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Seguridad&Democracia: cuestión de Estado. Parte I

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Un seminario intensivo reunió a especialistas de diferentes áreas y países para discutir “una política de seguridad democrática para Argentina”, según las palabras del propio Acuerdo de Seguridad Democrática (ADS) que organizó el encuentro. Los temas que atravesaron las exposiciones fueron los relacionados a la policía, su gobierno civil, la universidad como fuente de investigaciones y diagnósticos, el rol de los medios en la configuración de la inseguridad -o su sentimiento-, la educación y las políticas sociales, entre otros.
GarreFecha: 13 y 14 de abril. Por el salón Adolfo Bioy Casares del Centro Cultural Borges desfilaron entonces intelectuales, invitados internacionales, ex funcionarios y la ministra de Seguridad, Nilda Garré, a cargo del cierre del seminario junto a Horacio Verbitsky, presidente de CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales).
Lo que se estaba discutiendo allí representa, entonces, un debate central sobre las políticas de seguridad según la perspectiva estatal. Un debate que, consideramos, debe ser social y, por lo tanto, público y abierto. Este informe representa entonces nuestro humilde aporte para que así sea.
Primer round
Teoría: Paradigma punitivo vs. Paradigma democrático

Gastón Chillier, director ejecutivo del CELS, comenzó con una apelación: aprender de los errores. Recordó entonces el paradigma consolidado en los 90 que delegó a manos de las instituciones policiales la gestación de las políticas de seguridad. La teoría de Chillier: la «demagogia política» derivó en un paradigma basado en los castigos, pero no en políticas genuinas que escarben el fondo del problema. El resultado: corrupción y delitos policiales (Chillier enumera: «detenciones arbitrarias, torturas, ejecuciones extra-judiciales», entre otros), que no sólo no equilibraron la seguridad y violencia ciudadana, sino que la fomentaron. El nuevo paradigma (que no se sabe bien cuándo ni donde nació, pero que sí se respira como real al menos en este seminario) sería uno «democrático». Y la creación del Ministerio de Seguridad representaría un puntapié en su construcción: gobierno civil de la policía, restructuración y, sobre todo, prevención.

Práctica: el caso Arruga

Invitado por lavaca, Chillier aplica su teoría a un caso: Luciano Arruga, el joven desaparecido por la policía del destacamento de Lomas del Mirador en 2009: «El caso de Luciano Arruga, su barrio, sintetiza la problemática y las consecuencias nefastas de una determinada política de seguridad: el hostigamiento y la represión de pibes excluidos socialmente y las redes de ilegalidad coordinadas por la propia policía para cometer distintos delitos, los cuales involucran a jóvenes con altos grados de vulnerabilidad».

Este combo, digamos, pertenecería a aquél paradigma punitivo que daba vía libre a prácticas policiales delictivas. La nueva idea: intervenir la institución policial a partir del control civil e intervenir en el territorio con lo que Chillier llama «políticas sociales fuertes», que son estatales, públicas, de prevención e intentan enmendar «los derechos negados y más esenciales, como la educación, la salud, el transporte, la infraestructura, la vida».

Éstos serían los paradigmas democráticos que el Estado argentino intenta ahora sintonizar con más de 25 años de retraso.

Los miles de proyectos que nacen desde adentro de los territorios incluidos durante años en la marginación estatal hablan por sí mismos de la realidad: los mejores y únicos anticuerpos fueron creados por los propios vecinos. De allí, entonces, deberá ahora aferrarse el Estado para democratizar sus políticas.

Pregunta de lavaca a Gastón Chillier:

¿Cómo debe ser esta intervención?

Respuesta: «Tiene que haber una interrelación de la participación comunitaria con las políticas locales de seguridad del Estado; donde, por un lado, se le demanden al Estado políticas públicas y, por el otro, el Estado promueva iniciativas. De hecho, ustedes en lavaca conocen muchas experiencias políticas, artísticas, sociales… La idea es que eso no nazca de espaldas al Estado, sino que éste sea parte responsable de que eso pase».

Segundo round

Teoría: El barro del asunto

Sofía Tiscornia, doctora en Ciencias Antropológicas, docente de la UBA e integrante del CELS, también miembro del grupo de académicos que asesoran al Acuerdo de Seguridad Democrática. «Muchas veces se nos acusa de no estar en el barro del asunto. Pero somos los que hemos leído, convivido, departido, escuchado, a las personas de carne y hueso sobre las que las políticas de seguridad se aplican, se sufren o se celebran. Quienes paciente y pasionalmente hemos reunido los datos, las fuentes, las estadísticas, los relatos, para reconstruir los problemas y mirarlos en sus varias caras y razones», dirá Tiscornia, acaso como introducción al panel que se preparó para explicar por qué una política de seguridad democrática necesita de investigaciones académicas.

Los panelistas:

Lila Caimari, doctora en Ciencias Políticas: actualmente investiga sobre policía y orden urbano en los inicios del siglo XX en Buenos Aires. Su libro Apenas un delincuenteindaga sobre los orígenes de los métodos de control social que trazaron la frontera entre la «gente honrada» y «los pibes chorros».

Mercedes Di Virgilio, socióloga y doctora de la UBA, investigadora del CONICET, profesora del área de metodología de investigación en el instituto Gino Germani. Un ejemplo de su área de trabajo: Las estrategias laborales desarrolladas en un barrio pobre urbano. VER PDF

Marcelo Saín, doctor en Ciencias. Sociales, profesor e investigador de la Universidad de Quilmes. Ex viceministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires y ex interventor de policía aeroportuaria, primera creada en democracia y con gobierno civil. Muestra: su trabajo Democracia, Seguridad Pública y Policía. VER PDF

Los argumentos:

Pregunta de Lila Caimari:

¿Para qué sirve la Historia?

Respuestas de Lila Caimari:

  • «La perspectiva histórica puede tener cierta eficacia frente a la percepción de puro presente que suele tener la emoción del relato del delito: la historia para calmar la histeria, podríamos decir».

  • «Una de las contribuciones que podemos ofrecer es ayudar en el armado de un mapa de procesos de largo plazo».

  • «La historia, además, puede darnos una perspectiva comparativa. Estamos acostumbrados a comparaciones regionales: esto es mejor o peor que en Brasil, Colombia o lo que fuera. Pero cuando comparamos sociedades diferentes, estamos comparando culturas de la violencia diferentes, instituciones diferentes, etc. Entonces, comparar con otros momentos de la sociedad argentina, me parece que también puede darnos algunas ideas».

Pregunta de Mercedes Di Virgilio:

¿Qué relación hay entre el espacio urbano y el mapa del delito?

Respuestas de Mercedes Di Virgilio:

  • «El espacio urbano aparece como una clave para empezar a mirar las cuestiones de seguridad. Quiero decir que, históricamente, la relación entre ciudad-delito, es una representación que nos acompaña. En los últimos 10 años, ésta interrelación territorio-seguridad se hizo cada vez más visible. Y si uno recorre esta bibliografía desde la sociología urbana, se empieza a plantear que la cuestión de la violencia, el delito y el miedo son componentes básicos de los procesos de cambio social en las políticas contemporáneas».

  • «Si éstos son procesos que en la actualidad estructuran la convivencia, ¿qué pasó históricamente? ¿Qué otros factores estructuran esta convivencia y, de alguna manera, dialogan con estos procesos? Una de las cuestiones parte de las características de la ciudad misma, la ciudad como soporte material, en tanto forma urbana». La influencia de esta estructura queda clara en la siguiente frase de Di Virgilio: «El otro día paseaba por Palermo Hollywood y están pintadas todas las ochavas; yo hago trabajo de campo en Lugano y no hay ninguna ochava pintada así». (N d R: El tono de la frase indica que Di Virgilio prefiere las pintadas de Palermo Hollywood).

Pregunta de Marcelo Saín:

¿Hay un complot de los políticos para gobernarnos tan mal en materia de seguridad?

Respuestas de Marcelo Saín:

  • «La villa miseria de la década del 30-40 era una villa integrada al circuito industrial. Ahí hay gobierno, ahí hay Estado. Pero también hay Estado en el Parque Indoamericano gobernando esos espacios, gestionando conflictividad. Uno no cree que haya un complot de los políticos para gobernar así. Simplemente eso es viable, porque es efectivo. La única política que hay es la segregación, y para esto, los aparatos de seguridad pública son los grandes actores de segregación».

  • «Cuando se habla ´Estado fallido´ es mentira. Hay un Estado muy activo. El Estado es mucho más complejo que la legalidad. Cuando un policía interviene disciplinando o controlando estas cosas, no lo hace privadamente en su horario de franco; lo hace desde las facultades que le da el Estado, desde el lugar que le da, con su salario, sus dispositivos, etc. Eso es Estado paralelo. Ahí hay mucha estatalidad».

Práctica: El pensamiento crítico aplicado a la Academia

Pregunta de lavaca a Sofía Tiscornia:

¿La universidad pública/estatal no debería revisar sus propios mecanismos de exclusión social, como por ejemplo, el rol del CBC en el contexto actual?

Respuesta de Sofía Tiscornia:

«No creo que la universidad sea expulsiva, en todo caso tiene que ver con que los chicos no llegan preparados a esa instancia. El deterioro de la enseñanza pública media, por ejemplo, hace que le sea más difícil a un adolescente pobre acceder, pero eso no es tema de la universidad. Habría que poner atención en las instancias que la preceden».

Tercer Round

Teoría: Seguridad democrática vs. guerra avisada

El gran teórico moderno Peter Capusotto lo expresó como nadie: «Es esto o invadir el barrio con tanques». Una síntesis satírica de lo que representaron los paradigmas en juego en el siguiente debate.

Los protagonistas

Enrique Font, secretario de Seguridad Comunitaria de Santa Fe, y coordinador de un proyecto de «intervención multiagencial para el abordaje del delito» que cuenta con el asesoramiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). Esta experiencia se desarrolla solamente en dos ciudades: Santa Fe y Neuquén.

Robson Rodríguez, coordinador general de la Policía de la Paz de Río de Janeiro. Sociólogo -comenzó citando a Bordieu-, abogado -hizo alguna referencia al Estado de Derecho- pero, fundamentalmente y como él mismo confesó, policía.

Del tanque a la guitarra

Robson Rodriguez mostró un power point basado en imágenes. Las debilidades del marketing policial quedaron entonces a la vista: tanques entrando a las favelas de Río de Janeiro, militarización de la pobreza y, finalmente, como premio consuelo, las clases de guitarra que ofrece un agente de la autoproclamada Policía de la Paz. Así de brutal fue la simplificación del plan del Estado de Lula para recuperar el territorio perdido a manos del mayor poder para-estatal de la modernidad, el narcotráfico. Algo que sin duda es más complejo que lo expuesto por Robson, pero que quedó sintetizado así en la siguiente diapositiva:



  • Intervención
  • Estabilización
  • Implementación de los UPT (unidades policiales territoriales).
  • Aval social y normalización.

Robson comentó así esta última etapa: “A mayor legitimidad, menos fuerza”.

La diferencia con cualquier otro modelo de ocupación militar es señalada en la siguiente diapo. Su título: “Guerra avisada”. Según simplifica Robson, es central el rol de la inteligencia previa a la ocupación para detectar los núcleos duros del control delictivo del territorio a disputar. Una vez reunida la información, se proclama públicamente la ocupación por parte de las fuerzas estatales. Esto se supone que, si bien alerta a los decentes y a los delincuentes por igual, alcanza y sobra el día de la invasión para diferenciarlos.

Para el 2017 se prevé que el plan alcanzará a 175 favelas que tendrán ya instaladas 45 “unidades pacificadoras” cada una.

 

Pregunta de Horacio Verbistky a Robson Rodriguez: “¿Cuántos efectivos intervinieron en la ocupación?”. Robson no respondió, ya que recibió varias preguntas que intentaban contextualizar la aplicación de este modelo y que consumieron el tiempo que quedaba para esta, la última mesa del primer día. Las crónicas periodísticas aproximan ese dato: en febrero de 2011 la ocupación de 9 favelas incluyó 526 agentes, 105 fusileros de la marina, un helicóptero artillado y 21 vehículos blindados.

 

El delito como expresión del fracaso de las políticas sociales

A su turno, Enrique Font acercó una experiencia de trabajo de campo en Santa Fe, Capital, que tuvo como protagonista al sector más excluido social y políticamente: el adolescente pobre. El proyecto llevó el nombre de Estrategias para la inclusión socio-cultural con jóvenes para la prevención del delito, y se llevó a cabo bajo el concepto de “multiagencialidad”: si se trata de un fenómeno complejo de múltiples causas, debe ser abordado desde agencias diversas. Dice Font: “Sería pluralizar el gobierno de la seguridad, convocando a la construcción de las políticas de seguridad a actores distintos a la policía y que ya traen una sensibilidad, una lógica más afín a una política democrática de la seguridad”. El problema que hace necesarias estas intervenciones es, según el propio Font, el fracaso de las políticas sociales.

Las bandas

El primer dato de la realidad: en los barrios hay bandas. “Esas bandas construyen identidades, vínculos y respetos a través de situaciones de trasgresión: robos o enfrentamientos. En general, los integrantes de estas bandas tuvieron como última relación con el Estado una experiencia traumática: la interrupción del colegio secundario. Son, además, “difícilmente alcanzables” por esas políticas públicas, “o bien por el rechazo a los actores estatales como la policía, o porque los espacios de esparcimiento, educación y salud se manifiestan como femeninos”, explica Font. “Las políticas sociales no llegan. Es más: no llega lo más elemental: muchos ni siquiera tienen DNI”.

En palabras del Secretario de Seguridad Comunitaria hay que redirigir la labor policial: “Que un patrullero agarre a un pibe adentro de un auto robado es de un probabilidad estadística realmente baja y, si lo hace, es probable que nuestra policía produzca una masacre. Ahora, la capacidad de controlar las redes de desarmaderos, compra ilegal de autopartes, etc, es alta y está a mano, pero en los hechos es el circuito que nutre la corrupción policial y por eso no se hace. Siempre pensamos que el fenómeno es social y la policía no tiene nada que hacer, pero es mucho lo que tiene que hacer, y la idea es redirigirla hacia estas tareas”.

La solución de las bicicletas

  • “¿Cómo hicimos esto en 2008 en Santa Fe? El problema era la tasa de homicidios dolosos sobre el oeste de la ciudad, donde hay un cordón de pobreza y de exclusión social intenso. Obviamente el grueso de victimas y victimarios eran hombres jóvenes de 18 a 25 años. Se eligieron los barrios con alta tasa de homicidios y, entre ellos, unos en los que ya había políticas, pero que había que reconducirlas”.
  • “Cuando se les preguntó en una encuesta a los chicos cómo veían su futuro, la respuesta mayoritaria fue: muerto o preso, que es más o menos lo mismo. Pero también reconocían que por un proceso de maduración, a los 23-24 años, algunos se ‘rescataban’ y ‘salían’, sin ayuda de ninguna política pública”.
  • “Algunos elementos clave: poca profesionalidad en los robos y violencia altamente expresiva –se comunica todo el tiempo-, porque además es muy divertida. No son cosas de una subcultura criminal, son el apego al peligro y otras conductas que están presentes en toda la cultura social actual”.
  • “No hay una subcultura criminal: hay deriva. Hay una cultura convencional y sus valores y, por otro lado, actividades que se construyen por la pertenencia a la banda, por robos fluctuantes. Se ve claro en algunos argumentos: ¿por qué no salí a robar anoche? Porque me quedé cuidando a mi hermanita. El entendimiento de que esta no es una conducta cultural permanente, propia y estructural es lo que abrió una puerta a trabajar sobre otros mecanismos de construcción de identidad, de respeto, de resolución de cuestiones materiales, etc”.
  • “¿Cómo se hizo? Primero, reconocimos la banda que venían construyendo. La propuesta fue, simplemente, mostrarles nuestra preocupación por lo que estaba ocurriendo y acercarlos y sumarlos a la oferta territorial, que es poca y escasa, lo que tiene disponible en cultura, esparcimiento. Coincidió que era verano y teníamos acceso a una pileta. Pasó algo interesante para pensar las políticas de seguridad: tuvimos que hacer un trabajo muy complicado con los profesores y coordinadores para que los soportaran, abrieran un espacio y construyeran algo junto con ellos”.
  • “Pensamos luego en micro-emprendimientos colectivos. Y con lo que nos encontramos fue con miles de bicicletas secuestradas abandonadas en las comisarías. Lo que fuimos organizando y dio mejor resultado fueron micro emprendimientos de reparación de bicicletas que luego fueron usados socialmente. Ahora se alquilan en distintos lugares de la ciudad, por los mismos chicos que las reparan”.
  • “Empezar a variar su status socio-cultural, vincularlos al Estado, que el barrio y la policía empiecen a mirarlos de otra manera, que se limiten las prácticas abusivas de esa institución: esos son los pasos.”
  • “Hay que repensar el rol de lo local, la densidad de una política social es hoy ser un Estado local, de territorio”.

 

Pregunta de lavaca a Enrique Font: ¿qué rol cumplen los códigos contravencionales, es decir, las normativas del Estado municipal, en la exclusión social de los adolescentes pobres?

Respuesta de Enrique Font: “Es la herramienta de exclusión, la que marca el territorio. La que señala dónde pueden y dónde no pueden estar. La que los obliga a quedarse en el barrio. En ese barrio donde no llega nada.”

 

El final de la primera jornada tuvo un actor inesperado: a la salida, un nutrido grupo de comerciantes de la calle Florida protestaba, cortando la avenida Córdoba, contra los manteros que venden en la calle. El cronista le pregunta a la vendedora de una boutique de la marca Cacharel qué propone hacer con esas personas que ofrecen chucherías para ganarse la vida.

Su respuesta redimensiona entonces todo lo escuchado durante la primera jornada de este seminario, justifica que haya que volver sobre el tema e incluso, que ahora se aliente al lector que leyó hasta aquí a renovar su esfuerzo con la segunda parte de este informe, que publicaremos en breve.

Porque la respuesta de la vendedora fue, desde todo punto de vista, histórica:

-“Que desaparezcan”.

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Darío y Maxi: 20 años es todo (video)

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Se cumple este 26 de junio el vigésimo aniversario del asesinato de Darío Santillán (foto de portada, tenía 21 años) y Maximiliano Kostecki (22), producto de la represión oficial del gobierno encabezado por Eduardo Duhalde al creciente movimiento de trabajadores desocupados: los piqueteros.

Aquel oscuro día, las organizaciones movilizadas reclamaban no solo planes sociales (se exigía pasar de 150 a 300 pesos) sino que reivindicaban el apoyo para sus propios proyectos en los barrios: productivos, educativos y de salud. Por eso en ese momento no se hablaba de “planes sociales” sino de “planes de trabajo”.

En muchos sectores del movimiento piquetero (y Santillán era un claro referente), lo que se buscaba lograr era generar una situación de autonomía para evitar la cooptación –por parte del Estado y/o partidos políticos– de esa potencia social que planteaba el trabajo y el cambio social como foco de sus reivindicaciones. Ya no eran el peronismo ni el sindicalismo ni la izquierda quienes expresaban los reclamos, sino un sector social por nadie tenido en cuenta, que intentaba encontrar su propio camino, su propia voz.

La responsabilidad política por los homicidios sigue sin juzgarse, pese a que (o debido a que) incluye nombres como Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Alberto Atanasof (ex jefe de gabinete) y todo un oscuro entramado de funcionarios y –como es habitual– servicios de inteligencia.

Los dos condenados a perpetua fueron los autores materiales de los homicidios, los policías Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta. Aquel 26 J hubo además cientos de detenidos y heridos con balas de goma, y 32 heridos con balas de plomo que por casualidad no llegaron a elevar la nómina de muertes.    

Aquellos crímenes, las cooptaciones que finalmente han sido obvias, la inercia de un sistema laboral cada vez más precarizador y expulsivo, el desempleo, la desigualdad, la masificación del asistencialismo, entre otras ciénagas, le han ido dando forma, cristalización y a veces descomposición, al actual escenario.

A 20 años de esa tragedia habrá actos en el lugar del crimen (la antigua estación Avellaneda del Roca) el sábado desde las 10.30, con el objetivo de reclamar justicia completa: el juzgamiento de los responsables políticos. El domingo realizará grupos encolumnados en la izquierda harán su propio acto.

Pero el propio sábado por la tarde, en la vigilia habitual antes de cada 26 J, el director Patricio Escobar hará una presentación de media hora de lo que será la segunda parte de su notable documental La crisis causó 2 nuevas muertes. En esta secuela Escobar busca describir el tema de las responsabilidades políticas, y logró entrevistar a Eduardo Duhalde (ex presidente), Felipe Solá (entonces gobernador bonaerense), Juan José Álvarez (ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos) y Jorge Matzkin (era Ministro del Interior).

Como antecedente, y para quien quiera conocer o recordar la realidad de lo ocurrido, volvemos a incluir La crisis causó 2 nuevas muertes, que refleja no solo los sucesos, sino también las trampas a las que está sometida una sociedad que se presume democrática por parte de los llamados “medios de comunicación” que en realidad (y el 26 J fue un fiel reflejo) se han convertido sistemáticamente en plataformas de operaciones políticas, económicas y de inteligencia. El título del documental es el mismo del diario Clarín aquella vez, cuando culpaba a “la crisis” (como han aprendido a hacerlo diferentes gobiernos) por desastres y crímenes cometidos por personas y sistemas institucionales concretos.

Para ver La crisis causó 2 nuevas muertes:

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Dai, la jugadora eterna

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En este perfil especial que es parte de una cobertura colaborativa de tres medios cooperativos, el Club Atlético Lilán de Laprida recuerda -y extraña- a la joven que apareció muerta en una comisaría de la ciudad, a la espera de conocer la verdad de qué pasó. Sus compañeras de equipo y el entrenador relatan anécdotas de afuera y adentro de la cancha que reflejan, acaso, lo mismo: «Ponía mucha garra y sacrificio”.

Segunda entrega de la cobertura colaborativa entre Perycia, Revista Cítrica y LAVACA.

Por Bernardita Castearena

Fotos: Mauro Arias

El día después de cada partido, el tendal de la casa de las Arias-Abregú estaba todo ocupado con las camisetas albirrojas del equipo de fútbol femenino del Club Atlético Lilán de Laprida. Incluso cuando el lavarropas estaba roto, Daiana Soledad ponía música en el parlante del living y se dedicaba a cepillar durante horas las medias de cada jugadora para recuperar el blanco que tenían antes de entrar a la cancha.

 —Si hay que seguir lavándolas, vamos a hacerlo nosotras por ella —dice Morena. 

De las once jugadoras del plantel, tres son hermanas de Daiana Soledad: Morena, Sheila y Kiara. Hasta el día en que perdieron a “La Sole”, como ellas la nombran, cada sábado a la noche empezaban los preparativos para el encuentro del día siguiente.

Lilán es uno de los clubes más grandes de Laprida, una ciudad de 12.000 habitantes ubicada en el centro-sur de la provincia de Buenos Aires. Fundado en 1936, hoy se dan clases de fútbol, hockey, cestoball, tenis, natación, patín y pádel. 

“¿Quién va a alentarnos ahora?” se preguntan desde el domingo en el que Daiana Soledad Abregú murió en el calabozo de la Estación de Policía Comunal en condiciones que todavía se investigan. La versión oficial aportada por la policía habla de suicidio, pero la familia, les abogades y los organismos de derechos humanos creen que puede haber sido víctima de violencia institucional. 

Desde el martes posterior a la muerte, día por medio, familiares, amigues y vecines se movilizan por el centro de Laprida para pedir justicia.

Jugadora en todos los frentes

Como desde la cantina visitante del Club Atlético Lilán no se pueden ver los partidos, Daiana Soledad convencía a sus compañeras durante toda la semana para que la dejaran atender la local. Un tiempo atrás, las chicas del equipo de fútbol femenino se habían organizado para tener responsabilidades en el club, y ella se encargaba de todo. Un día pidió prestada una máquina de coser y la devolvió con un bolso para guardar todas las camisetas del fútbol femenino que había hecho con sus propias manos.

En las fotos aparece Daiana Soledad con un equipo que le sobra por todos lados: ni el talle más chico podía ajustar su cuerpo flaquito y sus “patas de tero”. Los botines esperaban antes de cada partido en uno de los primeros estantes de la repisa donde los utileros del club tienen ordenado por talle el calzado que les jugadores donan a la institución cuando les van quedando chicos. Nadie sabe de quién eran los que ella usaba, pero probablemente los botines 35 de una edición limitada de Messi, con tres nudos en uno de los cordones, antes habían hecho feliz a un niño de las inferiores del club. 

“Las dos calzábamos lo mismo”, dice Morena, que cuenta una anécdota por cada lugar del club que recorre: “Ella era nuestra fan número uno, va a costar mucho no escucharla cada vez que salimos a la cancha”.

Gritaba cuando un conocido jugaba en primera, cuando creía que los árbitros cobraban algo mal, se escapaba de la cantina para alentar y volver. Arengaba al grito de “¡VAMOS LILÁN, CARAJO!” antes de salir a la cancha. 

Era la que más alentaba, y la tribuna empezaba a gritar detrás de ella. 

El último partido

Cuando el entrenador vio que no corría ninguna pelota y que de a ratos se tocaba las piernas, la sacó. A fines del 2021, Daiana se fracturó la rótula después de haber chocado contra otra jugadora y, aunque un yeso le inmovilizó la pierna, no paró: se subía a la tribuna para ver a las compañeras, dejaba que la levantaran a upa cuando ganaban, atendía la cantina mientras el resto le escondía las muletas. Esta vez le dolía la otra, la que todavía tenía sana. 

Por primera vez, ese 29 de mayo, aceptó el cambio sin quejarse y se comprometió a descansar para poder recuperarse bien antes de volver a jugar. Cuando el resto de las chicas terminaron y no había nada más para hacer en el club, cruzó como podía las dos cuadras que separan su casa de la cancha de Lilán, agarró la bici y fue a que la revisaran. 

Por cada minuto que esperaba en la guardia del Hospital Pedro Sancholuz, la rodilla se le hinchaba y le dolía cada vez más, hasta que en un momento encaró para el consultorio y obligó al médico a que la atendiera antes que al resto de la gente. El día siguiente lo pasó tirada en el sillón riéndose con su familia de cómo el médico de guardia la había tratado de hinchapelotas por no esperar su turno.

 —Ella era muy espontánea, si te tenía que decir algo, te lo decía. Y si tomaba una decisión, la ejecutaba —dice Inés, a quien Dai había apodado Tilín. Ahora, desde el vestuario visitante, se acuerda de las tardes que pasaron riéndose al sol y de la cantidad de temas que podían charlar en los 60 km que separan Laprida de General La Madrid cada vez que viajaban en colectivo. 

“Hacete unos mates, Tilín”, era la frase ritual cuando terminaban de jugar un partido.

Jugaron por ella

Cuando Agustín “Peye” Harismendi cumplió años, recibió una remera de parte del plantel con una dedicatoria de Dai que decía: “Gracias por enseñarme a patear”. El profesor se hizo cargo del equipo a principios de 2021, pero la conoció recién en mayo, cuando faltaba una jugadora para completar el plantel y Morena la animó para que se acercara a entrenar. Antes de formar parte del equipo, Dai pasaba tardes enteras jugando con sus hermanas en la plaza. 

Los primeros días se iba enojada de todos los entrenamientos porque le pegaba a la pelota con toda su fuerza y no podía levantarla del piso. Agustín le caía bien, y él lo sabía. Entonces le enseñó a jugar con las dimensiones de una cancha, y le puso la camiseta número 8 para que pudiera correr de un lado al otro durante todo el partido: “Dai no era de las más grandotas ni de las más fuertes físicamente, pero tenía mucha garra, mostraba la pasión por el club con sacrificio”, dice Peye, como lo apodan las jugadoras.

El día después de recibir la noticia, Agustín se acercó a la casa de la familia de Daiana Soledad para darles un presente y le dijo a las tres hermanas que decidieran a lo largo de la semana si iban a querer jugar o no en la fecha siguiente. Todavía no saben si jugar fue la mejor opción, pero lo hicieron, y con el ánimo por el piso perdieron contra Club Atlético Platense de Laprida por 3 a 0. 

“Ese domingo fue bravísimo, pero jugamos porque era un partido que ella estaba esperando”, dicen sus compañeras. Durante toda la jornada, todas las categorías de Lilán se sacaron la foto previa al partido con una bandera que decía “Es imposible no estar triste…su ausencia duele!! Pero tu recuerdo nos hará sonreír. Dai Presente”. Esa bandera ahora forma parte de la colección de trapos que todos los domingos dan la vuelta al alambrado del club. 

El caso

Daiana Soledad Abregú llegó a la comisaría de Laprida en las primeras horas del domingo 5 de junio por una contravención en la vía pública. Doce horas después, cerca de las seis de la tarde, dos oficiales tocaron la puerta de la casa de su familia diciendo que la joven de 26 años se había suicidado. A partir de ahí, una serie de sucesos hicieron que la familia empezara a sospechar que la policía escondía algo. 

La autopsia confirmó que Daiana murió por asfixia mecánica, pero eso no significa que solamente pueda haberse ahorcado. 

La Comisión Provincial por la Memoria intervino como Mecanismo Local de Prevención de la Tortura y pidió que la causa se investigue exhaustivamente, teniendo en cuenta que Daiana murió mientras estaba al cuidado de la Policía Bonaerense en una comisaría que no estaba habilitada para recibir detenides en sus calabozos. 

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El teatro vivo: la improvisación como ley y el experimento de una candidata

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Buenos Aires tiene una genética que la relaciona desde hace mucho con el teatro independiente: la creación, la autogestión, la búsqueda de lo nuevo. En tiempo presente, aquí van cuatro propuestas del teatro que se define por esa capacidad de ponerle el cuerpo, literalmente, a los temas de la época. Sin perder de vista la posibilidad de disfrutar y compartir el poder del arte y la imaginación. El menú para aliviar los fríos de estos tiempos: el juego de la improvisación (¿cuánto de nuestras vidas, tantas veces, depende de eso?); poesía, performance y música; la postulación de una Candidata impensable; y el teatro de sombras para conocer el verdadero fin de una historia.

Jam de Improvisación teatral

Noches agitadas por la imaginación y el talento, y el público que lo desee como protagonista para estas sesiones de improvisación con La Maura y Lenard, conductoras y anfitrionas. Ellas, además, brindan su propio show.

Cuenta La Maura:  “Los diferentes grupos que participan están muy predispuestos a los juegos y a las consignas que vamos proponiendo. Mucha gente viene solo a ver, pero en el momento se animan y terminan participando, incluso gente que nunca hizo nada escénico, termina pasándola bomba. Es muy ameno el ambiente como para animarse a pasar al escenario y a jugar. Las propuestas del público son geniales”.

Lenard: “Las Jam de impro son como un amistoso de fútbol entre amigues, pero la competencia es una excusa, lo importante del evento es poder encontrarse en el estado más sanador y negado de nuestra sociedad adulta que es el juego. El público no está ahí para juzgar, está para encontrarnos y celebrarnos. Celebrar que por lo menos esa noche el miedo y la vergüenza perdieron la batalla”.

MU Trinchera Boutique, Riobamaba 143, CABA

Viernes 24 de junio, 21.30 hs

@mu.trinchera

@soylenard

@mauricarballidx 

Cositas maricas que escribo en cuadernos

Ariel Osiris y Jorge Thefs conforman el dúo Elegante Sport y son les anfitriones de este encuentro mensual “cuir”, en MU Trinchera Boutique. Su intención es invitar a “intérpretes que propongan un mundo personal como parte de un ser social con una identidad en construcción”. Estarán: Abigaíl Zevallos, Ale Borgatello, Juana Finguer, Mateo Riperto, Burlesque Lesbiano y José Guerrero. Música, performance, poesía y la decisión de disfrutar.

“Un universo ‘cuir’ (si es que tal universo existe) es tan particular como cada une de nosotres pero al mismo tiempo, un todo que nos permite encontrarnos”, resume Jorge Thefs, actor, bailarín y director. “¿Es un recital de poesía?, ¿de narrativa?, ¿un concierto?, ¿una varieté?”. No importa. Es todo eso y mucho más. “El hecho está en encontrarnos, hacer de la Trinchera literal, una trinchera metafórica y hacer todo lo que nos encanta hacer: leer poemas, cantar, hablar de nosotras, de nuestros vínculos, leer cositas, contar, cantar”. Un espectáculo para conectar con sonidos y palabras que resuenan en una entusiasta red de trabajo, inventiva y afecto.

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143, CABA

Sábado 25 de junio, 21.30 hs

@ariel.osiris.1

@jorgethefs

@zevallosabigail
@aleborgatello
@juanafinguer
@mateoriperto
@burlesquelesbiano
@guerrej

Candidata

“La idea de Candidata surgió al descubrir el registro fílmico de los años 60’s del Experimento Milgram en el que se investigó el grado de obediencia de las personas tratando de hallar una respuesta social a la aceptación del nazismo”, cuenta Horis Muschietti, dramaturgo y director de la obra. “Este disparador derivó en fantasear con el espíritu de la militancia cuando se topa dentro de una estructura partidaria en la cual se deben acatar determinadas ideas y acciones”.

El resultado: un espejo donde mirarnos durante una hora en este enigma llamado Argentina, haciéndonos reír (y mucho) pero también repensar cuestiones que la costumbre vuelve transparentes.

¿La historia de Candidata? Una encuestadora aborda a Flavia. En base a la comparación de varias encuestas, se llega a una conclusión: Flavia es la elegida. ¿Para qué? Para ser La Candidata del partido. ¿Es militante, ha participado en política, conoce las reglas de juego? No importa. ¿Entonces qué importa? La certeza de que es la indicada se reafirma con una “prueba” —basada en el Experimento Milgram—. “¿Esta es la sociedad que queremos?”, pregunta alguien. “Es lo que hay”, es la respuesta.

Horis tuvo en cuenta también un concurso organizado por la Cámara de Diputados de la Nación dirigido a obras que reflejaran el espíritu del preámbulo de la Constitución, en el que notó que los fundamentos y objetivos de ese texto están muy lejanos a la realidad social y política del país.

Decidió armar la  obra con una impronta coloquial y amigable. “Nos esforzamos por lograr un texto entretenido y dinámico pero sin señalamientos partidarios ni estereotipos, para que todos puedan sacar sus propias conclusiones. Nos interesó plantear una mirada sobre la actualidad, sobre los comportamientos y sobre nosotros mismos, para lograr un retrato verosímil, un naturalismo intenso e irónico”. Las actrices son Justina Grande y Laura Lértora y los actores Pedro Ferreyra y Jorge Laplace.

Savia Espacio Cultural, Jufré 127, CABA

Sábado 20 hs hasta el 30 de julio

@saviaespaciocultural

@candidata.teatro

@horismuschietti

@lalertora

@pedroferreyra

@jusgrande

@jorge.laplace

Fin

Memoria y olvido acompañan a la anciana en el fin de sus días. Memoria es una bella garza que con su largo pico tomará los recuerdos atesorados durante años como un ritual de satisfacción y agradecimiento. Olvido es un cuervo con apetito voraz dispuesto a arrasar con todo. La anciana que se despide de su existencia y sus dos compañeros, adquieren tamaño y movimiento en un conjuro de luces, sombras y enigmas.

En este espectáculo de teatro de sombras, los personajes cobran vida gracias a las hábiles manos de Sonia García, de la Compañía independiente Cosmonautas, nacida en 2015 en Venezuela, como una compañía solista y autogestiva.¿Cómo nació “Fin”? Responde Sonia: “De pensar en cómo los recuerdos de mis abuelxs, especialmente de mi abuela Miriam, podrían sobrevivir en mí incluso cuando ellxs ya no están. Me pregunté por la transferencia de recuerdos, por esta posibilidad que tienen las historias de migrar de un cuerpo a otro y de algún modo de extender la vida mediante la memoria. ¿Es la Memoria es un ave que vuela y anida en diferentes cuerpos? ¿Si fuese así, quién es el Olvido? ¿Puede el teatro luchar contra él? En esas preguntas nació ´Fin´”.

Sonia se topó con el teatro de sombras por una situación paradójica: “Llegué a las sombras desde la luz. Me dedicaba a la fotografía y la iluminación cuando nos encontramos con el teatro de sombras”. Las infinitas posibilidades, el misterio inagotable, la simpleza de la sombra y su poder hipnótico son las virtudes que atraen a Sonia. “Hay algo primitivo en nuestra relación con las sombras, y eso le otorga al lenguaje una fuerza muy especial, capaz de emocionarnos de formas muy profundas”.  El músico Javier Celis toca el violín en vivo y Alexandre Favero es el director de esta obra que acaricia la emoción y es un regalo para los sentidos.

Teatro Area623, Pasco 623, CABA

Domingos 26 de junio, 3 y 10 de julio, a las 19 hs

Centro Cultural El Hormiguero, Uruguay 372, Moreno

Sábado 25 de junio a las 20.30 hs

Centro Cultural Las Catonas, Ciudad de la Paz y Origone, Moreno

Sábado 2 de julio, 20 hs

Centro Cultural Espacios – Witcomb 2623, Villa Ballester

Viernes 8 de julio, 20.30 hs

La Mercería – Av. 1 210, La Plata

Sábado 9 de julio a las 21:00 hs

@cosmonautasteatrodesombras

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