Sigamos en contacto

Protesta social

La vuelta a la anormalidad

Publicada

el

Terminó el Mundial pero los reclamos siguen intactos, con respuesta represiva. Nunca frenaron las marchas de jubilados en estos días futboleros (lo que cobran alcanza cada vez para menos) y este miércoles se sumaron organizaciones sociales (el gobierno caducó el programa Volver al Trabajo) y la CGT con las dos CTA (cuestionando el ajuste y en defensa de la seguridad social). Todo vuelve a la normalidad cada vez más anormal de estos tiempos. ¿Qué se percibe de la realidad desde la marcha? Lo que se come y lo que no, la “inteligencia emocional” y lo que gasta el gobierno en reprimir, como volvió a ocurrir.   

Por Francisco Pandolfi y Lucas Pedulla

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Postal 1: miércoles 10 am

La calle se llama Obreros de La Negra. El nombre llama la atención para ojos poco habituados al sur conurbano: se refiere al frigorífico La Negra, un emblema de lo que alguna vez se llamó industria, fundado en 1885, escuela de dirigentes sindicales, protagonistas del 17 de octubre de 1945 y cerrado a mediados de la década del setenta. Hoy solo conserva el arco de entrada, como gesto histórico, que da pie a lo que se convirtió: un Carrefour. 

Enfrente hay una estación de servicio Shell, punto de encuentro de varias de las organizaciones sociales que este miércoles marchan en Puente Pueyrredón, municipio bonaerense de Avellaneda, e inician un día de protestas que seguirá más tarde en el Congreso con los gremios de la CGT y la ya histórica marcha de jubilados y jubiladas de cada semana. Otras organizaciones vienen directamente desde la estación del tren Roca, que tiene otros dos nombres históricos: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, militantes piqueteros asesinados aquí mismo en junio de 2002 por la Policía Bonaerense.

La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

El reclamo se da en el marco de una jornada nacional de lucha contra la decisión del Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello, de cerrar el programa Volver al Trabajo (antes “Potenciar Trabajo”), que perjudica a más de 900 mil familias. Las organizaciones de la Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (UTEP) lograron una medida cautelar para frenar la medida, pero la Cámara Federal de San Martín la revocó.

“El Gobierno dice que elimina nuestro salario para darnos ‘inserción laboral’. Sus propios números lo desmienten”, denunciaron desde la organización, y precisaron:

  • El supuesto programa, llamado “Formando Capital Humano”, alcanzó sólo a 172 personas en todo el país.
  • “De casi un millón de laburantes, el Estado confiesa que apenas 5.783 accedieron a alguna prestación este año”. 
  • Algunos de los “cursos fantasma” que proponen desde el Ministerio tienen nombres como “Inteligencia emocional para el ámbito laboral” o “Estrategias de ahorro en la cocina: ahorrar y comer bien es posible”.
La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

Inteligencia emocional y el costo de la represión

Eugenia (47) mide su inteligencia emocional desde sus dos hijas y una nieta de dos años. Vino con sus compañeras del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR) desde Villa Argentina, en Florencio Varela, con quienes alimentan a 45 familias dos veces por semana en el comedor del barrio. Está desocupada hace dos años (es asistente terapéutica) y dice que no consigue nada: “Nada”.

Su pareja tampoco está trabajando: tiene tuberculosis (enfermedad que registró un aumento de 71,6% en comparación al 2020) y no lo toman de ningún lado: “Nada de nada”.

Por eso, estas mujeres son algunas de las miles de esta movilización que tranquilamente podrían dictar cualquier curso sobre estrategias de ahorro o financiamiento, porque el monto de su programa social (que les quieren quitar) es de solo 78.000 pesos por mes. 

La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

“Me tengo que repartir –cuenta–. Con eso pago Internet y busco ofertas para comprar dos kilos de carne picada a 10.000 pesos, que raciono. En mi casa se come una vez al día, a la tarde noche; el resto del tiempo estamos a mate. Voy al canje a intercambiar ropa usada por mercadería: jeans o zapatillas por fideos, maple de huevos, morrón o tomate. Una o dos veces al mes voy a Capital a cirujear. Siempre encontrás ropa, alguna cartera, entonces la lavo y la llevo al trueque para sustentarme. Hoy en la cuenta me quedan 7.000 pesos y estamos a 22 de julio”.

La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

Eugenia, sus compañeros y las miles de familias que vinieron a Avellaneda no pueden llegar hasta el Puente porque un enorme operativo policial lo impide: hay oficiales de la Policía Federal, de la Prefectura, con motos y un hidrante que avanza sobre la avenida Hipólito Yrigoyen. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Ministerio de Seguridad informó que gastó 2.087 millones de pesos en 43 operativos para reprimir las marchas de jubilados en 2025: el monto equivale a más de 5.500 jubilaciones mínimas. 

Este miércoles no fue la excepción: cuando las organizaciones comienzan con la quema de gomas, las fuerzas avanzan y gasean. “El gobierno no piensa en los pobres”, dice Eugenia. “¿Tenemos que venir a luchar y que nos repriman porque nos sacaron los alimentos frescos del comedor? El Municipio ya no nos da pollo, papa o cebolla porque dice que no tiene presupuesto. El hijo de mi amiga está desnutrido y no recibe ayuda de nadie”.

¿Qué esperás?

Que tengamos una propuesta buena. ¿Nos quieren sacar el plan? Ok, pero que nos den trabajo.

Postal 2: miércoles 3 pm

La geografía de los alrededores del Congreso Nacional no tiene nada que ver con la de los últimos miércoles. Como no pasaba hace varios meses, el conjunto de organizaciones de jubiladas y jubilados, esta vez, no reclama en soledad contra el gobierno de Javier Milei. 

La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

Hoy sienten compañía.

La Confederación General del Trabajo (CGT) junto a las dos CTA, la UTEP y distintos movimientos sociales, se unieron a los jubilados como reinicio de un plan de lucha post-mundial. La segunda acción en conjunto, según comunicaron, será el 7 de agosto, en la peregrinación a San Cayetano, de Liniers a Plaza de Mayo.

Pablo Morán tiene 51 años, integra el gremio ATILRA (Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina) y es trabajador de la empresa Danone desde 2007.

Es delegado de los repositores de la Ciudad y el Gran Buenos Aires, cuenta que la situación de los lecheros está bien pese a Milei. Dice que no fue magia, sino un sindicato que desde hace 20 años actualiza sus ingresos mes a mes, según la inflación. Son una rara avis. “Nuestro básico es de dos millones y lo logramos luchando. Antes pertenecíamos al sindicato de Comercio, que hoy tiene su base en menos de un millón”, y agrega que están acá, en esta plaza, porque es una obligación mirar hacia el costado. “Y a nuestro costado está todo mal. Por eso los miércoles tenemos que estar siempre con los jubilados, no sólo hoy”.  

Pablo define a este gobierno con una palabra: horrible. 

La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

“De toda la que dicen que se ahorraron, no tiró nada a la calle, para los trabajadores, para los jubilados”. 

Resalta: “Nada”. 

¿Cómo sigue esto?

–Juntos, unidos, sin dar un paso atrás. Y sin mezquindades. Pero algunos sindicatos no mueven, no están acá, no avanzan. Y el peronismo, que es el que nos permitió solidificar nuestra base, hoy encima está peleado, cagado a palos. 

Se queda pensando. Necesita decir algo más: “Me preocupa mucho porque este tipo (por el actual presidente), pese a todo lo que está haciendo, tiene chances de ganar las elecciones que vienen. No la estamos viendo. Y no podemos seguir haciendo la vista gorda. La gente la está pasando mal… lo tenemos que frenar”.

Postal 3: miércoles 3.30 pm

Zulema Palavecino tiene 75 años, un pin con la bandera de Palestina, otro con el rostro de Floreal Avellaneda (estudiante de 15 años secuestrado por la dictadura en 1976) y un pañuelo verde del aborto. Como muchas de las personas en este día de movilizaciones y luchas, tuvo presencia completa: a la mañana en Puente Pueyrredón y a la tarde, como todos los miércoles, con sus compañeros y compañeras de Jubiladxs Insurgentes. 

Trabajó en el gremio telefónico durante 25 años. Era operadora en el Centro de Conmutación Internacional de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel), cuando el servicio estaba a manos del Estado. Fue parte de la organización que luchó para declarar ese empleo como insalubre y recuperar la hora de trabajo que la dictadura les había agregado.

Vivió la privatización menemista en 1990 y el impacto en números concretos: “De 40.000 trabajadores quedamos 20.000”. Se jubiló en 2004 y, desde entonces, acompaña la lucha que encabezó, entre otras, la histórica dirigente Norma Plá: “El triunfo depende de que los jubilados podamos sobrevivir. Están arrasando con un sector importante, que formó la riqueza del país, y este gobierno quiere que desaparezcamos”. 

Zulema no vive a dos cuadras del Congreso, sino en el municipio de Burzaco, sur conurbano, a más de 25 kilómetros de esta plaza. Si tiene suerte, se toma el 266 hasta la estación del ferrocarril Roca, pero como pasa poco, camina quince cuadras hasta la avenida, se sube a cualquiera de los que vienen de Quilmes, y ya en la estación viaja hasta Constitución. De ahí, cualquier ómnibus que la deje en Congreso. A la vuelta, lo mismo.

La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

Su hipótesis es que la CGT tiende a los fuegos artificiales. “Lo que necesitamos es que nos juntemos todos. Cuesta visualizar cómo coordinar esa unidad: nos tenemos que poner de acuerdo en las necesidades como clase, no como sector”.

¿Esta plaza es un intento? “Hubiera sido un intento si convocaban a medio paro para que vengan los que están trabajando. No esperamos nada de la CGT: lo que necesitamos es parar el país. Con la Ley de Tierras directamente quieren destrozarlo. Como jubilados no podemos proponer la fuerza, pero sí la postura con la que hemos resistido: la constancia. Lo que se necesita es un plan de lucha que sea constante, y no algo de una vez y listo”. 

Zulema cuenta por qué cada miércoles espera el 266 que no pasa, por qué no falta nunca al Congreso: “Sentimos que no podíamos hacer otra cosa más que resistir, porque quedarnos en casa era morir de todos modos. Nos encontramos con jubilados que no conocíamos pero tenían la misma actitud. Vivimos la década del setenta y fuimos una generación que creció pensando que había que luchar para cambiar el sistema. Cruzado por un conformismo o posibilismo, muchos abandonaron los sueños, pero cuando nos dimos cuenta que estábamos viejos y nos habían quitado todo, esos sueños son los que nos dieron fuerza”.

No gana la mínima y, “por suerte”, no gasta en medicamentos: “Quizá es por el cuidado naturista que me viene desde mi mamá”, dice, y aclara que tampoco pasa mucho tiempo en casa. La Agencia lavaca da fe: donde hay una marcha o un reclamo, Zulema y sus compañeros están allí. Llegado el caso que no pueda ir, se organizan para que alguien pueda estar. 

Fruto de estos tiempos, realiza otro trabajo: es una masajista de alto vuelo. Empezó hace 20 años, después de jubilarse. No apunta a un público empresarial, dice: “Me dedico a que se recuperen los trabajadores que luchan porque, si están mal o doloridos, no pueden luchar”.

Mientras los gremios se van –en su mayoría rápido, sin ni siquiera dar una vuelta entera a la plaza– y queda la radio abierta de jubiladas y jubilados, esas palabras de Zulema resuenan con el comienzo del día, ante el frigorífico La Negra decorando un Carrefour: el desafío de recuperar el cuerpo y los sueños para luchar, antes de descubrir que nos han quitado todo.

La vuelta a la anormalidad

Fotos: Juan Valeiro para lavaca.org

Protesta social

San Cayetano: el espejo del presente

Publicada

el

Miles de personas participaron en la marcha de San Cayetano a lo largo de 15 kilómetros desde Liniers hasta la Plaza de Mayo. ¿Qué nos dice lo que ocurrió y lo que se manifestó en esas 150 cuadras? Las voces y vidas que casi nunca se escuchan y lo que explican sobre esta época: cuándo y cómo se come, el trabajo, el no trabajo, los alquileres, las facturas, las incertidumbres, lo horrible y lo extraordinario.

por Lucas Pedulla 

Fotos: Tadeo Bourbon/lavaca.org 

Hace diez años los movimientos sociales argentinos tomaron el 7 de agosto, día de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, para realizar una marcha de 15 kilómetros que une Liniers –sede de la iglesia del santo, pero también portal entre CABA y conurbano– y Plaza de Mayo con una agenda de temas que la política tradicional toma, más o menos, cuando les conviene: economía social, agricultura familiar, reciclado social, barrios populares. 

San Cayetano: el espejo del presente
Las mujeres ponen el pecho y la olla. Tadeo Bourbon/lavaca.org.

A esa plataforma de propuestas hoy se le suman las problemáticas de la era Milei: desempleo, recorte de programas sociales, parálisis de las obras de integración sociourbana, acceso a la vivienda, mercadería que no llega a los comedores, y el crecimiento del narcotráfico que se disputa la vida y la muerte de jóvenes.

San Cayetano: el espejo del presente
Teoría sobre el ajuste. Foto: Tadeo Bourbon/lavaca.org

Muchas de esas dificultades son las que explican que la convocatoria no tenga en su punto inicial la masividad de otros años, además de llegar un día después de la enorme concentración en el Congreso contra la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuya represión se extendió por horas. 

San Cayetano: el espejo del presente
Acarreando bandera y Virgen.Tadeo Bourbon/lavaca.org

San Cayetano: el espejo del presente
Otros acarreos. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Pero como nadie sabe lo que un cuerpo puede, cientos de ellos están a las ocho de la mañana frente a la estación de Liniers. Por la cabecera se sumará algunas cuadras el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. En la homilía, el arzobispo porteño José García Cuerva plantea cosas como “que se multiplique la justicia social”, “en el centro de cualquier dinámica no deben ubicarse el capital, las leyes del mercado ni el lucro, sino la persona, la familia” y reclamó por un país en el que “nadie sea descartable”. 

Luego, una vez que la columna llegue al Congreso, ya serán miles, y en Plaza de Mayo se sumarán algunos gremios de la CGT y partidos de izquierda. 

De todos modos, con más o menos personas, con más o menos banderas, San Cayetano siempre alumbra un caleidoscopio de agendas que es todo lo que la dirigencia política –¿cuál?– debería escuchar, sentir y responder.

San Cayetano: el espejo del presente
Cartoneros y sus ollas. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Porque allí marcha Carolina –47 años, un hijo, de Ciudadela–, que vende espigas a 1.000 pesos y no consigue trabajo formal desde que la echaron de un comercio durante el macrismo.

Marcha Gabriel, a quien no le gusta la política pero va con su bici para vender chipá y pagar la factura de 100.000 pesos que le llegó de luz o los 300.000 de alquiler en Avellaneda, donde vive con su señora y su hijo.

San Cayetano: el espejo del presente
Cuando lo elemental se convierte en una odisea. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Brenda –34 años, ocho hijos, dos nietos–, del Movimiento Evita, porque el changuito del súper ya ni siquiera es un lujo, «es algo extraordinario», y eso que pasó por un kiosco, por un almacén, por una pollería y ahora vende jabones artesanales en la feria de Pontevedra. Pero “nadie tiene un peso».

Marcha Carlos –65 años, de Lomas de Zamora–, jubilado de todos los miércoles, con una bandera que pide un «Sindicato de Jubilados», quien a sus 65 años pudo acceder a una Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM, un 80% del haber mínimo) porque el gobierno eliminó la moratoria, y solo por el bono 70.000 pesos supera apenas los 400.000 pesos por mes: «Como una vez al día, generalmente a la tardenoche, porque las mañanas la paso con mates tratando de ver alguna galleta».

San Cayetano: el espejo del presente
Los que agarran las palas. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marchan Juan y Bautista –del Evita y de atrevidos 13 años, envueltos con una bandera de “Las Malvinas son argentinas”–, que vinieron desde San Fernando, porque quieren colaborar, quieren militar, quieren conocer y hablar con gente: «Si en el futuro sigue este gobierno, esto no va a ser un país».

Marcha Dalila -también de 13, amiga de los tres varones-, que vino a pedir por su papá: «Lo echaron del municipio. Lo re usaron. Se tenía que hacer muchos estudios y ahora está mal».

Marcha Enzo, su profesor, que dice que su generación antes militaba desde el centro de estudiantes y ahora tiene que rescatar a los chicos del pasillo.

San Cayetano: el espejo del presente
Reforma laboral. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Gustavo –64 años, de Laferrere, La Matanza–, con pechera de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que ve a chicos de 11 años luchando contra los soldaditos narco: «Me da impotencia porque mi país es rico».

Marcha María –33 años, de Máximo Paz, Cañuelas–, con la agrupación De Frente de los Misioneros de Francisco, porque el municipio les está pisando la instalación de luz que beneficiaría un plan de viviendas para 500 familias («la intendenta es peronista, mirá vos») y espera la visita del Papa León a la Argentina en noviembre: «Hoy tengo que decidir si le compro un par zapatillas a mi hijo, si compro comida, si pago un servicio o si compro un medicamento».

San Cayetano: el espejo del presente
Primicia: hay jóvenes no mileístas. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Vanesa –42 años, de Fiorito, donde nació Maradona–, con una espiga, una espumadera y un delantal de Somos Barrios de Pie, cuyo comedor da de comer a más de 100 familias por semana aunque el gobierno «dejó pudrir toda la mercadería en un galpón» y hoy tengan que hacer rifas para bancar la comida: «Encima le quieren sacar los 78.000 pesos del programa social a un millón de familias».

San Cayetano: el espejo del presente

Sonrisas, frío, sol y una mano para el santo. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Norma –47 años, barrio Nicol, La Matanza–, de la rama Construcción del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), porque hasta las changas se le dificultan si se tiene que tomar tres colectivos ida y vuelta –casi 9.000 pesos en total–, sin contar comer, “que no sale dos pesos”, y a su hijo de 14 años entonces le tiene que pedir si no puede agarrar algún rebusque para comprarse las cosas del colegio: «Donde vivo no veía gente en la calle, ahora sí».

San Cayetano: el espejo del presente
Definición. Tadeo Bourbon/lavaca.org

¿Quién escucha estos cuerpos?

¿Quiénes los ven?

¿Quiénes trabajan el fondo del problema y no la selfie?

San Cayetano ofrece un día 15 kilómetros de posibilidades, pero también alerta sobre los otros 364 que permanecen fuera de los reels progres.

A diez años, con más o menos gente, con más o menos banderas, San Cayetano sigue mostrando una marcha posible hacia algún otro país por querer trabajar.

San Cayetano: el espejo del presente
Pan, paz, trabajo, techo tierra. Y alegría. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Seguir leyendo

Protesta social

Punto de inflexión

Publicada

el

Pese al frío, la lluvia y la violencia policial que dejó al menos 12 detenidos y más de 1.500 personas heridas y lastimadas, se realizó este jueves 6 de agosto la movilización revista contra la “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”. El gobierno había eliminado el miércoles solo un capítulo sobre extranjerización de la tierra ante la falta de votos. La movilización mostró un espíritu que se percibe estas semanas, con la bandera “Las Malvinas son argentinas” como disparador intelectual y emocional de muchas causas, enfrentado a políticas del gobierno que no resuelven problema social alguno, agravan los anteriores, y borran horizontes. La política de Estado más coherente, volvió a verse, es la represiva: un posible síntoma de su propio fracaso.

Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro y Manuela Mendiondo/lavaca.org

Las islas Malvinas están en todos lados en la movilización en el Congreso. En banderas, remeras, gorritos –de lana o pilusos–. En pines, en parches, en buzos, en las sonrisas, en las miradas cómplices de miles de personas que decidieron lanzarse a las calles pese al frío, la lluvia y la permanente amenaza de violencia gubernamental, que parece ser una de las pocas formas del Estado presente en estos años.

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

La historia puede haber comenzado antes, cuando un grupo de amigos del barrio porteño de Villa Luro agarró una sábana en un cuarto de hotel en Atlanta, Estados Unidos y escribe “Las Malvinas son Argentinas”.

No podían saber que estaban empezando a provocar un efecto mariposa.

A menos de un mes de aquel 15 de julio –en que uno de los amigos se mete la sábanabandera en sus partes íntimas, pasa los controles, la lanza al campo de juego una vez consumado el triunfo de Argentina ante Inglaterra y Giovani Lo Celso la despliega para que la viera el mundo– la sábanabandera es ahora emblema en la concentración masiva que le espeta a los senadores y al gobierno nacional una aspiración:

  • “Argentina no se vende”.

Y que, horas después, terminará en una represión desmedida –1.500 heridos según la Comisión Provincial por la Memoria (CPM)– en un intento del gobierno nacional por evitar una movilización mayor.

¿Lo logró?

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

Las Malvinas por todos lados

Dentro del Congreso se trata la que denominaron Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsada por el Ministro de Desregulación Federico Sturzenegger. Antes de empezar el debate a las 14.15, el gobierno ya había recibido su primera y principal derrota: este miércoles debió recular al quedarse sin el apoyo de gobernadores aliados y bajaron el capítulo que habilitaba la compra ilimitada de tierras por privados extranjeros.

La otra derrota fue lo que generó en la gente: un hartazgo que fue creciendo con el correr de los días y que hoy llegó al límite cuando se conoció que el libertario Joaquín Benegas Lynch es director de una empresa que se dedica a gestionar, justamente, ventas de tierras a extranjeros. Un hartazgo que se vio afuera del Congreso. 

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

Afuera: una movilización futbolera. Cánticos de cancha: “el que no salta es un inglés”, “no se vende, la patria no se vende”. Baile, tambores, alegría y mucha juventud en una concentración bien malvinera. El merchandising está en todas las veredas: las banderas de «Las Malvinas son argentinas» se venden a $15.000, las remeras a $10.000.

Desde el escenario montado de espaldas al Congreso y de frente a la gente, un ex combatiente de Malvinas dice que cuando las islas se ponen en agenda, la discusión política se mejora, porque se pone arriba de la mesa el tema de la soberanía.

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

Gladys y Jorge llevan una de las tantas telas blancas y sencillas. Son docentes de La Plata, en contexto de encierro en una cárcel de mujeres. Dicen que la bandera que mostraron los futbolistas fue el impulso, que ahí nació un gen. Un motor. Y que antes funcionó el “coraje” de los pibes que la entraron a la cancha.  

–Fue el fosforito que necesitábamos. El puntapié para animarse. Para animarnos.

Punto de inflexión

Foto: Manuela Mendiondo / lavaca.org

Punto de inflexión

Sobre las vallas colocadas por la policía para alejar a la gente, la bandera, y los mensajes a los senadores y senadoras que dejó la gente. Foto: Manuela Mendiondo / lavaca.org

La chispa que encendió

Un papá y un hijo llevan una remera con el mismo diseño. Tres estrellas estampadas en el pecho por los mundiales obtenidos, y al lado, las Islas Malvinas. El papá se llama Fabián y el hijo se llama Pablo. Pablo Grillo: fotógrafo que recibió en la cabeza un proyectil de gas lacrimógeno disparado por el gendarme Héctor Guerrero y casi lo mata en marzo de 2025. Hoy Pablo está entre nosotros.

–Fue una chispa esa bandera. Hizo más que la Cancillería argentina en los últimos 40 años. Despertó algo, para dentro y fuera, un sentimiento que está en el pueblo y que emergió –dice Fabián, y señala a la multitud. 

–El fútbol mueve mucho de lo que siente el pueblo y eso se ve hoy acá. Lo otro que se ve es que la gente está hinchada las pelotas –dice Pablo.

Punto de inflexión

Pablo y Fabián Grillo. Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Graciela Daleo es sobreviviente de la ESMA y camina sorprendida de la cantidad de gente que ve. “Se tocó un resorte colectivo, algo similar a lo que pasa los 24 de Marzo. El pueblo argentino me sorprende siempre, a veces para mal, pero hoy no es el caso. Me gustaría que ese sentimiento se despertara no por el efecto de un mundial, sino por el cuidado de nuestra soberanía”. 

Cuando comienza la sesión, la plaza ya rebalsa. 

Y son, recién, las dos y media de la tarde.

Punto de inflexión

Foto: Manuela Mendiondo / lavaca.org

Ideas jóvenes

“¡En-so-brados!, ¡en-so-brados!”.

El grito hecho cantito es de jubilados y jubiladas, los mismos y las mismas que están todos los miércoles en el Congreso, dirigido a los senadores que ingresan en autos negros y con vidrios polarizados al Senado. No son las tres de la tarde y esa actitud ya marca una constante que se verá durante el resto del día, a pesar de la lluvia: un gesto de lucha. Algo, también, de irreverencia, como esos muchachos que se subieron al tacho y descolgaron la bandera estadounidense del Hotel Savoy, sobre Callao. Abajo, cientos de personas que pasaban los aplaudían.

La convocatoria de los gremios y centros de estudiantes, sumada a artistas que también aportaron lo suyo desde lugares impensados –desde Tini hasta Dante Spinetta, desde Niki Nicole hasta Emilia Mernes–, multiplicó el efecto mariposa esparcido a nivel mundial. En Ushuaia, Río Grande, en Córdoba capital, en San Salvador de Jujuy, en Bariloche –Fito Paéz se grabó marchando: “La argentina no se vende, man”–, en Mendoza, en Chubut, en todo el país. En CABA, por Avenida de Mayo, por Rivadavia, por Hipólito Yrigoyen, las calles explotaban de gente. Mucho –muchísimo– piberío, gracias a la convocatoria de las coordinadoras estudiantiles. 

Catalina, presidenta del centro de estudiantes del Cortázar, es una de ellas. Tiene tan solo 15 años y mucha lucidez. “Se nos juega como jóvenes el simple hecho de que vendan algo que nos pertenece como país. Somos un pueblo que fuimos una colonia, en el colegio estudiamos cómo nos independizamos, y es una falta de respeto que eso se cuestione”. 

Rubén, su compañero del centro, también tiene 15 y piensa el efecto mundial: “Que personas tan influyentes como Messi hayan visibilizado el luchar por estas tierras es un tremendo orgullo”. Catalina piensa su escuela: “El último día previo a la final pusimos la Marcha de Malvinas, el himno y fuimos todos los jóvenes. Muchos dicen que la juventud está en cualquiera, pero eso lo hicimos los propios adolescentes”.

–También se habla de una crisis de representatividad: ¿cómo se habla de política con jóvenes de 15 años si no hay ningún dirigente que les represente?

Catalina: Esa crisis es complicada. Los jóvenes sentimos esa falta de “algo”. Quizás nuestros viejos crecieron con otros referentes. Me parece que la manera que estamos teniendo de construir tiene que ver con que todos juntos seamos nuestros propios referentes. En la cotidiana del día a día somos nosotros, con nuestras ideas. La referencia está en nosotros mismos construyendo la nueva política.

Milagros tiene 21 años y lleva un cartón en la mano que además de decir que la tierra no debe venderse, tampoco debe quemarse. La Ley que el Senado debatió hoy genera un retroceso en el cuidado ambiental: transforma la ley de manejo del fuego, reduciendo protecciones y permitiendo construir sobre tierras incendiadas. Además, acelera desalojos y limita la capacidad del Estado para expropiar. 

–Todo el proyecto se debería haber caído. Lo único que ve y le importa a este gobierno son dólares, aunque para eso estén vendiendo nuestros recursos estratégicos. 

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Reprimir para vaciar la masividad

La lucidez de la juventud dialoga con la plaza que se fue llenando con el correr de las horas. Quizás eso mismo también detectó el gobierno al comenzar la represión sobre Callao y Bartolomé Mitre, por temor a que la plaza se siga llenando con los que salían del trabajo. Unos minutos antes, periodistas y artistas llevaron desde MU una bandera de doce metros con consignas que mandaron de todo el país dirigidas a senadores y senadoras:

  • “No traicionen, no se vendan”.
  • “Cuiden la patria”.
  • “Ni olvido ni perdón”.
  • “No regalen el país”. 

Y alguno con otro tipo de vuelo poético:

  • “¿Por qué no te vendés el orto?”.

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Fue la propia gente la que ayudó a colgar esa bandera sobre la valla de Callao y Mitre. Algunos empezaron a dejar sus propios mensajes. Media hora después, desde los handies de Gendarmería se escuchó la orden de reprimir. Empezaron con hidrantes y gases lacrimógenos que, ayudados por el viento, quemaban los ojos, la garganta y la piel. Pero la gente no se iba. Esa actitud con la que los jubilados le gritaban “ensobrados” a los senadores era la que esta esquina estaba empezando a irradiar. 

“¡Cipayos unitarios”, gritó un joven con barba y lentes.

“¡Traidores vendepatria”, gritó una quinceañera con aparatos.

“¡No son argentinos!”, gritó un joven con piercing en la nariz.

“¡Andá a Malvinas, la puta que te parió”, gritó una cuarta voz, y esa orden prendió como un mantra que se transformó, al instante, en canción.

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Y la canción, minutos después, en una represión feroz que comenzó minutos antes de las 17 con un camión hidrante tirando agua, siguió con gases lacrimógenos –insoportables que quemaban los ojos, la garganta– y balazos de goma. La barbarie del gobierno –a través de Gendarmería, Prefectura y Policía Federal– duró más de tres horas y se extendió a varias cuadras del microcentro porteño, con escenas que no eran de película: otro hidrante avanzando por 9 de Julio, cortes de la policía sobre Corrientes, efectivos disparando entre colectivos y taxis cerca del Obelisco. Uno de los balazos le pegó en la ceja derecha, a milímetros del ojo, a Lautaro: “Estábamos protestando pacíficamente y nos empezaron a provocar y a reprimir”, le dice a lavaca.

El SAME trasladó a una fotógrafa que recibió un impacto en la cabeza, por detrás. Una integrante de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) dijo que era un “traumatismo de cráneo, estaba mareada y le sangraba el oído”. Desde el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) y la Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina (ARGRA) informaron que se encuentra «estable» en el Hospital Argerich y permanecerá en observación toda la noche.

La CPM informó: “1.500 personas heridas en una de las represiones más salvajes del último tiempo”.

Pero la gente siguió devolviendo los gases lacrimógenos a patadas o agarrándolos a mano pelada para arrojarlos del otro lado de la valla.

La gente seguía.

Y, a las 21, salió a cacerolear. En muchos sentidos, todo está empezando.

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Seguir leyendo

Protesta social

Marcha de jubilados: la heladera terrorista

Publicada

el

Otro miércoles protagonizado por jubiladas y jubilados, que tuvo como novedad la noticia de que Patricia Bullrich y el gobierno bajaron el capítulo de venta de tierras a extranjeros en su turbia Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Un triunfo de la movilización de estos días, pero de todos modos se mantendrá la marcha prevista para este jueves. La aparición de jóvenes del radicalismo. Las banderas y carteles y los mensajes sobre el presente de la levotiroxina y de ciertos electrodomésticos.  

Por Lucas Pedulla Fotos: Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Breve editorial político. Foto: Tadeo Bourbon.

Antes de bajarse de la línea B del subte porteño en Callao y Corrientes, o de tomarse el ferrocarril San Martín desde su conurbana Bella Vista, incluso antes del primer matecito de la mañana, lo primero que Ana Tapia hace todos los miércoles, porque en verdad lo hace todos los días, es tomar levotiroxina, un medicamento para la tiroides. 

–Yo tenía nada más que dos nódulos, pero desde que me gasearon por primera vez hace dos años, todo lo que me metieron en la cara me provocó muchísimos más ganglios, más nódulos. Ahora me cambiaron la medicación para ver si voy a cuchillo o se va solo.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Ana en la marcha, y sus mensajes. Cobra la mínima y hace changas como remisera: «Solo llevo mujeres». Foto Tadeo Bourbon.

Tiene 73 años, el pelo cano coloreado de un tono lila, y un cuerpo que ha soportado balazos de gomas por las fuerzas federales que el gobierno dispone en cada marcha de jubilados y jubiladas. Aquel día de hace dos años el bautismo represivo fue con el gas.

–Me vaciaron un cargador.

La atacaron por detrás –“como cada vez que me atacaron”– mientras llevaba una bandera palestina. “Cuando ponés el cuerpo es algo que puede pasar”, se repite como un mantra, y se da fuerza –junto a sus compañeras y compañeros de la organización Jubiladxs Insurgentes– para seguir cada miércoles, con lluvia furiosa o sol inclemente, en la plaza. 

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Foto: Tadeo Bourbon.

Cada quince o veinte días le suma, entre los semaforazos en Callao y Corrientes y la marcha en el Congreso, una caminata de siete cuadras hasta la calle Mitre a buscar medicamentos para uno de sus seis nietos, que tiene parálisis cerebral. 

–Me jubilé a los 68 años como trabajadora en discapacidad. Lo que me llevó a ese trabajo, tristemente elegido, es mi nieto. Yo era transportista: manejaba una camioneta por barrios de zona noroeste, como Las Catonas (Moreno), Pacheco o Luján, desde las cinco y media de la mañana y, a veces, hasta las doce de la noche, porque llevaba chicos a la universidad

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
El presidente argentino calificó a diversos sectores que se le oponen como «terroristas». Foto: Tadeo Bourbon.

Ana trabajaba con amigos y familiares. No les gustaba llamarlo “empresa”, porque no se consideraban “empresarios”, y todo lo que entraba por la facturación a las obras sociales se repartía equitativamente. Al jubilarse, a ninguno de sus tres hijos varones les sorprendió que mamá siguiera militando, ahora por sus haberes: Ana es una de las infaltables en cada ronda de Madres de Plaza Mayo, todos los jueves a las 15.30, frente a la Casa Rosada. También milita en la comisión de sobrevivientes, familiares y compañeros de Campo de Mayo, uno de los centros clandestinos de detención en la última dictadura argentina.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Mujeres que resisten pero no olvidan reir ni bailar. Foto: Tadeo Bourbon.

–Tuve muchísimos compañeros desaparecidos. Como vivía en Villa Martelli (partido bonaerense de Vicente López), lo más posible es que se encuentren en Campo de Mayo. Todavía nos faltan entre cinco mil y siete mil compañeros que pasaron por allí. Estamos luchando por un espacio de memoria y que se investigue y se rastrille, porque esa tierra tiene mucho que contar. Para eso, que se vayan los militares de ahí es fundamental. 

Por esos reciclamientos de la política argentina, hoy podría pasar como una “terrorista disfrazada”, tal como definió recientemente el presidente Javier Milei a los sectores críticos –nombró particularmente a “estudiantes”, “periodistas”, “profesores” e “investigadores”–, y como ya fue gaseada y baleada en varias oportunidades, el mote no sería extraño.

–Somos la generación del setenta. Nos tocó esa: te persiguen, te quieren matar o desaparecer. Mis nietos ya saben toda la realidad porque la viven. A veces me acompañan a las marchas. No tengo algo que me llene más que la militancia, porque en verdad lo que está mal es este sistema. Todo lo que involucra una lucha que tenga una injusticia me marca el lugar en el que tengo que estar. Es una enseñanza de Norita Cortiñas.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Gorro de exhibición. Foto: Tadeo Bourbon.

Ana cobra la jubilación mínima –un haber de $419.827 más un bono de $70.000– y a veces hace changas como remisera –“llevo solo mujeres”– o ayuda en una parrilla familiar en General Rodríguez los viernes, sábados y domingos. En la plaza, todos los miércoles, se pone la pechera de la comisión Campo de Mayo, sus pins de Palestina y de Floreal Avellaneda –estudiante de 15 años desaparecido en 1976 en ese campo de concentración cuyo cuerpo fue arrojado al Río de la Plata por los vuelos de la muerte–, su pañuelo por el aborto legal, su cadenita con el símbolo de las Madres, y una bandera wiphala, entre otros accesorios políticos. Hoy también lleva dos carteles:

  • “Las Malvinas son argentinas, las jubiladas también”.
  • “La deuda es con el pueblo, no con el FMI”.

La marcha comienza. Se canta que al gobierno lo va a “echar” una huelga general y que “la patria no se vende”: durante la caminata llega la noticia de que la senadora Patricia Bullrich ordenó el retiro del capítulo de venta de tierras sin límite a extranjeros que iba a votarse este jueves con la Ley de Inviolabilidad de Propiedad Privada, pero todos refuerzan la necesidad de sostener la manifestación convocada para este jueves al mediodía. Un jubilado lleva un cartel con la bandera argentina que dice: 

  • “Juraron defenderla, no venderla”. 

En otro cartel se lee, como respondiendo a Milei y sus acusaciones a quienes lo cuestionan como “terroristas”:   

  • “Heladera vacía sin trabajo es terrorismo de Estado”. 
Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Breve editorial político II. Foto: Tadeo Bourbon.

Alrededor marchan chicas y chicos con boinas blancas: son de la Juventud Radical de CABA. “Vamos los radichas”, los reciben y saludan jubilados de todos los colores. ¿Otro signo de estos tiempos? 

Ana espera que la gente se despierte.

–Nos estamos quedando sin país, lo están rifando. Están quemando el futuro de nuestros nietos. Lo único que les vamos a dejar como herencia es aprender a luchar. Lo único que espero es que mañana no tengan los votos. Nada se consigue si no es con lucha.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - cooperativalavaca@gmail.com | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.048

Suscribite a lavaca