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Tarifazo: teatros y bachilleratos no pueden pagar

Los grupos de teatro comunitario y los bachilleratos populares no tienen opción: no pueden pagar el aumento de las tarifas. Para desactivar la bomba de tiempo, hicieron lo que mejor saben: juntarse. Empezaron compartiendo las situaciones particulares – que trepan a aumentos del 500%-, ocuparon el Ministerio de Aranguren y piensan dar la batalla hasta el final.

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Los grupos de teatro comunitario y los bachilleratos populares no tienen opción: no pueden pagar el aumento de las tarifas. Para desactivar la bomba de tiempo, hicieron lo que mejor saben: juntarse. Empezaron compartiendo las situaciones particulares – que trepan a aumentos del 500%-, ocuparon el Ministerio de Aranguren y piensan dar la batalla hasta el final.

Tarifazo: teatros y bachilleratos no pueden pagar

Festival de Artistas Callejeros, reclamando en Diagonal Norte y Florida. Foto: Cultura Unida


Existe una unidad de medida para dimensionar el impacto del tarifazo de los servicios públicos en los grupos de teatro comunitario y bachilleratos populares: nadie puede pagarlo.
El importe que figura en las facturas no tiene nada que ver con el presupuesto que gestionan ni con los ingresos que generan.
Si está de moda hablar de “grietas”, podemos empezar por ésta.

Darwinismo tarifario

Varios grupos de teatro comunitario recibieron boletas con incrementos del 500%: si no fuesen reales, serían una burla. Pero son tan reales como tus ojos sobre estas líneas y son, sobre todo, una amenaza para el sostén autogestivo con el que organizan su producción.
Una bomba de tiempo cuyo reloj empezó a correr.
Para desactivarla, hicieron lo que saben hacer: juntarse. Empezaron por compartir las situaciones particulares de cada grupo, para hacerlas colectivas. Y, entre todos, ver las maneras de abordarlas.
Algunos ejemplos:

  • Catalinas Sur (La Boca) pagaba, en promedio, $4.000 de luz. La última factura fue de $13.000.
  • El Circuito Cultural Barracas pasó de pagar $1.200 a $5.600 de electricidad; y de $300 a $ 1.200 de agua.

Los números permiten dimensionar el despropósito.
La afectación es mayor en los grupos cuyas salas son más grandes, ya que los demás no tienen espacios propios: ensayan en plazas, escuelas o estaciones de tren recuperadas, o en espacios comunitarios y/o prestados cuyos gastos comparten o directamente no abonan: en ellos, el temor es que tener que dejar el lugar porque quienes se los facilitan no puedan abonar los servicios.
En ese sentido, Ricardo Talento, director del Circuito Cultural Barracas, analiza: “Los que no tienen sala también se ven afectados porque cada vez va a ser más difícil conseguir una. Imaginate si tienen que prender las luces dos horas: se te caen las lágrimas de pensarlo”. Agrega: “Se cree que las salas de teatros son redituables y, en general, están siempre al borde la quiebra. Entonces van a seleccionar: este espectáculo sí, este no conviene porque si vienen a ensayar hay que prender la luz una hora y media y después capaz viene poco público… Sólo va a haber espacio para los espectáculos que convoquen a mucha gente, y además van a probarlo tres o cuatro funciones; si no resulta, lo sacarán”.
En el mismo sentido, Edith Scher, directora de Matemurga, grupo que recibió una factura de agua con 300% de aumento, sostiene: “El tarifazo altera todo: las gorras son mucho más bajas, los gastos más caros, etcétera”. Desde Mendoza, Silvia Bove, directora del grupo Chacras de Coria, afirma: “Incide directamente en el presupuesto del vecino que participa del grupo, que deja de ir a los ensayos porque tiene dificultades para abonar el aumento del transporte público; en el que va a ver un espectáculo, que antes compraba algo en el buffet y ahora está más ajustado…”.

Tarifazo: teatros y bachilleratos no pueden pagar

Festival de Artistas Callejeros, reclamando en Diagonal Norte y Florida. Foto: Cultura Unida

El Ministerio es un teatro

Las salas de teatro comunitario afectadas decidieron canalizar las acciones a través de ARTEI (Asociación Argentina de Teatro Independiente), de la cual son parte. Esta organización presentó un amparo para que no se aplique el aumento en los espacios culturales. Junto a otras entidades, ARTEI forma parte de Cultura Unida, un colectivo de organizaciones que agrupa a teatros, espacios escénicos, centros culturales, clubes de música, peñas y milongas. El 21 de mayo, promovieron un apagón en más de 300 salas de teatro de la Ciudad de Buenos Aires. La oscuridad teatral sirvió para visibilizar el perjuicio del tarifazo.
Pero no tuvieron respuesta.
El 29 de junio decidieron ocupar el Ministerio de Energía y Minería para entregarle una carta a su titular, Juan José Aranguren, y exigir “una inmediata solución”. Aranguren estaba en Chile (casualmente, el 3 de junio fue imputado por la compra de gas al país transandino, con sobreprecios, y favoreciendo a la empresa Shell, de la que además es accionista).
Pero no solo entregaron la carta, sino que convirtieron el hall del Ministerio en un escenario teatral y realizaron diversos números musicales y teatrales: se hicieron ver (la intervención puede verse en Youtube).
Luego de varias horas, fueron recibidos por el subsecretario de Coordinación de Política Tarifaria, Andrés Chambouleyron, quien firmó un acta en la que compromete la realización de una reunión técnica para que los espacios culturales independientes –entre ellos los grupos de teatro comunitario– puedan ser incluidos dentro de la Ley de Entidades de Bien Público (aún sin reglamentar) para acceder al Régimen Tarifario Diferenciado. La reglamentación de la ley y la reunión estaban pendientes al cierre de esta edición.
Alejandra Carpineti, de la sala independiente La Carpintería fue parte de la irrupción en el Ministerio. “No sabemos si vamos a poder ser incluidos en esa ley porque muchos de nuestros espacios son heterogéneos, no todos tienen la misma personería jurídica y esto dejaría afuera a muchos espacios. Pedimos que se cree una tarifa cultural para nuestros espacios. Proponemos abrir un registro nacional en donde cada espacio se pueda inscribir”.

Estudiar es un lujo

En los bachilleratos populares, el panorama es igual de sombrío, sobre todo en aquellos que comparten espacios con fábricas recuperadas: en esos casos, los montos de las boletas son mayores –son mayúsculos– porque están ligados al uso de máquinas y motores que son parte de su producción.
En Constitución, el bachillerato Miguelito Pepe del Movimiento de Ocupantes Inquilinos (MOI-CTA) funciona en el predio de la cooperativa El Molino, que está en obra, y en la que viven 35 familias. Cuando llegó la factura, no alcanzaban los ojos para ver la cifra: $27.000 (no hay ningún error de tipeo).
El bachi integra el centro educativo que, además, tiene un jardín materno-paternal de día. La luz es un insumo básico: para las estufas eléctricas (no tienen gas por la obra) cuando van bebés y niños por la mañana, y para iluminar las aulas del bachillerato, por la noche. Como comparten el espacio, dividen los gastos con la cooperativa: del importe que llegó deben aportar $10.000, algo que les es imposible de afrontar. Para dimensionar: antes del aumento contribuían con $500 pesos: 1900% menos.
Daniela Rodríguez es integrante del bachillerato. Dice: “Es impagable, no tiene nada que ver con nuestros ingresos porque somos una escuela pública popular: el Estado solo paga nuestros sueldos y todos los demás gastos los autogestionamos. No podemos estar generando actividades para pagar este desmadre de luz cuando toda entidad que tiene fines públicos o es sin fines de lucro, no debería estar pagando estos desorbitados aumentos”. Docentes y estudiantes están pensando estrategias comunes con la cooperativa. Planifican una acción de protesta callejera que incluya clases públicas.
El Bachillerato Popular de Jóvenes y Adultos SOHO, en Palermo, también comparte espacio, en este caso con la fábrica textil recuperada por sus trabajadores. Recibieron una factura con 500% de aumento. Fernando Lázaro, uno de los docentes, usa estas palabras para graficar el impacto: “Pone en jaque la continuidad”. Por eso, están gestionando una tarifa diferenciada, además de organizar un festival solidario –el sábado 16 de julio, en Díaz Colodrero 3564, frente al bachi– para afrontar los aumentos.
En Chilavert, IMPA, Maderera Córdoba las situaciones son igualmente de crudas. Laura Voboril, docente de IMPA: “La situación es muy compleja; para los que funcionamos en recuperadas, doblemente grave porque afecta a los espacios educativos y también la subsistencia de los compañeros que están sosteniendo fábricas que ya de por sí tienen situaciones legales complicadas y a eso se les suma estas facturas imposibles de pagar”.
El Frente Popular Darío Santillán tiene cuatro bachilleratos en Capital y el Conurbano. Leandro Segado es uno de sus profesores. Aborda el tarifazo desde varias aristas: “Por un lado, vemos que muchos estudiantes están llegando más cansados o faltan porque, según nos cuentan, tienen que laburar más o buscar otra changa para cubrir todos sus gastos. Los aumentos en el transporte público también impactan en estudiantes y docentes que sufren ese golpe al bolsillo”. Continúa: “La suba en la luz no implica un mejor servicio. En el bachillerato de Lomas de Zamora perdimos más de la mitad de las clases por falta de suministro”.
Así las cosas, la única energía que todos quieren gastar es el entusiasmo para sostener los espacios y evitar ser devorados por una fiera llamada ajuste.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




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Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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