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La ley Ómnibus de Milei en el Congreso: ¿de qué lado están?

Se escuchan discursos apurados y apretados en siete minutos, leídos por invitados de la llamada sociedad civil, mientras legisladoras y legisladores observan sus celulares, se miran entre ellos, conversan en algún rincón, salen apresuradamente rumbo a lo desconocido, o entran con gesto perplejo a la sala Anexo C de la Cámara de Diputados, donde se cocina parte del futuro que tendrá la autodenominada Ley Ómnibus enviada por el Presidente Javier Milei. Por su tamaño, el proyecto representa una reforma constitucional de facto y a sola firma, y por las presiones del gobierno, busca un tratamiento exprés que sería el más vertiginoso de la historia legislativa de acuerdo al volumen y profundidad institucional de lo que se quiere cambiar, destruir y/o rediseñar. Qué dicen y qué callan los integrantes del plenario de las tres comisiones que tienen que producir el dictamen. Y una joyita: el texto completo de la intervención del director Santiago Mitre.
Texto: Sergio Ciancaglini
Los diputados y diputadas se ubican en largas mesas con tazas de té y café, interesantes medialunas y luego, sándwiches de miga. Hay termos, mates y una calma espesa mientras la gente habla acelerada y a veces desesperadamente, describiendo imágenes de un país en situación de derrumbe por lo que ha venido pasando, y sobre todo, por lo que parece avecinarse. Es posible que con el correr de los días haya números más precisos, pero la proporción entre quienes cuestionaron la Ley y quienes la apoyaron fue de entre 5 y 10 a 1. Nadie es muy entusiasta con respecto a que eso signifique algo al final de esta historia.

El clima dentro del Anexo C es de una silenciosa confusión. La confusión es una estrategia de control, un estilo de comunicación metódicamente aplicado por el actual gobierno. La confusión –y su deriva en incertidumbre– es a la vez un estado de ánimo, mientras desde fuera de este Anexo C ocurre la presión destinada a garantizar votos para este proyecto oficialista, en modo express: el Presidente Milei viaja a Davos, Suiza, a hablar con los supuestos dueños del mundo y, tras su promocionado asado a la romana en Olivos, dejó la orden de cabotaje: acelerar la aprobación del dictamen de comisiones, que la Ley vaya al recinto de la Cámara y que se la trate antes incluso del 24 de enero, fecha prevista para el paro de la CGT. Al cierre de esta nota, faltan 8 días.
Lo que hagan o lo que dejen de hacer los diputados puede significar una autodisolución práctica del Congreso. O evitarla. No hay mucho registro de parlamentos suicidas.
El proyecto de “Ley de Bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos” tiene 183 páginas, con demasiados temas cruciales, pero quizás el Capítulo 1 describa lo principal:
“La presente ley contiene delegaciones legislativas al Poder Ejecutivo nacional de emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal, social, previsional, de seguridad, defensa, tarifaria, energética, sanitaria y social, con especificación de las bases que habilitan cada materia comprendida y con vigencia durante el plazo específicamente previsto”.
La delegación de poderes en estas once áreas enumeradas será obedecida por los diputados de La Libertad Avanza (40), y se especula que totalmente rechazada por los de Unión por la Patria y la izquierda (suman 107), con lo cual hay una carrera de obstáculos para ver quién consigue llegar a los 129 votos necesarios para aprobarla, o para rechazarla.
La clave son los votos de quienes no se han definido públicamente. Allí está amasándose lo que vendrá.

La misma bolsa
Un caso es el de la diputada Margarita Stolbizer, en el grupo férreo que elije no salir de la sala. Su partido es GEN, incorporado al bloque Hacemos Coalición Federal, que suma 23 integrantes y captó a 9 provinciales, instalándose en un lugar que puede resultar decisivo (y por ahora indefinido) cuando se vote. Aceptó unos minutos para hablar con lavaca:
-¿A dónde va este debate? ¿Qué es lo que terminará pasando?
-Es tan equivocada la estrategia de pretender que salga todo como está -que es la pretensión que tiene el Poder Ejecutivo-, como la pretensión de no aprobar absolutamente nada. Las dos cosas son equivocadas, hay que encontrar una posición que sea rescatar las cosas que están bien, que pueden ayudar a alguien y, obviamente, eliminar las que no lo están bien. Nuestro planteo es que el proyecto no tiene una priorización de temas. Meten en la misma bolsa cosas que nada tienen que ver, se ganan enemigos, confrontan de gusto, cuando habría que abocarse a ver cómo se resuelve el problema principal de la gente que es la inflación, la pobreza y el empleo.
-Que se agravan cada vez más, y mientras tanto está vigente el DNU…
-Pero el DNU me da la impresión de que corre más riesgo en la justicia que acá. Llegando al final de la feria judicial, en febrero, me parece que ahí es donde no resiste un test de constitucionalidad.
-Retomo entonces: ¿qué pasará con el proyecto ómnibus?
-Acá me parece que vamos a terminar con algún dictamen que despeje un poco, apoye las cosas que se pueden apoyar y no las que no se pueden apoyar.
-¿La delegación de poderes al Ejecutivo?
-Ese es el tema central. Delegación puede haber como hubo en otros gobiernos, acotada a lo económico, emergencia financiera, fiscal. Pero no todo lo que piden. Un año. Con prórroga.
-Pero ese es el problema: ¿entregar y delegar y disolver facultades que son del Congreso por un año?
-No. Hablo de una delegación muy limitada en esos términos, y limitada además a los contenidos que la ley tiene. No le podés delegar para que haga lo que quiere con las privatizaciones, por ejemplo. Lo que nosotros decimos es: cada privatización tiene que venir acá y el Congreso es el que tiene que resolver cada empresa, cada pliego, cada cosa. No le vamos a dar facultades para eso. Por eso digo, las facultades son limitadas en la materia y en el tiempo. Las que tuvieron antes todos los Presidentes: facultades delegadas, acotadas.
-Pero el gobierno reclama todo, y presiona por todo.
-Eso no se les va a dar. Lo que ellos piden no se les va a dar. Van a tener delegaciones como tuvieron todos los gobiernos, acotadas en la materia, en el tema y en el tiempo. Esa acotación es económica, financiera y fiscal.
-Pero allí ya entregan gran parte de facultades al gobierno.
-No. No: yo me refiero solo al artículo que habla de la emergencia. Después tenés que ir en todos los artículos que tiene facultades delegadas específicas: en eso se va a acotar lo que se les va a dar. Por ejemplo privatizaciones: no hay una facultad indiscriminada para que haga todo. Todas las otras facultades van a estar limitadas.
-Entiendo el argumento, pero es un Ejecutivo y un Presidente que declara públicamente que ustedes, al poner límites, son coimeros, idiotas útiles…
-Mirá: de este gobierno me preocupa todo. Ahora me voy porque quiero escuchar las exposiciones…
Tesis sobre lo razonable
Otra integrante del bloque HCF es Paula Oliveto, de la Coalición Cívica/ARI. Iba rumbo a una reunión, pero aceptó hacer una parada de pasillo legislativo.
-¿Qué va a pasar con este proyecto? ¿Le van a dar la delegación de poderes a Milei?
-Hay que dividir las cosas. Una es la herramienta que necesita un gobierno para hacer frente a una crisis económica que es seria, es cierta, y que está afectando a muchos argentinos. Pero nosotros no estamos de acuerdo con las delegaciones de facultades. Es una práctica que viene hace mucho tiempo. De hecho Alberto Fernández tuvo nueve delegaciones y nosotros votamos en contra. En la Constitución existe la posibilidad de delegar, por ejemplo ante una crisis, y tiene que ser acotada en la cuestión económica y tienen que tener base y por un tiempo razonable. Que no es lo que tiene este proyecto.
¿Qué sería lo razonable?
-No es razonable que un Parlamento le ceda al Poder Ejecutivo una delegación de competencias propias por el máximo del tiempo que tiene el gobierno, que son cuatro años.
-¿Pero uno o dos años, no es lo mismo desde el punto de vista de la magnitud de lo que se quiere hacer? Estarían licuando al Congreso.
-Yo no estoy a favor de eso. Hay gente que propone que sea por un año y que la prórroga la disponga el propio Congreso. Yo, así como está, no. Si hicieran otra redacción que hable de una delegación con base determinada en materia económica exclusivamente, y con base definida, lo pensaría, pero no es lo que está mandando. Ni creo que lo hagan.
-¿Y el bloque qué va a hacer?
-Todavía no lo discutimos. Están modificando cosas a cada momento, así que hay que saber cuál es el proyecto definitivo. Igual te digo: me parece bastante cínico que los que acompañaron las delegaciones a Alberto Fernández ahora se hagan los ofendidos y los republicanos. Es exactamente igual. El capítulo de jubilados es una copia del texto del anterior gobierno que aprobó todo el kirchnerismo. Yo no lo aprobé. Trato de ser coherente. Ojalá otros diputados también. Y el resto de cosas de este proyecto, como las modificaciones al Código Civil, al Código Penal y tantas más, no hablan de una emergencia. Perfectamente pueden tratarse en marzo, escuchando a todos los sectores.
Biología partidaria
Una definición política inesperada fue brindada a lavaca por el biólogo molecular, profesor emérito de la UBA, investigador del Conicet y autor de más de 140 trabajos internacionales, Alberto Kornblihtt.

El científico Alberto Kornblihtt durante su intervención.
-¿Qué cree que pasará con este proyecto?
-Dependerá de los diputados radicales, si traicionando su historia de movimiento popular y democrático le llegan a dar los votos a este gobierno que quiere erigirse como dictadura a través de decretos y leyes perversas para cambiar a la sociedad y al país, retrocediendo decenas de años. Entonces mi expectativa es que estos diputados radicales y por supuesto los de UxP sean conscientes del peligro que tendría avalar las medidas de este gobierno.
-Usted está focalizando en la delegación de poderes.
-En todo. Todo esto, así como está hecho, hay que rechazarlo: el DNU por completo y la Ley Òmnibus por completa.
En su intervención de siete minutos Kornblihtt planteó:
“Los científicos estamos preocupados desde que el entonces futuro presidente Milei dijera por TV que cerraría el Conicet porque los científicos no producimos nada. Estamos preocupados por medidas que consideramos una condena de muerte a las capacidades nacionales que son fundamentales para las posibilidades de desarrollo futuro. Me refiero a la derogación de la Ley de Tierras, la modificación de la Ley de Glaciares, de la Ley de Bosques Nativos, la Ley de Protección Ambiental, todas para dar ventajas al capital privado en detrimento de la preservación del ambiente y los recursos naturales”.
Distracciones
“La verdad e es que lo veo complicado –dice el diputado riojano Ricardo Herrera (del bloque UxP)–. Complicado porque te hacen maniobras distractivas de parte del oficialismo para que estemos discutiendo, con alguna maniobra dilatoria, y mientras consigan el número de votos que les falta y traten de imponerlo”.

El diputado riojano Ricardo Herrera.
Plantea Herrera: “Han producido una megadevaluación a minutos de haber asumido. El brutal ajuste ha pasado por ahí. Y después de haber asumido te sacan un DNU, te sacan una Ley Ómnibus, pero con el DNU vigente más allá de los intentos de algunos gobernadores, de algunas sindicatos y organizaciones de haberlo querido frenar en la justicia. La Corte dijo: ‘Mire muchacho, que lo resuelva la política y después volvemos nosotros en febrero’. Y así ha sido con todo, mientras discutimos un número mágico que nos permita llegar al recinto”.
¿El bloque es homogéneo en el rechazo?
-Sí, pero con 102 no alcanza, tenemos que ser más, tanto para rechazar la ley como el DNU. Porque esto es un enorme ajuste que no lo paga la casta, salvo que la casta sean los jubilados, los asalariados, los consumidores. Acá pagan los de siempre, y ganan también los de siempre.
¿Cómo puede evolucionar esto?
-Nosotros apelamos a la racionalidad de muchos legisladores provinciales que van a tener sus economías seriamente afectadas, y de la Unión Cívica Radical. Yo no sé si alguno de esos diputados va a querer volver a su casa sin haber hecho nada por la Movilidad Jubilatoria o el Fondo de Garantía de sustentabilidad que les daba a los jubilados cierta tranquilidad para cobrar, y hoy van a quedar a merced del Poder Ejecutivo si esto se aprueba. Y así con muchos temas del país que tenemos que discutir. No me hubiera disgustado que por cada tema mandaran un proyecto de ley. Sobre jubilaciones, sobre tema electoral, retenciones, pymes. Eso permitiría discutir y hacer las cosas como corresponde y no como ahora, que en términos de producción y de cultura notamos que hay un ataque deliberado a determinados sectores.
El gobierno argumenta que tiene el aval de los votos…
El 23 de octubre de 2023 el 70% le dijo que no a Milei. Y luego en el balotaje ganó porque no había otra opción para muchos votantes. Pero eso no le da patente alguna. Los votos también son de quienes entraron al parlamento con un 70% que no lo votó a Milei”.
Herrera señala otro indicio: “A minutos de haber salido Milei por cadena nacional, la gente empezó con las cacerolas, salió a la calle espontáneamente, y no fue a Plaza de Mayo ni al Obelisco: vinieron a tocarnos las puertas a nosotros. No fue decirnos ‘que se vayan todos’. Al revés: fue decir que frene a este ajuste: necesitan al Congreso. Esperan algo frente al avasallamiento del Presidente de la Nación”.
Por último señala. “Espero que en muchos diputados prime la racionalidad. He hablado con muchos, y están muy molestos porque el Presidente ha sido descortés, ¿no? Y esto me lo decían colegas de otros partidos: no podemos ser sujetos de extorsión. Que nos digan que si el dólar aumenta o hay inflación, es culpa nuestra. Bueno, en ese sentido está todo abierto todavía. Hay que ver qué pasa en los próximos días”.
La demagogia y la destrucción
Las intervenciones en el plenario de esta jornada fueron sobre temas farmacéuticos, ambientales, de consumidores, movimientos sociales, científicos, sindicales (Héctor Daer de la CGT y Hugo Cachorro Godoy de la CTA Autónoma), de pequeñas y medianas empresas, de productores de biodiesel y decenas más, hubo un tiempo para la edición de libros (con Alejandro Katz) y para el cine, con Santiago Mitre y la productora Vanessa Ragone, Presidenta de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica.

Santiago Mitre y Vanessa Ragone: el cine que no pide plata, sino que no destruyan su autofinanciación.
La intervención de Mitre es un buen parámetro de las arbitrariedades del proyecto de Ley, de su falta de criterio, y de la incapacidad o falta de interés en comprender justamente las realidades positivas para el país, en favor de lo que Mitre llama “demagogia” y “destrucción”.
Este es el texto completo, para cuando alguien decida, en no se sabe qué futuro, filmar una película que tal vez se llame Argentina, 2024.
Mi nombre es Santiago Mitre, soy guionista y director de Argentina, 1985, que hace casi un año hoy, fue ganadora del premio Golden Globe a la mejor película internacional, y también estuvo nominada al premio Oscar, en la misma categoría. Digo esto para señalar que durante todo el recorrido que implicó promocionar esta película pude ver la admiración que genera nuestra cinematografía – y agrego – nuestro país en el mundo. Es –y no voy a ser modesto– una de las cinematografías más respetadas del mundo.
Todos aquí admiramos a Ricardo Darín, pero no sé si todos saben que Ricardo Darín es admirado en todo el mundo. ¿Existirían las películas de Darín, Morán, Suar, Roth, De la Serna entre tantos otros… si no hubiese existido una Ley de Cine que propulsó y sostuvo una cinematografía a lo largo del tiempo? No.
Esto que viví yo el año pasado, seguramente lo vivió Damián Szifrón, con su película Relatos Salvajes que fue un éxito nacional e internacional enorme, con público y premios por todos lados; y algunos años antes, Juan José Campanella con El Secreto de sus ojos ganando el Oscar –cuya admirable productora Vanessa Ragone esta acá conmigo. O La historia oficial, o Camila de María Luisa Bemberg un poco antes también, y hay más.
No sé si lo sabían, pero Argentina es el país que más nominaciones al Oscar tiene en la región. ¿Por qué sucede eso? Porque hay una Ley de Cine que sostiene y fomenta la existencia de un cine argentino. Las películas argentinas se exportan a todo el mundo. Son reconocidas en todo el mundo. Generan divisas, trabajo de calidad y valor agregado. Le dan visibilidad a nuestro país. Generan admiración. ¿Por qué queremos destruir eso? ¿Para qué? Y no solo las grandes películas con grandes estrellas, sino un sinfín de películas pequeñas, hechas con presupuestos muy acotados, que sostienen ese prestigio. Este año, sin ir más lejos, la película Trenque Lauquen, dirigida por Laura Citarella, fue elegida como la mejor película del mundo de 2023 por la más prestigiosa revista de cine de Francia. Podría seguir enumerando casos. Hay muchos. Muchísimos.
Los últimos 30 años han sido fuera de cualquier duda los mejores del Cine Argentino en toda su historia: la primera vez en que el Cine Argentino ocupó un lugar importante y sostenido a nivel internacional. Y eso es indisociable de una política de producción cuyo eje fue un organismo autárquico –ajeno a los caprichos del poder político de turno– y cuyo presupuesto (pese a las insistentes falsedades que se dicen) no está relacionado con el presupuesto nacional. Se autoabastece.
El cine no pide plata: pide que se mantenga la ley que le permite seguir autofinanciándose. La pérdida de esa autarquía (implícita en la inminente intervención) augura un horizonte de menor diversidad, menor calidad, en el cual se vislumbra no un intento de resolver nada sino un gesto demagógico y destructivo. Volverá a la industria del cine en susceptible de convertirse en una herramienta más de los caprichos de la contingencia política. Y mucho más importante, aleja cualquier posibilidad de que efectivamente se realicen las reformas que sí son necesarias. Nada es más perjudicial para el espíritu de cambio que un reformismo apresurado e irreflexivo.
En un momento en que los contenidos cinematográficos son cada vez más demandados gracias a los cambios tecnológicos, en el que Argentina tiene técnicos de altísima calidad y productores que pueden producir y liderar contenidos de gran proyección internacional, no es momento de retroceder y destruir lo obtenido. Sí es momento de pensar cambios: y esos cambios deben ser pensados con responsabilidad, análisis, pensando en lo que el cine puede aportarle al resto de las industrias, a las provincias, y sobre todo a la imagen de nuestro país. Puedo asegurarles que es MUCHO. Seamos responsables. Gracias”.
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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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