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Lecciones del aislamiento: las ganas de hacer juntas otro mundo

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¿Cómo utilizar el aislamiento para algo bueno? La propuesta de la dramaturga América Vera Zabala viaja desde Estocolmo al mail de Claudia Acuña, fundadora de Lavaca. Y dispara múltiples reflexiones en esta quinta parte del intercambio epistolar 2.0, entre dos amigas y dos países que encaran estrategias distintas frente al coronavirus. Los femicidios, las no-respuestas estatales y el feminismo en tiempos de aislamiento; y de la soledad al estar juntxs, los desafíos que se vienen cuando pase la pandemia.

Buenos Aires, Argentina, 3 de abril de 2020

Querida América:

Demoré dos días en escribirte porque no sé ni por dónde comenzar a contarte lo que nos está pasando con la violencia que sufren las mujeres en esta situación de encierro.

Comienzo entonces por el final: la burocracia de género es una contrarrevolución activada para despolitizar al movimiento feminista argentino. No sé cómo funciona en otros países, pero en este hay una serie de expertas, la mayor parte académicas y colegas periodistas, que se han montado sobre la enorme ola que representa este movimiento  que sacudió hasta el último rincón de la sociedad argentina  para usar ese impulso de escalera, ocupar sitios de poder y desde allí, hacer… nada. Salvo garantizarse, en medio de esta crisis espectacular, un ingreso seguro y convertir derechos en prebendas.

Esta despolitización tiene consecuencias dramáticas, en el contexto de un país que ya acumula, en lo que va de 2020, 89 femicidios. Es interesante que esta cifra surge de los padrones que elaboramos diferentes organizaciones sociales, ya que mientras todos los días recibimos una comunicado emitido por el Estado, a través de la autoridad pertinente –el Ministerio de Salud- sobre el número de muertos por coronavirus, con datos precisos y oficiales (a hoy hay 42 muertes, todas personas mayores y con cuadros de salud complicados), la cifra de mujeres asesinadas depende de lo encontremos en Google, a partir de lo publicado en los medios.  Y como ya te imaginas, en medio de la locura que significa informativamente esta pandemia no es precisamente una prioridad de los medios informar sobre los femicidios.

Primera conclusión: estar así, a ciegas, le permite al Estado eludir la planificación de políticas, programas y campañas para contener, prevenir y erradicar la violencia machista.

Esto, concretamente, intentaron plantear al Presidente familiares de víctimas de femicidios a través de una carta que entregaron en la Casa de Gobierno un día después que asumió el mando. ¿Por qué este apuro? Porque cualquiera de las organizaciones que elaboramos aunque de esa de esa manera precaria y provisional los datos de femicidios sabemos que diciembre, enero y febrero son meses de “temporada alta” de este tipo de crímenes. Urgía, entonces, que el tema sea prioritario, para evitarlos.

La esperanza de tener por primera vez un Ministerio de las Mujeres creó esa ilusión de ser escuchadas, pero no.

Tres cartas, durante tres meses y nada.

Tres funcionarias intermediaron para que esas familias sean escuchadas, y nada.

El último intento fue en marzo. Diluviaba. Las madres de las víctimas femicidios se reunieron en Plaza de Mayo para entregar la carta. Ana Romero, la mamá de Melina –asesinada el día que salió a festejar sus 17 años- llegó desde Martín Coronado, luego de una hora y media de viaje, con los zapatos y el paragua rotos. Marta Montero –mamá de Lucía Pérez, asesinada a los 16 años- desde Mar del Plata, distante a 300 kilómetros,  pagándose el pasaje con su sueldo de enfermera en un hospital público. Blanca –mamá de Agustina Fredes, asesinada a los 19 años- también llegó desde Mar del Plata y el pasaje lo pagó con su sueldo de jubilada. Mónica –mamá de Araceli Fulles, asesinada a los 22 años- arribó directo desde el hospital de San Martín, a donde pasó toda la noche, tras el tercer intento de suicidio de su hijo, atormentado por haber encontrado tras 23 días de búsqueda el cuerpo de su hermana. Rosana –mamá de Carla Siggou, asesinada a los 28 años- desde el porteño barrio de Pompeya, luego de dejar en la escuela a los dos nietos de los que tuvo que hacer cargo tras el crimen. Ella se repone de la quimioterapia por un cáncer de mamá.

Todas estas mujeres, empapadas y tiritando, esperaron una vez más ser escuchadas, y nada.

Marta, la mamá de Lucía, había pedido dos días de licencia en su trabajo, consciente de que quizá fuera necesario esperar en Capital a que las convocaran. Se quedó en mi casa, así que pude compartir su espera, firme, decidida e ilusionada, y nada.

¿Qué esperaban estas mujeres?

“Nosotras queremos que a este gobierno le vaya bien”, comenzaban explicándome. Y para que le vaya bien tiene que comprender esto que es tan importante: “tiene que hacer algo, ya, urgente, para que quede claro que hay un cambio”.

¿A quién le tiene que quedar claro?

La respuesta es unánime: al Poder Judicial.

En Argentina el Poder Judicial no es lo mismo que la justicia, en el caso de la violencia contra las mujeres, es exactamente lo contrario.

Estas mujeres lo saben por dolor propio: sus hijas fueron humilladas por jueces y fiscales de manera cruel y sistemática. No hay metáfora ni exageración en esta afirmación: dos de estas mujeres viven amenazadas y con custodia policial permanente porque fueron ellas quienes se encargaron de buscar, encontrar el cadáver e investigar el crimen de sus hijas. En el caso de Lucía Pérez los tres jueces que justificaron su crimen analizando su “conducta sexual precoz” están ahora enfrentando un jury de destitución y el pedido de anulación de ese fallo horroroso que dejó impune ese femicidio, que impulsó en su momento dos paros nacionales de mujeres, coronados por masivas movilizaciones de repudio. En el caso de Carla, la crueldad incluye que luego de enterrarla, la madre recibió un llamado del juzgado preguntando por su hija: le avisaron así la fecha en que iba a comenzar el juicio por la violación y los golpes, ya que el juicio por el asesinato se haría aparte; desdoblaron la causa. En el primero, Carla era querellante, pero al estar muerta, los padres no pudieron reemplazarla, así que presenciaron el juicio desde el público.

Esto es apenas un resumen breve, que no se detiene en ninguno de los detalles que conozco de lo que representa en la vida de estas mujeres cada uno de estas violencias que el sistema  descarga sobre ellas ( uno de los que más me impactó: se endeudaron para pagar el sepelio de sus hijas firmando pagarés usurarios). Sin embargo, alcanzan a dar una dimensión de por qué es absolutamente necesario que ese Poder Judicial reciba un mensaje claro y contundente: Nunca Más.

En plena reclusión obligatoria sucedieron 15 femicidios, pero solo voy a contarte detalles de dos, porque están muy relacionados con este tema.  La hija de Cristina Iglesias, 40 años, fue a la comisaria de Monte Chingolo, en la provincia de Buenos Aires, a denunciar que estaba recibiendo mensajes de texto muy extraños de su madre, quien además no le contestaba el teléfono. Estaba preocupada también por su hermanita, de 7 años. Le dijeron allí que esperara unos días, hasta confirmar si no se habían ido a algún lado…en pleno encierro obligatorio! La hija no esperó: fue directo a la casa y quien le abrió la puerta fue quien ahora sabemos era el femicida que degolló a su mamá y a su hermanita  y las enterró en el fondo de la casa.

Ese mismo fin de semana, muy lejos de allí, en Mar del Plata, los dos hijos de Cristina seguían buscando a su madre, desaparecida desde hacía 23 días. A pesar de la reclusión obligatoria, recorrían las calles de esa ciudad dejando a todo el que pudieran su número de teléfono y la foto del principal sospechoso, hasta entonces prófugo. Recibieron así una llamada que les advertía que el hombre que estaban buscando estaba andando en bicicleta muy cerca de la casa de su madre y, de hecho, de dónde él mimo vivía, ya que eran vecinos. Fueron, lo apresaron y avisaron a la policía. Esperaron toda la noche en la puerta de la comisaría, hasta que les avisaron que la indagatoria se la tomarían en la mañana en Tribunales. Allí fueron: esperaban, desesperados, que confesara dónde la tenía…con vida. Esa mañana en Tribunales un tropel de policía intentó, con las mañas represivas que aquí tiene la Bonaerense, disuadirlos de la espera. Les advirtieron así que por haberse declarado la feria judicial no estaban tomando indagatorias que no estuvieran relacionadas con las denuncias de violación de la cuarentena. Comenzaron entonces a sumarse las mujeres que en esa ciudad ya tiene experiencia sobre cómo parir justicia: con barbijos, guantes y a un metro de distancia una de las otras, se plantaron ante Tribunales dispuestas a dejar en claro lo que sintetizaron con una consigna: de acá no sale nadie hasta que no confiese. Lograron así que se lleve a cabo la audiencia. Al terminar, el juez y el fiscal huyeron por la puerta lateral, y fue la abogada, ahí en la calle, quien les informó a los hijos qué había confesado: la había matado y enterrado. Es desgarrador ver el video de la reacción de esos hijos, destrozados, a la intemperie, aullando de dolor.

Del enorme legado que nos ha dejado la lucha argentina contra los crímenes de la dictadura, hay uno que nos sirve para dimensionar qué representa todo lo que te estoy contando: el movimiento social por los derechos humanos argentinos logró, para beneficio de toda la Humanidad, que las familias también fueran consideradas víctimas cuando se trata de violencias de Estado. Esto significa que tienen derechos consagrados por tratados internacionales que en cada uno de los casos que te estoy narrando fueron sistemáticamente violados. Está claro también que no se trata de tal juez o aquel fiscal, sino que estamos frente a una violación sistémica. Y eso es exactamente lo que están reclamando que se frene ya, de una vez y para siempre.

El reclamo es tal que obviamente el Estado ha tenido que responder. Y lo ha hecho como todos los gobiernos anteriores: promocionando una línea de teléfono de atención a las víctimas de violencias. El problema es que esa línea está enchufada a la nada. Si vos llamás, una persona muy dispuesta, comprometida e informada, en primer lugar te contiene, pero su objetivo final es que hagas la denuncia judicial, porque sólo así pueden activarse los mecanismos de protección, que se reducen a sólo dos cosas: botón antipánico y obligación de distancia. Pero los lugares de recepción de denuncias están restringidos por esta pandemia y aun así, lo que pueden hacer es recomendar las medidas de protección necesarias para cada caso, pero quien las activa es un juez. Y no hay más que uno: el de turno. Y ese juzgado está desbordado por las denuncias de violaciones de cuarentena: 1200 por día, informan.

Como resultado del encierro más la combinación con la campaña de agite del teléfono, las líneas están recibiendo un 60% más de pedidos de ayuda y las empleadas que la tienden, desbordadas. Eso también es violencia de Estado.

Y como la presión social por respuestas concretas y  urgentes sigue, la cereza de esta torta de impotencia es la nueva medida que han inventado: una campaña que te informa que podés ir a cualquier farmacia y pedir un “barbijo rojo”. Esa es la clave que activa que el farmaceútico te de un folleto y llame…al número de teléfono.

El problema es que en Argentina hay dos entidades que nuclean a las farmacias de todo el país y este acuerdo se firmó sólo con una, así que hay siete provincias que no lo tienen y, por lo que indagué en un recorrido por mi barrio, ni siquiera todas las farmacias de Capital están afiliadas a uno u a otro, ya que no es obligatorio. Sin embargo, la campaña no especifica estas limitaciones.

Hace dos días recibí el llamado de una farmaceútica de mi barrio, desesperada porque había visto en las redes sociales el aviso y nadie se había comunicado con ella para indicarle qué hacer en caso de que se presente en su local una mujer pidiéndole “el barbijo rojo”. Se me ocurrió tuitear lo que me dijo. Hoy pasé por la farmacia y me agradeció porque le habían hecho llegar todo el material. Se me ocurre ahora que en los próximos días estaré recorriendo las farmacias de mi barrio para seguir reportando direcciones: si me para la policía voy a alegar que estoy cumpliendo un servicio esencial para el Estado.

Ahora, te explico mi conclusión: sería muy fácil, pero también muy político encontrar los canales adecuados para llegar a las mujeres que necesitan contención y apoyo para enfrentar situaciones de violencia. Como bien sabés, las redes sociales territoriales en este país funcionan desde hace décadas y eficientemente porque sin ellas hubiera sido imposible resistir a la pandemia de políticas neoliberales que nos infecta la vida desde hace décadas. . Pero eso representaría darle poder y recursos –de eso se trata “empoderar”- a la cocinera del comedor comunitario, y no al puntero.

La forma de eludir este tema de fondo –que es reconocer  simbólica y materialmente quién tiene el poder de parar esto- es correrlo de eje y reducir todo el problema  a la cuestión “de género”. ¿Qué significa el género? Nada, más allá que la relación desigual entre sexos en relación al acceso al poder, no para cambiarlo sino para ocuparlo tal cual está: igualdad en el disfrute de privilegios, lo cual significa consagrar la meritocracia como forma de merecimiento a ese acceso: las que “saben” , las que “pueden”, las “expertas”. Pero de lo que estamos hablando es de luchar contra las violencias que desata un sistema que humilla, degrada, corrompe y hace estallar las relaciones humanas. De lo que estamos hablando es, sobretodo,  cómo destruir ese sistema horrible y crear otro, más armónico y feliz.

La herramienta para construirlo es el feminismo y el territorio dónde dar esa batalla es aquel que llamamos política. Democratizarla es el objetivo.

Por último, la buena noticia. Alguien escuchó a esas madres: la ministra de las Mujeres de la provincia de Buenos Aires. Hace dos días logró que el gobernador firmé un decreto que otorga un subsidio inmediato a víctimas y familias, que incluye hasta el reintegro por los gastos del sepelio.

Es un triunfo del movimiento feminista, que no está asilado ni encerrado, sino activo y desbordando, como siempre.

Mientras escribo estas líneas acaba de suceder algo que no sabría cómo clasificarlo: hace catorce días que estamos obligadas a encerrarnos para protegernos de un virus que es letal para las personas mayores de 68 años, según el promedio de edad que surge de la lista de muertos. Esa es exactamente la población que quedó hoy a la interperie -el primer día frío de este otoño-  durante largas horas, amontonadas en la cola de los bancos, que abrieron por primera vez desde la cuarentena para pagar jubilaciones y subsidios. No hay lógica sanitaria si no hay sensibilidad política y los bancos, que hicieron fortunas  durante los últimos cuatro años, no la tienen. Nadie del Estado previó esto., lo obvio, lo que nos infecta la vida desde hace décadas.

Te abrazo,

Claudia.

Estocolmo, Suecia, 6 de abril 2020, 13 grados, primer día que no hay frio de invierno en el aire.

Querida Claudia

¡Que carta!

No hay nada para agregar, salvo que lo que me cuentas que pasa en Argentina pasa en Suecia, en la India, en China, en Francia, en todas partes donde hay hombres.

En Suecia recién salió la noticia de que los crímenes sexuales contra niños a través de la web están en aumento. La policía informa que detectaron conversaciones de delicuentes pedófilos en la darknet que hablan  de una situación muy favorable gracias al coronavirus: las infancias pasan más tiempo en internet, los padres los controlan menos. Pesadilla

Pero te propongo que primero hablemos de otra cosa.

Quisiera que hablemos un poco sobre la soledad.

¿Qué es la soledad? ¿Cómo una la percibe? Y esa percepción, ¿cambió en tiempos de coronavirus?

Tu recién publicaste un libro con el título “No estás sola”. Tu libro no tiene nada que ver con coronavirus, pero sí con el tema que me cuentas  en tu carta. Bueno, no solamente sobre eso, claro: es un libro maravilloso y me encanta. Pero si piensas en tu título y piensas en el coronavirus y el aislamiento obligad0, ¿qué sale?

Comencé a pensar en soledad el día que empecé a extrañar a mis amigas. Como ya te conté, una de mis mejores amigas tiene cáncer de mama y no puede ver a nadie por el riesgo de que se enferme antes de la operación. Otra de mis mejores amigas tiene 70 años, diabetes, sobrepeso y además, se fue a su casa de verano, a varias horas de acá. Otra amiga se trasladó del ministerio de Relaciones Exteriores al ministerio de Política Social, que ahora se ha transformado en el “ministerio del coronavirus”: ahora trabaja noche y día. En síntesis, todo lo que a mi normalmente me da consuelo no está cerca. Tampoco puedo decir: bueno, voy al teatro, el cine, a ver una exposición, cosas que me encantan hacer sola: todo cerró. (Yo no tengo ninguna tendencia al alcohol, pero obviamente el consumo aumenta en  estos casos y con ese aumento viene también el crecimiento de la violencia en el hogar. En Groenlandia, por ejemplo, se prohibió venta de alcohol como una medida de prevención en el marco de la pandemia de coronavirus).

Pregunté a través de mi Facebook sobre soledad. Me llegaron respuestas muy  lindas y muy variadas. Una mujer comentó que ella nunca (en tiempos “normales”) se siente sola cuando está sola. Sus momentos de soledad son cuando está mal acompañada. Ahora, en cambio, piensa mucho en la gente que vive sola o con una pareja violenta. Otra escribe que nunca extrañó tanto estar sola como ahora, que está encerrada con sus hijos. Y reflexiona: la sociedad ayuda a equilibrar la carga de las mujeres con la existencia de jardines o escuelas, porque eso permite que estés “sola”. Y que el desbalance que se produce ahora es tan obvio, cuando tanta gente que se ha quedado sin trabajo -o sea “sin nada que hacer”- y  otros –por ejemplo, aquellas personas que  trabajan en el sector de salud- tienen demasiado que hacer. Otra escribe que extraña mucho el contacto físico, y que se angustia con las noticias que llegan de  gente por el momento muere sola, de entierros en soledad. Y en lo que significa todo eso  para elaborar el duelo. Otra cuenta que su vida se siente mucho más rica, y que se dio cuenta de todo lo lindo que tiene en su alrededor gracias a una cuarentena de varias semanas con su pareja y hijos. Mucha gente me dice también que su ritmo cambió, mejoró. Un hombre me cuenta que tiene 70 años, que después de su última separación ya no quería más problemas de relación de pareja. Era profesor, su relación era con libros, con las palabras. Y justo a esta altura de la vida volvió a tener un encuentro: una amiga de infancia, se contactaron por Facebook. Si vieron, se tocaron, volvió a sentir alegría. Ahora en cuarentena, solo, su vida se convirtió en una espera de la muerte.

¿Qué significa entonces  esta soledad impuesta por una cuarentena? ¿Qué significa para personas diferentes y para los diferentes grupos que forman nuestras sociedades. ¿La podemos transformar en algo positivo que se quede en nuestra vida post-corona?

Nosotras compartimos una conferencia sobre democracia participativa, en Caracas y en 2005. Por entonces, yo fui como autora de un libro sobre democracia participativa que había escrito en 2003. Tú aquella vez hablaste sobre las fábricas recuperadas tras la crisis 2001. Dijiste algo sobre cambiar economía por amor, o economía del amor (por favor: recuérdame). De todas maneras, mi recuerdo es que transmitiste que ahí se logró hacer algo: cambiar el paradigma que normalmente tiene que ver con la codicia y el individualismo por algo que tiene que ver con el amor. Y así fábricas, hoteles, medios, funcionaron con otra lógica aun dentro del dominio de un mercado que mantuvo la suya, de saqueo y depredación.

Ahora el coronavirus nos hace conscientes de la crisis económica, la crisis del cambio climático y otras tantas que ya existían, pero no eran reconocidas como crisis.

Ahora, podemos decir entonces: cambiemos esta soledad con estar juntos, en el sentido de crear una sociedad nueva juntos.

Ahora, podemos, quizá, tener la oportunidad de poner mucha más atención en lo más necesario, porque lo más necesario es lo único que está funcionando durante esta corona-cuarentena. Por lo menos aquí en Suecia donde lo único que no cerró son los hospitales, buses, subte, escuelas y jardines, negocios de cercanía.

Ahora podemos, sin duda, valorar la ganas de estar juntos, las maneras hacer juntas, con una creatividad insuperable.

Ahora podemos comprender lo que significa decir: no estás sola.

Podemos utilizar este asilamiento para algo bueno.

¿Qué piensas?

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Histórico: el martes comenzará el nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez

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El próximo martes 7 de febrero comienza el nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez, asesinada en Mar del Plata en octubre de 2016. Tenía 16 años. Fue el caso que impulsó el primer Paro de Mujeres del país y que motivó un juicio escandaloso en 2018 cuyo fallo fue anulado por la Cámara de Casación de la provincia de Buenos Aires, que ordenó que el proceso se realice nuevamente. Uno de los argumentos de la anulación: “No olvidemos que en esta instancia no se está juzgando a la víctima (como pareciera estar ocurriendo) sino a los eventuales victimarios”.

En aquel juicio se condenó a los acusados por “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”, y no por el crimen. Casación ratificó esa condena, pero ordenó que ahora se realice nuevamente el juicio por femicidio. Detalles sobre la jornada preparatoria del juicio.  

Esta nueva e histórica realización de un juicio por femicidio comenzará a las 9 de la mañana del martes 7 de febrero en el Tribunal en lo Criminal N° 2 de Mar del Plata, en Almirante Brown 2046. Los jueces a cargo del nuevo Tribunal son Roberto Falcone, Gustavo Fissore y Alexis Semaz. El fiscal del caso es Leonardo Arévalo. 

Los acusados son Matías Farías (28 años) y Juan Pablo Offidani (47 años), quienes el 8 de octubre de 2016 llevaron a Lucía a la sala de salud de Playa Serena: llegó muerta. Farías será defendido por la abogada oficial María Laura Solari; Offidani, por el abogado particular César Sivo. Se estima que las audiencias se extenderán hasta el 1º de marzo.

Imagen de los tres acusados durante el juicio de 2018, que ahora se realizará nuevamente. Maciel (de anteojos) falleció luego de ser absuelto. Offidani y Farías fueron condenados a 8 años por narcotraficar droga cerca de las escuelas, pero no por el femicidio. Fotos: Romina Elvira para lavaca

¿Por qué un nuevo juicio?

Farías y Offidani fueron apresados el 9 de octubre de 2016, un día después del femicidio. El tercer detenido fue Alejandro Maciel, 61 años, acusado de encubrimiento agravado por ayudar al lavado del cuerpo muerto.

En 2018 fueron juzgados ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Mar del Plata.  Farías y Offidani fueron condenados a ocho años de prisión y a pagar una multa de 135 mil pesos por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”. Desde entonces están detenidos. El tercer acusado, Maciel, fue sobreseído, y murió tiempo después de cáncer.  

Pero ninguno de los tres fue condenado por el femicidio. Como si Lucía y su muerte no hubieran existido.

Aquel juicio que tuvo un desarrollo vergonzoso, con jueces que parecían más empeñados en cuestionar a la niña asesinada que en juzgar a los autores del crimen. A eso se agregó el tono machista, misógino, indiferente hacia la víctima y la familia, y totalmente consistente con una mirada que históricamente ha relegado a las víctimas de femicidios y de actos de violencia contra las mujeres.

Por esa sentencia la familia de Lucía exigió dos cosas, que se lograron:

  1. El fallo por el juicio de 2018 se apeló y en agosto del 2020 la Sala IV de la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires resolvió anularlo. Confirmó la condena por la venta de drogas, pero ordenó que se haga este nuevo juicio por el femicidio.  
  • Además, en marzo se concretará un juicio político (jury) a los jueces del Tribunal: Pablo Viñas y Facundo Gómez Urso por “negligencia, incumplimiento del cargo y parcialidad manifiesta”. El tercer juez,Aldo Carnevale, quedará impune porque consiguió la jubilación anticipada del gobierno de María Eugenia Vidal para evitar el enjuiciamiento. El jury será llevado adelante por el parlamento bonaerense

Al anular el fallo del juicio de 2018 la Cámara de Casación bonaerense instaló un precedente histórico para que el Poder Judicial deje de ser parte del sistema que consagra la impunidad y la estigmatización de las mujeres.

Los jueces del fallo anulado. Aldo Carnevale (que logró a tiempo su jubilación por parte del gobierno de María Eugenia Vidal), Pablo Viñas y Facundo Gómez Urso. La Cámara de Casación anuló el fallo estigmatizante y vergonzoso que firmaron sobre el caso de Lucía Pérez, y en marzo Viñas y Gómez Urso serán sometidos a juicio político. Fotos: Romina Elvira para lavaca

¿A quién se juzga?

Uno de los fundamentos de esa anulación plantea: “No olvidemos que en esta instancia no se está juzgando a la víctima (como pareciera estar ocurriendo) sino a los eventuales victimarios”.

Además el Tribunal señala que el Estado se comprometió a prevenir y erradicar la violencia machista, y que “estas normas imponen a quienes tienen la tarea a su cargo, tener en consideración el contexto en el que ocurren los hechos, realizar un análisis de los mismos, determinar el encuadre jurídico apropiado, y valorar la prueba con perspectiva de género”.

En ese sentido pareció inexplicable que el Tribunal de Mar del Plata que juzgó en primera instancia el femicidio se haya enfocado en “indagar en la personalidad, actitudes y comportamientos anteriores de la víctima, su forma de relacionarse con los hombres, su vida social, su carácter, y en distinguir la conducta de los imputados, y a partir de allí, considerar si Lucía había consentido el acceso carnal”.

Describe la Cámara de Casación a ese foco estigmatizante puesto sobre la víctima como “un despropósito”.

Marta Montero y Guillermo Pérez: los padres de Lucía. Fotos: Romina Elvira para lavaca

La audiencia preparatoria

Durante la mañana de este jueves se desarrolló la audiencia preparatoria del juicio. Los padres de Lucía (Marta Montero y Guillermo Pérez) pidieron que el proceso sea transmitido por Youtube. Además solicitaron que el Tribunal no esté vallado, dado que el pedido de justicia será acompañado desde la calle por organizaciones sociales, sindicales y otras familias de víctimas de femicidios. Desde la Ciudad de Buenos Aires y La Plata está previsto que salgan grupos para acompañar el inicio de un proceso histórico.

Las defensas de los acusados se mostraron contrarias a ambos pedidos, que los jueces deberán resolver. Por su parte, los imputados pidieron no estar presentes en la sala.  

En este nuevo proceso no hay una nueva instrucción, por lo que no hay nuevas pruebas ni nuevos testigos (que serán alrededor de 50). La primera jornada, el martes 7 de febrero, se iniciará con la declaración de la familia de Lucía. Durante la primera semana que será corta (el viernes 10 no habrá audiencia) se espera que declaren alrededor de 20 personas. Lo que está en juego es la posibilidad de ver en la práctica si finalmente habrá justicia.

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 2

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La nueva serie documental de lavaca: el mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Con dirección de Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes. Ya disponibles los capítulos 1 y 2

Capítulo 2

Aceitera La Matanza fue la primera fábrica recuperada visitada por un presidente argentino durante su mandato. Alberto Fernández reconoció que siempre vio a las cooperativas como parte de la “economía informal” sin comprender que involucra otros modos de producción: “Ahora soy yo uno de los que tiene que convencer al resto de la Argentina de que la economía popular existe, y que hay que darle las herramientas para que siga creciendo”, dijo ante 2.000 trabajadoras y trabajadores. Sin embargo, durante la pandemia, la asistencia del Estado no fue la misma que para las empresas privadas. ¿Qué dice sobre esto? ¿Y qué le responden quienes trabajan?

Capítulo 1

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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Todo se quema, nada se transforma

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Todas las provincias argentinas sufrieron incendios masivos en 2022, y el 95% de ellos son provocados por acciones humanas, según un reciente informe de Amnistía Internacional. El costo de recuperar ese desastre oscila entre 1.100 y 3.700 millones de dólares anuales. Adjudica los incendios al avance de negocios inmobiliarios, agrícolas y/o ganaderos, que buscan favorecerse a partir de una destrucción territorial.

Los daños y las consecuencias a largo plazo son incalculables, mientras el Congreso sigue en deuda y no trata la Ley de Humedales. Vecinos e integrantes de organizaciones de San Pedro, Rosario y Ramallo dan voz y cuerpo a lo que los números de Amnistía denuncian. El informe completo.

Por Anabella Arrascaeta y Francisco Pandolfi

Amnistía Internacional presentó un informe en el que reporta la gravedad de los incendios forestales en Argentina. El dato es alarmante: durante el 2022 todas las provincias del país estuvieron en llamas.  

El trabajo toma información del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, organismo dependiente del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación. Los datos son oficiales y arrojan un total de 561.164,89 hectáreas quemadas. Pero la propia organización da cuenta de la dificultad de obtener la radiografía completa de la situación y ofrece, en contraste con estas cifras, la información proporcionada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario (INTA), que contabilizó tan solo en Corrientes más de 1 millón de hectáreas devastadas por incendios. 

La provincia de Corrientes permite pensar todo el sistema de muerte y depredación que generan las llamas. Algunos datos: 

  • De acuerdo a la Dirección Nacional de Bosques, dentro de las miles de hectáreas afectadas en los incendios de la provincia, un 10% pertenece a una superficie de bosques quemados que son considerados de muy alto valor de conservación.
  • El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible reporta que en la provincia se documentaron desplazamientos de animales, entre ellos, mono carayá, yacarés y carpinchos.
  • En respuesta a un pedido de acceso a la información pública hecho por Amnistía Internacional Argentina, la Dirección Nacional de Planificación y Ordenamiento Ambiental del Territorio del ministerio informó que se sufrió una pérdida de cientos de miles de hectáreas de áreas protegidas en la provincia de Corrientes en el año 2022. El informe detalla que “las áreas naturales protegidas son relevantes por distintas razones: para la protección de suelos, cuencas hidrográficas, recursos y materias primas, para el control de plagas y enfermedades, para la investigación científica, proporcionar valores espirituales, emocionales y culturales, entre otras razones”. 
  • Entre las áreas más afectadas del país se encuentra la zona de humedales de Corrientes. En 2022 y solamente en dicha provincia se registró que más de 330 mil hectáreas en zonas de humedales fueron afectadas por los incendios.  

En este contexto el informe da cuenta de que la “restauración de áreas quemadas es lenta y requiere de recursos efectivos que permitan la recomposición de los ecosistemas y biodiversidad”. El costo es imposible de determinar. Dice el informe: “Se estima que la recuperación tras los incendios podría costarle a Argentina entre USD 1.100 y 3.700 millones por año”. 

A ese contexto se suma que en medio de la crisis económica, “los brigadistas y bomberos voluntarios han reclamado mayores recursos y apoyo para financiar los gastos a la par de mejores condiciones laborales, obra social y remuneración”. 

Pero hay consecuencias de largo impacto no pueden medirse en números ni plata, por ejemplo el impacto en el ecosistema, “la pérdida de ciertos árboles o vegetación puede tardar décadas en regenerarse, por lo que su recuperación no puede acelerarse ni resolverse rápidamente. Mientras que otro tipo de vegetación es incapaz de rebrotar luego de un incendio”, dice el informe. Agrega: “A su vez, la pérdida de flora a causa de los incendios afecta directamente a la fauna ya que ésta depende de ella para su alimentación o refugio. Esto no solo provoca la muerte de animales sino también su desplazamiento”.  

Otro caso: no había informes de incendios en Tierra del Fuego, pero en noviembre de 2020 se reportaron 9.000 hectáreas consumidas por el fuego (equivalentes a 9.000 manzanas de cualquier ciudad) en el área protegida de bosques nativos de Tolhuin.

Fotos: Pablo Sigismondi.

Quién prende el fuego

El informe de Amnistía Internacional da cuenta de que según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego “las acciones humanas son responsables del 95% de los incendios”. 

Explica: “La negligencia, los fogones mal apagados y la quema intencional de pastizales, son algunas de las prácticas más riesgosas que inician los grandes incendios en el país. Con frecuencia los incendios intencionales están asociados a las prácticas de quema de pastizales para el avance de proyectos inmobiliarios y/o la agro-ganadería. Las principales causas de la pérdida de bosques nativos están asociadas a los cambios de uso de suelo que se realizan para desarrollar actividades agrícolas y ganaderas, así como los incendios. Por otro lado, la proliferación de los incendios forestales también se explica por el cambio climático: altas temperaturas, intensas sequías, bajos niveles hídricos”. 

Dato que aporta el informe: El Servicio Metrológico Nacional de octubre de 2022 reportó que más de 160 millones de hectáreas fueron afectadas por la sequía en el país. Otro: las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y San Luis atraviesan una situación de sequía extrema sin precedentes. “Estas condiciones climáticas, combinadas con altas temperaturas y falta de lluvia, aumentan el riesgo de incendios. Asimismo, a medida que la temperatura global aumenta, eventos como éste serán cada vez más extremos y frecuentes”

Enrique Sierra, vecino de San Pedro, naturalista, activista ambiental, pone cuerpo y territorio a lo que los números y el informe exponen. Cuando atiende el teléfono a lavaca el termómetro registra en su casa 34 grados, y “llegamos a picos de 40 grados la semana pasada. En un año estamos cocinados”. 

¿Por qué?

Por las altas temperaturas, por la falta de lluvia, el Río Paraná está bajo. Desde principio de año llovieron solamente 8 milímetros. Y en agosto, septiembre, noviembre y diciembre del 2022 llovió por mes un promedio de 5 milímetros.

Si le tuvieras que hablar a una persona que no está metida en el tema, que escucha lejano lo del cambio climático pero ve que está padeciendo el calor y que hay incendios permanentes en distintos lugares del país, ¿cómo le explicarías lo que pasa?

Se lo explicaría simple: ¿cuántos cortes de luz tuvo en el año? La luz que tenemos, la mayor parte, viene de centrales hidroeléctricas que no están produciendo energía porque hay sequía en ríos y lagos. ¿Hace 20 años atrás usaba tanto protector solar? ¿Lo alertaban por los golpes de calor? ¿Se le corta el agua en la casa? Porque las autoridades dicen que en las napas casi no hay agua. Esa sería la manera de explicarle a la sociedad en general qué es el cambio climático. Pienso que se entiende más fácil así. Las altas temperaturas nos llevan a más costos. 

¿Por ejemplo?

Si tenés aire acondicionado o ventilador vas a gastar más energía eléctrica, si es que tenés energía eléctrica. Otro ejemplo: si tenés algún tipo de enfermedad, con el humo de los incendios te afectan por las partículas del aire, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, que son gases de efecto invernadero. Acá en San Pedro se está quemando la isla y la solución es que manden 19 brigadistas. No podés mandar esa cantidad a un lugar que tiene más de 1000 hectáreas quemándose. La gente todavía no asocia. Y lo que no asocia la gente tampoco lo asocian los representantes políticos. No se entiende la relación entre los temas ambientales con la vida cotidiana; si yo tengo calor en la vereda es porque no tengo árboles, por eso tengo tres grados más de temperatura. Si llegan a venir lluvias demasiado copiosas, yo no sé qué va a pasar con las ciudades cuando se inunden porque no nos preparamos para el cambio de clima. Hoy tenemos sequía, pero tal vez después de mayo tengamos inundaciones. Ante esa incertidumbre nosotros todavía no nos preparamos como sociedad, como país, para prevenir este tipo de cosas, pese a que muchos venimos advirtiendo del tema. 

Amnistía Internacional acaba de sacar un informe sobre los incendios, la pérdida de biodiversidad y áreas protegidas, de humedales, entre otros temas. Desde tu experiencia, ¿cuáles son las causas de los incendios sistemáticos en el país?

Pienso que en Argentina no ordenamos el territorio; el ordenamientos territorial se refiere a los usos que le damos al suelo, los usos pueden ser industriales, urbanos, agropecuarios, y de conservación como pueden llegar a ser las áreas de humedales, pero como no tenemos un orden de ordenamiento social, cada uno hace lo que quiere. Entonces, que no haya ordenamiento del territorio produce un caos. Todo esto se va agravando porque se van sumando pequeños caos de distintos lugares, provincias, municipios y esto se está haciendo demasiado grande, incontrolable, como los incendios. El clima está cambiando y todavía no reaccionamos, ni prevenimos. No hay lluvias, no se recargan las napas, escasea el agua en la ciudad. La sociedad todavía no relaciona que la falta de lluvias le puede afectar el consumo de agua. El río está bajo desde hace 3 años, los humedales no tienen agua, se queman. Sin que los que queman tengan conciencia que están convirtiendo su futuro en cenizas. 

Fotos: Pablo Sigismondi

La deuda del Congreso: la Ley de Humedales

En Argentina aproximadamente un 21% del territorio está compuesto por humedales, aunque no se sabe con exactitud cuántos hay, su extensión ni su estado de conservación y destrucción. 

Los incendios presentan un riesgo enorme a estos ecosistemas generando pérdidas ambientales que podrían ser irrecuperables. Los humedales ayudan a mitigar los efectos que provocan las sequías, previniendo los focos de fuego, son barreras naturales que ayudan a prevenir el avance de las llamas. Además los beneficios de los humedales son múltiples y su contribución al bienestar humano es invaluable.

El proyecto de ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Humedales busca garantizar su conservación, protección y su uso sustentable. El proyecto lleva una década dormido en el Congreso de la Nación. Desde 2013 las sucesivas pérdidas de estado parlamentario son una constante, abonadas con la indiferencia de la clase política. 

En noviembre 2022 la Ley de Humedales tuvo dictamen en el plenario de las tres comisiones a las que el proyecto había sido girado, pero el dictamen de mayoría pertenece al interbloque Juntos por el Cambio con 53 firmas. El dictamen de minoría (un poco más cercano a lo que apoyan desde hace años las organizaciones científicas, sociales, ambientales y las comunidades afectadas) fue el del Frente de Todos, consiguió solamente 47 firmas dado que varios diputados y diputadas oficialistas no firmaron. 

El proyecto sigue sin ser tratado en el recinto y no fue incluido en las sesiones extraordinarias que acaban de iniciar. 

El informe de Amnistía Internacional exige: “El Congreso de la Nación debe dar urgente tratamiento al proyecto de Ley de Humedales y avanzar con acciones concretas que amplíen la protección de estos ecosistemas tan importantes para el mantenimiento y desarrollo de la vida en la Tierra”. 

Rodolfo Martínez, vecino de la ciudad de Rosario e integrante de la Multisectorial por la Ley de Humedales, explica a lavaca que el proyecto de ley fue “deliberadamente no incluido en las sesiones extraordinarias; no fue incluido ni por pedido de Alberto Fernández ni por pedido de legisladores”.

Sobre los dos dictámentes que se lograron aclara: “el de minoría del oficialismo es bastante más superador que el de mayoría, pero vemos que no hubo intenciones de que tenga debate. Vuelvo al punto: tiene que estar en el Congreso, se tiene que votar, a favor o en contra, de cara a la sociedad. Estamos de cara a un año electoral y todavía no sabemos qué piensan hacer los legisladores. Claramente la omisión de esto es una forma de ceder ante los intereses concentrados que están frenando esta ley”.

¿Quien tiene la responsabilidad de que no se esté tratando?

La responsabilidad de esto no la tienen los lobbies, como a veces intentan decirnos los legisladores. La responsabilidad la tiene cada nombre y apellido, diputado y diputada de todas las provincias que no se sitúan con lo que pasó en la calle, con tanto humo, tanta tragedia, no solo de animales, sino también la salud humana. No se quiere ponerle regulación, es más cómodo que sucedan los grises. 

¿Cómo está la situación en Rosario?

Hace dos fines de semana lamentablemente tuvimos fuego acá en la Isla de los Mástiles, al norte de Rosario, jurisdicción de la provincia de Santa Fe. Se tardó tres días en apagar el fuego y cuando estuvo todo el operativo se demostró que existen fuerzas, existen recursos, vinieron los brigadistas, fue la provincia la que se puso a mover las cosas a raíz del pedido también de las organizaciones. Pudieron apagar el fuego pero estamos hablando de que se repite una lógica, un patrón de fuego que es millonario. Es decir, vamos, apagamos el fuego con operativos que son carísimos y que llegan tarde porque el fuego ya quemó, por supuesto saludamos los esfuerzos pero me parece que hay que hay que invertir la lógica y lo que se tiene que garantizar es una tutela, un guardianazgo del territorio que al día de hoy no existe. En Entre Ríos por ejemplo es deliberadamente funcional que eso no exista. Santa Fe está accionando en estos territorios próximos que son más visibles por la ciudadanía, no así en los humedales del Norte donde están haciendo obras y que claramente van a afectar los territorios, pero por lo menos ante la prensa y ante la vergüenza algo están haciendo.

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Lo que el informe recomienda

El informe de Amnistia Internacional cierra con una serie de recomendaciones hacia el Estado. Son estas:

  • Generar condiciones políticas, legales, administrativas, económicas y financieras que permitan una gestión ambiental transversal a todas las políticas públicas, con un enfoque especial en acciones que se destinen a combatir los efectos de la crisis climática. 
  • Mejorar las estrategias de prevención de incendios forestales, reducción del riesgo y preparación de recursos, que debe estar acompañada de un sistema de monitoreo que garantice impactos efectivos en la reducción de los incendios. 
  • Garantizar el financiamiento y las condiciones necesarias para que todas las instituciones que dan respuesta a los incendios tengan los recursos materiales y humanos para responder con celeridad y de manera adecuada ante los focos de incendio forestales.
  • Asegurar una distribución de recursos eficiente y equitativa para que los distintos niveles del gobierno desarrollen los esfuerzos necesarios para informar los incendios, de manera periódica, así como informar el consecuente impacto socioambiental de los incendios forestales. 
  • Garantizar la restauración, rehabilitación y reforestación de las áreas afectadas y/o restauración de ecosistemas en beneficio de los territorios y población perjudicados; considerando la infraestructura natural, el cambio climático y el planeamiento que permita territorios más seguros y resilientes en el futuro. 
  • Garantizar investigaciones urgentes y eficaces para la identificación y sanción de los responsables de los incendios forestales y su debida condena. 
  • Avanzar con el tratamiento y aprobación urgente del proyecto de Ley de Humedales, priorizando aquel que ofrezca las mayores garantías posibles para la protección de los territorios.

Evangelina Romano, integrante de la Red Nacional de Docentes por los Humedales, y vecina de Ramallo, conversa con lavaca y aporta sus propias recomendaciones. Habla claro y dice así: “Despedimos al 2022 sin una Ley de Humedales y como era de esperar en llamas y tapados de humo. Y como pasó siempre, nadie accionó. Siempre esperamos a que el humo nos entre por la ventana. Una locura. Pedimos una Ley de Humedales que nos dé herramientas para terminar con el sufrimiento de las personas asmáticas, de los bichos, de los isleños, de los pescadores y de la vida misma. Todo sigue igual que hace 2 años, con gobernantes nacionales y provinciales inoperantes que se desbocan por zoom y no hacen cumplir las leyes; no es tiempo de debatir, de hablar, ya es tarde. Lo mismo sucede con municipios acéfalos que solo mandan cartas y se sientan a ver qué pasa desde la otra orilla. Armen un plan de contingencia, conversen con los propietarios y únanse para mitigar semejante devastación, poniendo recursos. Si no accionan, si no despiertan, esto no va a tener solución». 

Fotos: Pablo Sigismondi.
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