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Vida brava

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La actuación los une en escena y en la compañía que creó el director Nahuel Cano. Retrato de una generación que sueña y construye en grupo. ▶ LUCÍA AITA

abadi-echegoyen“Todo se derrumba y son las ficciones las que a duras penas nos mantienen en pie”, dice el volante que te dan antes de ingresar a esta función de teatro en una sala de Chacarita. Una vez adentro, siete actores ponen todo de sí, sin tener medio segundo de respiro, para emocionar con ideas de Tolstoi y Chéjov a un público que vive en 2016. Termina la función y lo que parecía una misión imposible se logra: las ideas rusas del milenio anterior se volvieron contemporáneas por un rato y la gente aplaude, justamente, de pie.
María Abadi y Diego Echegoyen -actores, performers y docentes de actuación- son dos de los protagonistas que llevan adelante la difícil tarea de componer e interpretar La Vida Breve, dirigida por Nahuel Cano.
Esta no es la primera obra que hacen juntos. María y Diego forman parte desde hace años de la compañía Estudio El Cuarto, donde sostienen un espacio de creación, experimentación y formación en artes escénicas fundada por Nahuel en 2010. Los dos son un reflejo de una camada de actores que reflexiona arriba y abajo de los escenarios sobre la época actual.
 

Hacerse

 
María y Diego tuvieron su primer acercamiento a la actuación a los 11 años, una edad que describen como temprana, pero potente. María comenzó su camino teatral con Helena Nesis y Diego en la escuela de Hugo Midón. Ella continuó sus estudios en la Escuela de Teatro de Buenos Aires y él en Sportivo Teatral. De ahí en más, hicieron un camino de formación tan largo e intenso que agota solo escucharlo: Mauricio Kartun, Julio Chávez, Ricardo Bartís, Nora Moseico, Juan Onofri y Marcelo Katz fueron sus maestros, entre muchos otros.
María tuvo su primera experiencia frente al público en una obra de Rubén Szuchmacher y en el teatro comercial. Recuerda ese primer protagónico y dice que no estaba preparada y lo vivió con mucha presión. “Ahí sentí que había algo que me faltaba y no terminaba de circular en mi forma de actuar. Tenía mucho deseo con respecto a la actuación, pero me faltaban herramientas. Eso que necesitaba siento que lo encontré recién cuando me acerqué al teatro independiente: relacionarme profesionalmente con la gente con la que me vinculaba y me sentía cómoda en lo social”.
Diego Echegoyen separa su vida de actor en tres etapas: un primer momento de estudio; después, de entrenamiento y actuación en muchas obras de otros, y el presente, que ya implica pensar de qué maneras y con quiénes quiere hacer las obras.
Diego señala en ese camino a un maestro como su pasaje hacia un nivel de mayor profundidad artística: “Ricardo Bartís cambió completamente mi mirada sobre la actuación. Imprimió en mí lo que quería decir ser actor, no solo para mí sino en mi rol social. Aunque no lo tuviera totalmente claro en ese momento hubo algo que me cambió en el cuerpo”. Ese rol social que asume Diego lo define como un privilegio: “La situación de estar en escena es privilegiada. Nos están prestando atención porque alguien fue y pagó para eso. Hay ahí un contrato que te pone en una situación increíble y hay que prepararse para tener algo para hacer o decir. El tiempo invertido para lograr que algo profundo e interesante artísticamente ocurra no es solamente el que dura la escena. Es todo ese otro de formación, entrenamiento, investigación y preparación del que hablamos”.
Los dos dicen que tanto estudio, en realidad, esconde otro objetivo: conocerse con otros y armar grupos. “En el teatro independiente hay mucha búsqueda de formación porque está muy valorizada. Y creo que ese valor es porque hay mucha conciencia de la vincularidad. El teatro es una actividad grupal, no es un trabajo que uno pueda hacer solo. Armar redes es una necesidad”.
 

En compañía

 
En hall de entrada pequeño, un par de sillas, un pasillo, una cocina y en el fondo una gran sala de techos altos y piso de madera. Esa es la usina de Estudio El Cuarto en Lezica 4171. Tanto Diego como María conocieron a Nahuel entrenando.
Diego y Nahuel hicieron juntos una obra llamada Azúcar en la que trabajaron sobre la diabetes, condición que comparten en la vida real. A partir de ahí se relacionaron de tal manera que hicieron diez obras más. En el trayecto se sumaron María Abadi, Anabella Bacigalupo (actriz), Gastón Wansiroli (asistente) y Laura Loreno Rubio (producción). “La idea de la compañía surgió porque queríamos hacer obras juntos. Queríamos trabajar siempre o la mayor cantidad de veces que pudiéramos con la misma gente. Nos permitió hacer un camino de reflexión sobre la actividad y los temas que nos convocan. Surgió para que el trabajo fuera más acumulativo y no empezar de cero cada vez que encarábamos un nuevo trabajo”, cuenta Diego y suma: “Estudio El Cuarto nos permite pensar juntos. Si trabajáramos separados o dispersos en distintos grupos sería mucho más difícil y sería mucho más aleatorio. Dependeríamos de la combinación fortuita de que justo se combinen las personalidades que desembocan en un buen trabajo. En esos casos muchas veces no se produce nada artísticamente y sos solo un cuerpo al que un director le dice qué hacer”.
María y Diego explican que la particularidad del grupo es que parten de lo que ven y les pasa en la emoción y el cuerpo para contar algo. Es decir, para crear sus obras van de lo sensible a lo narrativo. No es un cuento que viene armado de antemano, sino que surge de la actuación.
María: “Nuestra forma de creación tiene que ver con creer en nuestro trabajo juntos. Hay algo que se basa en la confianza de que nosotros, trabajando en conjunto, vamos a llegar a generar una obra que hace que le demos tiempo a lo que sentimos y que todas las preguntas que nos hacemos encuentren cierto cauce. Estudio El Cuarto para mí es eso: creer en el otro, en nosotros y en el trabajo que hacemos”.
Un ejemplo de cómo María y Diego llevan lo que sienten a lo teatral es la nueva obra que están ensayando: Tierra Salvaje. Diego: “Tiene que ver con algo de lo que respiramos que pasa en la ciudad. Esa violencia irradiada por todos lados. No es casual que nos haya salido eso en la investigación. Y Todos mis miedos, que fue la primera obra que hicimos juntos, mostraba una gran neurosis y una gran imposibilidad de vincularse con lo que al otro le pasaba. Un individualismo extremo que también es un signo de época. La imposibilidad de construir proyectos conjuntos. En realidad, son todas cosas contra las que nosotros luchamos, porque de hecho trabajamos juntos hace muchos años”.
 

El sistema

 
Tanto Diego como María trabajaron y trabajan además en teatro comercial, televisión y cine. Los dos plantean que entre un circuito y otro todo es muy diferente. Diego: “Lo comercial sirve en primer lugar para pagar la olla. Son diferentes los tiempos de ensayo y, sobre todo, la calidad del tiempo dedicado para encontrar lenguaje, que sí se da en el teatro independiente. En lo comercial no se busca un lenguaje ni novedoso ni con intensidad, sino que se busca confirmar lo que el espectador piensa que va a ir a ver. Es más perverso que la recreación porque es funcional al sistema. Es tranquilizar al espectador. Es decirle al espectador que está bien que esté en ese trabajo, lo exploten y la pase mal. Nada se cuestiona. Mientras lo que se busque no sea la excepción sino la regla, la cuestión no va a cambiar”.
María suma: “No me gusta el teatro comercial ni me interesa como hecho artístico. Está básicamente para generar un negocio. Y cuando el fin es ese, hay algo del producto artístico que queda deteriorado. No le interesa correrse de ese lugar. Podrían tomarse riesgos que no se toman”. Pero María hace una advertencia: “Ojo: en el teatro off también hay propuestas que no difieren en la búsqueda de la profundidad del teatro comercial, la diferencia es que no tienen ese presupuesto. Eso tampoco me interesa”.
Diego y el Estado: “Debería ser su responsabilidad componer un circuito cultural con apuestas artísticas más profundas. El problema es el estereotipo que pretende instalar el Ministerio: el artista emprendedor”. ¿Qué significa? “Transformarte en un empresario de vos mismo, para desarrollar todos los roles. Tenés que tener tiempo para entrenar, ensayar, gestionar y hacer contactos. Lo cual es imposible. Y juegan con eso”.

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Chau Monsanto: se levantó el acampe de Malvinas Argentinas

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A tres años del bloqueo histórico los vecinos de Malvinas Argentinas anunciaron con alegría el levantamiento del acampe, una de las medidas que frenaron la instalación de la corporación transgénica más grande del mundo, ante la confirmación de que las 28 hectáreas del predio tendrán uso como un polo de pequeñas industrias. En la edición de octubre de #MU, el periodista Sergio Ciancaglini viajó a Malvinas Argentinas y reflejó en esta crónica qué significa este triunfo por la vida el pueblo que se convirtió en ícono y epicentro de la lucha mundial contra Monsanto y el extractivismo. Todo lo que hicieron, padecieron y construyeron. Todo lo que soportaron y lo que no. Cómo cambiaron, qué perdieron y qué ganaron estas personas de un cuento que tiene final feliz. Y epílogo: ahora se viene la lucha por la salud. La nota completa y las voces de un pueblo que hizo historia, acá. ▶ SERGIO CIANCAGLINI
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Desaparecido en el barrio

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Susana es la compañera y Paula la hija del periodista Luis Píriz. También son vecinas del genocida apodado El Nazi y, si la justicia las obliga, de Etchecolatz. ▶ LUCAS PEDULLA
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Por el catedrático Pablo Marchetti.
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