dilatoria, y mientras consigan el número de votos que les falta y traten de imponerlo”.

El diputado riojano Ricardo Herrera.
Plantea Herrera: “Han producido una megadevaluación a minutos de haber asumido. El brutal ajuste ha pasado por ahí. Y después de haber asumido te sacan un DNU, te sacan una Ley Ómnibus, pero con el DNU vigente más allá de los intentos de algunos gobernadores, de algunas sindicatos y organizaciones de haberlo querido frenar en la justicia. La Corte dijo: ‘Mire muchacho, que lo resuelva la política y después volvemos nosotros en febrero’. Y así ha sido con todo, mientras discutimos un número mágico que nos permita llegar al recinto”.
¿El bloque es homogéneo en el rechazo?
-Sí, pero con 102 no alcanza, tenemos que ser más, tanto para rechazar la ley como el DNU. Porque esto es un enorme ajuste que no lo paga la casta, salvo que la casta sean los jubilados, los asalariados, los consumidores. Acá pagan los de siempre, y ganan también los de siempre.
¿Cómo puede evolucionar esto?
-Nosotros apelamos a la racionalidad de muchos legisladores provinciales que van a tener sus economías seriamente afectadas, y de la Unión Cívica Radical. Yo no sé si alguno de esos diputados va a querer volver a su casa sin haber hecho nada por la Movilidad Jubilatoria o el Fondo de Garantía de sustentabilidad que les daba a los jubilados cierta tranquilidad para cobrar, y hoy van a quedar a merced del Poder Ejecutivo si esto se aprueba. Y así con muchos temas del país que tenemos que discutir. No me hubiera disgustado que por cada tema mandaran un proyecto de ley. Sobre jubilaciones, sobre tema electoral, retenciones, pymes. Eso permitiría discutir y hacer las cosas como corresponde y no como ahora, que en términos de producción y de cultura notamos que hay un ataque deliberado a determinados sectores.
El gobierno argumenta que tiene el aval de los votos…
El 23 de octubre de 2023 el 70% le dijo que no a Milei. Y luego en el balotaje ganó porque no había otra opción para muchos votantes. Pero eso no le da patente alguna. Los votos también son de quienes entraron al parlamento con un 70% que no lo votó a Milei”.
Herrera señala otro indicio: “A minutos de haber salido Milei por cadena nacional, la gente empezó con las cacerolas, salió a la calle espontáneamente, y no fue a Plaza de Mayo ni al Obelisco: vinieron a tocarnos las puertas a nosotros. No fue decirnos ‘que se vayan todos’. Al revés: fue decir que frene a este ajuste: necesitan al Congreso. Esperan algo frente al avasallamiento del Presidente de la Nación”.
Por último señala. “Espero que en muchos diputados prime la racionalidad. He hablado con muchos, y están muy molestos porque el Presidente ha sido descortés, ¿no? Y esto me lo decían colegas de otros partidos: no podemos ser sujetos de extorsión. Que nos digan que si el dólar aumenta o hay inflación, es culpa nuestra. Bueno, en ese sentido está todo abierto todavía. Hay que ver qué pasa en los próximos días”.
La demagogia y la destrucción
Las intervenciones en el plenario de esta jornada fueron sobre temas farmacéuticos, ambientales, de consumidores, movimientos sociales, científicos, sindicales (Héctor Daer de la CGT y Hugo Cachorro Godoy de la CTA Autónoma), de pequeñas y medianas empresas, de productores de biodiesel y decenas más, hubo un tiempo para la edición de libros (con Alejandro Katz) y para el cine, con Santiago Mitre y la productora Vanessa Ragone, Presidenta de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica.

Santiago Mitre y Vanessa Ragone: el cine que no pide plata, sino que no destruyan su autofinanciación.
La intervención de Mitre es un buen parámetro de las arbitrariedades del proyecto de Ley, de su falta de criterio, y de la incapacidad o falta de interés en comprender justamente las realidades positivas para el país, en favor de lo que Mitre llama “demagogia” y “destrucción”.
Este es el texto completo, para cuando alguien decida, en no se sabe qué futuro, filmar una película que tal vez se llame Argentina, 2024.
Mi nombre es Santiago Mitre, soy guionista y director de Argentina, 1985, que hace casi un año hoy, fue ganadora del premio Golden Globe a la mejor película internacional, y también estuvo nominada al premio Oscar, en la misma categoría. Digo esto para señalar que durante todo el recorrido que implicó promocionar esta película pude ver la admiración que genera nuestra cinematografía – y agrego – nuestro país en el mundo. Es –y no voy a ser modesto– una de las cinematografías más respetadas del mundo.
Todos aquí admiramos a Ricardo Darín, pero no sé si todos saben que Ricardo Darín es admirado en todo el mundo. ¿Existirían las películas de Darín, Morán, Suar, Roth, De la Serna entre tantos otros… si no hubiese existido una Ley de Cine que propulsó y sostuvo una cinematografía a lo largo del tiempo? No.
Esto que viví yo el año pasado, seguramente lo vivió Damián Szifrón, con su película Relatos Salvajes que fue un éxito nacional e internacional enorme, con público y premios por todos lados; y algunos años antes, Juan José Campanella con El Secreto de sus ojos ganando el Oscar –cuya admirable productora Vanessa Ragone esta acá conmigo. O La historia oficial, o Camila de María Luisa Bemberg un poco antes también, y hay más.
No sé si lo sabían, pero Argentina es el país que más nominaciones al Oscar tiene en la región. ¿Por qué sucede eso? Porque hay una Ley de Cine que sostiene y fomenta la existencia de un cine argentino. Las películas argentinas se exportan a todo el mundo. Son reconocidas en todo el mundo. Generan divisas, trabajo de calidad y valor agregado. Le dan visibilidad a nuestro país. Generan admiración. ¿Por qué queremos destruir eso? ¿Para qué? Y no solo las grandes películas con grandes estrellas, sino un sinfín de películas pequeñas, hechas con presupuestos muy acotados, que sostienen ese prestigio. Este año, sin ir más lejos, la película Trenque Lauquen, dirigida por Laura Citarella, fue elegida como la mejor película del mundo de 2023 por la más prestigiosa revista de cine de Francia. Podría seguir enumerando casos. Hay muchos. Muchísimos.
Los últimos 30 años han sido fuera de cualquier duda los mejores del Cine Argentino en toda su historia: la primera vez en que el Cine Argentino ocupó un lugar importante y sostenido a nivel internacional. Y eso es indisociable de una política de producción cuyo eje fue un organismo autárquico –ajeno a los caprichos del poder político de turno– y cuyo presupuesto (pese a las insistentes falsedades que se dicen) no está relacionado con el presupuesto nacional. Se autoabastece.
El cine no pide plata: pide que se mantenga la ley que le permite seguir autofinanciándose. La pérdida de esa autarquía (implícita en la inminente intervención) augura un horizonte de menor diversidad, menor calidad, en el cual se vislumbra no un intento de resolver nada sino un gesto demagógico y destructivo. Volverá a la industria del cine en susceptible de convertirse en una herramienta más de los caprichos de la contingencia política. Y mucho más importante, aleja cualquier posibilidad de que efectivamente se realicen las reformas que sí son necesarias. Nada es más perjudicial para el espíritu de cambio que un reformismo apresurado e irreflexivo.
En un momento en que los contenidos cinematográficos son cada vez más demandados gracias a los cambios tecnológicos, en el que Argentina tiene técnicos de altísima calidad y productores que pueden producir y liderar contenidos de gran proyección internacional, no es momento de retroceder y destruir lo obtenido. Sí es momento de pensar cambios: y esos cambios deben ser pensados con responsabilidad, análisis, pensando en lo que el cine puede aportarle al resto de las industrias, a las provincias, y sobre todo a la imagen de nuestro país. Puedo asegurarles que es MUCHO. Seamos responsables. Gracias”.
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Represión contra jubilados: La debilidad de la fuerza

El Gobierno exhibió este miércoles un nuevo signo de debilidad al reprimir otra pacífica marcha de jubiladas y jubilados. Hubo cuatro personas detenidas, 35 heridas y dos debieron ser hospitalizadas. (En la imagen de portada se ve una de las dos detenciones que sufrió el cura Paco Olveira). La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra
A una semana de la sesión en el Senado que discutirá la aprobación de la reforma laboral, la violencia desplegada contra personas mayores, con discapacidad y trabajadores y trabajadoras de prensa se entendió como el despliegue de un show destinado a disuadir una protesta cuyos alcances no prevé.

Foto: lavaca.org
De lo contrario, no puede entenderse el absurdo de cómo el sacerdote Paco Olveira fue detenido dos veces.
O la forma en la que se llevaron en un camión del Servicio Penitenciario Federal a Miguel Ángel, un jubilado con problemas en el corazón.
O la manera en la que dos oficiales federales se llevaban a Fernando Quintero, un jubilado con muletas, al que soltaron porque empezó a convulsionar.
La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra quienes se manifestaban puede ser leída como un síntoma de la fuerza y lo genuino del reclamo.
El temor estatal al registro de esos hechos también llevó a las fuerzas a pegar y gasear a periodistas y fotógrafxs que, durante la mañana, se habían movilizado al Senado para hacer una conferencia como acción en contra de la derogación del Estatuto del Periodista.
Luego de la escenificación de la violencia, la marcha se hizo como cada miércoles, y algunos siguieron para acompañar el cabildo realizado en el Hospital Garrahan en contra del despido y persecución a las y los profesionales que lucharon por la mejora de sus condiciones laborales. Como cada jornada, también cantaron contra la CGT («a dónde está que no se ve»), cuyo Consejo Directivo se reunirá este viernes para definir si realizará alguna acción de cara al miércoles que viene.

Foto: lavaca.org
Los datos de la violencia
La Comisión por la Memoria informó que cuatro personas fueron detenidas, más de 35 resultaron heridas y dos debieron ser hospitalizadas. Los principales párrafos del informe:
“Jubilados, personas con discapacidad y manifestantes fueron víctimas de un desproporcionado dispositivo de seguridad que contó con la presencia de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Policía de detención y motorizada de la Ciudad de Buenos Aires (GAM)”.
“La Policía Federal acorraló a los manifestantes en la esquina de Callao y Rivadavia y con empujones, golpes con escudos y gas pimienta, logró desalojarlos hacia el centro de la plaza. Posteriormente, la Policía Federal armó sucesivos cordones policiales que fueron apostados sobre Av. Rivadavia hasta Avenida de Mayo y San José, donde además ubicaron un camión hidrante, que evitaba totalmente el paso de personas hacia la zona de Congreso o 9 de Julio”.
“Cuatro personas resultaron detenidas: Miguel Ángel Caly, Ivo Enríquez, Francisco “Paco” Olveira y Fidel Tomas Bravo. Más de 35 personas resultaron golpeadas o heridas por gas pimienta, padeciendo irritación en los ojos y la piel; dos de ellas tuvieron que ser hospitalizadas por crisis convulsivas, previamente atendidas por CEPA y el equipo de monitoreo de la CPM”.

Foto: lavaca.org
“En nuestra calidad de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura monitoreamos el despliegue de las fuerzas represivas y junto al @argentinacepa asistimos a las víctimas de la represión. Esta tarea de control forma parte de las actividades desarrolladas con el @cnpt_argentina y el @mlptcaba”.
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El Garrahan movilizado frente a las amenazas oficiales: «¿qué miedo vamos a tener?»

El gobierno amenazó con nuevos despidos en el Garrahan, que el año pasado había conseguido una histórica actualización salarial del 61%. La explicación de la situación, lo que dicen las madres de los niños internados, la importación de material de descarte como si fuese una gran noticia. Las acciones, el cabildo abierto, y cómo se organiza la posibilidad de poner límites frente a los atropellos.
Por Francisco Pandolfi
El Jefe de Gabinete del gobierno nacional –y también vocero–, Manuel Adorni, lanzó este martes un tweet como nueva avanzada contra el Hospital Garrahan. Amenazó con el despido de 10 trabajadores y sancionar a otros 29, muchos de los cuales estuvieron al frente de los reclamos en 2025.
En las peleas de ayer, se sustenta la amenaza de hoy: el año pasado los trabajadores lograron un aumento salarial –histórico, inusual– del 61% en el salario básico luego de meses de protestas, asambleas y 32 huelgas.
Como respuesta al (nuevo) amedrentamiento protagonizado por Adorni se convocó a una conferencia de prensa para este miércoles al mediodía: “Nos castigan por defender al Hospital”, denunciaron en la explanada del Garrahan, símbolo de la salud pública argentina: se atienden anualmente más de 660.000 niños de todo el país, se realizan 12.000 cirugías complejas y se trata el 40% de los casos de cáncer infantil.
El sumario
En la conferencia, distintos delegados se pasan el micrófono, la palabra, las ideas, y la bronca.
Alejandro Lipcovich, administrativo y representante de ATE. Dice que el ataque es 100% político y decidido por la Casa Rosada. Y dice también que las autoridades del hospital son meros apéndices, “chirolitas” (por el antiguo muñeco de un ventrílocuo) de este poder de turno.

¿El origen del ensañamiento?: “Pocos días después de conseguir el aumento salarial se inició el proceso sumarial, que institucionalmente se supone es interno, que debe seguir una serie de pasos, que todavía no concluyó porque las personas acusadas de hechos ridículos ni siquiera habíamos sido notificadas”.
Los hechos ridículos: “Fuimos a protestar frente a la Dirección por algo tan elemental como nuestro derecho a huelga y que no nos descuenten el salario por ejercer un derecho constitucional. Atacan a los sindicatos y a los compañeros que estuvimos al frente porque el vaciamiento no cesa en el hospital, desamparando los tratamientos de los niños”.
Norma Lezana, nutricionista y Secretaria General de la Asociación de Profesionales y Técnicos, hace 39 años trabaja acá: “Fuimos a la Dirección para pedir una mesa de diálogo, que alguien nos escuche; eso exigimos el 31 de octubre tras un año y cuatro meses sin respuesta. Lo que respondieron fue descontarle, a sueldos de un millón de pesos, hasta 600 mil. ¿Por qué? Por luchar ante una dirección sorda”.
¿Qué miedo vamos a tener?
Además de a Adorni, se apunta a Milei –Javier, presidente–. A Lugones –Mario, ministro de Salud–. A Pirozzo –Mariano, el interventor–. “Nosotros estamos en un proceso sumarial y el informe lo hace la sumariante Fernanda Marino, que depende del Consejo de Administración y del Poder Ejecutivo. Es escandalosa y grave esta terrible intervención del gobierno y el tweet de Adorni refleja que el proceso sumarial está totalmente viciado”, denuncia Lezana.
Agrega lo actual: “Presentamos un amparo sindical sobre el cual la justicia no se expidió, pero el Poder Ejecutivo ya determina que estamos cesanteados y deberían sacarnos los fueros, entonces no tenemos ninguna garantía. Nosotros todavía ni pudimos ejercer nuestro derecho a la defensa. Es pura arbitrariedad”.

Sentencia: “Lo que quieren hacer es privatizar nuestro hospital. Pirozzo viene acá a hacer su trabajo, lo mismo que hizo al despedir a más de 200 trabajadores del Bonaparte y más de 100 en el Sommer”.
Bárbara Acevedo es enfermera focalizada en la adolescencia. Lleva en la mano un cartel: “Abajo los sumarios, arriba el Garrahan”.
Dice: “Qué miedo vamos a tener contra las sanciones si sostenemos el hospital junto a las madres que todos los días enfrentan la enfermedad y la muerte de sus hijos; qué miedo vamos a tener si sostenemos esta realidad sobre nuestros hombros”.
Una de esas madres está acá y se llama Florencia, es de Tierra del Fuego y es la mamá de Simón. Simón está internado desde hace varios meses, tiene leucemia y acaba de recibir un trasplante de médula. Florencia dice, entre lágrimas: “Gracias a estos profesionales Simón está vivo, ellos le salvaron la vida en un momento en que el hospital se está quedando sin médicos, enfermeros, farmacéuticos”.
Importando lo que no funciona
Una de las enfermeras que conoce a Simón es Mercedes “Meche” Méndez, enfermera de Cuidados Paliativos del Garrahan. Pone el foco en otro tweet de Adorni, publicado este lunes: “A partir de ahora, las clínicas y hospitales de todo el país podrán importar equipamiento médico usado. Menos costos y burocracia, más calidad al servicio de la salud de los argentinos. Fin”.
Meche dice a lavaca: “Es aberrante, criminal y ya lo vivimos en los noventa. Te mandan lo que en otros países del supuesto primer mundo está en desuso y no funciona bien. Implica una falta de seguridad absoluta, tanto para el profesional como para el paciente. No es una mejor calidad en la salud, al contrario. Nosotros debemos aspirar a un hospital con los mejores equipos, no el descarte. Esto es muy peligroso”.
Por la tarde, las y los trabajadores hicieron un cabildo abierto junto a distintas organizaciones para compartir distintas miradas sobre la reforma laboral que el gobierno aspira a que se apruebe en el Congreso.
Definieron hacer una asamblea interna el lunes y ahí determinar los pasos a seguir. Explica Norma Lezana: “No estamos cesanteados, ni suspendidos. Acá estamos, fuertes, en la lucha y en alerta. Ayer temblé cuando recibí la notificación y hoy, con esta convocatoria masiva, tengo la certeza de que acá hay valentía para pelear y seguir defendiendo el hospital”.

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La lección de la historia: por qué y para qué un Estatuto del Periodista

Periodistas de distintos medios de comunicación de todo el país convocaron para mañana a las 10 una conferencia de prensa en el Congreso de la Nación en defensa de la herramienta legal que protege el oficio periodístico y busca ser derogado con la reforma laboral del Gobierno. Esta nota cuenta cómo se lo logró construir este instrumento para resguardar no sólo el trabajo sino también la calidad y la diversidad de la información.
Por Claudia Acuña
La primera vez que los periodistas argentinos decidieron tener un día en el calendario tuvo una clara intención: señalar un parto. Lo que así nacía era una visión del rol político y social de la comunicación y sus actores, que hoy conviene recordar porque las circunstancias se repiten burdamente. Por entonces, lo que aquellos periodistas pretendían era un marco legal acorde con las transformaciones que habían convertido la producción de la noticia es un negocio monumental e impune, amparado en protecciones y prebendas que se justificaban con el escudo de la libertad de expresión. Aquellos periodistas se hicieron entonces una pregunta clave: ¿son las empresas las que garantizan ese derecho social? ¿O se amparan en él para defender sus privilegios? Para responder este dilema, el Círculo de la Prensa de Córdoba organizó un Congreso Nacional de Periodistas que se llevó a cabo en la capital mediterránea el 25 de mayo de 1938. La invitación tenía objetivos concretos: evitar “las formulaciones líricas” y obtener “resultados prácticos”. El trabajo de los delegados dio como resultado el borrador del Estatuto del Periodista –que lograron imponer seis años después- y la consagración del 7 de junio como la fecha marcada en el calendario para pensar qué representa “la libertad de pensamiento”, tal como definió uno de los principales impulsores del encuentro, el periodista Octavio Palazzolo. Las dos cosas fueron resultado del cambio de paradigma con el que aquel Congreso enfrentó la cuestión: el Estado garantiza la libertad de expresión cuando protege la labor de los periodistas y no a las empresas.
El cambio que representa esta mirada es producto de dos cuestiones centrales: una definición clara sobre la identidad del periodista profesional y una coyuntura histórica tan excepcional como la de hoy.
Por eso mismo, conviene recordarla.
Ser o no ser
En Rosario y en 2007 fue publicado el libro Prensa y peronismo[1] que dedica su primer capítulo a recordar esta historia. Su autor es James Cane. Se trata de una investigación sobre el contexto, sanción y consecuencia del Estatuto del Periodista, a quien Palazzolo –uno de sus principales redactores- presentó entonces con una frase que no pierde vigencia: “Ha resultado superior a la conciencia gremial, y hasta me atrevería a decirlo, al término medio de la mentalidad de los hombres que constituyen nuestro gremio”.
¿Por qué un Estatuto que fija las condiciones laborales de los periodistas profesionales tuvo y tiene una importancia estratégica en el análisis de la historia política de los medios de comunicación comerciales en la Argentina? En principio, tal como recuerda Cane en su capítulo, porque fue resultado de un proceso de transformación de la producción de la noticia, en particular y del periodismo mismo, en general. Una síntesis gruesa:
- Hasta comienzos del siglo XX, el periodismo argentino mantenía las características que le dieron origen: una forma de expresión de ideas de sectores sociales que intentaban, por medio de la prensa, defenderlas, difundirlas e imponerlas. Medio y periodistas estaban unidos en esas tareas. Los periodistas se consideraban a sí mismos y eran considerados por los demás como intelectuales cuyo único interés era el triunfo de sus ideas.
- En 1910 comienza otra historia: la del espectacular desarrollo de la prensa escrita. Señala Cane: “Esta transformación había convertido a la capital argentina en el mercado periodístico más grande de América Latina. A mediados de la Década Infame, cinco medios impresos –Crítica, Noticias Gráficas, La Prensa, La Nación y El Mundo– mantenían una circulación que superaba con exceso los 2 millones de ejemplares diarios. Hasta un diario de baja circulación para el contexto porteño, como el socialista La Vanguardia, equiparaba su tiraje con el de los diarios comerciales más vendidos en Chile y en Colombia”.
- Esta transformación alcanzó, por supuesto, a las relaciones de producción. Semejante crecimiento no podía sostenerse con camaradas de ideas y amigos de la causa.
- El periodismo se transformó en industria, pero sin reconocerlo. “Los dueños de los diarios insistían, en forma unánime, en que el carácter económico de un periódico seguía siendo accesorio a la función normativa de la prensa como vehículo de la opinión pública fiscalizadora de los actos del Estado. Hasta en las páginas de Crítica, un órgano que tanto hacía para cambiar las características de estos medios, se negaba que el diario fuera una entidad comercial. Esto era sostenido como una posición de principios, pero también como una forma de desmentir que la relación diario-lector estuviera basada en un intercambio mercantil antes que en una relación de afinidad espiritual”, apunta Cane.
- La diferencia entre ser y no ser una empresa comercial no era un mera cuestión filosófica, sino fundamentalmente legal. La actividad entera quedaba amparada por la Constitución, pero fuera de cualquier otra ley y sus trabajadores, sin derechos.
- Los trabajadores de la industria periodística comenzaron a exigirlos, acompañando la tendencia a la sindicalización que caracterizó esa etapa del país. Los gráficos y canillitas fundaron sus sindicatos. No así los periodistas, que no aceptaban reconocerse en un espejo proletario. En palabras de Palazzolo: “Por un lado estaban los que hinchados de una enorme vanidad seguían alimentando la leyenda del periodista […] quijotesco, heroico, que sólo vivía para difundir ideas; por otra parte estábamos los que habíamos superado ese magnífico pretexto, destinado a pagar sueldos de hambre, a enriquecer a las empresas o a solventar los lujos de algún director-propietario”.
- La innovación jurídica más temida vino sorpresivamente desde el Poder Judicial. Dos jueces federales dictaminaron a favor de los periodistas Manuel Sofovich y Oscar di Leo en las demandas por despido sin indemnización que habían entablado contra los dueños de Noticias Gráficas y La Prensa, respectivamente. El juez Eduardo Broquén fue particularmente claro en su rechazo de los argumentos de los abogados de La Prensa, quienes habían declarado que su cliente no podía ser clasificado como “comerciante” precisamente porque el diario del que era propietario se ocupaba exclusivamente de la difusión de noticias. Al contrario, para el juez, se trataba de “un establecimiento eminentemente mercantil” y los periodistas, por lo tanto, debían legalmente considerarse como trabajadores cuyos derechos estaban protegidos. Conviene aclarar que en esa época el diario La Prensa contaba con 1.698 empleados “invisibilizados” por la magia del argumento de la excepción, hijo ilegítimo de la libertad de expresión.
- “Esta situación de ambigüedad y conflicto daba nueva urgencia a dos cuestiones: ¿los periodistas eran realmente trabajadores? La necesidad de respuestas llegó a ser aún más perentoria luego de una serie de contradictorias decisiones judiciales frente a las demandas de los periodistas de la ciudad de Córdoba”, consigna Cane en su investigación. Ese fue el contexto que dio origen al Congreso Nacional.
- El 24 de mayo de 1938 –día anterior a la reunión– el Círculo de la Prensa cordobés dio un comunicado donde se buscó dejar en claro que el propósito de los delegados era, nada menos, que rearticular las concepciones hasta el momento dominantes sobre el significado de la profesión. «Sin razón que lo justifique”, declaraban los periodistas cordobeses, “se habla todavía de la ‘bella bohemia periodística’”, una noción que no hace otra cosa que inferir “un agravio a los más respetables trabajadores intelectuales con que cuenta la sociedad” en una negación anacrónica de las transformaciones que habían creado la prensa industrial moderna. El Congreso Nacional de Periodistas, en cambio, “rompe con estos conceptos novecentistas […] para colocar al gremio en primer plano, resuelto a ganar […] las garantías morales y materiales que considera justas para hacer posible su convivencia dentro del núcleo social”.
Así se proclamó el Día del Periodista y se redactó el Estatuto profesional. Cómo se logró que se convierta en ley es otra historia que también se parece a la de hoy.
La diferencia entre medios y opinión pública
Dice Cane en su capítulo:
“Además de reconocer que los periodistas eran trabajadores de empresas comerciales, el borrador del estatuto también introducía una modificación importantísima en una idea clave para la concepción decimonónica de los derechos de prensa, que a su vez servía de base para la jurisprudencia federal. Esto es, que el Estado necesariamente encarnaba la amenaza principal para el buen funcionamiento de los medios impresos de difusión”. El encargado de exponer este argumento fue el periodista Ernesto Barabraham, quien firmaba como Ernesto Maury en el diario La voz del interior. Su razonamiento fue el siguiente: “dada la complejidad de la división de trabajo en la prensa moderna, las relaciones entre periodistas y propietarios habían dejado de ser puramente privadas para convertirse en una cuestión pública. En las disputas cada vez más notorias entre periodistas individuales y propietarios de grandes diarios, sólo el Estado tiene la capacidad de ejercer una mediación y defender a los primeros, que son, al fin de cuentas, los que producen el contenido público de los diarios”. Los delegados no sólo aprobaron el borrador del proyecto presentado por Barabraham, sino que también establecieron la Federación Argentina de Periodistas (FAP), una confederación de las organizaciones de periodistas de todo el país que tendría por misión inmediata lograr la aprobación del proyecto por parte del Congreso nacional.
Pero la situación política de entonces estaba lejos de mostrar la cara de un Estado benefactor. “Si el autoritarismo del presidente Castillo hacía que el Estado pareciera cada vez más amenazador para los intereses de periodistas y propietarios, el Gobierno surgido del golpe militar de junio 1943 estuvo aún más dispuesto a usar la represión como elemento fundamental de sus relaciones con la prensa. El intento del régimen, encabezado por el general Ramírez, de crear un ambiente en el que la prensa quedara esencialmente silenciada, culminó con el decreto 18407, en el que el Gobierno dictó medidas estrictas de censura sistemática y –lo más novedoso– de carácter permanente”, sintetiza Cane.
¿Cómo un decreto de censura permanente fue derogado por otro que consagraba el Estatuto del Periodista Profesional? La respuesta tiene nombre y apellido: Juan Domingo Perón. El joven coronel que, desde el Departamento Nacional del Trabajo, venía gestando un intento de acercamiento a la prensa. El clásico razonamieto peronista de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos abrió la puerta a los periodistas delegados que presentaron el proyecto gestado en aquel Congreso de seis años atrás. “Las razones de la temprana inclusión de los periodistas en esta primera ola de reformas laborales no son difíciles de imaginar. Los periodistas ocupaban una posición clave en la producción y circulación de dos ‘mercancías’ fundamentales para la elaboración de cualquier proyecto político: información e ideología. Así, donde el régimen militar torpemente intentaba pacificar a la prensa a través de una censura férrea y no lograba mucho más que unificar a lectores, periodistas y propietarios en contra de la medida, el reemplazo del decreto 18407 por el Estatuto del Periodista significaba un cambio fundamental en la relación entre las autoridades y los medios de comunicación. Perón, en efecto, buscaba usar las divisiones de clase dentro de las redacciones no sólo para fracturar internamente a cada diario opositor, sino también para ganar la simpatía activa de los productores directos de buena parte de la información y la ideología que vastos sectores del público argentino consumían en forma cotidiana. En lugar de silenciar a la prensa, el Estatuto formaba una parte importante del intento más ambicioso de tener mayor influencia sobre la articulación de la llamada opinión pública”.
Las lecciones de ayer
“Considerar este decreto como una simple jugada por parte de Perón y las autoridades militares para ‘cautivar a los trabajadores de la prensa’ (Sirvén, 1984: 24) deja de lado el rol fundamental y consciente que los propios periodistas desempeñaron en la evolución de las relaciones entre el Estado y los medios impresos” senala Cane.
Se podría inferir algo similar de la tarea que desarrollaron quienes se encargaron de elaborar los 21 puntos para una radiodifusión democrática que sentaron la base legal y social de la Ley de Servicios Audivisuales. Fueron 300 organizaciones sociales que en 2004 redactaron un documento que se convirtió en una herramienta de acción y presión. Y que cuando fueron llamados por los enemigos de sus enemigos, ya sabían qué pedir y cómo.
La casualidad o la historia coloca aquel borrador del Estatuto y ese documento de los 21 puntos a una misma distancia: seis años tardaron en convertirse en ley. Los dos fueron, también, el resultado de un profundo replanteo sobre el rol del periodismo, el Estado y las empresas. Que el de ayer lo pudieran hacer los periodistas de las grandes empresas y el de hoy, los que trabajan en la comunicación social nos indica cuál es hoy la trinchera desde donde se defiende aquello que Octavio Palazzolo nos señaló hace casi 88 años cuando marcó una fecha en el calendario.
La de hoy, cuando nos toca defender ese legado.

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