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Bailar es un acto político

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Hiedrah Club de Baile. Lo importante: crearon un espacio de baile intenso, placentero y divertido. Lo interesante: cómo lograron recuperar que sea una fiesta. Por María del Carmen Varela.

Mover el cuerpo no es bailar. Bailar es otra cosa. Es conectar con algo interno que se despierta estimulado por la música, y recorre el universo corporal. Pura expresión de lo que somos, que se va desenrollando como un ovillo. La verdad está en el cuerpo. ¿Cuándo bailamos? ¿Dónde bailamos?

Había una vez tres estudiantes de cine que buscaban esas respuestas. Nahuel, Ybán y Melody cursaban fotografía, montaje y producción, se hicieron amigos y con entusiasmo efervescente salían de lunes a lunes a disfrutar la noche. Necesidad de experimentar, conocer, sentir y, por supuesto, bailar. Recorrieron varios lugares pero… “en ninguno de esos espacios había una búsqueda identitaria sincera, que esté  anclada en el baile. Pesaba más sacarte una foto, estar lindo, tratar de levantarte a alguien, que bailar”, dice Ybán. Entonces ¿qué hicieron? Lo inventaron.

¿Cómo imaginaron ese lugar? Haciéndose preguntas. Se baila solamente entre amigos. ¿Cómo logramos que la búsqueda sea bailar con desconocidos, establecer lazos a través del baile? La música que suena es bastante parecida en todos lados. ¿Y si exploramos nuevos ritmos y que la fiesta se convierta en un espacio para ejercitar la escucha? Lo que se ve, se oye, se huele, se toca y se degusta: ¿aguza los sentidos o los anula?

En septiembre de 2013, en el living de una casa, hicieron la primera fiesta. La bautizaron HiedraH.

Plantar fiesta

Expansiva, salvaje, contenedora, florece y da frutos, envuelve y actúa como red. Así es la hiedra. Ese día llenaron de plantas artificiales el techo, colgaron luces navideñas, invitaron a sus amigos -fueron unos cincuenta- y nació oficialmente HiedraH Club de Baile con este manfiesto: “Espacio para la emancipación rítmica del cuerpo, plataforma militante del derecho al baile. Santuario y exploración, defensa y promoción de las manifestaciones socioculturales de las minorías identitarias. Creemos que desde los márgenes se construye la vanguardia y que todo lo que se centraliza termina siendo domesticado, por lo que propiciamos la amalgama de pieles, el mestizaje rítmico y la mutación de nuevos híbridos. No creemos en la igualdad: buscamos la ramificación de la diversidad en pos de una tolerancia compartida hacia el otro, sedimentada en la curiosidad. Somos club, somos baile, somos selva”.

Cada uno de los fundadores tiene una función. Melody está en este momento viviendo en México. Su principal herramienta de comunicación es Internet.

Ybán: “Toda nuestra comunicación es a través de redes sociales, no queremos hacer de la publicidad una gestión aparte. Queremos  que esa cantidad de gente que alcanzamos después tenga diez amigos más que se ceben con HiedraH. Hacemos una militancia de nuestro derecho al goce. Trabajamos desde una propuesta estética que tiene que ver con tomar elementos periféricos de la cultura en Buenos Aires y unirlos. La fiesta es un montaje. Es una progresión, no se estanca, buscamos que no den ganas de irse afuera a fumar un pucho. Si eso pasa, nos ponemos como locas y nos preguntamos qué está pasando que la gente se va de la fiesta. Por eso nos ocupamos de la ambientación, de tener un total control de la producción dentro de la fiesta y que en el medio no se desarme”.

Sostienen que ir a bailar también conlleva derechos y obligaciones. Ybán: “Creemos en la responsabilidad como autogestión. La actividad nocturna está invisibilizada porque no deja de proponerse desde este lugar de oscuridad, el tapar. Bajo el manto de la oscuridad aparece el microfascismo que está dentro de cada uno y  a veces se ve en escala macro. Nosotros trabajamos, ponemos no solamente el cuerpo, si no las ideas, la responsabilidad legal, para hacer una producción que lo único que hacen los lugares es absorberla para generar capital a partir  de la barra. La actividad nocturna está ligada al ‘acá no pasa nada’, pero un montón de cosas están mal y no se ven. Pareciera que la libertad no es para cualquiera, vivimos en un país donde se balea a pibes en una villa por bailar murga”.

La grieta

En una ciudad donde los inspectores municipales recorren la noche y clausuran espacios si encuentran gente bailando, no es sencillo llevar a cabo fiestas en las que la principal propuesta sea danzar. HyedraH Club de Baile pasó del living o sótano a lugares que tienen habilitación clase C, donde está permitido bailar.

Generar un espacio donde poder discutir sobre las condiciones para la actividad nocturna autogestionada es uno de los objetivos que plantean. Por ejemplo: la mayor parte del trabajo no está reglamentado, hay trabajo en negro: “Los centros culturales pudieron unirse para generar una ley. Nosotros estamos en una situación carente de cualquier tipo de derecho, no se sabe bien qué somos. El público es el que decide. Lo que importa es el cuerpo de las personas bailando y como bailante tenés que poder opinar y ser crítico con las situaciones: no queremos que sean consecuentes”.

Invitan DJs, pero en lugar de traer a uno de Berlín prefieren invitar a uno de Bolivia. Cuentan que diseñaron una propuesta musical diferente.  Ybán: “Hay una DJ que la define como sonidos villeros del mundo: es una buena forma de entender lo que hacemos. Gran parte de los ritmos que proponemos tienen que ver con clases sociales bajas, con periferias de grandes ciudades”.

Coinciden en que es importante buscar un marco jurídico que los proteja y combatir el prejuicio de que los jóvenes están descontrolados, como si esa fuera la única causa posible. Ybán: “Ya pasaron más de diez años de Cromañón y los que están presos son una ínfima parte de una responsabilidad mayor que es del Estado, un Estado ausente. Nos hablan de la grieta, pero no hay ninguna grieta. Hay ausencia de diálogo. Hay realidades que tratan de no mirarse. Si hubiera una ruptura estaríamos trabajando todos en generar algo nuevo”.

Cobran una entrada más baja que cualquier lugar bailable y aspiran a no cobrarla más cuando la  movida cultural pueda sostenerse con el capital de lo producido. Les gustaría hacer una HiedraH federal y aclaran que les fue más fácil hacer una fiesta en México que en el Chaco. Ybán: “HiedraH es una experiencia colectiva. Queremos hacer que quienes vengan se sientan dentro de un escenario, democratizar la escena. El baile es una necesidad física, de expresión, es despojarse del prejuicio. Queremos llevar la fiesta a la calle”.

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Presas sin ley

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La ley que nos deben

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Quién controla el descontrol de Barrick

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La ONU responde: qué pasó en Jáchal. El responsable de la oficina de la ONU encargada de auditar el desastre que dos veces hizo Barrick en Veladero responde todas las preguntas y deja muchos interrogantes sobre el mito de la “minería responsable”. Por Franco Ciancaglini.
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