Marcha de jubilados
Las escenas de la violencia policial

Cuatro detenidos, al menos cinco heridos. Una jubilada que quedó inconsciente al ser golpeada por la policía (video). Mujeres, periodistas, fotoreporteros y un sacerdote agredidos y esposados. En la foto de portada se ve al cura Paco Olveira y a Fidel Bravo esposados en el celular, y en primer plano al policía que atacó al periodista de lavaca. La denuncia presentada por Periodistas Argentinas y AReCIA y las deficiencias judiciales. A ocho meses de los ataques al fotógrafo Pablo Grillo y a la jubilada Beatriz Blanco, las marchas de uno de los sectores más castigados de la sociedad reclamando por sus haberes licuados siguen provocando una respuesta gubernamental recurrente: la violencia.
Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi
Fotos: lavaca.org / Juan Valeiro
Hace dos semanas que la marcha de jubilados y jubiladas empezó a anunciarse en distintos horarios y no sólo a las 15 horas como es habitual. La convocatoria es para gambetear no sólo los inusitados operativos policiales, sino también un sol que se va recalentando, como tantas cosas. Este miércoles la Mesa Coordinadora de Jubilados y Pensionados convocó a las 17 horas. Pero cuatro detenidos y al menos cinco heridos antes pasó de todo.
Primero fueron los whatsapps que se viralizaron con un mensaje urgente: “Detuvieron al padre Paco”. Todavía no eran las tres de la tarde. Las fotos mostraban al sacerdote esposado, sentado en el suelo, con el fotoperiodista Fidel Bravo, sobre Callao y Rivadavia. Lo subieron a un móvil policial. “¡Suelten al padre Paco, fachos pobres!”, gritaba una señora a un batallón de oficiales de la Policía Federal y Gendarmería que, detrás de las vallas, por las dudas convocaron a un camión hidrante. Del otro lado, los manifestantes no llegaban a 20.

Nora, la jubilada agredida que quedó inconsciente (abajo, el video del momento en que la golpearon).
lavaca se acercó hasta el estacionamiento frente al Senado, un lugar extraño para alojar detenidos, que las fuerzas al mando de la ministra Patricia Bullrich utilizan con frecuencia. Allí no estaban. “Fijate en las camionetas sobre Rivadavia o si no da vuelta al Congreso”, dijo un policía.
Sobre Rivadavia, un manifestante señaló el móvil al que los habían subido. Otro policía señaló: “Están en Hipólito Yrigoyen y Combate de los Pozos”. Ambos detenidos estaban sobre esa esquina, en el vehículo de la Unidad Judicial Móvil de la Superintendencia de Investigaciones Federales, patente NSN186.
“Ya salen”, informó un policía.

Los carteles de jubilados: un editorial político.
Foto, anteojos y la lotería
La puerta del móvil estaba abierta. En los asientos delanteros, Paco y Fidel. Ambos sujetados por las mismas esposas, Paco de la muñeca izquierda y Fidel, de la derecha (foto principal de esta cobertura).
lavaca fotografió el momento y también lo filmó, cuando uno de los policías se acercó con violencia y empujando. “Te dije que ya salen, no me hagas poner violento”, dijo, como si la violencia fuera la de un periodista haciendo su trabajo al registrar la detención de un cura y un militante. Luego llevaron a Paco y a Fidel dentro de una casa de Lotería, porque un estacionamiento no bastaba para el surrealismo represivo.

El padre Paco Olveira con la frente ensangrentada por un golpe policial.
Al quedar liberado, Paco Olveira dijo a lavaca: «Me pasó lo que te pasó a vos, que por querer hacer una foto casi te tiran al piso. En nuestro caso, primero hicimos un par de vueltas al Congreso, un rato antes de las dos. Estábamos por cruzar la valla pero paramos ahí, en la vereda. Empezaron a empujar a los jubilados. Como iba a terminar uno en el piso, les digo ‘vamos a rezar un padre nuestro’. Ahí al compañero (Fidel Bravo) le agarraron la bandera argentina y él la defendió. Lo tiraron para atrás y yo me agarré a él. Así, si lo llevaban, me llevaban a mí también. Creo que por eso estamos libres los dos; si no, el pobre iba a estar preso”.
–¿Les imputan algo? Hablaban de resistencia a la autoridad.
–Sí, nos notificaron de supuesto atentado y resistencia a la autoridad. Igual no pude leer porque me rompieron los anteojos (muestra que falta el lente derecho). Con un ojo sí y otro no, no puedo ver nada, y no nos dieron copia.
Paco agradeció la solidaridad –entre quienes se acercaron estaba el diputado Eduardo Valdés y el secretario general de ATE Capital, Daniel Catalano– y emprendió la vuelta a la plaza con la mochila abierta: “También me la rompieron”.

La denuncia de Periodistas Argentinas y AReCIA
Antes de regresar a la cobertura, los periodistas de lavaca fueron a hacer la denuncia a la oficina del Ministerio Público Fiscal de Combate de los Pozos, donde siempre llevan a los detenidos de los miércoles a fichar. La repuesta habla de la deficiencia judicial de prevenir los ataques a la prensa: informaron que la atención era de 9 a 15 horas y derivaron un 0800.
Llamamos: hubo veinte (20) minutos de demora porque había cuatro personas en espera. Cuando atendieron la charla duró apenas cinco minutos; al explicar la causa del llamado, tras una breve y burocrática respuesta, cortaron. Un nuevo llamado permitió acceder al mail a donde presentar formalmente la denuncia. Para cuando finalmente la concretamos ya podíamos adjuntar los videos de los brutales ataques que sucedieron después de intentar, en vano, evitarlos.

El policía intentando impedir que lavaca fotografíe a los detenidos.
Los periodistas que fueron a esas oficinas son Claudia Acuña y Lucas Pedulla, que en representación de la Asociación Civil Periodistas Argentinas y la Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina (AReCIA), respectivamente, presentaron un habeas corpus en diciembre de 2023 para prevenir estos ataques que, desde la fecha hasta hoy, se reiteran y agudizan. La causa tuvo su laberinto hasta que la Corte Suprema resolvió este martes la competencia del juzgado. Allì presentamos este martes el pedido de tratamiento urgente.

Gente marcada, mujeres golpeadas
En Congreso, una de las tantas marchas ya había empezado. La disposición del espacio era la habitual: vallado de punta a punta de la plaza, tránsito bloqueado y efectivos de la Policía de la Ciudad acordonando los alrededores para evitar que la movilización doblara por las calles aledañas. El mismo cordón aguardaba sobre Sáenz Peña para que el reclamo no se dirigiera hasta la Rosada.
Todo parecía lo habitual, pero los policías de la Ciudad –chalecos celestes– recibieron una indicación en sus handies.

Bastón en mano, la policía de la Ciudad agrediendo a manifestantes previamente «marcados» por la Federal: surrealismo e inutilidad represiva.
“Al de gorrita negra, a tu izquierda, gorrita negra”, decía la voz que salía de los aparatos. Hacía allí fueron cinco agentes para rodear a un muchacho de gorrita negra. Al detenerlo y llevarlo detrás del cordón, Estefanía, una joven integrante de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, fue golpeada en el ojo por un policía varón, lo que revela la idoneidad de los cordones bullrichistas.
La tensión policial escaló. Los mismos oficiales siguieron marcando personas. En el intento por detener a otras, la gente se defendió y los policías avanzaron con los escudos y a palazos. Así empujaron a Nora, una jubilada de 70 años que acompaña todos los miércoles. La socorrió Nicolás Chiarini, el mismo joven que le salvó la vida al fotógrafo Pablo Grillo –de cuyo ataque este miércoles se conmemoran ocho meses–.

Nora, 70 años, golpeada por la policía.
Otro de los marcados y cazados con violencia fue Nicolás Ríos, fotógrafo y militante de Convergencia Socialista. Al rato fue liberado y contó: “La misma Policía de la Ciudad me dijo que me detuvo porque dos horas antes me había marcado la Federal, mientras filmaba el inicio de la concentración. Les expliqué que yo no estaba haciendo nada y me largaron”.
En la Plaza la estaban atendiendo a Micaela Acevedo, fotoperiodista, a quien le partieron la ceja de un palazo. “Estábamos delante de todo, filmando, y empezamos a ver que estaban señalando gente. De repente, vino el jefe de policía y me pegó un palazo en la cara”, le dijo a lavaca, sentada en un banco de la plaza.

Micaela, palazo en la ceja.
Al su lado apareció en escena nuevamente el padre Paco, esta vez no detenido pero sí con la frente ensangrentada, llevado por el Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA Argentina).
–¿Estás bien?– le preguntó Micaela.
–Mejor que vos, querida –respondió el cura–. No sé si me dieron con un palazo o con un escudo, de la nada vinieron a pegar.

La capacidad de movilizarse pese a todo, y el triste rol policial.
Videollamada para la jubilada
A unos metros, sobre la plaza, estaba Nora, la jubilada que la Policía de la Ciudad había tirado al suelo hacía unos minutos.
Para dimensionar: la caída de Nora fue, en cuanto a la violencia, parecida a la de Beatriz Blanco (jubilada golpeada el mismo 12 de marzo que hirieron a Pablo Grillo), con todo el peso del cuerpo hacía atrás, cabeza contra el suelo. Después de la atención, Nora estuvo unos minutos inconsciente.
Al lado de Nora estaba su hijo Emiliano, fotógrafo como Micaela, la reportera herida en la ceja, que para colmo, es su pareja. Emiliano primero lloraba, pero luego se fue aliviando. De a poco su mamá, todavía acostada en el piso, se fue recuperando luego de estar varios minutos con la presión muy baja. La tensión se apoderó de la plaza mientras el CEPA y la CPM intentaban reanimarla. El SAME, por su parte, tardó varios minutos en llegar. Y antes de enviar una ambulancia, pidió hacer una videollamada con la jubilada herida: otra escena insólita.

Videollamada para diagnosticar a una mujer reprimida.
–¿Se cayó?– le preguntaron del otro lado del teléfono.
–Me tiraron– respondió Nora.
Tras la videollamada con el SAME, ya repuesta, la mujer le cuenta a lavaca: “Estaba a 4 metros de la policía y de repente se vinieron a donde estábamos, corriendo. No me lo esperaba y me llevaron puesta, me pasaron por encima”.
¿Por qué no faltás nunca los miércoles? “Siempre he salido a la calle cuando me parece que es injusto lo que pasa, más que nada porque tengo tres nietos”, dice y es la primera vez desde el golpazo, que hace una mueca risueña. “A mis nietos los cuido, no quiero que salgan; pero en mi caso, es imposible no salir cuando ves tanta injusticia”. La ambulancia llegó unos minutos después y Nora y su hijo se subieron.
De fondo, por Hipólito Yrigoyen, estaba pasando la cuarta marcha de la jornada.
Recién eran las 17:07, horario de la convocatoria oficial.
La marcha, estaba arrancando. Pese a todo lo anterior: pese a todo.
PD) En el comienzo de este video se observa el momento de la agresión a la jubilada:
Marcha de jubilados
Reflexiones en modo Scaloneta

¿Por qué Licha Martínez es una referencia? Algunas teorías sobre las hamburguesas, las apuestas y la inflación. La frase de un jugadorazo y los carteles que reflejan el presente. La cercanía del 9 de Julio impregnó la marcha de jubilados de este miércoles: se cantó el Himno con un entusiasmo que algo traía de futbolero tras la remontada del martes con Egipto. Hubo gente que se manifestó planteando que “la camiseta no se mancha” y que la patria tampoco. En ese marco, la historia y las ideas de Walter, jubilado de Techint con 38 años de aportes, y lo que no quiere que les pase a sus nietos.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Juan Valeiro y Tadeo Bourbon/lavaca.org

Cuando tenía siete años, Walter Píriz salía del colegio al mediodía y volvía a su casa a las ocho de la noche. No se iba a jugar a la pelota ni a lo de algún amigo. Se iba a lustrar zapatos. Había que ayudar con algo a esa familia –su familia– que vivía en la ciudad de Resistencia, provincia de Chaco, y que tenía que alimentar a siete varones y cinco mujeres. “Papá Noel nunca encontraba la dirección de mi casa”, dice, y por eso jura que si tuviera la lámpara de Aladino no pediría tres deseos. Sólo uno: disfrutar la infancia. Como no quiere que eso le suceda a ninguno de sus siete nietos, Walter viene todos los miércoles –67 años, boina negra, pin de Malvinas, logo de Madres, chapita de River– a las marchas de jubilados.

Sus carteles son cada miércoles un editorial político:
- El 20 de mayo, durante la marcha contra el ajuste en la salud, escribió: “No puedo creer que tengamos que protestar x esto”.
- La semana pasada resumió el cambio gubernamental: “Sale pendrive Ladrorni, entra offshore Chantilli”. Si algún extranjero o algún extraterrestre leyeran esta nota, habría que aclarar que el exjefe de Gabinete, Manuel Adorni, renunció por sospechas de corrupción y refacciones estrafalarias en casas que no pudo justificar, salvo cuando puso como excusa que encontró criptomonedas guardadas en un pendrive, y que su reemplazante, Diego Santilli, tiene denuncias por sociedades en paraísos fiscales. Queda a criterio de extranjeros y extraterrestres definir si esto explica o no la Argentina actual.
- El cartel de esta semana fue futbolero: “Por más Lichas, por más luchas”.
La referencia es al defensor central Lisandro Martínez, una de las figuras de la Selección en este mundial, y el único jugador que tuvo una postura crítica frente a la situación del país. Por ejemplo, después de la represión del 12 de marzo del 2025, cuando las fuerzas de seguridad casi asesinan a Pablo Grillo de un disparo en la cabeza, Martínez compartió un posteo: “Qué vergüenza y qué impotencia que se metan así con los jubilados”.

En la Plaza de los Dos Congresos, Walter explica: “Cuando éramos chicos, dentro de la pobreza nos divertíamos con amigos en la esquina. Y en el barrio estaba el que tenía toda la guita, el mejor auto y una hija que era un bombón que ni nos miraba. Con la Selección nos pasa algo similar: el amor que sentimos no es correspondido. Licha fue el único que levantó la voz y nos acarició el corazón. Ojo, no pido que canten la marcha peronista ni se la jueguen con Milei, pero no me gusta que figuras tan representativas en las que miles de chicos que sufren hambre se reflejan, les digan que se coman tal hamburguesa o que apuesten. Así y todo vamos a seguir alentando, y ojalá Argentina salga campeón”.
Así y todo, Walter no deja de alentar cada miércoles en la marcha del Congreso. Se viene de Campana, a 81 kilómetros de esta plaza: viaja dos horas ida y dos horas vuelta en el 194. Se mudó al norte bonaerense con su familia en 1973 cuando su padrastro consiguió trabajo en la construcción del puente Zárate-Brazo Largo, la principal vía de comunicación con el sur de la provincia de Entre Ríos. En Campana Walter se casó, tuvo dos hijos, dos hijas y entró como metalúrgico en Siderca (hoy Tenaris, en conflicto por despidos), propiedad del Grupo Techint, donde se jubiló con 38 años de aportes.

“Vengo todos los miércoles porque siento la necesidad de estar. No gano la mínima, gano un poquito más, pero así y todo no llego a fin de mes. Tomo tres remedios para el corazón, el colesterol y aspirinetas, que por suerte puedo pagar, porque te imaginás la cantidad de jubilados que hay que tienen que elegir entre comprar medicamentos o comer. La palabra jubilación viene de júbilo: tendríamos que estar disfrutando con nuestros nietos y familias en lugar de estar acá. Mucha gente está naturalizando esto: no es proporcional la bronca con la gente que hay en las calles”.
Walter llegó a la movilización escuchando algunas noticias que le llamaron la atención. Una fue el interés del presidente en modificar la Carta Orgánica del Banco Central con el objetivo de penalizar la emisión que financie el déficit fiscal bajo el argumento de frenar la inflación. Walter simplifica: “Me gustaría que un economista me explique por qué con inflación yo podía comprar carne y salir con mi señora y hoy no puedo comprarles facturas a mis nietos”.

Otra noticia es la eliminación del límite para la venta de tierras a extranjeros, uno de los puntos centrales del proyecto de ley llamado “inviolabilidad de la propiedad privada”. Al respecto, el Observatorio de Tierras coordinado por profesionales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) y la Universidad de Buenos Aires (UBA) produjo el primer Mapa de Extranjerización de la Tierra, que muestra que casi el 5% del territorio argentino, más de 13 millones de hectáreas, es propiedad de empresas o personas extranjeras: un tamaño similar a Santa Fe entera o a un territorio como el de Inglaterra. Walter dice: “Mientras el pueblo se entretiene con el mundial, ellos avanzan”.
Por eso, previo a movilizar, este jubilado se despide con otra idea futbolera: “No es un eslogan decir que nadie se salva solo. Messi es un fuera de serie, pero si lo ponés en la cancha solo, no te gana un partido. Quedó demostrado con Egipto”.
Entonces cita a otra gloria deportiva argentina y mundial en esa semana de tanto grito de gol, de tanto sufrimiento y de tanta efeméride: el 4 de julio, día que Argentina le ganó a Cabo Verde y el Licha de su cartel fue figura, se cumplieron 100 años del nacimiento de Alfredo Di Stéfano, considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, conocido como “la Saeta Rubia”. La frase que trae Walter es, como cada cartel suyo, profundamente política:
“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”.
Walter saluda con un beso, sonríe y se mete en la marcha.

Marcha de jubilados
Noticias desde el marchódromo

El de jubiladas y jubilados sigue siendo uno de los sectores que más persistentemente resiste un ajuste que este mes viene con aumentazos de tarifas y transporte público. Ajuste que, además, los tiene como blanco de la motosierra, junto a la salud pública, la educación, la discapacidad, la ciencia, la industria, el trabajo, el comercio, entre tantas otras cosas. Retrato de una de las mujeres que marcharon este miércoles en Congreso. Enigmas sobre cómo se come, los despidos, una lata de durazno, otra de atún y una cuestión: ¿Qué pretenden al ir cada miércoles al Congreso?
Por Lucas Pedulla
Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
Todos los miércoles, Silvia López se levanta a las ocho de la mañana, carga su changuito con una botella de agua, un poco de jugo y un sanguchito de jamón y queso. Poco antes del mediodía sale de su casa en Ensenada, provincia de Buenos Aires, y se toma tres medios de transporte para recorrer más de 60 kilómetros: primero es el 275 hasta la estación de La Plata, allí se sube al tren Roca hasta la estación Constitución, y de ahí paga 800 pesos en el 12 que la deja en el Congreso de la Nación, junto a otros jubilados y otras jubiladas.
Silvia tiene 70 años, un silbato que pita sin parar y dos artefactos eficientes que choca uno con el otro:
Una lata de durazno con una tapa de cartón.
Otra de atún aferrada a un pedazo de madera con una cinta elástica.

Ambos tienen tuercas en su interior, por lo que el sonido se proyecta en toda la plaza.
También tiene dos carteles:
- “Todos antipatria y mentirosos. Devolvenos lo que nos robás todos los meses a jubilados-discapacitados. Milei y su gobierno chorros”.
- “Todos los meses los jubilados y discapacitados padecemos al gobierno de Milei. La injusticia se paga”.
Alrededor, las organizaciones de jubilados y jubiladas se preparan para marchar como cada semana en lo que denominan “el marchódromo”, ya que sólo movilizan alrededor de la Plaza de los Dos Congresos, delimitada de un lado por las vallas y por la policía en las calles laterales. ¿Por qué viajar dos horas ida y dos horas vuelta cada semana? “Yo sufro presión, pero por lo menos vengo para hacer ruido. No tiene explicación lo que estamos pasando. Cobro 410.000 pesos de jubilación mínima, a lo que se suman los 70.000 de bono: 480.000 en total. ¿Qué hacemos con eso? Una compra en supermercado mínima, con leche, pan, un poco de azúcar y algo más no baja de 30.000. Tengo gas de garrafa en casa: me salía 14.000 y ahora tengo que pagar 28.000. Me aumentan como si nada”.

Silvia ya ni se indigna, sino que se ríe de las declaraciones del jefe de gobierno de la Ciudad Jorge Macri, quien dijo: “Las iglesias tienen que dejar de darle comida y abrigo a los indigentes”. Luego agradece que el gremio de los Camioneros está viniendo hace unos miércoles con un gazebo blanco: “Nos ofrecen té, matecocido, unas facturas y al mediodía reparten una vianda con pollo y arroz”.
Antes de volver con el silbato y sus artefactos, cuenta que se jubiló con 30 años como peluquera. “Quiero que haya justicia para los jubilados. Trabajé mucho, luché por mi país y quiero que me den lo que me corresponde. No pretendo grandes cifras, simplemente que pueda pagar una canasta o llamar a un plomero sin pasar penurias. Mi sobrina tiene una discapacidad y mi hermano está en una batalla legal para que no le saquen los medicamentos. El gobierno no puede estar permanentemente jorobándonos. Es un desastre”.

La marcha está por comenzar. Silvia se despide con tres noticias que le llamaron la atención este miércoles. La primera le provoca una sonrisa: “Me alegró que lo hayan sacado a Adorni (Manuel, exvocero y exjefe de Gabinete, acusado de corrupción)”. Su propuesta: “Basta de ladrones”.
Otra noticia son los 150 despidos en Tenaris SIAT, del Grupo Techint, en Valentín Alsina, al sur del conurbano bonaerense: “Es gente con 25 o 30 años de trabajo. A esa edad, si tenés 55, ¿dónde vas a buscar empleo? ¿Quién te va a contactar?”.
¿Y la tercera?
Silvia señala la plaza: “La otra noticia es que estamos acá, luchando por lo mismo”.

Marcha de jubilados
La debilidad de la fuerza

El Gobierno exhibió este miércoles un nuevo signo de debilidad al reprimir otra pacífica marcha de jubiladas y jubilados. Hubo cuatro personas detenidas, 35 heridas y dos debieron ser hospitalizadas. (En la imagen de portada se ve una de las dos detenciones que sufrió el cura Paco Olveira).
A una semana de la sesión en el Senado que discutirá la aprobación de la reforma laboral, la violencia desplegada contra personas mayores, con discapacidad y trabajadores y trabajadoras de prensa se entendió como el despliegue de un show destinado a disuadir una protesta cuyos alcances no prevé.

Foto: lavaca.org
De lo contrario, no puede entenderse el absurdo de cómo el sacerdote Paco Olveira fue detenido dos veces.
O la forma en la que se llevaron en un camión del Servicio Penitenciario Federal a Miguel Ángel, un jubilado con problemas en el corazón.
O la manera en la que dos oficiales federales se llevaban a Fernando Quintero, un jubilado con muletas, al que soltaron porque empezó a convulsionar.
La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra quienes se manifestaban puede ser leída como un síntoma de la fuerza y lo genuino del reclamo.
El temor estatal al registro de esos hechos también llevó a las fuerzas a pegar y gasear a periodistas y fotógrafxs que, durante la mañana, se habían movilizado al Senado para hacer una conferencia como acción en contra de la derogación del Estatuto del Periodista.
Luego de la escenificación de la violencia, la marcha se hizo como cada miércoles, y algunos siguieron para acompañar el cabildo realizado en el Hospital Garrahan en contra del despido y persecución a las y los profesionales que lucharon por la mejora de sus condiciones laborales. Como cada jornada, también cantaron contra la CGT («a dónde está que no se ve»), cuyo Consejo Directivo se reunirá este viernes para definir si realizará alguna acción de cara al miércoles que viene.

Foto: lavaca.org
Los datos de la violencia
La Comisión por la Memoria informó que cuatro personas fueron detenidas, más de 35 resultaron heridas y dos debieron ser hospitalizadas. Los principales párrafos del informe:
“Jubilados, personas con discapacidad y manifestantes fueron víctimas de un desproporcionado dispositivo de seguridad que contó con la presencia de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Policía de detención y motorizada de la Ciudad de Buenos Aires (GAM)”.
“La Policía Federal acorraló a los manifestantes en la esquina de Callao y Rivadavia y con empujones, golpes con escudos y gas pimienta, logró desalojarlos hacia el centro de la plaza. Posteriormente, la Policía Federal armó sucesivos cordones policiales que fueron apostados sobre Av. Rivadavia hasta Avenida de Mayo y San José, donde además ubicaron un camión hidrante, que evitaba totalmente el paso de personas hacia la zona de Congreso o 9 de Julio”.
“Cuatro personas resultaron detenidas: Miguel Ángel Caly, Ivo Enríquez, Francisco “Paco” Olveira y Fidel Tomas Bravo. Más de 35 personas resultaron golpeadas o heridas por gas pimienta, padeciendo irritación en los ojos y la piel; dos de ellas tuvieron que ser hospitalizadas por crisis convulsivas, previamente atendidas por CEPA y el equipo de monitoreo de la CPM”.

Foto: lavaca.org
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