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Marcha de jubilados

La vuelta a la anormalidad

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Terminó el Mundial pero los reclamos siguen intactos, con respuesta represiva. Nunca frenaron las marchas de jubilados en estos días futboleros (lo que cobran alcanza cada vez para menos) y este miércoles se sumaron organizaciones sociales (el gobierno caducó el programa Volver al Trabajo) y la CGT con las dos CTA (cuestionando el ajuste y en defensa de la seguridad social). Todo vuelve a la normalidad cada vez más anormal de estos tiempos. ¿Qué se percibe de la realidad desde la marcha? Lo que se come y lo que no, la “inteligencia emocional” y lo que gasta el gobierno en reprimir, como volvió a ocurrir.   

Por Francisco Pandolfi y Lucas Pedulla

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Postal 1: miércoles 10 am

La calle se llama Obreros de La Negra. El nombre llama la atención para ojos poco habituados al sur conurbano: se refiere al frigorífico La Negra, un emblema de lo que alguna vez se llamó industria, fundado en 1885, escuela de dirigentes sindicales, protagonistas del 17 de octubre de 1945 y cerrado a mediados de la década del setenta. Hoy solo conserva el arco de entrada, como gesto histórico, que da pie a lo que se convirtió: un Carrefour. 

Enfrente hay una estación de servicio Shell, punto de encuentro de varias de las organizaciones sociales que este miércoles marchan en Puente Pueyrredón, municipio bonaerense de Avellaneda, e inician un día de protestas que seguirá más tarde en el Congreso con los gremios de la CGT y la ya histórica marcha de jubilados y jubiladas de cada semana. Otras organizaciones vienen directamente desde la estación del tren Roca, que tiene otros dos nombres históricos: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, militantes piqueteros asesinados aquí mismo en junio de 2002 por la Policía Bonaerense.

La vuelta a la anormalidad

El reclamo se da en el marco de una jornada nacional de lucha contra la decisión del Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello, de cerrar el programa Volver al Trabajo (antes “Potenciar Trabajo”), que perjudica a más de 900 mil familias. Las organizaciones de la Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (UTEP) lograron una medida cautelar para frenar la medida, pero la Cámara Federal de San Martín la revocó.

“El Gobierno dice que elimina nuestro salario para darnos ‘inserción laboral’. Sus propios números lo desmienten”, denunciaron desde la organización, y precisaron:

  • El supuesto programa, llamado “Formando Capital Humano”, alcanzó sólo a 172 personas en todo el país.
  • “De casi un millón de laburantes, el Estado confiesa que apenas 5.783 accedieron a alguna prestación este año”. 
  • Algunos de los “cursos fantasma” que proponen desde el Ministerio tienen nombres como “Inteligencia emocional para el ámbito laboral” o “Estrategias de ahorro en la cocina: ahorrar y comer bien es posible”.
La vuelta a la anormalidad

Inteligencia emocional y el costo de la represión

Eugenia (47) mide su inteligencia emocional desde sus dos hijas y una nieta de dos años. Vino con sus compañeras del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR) desde Villa Argentina, en Florencio Varela, con quienes alimentan a 45 familias dos veces por semana en el comedor del barrio. Está desocupada hace dos años (es asistente terapéutica) y dice que no consigue nada: “Nada”.

Su pareja tampoco está trabajando: tiene tuberculosis (enfermedad que registró un aumento de 71,6% en comparación al 2020) y no lo toman de ningún lado: “Nada de nada”.

Por eso, estas mujeres son algunas de las miles de esta movilización que tranquilamente podrían dictar cualquier curso sobre estrategias de ahorro o financiamiento, porque el monto de su programa social (que les quieren quitar) es de solo 78.000 pesos por mes. 

La vuelta a la anormalidad

“Me tengo que repartir –cuenta–. Con eso pago Internet y busco ofertas para comprar dos kilos de carne picada a 10.000 pesos, que raciono. En mi casa se come una vez al día, a la tarde noche; el resto del tiempo estamos a mate. Voy al canje a intercambiar ropa usada por mercadería: jeans o zapatillas por fideos, maple de huevos, morrón o tomate. Una o dos veces al mes voy a Capital a cirujear. Siempre encontrás ropa, alguna cartera, entonces la lavo y la llevo al trueque para sustentarme. Hoy en la cuenta me quedan 7.000 pesos y estamos a 22 de julio”.

La vuelta a la anormalidad

Eugenia, sus compañeros y las miles de familias que vinieron a Avellaneda no pueden llegar hasta el Puente porque un enorme operativo policial lo impide: hay oficiales de la Policía Federal, de la Prefectura, con motos y un hidrante que avanza sobre la avenida Hipólito Yrigoyen. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Ministerio de Seguridad informó que gastó 2.087 millones de pesos en 43 operativos para reprimir las marchas de jubilados en 2025: el monto equivale a más de 5.500 jubilaciones mínimas. 

Este miércoles no fue la excepción: cuando las organizaciones comienzan con la quema de gomas, las fuerzas avanzan y gasean. “El gobierno no piensa en los pobres”, dice Eugenia. “¿Tenemos que venir a luchar y que nos repriman porque nos sacaron los alimentos frescos del comedor? El Municipio ya no nos da pollo, papa o cebolla porque dice que no tiene presupuesto. El hijo de mi amiga está desnutrido y no recibe ayuda de nadie”.

¿Qué esperás?

Que tengamos una propuesta buena. ¿Nos quieren sacar el plan? Ok, pero que nos den trabajo.

Postal 2: miércoles 3 pm

La geografía de los alrededores del Congreso Nacional no tiene nada que ver con la de los últimos miércoles. Como no pasaba hace varios meses, el conjunto de organizaciones de jubiladas y jubilados, esta vez, no reclama en soledad contra el gobierno de Javier Milei. 

La vuelta a la anormalidad

Hoy sienten compañía.

La Confederación General del Trabajo (CGT) junto a las dos CTA, la UTEP y distintos movimientos sociales, se unieron a los jubilados como reinicio de un plan de lucha post-mundial. La segunda acción en conjunto, según comunicaron, será el 7 de agosto, en la peregrinación a San Cayetano, de Liniers a Plaza de Mayo.

Pablo Morán tiene 51 años, integra el gremio ATILRA (Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina) y es trabajador de la empresa Danone desde 2007.

Es delegado de los repositores de la Ciudad y el Gran Buenos Aires, cuenta que la situación de los lecheros está bien pese a Milei. Dice que no fue magia, sino un sindicato que desde hace 20 años actualiza sus ingresos mes a mes, según la inflación. Son una rara avis. “Nuestro básico es de dos millones y lo logramos luchando. Antes pertenecíamos al sindicato de Comercio, que hoy tiene su base en menos de un millón”, y agrega que están acá, en esta plaza, porque es una obligación mirar hacia el costado. “Y a nuestro costado está todo mal. Por eso los miércoles tenemos que estar siempre con los jubilados, no sólo hoy”.  

Pablo define a este gobierno con una palabra: horrible. 

La vuelta a la anormalidad

“De toda la que dicen que se ahorraron, no tiró nada a la calle, para los trabajadores, para los jubilados”. 

Resalta: “Nada”. 

¿Cómo sigue esto?

–Juntos, unidos, sin dar un paso atrás. Y sin mezquindades. Pero algunos sindicatos no mueven, no están acá, no avanzan. Y el peronismo, que es el que nos permitió solidificar nuestra base, hoy encima está peleado, cagado a palos. 

Se queda pensando. Necesita decir algo más: “Me preocupa mucho porque este tipo (por el actual presidente), pese a todo lo que está haciendo, tiene chances de ganar las elecciones que vienen. No la estamos viendo. Y no podemos seguir haciendo la vista gorda. La gente la está pasando mal… lo tenemos que frenar”.

Postal 3: miércoles 3.30 pm

Zulema Palavecino tiene 75 años, un pin con la bandera de Palestina, otro con el rostro de Floreal Avellaneda (estudiante de 15 años secuestrado por la dictadura en 1976) y un pañuelo verde del aborto. Como muchas de las personas en este día de movilizaciones y luchas, tuvo presencia completa: a la mañana en Puente Pueyrredón y a la tarde, como todos los miércoles, con sus compañeros y compañeras de Jubiladxs Insurgentes. 

Trabajó en el gremio telefónico durante 25 años. Era operadora en el Centro de Conmutación Internacional de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel), cuando el servicio estaba a manos del Estado. Fue parte de la organización que luchó para declarar ese empleo como insalubre y recuperar la hora de trabajo que la dictadura les había agregado.

Vivió la privatización menemista en 1990 y el impacto en números concretos: “De 40.000 trabajadores quedamos 20.000”. Se jubiló en 2004 y, desde entonces, acompaña la lucha que encabezó, entre otras, la histórica dirigente Norma Plá: “El triunfo depende de que los jubilados podamos sobrevivir. Están arrasando con un sector importante, que formó la riqueza del país, y este gobierno quiere que desaparezcamos”. 

Zulema no vive a dos cuadras del Congreso, sino en el municipio de Burzaco, sur conurbano, a más de 25 kilómetros de esta plaza. Si tiene suerte, se toma el 266 hasta la estación del ferrocarril Roca, pero como pasa poco, camina quince cuadras hasta la avenida, se sube a cualquiera de los que vienen de Quilmes, y ya en la estación viaja hasta Constitución. De ahí, cualquier ómnibus que la deje en Congreso. A la vuelta, lo mismo.

La vuelta a la anormalidad

Su hipótesis es que la CGT tiende a los fuegos artificiales. “Lo que necesitamos es que nos juntemos todos. Cuesta visualizar cómo coordinar esa unidad: nos tenemos que poner de acuerdo en las necesidades como clase, no como sector”.

¿Esta plaza es un intento? “Hubiera sido un intento si convocaban a medio paro para que vengan los que están trabajando. No esperamos nada de la CGT: lo que necesitamos es parar el país. Con la Ley de Tierras directamente quieren destrozarlo. Como jubilados no podemos proponer la fuerza, pero sí la postura con la que hemos resistido: la constancia. Lo que se necesita es un plan de lucha que sea constante, y no algo de una vez y listo”. 

Zulema cuenta por qué cada miércoles espera el 266 que no pasa, por qué no falta nunca al Congreso: “Sentimos que no podíamos hacer otra cosa más que resistir, porque quedarnos en casa era morir de todos modos. Nos encontramos con jubilados que no conocíamos pero tenían la misma actitud. Vivimos la década del setenta y fuimos una generación que creció pensando que había que luchar para cambiar el sistema. Cruzado por un conformismo o posibilismo, muchos abandonaron los sueños, pero cuando nos dimos cuenta que estábamos viejos y nos habían quitado todo, esos sueños son los que nos dieron fuerza”.

No gana la mínima y, “por suerte”, no gasta en medicamentos: “Quizá es por el cuidado naturista que me viene desde mi mamá”, dice, y aclara que tampoco pasa mucho tiempo en casa. La Agencia lavaca da fe: donde hay una marcha o un reclamo, Zulema y sus compañeros están allí. Llegado el caso que no pueda ir, se organizan para que alguien pueda estar. 

Fruto de estos tiempos, realiza otro trabajo: es una masajista de alto vuelo. Empezó hace 20 años, después de jubilarse. No apunta a un público empresarial, dice: “Me dedico a que se recuperen los trabajadores que luchan porque, si están mal o doloridos, no pueden luchar”.

Mientras los gremios se van –en su mayoría rápido, sin ni siquiera dar una vuelta entera a la plaza– y queda la radio abierta de jubiladas y jubilados, esas palabras de Zulema resuenan con el comienzo del día, ante el frigorífico La Negra decorando un Carrefour: el desafío de recuperar el cuerpo y los sueños para luchar, antes de descubrir que nos han quitado todo.

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Marcha de jubilados

 Reflexiones en modo Scaloneta

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¿Por qué Licha Martínez es una referencia? Algunas teorías sobre las hamburguesas, las apuestas y la inflación. La frase de un jugadorazo y los carteles que reflejan el presente. La cercanía del 9 de Julio impregnó la marcha de jubilados de este miércoles: se cantó el Himno con un entusiasmo que algo traía de futbolero tras la remontada del martes con Egipto. Hubo gente que se manifestó planteando que “la camiseta no se mancha” y que la patria tampoco. En ese marco, la historia y las ideas de Walter, jubilado de Techint con 38 años de aportes, y lo que no quiere que les pase a sus nietos.

Por Lucas Pedulla

Fotos: Juan Valeiro y Tadeo Bourbon/lavaca.org

 Reflexiones en modo Scaloneta

Cuando tenía siete años, Walter Píriz salía del colegio al mediodía y volvía a su casa a las ocho de la noche. No se iba a jugar a la pelota ni a lo de algún amigo. Se iba a lustrar zapatos. Había que ayudar con algo a esa familia –su familia– que vivía en la ciudad de Resistencia, provincia de Chaco, y que tenía que alimentar a siete varones y cinco mujeres. “Papá Noel nunca encontraba la dirección de mi casa”, dice, y por eso jura que si tuviera la lámpara de Aladino no pediría tres deseos. Sólo uno: disfrutar la infancia. Como no quiere que eso le suceda a ninguno de sus siete nietos, Walter viene todos los miércoles –67 años, boina negra, pin de Malvinas, logo de Madres, chapita de River– a las marchas de jubilados.

 Reflexiones en modo Scaloneta

Sus carteles son cada miércoles un editorial político:

  • El 20 de mayo, durante la marcha contra el ajuste en la salud, escribió: “No puedo creer que tengamos que protestar x esto”.
  • La semana pasada resumió el cambio gubernamental: “Sale pendrive Ladrorni, entra offshore Chantilli”. Si algún extranjero o algún extraterrestre leyeran esta nota, habría que aclarar que el exjefe de Gabinete, Manuel Adorni, renunció por sospechas de corrupción y refacciones estrafalarias en casas que no pudo justificar, salvo cuando puso como excusa que encontró criptomonedas guardadas en un pendrive, y que su reemplazante, Diego Santilli, tiene denuncias por sociedades en paraísos fiscales. Queda a criterio de extranjeros y extraterrestres definir si esto explica o no la Argentina actual.
  • El cartel de esta semana fue futbolero: “Por más Lichas, por más luchas”.

La referencia es al defensor central Lisandro Martínez, una de las figuras de la Selección en este mundial, y el único jugador que tuvo una postura crítica frente a la situación del país. Por ejemplo, después de la represión del 12 de marzo del 2025, cuando las fuerzas de seguridad casi asesinan a Pablo Grillo de un disparo en la cabeza, Martínez compartió un posteo: “Qué vergüenza y qué impotencia que se metan así con los jubilados”.

 Reflexiones en modo Scaloneta

En la Plaza de los Dos Congresos, Walter explica: “Cuando éramos chicos, dentro de la pobreza nos divertíamos con amigos en la esquina. Y en el barrio estaba el que tenía toda la guita, el mejor auto y una hija que era un bombón que ni nos miraba. Con la Selección nos pasa algo similar: el amor que sentimos no es correspondido. Licha fue el único que levantó la voz y nos acarició el corazón. Ojo, no pido que canten la marcha peronista ni se la jueguen con Milei, pero no me gusta que figuras tan representativas en las que miles de chicos que sufren hambre se reflejan, les digan que se coman tal hamburguesa o que apuesten. Así y todo vamos a seguir alentando, y ojalá Argentina salga campeón”.

Así y todo, Walter no deja de alentar cada miércoles en la marcha del Congreso. Se viene de Campana, a 81 kilómetros de esta plaza: viaja dos horas ida y dos horas vuelta en el 194. Se mudó al norte bonaerense con su familia en 1973 cuando su padrastro consiguió trabajo en la construcción del puente Zárate-Brazo Largo, la principal vía de comunicación con el sur de la provincia de Entre Ríos. En Campana Walter se casó, tuvo dos hijos, dos hijas y entró como metalúrgico en Siderca (hoy Tenaris, en conflicto por despidos), propiedad del Grupo Techint, donde se jubiló con 38 años de aportes.

 Reflexiones en modo Scaloneta

“Vengo todos los miércoles porque siento la necesidad de estar. No gano la mínima, gano un poquito más, pero así y todo no llego a fin de mes. Tomo tres remedios para el corazón, el colesterol y aspirinetas, que por suerte puedo pagar, porque te imaginás la cantidad de jubilados que hay que tienen que elegir entre comprar medicamentos o comer. La palabra jubilación viene de júbilo: tendríamos que estar disfrutando con nuestros nietos y familias en lugar de estar acá. Mucha gente está naturalizando esto: no es proporcional la bronca con la gente que hay en las calles”.

Walter llegó a la movilización escuchando algunas noticias que le llamaron la atención. Una fue el interés del presidente en modificar la Carta Orgánica del Banco Central con el objetivo de penalizar la emisión que financie el déficit fiscal bajo el argumento de frenar la inflación. Walter simplifica: “Me gustaría que un economista me explique por qué con inflación yo podía comprar carne y salir con mi señora y hoy no puedo comprarles facturas a mis nietos”.

 Reflexiones en modo Scaloneta

Otra noticia es la eliminación del límite para la venta de tierras a extranjeros, uno de los puntos centrales del proyecto de ley llamado “inviolabilidad de la propiedad privada”. Al respecto, el Observatorio de Tierras coordinado por profesionales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) y la Universidad de Buenos Aires (UBA) produjo el primer Mapa de Extranjerización de la Tierra, que muestra que casi el 5% del territorio argentino, más de 13 millones de hectáreas, es propiedad de empresas o personas extranjeras: un tamaño similar a Santa Fe entera o a un territorio como el de Inglaterra. Walter dice: “Mientras el pueblo se entretiene con el mundial, ellos avanzan”.

Por eso, previo a movilizar, este jubilado se despide con otra idea futbolera: “No es un eslogan decir que nadie se salva solo. Messi es un fuera de serie, pero si lo ponés en la cancha solo, no te gana un partido. Quedó demostrado con Egipto”.

Entonces cita a otra gloria deportiva argentina y mundial en esa semana de tanto grito de gol, de tanto sufrimiento y de tanta efeméride: el 4 de julio, día que Argentina le ganó a Cabo Verde y el Licha de su cartel fue figura, se cumplieron 100 años del nacimiento de Alfredo Di Stéfano, considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, conocido como “la Saeta Rubia”. La frase que trae Walter es, como cada cartel suyo, profundamente política: 

“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”. 

Walter saluda con un beso, sonríe y se mete en la marcha.

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Marcha de jubilados

Noticias desde el marchódromo

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El de jubiladas y jubilados sigue siendo uno de los sectores que más persistentemente resiste un ajuste que este mes viene con aumentazos de tarifas y transporte público. Ajuste que, además, los tiene como blanco de la motosierra, junto a la salud pública, la educación, la discapacidad, la ciencia, la industria, el trabajo, el comercio, entre tantas otras cosas. Retrato de una de las mujeres que marcharon este miércoles en Congreso. Enigmas sobre cómo se come, los despidos, una lata de durazno, otra de atún y una cuestión: ¿Qué pretenden al ir cada miércoles al Congreso?

Por Lucas Pedulla

Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

Todos los miércoles, Silvia López se levanta a las ocho de la mañana, carga su changuito con una botella de agua, un poco de jugo y un sanguchito de jamón y queso. Poco antes del mediodía sale de su casa en Ensenada, provincia de Buenos Aires, y se toma tres medios de transporte para recorrer más de 60 kilómetros: primero es el 275 hasta la estación de La Plata, allí se sube al tren Roca hasta la estación Constitución, y de ahí paga 800 pesos en el 12 que la deja en el Congreso de la Nación, junto a otros jubilados y otras jubiladas.

Silvia tiene 70 años, un silbato que pita sin parar y dos artefactos eficientes que choca uno con el otro:

Una lata de durazno con una tapa de cartón.

Otra de atún aferrada a un pedazo de madera con una cinta elástica.

Noticias desde el marchódromo
Silvia y su lata de percusión, sus carteles, su sonrisa y su bandera.

Ambos tienen tuercas en su interior, por lo que el sonido se proyecta en toda la plaza.

También tiene dos carteles:

  • “Todos antipatria y mentirosos. Devolvenos lo que nos robás todos los meses a jubilados-discapacitados. Milei y su gobierno chorros”.
  • “Todos los meses los jubilados y discapacitados padecemos al gobierno de Milei. La injusticia se paga”.

Alrededor, las organizaciones de jubilados y jubiladas se preparan para marchar como cada semana en lo que denominan “el marchódromo”, ya que sólo movilizan alrededor de la Plaza de los Dos Congresos, delimitada de un lado por las vallas y por la policía en las calles laterales. ¿Por qué viajar dos horas ida y dos horas vuelta cada semana? “Yo sufro presión, pero por lo menos vengo para hacer ruido. No tiene explicación lo que estamos pasando. Cobro 410.000 pesos de jubilación mínima, a lo que se suman los 70.000 de bono: 480.000 en total. ¿Qué hacemos con eso? Una compra en supermercado mínima, con leche, pan, un poco de azúcar y algo más no baja de 30.000. Tengo gas de garrafa en casa: me salía 14.000 y ahora tengo que pagar 28.000. Me aumentan como si nada”.  

Noticias desde el marchódromo
Breve editorial político manuscrito por jubilados durante la ronda del miércoles en el que llaman «marchódromo».

Silvia ya ni se indigna, sino que se ríe de las declaraciones del jefe de gobierno de la Ciudad Jorge Macri, quien dijo: “Las iglesias tienen que dejar de darle comida y abrigo a los indigentes”. Luego agradece que el gremio de los Camioneros está viniendo hace unos miércoles con un gazebo blanco: “Nos ofrecen té, matecocido, unas facturas y al mediodía reparten una vianda con pollo y arroz”. 

Antes de volver con el silbato y sus artefactos, cuenta que se jubiló con 30 años como peluquera. “Quiero que haya justicia para los jubilados. Trabajé mucho, luché por mi país y quiero que me den lo que me corresponde. No pretendo grandes cifras, simplemente que pueda pagar una canasta o llamar a un plomero sin pasar penurias. Mi sobrina tiene una discapacidad y mi hermano está en una batalla legal para que no le saquen los medicamentos. El gobierno no puede estar permanentemente jorobándonos. Es un desastre”.

Noticias desde el marchódromo
Puño, changuito y el Congreso, muy al fondo.

La marcha está por comenzar. Silvia se despide con tres noticias que le llamaron la atención este miércoles. La primera le provoca una sonrisa: “Me alegró que lo hayan sacado a Adorni (Manuel, exvocero y exjefe de Gabinete, acusado de corrupción)”. Su propuesta: “Basta de ladrones”.

Otra noticia son los 150 despidos en Tenaris SIAT, del Grupo Techint, en Valentín Alsina, al sur del conurbano bonaerense: “Es gente con 25 o 30 años de trabajo. A esa edad, si tenés 55, ¿dónde vas a buscar empleo? ¿Quién te va a contactar?”.

¿Y la tercera?

Silvia señala la plaza: “La otra noticia es que estamos acá, luchando por lo mismo”.

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Marcha de jubilados

La debilidad de la fuerza

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El Gobierno exhibió este miércoles un nuevo signo de debilidad al reprimir otra pacífica marcha de jubiladas y jubilados. Hubo cuatro personas detenidas, 35 heridas y dos debieron ser hospitalizadas. (En la imagen de portada se ve una de las dos detenciones que sufrió el cura Paco Olveira).

A una semana de la sesión en el Senado que discutirá la aprobación de la reforma laboral, la violencia desplegada contra personas mayores, con discapacidad y trabajadores y trabajadoras de prensa se entendió como el despliegue de un show destinado a disuadir una protesta cuyos alcances no prevé.

La debilidad de la fuerza

Foto: lavaca.org

De lo contrario, no puede entenderse el absurdo de cómo el sacerdote Paco Olveira fue detenido dos veces.

O la forma en la que se llevaron en un camión del Servicio Penitenciario Federal a Miguel Ángel, un jubilado con problemas en el corazón.

O la manera en la que dos oficiales federales se llevaban a Fernando Quintero, un jubilado con muletas, al que soltaron porque empezó a convulsionar.

La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra quienes se manifestaban puede ser leída como un síntoma de la fuerza y lo genuino del reclamo.

El temor estatal al registro de esos hechos también llevó a las fuerzas a pegar y gasear a periodistas y fotógrafxs que, durante la mañana, se habían movilizado al Senado para hacer una conferencia como acción en contra de la derogación del Estatuto del Periodista.

Luego de la escenificación de la violencia, la marcha se hizo como cada miércoles, y algunos siguieron para acompañar el cabildo realizado en el Hospital Garrahan en contra del despido y persecución a las y los profesionales que lucharon por la mejora de sus condiciones laborales. Como cada jornada, también cantaron contra la CGT («a dónde está que no se ve»), cuyo Consejo Directivo se reunirá este viernes para definir si realizará alguna acción de cara al miércoles que viene.

La debilidad de la fuerza

Foto: lavaca.org

Los datos de la violencia

La Comisión por la Memoria informó que cuatro personas fueron detenidas, más de 35 resultaron heridas y dos debieron ser hospitalizadas. Los principales párrafos del informe:

“Jubilados, personas con discapacidad y manifestantes fueron víctimas de un desproporcionado dispositivo de seguridad que contó con la presencia de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Policía de detención y motorizada de la Ciudad de Buenos Aires (GAM)”.

“La Policía Federal acorraló a los manifestantes en la esquina de Callao y Rivadavia y con empujones, golpes con escudos y gas pimienta, logró desalojarlos hacia el centro de la plaza. Posteriormente, la Policía Federal armó sucesivos cordones policiales que fueron apostados sobre Av. Rivadavia hasta Avenida de Mayo y San José, donde además ubicaron un camión hidrante, que evitaba totalmente el paso de personas hacia la zona de Congreso o 9 de Julio”.

“Cuatro personas resultaron detenidas: Miguel Ángel Caly, Ivo Enríquez, Francisco “Paco” Olveira y Fidel Tomas Bravo. Más de 35 personas resultaron golpeadas o heridas por gas pimienta, padeciendo irritación en los ojos y la piel; dos de ellas tuvieron que ser hospitalizadas por crisis convulsivas, previamente atendidas por CEPA y el equipo de monitoreo de la CPM”.

La debilidad de la fuerza

Foto: lavaca.org

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