Marcha de jubilados
“Hay que creer en las calles”

La noticia del día: el próximo 18 de noviembre fue citado a indagatoria el policía Pablo Alexis Aldama, sospechoso de haber agredido a la jubilada Beatriz Blanco (foto principal) haciéndola golpear de nuca contra la vereda. Fue algo de lo mucho que dejó este miércoles en el que jubiladas y jubilados marcharon pese a la habitual fumigación de gas pimienta por parte de las fuerzas de seguridad, que vallaron toda la zona de Congreso impidiendo el tránsito. Reflexiones pos electorales, propuestas de exportación, dilemas complejos, carteles lúcidos, cómo combatir el EPOC, y la certeza de seguir en la calle.
Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi.
Fotos Juan Valeiro
Beatriz Blanco (en la foto de portada) es la jubilada que fue gaseada y empujada por la Policía Federal el 12 de marzo pasado –el mismo día que el fotógrafo Pablo Grillo fue atacado por una granada de gas lacrimógeno, y Jonathan Navarro por un disparo que le hizo perder la vista de un ojo–.
La imagen de Beatriz golpeándose la nuca contra el suelo dio la vuelta al mundo por lo violento: le causó un traumatismo encéfalo craneano, una herida cortante y problemas oculares permanentes.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Pero está viva para contarla. Beatriz tiene 82 años y un empuje que no merma ni con un golpe ni con una elección adversa. Este miércoles –como siempre– vuelve a caminar con su bastón cobrizo entre manifestantes y fuerzas de seguridad –federales, gendarmes y policía porteña–.
Sobre el domingo: “La gente ya no cree en soluciones porque ya no cree en nada, hace mucho que no se le da nada. Y además tiene miedo, y eso se nota en que cada vez hay menos gente involucrada, con temor a la represión, a quedarse sin laburo, y ahora encima a que le suban las horas de trabajo. Se van corriendo los límites, así estamos”.
Pero hay un lado positivo del “así estamos” de Beatriz. Este martes 28 de octubre el Juzgado Criminal y Correccional Federal 1 llamó a declarar al presunto policía que la agredió: “Existiendo en autos motivo bastante para sospechar que Pablo Alexis Aldama ha participado en la comisión de un delito de acción pública, cíteselo a los efectos de recibirle declaración indagatoria, fijando audiencia para el día martes 18 de noviembre de 2025”.
Dice Beatriz: “Lo quiero ver, le quiero hablar y decirle gracias. Gracias por pegarme, gracias por romperme la cabeza y el ojo; y gracias por romperme la cadera”. Lo dice con su voz suave y tranquila de siempre, y enfila con su bastón hacia la marcha.
“Será largo lo que viene”
Detrás de Beatriz la Policía Federal va cercando a la gente que reclama en la vereda sobre la plaza de los Dos Congresos a la altura de Rivadavia y Callao, y la intima a pasar del otro lado de la valla.

La frontera en Congreso. Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Un hombre –con un gorro en el que se lee “jubilado testarudo”–, se acerca a Beatriz y suspira: “Será largo esto, muy largo”. No habla de hoy sino de lo que vendrá. Habla de la época. Mientras, los federales se acercan un poco más. La mayoría sin identificación. Se arrima otro jubilado y se arma una especie de asamblea que reflexiona sobre los comicios recientes: “Nos va a costar un pulmón o dos todo lo que viene, todas las reformas que el gobierno intentará hacer”. Otra voz plantea entre el sonido de redoblantes y trompetas: “La mayoría del pueblo eligió seguir estando mal por miedo a que se descontrole todo esta semana”.
La Policía Federal termina de acorralar a los pocos manifestantes –y a los muchos fotógrafos– que aún quedan del lado del Congreso hasta terminar de cerrar la hilera de vallas. A la tensión le sigue una serie de gaseadas que deja a 11 personas heridas, según la Comisión Provincial por la Memoria.
Otra jubilada, señalando a la policía: “A esta gente la compadezco: sus dirigentes haciéndose los guapos en canales de stream y ellos acá poniendo el cuerpo”.

Geopolítica. Foto: lavaca.org
La pierna de Fernando
Fernando Quintero caminaba por la vereda y fue atropellado hace 9 años por un colectivo que había perdido el rumbo. Le amputaron la pierna derecha.
“Pero hace cuatro meses me sacaron la pensión” cuenta a lavaca, y al contarlo se le inundan los ojos celestes. Fue una segunda amputación.
¿Cuánto era la pensión? “263.000 pesos”.
¿Y cómo sigue la cuestión? “Me dieron un turno para que un médico certifique que no tengo una pierna. El turno es para abril”. Todo ocurre en órbita de la ANDIS, agencia de discapacidad de notoriedad pública. Gracias a la aplicación de este tipo de motosierra, el gobierno sostiene que logra equilibrio fiscal.
Tal vez esta foto sirva para que alguien certifique antes de abril que a Fernando Quintero le falta la pierna derecha. Y que le devuelvan la pensión.

Fernando Quintero. Le amputaron una pierna, y la motosierra oficial también le mutiló la pensión de 260.000 pesos. Lo citaron en abril, para certificar que le falta la pierna derecha. Así se logra el equilibrio fiscal. Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Llenar las calles de pasos”
Mientras tanto, dos drones de las fuerzas de seguridad sobrevuelan la escena. Filman desde arriba lo que expresa otro jubilado en un cartel: “Derrotados son los que dejan de luchar”.
También graban a Carlos, 73 años , con un cartón en las manos pensando en lo que pasó en las elecciones, pero sobre todo mirando a futuro: “Acá no se rinde nadie”. Lo justifica cuando habla: “Por un resultado electoral en contra no se desarma el reclamo. Al contrario. Hasta que no haya una mejora en los remedios y en las jubilaciones esto va a seguir y se va a incrementar porque seguirán mandándose cagadas. Yo confío en que el pueblo va a reaccionar”.

Jubilado gaseado. Hubo un total de 11 heridos. Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Alicia, de Jubilados Insurgentes, resume cómo estamos: “En las ciudades inundadas, como Bahía Blanca, Milei no les dio un peso y ganó igual. Es difícil de comprender. Somos masoquistas”.
Y comparte su alternativa: “Hay solo una salida: llenar la calle de pasos”.
Motosierra, medios y comercio exterior
Eduardo tiene 79 años, cumple 80 el 30 de marzo. Leva un gorro piluso y un cartel que es una propuesta de comercio exterior: “La solución argentina: exportar libertarios a los Estados Unidos ¡hasta agotar el stock!”

Eduardo. A los 9 años lo mandaron del colegio a su casa porque se producía el bombardeo de las FF.AA a Plaza de Mayo. «Así que estamos acostumbrados, siempre peleando».Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Es un hombre de sonrisa fácil: “Los medios de comunicación hacen un aporte importante a la confusión, a que la agente no razone. Te dicen que es mejor esto que lo otro, pero no está muy claro qué es lo que está bien o lo que está mal. Te hablan del peronismo, y yo pregunto: ¿se entiende qué es el peronismo? Entonces es difícil. Por eso lo que me parece importante es seguir acá, sin resignarse, tratando de lograr lo mejor”.
Cree que es una época complicada. “Pero mirá: cuando yo tenía 9 años iba al colegio que está frente a Plaza Lavalle, al lado del Colón. Y un día nos mandaron a todos para casa. Habían empezado el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955. Duró cuatro horas. Mataron como a 300 personas o más que iban por la calle tranquilamente. Uno no se puede olvidar nunca de algo así. De cómo mataron. Pero se peleó, se peleó después cuando fue la proscripción, cuando estuvieron los militares, cuando estuvo Menem, después en el 2001”.
Fernando trabajó en mil oficios. Fue empelado en casas de cambio, vendedor en comercios, y tuvo un oficio por el que merecería un lugar en el gabinete nacional: vendía y reparaba motosierras en el Once. “Pero eso me enfermaba, por el humo de los motores”. Tuvo otro negocio de venta de repuestos de autos. “Pero me fundí en la época de Menem, con todo lo importado”.
Pone una mano en el hombro del cronista: “Así que estamos acostumbrados. Siempre peleando”.

Cacerola y máscara antigas. Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Un camino entre quienes piensan parecido
Rubén y Mario integran el Movimiento Activo de Trabajadores y Jubilados (MATyJ). “Hay una clase media y un sector muy pobre con miedo a perder lo poco que tiene”, piensan. Recuerdan la época de Carlos Menem: “En el 95 le llamamos el ‘voto cuota’, muchos sectores votaron por miedo a que todo explote”.
Keiko, también de Jubilados Insurgentes: “El peronismo no tiene programa. La Libertad Avanza tiene: te vamos a hacer mierda. Es su programa. ¿Y los otros? ‘Freno a Milei’, te dicen. Eso no es un programa. Hasta Menem tuvo una propuesta, con salariazo y revolución productiva, que después fue todo mentira. Y otra cosa: ¿cómo el candidato va a ser Taiana, que tiene mi edad? ¿Por qué no ponen a otro pibe como vos?”. Alguien la escucha y observa: “La derecha sí se renueva”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
El sacerdote Francisco Olveira, o padre Paco, está frente a la policía. Piensa dos cosas: “Una es que el apoyo de Trump y Estados Unidos influyó mucho porque hasta yo, si no pensara como pienso, votaría a Milei porque la sensación era que se iba todo a la mierda, lo cual no quita que eso ocurra, pero más adelante”.
¿Y lo otro? “Lo otro es que hay muchos hijos de puta, con perdón de las chicas de AMMAR que quiero mucho, que les importa un carajo el 3% de Karina, que promulguen leyes sin financiamiento, lo que le hacen a la gente del Garrahan, a los jubilados, a las personas con discapacidad”. Sintetiza: “Muchos que solo votan a otro hijo de puta”.
El padre vive en el asentamiento Esperanza, en Merlo, oeste del conurbano. “Los sectores más pobres que habían votado a Milei se dieron vuelta, salvo este sector que te marco. Te cuento un ejemplo: la provincia está completando una obra que tenían que hacer las ISU (Integración Socio Urbana) a nivel nacional, y un vecino que es mileísta sacó fotos trucadas diciendo que como habían perdido las elecciones, se estaban llevando las máquinas”.
Paco mastica bronca, pero dice que la salida es seguir estando en la calle. ¿Y hacia dentro? “Me gustaría que Bregman y Grabois se sentaran a charlar. Debería ser un camino, entre quienes pensamos más o menos lo mismo. Pero no sé si pueda darse en nuestra Patria”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Si tirás la toalla, perdemos”
Guillermo, 77 años y vecino de Ituzaingó, es jubilado metalúrgico. Estuvo algunos miércoles sin venir porque tiene EPOC y está medicado. Tiene un cartel con dos palabras: “Voto luchar”. Piensa que hay mucha gente que sabe que está mal, pero no quiere estar peor: “Saben que el peronismo no es alternativa porque no luchó en dos años. La CGT, tampoco. Pero la izquierda algo creció: siempre está acá y eso se paga. Conozco muchos peronistas: hay gente enojada con su dirigencia, porque perdieron y se dividieron más: se peleaban por octubre, ahora se van a pelear por las elecciones de 2027, pero no están peleando con la gente acá. Si hubieran hecho algo, ganaban con todo el apoyo”.
-¿Por qué seguís viniendo con tu EPOC y todo este contexto?
-Venir acá te cura, te da pila, es un remedio. Te mantiene ligado con tu realidad. ¿Voy a sentarme en una silla de paja a ver cómo pasan los vecinos por la ventana? ¡Me pego un tiro! Hay que creer en la lucha, creer en las calles. Hay que subir al ring aunque te caguen a sopapos, porque si tirás la toalla, perdemos. Nosotros vamos por el round final.

Imagen en la plaza de Congreso.Foto: lavaca.org
Marcha de jubilados
Reflexiones en modo Scaloneta

¿Por qué Licha Martínez es una referencia? Algunas teorías sobre las hamburguesas, las apuestas y la inflación. La frase de un jugadorazo y los carteles que reflejan el presente. La cercanía del 9 de Julio impregnó la marcha de jubilados de este miércoles: se cantó el Himno con un entusiasmo que algo traía de futbolero tras la remontada del martes con Egipto. Hubo gente que se manifestó planteando que “la camiseta no se mancha” y que la patria tampoco. En ese marco, la historia y las ideas de Walter, jubilado de Techint con 38 años de aportes, y lo que no quiere que les pase a sus nietos.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Juan Valeiro y Tadeo Bourbon/lavaca.org

Cuando tenía siete años, Walter Píriz salía del colegio al mediodía y volvía a su casa a las ocho de la noche. No se iba a jugar a la pelota ni a lo de algún amigo. Se iba a lustrar zapatos. Había que ayudar con algo a esa familia –su familia– que vivía en la ciudad de Resistencia, provincia de Chaco, y que tenía que alimentar a siete varones y cinco mujeres. “Papá Noel nunca encontraba la dirección de mi casa”, dice, y por eso jura que si tuviera la lámpara de Aladino no pediría tres deseos. Sólo uno: disfrutar la infancia. Como no quiere que eso le suceda a ninguno de sus siete nietos, Walter viene todos los miércoles –67 años, boina negra, pin de Malvinas, logo de Madres, chapita de River– a las marchas de jubilados.

Sus carteles son cada miércoles un editorial político:
- El 20 de mayo, durante la marcha contra el ajuste en la salud, escribió: “No puedo creer que tengamos que protestar x esto”.
- La semana pasada resumió el cambio gubernamental: “Sale pendrive Ladrorni, entra offshore Chantilli”. Si algún extranjero o algún extraterrestre leyeran esta nota, habría que aclarar que el exjefe de Gabinete, Manuel Adorni, renunció por sospechas de corrupción y refacciones estrafalarias en casas que no pudo justificar, salvo cuando puso como excusa que encontró criptomonedas guardadas en un pendrive, y que su reemplazante, Diego Santilli, tiene denuncias por sociedades en paraísos fiscales. Queda a criterio de extranjeros y extraterrestres definir si esto explica o no la Argentina actual.
- El cartel de esta semana fue futbolero: “Por más Lichas, por más luchas”.
La referencia es al defensor central Lisandro Martínez, una de las figuras de la Selección en este mundial, y el único jugador que tuvo una postura crítica frente a la situación del país. Por ejemplo, después de la represión del 12 de marzo del 2025, cuando las fuerzas de seguridad casi asesinan a Pablo Grillo de un disparo en la cabeza, Martínez compartió un posteo: “Qué vergüenza y qué impotencia que se metan así con los jubilados”.

En la Plaza de los Dos Congresos, Walter explica: “Cuando éramos chicos, dentro de la pobreza nos divertíamos con amigos en la esquina. Y en el barrio estaba el que tenía toda la guita, el mejor auto y una hija que era un bombón que ni nos miraba. Con la Selección nos pasa algo similar: el amor que sentimos no es correspondido. Licha fue el único que levantó la voz y nos acarició el corazón. Ojo, no pido que canten la marcha peronista ni se la jueguen con Milei, pero no me gusta que figuras tan representativas en las que miles de chicos que sufren hambre se reflejan, les digan que se coman tal hamburguesa o que apuesten. Así y todo vamos a seguir alentando, y ojalá Argentina salga campeón”.
Así y todo, Walter no deja de alentar cada miércoles en la marcha del Congreso. Se viene de Campana, a 81 kilómetros de esta plaza: viaja dos horas ida y dos horas vuelta en el 194. Se mudó al norte bonaerense con su familia en 1973 cuando su padrastro consiguió trabajo en la construcción del puente Zárate-Brazo Largo, la principal vía de comunicación con el sur de la provincia de Entre Ríos. En Campana Walter se casó, tuvo dos hijos, dos hijas y entró como metalúrgico en Siderca (hoy Tenaris, en conflicto por despidos), propiedad del Grupo Techint, donde se jubiló con 38 años de aportes.

“Vengo todos los miércoles porque siento la necesidad de estar. No gano la mínima, gano un poquito más, pero así y todo no llego a fin de mes. Tomo tres remedios para el corazón, el colesterol y aspirinetas, que por suerte puedo pagar, porque te imaginás la cantidad de jubilados que hay que tienen que elegir entre comprar medicamentos o comer. La palabra jubilación viene de júbilo: tendríamos que estar disfrutando con nuestros nietos y familias en lugar de estar acá. Mucha gente está naturalizando esto: no es proporcional la bronca con la gente que hay en las calles”.
Walter llegó a la movilización escuchando algunas noticias que le llamaron la atención. Una fue el interés del presidente en modificar la Carta Orgánica del Banco Central con el objetivo de penalizar la emisión que financie el déficit fiscal bajo el argumento de frenar la inflación. Walter simplifica: “Me gustaría que un economista me explique por qué con inflación yo podía comprar carne y salir con mi señora y hoy no puedo comprarles facturas a mis nietos”.

Otra noticia es la eliminación del límite para la venta de tierras a extranjeros, uno de los puntos centrales del proyecto de ley llamado “inviolabilidad de la propiedad privada”. Al respecto, el Observatorio de Tierras coordinado por profesionales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) y la Universidad de Buenos Aires (UBA) produjo el primer Mapa de Extranjerización de la Tierra, que muestra que casi el 5% del territorio argentino, más de 13 millones de hectáreas, es propiedad de empresas o personas extranjeras: un tamaño similar a Santa Fe entera o a un territorio como el de Inglaterra. Walter dice: “Mientras el pueblo se entretiene con el mundial, ellos avanzan”.
Por eso, previo a movilizar, este jubilado se despide con otra idea futbolera: “No es un eslogan decir que nadie se salva solo. Messi es un fuera de serie, pero si lo ponés en la cancha solo, no te gana un partido. Quedó demostrado con Egipto”.
Entonces cita a otra gloria deportiva argentina y mundial en esa semana de tanto grito de gol, de tanto sufrimiento y de tanta efeméride: el 4 de julio, día que Argentina le ganó a Cabo Verde y el Licha de su cartel fue figura, se cumplieron 100 años del nacimiento de Alfredo Di Stéfano, considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, conocido como “la Saeta Rubia”. La frase que trae Walter es, como cada cartel suyo, profundamente política:
“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”.
Walter saluda con un beso, sonríe y se mete en la marcha.

Marcha de jubilados
Noticias desde el marchódromo

El de jubiladas y jubilados sigue siendo uno de los sectores que más persistentemente resiste un ajuste que este mes viene con aumentazos de tarifas y transporte público. Ajuste que, además, los tiene como blanco de la motosierra, junto a la salud pública, la educación, la discapacidad, la ciencia, la industria, el trabajo, el comercio, entre tantas otras cosas. Retrato de una de las mujeres que marcharon este miércoles en Congreso. Enigmas sobre cómo se come, los despidos, una lata de durazno, otra de atún y una cuestión: ¿Qué pretenden al ir cada miércoles al Congreso?
Por Lucas Pedulla
Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
Todos los miércoles, Silvia López se levanta a las ocho de la mañana, carga su changuito con una botella de agua, un poco de jugo y un sanguchito de jamón y queso. Poco antes del mediodía sale de su casa en Ensenada, provincia de Buenos Aires, y se toma tres medios de transporte para recorrer más de 60 kilómetros: primero es el 275 hasta la estación de La Plata, allí se sube al tren Roca hasta la estación Constitución, y de ahí paga 800 pesos en el 12 que la deja en el Congreso de la Nación, junto a otros jubilados y otras jubiladas.
Silvia tiene 70 años, un silbato que pita sin parar y dos artefactos eficientes que choca uno con el otro:
Una lata de durazno con una tapa de cartón.
Otra de atún aferrada a un pedazo de madera con una cinta elástica.

Ambos tienen tuercas en su interior, por lo que el sonido se proyecta en toda la plaza.
También tiene dos carteles:
- “Todos antipatria y mentirosos. Devolvenos lo que nos robás todos los meses a jubilados-discapacitados. Milei y su gobierno chorros”.
- “Todos los meses los jubilados y discapacitados padecemos al gobierno de Milei. La injusticia se paga”.
Alrededor, las organizaciones de jubilados y jubiladas se preparan para marchar como cada semana en lo que denominan “el marchódromo”, ya que sólo movilizan alrededor de la Plaza de los Dos Congresos, delimitada de un lado por las vallas y por la policía en las calles laterales. ¿Por qué viajar dos horas ida y dos horas vuelta cada semana? “Yo sufro presión, pero por lo menos vengo para hacer ruido. No tiene explicación lo que estamos pasando. Cobro 410.000 pesos de jubilación mínima, a lo que se suman los 70.000 de bono: 480.000 en total. ¿Qué hacemos con eso? Una compra en supermercado mínima, con leche, pan, un poco de azúcar y algo más no baja de 30.000. Tengo gas de garrafa en casa: me salía 14.000 y ahora tengo que pagar 28.000. Me aumentan como si nada”.

Silvia ya ni se indigna, sino que se ríe de las declaraciones del jefe de gobierno de la Ciudad Jorge Macri, quien dijo: “Las iglesias tienen que dejar de darle comida y abrigo a los indigentes”. Luego agradece que el gremio de los Camioneros está viniendo hace unos miércoles con un gazebo blanco: “Nos ofrecen té, matecocido, unas facturas y al mediodía reparten una vianda con pollo y arroz”.
Antes de volver con el silbato y sus artefactos, cuenta que se jubiló con 30 años como peluquera. “Quiero que haya justicia para los jubilados. Trabajé mucho, luché por mi país y quiero que me den lo que me corresponde. No pretendo grandes cifras, simplemente que pueda pagar una canasta o llamar a un plomero sin pasar penurias. Mi sobrina tiene una discapacidad y mi hermano está en una batalla legal para que no le saquen los medicamentos. El gobierno no puede estar permanentemente jorobándonos. Es un desastre”.

La marcha está por comenzar. Silvia se despide con tres noticias que le llamaron la atención este miércoles. La primera le provoca una sonrisa: “Me alegró que lo hayan sacado a Adorni (Manuel, exvocero y exjefe de Gabinete, acusado de corrupción)”. Su propuesta: “Basta de ladrones”.
Otra noticia son los 150 despidos en Tenaris SIAT, del Grupo Techint, en Valentín Alsina, al sur del conurbano bonaerense: “Es gente con 25 o 30 años de trabajo. A esa edad, si tenés 55, ¿dónde vas a buscar empleo? ¿Quién te va a contactar?”.
¿Y la tercera?
Silvia señala la plaza: “La otra noticia es que estamos acá, luchando por lo mismo”.

Marcha de jubilados
La debilidad de la fuerza

El Gobierno exhibió este miércoles un nuevo signo de debilidad al reprimir otra pacífica marcha de jubiladas y jubilados. Hubo cuatro personas detenidas, 35 heridas y dos debieron ser hospitalizadas. (En la imagen de portada se ve una de las dos detenciones que sufrió el cura Paco Olveira).
A una semana de la sesión en el Senado que discutirá la aprobación de la reforma laboral, la violencia desplegada contra personas mayores, con discapacidad y trabajadores y trabajadoras de prensa se entendió como el despliegue de un show destinado a disuadir una protesta cuyos alcances no prevé.

Foto: lavaca.org
De lo contrario, no puede entenderse el absurdo de cómo el sacerdote Paco Olveira fue detenido dos veces.
O la forma en la que se llevaron en un camión del Servicio Penitenciario Federal a Miguel Ángel, un jubilado con problemas en el corazón.
O la manera en la que dos oficiales federales se llevaban a Fernando Quintero, un jubilado con muletas, al que soltaron porque empezó a convulsionar.
La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra quienes se manifestaban puede ser leída como un síntoma de la fuerza y lo genuino del reclamo.
El temor estatal al registro de esos hechos también llevó a las fuerzas a pegar y gasear a periodistas y fotógrafxs que, durante la mañana, se habían movilizado al Senado para hacer una conferencia como acción en contra de la derogación del Estatuto del Periodista.
Luego de la escenificación de la violencia, la marcha se hizo como cada miércoles, y algunos siguieron para acompañar el cabildo realizado en el Hospital Garrahan en contra del despido y persecución a las y los profesionales que lucharon por la mejora de sus condiciones laborales. Como cada jornada, también cantaron contra la CGT («a dónde está que no se ve»), cuyo Consejo Directivo se reunirá este viernes para definir si realizará alguna acción de cara al miércoles que viene.

Foto: lavaca.org
Los datos de la violencia
La Comisión por la Memoria informó que cuatro personas fueron detenidas, más de 35 resultaron heridas y dos debieron ser hospitalizadas. Los principales párrafos del informe:
“Jubilados, personas con discapacidad y manifestantes fueron víctimas de un desproporcionado dispositivo de seguridad que contó con la presencia de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Policía de detención y motorizada de la Ciudad de Buenos Aires (GAM)”.
“La Policía Federal acorraló a los manifestantes en la esquina de Callao y Rivadavia y con empujones, golpes con escudos y gas pimienta, logró desalojarlos hacia el centro de la plaza. Posteriormente, la Policía Federal armó sucesivos cordones policiales que fueron apostados sobre Av. Rivadavia hasta Avenida de Mayo y San José, donde además ubicaron un camión hidrante, que evitaba totalmente el paso de personas hacia la zona de Congreso o 9 de Julio”.
“Cuatro personas resultaron detenidas: Miguel Ángel Caly, Ivo Enríquez, Francisco “Paco” Olveira y Fidel Tomas Bravo. Más de 35 personas resultaron golpeadas o heridas por gas pimienta, padeciendo irritación en los ojos y la piel; dos de ellas tuvieron que ser hospitalizadas por crisis convulsivas, previamente atendidas por CEPA y el equipo de monitoreo de la CPM”.

Foto: lavaca.org
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