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Pacto de mayo, y el día de la dependencia

Se firmó el llamado Pacto de Mayo en los primeros minutos del 9 de Julio en Tucumán y más tarde, en Buenos Aires, se hizo un desfile militar en el que Javier Milei y Victoria Villarruel saludaron desde un tanque. El símbolo fue acompañado además por una pancarta entre el público: “Los carapintadas tenían razón”. El contenido del pacto, lo que decía la gente en Tucumán, la amenaza sobre el medio ambiente y los movimientos asamblearios. Desde los pueblos originarios consideraron el discurso de Milei como una «amenaza de muerte».
El Pacto de Mayo se firmó en los primeros minutos del 9 de julio en Tucumán, para evitar que el partido de Argentina se comiera la noticia, o por razones tal vez astrológicas. En la Casa de Tucumán, el pacto de 10 puntos resultó contradictorio con cualquier idea de la Independencia, mientras las cámaras de la transmisión oficial se afanaban en mostrar los rostros del vocero Adorni y de las ministras Petovello y Bullrich. En realidad fuera del Presidente y de los presidentes del Senado y Diputados (Abad y Menem), la figura a la que se le quiso dar mayor relevancia fue a la de Karina Milei, quien sucedió a los tres anteriores en el orden de importancia en las menciones del protocolo oficial. De allí nacen las hipótesis sobre consultas astrológicas para definir los horarios y coordenadas de determinados eventos oficiales, combinadas con las preferencias mediáticas de Santiago Caputo (convertido más en un hiperministro que en un asesor) para evitar que el partido de la Selección licuara este evento. Otro personajes relevante fue el gobernador tucumano Osvaldo Jaldo, uno de los primeros en saltar del peronismo al mileísmo con la facilidad que resulta habitual en estos casos. En la propia Casa de Tucumán, el ministro Luis “Toto” Caputo se sacó y publicó en X una selfie sonriente junto a Federico Sturzzenegger, otra performance destinada a cambiar el humor de los “mercados” frente al gobierno.

Imágenes del 9 de Julio en San Miguel de Tucumán. Fotos: Juan Valeiro.
Javier Milei centralizó una performance que reunió a 18 gobernadores –una suerte de reseteo de su relación con “la casta”– en medio de fanfarrias militares. El acto fue sorprendente por lo acartonado y artificial. Luego leyó un discurso ante los invitados convocados a aplaudir. El pacto como tal puede ser y será debatido, pero hay dos puntos que van en línea con lo que el gobierno viene intentando tanto a través del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) como del DNU y la Ley Bases: la entrega de los recursos naturales (o bienes comunes) como hipotética forma de atraer corporaciones con dólares, y una apertura indiscriminada de la economía. La combinación de ambas cosas, como lo muestra la historia, jamás logró el efecto de supuesto enriquecimiento y progreso, sino lo contrario.
Los dos puntos mencionados son el 7º y el º10º.
7) “El compromiso de las provincias argentinas de avanzar en la explotación de los recursos naturales del país”.
10) “La apertura al comercio internacional, de manera que la Argentina vuelva a ser protagonista del mercado global”.
Milei se ocupó por atacar especialmente a las asambleas ambientales: «El compromiso que firmamos aquí, para el que vamos a necesitar la voluntad de las provincias, llama a explotar los recursos naturales que Dios nos ha dado. El bendijo a nuestra tierra con una riqueza enorme y nos dio la posibilidad de que en cada rincón de la Patria los argentinos puedan crear riqueza y desarrollar sus vidas de manera digna, pero los políticos han escuchado más la demanda de las minorías ruidosas y organizaciones ambientalistas financiadas por millonarios extranjeros que las necesidades de prosperar que tienen los argentinos».
Como en otros rubros, la falsedad o mentira es el eje de tal discurso. Las dos experiencias electorales a través de consultas populares frente a los proyectos mineros (en Chubut y Neuquén) arrojaron más de 80 % de rechazo a la minería a cielo abierto, sin contar puebladas como el Mendozazo de 2020 y el Chubutazo de 2021 por las mismas razones. No se trató de minorías ruidosas, y si los entonces gobernantes dejaron de impulsar los proyectos extractivos fue argumentando la paz social. Otro detalle con respecto a la oración del señor Milei es que en esos rincones de la patria no se “crea” riqueza, ni lo hacen “los argentinos”: la riqueza se extrae, y quienes lo realizan son corporaciones multinacionales que viven esperando este tipo de apoyos oficiales para incrementar sus actividades y ganancias a costa de las comunidades y de la economía del país.
En San Miguel de Tucumán las jornadas previas al pacto se vivieron como un gran maquillaje. Se pintaron la ruta de salida del aeropuerto, el puente del río Salí, se intentó sacar del mismo río la basura más visible, se pintó la fachada de la Casa de Tucumán.

La danza de las escobas. Foto: Juan Valeiro.
Un vendedor de escarapelas, que apoya a Milei, comenta sobre esto: “Hay una mugre bestial. Acá en el centro no tanto, pero tirate para las orillas: no podés ni caminar. Ahora, en una semana hicieron lo que no hicieron en toda la vida. Pero después, sigue lo mismo”. El vendedor planteó lo habitual sobre su apoyo a Milei: “No hay que perder la esperanza”.
Mientras tanto, las asambleas chubutenses rechazaban el Pacto de Mayo bajo un argumento: “Vienen por todo”. Viviana Moreno desde Esquel fue breve: «Hoy fue el día de la dependencia». La apertura de la economía y del país a las grandes potencias, las corporaciones, y la posibilidad del ingreso y egreso masivo de capitales que solo pueden provenir del narcotráfico y el lavado de dinero representan el fundamento de esa noción de «dependencia».
Jorge Nawel, de la Confederación Mapuche de Neuquén sumó en diálogo con lavaca una advertencia a la gravedad de la situación: «Vivimos en un país cuyo gobierno está absolutamente sometido a una deuda externa absolutamente injusta. Y se acaba de aprobar una que establece el RIGI, el régimen de incentivo para grande inversiones. Agregado a las palabras del presidente hoy en Tucumán, es todo una amenaza de muerte para el conjunto de todas las vidas de esta región».
«Vaca Muerta no solo es una fuente de recursos naturales. Es también el hábitat de las comunidades mapuche, de la población campesina y criancera criolla. Con la lógica extractivista criminal de de este gobierno, realmente nos preparamos para una de las peores invasiones que va a ocurrir».
Agregó Jorge Nawel: «Eso nos obliga a extremar las acciones, la capacidad, la creatividad, para organizarnos frente a semejante embestida que acaba de anunciar el Presidente».
Y las asambleas del Curru Leufu (Río Negro) emitieron una llamada rechazando el RIGI y estas políticas en la provincia. Las razones:
- “Porque amplia y profundiza un modelo impuesto en la década de 1990”.
- “Porque incentiva y da licencia por 30 años a proyectos que profundizan el saqueo, contaminan el agua y el aire, agota los bienes comunes de la naturaleza, asfixia las economías regionales y genera redes de corrupción a su alrededor”.
- “Porque establece una dictadura minera donde toda ley que limite el cumplimiento de este régimen será declarada nula de nulidad absoluta”.
- “Porque son proyectos donde los ganadores son las grandes corporaciones mundiales y los perdedores todos y todas los y las habitantes de la Argentina”.
- “Porque se basan en engaños y promesas incumplidas de trabajo, salud y prosperidad”.
- “Porque exacerba la matriz extractivista: saqueo y exportación de commodities”.
- “Porque si el régimen aprobado en la década del 90 era una súper oferta para las corporaciones, el RIGI es directamente un regalo”.
- “Llamamos al gobierno de Río Negro a no avanzar en ningún proyecto extractivista: Calcatreu, Amarillo Grande, Oleoducto Vaca Muerta Sur, Puerto petrolero en nuestro Golfo San Matías. No a Mekorot en Río Negro”.
- “Por la defensa de los Bienes comunes de la naturaleza. Por la defensa de los territorios que habitamos. Por una forma de producción que permita el buen vivir de todos y todas. El agua vale más que el oro, el petróleo, el litio”.
Fabiana Vega, justamente desde Rio Negro, comentó a lavaca: “Si hablamos de que se suspenden todas las otras leyes, incluida la Constitución Nacional por 30 años, nos están diciendo que es un golpe de Estado encubierto por los próximos 30 años. El panorama es nefasto”.
“¿Qué pensamos hacer? Plantarnos, informar y que reaccione la gente. Porque el poder está en la gente. Los que estamos saliendo ahora somos los mismos que hemos salido siempre, siempre, porque sabemos que lo que está en juego son nuestros proyectos de vida y las posibilidades de nuestros hijos y las generaciones que vienen”.
En Tucumán, antes del pacto, el gobernador Jaldo organizó un show en la Plaza Independencia con la participación de artistas locales, Panam, el Chaqueño Palavecino y Gladys la Bomba Tucumana. Ese fue el momento de mayor concentración de público pese al frio. A las 21.30 se terminó el espectáculo y la gran mayoría desconcentró y se fue a su casa. A nadie pareció interesarle acercarse al acto presidencial. Rosa Isabel Hoyos, docente de primaria: “Vengo a festejar la previa a la declaración de la independencia; lo que más me gusta es cantar el himno a las 12. A eso vengo, siempre”. Ninguna referencia ni percepción sobre la gravedad de lo que se firmaría. Su preocupación: “Lo raro es que siempre había pocotiempo entre que se termina el show y se cante el himno, pero ahora se va a cantar a medianoche. Me sorprende”.

¿Le interesa el tema de la firma del Pacto? “La verdad que no. No sé qué negocios hay… No veo ni tele, no veo política porque creo que estamos ajenos a toda la movida esa. Sí amo a mi país y creo que sí merecemos tener esperanza de progresar a pesar de que el gobierno tucumano no es del palo de Milei. Me parece fantástico que se pongan de acuerdo”. ¿La gente vino por el pacto o por el show musical? “Vienen por el show. Mucha gene viene porque es patriota, pero la mayoría viene por el show”.
Diego y Gabriel son jóvenes libertarios que buscan afiliaciones “así le mandamos diputados a Milei el año que viene”. Gabriel: “La gente entiende el cambio. Yo hablo con Uber, con la gente que tiene kioskos, y están totalmente esperanzados”. Diego. Si le dejan de poner palos en la rueda, yo creo que en un año empezamos el camino de mejoría. Con fe y esperanza la libertad avanza, como dice Scioli”.

Tucumán en modo Bullrich.
Más temprano hubo un intento de acto contra la presencia de Milei, «Ite al pingo Milei». Se iba a realizar en la Plaza San Martín, a unas 12 cuadras de la Casa Histórica, desde las 20.30 hs. Sin embargo, cerca de las 18.30 los presentes (integrantes de Patria Grande) fueron reprimidos por la policía y se llevaron detenidas a 5 personas. Al final de la noche aparentemente fueron liberadas, pero una quedó hospitalizado por los golpes de la policía. Fue la versión tucumana del “protocolo” de Patricia Bullrich.
La jornada del 9 continuó tras el regreso de Milei a Buenos Aires, con el Te Deum en la Catedral. Allí estuvo junto a Victoria Villarruel. El arzobispo Jorge García Cuerva planteó: “A muchos les falta el termómetro social de saber lo que viven los argentinos de a pie”.
Agregó: “Algo no está bien cuando tenemos dirigentes ricos y un pueblo trabajador muy pobre”. Planteó la necesidad de ser audaces: “jugarnos la vida por los que sufren, comprometernos con los más pobres y excluidos, viviendo la libertad de la mano del amor al prójimo, independizados de todo prejuicio y rechazo del otro por pensar distinto, independizados del odio que nos enferma y carcome desde las entrañas, independizados de la corrupción, del ventajismo, de los privilegios de algunos a costa de la indigencia de muchos”.
Luego sucedió el desfile militar. Victoria Villarruel, que no había viajado a la firma del Pacto de Mayo por una supuesta enfermedad, se curó velozmente y estuvo sonriente en el desfile en el que llamó la antención (o no) la pancarta en la que se leía “Los carapintadas tenían razón”. Hubo tanques, aviones, Milei y Villarruel sonrieron a bordo del tanque jugando a que miraban a quién disparar y saludando a las cámaras.

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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b contamina a cada uno de los integrantes de nuestro mundo, que sonríen felices, actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a todos los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con educación servicial.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva, a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo, y el mundo quedará como una estación en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción, basta de sonrisas.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro.
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra serie que describe de otro modo estos días. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero fue escrita en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (interpretada por Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre sonriente y obviamente maternal. Manousos le dice: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento dice algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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