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Lo que hay para ver: teatro independiente en la sala, y también bajo las estrellas

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Las artes escénicas pueden ocurrir en distintos espacios, ya sea en una sala teatral como en una vidriera, en la calle, una plaza o un parque. Son infinitas las posibilidades de darle lugar a la belleza y así sellar el pacto entre intérpretes y espectadorxs. También pueden suceder en el tradicional horario nocturno o en la mañana de un domingo. Hoy te contamos sobre cuatro obras que recorren diferentes atmósferas. La catarsis de la carcajada cuando se vuelve insostenible la congoja. La soledad del ídolo que ya no es funcional a los planes del consumo y se vuelve un producto descartable. El universo de los ciegxs y un cuestionamiento: ¿quiénes son lxs que no ven? Y un relato conmovedor sobre un joven en el día de su cumpleaños, los vínculos que se tejen en torno a lo que se pretende invisibilizar, la aceptación no como pasaje a la frustración sino como salida al encuentro de otras realidades posibles.

Los siete gatos de una vida

Lo que hay para ver: teatro independiente en la sala, y también bajo las estrellas
Foto: Paola Evelina

Se asoman mirando compungides, inconsolables. Una mujer llora con desesperación. Sospechamos que alguien ha abandonado este mundo y elles destilan toda su aflicción por quien acaba de partir,como si buscaran extirpar la pena del cuerpo con inmediatez para continuar con la procesión de sus vidas. Hay gestos que reflejan un dramatismo desmesurado  y provocan que las comisuras de los labios se extiendan progresivamente hacia arriba. La fatalidad se pasa de rosca y transmuta en una secuencia descabellada que lleva a moverse en el asiento con cierta incomodidad porque no despierta pena sino carcajada. Este grupo adorablemente desquiciado nos remite con su vaivén emocional a algún film tragicómico italiano, somos culposos espectadorxs que no buscamos reirnos de la desgracia ajena, pero no podemos evitarlo. También invoca el clima de cualquier película de Kusturica, donde lo disparatado es muy bien acompañado por los acordes de la música balcánica. Lo que suena en vivo  —guitarra, piano y trombón— enfatiza el devenir de cada momento de esta obra de teatro físico compuesta por siete escenas.

Dicen que los gatos tienen siete vidas. ¿Y nosotres cuántas vidas transitamos en una sola vida? Un cuerpo que respira, puede ser solo eso o puede ser la intención permanente de desafiar a la adversidad con el poderoso estallido de la risa.

Con idea y dirección de la intérprete, coreógrafa, dramaturga, directora y docente Catalina Briski, Los siete gatos de una vida empezó a gestarse en el verano de 2018, “Comencé a escribir sobre siete muertes, creo que ciertos duelos personales empezaron a volverse imágenes palpables. Se me armaban siete cuadros en principio, hubo bocetos, maquetas, imágenes. Trabajamos con los ejes: lo que está vivo, lo que está muerto y lo muerto dejó de tener esa connotación de algo que simplemente no respira. Lo muerto puede ser el olvido, lo alienado, lo que ya no se ama, lo que ya no se desea”.

¿Qué elementos actuaron como disparadores? “El cuerpo como un medio poético que desde sus múltiples formas y estados nos acerca a relatos, se asoma a sentidos y siempre estamos afirmando algo entre lo absurdo, lo siniestro y lo poético. Esos conceptos nos acompañan”. La obra desencadena múltiples reacciones “Preguntarnos qué está pasando con la vulnerabilidad, mostrarnos frágiles con la muerte, el miedo a morir, sembrar preguntas es algo vital para todes. Hay momentos que pueden despertar tristeza, melancolia y puede haber momentos de extrema ridiculez que pueden generar risa y otros estados. Es un momento de goce, de catarsis, de expresión y de encuentro. Todo el ritual del teatro queremos que sea de mirar, observarnos y jugar un rato.”.

Teatro del Perro, Bonpland 800, CABA

Estreno sábado 9 de octubre

Sábados de octubre y noviembre, 21 hs

@teatrodelperro

@catabriski

La Meca

Lo que hay para ver: teatro independiente en la sala, y también bajo las estrellas
Foto: Santos Loza

Milton Alí la pegó. Es conocido como la “estrella de Mataderos”, canta cumbia y la rompe con su banda La Meca. Sus fans lo idolatran y parece tenerlo todo, pero como ya sabemos, la fama es puro cuento, un mar de espuma que en algunas ocasiones puede tocar fondo. La nueva obra con dramaturgia, dirección y actuación de Mariana Bustinza, es un musical, es una historia que nos resuena en el pecho, es el relato del ídolo sin freno, sin brazos en los que sostenerse cuando la adversidad pega dos cachetazos.

La interpretación de Mariana como el líder cumbiero merece ponerse de pie al término de la obra. El vestuario, la forma de hablar, la gesticulación le otorga absoluta verosimilitud al personaje. Mariana ya viene transitando la dirección de obras que indagan sobre les que solemos denominar “marginales”: Menea para mí, Lo que quieren las guachas y Gorila. La Meca continúa en esa temática. “Está también dentro del universo del barrio pero toca el tema del éxito y de cómo puede llegar a influir en alguien vulnerable. Además está el tema de la adicción y de la soledad. Y el contrapunto de los momentos de recitales.  El proceso de La Meca, fue primero de escritura, la empecé a escribir en el 2017 y la terminé en el 2020. Luego Facundo Salas hizo la composición de las canciones, a medida que íbamos ensayando. En un principio hubo dos actores varones y con el tiempo sentí que tenía que hacerla yo. Una especie de llamado interior”, cuenta Mariana.

La obra tiene a la música como otra gran protagonista. Al ingresar a la sala, ya estamos escuchando una cumbia. Cada vez que canta, Milton nos arenga a acompañarlo con las palmas. Mariana está más que familiarizada con lo musical: creó Cumbicus, una banda en la que es cantante y compositora. “Me encanta la música, me gusta que el teatro tenga música. Por lo menos el que hago yo, siento que completa un todo que en mÍ funciona y me interpela. Hay momentos de coreografías, música y canciones en vivo. En esos casos la narración avanza de la misma manera pero con lenguaje diferente”.

La Meca es el nombre de la banda que convirtió a Milton en un fenómeno, al menos por un tiempo. Es un lugar donde llegar para alcanzar los sueños, aunque quizás en algún momento se derrumbe y haga falta buscar otra meca, otros sueños. ¿Qué despierta Milton en cada espectadorx? Mariana sostiene: “Todas las personas tenemos la capacidad de dejar de lado los prejuicios, pero para eso hay que hacer un trabajo de conocimiento. Y ese conocimiento puede derivar en comprensión. Un prejuicio es una valoración a priori desconsiderando el contexto y experiencia de ese otro que se juzga. El teatro, el arte en general, es una herramienta de unión”.

Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378, CABA

Domingos 20.30 hs

@teatroelextranjero

@cumbibustinza

Fragmentos de oscuridad, los caprichosos objetos del destino

Lo que hay para ver: teatro independiente en la sala, y también bajo las estrellas
Foto: Laurencia Alvarellos Alonso

La cita es en la noche de un sábado en Lacarra y Remedios, sobre una de las veredas del Parque Avellaneda. El director del grupo de teatro callejero La Runfla, Héctor Alvarellos, nos da la bienvenida a la nueva creación de este grupo que está cumpliendo 30 años de vida escénica y cuya morada es el espacio cultural La Casita de la Selva, en el pasaje La Selva, a pocas cuadras del parque. Los personajes de la obra se nos acercan sosteniendo lámparas en la oscuridad de la noche. Quien nos invita a seguirle es la que viste de blanco, con su cara de calavera y sus dedos de hueso. Con cierta tensión, vamos detrás de ella en peregrinación silenciosa atravesando el parque hasta llegar a un espacio donde conviven tierra, pasto y grandes árboles. Hay aves de colorido plumaje subidas a las ramas de los árboles, a las estatuas que ocupan el parque y desde ahí nos observan.

Un grupo de ciegxs está a la deriva, deambulan en la oscuridad permanente portando grandes ramas con las que tantean la superficie. El guía no aparece y no saben cómo regresar. Entrecierren los ojos y abran sus oídos, nos susurran antes de sumergirnos en otros pequeños mundos. Tres escenas diferentes y en simultáneo acontecen en distintos escenarios naturales. Uno de ellos incluye palabras del poeta Federico García Lorca: Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la gran revolución. La revolución de la que hablaba Lorca tiene que ver con un suceso específico: la desaparición del hambre.

Reflexiona Alvarellos: “En casi todas nuestras obras abordamos el tema del poder en sus diversas formas, pero ¿qué contar? ¿qué hablar hoy en este mundo tan caótico?, ¿tiene sentido nuestro teatro frente a realidades tan crudas?, nos preguntamos. Y en ese pensar, nos encontramos con un futuro tan oscuro que no nos permite ver, estamos ciegos frente a los objetos del destino que nos generan miedos e incertidumbre. Y al querer reconocernos nos damos cuenta: Estamos juntos pero no sabemos nada los unos de los otros”. Fragmentos de oscuridad estaba próxima al estreno cuando estalló la pandemia, luego hicieron funciones en febrero y marzo de este año, hasta que nuevamente hubo restricciones.

Retomar la actividad teatral es una alegría para el grupo que, por cercanía, elige el Parque Avellaneda para hacer sus irrupciones al aire libre. Muchas obras han realizado a lo largo de tres décadas, entre ellas El Gran Funeral estrenada en diciembre de 2001 en el Antiguo Natatorio del parque, el mismo día en que se decretaba estado de sitio. “Convertir al transeúnte en un espectador” es el desafio del teatro callejero. “Lo más importante es generar un hecho extra cotidiano que llame la atención, aunque en muchos casos es difícil hacerlo con personas que están metidas dentro de su celu o que se dirigen a un lugar con mucho apuro”. En esta ocasión, las coordenadas del encuentro se pautan antes, para presenciar juntes la función a la gorra, bajo la luz de la luna.

Parque Avellaneda, Lacarra y  Remedios, CABA

Sábados 21 hs

Reservas: 11 7360-0176

@larunfla_teatro

@mtyc.parqueavellaneda

Mi hijo solo camina un poco más lento

Lo que hay para ver: teatro independiente en la sala, y también bajo las estrellas

Estrenada en 2014, Mi hijo solo camina un poco más lento, es de esas obras imprescindibles, que no pierden vigencia y como los clásicos, se vuelven entrañables. Conservan el horario poco habitual para el teatro —domingos las 11.30 de la mañana— que era el momento en que podían juntarse los actores y actrices para ensayar, y decidieron probar si funcionaba. El actor y curador del primer Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América, Matías Umpierrez le propuso dirigir esta obra a Guillermo Cacace. En el Festival habían participado diez obras extranjeras dirigidas e interpretadas por directorxs, actrices y actores argentines, entre ellas estaba Mi hijo solo camina un poco más lento, del dramaturgo croata Ivor Martinic. En ese momento, Cacace desistió porque no podía asumir ese compromiso. Umpierrez le rogó que leyera la obra, la leyó, se conmovió y por supuesto, dijo que sí.  

La obra transcurre el día en que Branco cumple 25 años. Tiene una enfermedad que no se nombra durante la obra y que lo mantiene en silla de ruedas. Una madre que niega la dolorosa realidad, un padre huidizo, una hermana que se siente culpable de su felicidad, una abuela que desea que ojalá se enamore y le hace confesiones que nadie más conoce; una tía desopilante que enmascara lo que siente con cataratas de palabras y una simpática joven que pretende mucho más que su amistad.

¿Por qué conmueve tanto la obra? Su director, Guillermo Cacace, responde: “Tenemos muchas hipótesis acerca de qué pasa con la obra, pero lo que podemos decir es que nos conmueve mucho hacerla. Que eso irradie, contagie e invite es algo que pertenece a lo que no se puede poner en palabras. Siempre digo que amé a todas mis obras, pero con ésta fuimos correspondidos. Y si hubiera pasado que del otro lado no nos amaban, no íbamos a dejar de amarla”. La actriz Paula Fernández Mbarak, que interpreta a Mía, la mamá de Branco arriesga: “En la obra están todos los vínculos posibles de los seres humanos. Habla de cuestiones existenciales, hace preguntas en las que no hace falta estar en esta situación concreta para cuestionárselas. Habla de cosas que por algún lado te pegan”.

Imperdible oportunidad para verla por primera vez o reincidir con esta obra que como dice su director: “Afirma que algo se puede. Hay que soltar un poco, poder andar en la diferencia. Tal vez son fantasías mías, pero quiero creer que la gente viene porque quiere creer eso”.

Teatro Picadero, Enrique Santos Discépolo 1857, CABA

Domingos 11.30 hs

Hasta el 24/10

@teatroelpicadero

@guillermo_cacace

Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

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Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

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Revista Mu

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

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Ley de Tierras y después: Cambio de tema

Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.

Por Claudia Acuña




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Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre

Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




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Atanor condenada por contaminación: La odisea

Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.

Por Lucas Pedulla

Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org




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Agroecología en Misiones: El libro de la selva

Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto

Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.

Por Sergio Ciancaglini

Fotos: Juan Valeiro

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Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura

A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.

Por Evangelina Bucari




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder

¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

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Zoe Hochbaum: Comerse el mundo

Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.

Por María del Carmen Varela

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




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Crónicas del Más Acá: Rambo al sur

por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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