Nota
Teoría sobre el sismo: los desafíos urgentes del movimiento feminista
En nombre del feminismo se escriben y dicen muchas cosas, pero este texto de María Galindo no es uno más porque está construido desde el sudor de la batalla cotidiana contra el fascismo golpista y la carcajada irreverente que hace arder miedos y mandatos. De todos los feminismos posibles, este es el de la creación de futuros posibles, otros, diferentes, y por lo tanto, su horizonte es la utopía, lo imposible, lo que no hay: vidas sin violencias ni miserias, alegría y abrazo. De todos los feminismo posibles, este es el que propone construir ese futuro a partir de un pacto ético y no ideológico, es decir, unirse por las formas de hacer y en el hacer. Así lo explica Galindo en un momento muy oportuno y en una fecha clave para pensarnos.

Escribo desde Bolivia, un país donde la materia prima principal es la dulzura, donde el recurso renovable estructurante de la vida es la esperanza, un país que está hoy atravesando de nuevo un sendero turbio, incierto, sembrado de manipulaciones gigantescas, de miedos y de sangre. Nuestro feminismo, mi feminismo, es el pequeño banquito que me ha servido para apoyarme y descansar luego de interminables jornadas de lucha. El feminismo es el micrófono que me ha servido para gritar alto y fuerte. Son los códigos que me han servido para descrifar las trampas y no caer en ellas.
Es el feminismo que me ha permitido no ceder a una visión polarizante, binaria, simplificadora y fascistizante de la situación que vive el país.
Es por eso que ese feminismo desde el que hablo es un tesoro político, una carta de esperanza, un lugar donde seguir construyendo y habitando libertad frente a un panorama fascistizante que no halla salida social a un callejón oscuro, donde los heroísmos masculinos vuelven a hacer de la historia su escenario de exhibición.
El feminismo como alianza ética
Todos los movimientos políticos en la Historia han tenido que confrontarse con el desacuerdo, mucho más si son movimientos que se han masificado. En el caso del feminismo -y partiendo de que no hay un feminismo sino muchos feminismos con diferentes visiones, diferentes practicas políticas, diferentes composiciones sociales, con diferentes formas de concebir el propio feminismo- el desacuerdo es una constante, sino inclusive su mayor potencia política. No estamos de acuerdo, no pensamos igual y, sin embargo, confluimos en eso que se llama feminismo y cuya definición y límite no es propiedad de nadie. Esa es la potencia mayor y, al mismo tiempo, aparentemente su debilidad mayor.
Feminismo es la palabra que nos envuelve y acoge políticamente, pero cuyos límites estan diluidos y cuyas raíces son múltiples.
La idea de que hay una sola verdad y de que toda verdad se expresa en antagonismos basados en la lógica formal de que lo positivo para ser tal es contrario a lo negativo, lo negro a lo blanco, lo bueno a lo malo, nos instala en una lógica binaria donde la complejidad múltiple no es posible, es incorrecta e indeseable. Donde no es posible que convivan no solo tres sino 5 ó 55 posibilidades y combinaciones de todo.
Esa idea única, monolítica, esencialista y que es “propiedad de Dios”, es fundante del patriarcado mismo, de la forma de gobierno, de la concepción misma de la lucha social como la imposición de una única verdad posible que debe ser hegemónica.
Es urgente cuestionarnos esa visión al interior mismo de los feminismos y plasmar otras formas de discusión y de construcción política.
En ese contexto les propongo el desafío de comprender los feminismos no como una alianza ideológica donde el acuerdo sea el punto de cohesión al que necesariamente tengamos que llegar, sino como alianzas éticas donde lo que pongamos en discusión sean las bases de construcción y no las visiones ideológicas. No pongamos en discusión cómo entendemos el feminismo sino cuáles son las prácticas políticas que lo sustentan. Eso traslada la discusión exactamente a las formas como construimos feminismos.
Lo que les propongo es, ni más ni menos, cambiar de matriz de discusión del qué al cómo, no para sustituir un único contenido por un único modo, sino porque si el modo único de pensar está introyectado, el modo único de hacer es siempre inevitablemente múltiple y diverso. En el modo de hacer hay siempre muchas posibilidades, múltiples recetas, infinitas combinaciones.
Este traslado de la discusión feminista de lo ideológico a lo ético nos colocará la discusión en temas tan urgentes como la relación con el Estado, la relación con la ley, la relación con las grandes corporaciones, en lugar de buscar a la fuerza alguna esencia ideológica. No nos vamos a poner de acuerdo, no tenemos por qué hacerlo, ni mucho menos no tenemos por qué llegar a discusiones altamente destructivas que se repiten cíclicamente.
Para aterrizar voy a adentrarme en una de las cuestiones aparentemente más álgidas y dentro de la cual tengo ademas posición tomada: la cuestión abolicionismo vs. trabajo sexual o regulacionismo. Son discusiones que se reeditan en el tiempo sin lograr evolución alguna, donde las posiciones se defienden con beligerancia y sentido de verdad absoluta. Tengo posición tomada al respecto: soy co autora del libro Ninguna Mujer Nace Para Puta, conozco la historia real de Sonia Sánchez y no la que inventa para sus financiadores y la prensa sensacionalista; el libro mismo me ha sido robado porque mi co autoría ha sido borrada de la discusión porque resulto un personaje incómodo y porque no le sirvo al abolicionismo. Bien, tomando esa discusión como ejemplo: ¿qué pasa si decidimos no ponernos de acuerdo? ¿Qué pasa si decidimos que no hay dos posiciones, sino muchas posiciones distintas al interior del universo de la prostitución como situación y como trabajo? ¿Que pasa si decidimos no jugar a Dios y no definir cuál posición es correcta y cuál no? ¿Qué pasa si en lugar de que una mujer hable a nombre de todas nos preguntamos por la construcción de espacios donde muchas mujeres desde la explotación sexual hablen desde sí mismas? Lo dejo ahí como desafío.
Lo cierto es que el antagonismo ideológico no es ni más ni menos que aceptar una simplificación de la cuestión que no sirve sino para inflar el ego o la billetera de unas o de otras, pero no para transformar nada.
La confluencia feminista
¿Cómo constuir una confluencia feminista entonces? ¿Cómo construir un punto de cohesión, de contención? ¿Cómo construir eso que nos resuene a todas? Pienso en la performance de Las Tesis, que nos resonó en los corazones y sin discusión alguna nos pusimos a contemplar, ensayar, viralizar y sentir como representativo de todas.
El desacuerdo enriquece, la deformidad/no uniformidad de los feminismos enriquece,pero necesitamos un punto de confluencia, un hilo que nos conecte como movimiento planetario. Un hilo que nos permita leernos y reconocernos unas a otras y otras sin perder las diferencias, sin reducir las diferencias a una sola matriz, ni a una sola posibilidad. Necesitamos un punto de confluencia que nos sirva de espejo y que represente lo que yo llamo un sentido de época para nosotras y todas nuestras luchas. Un sentido de época utópico, largo, ancho, contenedor, revolvedor, provocativo, seductor, sedicioso, sediento.
Un sentido de época que no minimice, ni relativice lucha alguna, que no sienta hegemonía temática ninguna, que no implique señalamiento de vanguardia.
Ni la igualdad hombre-mujer, ni los denominados derechos de las mujeres funcionan como tales porque ambos han sido deglutidos por el sistema, por el capitalismo, por el neoliberalismo, por la lavadora de la Historia que los ha convertido en retórica desechable para uso conveniente del utilitario de turno.
Permítanme decirles que la DESPATRIARCALIZACIÓN es esa palabra que puede englobar, cohesionar, abrir un nuevo sentido de época, marcarse como utopía general, como utopía en la que bordar contenidos, como sentido colectivo en el que inscribir prácticas y saberes. Despatriarcar, en su forma de verbo, es lo que queremos hacer y hacemos las feministas con la familia, con la tierra, con la comida, con el trabajo, con el arte, con la vida cotidiana, con el espacio, con la salud, con el sexo. Lo nuestro no es un proyecto de derechos: es un proyecto de transformación de estructuras y la despatriarcalización como horizonte de época refleja precisamente eso. Es una gran puerta donde caben caóticamente todas nuestras luchas.
La despatriarcalización nos ubica, además como movimiento sediento insaciable que no se lo puede devorar ninguna conquista, ningún gobierno.
El feminismo intuitivo vrs. el academicismo
Esta es otra de las contradicciones presentes al interior del movimiento: un feminismo académico con teóricas salidas de las universidades y que construyen y manejan un discurso feminista académico, academicista en muchos casos, y que se presenta como el nucleo teórico del feminismo. Un feminismo que básicamente ha anclado su pensamiento en un feminismo eurocentrado, del cual este núcleo es agencia importadora de discusiones y que se alimenta de la legitimación de la academia en los centros del Norte, frente a un supuesto feminismo “sin discurso propio” que vendría a ser el feminismo de la movilización y de la calle, que parece no tener otra alternativa que consumir ese feminismo académico.
Lo que planteo es que ese feminismo de la calle tiene nombre y se llama “feminismo intuitivo”. No responde a una instrucción ideológica y no responde a una lectura académica, sino que responde a una decisión existencial y a una lectura directa y vivencial de su cuerpo, de la calle, del cuerpo de su madre, de su tierra, del barrio, de la cárcel, de los juzgados, del desempleo.
No es un feminismo carente de discurso, sino un feminismo cuyas protagonistas son voces silenciadas sin foro, ni micrófono. Es el feminismo intuitivo que está llenando las marchas, las asambleas. Es el feminismo intuitivo que está desestabilizando al patriarcado.
Ese feminismo intuitivo necesita escucharse a sí mismo. Necesita foros deliberativos para conectarse como cuerpo actuante. No necesita foros de expertas a quienes ir a escuchar, sino que necesita foros de otorgación de reconocimiento y escucha horizontal. Eso son lo que desde Bolivia hemos llamado Parlamentos de Mujeres: la capacidad de escucharnos sin representación y búsqueda de acuerdo, sino construyendo colectivamente un mosaico complejo de visiones diferentes que se integran por su complejidad. El Parlamento de las Mujeres construido desde el feminismo es hoy en Bolivia el único lugar deliberativo, el único lugar social abierto y transparente que el poder no sólo no puede controlar, sino que tampoco puede siquiera entender.
Las alianzas éticas no ideológicas nos empujan a repensar alianzas no explicitadas que son las que hoy circulan sin ser discutidas.
Estas alianzas son:
- Las alianzas identitarias cuando hablamos, por ejemplo, de un feminismo indígena cuyo sentido de confluencia es una supuesta esencia indígena anti blanca.
- Las alianzas generacionales que terminan o instalando una mirada gerontocrática sobre las jóvenes, o a la inversa un rechazo generacional por las mujeres jóvenes hacia las mayores.
- Las alianzas victimistas construidas en torno del dolor como lugar de enunciación política y que repiten una y otra y otra vez el mismo discurso, son las alianzas que funcionan por ejemplo unicamente en torno del femincidio, el acoso o la violación, pero no funcionan en torno de otros horizontes o no repiensan esos mismos lugares no desde la victimizacion sino desde la rebeldía.
- Las alianzas territoriales que no se conectan más allá de un contexto geográfico.
Todas estas alianzas pueden ser legítimas, pueden ser espontáneas, pueden ser coyunturales. La pregunta es si son subversivas, si nos permiten repensar los feminismos y construir nuevos lenguajes.
El desafío
El feminismo nunca debería convertirse en un singular, sino mantener una estructura plural que le da su marco infinito de acción.
El feminismo no debiera destruirse en discusiones ideológicas en las que participan unas pocas voceras, pero que rompen y fragmentan la posibilidad de confluir.
El feminismo no debiera ser devorado ni por un gobierno, ni por un partido, ni por una consigna, ni por la oferta de un derecho ni por una corporación y para que eso no pase debiera construir un punto de confluencia anti sistemo, utopico e insaciable.
El desafio frente al cual estamos paradas es el de la privatización de la política y la necesidad de inventar otros marcos, por tanto no deberíamos actuar como restauradoras de los viejos marcos, sino dejarlos caer.
El desafio frente al cual estamos paradas es el del fascismo que viene directamente destruir el espacio abierto por nuestras libertades, rebeldías, irreverencias. No necesitamos buscar un salvador o salvadora, héroe o caudillo que nos proteja, sino que necesitamos multiplicar a tal escala esas rebeliones para que precisamente ese fascismo fundamentalista no logre hacer nada.
El desafío frente al cual estamos paradas es el de convertirnos en una máquina de producción de justicia feminista, pasar del colapso en el que hemos dejado a los sistemas de justicia estatales a la producción de justicia feminista.
El desafío frente al cual estamos paradas es el de producir nuevos sentidos y formular infinitas utopías para colocarnos dos pasos por delante de la amargura, de la cooptación, de la repetición.
Dejar de hablar de derechos y empezar a hablar de utopías.
Dejar de hablar de inclusión y pasar a hablar de revolución.
Dejar de hablar de feminización y pasar a hablar de despatriarcalización.
Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
POR FRANCO CIANCAGLINI
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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