Nota
La pata uruguaya de Gualeguaychú
El próximo domingo en Nueva Palmira, Uruguay, se va a concretar el nacimiento de una Asamblea Regional que abarcará a movimientos ciudadanos como el de Gualeguaychú, y a organizaciones sociales y de productores uruguayos. Ni partidos ni ONG participarán en este «Uruguaychú» que no sólo plantea la cuestión ambiental, sino que cuestiona el modelo de desarrollo basado en pasteras, monocultivo y empobrecimiento social en el Acuífero Guaraní.
“Siempre dije a mis amigos de la Argentina que sin la parte uruguaya, Botnia nunca se va a ir. Lo que vamos a hacer el domingo es un eslabón más, y muy grande. Esta es la otra pata, no está a la misma altura que la de pata de Gualeguaychú todavía, pero apuntamos a eso, y creo que de esta Asamblea van a surgir acciones importantes contra Botnia y Ence”.
Víctor Cardona es uruguayo, productor de lechuga, vecino de Mercedes y uno de los cientos de ciudadanos que en el Uruguay han comenzado una movilización social que en la revista Mu número 8 se describió como Uruguaychú. . Allí se describe además la preocupación que en el departamento de Colonia está provocando la reinstalación de la pastera española ENCE, que se fue de Fray Bentos por la movilización de la Asamblea de Gualeguaychú, pero compró secretamente tierras en Conchillas. En las rutas del departamento de Colonia empezaron a colgar las pancartas de los alambrados: “Fuera ENCE”, entre las más suaves.
Mientras la pastera Botnia anuncia que está lista para producir, y Fray Bentos empieza a husmear la trampa en la que cayó, el domingo toda esa aún pequeña ebullición (“pero mucho mayor que la que esperábamos los más optimistas”, aclara Víctor) tendrá un punto de encuentro en el Club Palmirense de Nueva Palmira, Colonia, en la llamada Asamblea Regional Argentina – Uruguay, por nuestros ríos, por nuestra tierra, por nuestro futuro
La cuestión tiene otro costado, por el choque que hubo entre movimientos sociales y ONG ambientales, cuando estas últimas rechazaron cualquier encuentro con “activistas argentinos” absurda denominación hacia los integrantes de la Asamblea de Gualeguaychú. Cardona dijo a lavaca: “Yo creo que las ONG tienen un papel, pero lo que no pueden pretender es manejar a los movimientos sociales. Con ese tipo de actitudes terminan siendo más útiles para el gobierno que para la sociedad. Esta Asamblea va a ser un hecho inédito en Uruguay y habrá que conversar además de qué modo crear organizaciones por fuera también de los partidos políticos que nunca nos van a dar cabida, ni a hacer lo que pensamos”.
Nacionalismo de derecha
En el texto de la convocatoria se cita a un poeta litoraleño, Aníbal Sampayo: «El río y la historia nos han unido y no nos separa el chauvinismo, que en mi concepto no es más que un nacionalismo de derecha». Entre los convocantes se cuentan los Productores de Colonia Agraciada, Soriano, Movitdes de Fray Bentos, el Sindicato de los Trabajadores de la Forestación de Rivera, las Asambleas de Gualeguaychú, Concepción del Uruguay, Colón, el Movimiento 10 de Septiembre de 1815 (campesinos de Tacuarembó que están ocupando tierras), el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Solano, el Frente Darío Santillán, el Grupo Sierras de Rocha (del este uruguayo, donde otra fábrica de celulosa, portuguesa, ya se está instalando en las nacientes de los ríos), por nombrar solo a algunos.
La reunión va a comenzar a la una de la tarde y allí mismo, en los diálogos e intercambios, se irán conociendo los alcances de esta experiencia que podría constituir un primer paso de organización asamblearia, ahora a nivel regional. La entrevista de lavaca con Víctor Cardona permite vislumbrar una mirada uruguaya sobre algunos puntos de la agenda del encuentro.
-¿Cómo describiría a esta Asamblea Regional que nace el domingo?
-Como distintas organizaciones que hemos tomado conciencia de que juntos podemos podemos hacer algo. Cada uno de los que participamos tenemos la misma problemática y el mismo enemigo. La única forma de pararlo es si nos unimos. Por eso las adhesiones están sobrepasado las expectativas, y todo esto apunta también a frenar los personalismos y las chacritas que tenemos cada uno en cada lugar.
-Chacras existenciales.
-Sí, pero esto es inédito en Uruguay. El segundo paso que todavía no hemos conversado es que tenemos que armar organizaciones por fuera de los partidos político que nunca nos van a dar cabida y nunca van a hacer lo que pensamos y decimos. Yo fui fundador en mi pueblo del Frente Amplio, en 1971. Pero hoy empezás a percibir que estas luchas significaron 30 años para llevar a la gente a un lugar equivocado. Para mí tiene que haber organizaciones de base, autónomas, horizontales, y que aparezca la autogestión.
-¿Cuál sería ese lugar equivocado?
-El del rol pasivo, votando cada 5 años a gente que uno cree que va a hacer lo que uno dice o piensa. Y no, es lo contrario, lo que hacen es legitimar su puesto en el gobierno. El voto no es correspondido. Lo que está pasando con el sistema representativo en todo el mundo demuestra que en realidad cada uno tiene que ser su propio representante.
El Acuífero como región
-¿Por qué se produce ahora este brote de movilización en el Uruguay?
-Lo atribuyo a un tiempo de maduración que necesita cada región, cada pueblo. Nosotros no estamos maduros, estamos verdes, pero la fruta está pintando. Creo que todavía tenemos que andar muchísimo trecho para hablar de organización horizontal y autogestiva. Pero una cosa muchísimo más importante para mi es romper la frontera. Saber que el mundo es uno y el ser humano es uno, que tiene la particularidad de cada región, que hay que respetar.
-¿Cuál sería esa región?
-Yo hablaría directamente del Acuífero Guaraní. Ahí ya identifica lo que es el sur de Brasil, litoral de Uruguay y Argentina, y parte del Paraguay también,, donde todos tenemos más o menos la misma problemática.
-¿El cuestionamiento que realizan es ambiental?
-No, no creo que se pueda cambiar lo ambiental si no se cambia el sistema, el modelo de desarrollo. No se puede hablar de un sistema sustentable y ambiental con este capitalismo que solo piensa en sus ganancias como lo ha hecho en toda su historia. En ese sentido el encuentro es importante, y creo que los dos gobiernos deberían tomar nota. Acá pegamos un pantallazo y tenemos prácticamente todo el espectro del Uruguay. Hay gente productora, gente en la toma de tierras de Tacuarembó. Allí existe esta problemática porque es el departamento más forestado para alimentar de maderas a las fábricas de celulosa. En Rocha también, tienen la misma problemática con la política de agrotóxicos, forestación, el tema del agua y plantas de celolosa como Portucel, que se están instalando en las nacientes de los ríos que llevan agua justamente a la ciudad de Rocha.
Cardona relata que en Mercedes la falta de agua, generada justamente por el monocultivo de eucaliptos, ha provocado que el municipio tenga que repartir agua en camiones cisterna en los campos.
-Esas cosas explican otro dato inédito: todo esto surgió del interior, es de las pocas veces que una movida de este tipo no nace de Montevideo. Creo que el interior es donde más claramente sentimos la agresión de las multinacionales.
-¿Por qué las ONG ambientalistas uruguayas rechazaron el encuentro con las asambleas argentinas?
-Yo creo que las ONG tienen un papel, pero lo que no pueden pretender es manejar los movimientos sociales. Cuando buscan eso, están haciendo un mal muy grande. Diría que son más útiles en este tipo de etapas para el gobierno uruguayo que para las organizaciones sociales.
-¿Por qué lo hacen?
-Porque conviven con el poder. Diferenciándose, pero conviven. Yo no iría a discutir con el gobierno uruguayo la ley de ordenamiento territorial y medio ambiente porque sé cómo terminamos. Ellos van. Yo creo que la participación no es esa, sino luchar contra una ley del gobierno que sabemos a quién beneficia. En este caso ni siquiera contestaron a la invitación a participar en la Asamblea. Ahí te muestra dónde están. Se juega su superviviencia. Si el problema sigue, ellos tienen vigencia. Si se derrota, si encontramos mejores modos de luchar juntos, ellos pierden esa vigencia. .
-¿Qué puede surgir del encuentro?
-Darnos una forma de organización y desarrollar distintas acciones. El 1º de diciembre se está armando algo en Tacuarembó contra la forestación, pero no en un ámbito cerrado, intelectual o académico, sino algo a cielo abierto de rechazo y repudio.
-En Gualeguaychú muchos asambleístas sostuvieron siempre que sin la participación de los uruguayos, no habría posibilidades de plantarse frente a Botnia.
-Yo siempre manifesté eso: sin la parte uruguaya Botnia nunca se va a ir. Esto es un eslabón más, y muy grande. Esta es la otra pata, no está a la misma altura que la de Gualeguaychý pero apuntamos a eso, y creo que de esta asamblea van a surgir acciones importantes contra Botnia y Ence.
-¿Botnia está generando algún tipo de perjuicio del lado uruguayo?
-En Fray bentos ya está la problemática de desocupación, con la planta casi terminada y despidiendo a todos los obreros. Un aspecto social fue el del crecimiento de temas como el alcoholismo o la prostitución, incluso infantil, y todo va dejando resabios. Hubo un informe sobre aumentos de casos de HIV por esa razón, que el gobierno salió a tapar. Como ahora los obreros se van empiezan a hablar de los problemas de Botnia. Ustedes en Mu entrevistaron a uno de los obreros que contaba esas cosas, pero ahora ya empieza a ser vox populi la cuestión de la contaminación y los ácidos que han empezado a derramarse en el río por filtraciones. Botnia está haciendo peforaciones, y no se sabe de para qué son. Todo esto está corriendo. Mucha gente debe estar procupada. También disminuye la represión social, la autocensura que hubo en este tiempo. Ahora veremos qué es lo que entre todos podemos empezar a conversar y a decidir.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

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POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
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