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Chau Benetton de la UBA

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En una decisión inédita, impulsada por docentes y alumnos, la Facultad de Agronomía de la UBA rescindió el convenio con la multinacional italiana, dueña de la estancia Leleque (donde desapareció Santiago Maldonado) y denunciada por comunidades mapuches. 

   Por Darío Aranda para lavaca.dream.press

No fue el gobierno de Chubut. No fue el gobierno nacional. Tampoco el Poder Judicial. Mucho menos los grandes medios de comunicación. Benetton, multinacional que es la mayor dueña de tierras de Argentina (un millón de hectáreas), recibió un cuestionamiento tan inesperado como simbólico: la Facultad de Agronomía de la Universidad e Buenos Aires (Fauba) canceló el convenio de cooperación con la empresa. 

La respuesta a una pregunta

La desaparición de Santiago Maldonado en terrenos de Benetton se dio en el marco de la represión a la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia de Cushamen. El caso repercutió en la agenda social, mediática y política. «¿Dónde está Santiago Maldonado?», se transformó en campaña nacional. Organismos de derechos humanos y comunidad indígenas (entre otros actores) de un lado. El Gobierno Nacional, con la ministra Patricia Bullrich al frente, respaldaron a la Gendarmería y su represión.
La Fauba no estuvo ajena a la desaparición de Maldonado. Hubo charlas, manifestaciones, pedidos de justicia. En ese marco, la fuerza estudiantil Abriendo Caminos denunció que la Facultad mantenía un convenio de cooperación con la multinacional, que en Argentina opera con la figura legal de Compañía de Tierras del Sud Argentino (CTSA) y cuenta con siete estancias, 900 mil hectáreas distribuidas en cuatro provincias (Buenos Aires, Río Negro, Chubut y Santa Cruz). Benetton es el mayor propietario privado de la Argentina.
MU accedió al contrato en diciembre pasado. «Convenio específico de asistencia técnica entre Compañía de Tierras Sud Argentino S.A. y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires», es el título formal de expediente, de seis carillas, donde firman Diego Eduardo Perazzo (directivo de la empresa) y el decano Rodolfo Golluscio. La cláusula primera establece el objetivo del contrato: «Se planea llevar a cabo una evaluación sistemática de la disponibilidad de recursos forrajeros a los largo del año y proponer un plan de manejo de pastoreo de pastizales patagónicos (…) Se buscará mejorar la cantidad y la calidad de a producción ganadera». Específica que «la evaluación de los recursos se basará en el procesamiento de imágenes digitales provistas por distintos tipos de satélites».
Precisa que los productos finales serán tres informes con la descripción del «estado de los recursos y detalles del plan de manejo» que se entregarán luego de las tres visitas a los campos de Benetton (meses estimados de enero, abril y septiembre).
El segundo punto señala que la Facultad brindará capacitación a personal de la empresa y contempla la posibilidad de pasantías con estudiantes de grado y postgrado. La tercera cláusula señala que el responsable técnico del proyecto es el mismo decano de la Fauba, Rodolfo Golluscio, «quien deberá entregar un informe final de actividades y resultados».
La empresa abonó 96.000 pesos en tres cuotas de 32.000. Autoridades de la Fauba argumentan que los montos bajos (96.000 pesos) serían prueba de que los convenios no condicionan a la Facultad. Pero otros sectores lo interpretan de forma opuesta: hasta por poca plata se dejan condicionar. El fondo del asunto es la universidad pública y su relación con el sector privado. Y un hecho objetivo: trabajar junto a una multinacional denunciada por violar derechos indígenas.
El contrato con Benetton fue muy cuestionado por la agrupación estudiantil Abriendo Caminos, también (aunque más diplomáticamente) por el Frente Amplio por una Nueva Agronomía (FANA).

UBA S.A.: empresas transgénicas en la universidad pública

  Resistencias académicas

El Grupo de Estudio y Trabajo junto a comunidades Qom (GET-Qom) de la Fauba, conformado por docentes y estudiantes de la Facultad, solicitó formalmente en febrero la suspensión del convenio entre la Facultad y Benetton. El GET-Qom trabaja hace años junto a la comunidad Potae Napocna Navogoh (La Primavera) de Formosa.
En un carta dirigida al decano Rodolfo Golluscio cuestionaron que «los convenios entre la Fauba y la CTSA del grupo Benetton se desarrollan sin ningún tipo de cuestionamiento, histórico, social ni político, reproduciendo una formación acrítica de sus estudiantes de grado y posgrado sobre los alcances de las acciones, investigaciones y publicaciones que se generan, avalando de esta forma una historia de genocidio, despojo e injusticia que se mantiene en el tiempo».
El pedido de rescisión se basó en fundamentos histórico-políticos respecto al despojo del territorio mapuche. Citan la investigación del historiador Ramón Minieri (libro «Ese ajeno sur») donde aporta pruebas de la ilegitimidad del título original de esas tierras (adquirido en 1991 por Benetton).
También recuerdan la vigencia de legislación que debiera proteger a los pueblos indígenas. Desde la Constitución Nacional (artículo 75, inciso 17), hasta la Ley 26160 (freno a los desalojos) y el Convenio 169 de la OIT.
«Los convenios de Fauba-Benetton implican el desconocimiento de los antecedentes históricos y de la legislación existente, vulnerando de ese modo derechos de los pueblos indígenas en cuanto al acceso a los territorios ancestrales y a sus recursos naturales, así como el derecho a la consulta y consentimiento previo, libre e informado. De manera que se es partícipe voluntario o involuntario, de la disgregación de un pueblo originario, de la pérdida de sus territorios, de su cultura, de su lengua y de sus prácticas ancestrales dificultando la reproducción de su vida cotidiana», resalta el escrito presentado ante las autoridades de la UBA.
Los integrantes de el GET-Qom afirmaron que la universidad pública tiene como misión y obligación que los frutos de su investigación y extensión estén, en primer lugar, al servicio de los sectores más vulnerables, excluidos, como lo son los pueblos indígenas y los pequeños campesinos, y no al servicio de las grandes compañías que vulneran los derechos de los sectores populares del campo.
Valorizaron que durante la gestión de Golluscio se apoyó el trabajo de docentes junto a comunidad indígenas y campesinas, y por ese mismo motivo consideraron coherente la necesidad de que la Fauba no trabaje junto a Benetton y otras empresas denunciadas por la violación de derechos indígenas.
El escrito, de cuatro páginas, finalizaba: «Solicitamos que se rescinda en forma inmediata el convenio con la CTSA (Benetton) y no se vuelvan a establecer nuevos convenios o vínculos en tanto se mantengan la causas que fundamentan la actual solicitud. Lo hacemos con el convencimiento de que esta acción será un aporte valioso en el camino de reparación de tantos años de injusticia, despojos e invisibilización de los pueblos indígenas».

El debate

El Consejo Directivo emitió dos dictámenes. Uno de mayoría, presentado por los consejeros profesores de la gestión (encabezado por Golluscio) que proponía renovar el convenio. Otro, de minoría, presentado por consejeras representantes de graduados (de la lista llamada «Integración») y que pidió la rescisión.
Sobre dieciséis integrantes, sólo tres votos se inclinaban por la cancelación del contrato (consejeros de graduados y estudiantil -por el FANA-).
Desde el GET-Qom ya consideraron un triunfo que la Fauba debata, por primera vez, el accionar de una empresa denunciada por pueblos indígenas. Y comenzaron a buscar apoyos extra universidad. De inmediato se sumaron entidades que trabajan junto a pueblos indígenas, investigadores y organismos de derechos humanos: Asociación de Abogados de Derecho Indígena (AADI), Grupo d Apoyo Jurídico al Acceso a la Tierra (Gajat), Grupo de Filosofía de la Biología (UBA) y el Instituto de Ciencias Antropológicas (Facultad de Filosofía y Letras de la UBA), entre otros.
El tratamiento del convenio en el Consejo Directivo de la Fauba comenzó a hacer cada vez más ruido. La sesiones son abiertas y las críticos prometían llenar la sala. Dos adhesiones terminaron por inclinar la balanza: el Premio Nobel de la Paz y titular del Serpaj, Adolfo Pérez Esquivel, envió una carta pidiendo la suspensión del convenio. Y, el último día, Verónica Heredia (abogada de la familia Maldonado) avisó que Sergio (hermano de Santiago) también apoyaba el pedido de cancelar el convenio.
El martes 5 de junio fue el día de sesiones. La flamante decana, Marcela Gally, informó la situación y, sobre tablas, presentó un tercer dictamen. Planteó una fundamentación pro empresaria: «El valor académico del convenio ha sido sumamente valioso desde el punto de vista de generación de conocimiento científico, así como en la formación de recursos humanos». Defendió el trabajo junto a  Benetton.
El dictamen de la decana excusó a la Facultad en su accionar, pero también pidió la no renovación del contrato.
Fue votado por unanimidad (el Grupo GET-Qom rechazó la fundamentación).

   Pro-Empresa

-El decano saliente y responsable técnico del convenio, Rodolfo Golluscio, reconoció que ya había avanzado en la renovación del contrato (aún sabiendo que se debía aprobar en el Consejo Directivo). Lamentó que se haya votado la cancelación y pidió que no se diera publicidad a la decisión.
-La consejera estudiantil por la agrupación Línea de Agronomía  Independiente (LAI, de derecha) cuestionó con enojo que la sociedad opine sobre el accionar de la Facultad y, más enojada aún, rechazó que la universidad pública tome decisiones según lo que sucede fuera de la isla universitaria.
-La vicedecana, Adriana Kantolic, se expresó en contra de la cancelación del convenio. Incluso acusó a los solicitantes de haber tergiversado información para obtener el apoyo de Pérez Esquivel y de organizaciones indígenas. Kantolic, defensora del modelo transgénico, es la responsable técnica de otros convenios con empresas, entre ellas la cuestionada Monsanto.

Universidad transgénica: los sponsors de la Facultad de la Agronomía de la UBA

   Pequeño gran triunfo

Monsanto, Syngenta, Bayer, Aapresid y la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) son algunas de las empresas del agronegocio que tienen convenios (y financiamiento) con la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), tal cual se reveló en distintas notas en la revista MU. Las compañías impulsan un modelo con consecuencias ambientales, sociales y sanitarias. Desde la Ley de Educación Superior, sancionada durante el menemismo, la educación pública quedó permeable al sector privado.
La cancelación del convenio con Benetton es inédita en la Fauba. Es un triunfo de docentes, graduados y estudiantes, que también cuestionan los vínculos de la Facultad con compañías transgéncias, y le pusieron así un freno a autoridades y docentes pro-empresas.

Mu 117: Ser Macrix

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El clima del cambio

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Se produjo otra marcha masiva en Buenos Aires acompañando las movilizaciones en todo el mundo por la crisis climática. Jóvenes de orígenes dispares, encolumnados tras una misma sensación de que ni las diferencias ni las grietas políticas podrán existir en un planeta en modo colapso. Las granjas de cerdos, los incendios, los humedales, La Cámpora y el PRO marchando a metros de distancia, el Congreso pintado de verde y la teoría ambientalista sobre el concepto de patria y colonia. Algunas voces que sintetizan el clima del presente.

“La política no hace nada para solucionar esto. Todo eso que quieren hacer con China con las granjas de cerdos es, no sé… una mierda”.

Francisca tiene 11 años y una pancarta que plantea: “Cambio del sistema, no cambio climático”. Cuenta que su familia siempre le habló de la necesidad de cuidar el medio ambiente. “Y estamos haciendo una página web en el colegio, me encantan estos temas” dice entre el concierto de bombos y redoblantes que la rodea durante una marcha que unió a Buenos Aires con más de 30 ciudades de todo el país, y muchas más en el mundo, protagonizadas esencialmente por jóvenes que planearon la huelga climática, otro modo de alertar sobre lo que alertan también científicos de todo el mundo.

Foto: Pedro Ramos

Al lado de Francisca pasa una veterana de unos 17 años que pintó sobre un cartón: “Compostemos al capitalismo”. El lema complementa a Francisca: la sensación de estar en medio de una descomposición que, en el mejor de los casos, podría utilizarse para terminar de descomponer, compostar con otra materia que esté viva y fertilizar un horizonte diferente.

La marcha reunió a muchas organizaciones y movimientos sociales, pero sobre todo a mucha gente suelta. Los Jóvenes por el Clima realizaron una acción pintarrajeando de verde una pared del Congreso y sus rejas hasta que la policía los descolgó del enrejado al que se habían subido.

Llevaban remeras en las que se leía: “Basta de esta mierda”.

Con un megáfono y cientos de personas alrededor, el grito fue: “Rebelión o extinción”.

Milén, docente de primaria, 27 años: “Lo más urgente es rechazar el acuerdo porcino por todos los efectos que tiene para el clima. Y tiene que haber un cambio en la educación sobre lo que es el cambio climático, porque hay mucha ignorancia sobre lo que sucede y cómo nos afecta. Necesitamos una Ley de Educación Ambiental, porque no nos capacitan a los docentes en esto, y el tema no les llega a los chicos. Es algo autónomo que una hace”.

A una columna de La Cámpora la seguía a pocos metros una acaso inesperada columna de la juventud del PRO. La encargada de La Cámpora no quiso hablar mientras estaban marchando. Cuando llegaron y estaban sentados en la Plaza de los Dos Congresos tampoco, pidiendo disculpas “porque nos estamos organizando”. Catalina, secretaria de género de la juventud del PRO postuló: “Nosotros queremos la ley de humedales. Y creo que todos aquí queremos un país mejor, inclusivo, justo, ambientalmente sostenible. El tema es cómo. No hay respuestas fáciles. Siempre vinimos a estas marchas, pero no partidariamente”, dice, con lo que la verdadera actitud del PRO frente a esto queda a merced de la lectura de quien se interese en el tema.

Fotos: Pedro Ramos

Se armó un escenario de espaldas al Congreso. Habló una joven de Frydays for Future Argentina, una de las organizaciones ya históricas en estas protestas. Dijo: “Hoy estamos una vez más reunidos para exigir justicia climática inmediata en la marcha mundial por el clima. Porque hay activistas que son perseguidos y asesinados por hacer oír su voz. Porque hay personas que sufren todos los días esta crisis climática. Porque lo podemos ver en los interminables incendios, inundaciones, escasez de agua, impactos económicos, y no tenemos más tiempo para seguir mirando para el costado. Nuestra casa está en llamas. Y debemos actuar ahora. Las emisiones deben disminuir ya. Es una lucha que no es solo por el futuro sino también por el presenta. El momento es ahora”.

Luego habló otro de los grupos pioneros en estos años, Jóvenes por el clima, que a través de su vocero Bruno Rodríguez sintetizó mucho de lo que de fondo está fermentando entre jóvenes que alzan su voz en defensa de su propio futuro:  

“Quiero transmitirles mi enorme felicidad por ver al ambientalismo popular copar las calles de la Patria, afirmando contundentemente que no hay justicia social sin justicia ambiental”.

“La lucha contra la crisis climática y ecológica es una lucha por la defensa y promoción de los derechos humanos. Es una lucha por la preservación de los territorios. Es una lucha por la defensa de la soberanía nacional, de los derechos de los pueblos originarios, en defensa de los intereses de América latina contra el colonialismo extractivista y saqueador”.

·El cambio climático es un fenómeno global, y por lo tanto la responsabilidad de los distintos países se diferencia enormemente. No es lo mismo el aporte que hace a la crisis Estados Unidos o la Unión Europa que un país de América Latina”.

“Hoy Argentina profundiza la matriz extractivista de su modelo productivo para pagarle al FMI. Los países que forman parte de los directorios de los organismos de crédito internacional son nuestros deudores. Ellos, que saquean nuestros territorios y mercantilizan a la naturaleza, son en definitiva los verdaderos responsables. Patria si, colonia no, es en definitiva una consigna ambientalista”.

“Agradecemos muchísimo a las organizaciones populares, movimientos populares, trabajadores de la tierra, recicladores urbanos. El ambientalismo va a ser popular, latinoamericano y emancipatorio, o no será”.

Foto: Pedro Ramos

Agradecemos la colaboración para esta crónica de integrantes del Diplomado en Periodismo y Comunicación Ambiental Andrés Carrasco.

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Carta abierta a los jueces de la Corte de Justicia de Salta. Por Carla Morales Ríos

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Compartimos la carta de quien fuera abusada por el cura Emilio Lamas, recientemente absuelto por la justicia salteña. Los nombres que sellaron un fallo vergonzoso y revictimizante, y el pedido para que el caso no prescriba: » La prescripción de esta causa penal ataca a toda la sociedad en la existencia de personas que aún no pueden hablar», dice Carla sobre la impunidad que, otra vez, goza la Iglesia del Estado cuando no están separados.

Carla Morales Ríos

Así como hace casi 3 años le escribí una Carta Abierta a Emilio Lamas, hoy se las escribo a ustedes, jueces y juezas que facilitaron la prescripción de la causa penal que inicié contra mi abusador.

Y de la misma forma les voy a hablar, de igual a igual, sobre su accionar inoperante:  Guillermo Alberto Catalano, Sandra Bonari, María Alejandra Gauffin, Teresa Ovejero Cornejo y Sergio Fabián Vittar, sus horrorosos y nefastos fallos dañan a toda una sociedad y principalmente a Juan Carlos y a mí porque nos revictimizan, siendo nosotrxs sobrevivientes de esos abusos.

En la reflexión sobre estos resultados no queda otra más que calificarlos como disciplinantes y amedrentadores, producto de todo este manto de impunidad.

Tenemos una justicia clasista, racista y patriarcal a la que hay que desmantelar.

Nuestra búsqueda de justicia, con este resultado, queda desestimada por ustedes, servidores públicos, jueces y juezas, que se supone, deben tener una formación integral y estar orientados por las perspectivas de los Derechos Humanos y de Género, protegiendo así a las partes más vulnerable.

Las  decisiones que ustedes toman, anulan nuestros procesos subjetivos, desconociendo que son totalmente íntimos y personales y que, por numerosos estudios de las ciencias sociales, los hechos de abusos sexuales son considerados episodios traumáticos y de violencia extrema.

Dejan una huella en nuestra psiquis, justamente, por ser hechos de las características mencionadas.

No entender el proceso por cual el abuso sexual no puede ser develado tan fácilmente ante una sede policial y/o judicial.

Sumado a esto, se menciona todavía la existencia de un tabú en torno a tales delitos y los prejuicios y juzgamientos que terminan recayendo sobre nosotrxs, siendo este resultado uno de ellos, pues la prescripción de estas causas no hacen otra cosa más que dejar impune a Lamas y cuestionando el porqué nosotrxs no hablamos antes.

¿Cuáles serían los parámetros de esos tiempos?

La prescripción de esta causa penal ataca a toda la sociedad en la existencia de personas que aún no pueden hablar y principalmente, al colectivo TLGBIQNB+, la cual lleva a preguntarse si las identidades sexo-genéricas disidentes tenemos entonces, garantizados los mismos derechos y si importan nuestras vidas ante una (in)justicia heteropatriarcal, cisnormativa, binaria y religiosa.

Desde hace más de 10 años refuerzo mi adhesión a la Campaña de la Separación de la Iglesia del Estado, organización por la cual entendí su necesidad y urgencia.

Este desacertado resultado remarca la existencia de esa vinculación y la convivencia existente cuando se trata de causas que van en contra de ella o de sus miembros e intereses. Los derechos sociales son apoderados nuevamente por una institución totalizante en pleno Siglo XXI y por lo cual, se espera que instancias superiores puedan reparar sus violencias hacia nosotrxs, otra vez, sus víctimas.

#elestadoesresponsable #abajolaprescripción #iglesiayestadoasuntoseparado #noolvidamosnoperdonamos

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Lo que hay para ver: la vuelta del teatro independiente, a pura obra

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La Benito, No voy a estar cuando me vean, Bocetos, Cacao y The Club for Performance Art Gallery: cinco recomendaciones de la escena teatral independiente porteña, para leer e ir a ver. Una recorrida de un solo fin de semana a puro escenario: de la danza a la performance, de la calle a los espacios que reabrieron con muchas y variadas propuestas.

Todas las historias caben en un escenario. 

Amplias salas de pisos de madera con reflectores y escenografía, o una plaza que ocupa una manzana o una reserva natural pueden ser el espacio donde el hecho teatral suceda. La propuesta artística, en este momento de reapertura, es inmensa y variada: desde lo temático hasta la oferta de horarios en los que se puede apreciar el arte en todas sus formas. Aquí te presentamos una muestra de lo que es posible disfrutar en la escena porteña independiente hoy. Desde una caminata por una plaza de Villa Crespo; pasando por dos obras de danza que despiertan los sentidos y la capacidad de que afloren algunos interrogantes; el surrealismo de las pinturas de cuadros que cobran vida; hasta una performance en la que dos personas se detienen a contemplar el río…

La Benito, ensayos sobre encuentros

La Benito

La plaza Benito Nazar en el barrio de Villa Crespo es el escenario al aire libre que propone La Benito, ensayos sobre encuentros. A cada participante le llegarán indicaciones mediante un grupo de Whatsapp.  Hay tres puntos de encuentro y cada une puede elegir desde dónde partir: kiosco, cafetería o veterinaria, ubicados en las diferentes esquinas de Apolinario Figueroa y Olaya. A la hora de inicio, suena un silbato: es momento de ponerse los auriculares y escuchar el audio recibido. Comienza la aventura.  Les participantes arrancamos la caminata motivades por las señas que nos hacen les performers. Cada une viste de un color determinado, rojo, verde, azul, violeta, amarillo y más. Nuestra tarea es estar atentes a sus movimientos y en nuestras orejas se despliega una hoja de ruta, un episodio de 40 minutos a la intemperie, con pies inquietos que se deslizan sobre las piedritas naranjas que cubren la plaza y los enormes círculos de cemento que la recorren. Caminata, trotecito, más caminata y la invitación a bailar cuando la música incita a improvisar una coreo. Los ojos absorben,  los oídos se regocijan y el corazón agradece cuando  alguien vestido de un solo color coincide con nuestra mirada, levanta el brazo y la mano ondea de un lado a otro. Ese saludo a la distancia tiene un valor inédito. Esta obra — concebida en cuarentena, potenciada por Roseti Espacio y su director Juan Coulasso, con su asesoramiento artístico y el de Romina Trigo — es, como dice en el título, un ensayo para volver a encontrarnos. ¿Cómo lo hacemos? Algunas pistas transitadas en el recorrido: mirarse a los ojos, saludarse, asomarse a lo que viene con fascinación infantil y caminar juntes.  Algunes niñes miraban con curiosidad a les jóvenes y adultes que ocupábamos la plaza y decidieron sumarse a la caminata  ¿Adultes jugando? No hay que desperdiciar esta oportunidad. 

Les performers que nos instigaron a jugar son: Guadalupe Arata, Candela Arregui, Brenda Chi, Fabiana Colagiovani,  Melina Cruz, Rodrigo Distéfano, Micaela Zaninovich, Martín Labarca, Celeste Martinez Cal y Sebastián Rocha. Todes eran alumnes de Juan Coulasso de manera virtual, hasta que se habilitó la posibilidad de las prácticas al aire libre. Algunes vivían cerca de la plaza Benito Nazar y un día se juntaron  “para vernos a los ojos después de mucho tiempo de estar viéndonos a través de pantallas”, coinciden les directorxs Brenda Chi y Pablo Racciatti.  ¿Qué elementos querían  que estuvieran presentes en La Benito? “La convivencia con otras prácticas que existen y existieron siempre que nosotres fuimos a la plaza. La vuelta del arte a las calles, donde antiguamente solía habitarse el espacio público para generar cultura a la que todo el mundo pudiera tener acceso. La fantasía, la nostalgia, el volver a un espacio para crear con otres”.

Plaza Benito Nazar, Apolinario Figueroa y Olaya, CABA

Sábados, 19 hs

Hasta el 27/11

@labenitoencuentros

No voy a estar cuando me vean

La obra de danza-teatro dirigida por la bailarina, coreógrafa, directora y docente Jazmín Titiunik despierta la curiosidad desde su nombre. ¿Dónde están si no están ahí? ¿Si las veo y no están, estaré yo para ver y ser vista? Cuatro intérpretes —María Díaz, Agostina Galarza, Marina Zanollo y Jazmín— desentrañan la incógnita, la fragmentan y la saborean.  Un cartel led nos da la bienvenida, anfitrión mudo pero elocuente, en este encuentro con los interrogantes que desatan los cuerpos y sus devenires. Hay oscuridad y de repente se enciende una luz.  Cada bailarina nos mira y habla, nos interpela acerca de ese presente en esa sala. ¿Quiénes somos en ese instante? Al salir, ¿seremos les mismes?  La invitación a mirar y dejarse mirar es un ejercicio vital.  Tras esa práctica tan sencilla como profunda, volvemos a fijar la mirada en ellas, seducides por la belleza encantadora de los cuerpos que danzan. 

El germen de la obra fue un verso del poeta francés Arthur Rimbaud: “Yo soy otro”.  Esta resonancia se alineó a una investigación que Jazmin viene haciendo desde hace un tiempo y “tiene que ver con encontrar un lugar de la ficción que sea un poco más pequeño que la representación y más abierto que la narrativa. Poder darle universo a un mundo lleno de estas existencias menores, estas presencias mucho más frágiles que planteen una posibilidad más abierta”. Otras inquietudes se suman: “¿Cuándo podemos decir que algo empieza a ser danza? La danza siempre es más definida en términos de movimiento y para mí es más la relación entre el cuerpo y el tiempo”.

Un cuerpo entra en escena y dice “Yo voy a intentar ser yo delante de ustedes”, otro propone volverse un objeto, otro,  tratar de ser ella misma en escena. “La obra se mueve todo el tiempo, con esta intención de cambiar el modo perceptivo, de hacer aparecer lo que ya estaba ahí, como si tuviera que ver más con limpiar la percepción para poder ver lo que ya está pasando”.

¿Cómo estar juntes? ¿Cómo ser con les otres? En estas preguntas que tanto significan en esta época, indaga la obra. “La fisicalidad no asegura el contacto”, aclara Jazmín. Mirar y ser mirades puede ser una primera respuesta. Las otras surgirán de la profundidad en la que nos reflejamos y de la sabiduría que anida en cada cuerpo.

El taller de Omar, Fitz Roy 1245, CABA

Sábados, 21 hs

Hasta el 30/10

@novoyaestarcuandomevean

Bocetos

Anochece en una galería de arte y sucede lo inesperado.  Una osada presentadora nos introduce en un mundo surrealista en el que todo puede pasar, incluso que los cuadros cobren vida.  Las palabras revelan la trama escondida  y quizás sugerida por algún elemento del cuadro.  Lo que parece, no es, y lo que es insiste en colarse por la rendija y salir a la luz.  La apreciación de un cuadro en una galería de arte o en un museo, aquí se transforma en la observación de un cuerpo que palpita su verdad y estalla en un grito cuando el arte es mensajero de las historias que sucumbieron al silencio.

En marzo, la actriz Rosita Micale aludió en su Instagram a las ganas de volver a actuar y buscaba cómplices para esa aventura. Romina Palermo, ex compañera de la UNA, le respondió casi instantáneamente y decidieron juntarse. Luego se sumaron Antonella Valese y Violeta Gros, con quienes también se conocían de la UNA y de esos encuentros fue surgiendo la idea de Bocetos

El cuadro “La chiquita piconera”, de Julio Romero Torres fue la imagen que atrapó la mirada de la actriz Romina Palermo.  Con esas sensaciones fue creando su texto. “Empecé a escribir de acuerdo a lo que me generaba pero lo que más me detonó fue su pasado de niña que sufrió trabajo infantil”.

Antonella se inspiró para su monólogo en uno de sus cuadros favoritos, “El beso”, de Gustav Klimnt.  Su personaje es una coqueta mujer que acepta modelar para un pintor que la seduce. “No quise que fuera algo romántico y feliz porque tenía esa data de Klimt, de que era medio ghosteador, para adaptarlo al vocabulario actual”. 

La periodista alemana Sylvia von Harden fue abordada por el pintor Otto Dix una noche en Berlín en 1926 y le rogó  que posara para él. Le atrajo su aspecto ambiguo, ni hombre ni mujer y le aseguró: “Representas toda una época”. Ese retrato conocido como “Agarre las manos”, fue el que acaparó la atención de la actriz Rosita Micale, quien rescata la naturaleza de las obras creadas en pandemia: “Ahora se prioriza el instante, cierta lucidez de la situación que aparece y desaparece porque no sabés cuándo va a volver a pasar. En verdad el teatro siempre fue así, la pandemia fue eso, nadie sabía qué iba a suceder, todo fue improvisado. Este es un producto pandémico”. 

La actriz Violeta Gros interpreta en Bocetos a una niña de mirada siniestra, bastante alejada del estereotipo de la infancia  angelada e inocente. Su inspiración nace de la obra “La hija del torturador”, de la pintora argentina Mildred Burton. Por debajo del cuello de la niña retratada pende un trozo de dedo humano. La obra de Burton, nacida en Paraná, con ascendencia irlandesa, es exquisita y perturbadora. De chica dibujaba cosas extrañas a los ojos de la familia y la encerraron por considerarla fuera de sus cabales. A los 15, la casaron con un militar con quien tuvo  5 hijos y en cuanto pudo se escapó a Buenos Aires para seguir pintando. Partió en 2008, en La Boca, barrio que eligió para vivir y morir.

Suma Violeta con respecto a la creación teatral: “Es un material que se puede trasladar a cualquier lugar, no tiene escenografía, son monólogos que podemos actuar en vidrieras, en una sala, en un patio. Lo que está por delante es la actuación, surgió  como clima de época.  No sabÍamos ni dónde ni cuándo, no sabemos qué va a pasar. Eso marcó el proceso creativo. Hay algo del contagio, del volver a hacer, de sumarse desde el goce, poner el cuerpo en acción, sentir que podemos hacerlo”.

Animal Teatro

Castro 561, CABA

Sábado 25 de septiembre, 20 hs

@animalteatro

Cacao

El nombre de esta obra de danza despierta las papilas gustativas y nos subyuga con la idea de este milenario manjar que alegra y energiza.  La obra posee las mismas propiedades. El escenario es una de las salas del espacio MOVAQ Aquelarre en Movimiento, ubicado en el barrio de Villa Crespo y comandado por las bailarinas Analía Slonimsky, Lía Mazza, Julieta Rodriguez Grumberg y Laura Peña Nuñez.  Al traspasar el galpón de la calle Malabia al 800, se forma una fila y a cada asistente se le ofrece un cuenco pequeño con la bebida de los dioses: chocolate caliente.  Unos minutos después subimos al primer piso, donde se percibe un aroma dulzón. Nos entregan un pequeño chocolate con envoltorio blanco  y nos piden que recién lo degustemos en un momento determinado de esta obra que está en el tramo final de su construcción y que investiga las propiedades medicinales del cacao.  Dirigidas por la bailarina, coreógrafa y docente Analía Slonimsky, las intérpretes Lucía Chiappe, Paula Zacharías, Brenie Gora y Paula Caldirola se apoderan del espacio con sus danzas y con música de Luis Della Mea. Con luces que lo tiñen todo de colores cobrizos, los cuerpos también se tiñen de un vestigio ancestral. La ceremonia del cacao provoca  los sentidos y lejos de ser solo espectadorxs, quienes estamos sentados  de manera circular, nos sentimos parte del ritual.

El disparador sobre el que trabajaron fue “la sensación de flotar los huesos dentro de la carne, volver a ser carne, tejido, volver a la tridimensionalidad del cuerpo después de esa planicie y ese vacío que nos había generado la pantalla —cuenta Analía— y luego un amigo aficionado a la gastronomía me compartió un documental sobre lo que generaba el cacao en personas sin olfato, que te hace perder el gusto. El chef les devolvía algún tipo de sensación de placer en el gusto más allá de que no recuperaran el olfato, y ver a esa gente emocionada fue maravilloso”.  Agrega Analía que en cada encuentro preparaban chocolate, hicieron una ceremonia del cacao guiadas por chamanas y se pusieron a investigar sobre sus propiedades: activa el sistema circulatorio, lo llaman la medicina del corazón. “Y me parecía que volver a lo sanguíneo, a lo corpóreo, al latir del corazón después de un año de virtualidad, era un buen síntoma para este encuentro”.

Sin la intención de crear una obra, Cacao fue tomando forma hasta convertirse en esta invitación a redescubrir el goce del sabor y a confiar en la vitalidad de la propia anatomía.

MOVAQ Aquelarre en Movimiento

Malabia 852, CABA

Estreno próximo a anunciarse

@cacaolaobra

The Club for Performance Art Gallery

Voy a hablar con el río forma parte de esta propuesta de performances en un punto determinado de la ciudad, para una sola persona y viene de la mano de la actriz Agustina Muñoz.  La cita es en la esquina de Corrientes y Eduardo Madero a las diez de la mañana de un jueves. De allí, partimos atravesando avenidas, un puente, observando altísimos y modernos edificios, exclusivas vinerías, concesionarias con autos extravagantes  que no he visto circular por mi barrio  —Floresta— y entidades bancarias con nombres que jamás había escuchado. Seguimos caminando, un guardia de seguridad escucha cumbia en altavoz. Llegamos a la Costanera Sur, el clima es de flamante primavera, me invita a acomodarme mirando hacia una laguna cubierta de vegetación, con matices infinitos de verde y habitada por unos cuantos patos negros. A nuestras espaldas, la ciudad y sus desvelos. Ante nuestros ojos, un pequeño paraíso. Después de que un instrumento soplador de hojas y mugre se acallara y nos corriéramos unos metros para que la voz de la Negra Vernaci, emitida desde un carrito de comidas, quedara casi imperceptible,  ambas dimos play a un audio que nos sumergió en otra dimensión.  La voz me guía y yo me dejo llevar, es un viaje a otro mundo, a otra época, a recuerdos que no son míos y a la vez, me pertenecen. Le siguen siete minutos de contemplación, en los que adquieren relevancia el canto de los pájaros, un ave que pasa volando al ras del agua, los patos negros que se desplazan sin prisa, se zambullen, se acercan entre sí, se alejan.  Agustina me avisa que ya pasaron los siete minutos. Intercambiamos algunas palabras sobre lo vivido. Me sugiere continuar  la experiencia en la Reserva Ecológica y si me dan ganas, escribir y dibujar.  Para eso, me entrega un sobre de papel madera, adentro hay una hoja en blanco, un lápiz, un bolígrafo y algunas imágenes. Me pasa música, también. Nos despedimos, camino hasta la Reserva, observo con ojos atentos, hay tanto para mirar. Me falta el mate. Me senté en una silla de madera, sobre la mesa dibujé dos paisajes: uno con edificios que rascan los cielos, otro con laguna y patos. Escribí: ¿Qué espacio quiero habitar? ¿Cuál es mi deseo? ¿Qué produzco para vivir feliz? Y más abajo, enmarcado con puntitos y flechas, como si fuera una marquesina: La vida de los patos. Se lo mandé a Agustina por whatsapp, me pareció un gesto que se correspondía con su generosidad al regalarme papel, lápiz, imágenes. También le mandé una foto de unas florcitas violetas que encontré en el camino y acompañé con: La belleza de las flores. Antes de regresar al cemento, quiero mirarlas fijo un buen rato, para que se queden acá pero que también se vayan conmigo.

La performance terminó, sigue la vida. Quizás  sean lo mismo.

Alina Marinelli y Camila Malenchini llevan adelante el proyecto Club for Performance Art Gallery, que nació durante la cuarentena en Berlín, a principios del 2020. Con las restricciones pandémicas, decidieron habilitar la posibilidad de potenciar el encuentro y lo denominaron “experiencias 1.1”. “Luego de una hermosa 1era temporada en Berlín, y entrando, aquí en Buenos Aires, al invierno y segundo período de aislamiento, decidimos lanzar esta versión bajo el nombre Lotería de Performance”. 

Las experiencias se realizaron en diferentes espacios: edificios, parques, supermercados. Involucran a une performer y una sola persona. Hasta el momento ya sucedieron 42 performances en CABA y La Plata. En el momento de adquirir la entrada, se puede elegir día, horario y lugar y la performance es sorpresa. Unos días antes, llegará un mail brindando algunos datos puntuales y el nombre de le artista asignade.

Disponerse a la aventura que esconde la ciudad y entregarse al azar es la clave de esta propuesta que cruzó el océano. Como en una lotería, atrae la promesa de una recompensa valiosa y quien se atreva, gana.

Lotería de Performance

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