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MU 211: Jonathan Navarro

El aguante: perdió la vista de un ojo durante la represión, pero no se arrepiente de haber manifestado

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Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”.

Por Lucas Pedulla. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Jonathan Navarro está de pie.

Se presenta como vecino de Villa Zagala, 34 años, hincha fanático de Chacarita, club del que no se perdía ningún partido, como tampoco se perdía de ir todos los días al gimnasio, o de atajar en los fulbitos que salían con sus amigos. Hasta el 12 de marzo de 2025. “Ese día, en la marcha que fui para acompañar a los jubilados, perdí… No, no perdí, me sacaron. Me sacaron la visión del ojo izquierdo. Ahora estoy sin laburo, pero una cosa muy importante es que no me arrepiento de haber ido. Nadie me obligó. Fui por el sueldo de mi viejo”.

Jonathan se cansó de ver por la televisión cómo les pegaban a los jubilados y jubiladas –como su papá y su mamá– que iban y siguen yendo todos los miércoles al Congreso. El clic fue en un almuerzo. Veía que su papá renegaba. Le preguntó qué estaba pasando. “Me sacaron los remedios” respondió.

“De pronto, tuvo que pagar $80.000. ¿Laburaron toda su vida y ahora tienen que estar renegando?”, se preguntaba Jony, que arregló con sus amigos sumarse a la movilización. Recuerda que ese miércoles caminaron por Rodríguez Peña, doblaron por avenida Rivadavia y se les cruzó un cordón de la Prefectura Naval Argentina, una de las fuerzas federales (con la Gendarmería, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Federal) que el Gobierno destina para reprimir todas las semanas. Ese miércoles, la entonces ministra de Seguridad (hoy senadora), Patricia Bullrich, los llamó “barrabravas” y “terroristas”.

Jonathan responde: “Yo fui por mi propia cuenta. Que sea un fanático de Chaca no quiere decir que sea barrabrava. Había infiltrados donde estábamos nosotros, sí: sacamos a una mujer y a dos chabones. Con los videos que hay, se pudo ver que nunca hicimos quilombo. Me acuerdo que ellos estaban esperanzados de que hagamos bardo. Es más, nos incentivaban. Los tiradores que estaban atrás del escudo nos decían ‘vení, dale, vení’. Nosotros fuimos a otra cosa. Armamos un cordón así abrazados y estuvimos delante de los viejos. Entonces empezaron a reprimir. Mirá que tengo años de ir a la cancha, pero lo de ese día fue como si dijeran: empiecen a matar a todos. Tiraron los gases, no se podía respirar. Yo tenía un chaleco y, cuando me lo saco, siento un impacto acá”.

Jony se toca el ojo izquierdo.

“Me toco la cara y tenía todo lleno de sangre. No podía ver nada: tenía gas en el ojo derecho y este (se toca de nuevo) lo tenía todo reventado. Las detonaciones se seguían escuchando. Alguien me quiso abrazar pero me soltó porque estaban disparando. ¡Me dispararon a una distancia de cuatro metros! Me quiso disparar a la cara y, por unos centímetros, me pudo haber matado. Claramente dieron una orden de tirar a matar porque muchos notamos que todas las fuerzas estaban cebadas. Camino entre la gente y no sé cómo hice para ver a un amigo, que es el que me lleva abrazado: ‘Navarro, quedate tranquilo, yo te llevo, vos caminá’, me dice. Me atendieron en el Instituto Patria. Había un montón de heridos, pero sobre todo abuelos, re lastimados. No podía salir porque seguían las detonaciones. Vinieron unos amigos: yo tenía todo hinchado, con hielo. En avenida Corrientes andaban las motos cazando. Era imposible que llegue la ambulancia porque los tiradores se estaban divirtiendo. Como pude salimos, y me tomé el 127. Me bajé acá, en el barrio. Entro, me ve mi viejo, mi hermano y me dicen: ‘mirá cómo estás, vamos al hospital’. Ahí fuimos a Lagleyze (hospital oftalmológico público en la Ciudad de Buenos Aires). Me ve la oftalmóloga y me dice: ‘Te tengo que decir que perdiste la vista’. Me largué a llorar. Me puse re mal. Me pasaron mil cosas. Ahí me internaron y al otro día me operaron”.

Apuntando a la cara

na semana después lo operaron por segunda vez. Hoy Jony está esperando turnos para que le hagan la tercera intervención en el ojo. Una vez por día se tiene que poner unas gotitas que le duran casi un mes y le salen $38.000 por cada frasco. Ya no juega a la pelota, no volvió a la cancha, dejó de ir al gimnasio, lo echaron del trabajo y atravesó una profunda depresión: no puede hacer fuerza, perdió reflejos y se redujo su coordinación motora por la dificultad de percibir la profundidad. “El otro día mi mamá me quiso pasar la lapicera y le erraba al primer intento”, dice con fastidio. Lo que lo mantiene activo es el pedido de justicia. Gracias a la reconstrucción de la organización Mapa de la Policía, el Juzgado Federal N° 1 identifícó al oficial auxiliar Sebastián Martinez, de la agrupación Guardacostas de la Prefectura, como el autor del disparo. En la página oficial del Gobierno, esa agrupación sostiene que “en todas estas intervenciones siempre se privilegiaron los derechos y garantías de los ciudadanos, como así también de aquellos que reclamaban por sus derechos laborales y sociales”. La descripción le despierta una mueca: “Parece que estás hablando de otra persona. Que se olvidó todo eso. Ese día se estaba divirtiendo. Parecía que tenían un arma de juguete”.

El oficial auxiliar Martínez disparó con el arma Byrna TCR, calificada como “no letal”, descrita como “rifle táctico disuasivo”, todas definiciones que edulcoran el incumplimiento del manual de uso que indica “evitar” disparar a la garganta, a los genitales, a la cara, al cuello y a la cabeza, ya que puede provocar pérdida de visión o la muerte. En los videos institucionales se ve cómo el arma “no letal” y “disuasiva” rompe botellas de vidrio con proyectiles que alcanzan los 300 kilómetros por hora. Esas balas tienen gas pimienta en su interior. Sabiendo todas estas precisiones, a lo que se agrega el uso de una mira, la justicia imputó a Martínez porque disparó un balín de gas pimienta que alcanza una velocidad extraordinaria a cinco metros de distancia apuntando decididamente a la cara de una persona. eldiario.ar publicó la declaración indagatoria, donde se defendió: “Cumplí con todos los reglamentos vigentes. Cumplí con mi deber en el resguardo de los objetivos federales, como así también en resguardo de los propios manifestantes y el personal a mi cargo”. También dijo que vive con su pareja y su hija de 4 años: “Entre los dos sueldos no nos alcanza. El mío solo es un sueldo de oficial de Prefectura, no pasa del millón de pesos. El de mi pareja está en las mismas condiciones. Está también en la fuerza”.

Consultado sobre qué le diría si tuviera la posibilidad, Jonathan insulta al aire y dice: “El arma que usó tenía mira. Me apuntó. Tirame en el pecho, ¿cómo me vas a tirar en la cara? Me podía haber matado el gil ese. Si me quisiera pedir perdón, no lo perdono porque me arruinó la vida. Ahora estoy esperando que salga el juicio para que lo condenen: este muchacho Martínez también se cagó la vida por seguir las órdenes de Bullrich”.

¿Por qué pensás que apuntan a los ojos?
No sé qué pensaron. Bueno, ‘les reventamos la cabeza, el ojo, para que no vengan nunca más’, habrán dicho. Esa manera de pensar asesina es de Bullrich, esa mafiosa. Rodrigo Troncoso fue otro al que le dieron en el ojo.

Rodrigo, un chico de 24 años, también quedó ciego de su ojo izquierdo. Tardó meses en denunciar y lo hizo impulsado por la causa de Jonathan. Trabajaba en una farmacia pero tuvo que dejar. Como Jony, también atravesó varios meses de depresión. Por eso, desde Villa Zagala, piensa de qué nos agarramos para sobrevivir a esta época: “Algo muy bonito que me pasó fue cuando salí de declarar en Comodoro Py. Estaban los jubilados, ese grupo hermoso que van siempre los miércoles. Darme ese aguante fue hermoso, sirve mucho, porque tenemos que estar todos juntos: si no, esto termina muy mal. Estaban todos afuera cantando por mí. Se quedaron hasta que terminé de declarar. Un abuelo vino y me abrazó, llorando. Disculpá, Jony, por culpa de nosotros te pasó esto, me dijo. Les dije que no, que la culpa es de este gobierno de mierda que toma la decisión de pegarles a los más débiles”.

En su brazo derecho, Jony se tatuó a Jesús. En su brazo izquierdo, a Maradona. “Cómo me gustaría que esté el Diego, ¡cómo les pondría los puntos! Me pasó algo loco: la cama donde me tuvieron que internar para la operación fue la número 10. Y el día que fui a declarar a Comodoro Py, fue el 10 de septiembre: un 10 a las 10 de la mañana. Y donde entré a declarar, tenían un muñequito del Diego atrás”.

¿Qué simboliza?
Que no hay que tener miedo, porque eso quiere el Gobierno.
¿Qué significa Chaca?
Mi vida. Así te lo digo.

La hinchada de Chacarita marcó un camino. Primero al ir a apoyar a Carlos, el jubilado. Después, despertando la adhesión de todas las otras hinchadas para ir a bancar.
«Es la hinchada del pueblo. Me dio bronca ver cómo les pegaban. Fue otra de las razones por las que fui».

El disparo a Jonathan fue a las 17.21, una hora después del golpe a Beatriz, y tres minutos antes del ataque a Pablo Grillo.

Vio un video de Pablo Grillo caminando, y también el que le hizo MU. “La sonrisa que tiene ahora”, describe Jony, con una mezcla de sorpresa, de alivio y de emoción.

¿Qué le dirías?
Loco, tenés un re aguante.

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