Nota
Tarifazo: teatros y bachilleratos no pueden pagar
Los grupos de teatro comunitario y los bachilleratos populares no tienen opción: no pueden pagar el aumento de las tarifas. Para desactivar la bomba de tiempo, hicieron lo que mejor saben: juntarse. Empezaron compartiendo las situaciones particulares – que trepan a aumentos del 500%-, ocuparon el Ministerio de Aranguren y piensan dar la batalla hasta el final.
Los grupos de teatro comunitario y los bachilleratos populares no tienen opción: no pueden pagar el aumento de las tarifas. Para desactivar la bomba de tiempo, hicieron lo que mejor saben: juntarse. Empezaron compartiendo las situaciones particulares – que trepan a aumentos del 500%-, ocuparon el Ministerio de Aranguren y piensan dar la batalla hasta el final.

Festival de Artistas Callejeros, reclamando en Diagonal Norte y Florida. Foto: Cultura Unida
Existe una unidad de medida para dimensionar el impacto del tarifazo de los servicios públicos en los grupos de teatro comunitario y bachilleratos populares: nadie puede pagarlo.
El importe que figura en las facturas no tiene nada que ver con el presupuesto que gestionan ni con los ingresos que generan.
Si está de moda hablar de “grietas”, podemos empezar por ésta.
Darwinismo tarifario
Varios grupos de teatro comunitario recibieron boletas con incrementos del 500%: si no fuesen reales, serían una burla. Pero son tan reales como tus ojos sobre estas líneas y son, sobre todo, una amenaza para el sostén autogestivo con el que organizan su producción.
Una bomba de tiempo cuyo reloj empezó a correr.
Para desactivarla, hicieron lo que saben hacer: juntarse. Empezaron por compartir las situaciones particulares de cada grupo, para hacerlas colectivas. Y, entre todos, ver las maneras de abordarlas.
Algunos ejemplos:
- Catalinas Sur (La Boca) pagaba, en promedio, $4.000 de luz. La última factura fue de $13.000.
- El Circuito Cultural Barracas pasó de pagar $1.200 a $5.600 de electricidad; y de $300 a $ 1.200 de agua.
Los números permiten dimensionar el despropósito.
La afectación es mayor en los grupos cuyas salas son más grandes, ya que los demás no tienen espacios propios: ensayan en plazas, escuelas o estaciones de tren recuperadas, o en espacios comunitarios y/o prestados cuyos gastos comparten o directamente no abonan: en ellos, el temor es que tener que dejar el lugar porque quienes se los facilitan no puedan abonar los servicios.
En ese sentido, Ricardo Talento, director del Circuito Cultural Barracas, analiza: “Los que no tienen sala también se ven afectados porque cada vez va a ser más difícil conseguir una. Imaginate si tienen que prender las luces dos horas: se te caen las lágrimas de pensarlo”. Agrega: “Se cree que las salas de teatros son redituables y, en general, están siempre al borde la quiebra. Entonces van a seleccionar: este espectáculo sí, este no conviene porque si vienen a ensayar hay que prender la luz una hora y media y después capaz viene poco público… Sólo va a haber espacio para los espectáculos que convoquen a mucha gente, y además van a probarlo tres o cuatro funciones; si no resulta, lo sacarán”.
En el mismo sentido, Edith Scher, directora de Matemurga, grupo que recibió una factura de agua con 300% de aumento, sostiene: “El tarifazo altera todo: las gorras son mucho más bajas, los gastos más caros, etcétera”. Desde Mendoza, Silvia Bove, directora del grupo Chacras de Coria, afirma: “Incide directamente en el presupuesto del vecino que participa del grupo, que deja de ir a los ensayos porque tiene dificultades para abonar el aumento del transporte público; en el que va a ver un espectáculo, que antes compraba algo en el buffet y ahora está más ajustado…”.

Festival de Artistas Callejeros, reclamando en Diagonal Norte y Florida. Foto: Cultura Unida
El Ministerio es un teatro
Las salas de teatro comunitario afectadas decidieron canalizar las acciones a través de ARTEI (Asociación Argentina de Teatro Independiente), de la cual son parte. Esta organización presentó un amparo para que no se aplique el aumento en los espacios culturales. Junto a otras entidades, ARTEI forma parte de Cultura Unida, un colectivo de organizaciones que agrupa a teatros, espacios escénicos, centros culturales, clubes de música, peñas y milongas. El 21 de mayo, promovieron un apagón en más de 300 salas de teatro de la Ciudad de Buenos Aires. La oscuridad teatral sirvió para visibilizar el perjuicio del tarifazo.
Pero no tuvieron respuesta.
El 29 de junio decidieron ocupar el Ministerio de Energía y Minería para entregarle una carta a su titular, Juan José Aranguren, y exigir “una inmediata solución”. Aranguren estaba en Chile (casualmente, el 3 de junio fue imputado por la compra de gas al país transandino, con sobreprecios, y favoreciendo a la empresa Shell, de la que además es accionista).
Pero no solo entregaron la carta, sino que convirtieron el hall del Ministerio en un escenario teatral y realizaron diversos números musicales y teatrales: se hicieron ver (la intervención puede verse en Youtube).
Luego de varias horas, fueron recibidos por el subsecretario de Coordinación de Política Tarifaria, Andrés Chambouleyron, quien firmó un acta en la que compromete la realización de una reunión técnica para que los espacios culturales independientes –entre ellos los grupos de teatro comunitario– puedan ser incluidos dentro de la Ley de Entidades de Bien Público (aún sin reglamentar) para acceder al Régimen Tarifario Diferenciado. La reglamentación de la ley y la reunión estaban pendientes al cierre de esta edición.
Alejandra Carpineti, de la sala independiente La Carpintería fue parte de la irrupción en el Ministerio. “No sabemos si vamos a poder ser incluidos en esa ley porque muchos de nuestros espacios son heterogéneos, no todos tienen la misma personería jurídica y esto dejaría afuera a muchos espacios. Pedimos que se cree una tarifa cultural para nuestros espacios. Proponemos abrir un registro nacional en donde cada espacio se pueda inscribir”.
Estudiar es un lujo
En los bachilleratos populares, el panorama es igual de sombrío, sobre todo en aquellos que comparten espacios con fábricas recuperadas: en esos casos, los montos de las boletas son mayores –son mayúsculos– porque están ligados al uso de máquinas y motores que son parte de su producción.
En Constitución, el bachillerato Miguelito Pepe del Movimiento de Ocupantes Inquilinos (MOI-CTA) funciona en el predio de la cooperativa El Molino, que está en obra, y en la que viven 35 familias. Cuando llegó la factura, no alcanzaban los ojos para ver la cifra: $27.000 (no hay ningún error de tipeo).
El bachi integra el centro educativo que, además, tiene un jardín materno-paternal de día. La luz es un insumo básico: para las estufas eléctricas (no tienen gas por la obra) cuando van bebés y niños por la mañana, y para iluminar las aulas del bachillerato, por la noche. Como comparten el espacio, dividen los gastos con la cooperativa: del importe que llegó deben aportar $10.000, algo que les es imposible de afrontar. Para dimensionar: antes del aumento contribuían con $500 pesos: 1900% menos.
Daniela Rodríguez es integrante del bachillerato. Dice: “Es impagable, no tiene nada que ver con nuestros ingresos porque somos una escuela pública popular: el Estado solo paga nuestros sueldos y todos los demás gastos los autogestionamos. No podemos estar generando actividades para pagar este desmadre de luz cuando toda entidad que tiene fines públicos o es sin fines de lucro, no debería estar pagando estos desorbitados aumentos”. Docentes y estudiantes están pensando estrategias comunes con la cooperativa. Planifican una acción de protesta callejera que incluya clases públicas.
El Bachillerato Popular de Jóvenes y Adultos SOHO, en Palermo, también comparte espacio, en este caso con la fábrica textil recuperada por sus trabajadores. Recibieron una factura con 500% de aumento. Fernando Lázaro, uno de los docentes, usa estas palabras para graficar el impacto: “Pone en jaque la continuidad”. Por eso, están gestionando una tarifa diferenciada, además de organizar un festival solidario –el sábado 16 de julio, en Díaz Colodrero 3564, frente al bachi– para afrontar los aumentos.
En Chilavert, IMPA, Maderera Córdoba las situaciones son igualmente de crudas. Laura Voboril, docente de IMPA: “La situación es muy compleja; para los que funcionamos en recuperadas, doblemente grave porque afecta a los espacios educativos y también la subsistencia de los compañeros que están sosteniendo fábricas que ya de por sí tienen situaciones legales complicadas y a eso se les suma estas facturas imposibles de pagar”.
El Frente Popular Darío Santillán tiene cuatro bachilleratos en Capital y el Conurbano. Leandro Segado es uno de sus profesores. Aborda el tarifazo desde varias aristas: “Por un lado, vemos que muchos estudiantes están llegando más cansados o faltan porque, según nos cuentan, tienen que laburar más o buscar otra changa para cubrir todos sus gastos. Los aumentos en el transporte público también impactan en estudiantes y docentes que sufren ese golpe al bolsillo”. Continúa: “La suba en la luz no implica un mejor servicio. En el bachillerato de Lomas de Zamora perdimos más de la mitad de las clases por falta de suministro”.
Así las cosas, la única energía que todos quieren gastar es el entusiasmo para sostener los espacios y evitar ser devorados por una fiera llamada ajuste.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
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Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
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Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
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Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
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Feliz cumple Madygraf: de Billiken, El Gráfico y Gente, a la autogestión de los trabajadores































