Nota
La sangre derramada: el relato de la comunidad
(lavaca en Bariloche*) Así narra la comunidad mapuche Lafken Winkul la represión que terminó con el asesinato de Rafael Nahuel y dos heridos. El territorio ocupado en Villa Mascardi sigue hoy rodeado de fuerzas de seguridad y agitado por versiones de desalojo, a pesar de la mesa de diálogo que se abrió para negociar el futuro de ese territorio y de esa comunidad. La diferencia es que en estos días se rodeó de acampantes que acompañan el reclamo: son los nuevos Santiago Maldonado. El testigo que cuenta cómo fue el procedimiento de confiscación de armas del grupo Albatros, de la Prefectura, y cómo se tomaron pericias de rastros de pólvora de los uniformados.
A la Lof va llegando, de a poco, cada vez más gente. Saludan “mari mari” y pasan del otro lado de la tranquera que lleva atravesada una bandera que dice “Lafken Winkul Mapu resiste” y una foto de Rafael Nahuel. Estamos en Villa Mascardi, del otro lado de la ruta está el hermoso lago y de éste, el monte donde sigue asentada la comunidad Lof Lawken Winkul Mapu, después de la muerte de Rafael y el congelamiento de la orden de desalojo, que sigue vigente pero detenida por una mesa de diálogo que pretende determinar el futuro judicial de este territorio.
“Se sigue acercando gente de diferentes lugares. Es eso lo que estamos planteando como mapuches: que se levante el pueblo en su honestidad, en su dignidad. Esta es una lucha honesta, no es una lucha armada”.
El joven se tapa la cara con un pasamontañas y se identifica como “un kona del pueblo mapuche”.
Kona en mapuche significa fuerte, valiente.
Es el encargado de llevar la voz de la comunidad estos días convulsionados, aunque no habla con cualquiera. Al contrario: hablan solo con quienes ya conoce. La bandera colgada de cara a la ruta lo deja bien claro: “Winka: no pasar”.
“Winka” es el blanco.
Del otro lado de la ruta un grupo de apoyo acampa y se sostiene en solidaridad con la comunidad “hasta que se vaya la policía”.
Son los Santiago Maldonado de esta nueva toma.
Las fuerzas federales están asentadas a apenas a 100 metros de la entrada a la Lof, con unos conos naranjas en medio de la Ruta 40. A los costados, dos camiones celulares (uno de Policía Federal y otro de Gendarmería), tres camionetas (dos de Gendarmería y una de PFA) y un patrullero de la Federal. Hoy también hay policías de casco y uno con un arma larga: por la mañana hubo un corte provisorio de ruta tras un hecho confuso. “Estábamos buscando leña en el monte”, relata el joven mapuche, “y éstos nos vieron y formaron fila y se pusieron en frente de la entrada de la comunidad como para intimidarnos”.
Este tipo de movimientos son comunes, en medio de rumores y operaciones que no se sabe ya de dónde vienen. El del día: “A las 12 dicen que se terminaría la tregua” y “Patricia Bullrich dijo que las fuerzas podían actuar sin la orden de la justicia”.
A Bariloche también llegó la posverdad.
Corren las 12, las 12:30 y las 13 y no se notan movimientos bruscos que alteren la (a)normalidad de las cosas.
Los coíhues, cipreses y pinos se zarandean con una leve brisa. Pasan camionetas de Gendarmería y Policía Federal que vienen y van hacia El Bolsón y hacia Bariloche. “También puede ser que estén gracias al G20 que continúa el día de hoy”, suma alguien al cuadro de complejidad.
El día de la muerte
La comunidad no habla por hablar: tiene para contar su versión de los hechos del día 25. El día que el grupo Albatros disparó por la espalda a Rafael Nahuel, dos días después de que las fuerzas desataran una represión en el territorio que terminó con mujeres y niños detenidos en la comisaría.
“Lo que podemos contar de ese día es que nos encontrábamos más arriba de acá; no estábamos en este sector, sino mucho más arriba. Y en eso veníamos bajando porque íbamos a concentrar acá con la gente que estaba en la ruta, y cuando emprendemos el viaje para abajo, como a 50 metros de donde estábamos nosotros ya venían fuerzas de Albatros, de Prefectura. En ese entonces, sin mediar ningún “alto”, nada, vienen parapetados y empiezan a tirar. Ahí emprendimos la vuelta al campamento. Al llegar arriba nos pudimos resguardar y ahí defendernos con piedras, gomeras, palos. Y ellos se parapetaron atrás de los árboles y de ahí nos disparaban”.
Sentado sobre un tronco y bajo la atenta mirada de unos pocos que siguen el relato por primera vez –incluidos mapuche que no estuvieron el día de la represión-, el joven calcula que los disparos siguieron por unos 5 minutos. “Ahí cae herido nuestro peñi y una lamien más y un peñi más. Heridos de balas de plomo. En ese momento tiraban solo balas de plomo”.
La evidencia de que eran de plomo quedó desplegada en el terreno, en los cuerpos de dos mapuches heridos y en la muerte de Rafael: “No fue ningún enfrentamiento. Es más, después de que ellos se replegaron nosotros pudimos juntar evidencia de las armas que estuvieron usando. En ningún momento usaron armas de tumulto, solamente encontramos vainas de 9 milímetros”.
Entre el retén policial y la comunidad se encuentra una estación de YPF. Dos de sus empleados tuvieron que oficiar de testigos del procedimiento de incautación de las armas al grupo Albatros. Uno de ellos, que ya declaró ante la justicia, cuenta a lavaca que las armas fueron separadas en dos cajas: en una las letales; en la otra, las no-letales. No recuerda con exactitud cuántas eran, pero sí que llenaron una amplia mesa. Alcanzó a ver armas largas y pistolas. Identifica una MP5. Los cartuchos demostraban que faltaban varias municiones.
El joven empleado –que vive en el mismo barrio que Rafael Nahuel- revela que se le tomaron rastros de pólvora a 8 integrantes de Albatros. Aún no se hicieron públicos los resultados de estos análisis. Su relato coincide en parte con el de la comunidad.
Continúa la descripción de lo ocurrido aquel día: “Un peñi más y yo, que veníamos adelante, lo que pudimos llegar a ver fue un arma larga tipo rifle, y después armas cortas, como sub ametralladoras. Y después con 9 milímetros también. Todos los impactos están en los árboles, están en las barricadas que hemos hecho para que se les ponga más complicado seguirnos. Todos esos golpes de arma están: es parte de la evidencia que nosotros tenemos y hemos entregado a algunas autoridades”.
En pleno día
La autopsia encargada por la justicia federal a la provincial confirmó que Rafael Nahuel fue asesinado por la espalda: la bala le atravesó los intestinos, el hígado, el diafragma y el pulmón, lo que ocasionó una hemorragia interna en el cuerpo del joven.
Además fueron heridos una mujer de alrededor 25 años (presumiblemente Johana Colhuan) y un hombre de treinta años: impacto de bala en el hombro con orificio de entrada y salida; e impacto de bala en el codo, respectivamente. El joven mapuche cuenta que ambos se encuentran bien y fuera de peligro.
Sigue el relato de la comunidad: “Empezamos a gritar con otros peñi que había un herido, que habían matado a uno, y recién entonces empiezan a bajar, a replegarse. Quedan entre 4 y 6, de Albatros, más de eso no eran. Una vez que le gritaron que había heridos de gravedad, ahí emprendieron la huida ellos, hacia abajo, hacia acá. Llegaron acá y nosotros estábamos 10 kilómetros arriba”. Todo esto ocurrió en pleno día. Calculan que Rafael ya estaba herido de muerte a las 16.30.
Fausto Jones Huala y Lautaro Alejandro Gómez fueron los jóvenes mapuche que ayudaron a bajar el cuerpo de Rafael, con la esperanza de salvarle la vida. Relata otro de los jóvenes mapuche que estuvieron ese día: “Estábamos con los tres heridos, había uno de gravedad, tuvimos que hacer una camilla y bajarlo por el camino, venir con cuidado de que no nos embosquen nuevamente. Y cuando llegamos acá estaban enfilados las fuerzas federales y los de Albatros; no sé si eran los mismos, pero vimos las ropas y eran las mismas. También estaban preparados para avanzar. Otros peñi les gritaron que había un muerto y pudieron bajarlo. El resto se quedó acá porque nos iban a llevar a todos en cana”.
En efecto: Fausto y Alejandro, los que llevaron el cuerpo hasta abajo, luego fueron detenidos durante cuatro días.
La cacería
Los distintos testimonios coinciden en que la cantidad de efectivos de Albatros que participaron de la represión no supera los diez, que no dieron la voz en alto y portaban armas letales. El relato mapuche hace hincapié en la escasa pero contundente cantidad de efectivos, redondeada bajo la idea de “un grupo especial”: “No es que venía un batallón para hacer un desalojo: venían a matarnos. Eran seis personas nomás dispuestas a eso, a lo que los habían mandado: a disparar. Si es un grupo mayor vos sabés que te vienen a desalojar, vienen con una orden y la leen. Nunca medió eso; nosotros alcanzamos a ver a 4 ó 6 personas que empezaron a disparar contra nosotros. Y ahí nos replegamos a nuestro campamento y fue cuando hirieron al peñi”, repite el mapuche.
¿Por qué? “El Estado siempre va a buscar generar el miedo entre las comunidades que se están levantando. Y acá estaban buscando que nos vayamos todos. Quieren esperar el momento en que seamos pocos, llegar y matar, y poner armas. Si hubiesen matado 4 o 5 peñis allá arriba íbamos a aparecer todos con fierros en las manos. No pudieron hacer eso porque mataron uno y los sacamos del territorio. Querían decir que éramos una guerrilla. Eso querían vender. Acá nunca hubo armas”.
La propia presentación del juez Villanueva habla de “cuchillos y hondas de revoleo», pero nunca de armas de fuego, como mencionaron sin pruebas funcionarios del Ministerio de Seguridad. Los mapuche dan su versión, y la explican: “Nosotros somos dignos de pelear acá. Y no estamos armados, así como dicen. Nosotros solo nos defendemos con lo que la naturaleza nos da. Con los newenes (fuerzas, energías) que nos da. Con las piedras que nos da. Ellos pueden decir muchas cosas: dicen que tenemos armas de guerra. Si las tuviéramos la hubieran encontrado. Los que tienen armas son ellos. Y mataron a un hermano nuestro”.
Sobre la sigla RAM, pocas y contundentes palabras: “Acá no hay nadie de la RAM. Esta toma no tiene nada que ver con la RAM”.
El porqué
En el libro Argentina originaria, Darío Aranda entrevista a Eugenio Zaffaroni, ex ministro de la Corte Suprema, quien asegura: “Si los pueblos originarios no tienen acceso a la justicia, harán acciones directas”.
La jurisprudencia a favor de los pueblos originarios es vasta e internacional, sin embargo la mayoría de esas leyes se ven incumplidas. La restitución de tierras, el otorgamiento de distintos tipos derechos son temas pendientes que atravesaron a todos los gobiernos democráticos, derrotero que explica en gran parte la complejidad de entender el sentido de la historia.
La Patagonia y Bariloche en particular son puntos neurálgicos. “La ciudad fue encerrando a estas comunidades”, sigue el muchacho mapuche. “Estas comunidades necesitan ahora un territorio apto y suficiente; donde haya newenes, agua, donde criar una gallina, un conejo. A nosotros no nos sirve estar en las ciudades o donde no haya agua, porque vamos a seguir siendo mano de obra barata del mismo Estado. Y eso no queremos nosotros porque los antiguos nuestros no vivían así; vivían de la naturaleza, protegiendo la naturaleza del mundo capitalista que saca los minerales. Esos son nuestros reclamos. Y por eso se decidió que esta familia tiene un territorio para recuperar. Porque este es territorio es ancestral. Quieran o no quieran, todo este territorio es ancestral; fue ocupado por gente antigua antes de que se iniciara el Estado argentino”, asegura.
El segundo punto clave en esta toma de tierras remite a lo sagrado. La explicación: “Dentro de nuestra cosmovisión mapuche, antiguamente nosotros teníamos lonkos (que encabeza la comunidad)y machis (autoridades espirituales) que organizaban a nuestro pueblo. Después que pasó la mal llamada Conquista del Desierto, a los primeros que mataron fueron a los lonkos y las machis. Ahí quedó la gente escondida en los campos, la que se pudo esconder, la que no estuvo cautiva; dentro de eso lo único que podemos decir es que acá nosotros estamos levantando una autoridad y nada más. Eso lo entendemos nosotros. Y eso es lo que menos quiere el Estado: que se levanten esas autoridades. ¿Por qué? Porque tienen miedo de que esto se siga. Pero esto va a seguir”.
El joven mapuche hace una pausa y cierra con una pregunta retórica, que es a la vez un contra-argumento. “¿Para qué quieren las tierras? Para explotar, para enfermar, para ellos mismos. Lo estamos defendiendo del saqueo capitalista, por nuestros hijos, para poder ejercer una vida ancestral como tenían nuestros antecesores. Para vivir en libertad”.
*Esta nota forma parte de la cobertura colaborativa de lavaca, revista Cítrica y el diario Tiempo Argentino
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MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
- Derechos HumanosHace 3 semanas
«Digan clítoris»
- Datos de la crisisHace 2 días
Una filtración revela quiénes son los miembros de la sociedad secreta fundada por Peter Thiel
- #NiUnaMásHace 3 semanas
La escena del crimen
- #NiUnaMásHace 3 semanas
Mujeres mapuche: la resurgencia
- El Indio SolariHace 2 semanas
Parece que los dioses mueren
































